10864(19-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 10864  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 176  

          Bogotá, D. C., diecinueve de noviembre de dos mil uno   

VISTOS  

          Examina  la  Corte,  en  sede  de casación, la sentencia de segundo  grado  fechada  el 5 de abril de 1995, por medio de la cual el Tribunal Superior  de  Cundinamarca  condenó  al  procesado  PEDRO JULIO GARCÍA PINILLA a la pena  principal  de 25 años de prisión, como autor del delito de homicidio consumado  en contra de la vida de RAÚL ERNESTO MEJÍA.   

          Ha  conceptuado  el  Procurador  Segundo  Delegado para la Casación  Penal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.   De  acuerdo  con  las  determinaciones del fallo revisado,  aproximadamente  a  las  12  de  la  noche del sábado 5 de marzo de 1994, en la  carrera  3ª  con  la  calle  13  del  área  urbana  del  municipio  de  Soacha  (Cundinamarca),  se  trabaron en riña varios sujetos y entonces resultó herido  RAUL  ERNESTO  MEJÍA,  quien  recibió  una  cuchillada  en  la  axila derecha,  penetrante  a  tórax,  que  comprometió el corazón y le produjo la muerte por  schock cardiogénico e hipovolémico.   

          2.   Inicialmente,  se atribuyó el herimiento a los individuos  GABRIEL  RAMÍREZ  GÓMEZ, MANUEL VICENTE y PEDRO JULIO GARCÍA PINILLA, quienes  fueron  vinculados  legalmente  a  la  instrucción  abierta  por  la  Fiscal 40  Delegada  de la Unidad de Soacha, los dos primeros por medio de indagatoria y el  tercero  según  declaración  de  persona  ausente  (fs.  13,  23, 29, 84, 85 y  93).   

          3.   De  acuerdo con resoluciones del 11 de marzo y 26 de abril  de  1994,  la  Fiscalía  dispuso  la  detención  preventiva  de los sindicados  GABRIEL  RAMÍREZ  GÓMEZ,  MANUEL  VICENTE  y PEDRO JULIO GARCÍA PINILLA, como  coautores del delito de homicidio agravado (fs. 50 y 120).   

          4.   Cerrada la investigación, la fiscal instructora calificó  el  mérito sumarial el 29 de junio de 1994, por medio de resolución acusatoria  proferida  en  contra  de  los tres (3) sindicados, a quienes atribuyó el hecho  punible     de     homicidio    agravado,  conforme  con  los  artículos  323  y 324-7 del Código Penal de  1980,  modificados  por  los  artículos  29  y  30  de  la  Ley  40 de 1993 (f.  219).   

          5.   Ejecutoriada  la  resolución  de  acusación,  asumió el  conocimiento  para  el  juicio  el  Juez  Promiscuo  del  Circuito de Soacha (f.  238).   El  19  de  agosto  de  1994,  fue capturado el ausente PEDRO JULIO  GARCÍA PINILLA (f. 242).   

          6.   Por  medio  de  auto  del 26 de agosto de 1994, el juzgado  admitió  la  constitución  de  parte  civil intentada por la señora ROSA AURA  URIBE  GÓMEZ,  en su condición de compañera permanente del desaparecido RAÚL  ERNESTO MEJÍA (fs. 251 y 254).   

          7.   Celebrada  la  audiencia  pública  en varias sesiones, el  juez  dictó  sentencia  de primer grado el 17 de enero de 1995, por medio de la  cual  absolvió  a  los  tres  (3) acusados del cargo por el delito de homicidio  agravado,  dos  de  ellos  por  ausencia de prueba sobre su participación en la  agresión  y  el  tercero  por haber actuado en legítima defensa (fs. 301, 312,  335, 342, 366, 373 y 398).   

          8.   Impugnada  la  decisión de primera instancia tanto por la  Fiscal  40  Delegada  como  por  el  Procurador  15  Judicial Penal, el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  proveyó  por medio de fallo del 5 de abril de 1995,  según  el  cual  revocó  la  absolución  respecto  del  procesado PEDRO JULIO  GARCÍA  PINILLA  y,  en  su  lugar,  lo  condenó  como  autor  del  delito  de  homicidio   simple.   Dispuso  el  ad  quem la pena  principal  indicada  en  el introito, así como la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por el término de diez (10) años, y le fijó  la  obligación  de  satisfacer el valor de los perjuicios materiales y morales,  en cuantía de 650 gramos de oro (cuaderno Tribunal, f. 28).   

LA DEMANDA  

          El  defensor  del procesado PEDRO JULIO GARCÍA PINILLA interpuso el  recurso  extraordinario  de  casación y lo sustentó en un solo cargo, a partir  de  la  causal  primera de casación prevista en el artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal de 1991, como violación indirecta de la ley sustancial por  error  de  hecho  en la apreciación de algunas pruebas.  Lo desarrolla del  siguiente modo:   

          1.   Sostiene el recurrente que el Tribunal hizo una deficiente  y  torcida  apreciación  de  los  testimonios de LUIS ENRIQUE HERNÁNDEZ, RENÉ  ALEJANDRO  ROMERO  HERNÁNDEZ,  ANA ROSA RAMÍREZ FRANCO, GLORIA JAZMÍN UTINICO  VARELA,  TOMÁS HELADIO CÁRDENAS LÓPEZ, JAVIER CORTÉS CASALLAS y LUIS ENRIQUE  BELTRÁN  BEJARANO.   En  razón  de  la  interpretación errónea de dicha  prueba  testimonial, el actor asegura que fueron infringidos los artículos 1°,  2°,  4°,  29-4,  35,  36, 41, 42, 44, 52 y 103 del Código Penal de 1980, así  como  el  artículo  29 de la Ley 40 de 1993, que modificó el artículo 323 del  mencionado   estatuto,   y  los  artículos  247,  253  y  258  del  Código  de  Procedimiento Penal de 1991.   

          2.   Algunos deponentes fueron examinados de manera parcial por  el  Tribunal,  con  el  fin de extraer de ellos las expresiones que le sirvieron  para  fundar  la  conclusión  de  que al procesado no le asistió el derecho de  actuar  en  legítima defensa, sino que lo inferido de las pruebas era una riña  que    excluye    la    posibilidad    de    la    causal    dirimente   de   la  antijuridicidad.   

          2.1   Así,  aunque  el  testigo  LUIS  ENRIQUE  HERNÁNDEZ sí  utilizó      las     expresiones     “tirándose  cuchillo”  para describir el enfrentamiento entre el  procesado  y la víctima, más adelante dijo respecto del número de cuchilladas  “que  sólo  le  tiró  una  y  el  otro llegó y se  agachó”.   Igual ocurrió con el testimoniante  RENÉ  ALEJANDRO  ROMERO  ARIAS,  quien  observó  cuando la víctima le lanzaba  cuchilladas  al  procesado  y  éste sólo las esquivaba y en un momento dado le  propinó la herida mortal.   

          2.2   ANA  ROSA  RAMÍREZ  FRANCO  habla de una pelea que sólo  duró segundos.   

          2.3   Curiosamente,  el  testimonio  de  GLORIA JAZMÍN UTINICO  VARELA  se  usa por el Tribunal como prueba de la riña que excluye la legítima  defensa,  pero  definitivamente  tal testigo es la que aclara las circunstancias  del  hecho,  cuando  expresa que el muchacho de “buso  negro  con  rojo” (el procesado), en vista de que el  otro  le  iba  a mandar una puñalada, “pues llegó y  le  mandó  varias  puñaladas y entonces el del buso negro con rojo llegó y le  mandó   y   el   otro   hizo   hay   (sic)   y   se   quejó   y  salió  hacia  arriba…”.   No  obstante  lo  dicho  por esta  testigo,  el  Tribunal  afirmó  que  la  conclusión  del  juzgado  de  primera  instancia  no  se  ceñía  estrictamente  al haz probatorio, cuando sostuvo que  sólo  al comienzo existió enfrentamiento entre el finado y el victimario, dado  que   después   el   primero   varió   los   medios   al   proveerse   de   un  cuchillo.   

          3.   De modo que ha habido distorsión o tergiversación de los  mencionados  medios  probatorios  que tienen un sentido distinto al otorgado por  el  Tribunal,  lo  cual  condujo  a  que  éste desestimara la agresión grave e  injusta  de  la  víctima  al  procesado, trasladando la discusión al plano del  ataque  recíproco o riña sobre el cual pretende fundamentar una acción que si  bien  fue  plural obedeció a la forma como RAÚL ERNESTO MEJÍA, según lo dice  la  testigo que acaba de citarse, la emprendió contra GARCÍA PINILLA y de ahí  la necesidad de que éste se defendiera legítimamente.   

          4.   Se  trae de nuevo a colación el dicho distorsionado de la  testigo  UTINICO VARELA, cuando con base en él se habla de una riña, mas cómo  podría  el  procesado mantenerse pasivo frente a un ataque, cómo no moverse si  precisamente  también contaba con un arma idónea para la defensa en el momento  en que se está siendo agredido.   

          5.   La  prueba  testimonial ha recibido un sentido erróneo en  la  sentencia,  porque  lejos  estaba  de  proyectar la realidad fáctica de una  riña entre víctima y victimario.   

          Pide  el  censor que la Corte case la sentencia para que, convertida  en  tribunal de instancia, absuelva al procesado PEDRO JULIO GARCÍA PINILLA del  cargo  por  el delito de homicidio, en vista de que la prueba trasluce sin lugar  a dudas la causal de justificación de la legítima defensa.   

ALEGATO DE UN NO RECURRENTE  

          El  Procurador  22  en  lo  Judicial  Penal  pidió  a  la Corte que  desechara  la  demanda  de  casación  y devolviera el expediente al Tribunal de  origen, todo con fundamento en las siguientes premisas:   

          1.   El impugnante ha incurrido en graves fallas de técnica en  la  demanda  de casación, porque si bien la vía de la violación indirecta por  error  de  hecho permite controvertir la prueba, no por ello el demandante puede  contentarse  con  presentar  sus  propias  consideraciones  sobre un determinado  medio  probatorio,  sin  demostrar  la influencia en el fallo que se impugna, lo  cual hace de su escrito un simple alegato de instancia.   

          2.   El  actor  simplemente  asevera  que  hubo “deformación  real”  de  las  pruebas,  o  que  se les dio un alcance que no tienen, pero no  logra demostrarlo.   

          3.   En  relación  con  las  declaraciones  de  TOMÁS HELADIO  CÁRDENAS  LÓPEZ,  JAVIER  CORTÉS  CASALLAS  y LUIS ENRIQUE BELTRÁN BEJARANO,  aparte  de  mencionarlos,  el  censor  tampoco  indica  en  qué  consistió  la  distorsión de dichos testimonios.   

          4.   Sobre  los  testimonios  de LUIS ENRIQUE HERNÁNDEZ, RENÉ  ALEJANDRO  ROMERO  HERNÁNDEZ, ANA ROSA RAMÍREZ FRANCO y GLORIA JAZMÍN UTINICO  VARELA,  el  demandante  hace  la  misma  crítica  que ya había expuesto en la  audiencia  pública,  pero  sin parar mientes en que el Tribunal lo que hizo fue  destacar  apartes  que  consideró  convergentes para el propósito de hallar la  prueba idónea de la responsabilidad del acusado.   

          5.    Adicionalmente,   al   igual  que  la  acusación  de  la  Fiscalía,  el  fallo  del  Tribunal  también  se sustentó en el testimonio de  OSCAR  ANTONIO  ARÉVALO  (f.  98), prueba que ni siquiera fue mencionada por el  casacionista.   De  este  modo,  el  deber  del  impugnante  era  no  sólo  demostrar   la  presunta  tergiversación  de  algunas  pruebas,  sino  también  desvirtuar   las   demás   que   sirvieron   de   sustento   a   la   sentencia  atacada.   

          6.   No  puede  soslayarse que el censor reclama la absolución  porque  considera  que  su representado actuó en legítima defensa; sin embargo  de  lo  cual  admite  en  el curso de la demanda que los hechos se desarrollaron  mediante  una  riña,  figura esta que es incompatible con la justificación del  hecho, como lo tiene sentado la jurisprudencia.   

          7.   Como  la  sentencia atacada se ajusta a las prescripciones  constitucionales  y  legales,  el  Procurador  Judicial  estima  que  no  se  ha  presentado  ninguna  violación  indirecta  y aquélla goza de la presunción de  acierto que no se pudo desvirtuar.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR DELEGADO  

          1.   De entrada, el Procurador Segundo Delegado advierte fallas  técnica  insalvables en la demanda, pues, aparte de que en rigor las pruebas no  se   “interpretan”   sino   que  se  “aprecian”,  en  manera  alguna  ha  individualizado  el  error de hecho invocado, dado que no precisa si se trata de  un  falso juicio de existencia o falso juicio de identidad.  Puede ser que,  con  extremada  laxitud,  pueda entenderse que el censor reclama por un error de  hecho  como  falso  juicio  de  identidad,  pero  para  nada  se  detuvo  en  la  demostración  de  las tergiversaciones materializadas por el Tribunal, en punto  de    las   agregaciones   o   de   los   cercenamientos   de   los   contenidos  probatorios.   Tampoco  hubo  desarrollo en torno a la trascendencia de los  yerros,  en  orden  a  desvirtuar la doble presunción de acierto y legalidad de  que gozan los fallos de instancia.   

          2.   Por  otra parte, la demanda tampoco identificó el sentido  de  la  violación  de  la  ley  sustancial,  esto es, si se trataba de falta de  aplicación o de aplicación indebida.   

          3.   Respecto  de las reglas básicas para el reconocimiento de  la  causal primera, cuerpo segundo, el Procurador cita la sentencia de casación  del  13  de  mayo de 1992, proferida por esta Corporación, según la cual no es  suficiente  que  el actor invoque la vía de la violación indirecta para que el  cargo  tenga  la posibilidad de prosperar, pues resulta necesario señalar si se  trata  de un error de hecho o de derecho, dos modalidades que son antagónicas y  excluyentes.   Adicionalmente,  tomada  esa  primera decisión alternativa,  aún  haría  falta  especificar la clase de falso juicio que genera el error de  hecho  o  el de derecho; esto es, si ocurrió un falso juicio de existencia o de  identidad  (que son excluyentes entre sí), en el primer caso, o un falso juicio  de  legalidad o el antes denominado falso juicio de convicción, para el segundo  evento.   

          4.   La  forma tan simplista y panorámica como se sustentó el  recurso,  acota  el  Procurador, deja a la Corte en total incertidumbre sobre lo  pretendido  por  el  demandante,  cuestión  que  no  puede remediarse ahora por  virtud del principio de limitación.   

          5.   Aunque  el impugnante concluye que se violó sobre todo el  artículo  29  numeral  4° del Código Penal de 1980, en cuanto fue desconocida  la  legítima  defensa  para entrar a condenar a PEDRO JULIO GARCÍA PINILLA por  el  delito  de  homicidio doloso, lo cierto es que dicha acusación se quedó en  el   simple   planteo   de   un   memorial   de   instancia,  sin  demostración  alguna.   

          Con  fundamento  en  tales  observaciones,  el  Procurador  Delegado  solicita a la Corte que no case la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.   La Corte no puede soslayar que, merced a la determinación  revocatoria  y  paralelamente  condenatoria  de  la  sentencia  del Tribunal, el  demandante  siente  agraviados  los derechos de su defendido PEDRO JULIO GARCÍA  PINILLA,  a  quien  el fallo de primera instancia le había reconocido un actuar  en  legítima  defensa,  como  dirimente  de  la  antijuridicidad de la conducta  homicida,  lo cual condujo a una primera decisión absolutoria a su favor; pero,  como  quiera  que  el  ad quem  advirtió  que  probatoriamente  los  hechos  acaecieron en el desarrollo de una  riña,  finalmente el acusado fue condenado por el delito de homicidio, en vista  de  que lógica y materialmente ninguno de los contendientes podría invocar una  reacción   justa  cuando  recíprocamente  actúan  antijurídicamente  por  el  propósito de hacerse daño.   

         2.   Con  todo, dicho planteamiento que sería inteligible como  invocación,  se  torna absolutamente confuso a la hora en que el actor comienza  a  presentar  los  supuestos  yerros cometidos por el Tribunal para llegar a una  conclusión  diversa  a  la del juez de primera instancia.  Es que no basta  pregonar  hasta el hartazgo que el acusado actuó en legítima defensa, sino que  resulta  necesario  demostrar  que  la  riña  determinada  por  el ad  quem  obedeció  a  una  construcción  montada sobre el yerro en la apreciación probatoria.   

         3.    De   igual   manera,   tampoco  es  suficiente  proclamar  genéricamente  equivocaciones  en  la  ponderación  de los medios probatorios,  sino  que  resulta  preciso  singularizar  si  hubo  errores de hecho, en cuanto  afectaron  la escueta estimación material de las unidades de información, o si  se  presentaron  errores de derecho porque la falencia trasciende al tamiz legal  de dichos elementos de convicción o de los hechos.   

         4.   Y  aún  así,  cualquiera sea la clase de error invocado,  él  sólo  puede  demostrarse  razonablemente  a partir de una exteriorización  primera  de  los  argumentos  probatorios  consignados  en  el  fallo de segunda  instancia,  de  tal  manera  que después los mismos puedan cotejarse con lo que  realmente  ocurrió  en  el  desenvolvimiento de las pruebas, para poner así en  evidencia los yerros cometidos.   

         5.   Por  medio  de la demanda examinada se sabe cuáles fueron  las  conclusiones  del  Tribunal,  pero  no  resulta posible captar las premisas  valorativas  que  allí  lo  condujeron,  sencillamente porque el censor siguió  actuando  al  estilo  de  la  instancia,  sin entender que la casación no es un  juicio  directo  sobre  las  pruebas  y  los  hechos  sino  un  juicio sobre los  razonamientos  que  en  tal  sentido  haya  hecho  la sentencia impugnada.   Aunque  parezca  verdad  de  perogrullo,  lo  dicho compagina con el sentido del  artículo  205  del  reciente Código de Procedimiento Penal (218 del anterior),  en  cuanto  lo demandado en casación es la legalidad de la sentencia de segunda  instancia proferida por el tribunal.   

         6.   Pues  bien,  el  libelo  expone  que  el Tribunal analizó  algunos  testimonios  “de manera parcial”  para  extraer  de  ellos  las  expresiones  que contribuyeran a  soportar  la  riña excluyente de la posibilidad de legítima defensa para ambos  contrincantes;  pero  se  echa  de  menos  en  el  escrito  la cita textual o la  descripción  narrativa  de lo dicho en el fallo de segunda instancia sobre cada  una  las  declaraciones supuestamente invocadas de manera parcial, con el fin de  que,  después de una evocación fiel y completa de las actas de los respectivos  testimonios,  quedara  al  descubierto  la  anunciada  fragmentación.   El  censor  trata de aproximarse a la segunda parte de la identificación del error,  cuando  trae  a  colación  algunos apartes de la respectiva prueba testimonial,  pero  para  nada usa como referente los razonamientos del Tribunal, falencia que  se  traduce  en  una  afrenta  al  principio  lógico  de  la razón suficiente.   

         7.   En  fin, dado que el actor se lamenta de que no hayan sido  tenidos  en  cuenta  párrafos  importantes  de las declaraciones testimoniales,  aún  con el criterio más amplio de inferir lógicamente que el censor apuntaba  entonces  al  error  de  hecho por falso juicio de identidad, tampoco alcanzó a  demostrar,  mediante  la  cita  del objeto de la casación que es el texto de la  sentencia  de  segundo  grado,  que  allí  se  dejaron  de  considerar  apartes  determinantes de los testimonios en boga.    

         8.   Ello  por  cuanto  en el fallo atacado se hicieron juicios  probatorios tan precisos y certeros como los siguientes:   

         Después  de  describir lo manifestado por los testigos LUIS ENRIQUE  HERNÁNDEZ  (f.  158),  RENÉ ALEJANDRO ROMERO ARIAS (f. 162), ANA ROSA RAMÍREZ  FRANCO  (f.  169), GLORIA JAZMÍN UTINICO VARELA (f. 175), y aún con base en lo  dicho  por  el  mismo  procesado (f. 273) y el coacusado GABRIEL RAMÍREZ GÓMEZ  (fs. 23 y 85), el Tribunal concluye:   

“Este   conjunto  probatorio  demuestra  meridianamente  que  entre  el  procesado PEDRO JULIO GARCÍA PINILLA y el ahora  extinto  RAÚL  ERNESTO  MEJÍA  desde un comienzo se presentó una riña que se  inició  con  una  discusión  en  las  canchas  de tejo cuando Mejía, luego de  alegar  con  el canchero la propiedad de un tejo, pasó a mostrarse belicoso con  quienes  se  hallaban  allí  presentes,  entre ellos PEDRO JULIO GARCÍA quien,  cuando   ya  habían  salido  del  establecimiento,  aceptó  esa  pendencia  en  principio  verbal,  pasaron  luego  a  la  agresión  física  a  mano  limpia y  concluyeron  con armas blancas hasta cuando uno de ellos -Mejía- llevó la peor  parte    y   resultó   herido,   lesión   que   poco   después   produjo   su  deceso.   

“No  es,  entonces, totalmente cierto que  fuera  Raúl  Ernesto  Mejía  quien  cambiara  las condiciones de la reyerta al  proveerse  de un cuchillo porque, como lo dicen los mentados testimoniantes, los  dos  contendientes se hallaban provistos de armas de similares características,  lo  que de paso descarta la desproporción o desventaja en que se quiere mostrar  a  GARCÍA  PINILLA ya que éste desde el momento en que se fue para las canchas  de   tejo   ‘cargaba  un  cuchillo’.    Aún  aceptando  que  fue Raúl Ernesto Mejía quien primero exhibió el arma cortante  –sin   importar  si  la  llevaba  consigo  o  si  un  tercero  se  la proporcionó-, esa desproporción o  desventaja  de  inmediato  fue  igualada  por PEDRO JULIO, quedando ambos en las  mismas  condiciones  de  fuerzas  y armas, no siendo su contraataque más que la  continuidad  de  la  riña ya iniciada –como  se  dijo-  en  principio  de manera verbal, luego a los puños  –como   lo   indica  la  declarante Utinico Varela- y al final con las armas ya mencionadas.   

“Es  decir,  tanto  en el procesado PEDRO  JULIO  GARCÍA  PINILLA  como  en  el  difunto  RAÚL ERNESTO MEJÍA existió el  ánimo  de  reñir,  el  propósito de cada uno causar daño al otro, situación  que  enerva la legítima defensa, y aunque GARCÍA PINILLA, luego de admitir que  se  encendió a cuchillo con Mejía, dice que actuó en esa forma por defenderse  no  quiere  decir  esto que esa defensa haya sido legítima, esto es, ajustada a  derecho,   pues   no   todo   acto   de   defensa   tiene   esa   categoría   o  característica.    Es   claro  que  en  la  riña  los  contendores  obran  antijurídicamente  al lanzar el desafío o reto y al aceptarlo, lo mismo que en  el  transcurso del lance, lo hacen ambos con dolo, vale decir, con intención de  ocasionar  daño al contrario antes que de repeler injusta agresión, por lo que  la   justificante   no  puede  ser  otorgada  o  reconocida  a  ninguno  de  los  contendientes.   Así,  entonces, si hubiese sido PEDRO JULIO GARCÍA quien  resultara  lesionado a manos de RAÚL ERNESTO MEJÍA con seguridad a éste no se  le  hubiera  podido  reconocer  que actuara en legítima defensa, pues tanto uno  como     otro    buscaban    el    mismo    fin    antijurídico    –causar  daño en el cuerpo en la salud  y  hasta  la  muerte  de  quien  tenían al frente-, siendo RAÚL ERNESTO MEJÍA  quien  lo  padeció  y  PEDRO  JULIO  GARCÍA  el  que lo produjo” (C. Tribunal, fs. 40 y 41).   

         9.   Una vez confrontado el claro contenido de la sentencia (no  antes),  ya  se advierte que la objeción del demandante no apuntaba realmente a  un  error  de  hecho por falso juicio de identidad, en cuanto el fallador en sus  razonamientos   hubiese   suprimido   algunas   expresiones   decisivas  de  los  testimonios  en  cuestión, sino que evidencia un desacuerdo con la apreciación  probatoria  del  Tribunal.   Este  último  modo  de  proceder  del  actor,  mientras  no  haya  demostrado  los agravios manifiestos a las reglas de la sana  crítica,  no  puede tener eco en casación, porque la motivación suficiente de  los  fallos  de instancia los cubre de la presunción de acierto y de legalidad,  máxime   que   en  este  caso  el  censor  ni  siquiera  intenta  reducirla  al  absurdo.   

         10.   Por  otra  parte,  aunque el impugnante también anunció  algunas   apreciaciones  erróneas  sobre  los  testimonios  de  TOMÁS  HELADIO  CÁRDENAS  LÓPEZ,  JAVIER  CORTÉS  CASALLAS  y LUIS ENRIQUE BELTRÁN BEJARANO,  recibidos  durante  la  audiencia  pública,  finalmente  ni  siquiera los citó  individualmente por sus contenidos.   

         11.   Debe  concluirse  entonces  que  el  actor  no  atinó  a  singularizar  ni  a  demostrar los errores de hecho anunciados, tampoco aparecen  de  bulto  violaciones  a los derechos y garantías fundamentales del procesado,  razón   por   la   cual   no   podrá   accederse  a  la  casación  del  fallo  impugnado.   

         12.   Por  último,  resulta importante destacar que existe una  evidente  favorabilidad  en  el  tránsito  de  legislación  con  motivo  de la  vigencia  del  nuevo Código Penal (Ley 599 de 2000), porque el artículo 103 de  este  estatuto,  que  regula  el homicidio simple, prevé una pena principal que  oscila  entre  13 y 25 años de prisión, mientras que el artículo 29 de la Ley  40  de  1993,  que había modificado el artículo 323 del Código Penal de 1980,  señalaba una sanción de 25 a 40 años de prisión.   

         De  acuerdo  con  el inciso 2° del artículo 6° del nuevo Estatuto  Penal, la favorabilidad también rige para los condenados.   

         No  obstante,  dado  que  en este caso no se casará el fallo y, por  ende,  no  existe  la  posibilidad  de  que  la  Corte  actúe  como Tribunal de  instancia,  la  readecuación  de  la  pena por la favorabilidad que entraña la  nueva  ley  corresponde  al  Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad,  conforme  con  la  previsión  el artículo 79, numeral 7° del nuevo Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000).  Así lo ha definido la Corte en  varias  decisiones,  entre  ellas  la sentencia de casación del 5 de septiembre  del  año  en  curso,  cuya  ponencia  correspondió  al magistrado Edgar   Lombana   Trujillo  (radicado  N°  13.000).   

         Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

         No casar el fallo impugnado.    

         En    relación    con    esta   sentencia,   no   procede   recurso  alguno.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE      ENRIQUE      CÓRDOBA  POVEDA           

HERMAN            GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                        

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                     EDGAR               LOMBANA  TRUJILLO              

ALVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                        NILSON                     PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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