STP8263-2019

2018

Asistente Jurídico Inteligente

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JOSÉ  FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado  Ponente  

STP8263-2019  

Radicación  n. °  104873  

Acta  n. ° 152  

Bogotá.  D.C., dieciocho (18) de junio de dos mil diecinueve (2019).  

Decide  la Sala el recurso de impugnación interpuesto por la  Defensoría del Pueblo, por  intermedio de profesional adscrito a la oficina jurídica de  tal organismo, contra el fallo de tutela proferido por la Sala Penal  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá el 2 de  mayo de 2019,  que  amparó el derecho a la salud y trabajo en condiciones dignas  en cabeza de Pedro Pablo Torres Palacio, al ser vulnerados por la  Secretaría  General de la Defensoría del Pueblo.  

ANTECEDENTES  

Y  

FUNDAMENTOS  DE LA ACCIÓN  

Así  fueron sintetizados en el fallo constitucional de primera instancia1:  

El  representante legal del Sindicato de Defensores y Defensoras de  Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo, en  representación de PEDRO PABLO TORRES PALACIO, acudió a  la acción de tutela contra el mencionado funcionario…  

            

1. PEDRO          PABLO TORRES PALACIO, en tanto profesional especializado, grado 17,          de la Defensoría del Pueblo, en provisionalidad, es afiliado          y directivo sindical de la Junta Nacional del Sindicato de          Defensores y Defensoras de Derechos Humanos de la Defensoría          del Pueblo.  

            

2. PEDRO          PABLO TORRES PALACIO estuvo ejerciendo sus funciones en la          Defensoría del Pueblo Regional Urabá, pero a causa de          amenazas contra su vida, el día 4 de diciembre de 2018 fue          trasladado a la Regional Tolima.  

            

3. A          PEDRO PABLO TORRES PALACIO se le diagnóstico trastorno de          ansiedad generalizada y otros problemas de tensión física          y mental relacionados con el trabajo, razón por la cual está          siendo tratado en la Ciudad de Bogotá y ha estado          incapacitado en varias oportunidades.  

            

4. KAREN          JULIETH ROBAYO LIZCANO, compañera de PEDRO PABLO TORRES          PALACIO, sufre de trastornos de estrés postraumático,          de ansiedad y de pánico.  

            

5. Los          días 13 y 19 de marzo de 2019, PEDRO PABLO TORRES PALACIO le          solicitó al defensor del pueblo Regional Tolima y a la          subdirectora de la gestión de Talento Humano de la Defensoría          del Pueblo que le concedan una licencia no remunerada por 3 meses          para tratar sus patologías y contribuir a la recuperación          de su pareja.  

            

6. El          21 de marzo de 2019, el defensor del pueblo Regional Tolima le dio          el visto bueno para el otorgamiento de su licencia.  

            

7. Sin          embargo, el secretario general de la Defensoría del Pueblo,          mediante memorando del 27 de marzo de 2019, le negó su          solicitud, con base en la necesidad del servicio.  

            

8. Manifiesta          que, pese a que la Defensoría del Pueblo conoce plenamente su          situación, PEDRO PABLO TORRES PALACIO ha tenido que          solicitar, en varias oportunidades, la revocatoria de decisiones que          le han negado permisos para asistir a citas médicas.  

            

9. En          tal virtud, pretende que se le conceda a PEDRO PABLO TORRES PALACIO          la licencia no remunerada durante 3 meses por él solicitada.  

EL  FALLO IMPUGNADO  

La  Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá,  mediante decisión adoptada el 2 de mayo del año en  curso, concedió el amparo constitucional impetrado por Pedro  Pablo Torres Palacio, a través del representante legal del  Sindicato de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos de la  Defensoría del Pueblo – SINDHEP -.  

Para  arribar a tal decisión, el Tribunal a  quo refirió  que si bien la parte actora cuenta con medios ordinarios de defensa  judicial ante la jurisdicción contenciosa administrativa,  aquellos no resultan idóneos o eficaces para el asunto, dada  la extensa duración de los procesos ordinarios, circunstancia  que contrasta con la urgencia de la licencia solicitada a favor del  ciudadano Pedro  Pablo Torres Palacio  por motivos de salud propia y la de su compañera permanente.  

Acto  seguido, luego de examinar el marco normativo que regula el tema de  las licencias no remuneradas – Resolución 550 de 2014 –,  el cuerpo colegiado de primer orden indicó que el motivo  aducido por la autoridad público para negar la licencia  reclamada – necesidad  del servicio -,  resulta inadmisible y arbitrario, por cuanto aquella es solicitada  bajo la justa causa de atender problemas de salud, máxime  cuando el nominador tiene la competencia legal para designar un  reemplazo en encargo o provisionalidad, lo que permite garantizar la  continuidad en la prestación del servicio, sin afectación  alguna.  

LA IMPUGNACIÓN  

Inconforme  con la anterior determinación, la parte accionada la impugnó  dentro del plazo legal,  elevando como pretensión sustancial su revocatoria.  

Como  sustento a su recurso de impugnación, la parte recurrente basó  su alzada en dos argumentos centrales, siendo estos:  

            

1. Falta          de legitimación por activa, por cuanto, si bien se ha          reconocido la capacidad de las asociaciones sindicales para acudir          vía de tutela, ello ocurre i) para defender los derechos          propios del sindicato, y/o ii) para la protección de los          derechos fundamentales de los trabajadores sindicalizados, siempre          que la vulneración de los derechos individuales del empleado          trasciende al ámbito colectivo de los agremiados, situación          que no converge en este caso, y por ello el sindicato no tenía          la capacidad de representación judicial del señor          Torres.  

            

2. Ausencia          de vulneración de derechos fundamentales: La decisión          de negar la solicitud de licencia no remunerada no es arbitraria ni          carente de motivación o sustento, por el contrario, respeta          el principio de legalidad al ceñirse a los postulados de la          Resolución 550 de 2014, esto, debido a que los soportes          aportados por el interesado no evidencian que el tratamiento de          salud requerido únicamente pueda ser dispensado en la ciudad          de Bogotá y, además, por la necesidad del servicio que          presta el funcionario Torres en la seccional del Tolima.  

CONSIDERACIONES  DE LA SALA  

            

1. De          conformidad con lo normado          en el artículo 32 del Decreto 2591 de 1991, artículo          1º, numeral 5º del Decreto 1983 de 2017 –          modificatorio del artículo 2.2.3.1.2.1 del Decreto 1069 de          2015 –,          esta Sala es competente para resolver el recurso de impugnación          interpuesto por la          Defensoría del Pueblo, por          intermedio de profesional adscrito a la oficina jurídica de          tal organismo, contra el fallo de tutela de primera instancia          proferido por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito          Judicial de Bogotá,          al ser su superior funcional.  

            

2. Al          respecto, el problema jurídico que convoca a la Sala consiste          en establecer          si la autoridad pública accionada vulneró          los derechos fundamentales a          la salud y trabajo en condiciones dignas,          al          negar, sin motivación de fondo, la concesión de          licencia no remunerada peticionada por la parte actora para atender          de forma prioritaria su salud física y mental y la de su          compañera sentimental, y por tanto, debe confirmarse el          amparo constitucional otorgado.  

            

3. El artículo          86 de la Constitución Política establece que toda          persona tiene derecho a promover acción de tutela ante los          jueces con miras a obtener la protección inmediata de sus          garantías fundamentales, cuando por acción u omisión          le sean vulnerados o amenazados por cualquier autoridad pública          o por particulares en los casos expresamente previstos en la ley,          siempre que no haya otro medio de defensa judicial, o existiendo,          cuando la tutela se utilice de forma transitoria para evitar la          materialización de un perjuicio irremediable.  

            

4. En          ese orden de ideas, para          establecer la procedencia de la acción de tutela, el órgano          judicial a quien corresponda el conocimiento de la acción          constitucional de amparo debe verificar las condiciones o requisitos          de procedibilidad del mecanismo de control supra          legal, y una vez          satisfechos, proceda a emitir un pronunciamiento de fondo en la          contienda suscita, requisitos tan importantes que adquieren un          carácter indispensable desde la vía procesal, que ante          su ausencia no es posible la emisión de un fallo, dado que          con ellos se garantiza que la situación expuesta será          privilegiada con la posible protección constitucional.  

Así  las cosas, acorde con la definición legal contenida en el  artículo 86 constitucional, se tiene que la procedibilidad de  la tutela se ciñe a la verificación o cumplimiento de  los siguientes parámetros: i) impetrada para la protección  inmediata de un derecho fundamental – principio de inmediatez  -, ii) la acción sea instaurada por el titular de los derechos  o persona que actúe en su nombre – legitimación  por activa -, iii) la acción se dirija contra la autoridad  pública o particular que amenace o viole por acción u  omisión los derechos fundamentales objeto de amparo –  legitimación por pasiva – y, iv) la inexistencia de otro  mecanismo de defensa judicial, o a pesar de su consagración se  pretenda evitar la ocurrencia de un perjuicio de carácter  irremediable  (Cfr.  CC T – 282 de 2012).  

Profundizando  sobre el principio de subsidiariedad, la  jurisprudencia constitucional se ha encargado de precisar el  contenido o núcleo del axioma de residualidad que reviste a la  acción de tutela, pudiéndose sintetizar en tres reglas  los casos de procedibilidad de la acción tuitiva, (i)  cuando el ciudadano cuenta con otros mecanismos de defensa judicial  idóneos y eficaces para resolver las cuestiones planteadas y  no se configura un perjuicio irremediable, la acción de tutela  es improcedente – regla general -; (ii) cuando el accionante no  cuenta con otros mecanismos judiciales idóneos, las órdenes  del juez de tutela son definitivas; y (iii) excepcionalmente, cuando  el afectado dispone de otros mecanismos de defensa judicial idóneos  pero la actuación del juez es necesaria para evitar la  consumación de un perjuicio irremediable, el juez de tutela  podrá dar órdenes transitorias que brinden protección  al derecho fundamental hasta tanto el juez ordinario o la autoridad  competente se pronuncie sobre las pretensiones (CC T-063 de 2013).  

            

5. En          lo atiente al derecho fundamental de salud          invocado, debe precisarse que si bien          en un comienzo no tenía el carácter fundamental,          ahora, luego de un concienzudo y progresivo estudio y de tratados          internacionales aprobados por Colombia, la Corte Constitucional ha          establecido –desde la sentencia T-760-2008- que tal          prerrogativa corresponde a uno de los derechos establecidos como          fundamentales autónomos, tesis jurídica que fue          materializada formalmente en el artículo 2º de la Ley          1751 de 2015 al consagra de manera expresa el criterio de autonomía          que debe gozar la prerrogativa constitucional en cita, pues en dicho          precepto legal se estipuló «El          derecho fundamental a la salud es autónomo e irrenunciable en          lo individual y en lo colectivo».  

Ante  dicho ámbito, la jurisprudencia constitucional ha concluido  que el derecho a la salud comporta una doble dimensión, i)  derecho subjetivo fundamental y, ii) es un servicio público de  carácter esencial y, en ese orden, en cuanto al primer ámbito  tal prerrogativa ha sido concebida como “la  facultad que tiene todo ser humano de mantener la normalidad orgánica  funcional, tanto física como en el plano de la operatividad  mental, y de restablecerse cuando se presente una perturbación  en la estabilidad orgánica y funcional de su ser”,  de forma tal que la protección en salud no se limite  únicamente a las afectaciones que tengan implicaciones en el  cuerpo físico del individuo, sino que, además, se  reconozca que las perturbaciones en la psiquis, esto es, aquellas  que  se materializan en la mente del afectado, también  tienen la virtualidad de constituirse en restricciones que impiden la  eficacia de los demás derechos subjetivos”(CC T 331 de  2015).  

De  ahí que, al  ser garantizado el derecho a la salud de las personas, estas logran  mantener adecuados niveles de calidad de vida que le van a permitir  no solo sobrevivir, sino desarrollar de buena manera todo el conjunto  de actividades como individuo, para su familia, para su trabajo y en  general para toda la sociedad.  

            

6. Análisis          del caso concreto.  

                              

1. Previo a abordar                  el problema jurídico planteado en líneas que                  preceden, resulta imperioso para la Sala analizar si en el presente                  asunto se cumplen los requisitos generales de procedibilidad de la                  acción de tutela referidos en la legitimación en la                  causa por activa y el principio de subsidiariedad.    

                                                        

1. Respecto                          a la legitimidad                          e interés para interponer la acción de tutela, en                          consideración de lo preceptuado en el artículo 10°                          del Decreto 2591 de 1991, dicho mecanismo de protección                          puede ser ejercido en los siguientes eventos i) por el ejercicio                          directo de la acción; ii) por medio de representantes                          legales (caso de los menores de edad, los incapaces absolutos, los                          interdictos y las personas jurídicas); iii) por medio de                          apoderado; iv) por agente oficioso cuando el titular de los                          derechos no esté en condiciones de promover su propia                          defensa y, v) por el defensor del Pueblo o los Personeros                          municipales.              

En  ese orden de ideas, en el sub  examine  se tiene que la acción de tutela fue impetrada por William  Salazar en calidad de representante legal del Sindicato de Defensores  y Defensoras de Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo –  SINDHEP – en representación del ciudadano Pedro  Pablo Torres Palacio, motivo por el cual, el recurrente en su alzada  sostiene que en el asunto no se satisfizo la legitimidad por activa.  

Así  las cosas, frente a la facultad de las asociaciones sindicales de  adelantar o interponer el amparo jurídico a nombre de las  personas naturales que la integran, debe señalarse que la  misma se encuentra avalada siempre y  cuando los derechos individuales del trabajador incidan en los  derechos propios de la persona jurídica, puesto que, en caso  de perseguirse un beneficio netamente individual de la persona  natural, es aquella quien debe interponer la acción de  protección constitucional, ya sea de manera directa o por  interpuesta persona – apoderado judicial o agencia oficiosa –  siempre que cumplan los requisitos de ley, tesis que fue expresada  por la jurisprudencia constitucional en los siguientes términos:  

4.2. Específicamente,  en las asociaciones de trabajadores, la Corte Constitucional ha  reiterado de manera clara que dichas personas jurídicas tienen  legitimidad para presentar la acción de tutela en dos eventos:  “i) cuando  ejercen la defensa de sus propios derechos fundamentales, o (ii)  cuando buscan la protección de los derechos fundamentales de  los trabajadores sindicalizados”.  En la primera situación, el sindicato solicita directamente la  protección de sus derechos, como en el caso de vulneración  del debido proceso. En la segunda hipótesis, la citada persona  jurídica actúa para salvaguardar los derechos  fundamentales de los individuos que la conforman, verbigracia, los  derechos a la igualdad o de asociación sindical. De acuerdo a  las particularidades de los casos sometidos a revisión, la  Sala se detendrá en el segundo escenario.  

   

A  través de su representante, el sindicato podrá  representar los intereses de sus asociados cuando la vulneración  de los derechos fundamentales supere la órbita individual del  trabajador y se inscriba en un ámbito colectivo que tenga la  finalidad de proteger  a la asociación.  Tal consideración no desconoce que la actuación de la  persona jurídica tenga incidencia en el plano particular del  trabajador; empero, ese efecto es consecuencia de la salvaguarda  colectiva. En contraste, la  organización de trabajadores no podrá representar en  principio a los empleados, en el evento en que aboga por intereses  individuales que no afectan a la persona moral, pues se persigue la  satisfacción de beneficios particulares que no involucran al  sindicato.   

(…)4.4.  Por consiguiente, los sindicatos a través de su presidente  pueden representar los derechos de sus afiliados, siempre  que la vulneración de esas garantías implique la  conculcación de los derechos de la asociación de  trabajadores y no se agote en una pretensión de intereses  individuales del empleado.  Para ello, no es necesario aportar poder o manifestación de la  facultad de representación, pues bastará demostrar que  el demandante pertenece al sindicato.” (Lo resaltado es  nuestro) (CC T 069 de 2015)  

En  el caso examinado, conforme  los términos fácticos consignados en el líbelo  tutelar, resulta manifiesto que el propósito de la acción  tuitiva se encuentra encaminada a satisfacer intereses de orden  individual que no trascienden a la colectividad laboral, por cuanto  se busca obtener la concesión de una licencia no remunerada  por cuestiones de salud del trabajador y de la de su compañera  sentimental.  

Por  consiguiente, concluye  la Sala que al no trascender la alegada vulneración al ámbito  colectivo sindical, ello deriva en la carencia de aptitud legal de la  agremiación referida para interponer acción de tutela a  nombre de Pedro  Pablo Torres Palacio.  

Sin  embargo, lo anterior no implica automáticamente que este  mecanismo de protección constitucional se torne improcedente,  toda vez que como se aludió en líneas anteriores, el  artículo 10 del Decreto 2591 de 1991 consagró varias  alternativas de capacidad legal para actuar en representación  del titular de los derechos presuntamente conculcados, y para ello,  la norma citada dispone  que para que la agencia oficiosa proceda es necesario demostrar que  el titular de los derechos no está en condiciones de promover  su propia defensa. Se trata de un requisito que ha sido reiterado por  la Corte Constitucional, como fue recogido en la sentencia SU-707 de  1996:  

Así  pues, para la procedencia de la agencia oficiosa es indispensable no  sólo que el agente oficiosa afirme actuar como tal, sino que  además demuestre que el titular del derecho amenazado o  vulnerado se encuentra en imposibilidad de promover su propia  defensa, bien sea por circunstancias físicas, como la  enfermedad, o por razones síquicas que pudieren haber afectado  su estado mental, o en presencia de un estado de indefensión  que le impida acudir a la justicia. En todo caso, con base en lo  dispuesto por el inciso 2o. del artículo 10 del Decreto 2591  de 1991, cuando tal circunstancia ocurra, deberá esta  manifestarse en la respectiva solicitud. (Textual).  

Respecto  de la manifestación de actuar en calidad de agente oficioso,  la Corte Constitucional en sentencia T – 312 de 2009 indicó  que:  

5.1  En relación con el primer requisito, la Corte ha señalado  que la manifestación del  agente oficioso de actuar como tal, puede ser expresa o puede  inferirse del escrito de tutela.  En ese orden de ideas, se considera válida la agencia oficiosa  tácita, cuando del relato de los hechos del escrito de tutela  se deduzca inequívocamente tal circunstancia, toda vez que, en  atención al principio de informalidad de la acción, el  requisito no puede entenderse como una exigencia de incorporar formas  sacramentales en la petición de amparo.  

   

Lo  relevante para la aceptación de la agencia tácita, es  que sea claro que la persona que interpone la acción no es un  “falso agente” o,  en otras palabras, alguien que carece de interés y suplanta la  voluntad del directo interesado en la protección de sus  derechos constitucionales. (Se resalta)  

En  ese contexto, la Sala considera que se cumplen los requisitos para  legitimar la actuación oficiosa desplegada por William  Salazar, por cuanto i) de la demanda constitucional se infiere que la  intención del libelista se encamina a proteger los derechos  fundamentales de Pedro Pablo Torres Palacio debido a su incapacidad  física y mental que impide su defensa directa y, ii) se  acreditó que el titular de los derechos fundamentales, para el  momento de la interposición de la acción de tutela –  22 de abril de 2019 -2,  no se encontraba apto físicamente para emprender a motu  propio la protección  de sus derechos, pues las probanzas enseñan que para tal  interregno se encontraba con en periodo de incapacidad médica  por 15 días, debido a la patología «TRASTORNO  DE ANSIEDAD GENERALIZADA Y OTROS PROBLEMAS DE TENSIÓN FÍSICA  O MENTAL RELACIONADAS CON EL TRABAJO»3,  de modo que resulta procedente la reclamación de sus  prerrogativas, a través del primero.  

                                                        

2. En                          lo que concierne, al principio de subsidiariedad, comoquiera que                          en el presente asunto se pretende de manera indirecta censurar la                          legalidad del acto administrativo expedido por la entidad                          accionada, por la cual se deniega la concesión de licencia                          no remunerada,     la Sala no desconoce que Torres Palacio tiene a                          su alcance las herramientas de defensa judicial ordinarias                          pertinentes, como lo es, concurrir a la Jurisdicción                          Contenciosa                          Administrativa, por medio de la acción con pretensión                          de nulidad y restablecimiento del derecho y no la de controversias                          contractuales como lo sostuvo el juez colegiado de primer grado,                          para que dirima el conflicto suscitado, mecanismo procesal en el                          que incluso se pueden solicitar las medidas cautelares propias de                          dicha jurisdicción previstas en el capítulo XI de la                          Ley 1437 de 2011, bajo los parámetros legales allí                          consignados.              

Sin  embargo, atendiendo las condiciones de salud del ciudadano  prenombrado, el aludido medio de defensa judicial, para el caso  concreto, pierde su idoneidad y eficacia para la protección  efectiva e integral de los derechos fundamentales que hoy se invocan  y, por tanto, deviene impostergable y urgente la protección a  la persona.  

Además  de lo anterior, debe señalarse que imponer a Pedro Pablo  Torres Palacios la carga procesal de acudir a los canales judiciales  ordinarios resulta desproporcionado atendiendo su estado de debilidad  manifiesta que presenta en la actualidad, pues el acervo probatorio  adosado al expediente constitucional da cuenta que en lo corrido del  año aquella persona se le han otorgado múltiples  incapacidades por más de 67 días, a causa del trastorno  de ansiedad, adaptación y tensión física o  mental que padece4,  postura que resulta a tono con la sentencia CC T- 087 de 2018 que  indicó:  

A  pesar de existir otro medio de defensa judicial idóneo, este  no impide la ocurrencia de un perjuicio irremediable, caso en el cual  la acción de tutela procede, en principio, como mecanismo  transitorio. No obstante, la Corte ha reconocido que en ciertos  casos, si el peticionario está en situación de  debilidad manifiesta, el juez constitucional puede realizar el examen  de la transitoriedad de la medida, en atención a las  especificidades del caso, en particular a la posibilidad de exigir al  accionante que acuda después a los medios y recursos  judiciales ordinarios y concluir que resulta desproporcionado  imponerle la carga de acudir al mecanismo judicial principal.  

                              

2. Frente                  al objeto sustancial de la acción de tutela, con                  base en la información que reposa en la presente actuación,                  se encuentra acreditado que:    

                                                        

1. Por                          resolución No. 1210 de 2016 se nombró en                          provisionalidad a Pedro Pablo Torres Palacio en el cargo de                          profesional especializado grado 17, adscrito a la defensoría                          regional Urabá5.              

                                                        

2. Mediante                          acto administrativo 1489 de 2018 se reubicó laboralmente a                          la persona precitada en la regional del Tolima por razones de                          seguridad y protección6.              

                                                        

3. El                          prenombrado fue diagnosticado con la patología de ansiedad                          y/o depresión, debido a ello requiere de tratamiento                          interdisciplinario a nivel de psiquiatría y psicología7,                          enfermedad que ha derivado en la generación de                          incapacidades médicas, de lo cual ha tenido conocimiento la                          entidad empleadora, por cuanto el interesado ha puesto de                          manifiesto su condición para efectos de comunicar los                          periodos de incapacidad laboral.              

                                                        

4. El                          19 de marzo del año en curso, el ciudadano Torres Palacio                          elevó ante la Subdirectora de la Gestión de Talento                          Humano de la entidad accionada solicitud de concesión de                          licencia no remunerada por cuestiones de fuerza mayor8.              

                                                        

5. Mediante                          memorando adiado 27 de marzo de 2019 se negó la solicitud                          de licencia no remunerada, cuyo motivo fue necesidad del servicio,                          en virtud de los previsto en el artículo 5º de la                          resolución 550 de 20149.              

                              

3. Bajo                  ese marco fáctico, conviene destacar que en relación                  con la situación administrativa aquí tratada, la                  mentada resolución señaló en su artículo                  2º que la concesión de la misma corresponde al                  Secretario General de la entidad demandada, cuyo periodo será                  de hasta tres (3) meses10.    

En lo pertinente  al trámite para elevar la solicitud, el artículo 5º  del acto administrativo indicó que:  

[…] Los  permisos y licencias de que tratan los artículos anteriores  deberán solicitarse por escrito….aportando los  documentos que lo justifiquen y con el visto bueno del superior  inmediato.  

[…] que  el fundamento no se considere como causa justificada o habida  consideración de las necesidades del servicio, el competente  podrá negar la solicitud fundamentando por escrito la causa.  

                              

4. De                  los preceptos jurídicos en cita, la Sala con claridad                  advierte que en tratándose de licencias no remuneradas, no                  se consignó como requisito indispensable para su                  reconocimiento la existencia de causa justificada que la ampare,                  tan solo se requiere del visto bueno del superior inmediato, que                  para el sub                  examine,                  se encuentra satisfecho11,                  contrario lo sostiene la entidad accionada en su escrito de                  contradicción12    

Ahora  bien, el soporte de la negativa de la concesión de la licencia  no remunerada solicitada obedeció a la supuesta necesidad del  servicio personal que presta el servidor público alegada por  el defensor regional del Tolima, argumento que resulta contrario a la  realidad expuesta, pues las probanzas son diáfanas en enseñar  que aquél funcionario público dio su aprobación  a la concesión de la licencia solicitada por el subalterno,  advirtiendo tan solo que la plaza laboral que ocupa el trabajador es  de gran necesidad para el cumplimiento de los objetivos  constitucionales, sin aludir puntualmente a la persona naturalmente  considerada, y por ello «de  aprobarse la solicitud de la licencia no remunerada por tres meses al  profesional Pedro Pablo Torres Palacios, muy respetuosamente solicito  la designación de un servidor para el apoyo para el  cumplimiento de las actividades…»13.  

Así  las cosas, al  evidenciarse que el argumento empleado por la administración  pública para negar la petición precitada resultó  ajeno a la realidad y al conjugar el estado de salud actual del  trabajador, el cual ha obligado al agenciado de oficio a apartarse de  sus funciones laborales cotidianas por varios días en lo  trascurrido del año, encuentra la Sala que la licencia no  remunerada es el mecanismo adecuado para brindar a Pedro Pablo Torres  Palacio el espacio idóneo para que emprenda su proceso de  recuperación, y lograr así superar o paliar los efectos  de la patología que padece, además, ha de señalarse  que así el funcionario permanezca en su plaza laboral, ello no  garantiza la prestación personal del servicio, pues como se  anotó en líneas anteriores, este se ha visto sometido a  periodos largos de incapacidad médica los cuales pueden  generarse nuevamente por la gravedad de la enfermedad, lo que  demuestra que la presente situación trae consigo efectos  negativos a ambas partes.  

Sin  más consideraciones, la Sala confirmará el fallo  impugnado.  

Por  lo expuesto, la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL – SALA  DE DECISIÓN DE ACCIONES DE TUTELA Nº 1,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley,  

RESUELVE  

1º  CONFIRMAR  la sentencia proferida el  2 de mayo de 2019 por la  Sala  Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá,  por las razones  expuestas en la parte considerativa de esta providencia.  

2º  NOTIFICAR  esta providencia de conformidad con lo dispuesto en el artículo  30 del Decreto 2591 de 1991.  

3º  REMITIR el proceso a  la Corte Constitucional para su eventual revisión, de  conformidad con lo previsto en el artículo 32 ibídem.  

NOTIFÍQUESE  Y CÚMPLASE  

JOSÉ  FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

EUGENIO  FERNÁNDEZ CARLIER  

NUBIA YOLANDA  NOVA GARCÍA  

Secretaria  

1          Folio          167 y 167, cuaderno de primera instancia.  

2          Folio          148 expediente.  

3          Folio          54 expediente.  

4          Folio          48 y siguientes expediente.  

5          Folio          8, expediente.  

6          Folio          9, expediente.  

7          Folio          55, expediente.  

8          Folio          75, expediente.  

9          Folio          78, expediente.  

10          Folio          83 ídem.  

11          Folio          165, cuaderno de primera instancia.  

12          Folio          153, expediente.  

13          Folio          166 ibídem.  

      

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