AP156-2017(49525)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP156-2017  

Radicación N° 49525  

(Aprobado acta Nº 007)   

          Bogotá,  D.C.,  dieciocho  (18)  de  enero  de  dos  mil diecisiete  (2017).   

          Se  pronuncia  la  Sala  acerca  de  la competencia para conocer del  recurso  de  apelación  interpuesto  por la Fiscalía en contra de la decisión  del  15  de  septiembre  de  2016,  proferida  por  el Juzgado Primero Promiscuo  Municipal  de  Apartadó,  a  través de la cual ese estrado judicial revocó la  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva dictada dentro del trámite  adelantado   respecto   de   HELIODORO  AGAMEZ  PINEDA  y   ALFREDO  JOSÉ  AGAMEZ  VENEGAS.   

A N T E C E D E N T E S  

          1.  Conforme  lo  ha  expuesto la Corte en otras ocasiones, diversas  labores  investigativas  permitieron develar la existencia en el departamento de  Córdoba  de  una  red  de  abogados  que  con  documentación  irregular  y  en  contubernio  con  algunos servidores públicos, inició acciones judiciales para  obtener  el  reconocimiento  fraudulento  de cuantiosas acreencias laborales con  detrimento   del   Fondo  Nacional  de  Prestaciones  Sociales  del  Magisterio.   

La investigación de esos hechos que por sus  características  comenzó  a  ser conocida como “El  carrusel  de  la educación en Córdoba”, dio lugar a  múltiples   rupturas  procesales  en  atención  a  la  variedad  de  conductas  delictivas  endilgadas, la pluralidad de implicados y las diferentes estrategias  de  defensa  asumidas,  una  de  ellas,  la  seguida  en  contra de HELIODORO  AGAMEZ  PINEDA  y  ALFREDO JOSÉ AGAMEZ VENEGAS.   

2. Dispuesto el cambio de radicación de esas  diligencias  (CSJ  AP,  11 Dic 2013, Rad. 42747) correspondieron, de acuerdo con  la  información suministrada por la Fiscalía, al Juzgado 39 Penal del Circuito  de  Bogotá,  despacho  en  el  cual,  en  la actualidad, se adelanta la fase de  juicio.   

3.  El  abogado  de  los implicados, el 9 de  agosto  de 2016, pidió la realización de audiencia de revocatoria de medida de  aseguramiento  ante  los Juzgados Penales Municipales con función de control de  garantías  de  Apartadó  (Antioquia),  asignándose  la  solicitud  al Juzgado  Primero   Promiscuo  de  esa  localidad.  Instalada  la  diligencia,  el  15  de  septiembre  siguiente,  el  delegado  de  la  Fiscalía  impugnó la competencia  haciendo  mención  expresa  de  varios  pronunciamientos de la Corte acerca del  tema  y dio lectura al proveído emitido en el radicado 48494, el 3 de agosto de  2016,  en  el  que con ocasión de la presentación de idéntico pedimento en la  ciudad  de  Cartagena, se fijó su conocimiento en Bogotá al tratarse del lugar  donde  se sigue el juicio y ante la ausencia de circunstancias excepcionales que  avalaran  darle  curso  a  la  petición  en  sitio distinto (CSJ AP 4931-2015),  contexto  que,  desde su punto de vista, se replicaba en esta oportunidad. Así,  solicitó  el  envío  de  la  actuación  a  esta  Corporación para definir el  particular,  sin perjuicio de que ya se hubiese proferido una decisión sobre la  materia.   

4. El defensor que asumió la representación  de  los  procesados  durante la diligencia, se remitió a un escrito que allegó  su    antecesor    a    ese   despacho   a   través   del   cual   “subsanó”  algunas falencias puestas  de  presente  mediante  auto previo a la celebración de la audiencia deprecada,  en  concreto,  a  las  razones  que  llevaron  a  elevar en esa circunscripción  territorial  la  petición, consistentes en que “los  señores   AGAMEZ  están  domiciliados  en  este  territorio Urabense, por lo que por economía procesal y  demás  principios  constitucionales  y  legales se presentó dicha solicitud en  ese  municipio,  además  siguiendo  las  directrices  que su despacho en varios  procesos  de  control  de  garantías  ha  hecho,  es decir, siguiendo la línea  jurisprudencial  usted  (según su criterio) puede conocer de esta solicitud sin  importar   de   donde   son  los  hechos  o  de  donde  es  la  génesis  de  la  investigación”.1   En  estas  condiciones,  el  profesional  del  derecho  se  plegó a esa explicación agregando que en virtud  del  control  difuso  de  constitucionalidad previsto en la Carta Política, era  posible  inaplicar  el  proveído  de  la  Corte  traído  a  colación  por  la  Fiscalía,   el   cual,  opina,  no  constituye  jurisprudencia  al  chocar  con  principios  contemplados,  entre  otros,  en  la  Convención  Interamericana de  Derechos   Humanos,   verbi   gratia,   con  el  axioma  de  juez natural, en tanto la normatividad procesal  penal  consagra  que  los  jueces de control de garantías tienen competencia en  todo el territorio nacional.   

5.  Frente  a  lo  anterior  el  titular del  estrado  judicial en cita, luego de elucubrar sobre diversos temas, reseñó que  la  decisión  de  la  Corte  que  definió  la  competencia  para conocer de la  revocatoria  de  medida  de  aseguramiento  impetrada  por  la  defensa,  va  en  contravía  del  artículo  39  de  la  Ley  906  de 2004, teniendo en cuenta la  redacción  actual del precepto y que es producto de una evolución legislativa.  De      esta     manera,     acotó,     dicha     Corporación     “dev[olvió]  su  entendimiento  a  lo  que  decía  [una]  norma  sustituida”,  por  lo  que  aceptar  tal percepción  “sería      una      forma      ilegal      de  derogatoria”  del  contenido  de ese canon, toda vez  que    en    los   precedentes   invocados   por   la   Fiscalía   “no  se  dieron  razones  constitucionales  para  interpretar  al  contrario  el  texto  legal”  y  este no se presta a  ambigüedades,  de ahí que no se pueda desatender su tenor literal.     

Así,  después  de  afirmar  que  la única  jurisprudencia  vinculante  es  la dictada por la Corte Constitucional, reiteró  que  no  podía  aceptarse el “pretendido imperio”  del  auto  en  cuestión,  no  sentencia, “ante  la  falta  de  un  serio argumento hermenéutico”, “al  haber   sido   mal  resuelto”,  porque  “ese    auto    no   me   (sic)   cabe   […]   es   para   otro  juez”2  y,  desde  esa perspectiva, dijo, el artículo 39 de la Ley 906 de  2004  le  otorgaba  competencia  para  conocer  de  la  petición, sin que fuese  necesario  darle  paso  al  trámite  de  definición  solo  concebido  para  la  formulación  de imputación y de acusación, de acuerdo con los artículos 54 y  341  ibídem. De esta forma, indicó, extender el instituto a otras diligencias,  según   se   refirió   en   el   cuestionado  auto,  conlleva  a  “genera[r]   legislación”   por  la  “mezcla    imposible    de   cosas”.3    

En  estas  condiciones,  y  pese  a  que  el  delegado  de  la Fiscalía recabó en que debía dársele paso a la impugnación  de   competencia,   la   defensa  presentó  su  postulación  encaminada  a  la  revocatoria  de  la  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva con la  consecuente  cancelación  de  las  ordenes de captura libradas en contra de sus  prohijados,4 a lo cual accedió el despacho.   

6.  Esta decisión fue objeto del recurso de  apelación  interpuesto por la Fiscalía cuyo conocimiento se asignó al Juzgado  Primero  Penal del Circuito de Apartadó que, el 11 de noviembre de 2016, avaló  los  argumentos  del a quo en  punto  de  que la función de control de garantías corresponde a cualquier juez  municipal  del  territorio  nacional.  No  obstante,  retomando  algunos  de los  planteamientos  que  en  su momento elevó aquel sujeto procesal, manifestó que  con  independencia de su asidero o no debía surtirse el trámite de definición  de    competencia,    por    lo    que    remitió    la   actuación   a   esta  Corporación.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

          De  cara  a  los aspectos abordados en este asunto y sintetizados en  precedencia, es conveniente hacer las siguientes precisiones:   

1. En primer lugar, ha de decirse que la Sala  es  competente  para  definir la controversia planteada en el presente evento de  acuerdo  con  los  artículos  32,  numeral  4° y 54 de la Ley 906 de 2004, por  cuanto  en el debate acerca del funcionario llamado a conocer las diligencias se  involucran   juzgadores   que  pertenecen  a  diferentes  distritos  judiciales.   

          Ahora,  aun  cuando  con ahínco el juez a  quo  refirió que este último precepto no tiene cabida  para  solventar  polémicas  de  este  raigambre verificadas en fases procesales  distintas  a la audiencia de formulación de imputación o de acusación, dichas  etapas  no  son  las  únicas  en  las  cuales  pueden darse discusiones de esta  naturaleza y así lo ha evidenciado la práctica.   

En  ese orden, considerando que el artículo  139,  numeral 5º, de la Ley 906 de 2004, consagra como deber específico de los  jueces  “decidir  la controversia suscitada durante  las  audiencias  para  lo  cual  no podrá abstenerse so pretexto de ignorancia,  silencio,    contradicción,   deficiencia   o   ambigüedad   de   las   normas  aplicables”,  en  asuntos  distintos  a  los  arriba  señalados  la jurisprudencia ha suplido la ausencia explícita de regulación y  por  eso  tratándose  de  disputas  frente  a  la  competencia  para conocer de  audiencias  preliminares  (CSJ  AP 5453-2015, AP 6750-2015), la preclusión (CSJ  AP  1003-2015)  e  incluso  para asumir la fase de ejecución de la pena (CSJ AP  6971-2015),  por  citar  algunas;  ha  admitido  la  procedencia  de  la  figura  acudiéndose  al  protocolo previsto en aquella disposición, pues controversias  de   esta  índole  no  pueden  quedar  en  la  incertidumbre  y  requieren  del  pronunciamiento  del  funcionario designado para decidir el particular (Cfr. CSJ  AP,  14  May  2013, Rad. 41228), por la sensibilidad de los intereses que pueden  afectarse con el proceso penal.   

          De  este  modo,  la  interpretación sistemática de la normatividad  adjetiva  vigente sobre el tema ha permitido establecer subreglas que para estos  eventos  ofrecen  salidas  concretas  sin  que  ello implique usurpar el rol del  legislador,   toda   vez   que  éste  ha  conferido  a  los  jueces  tal  labor  hermenéutica  ante  contextos de esta índole, según se advierte del artículo  8º  de la Ley 153 de 1887, conforme al cual “cuando  no  hay ley exactamente aplicable al caso controvertido, se aplicarán las leyes  que   regulen   casos  o  materias  semejantes”.  Lo  anterior,   encuentra  explicación  en  que  la  solución  de  esta  clase  de  discusiones  no  podría ser facultativa por parte de los inmersos en el debate,  ya  bien  sea  para  rehusar  o  admitir  la competencia, ni es viable arribar a  decisiones  inhibitorias, siendo así el superior funcional de éstos el llamado  a  zanjar  el asunto. En esa secuencia, si la polémica se da entre juzgados que  pertenecen  al mismo distrito judicial quien dirime el particular es el Tribunal  respectivo  (artículo 34, numeral 5º, de la Ley 906 de 2004) y si pertenecen a  circunscripciones  territoriales distintas, corresponderá a la Corte Suprema de  Justicia (artículo 32, numeral 4º, ibídem).   

2.  De  otro  lado,  debe  recordarse que la  Constitución  Política  atribuye  a  esta  Corporación el rol de “máximo  tribunal  de la jurisdicción ordinaria” (artículo  234)  y,  en  consecuencia,  sus  pronunciamientos  como  órgano  de  cierre sí son vinculantes dentro de la respectiva especialidad, al  tenor  de  lo  expuesto  por  la  Corte  Constitucional en la sentencia C-836 de  2001:   

“La  fuerza  normativa  de  la  doctrina  dictada   por   la   Corte  Suprema  proviene:  (1)  de  la  autoridad  otorgada  constitucionalmente  al  órgano encargado de establecerla y de su función como  órgano   encargado   de   unificar  la  jurisprudencia  ordinaria;  (2)  de  la  obligación  de  los  jueces  de  materializar  la igualdad frente a la ley y de  igualdad  de  trato  por parte de las autoridades; (3) del principio de la buena  fe,  entendida  como  confianza  legítima en la conducta de las autoridades del  Estado;  (4)  del  carácter  decantado  de  la interpretación del ordenamiento  jurídico  que  dicha autoridad ha construido, confrontándola continuamente con  la  realidad  social  que  pretende  regular.  […]  El  artículo  1º  de  la  Constitución  establece  que  nuestro  país es un “Estado social de derecho,  organizado   en   forma   de   República   unitaria”.    Esta  forma  de  organización  implica  la  unidad  del  ordenamiento  jurídico,  que se vería  desdibujada  si  se  acepta  que  la  autonomía judicial implica la facultad de  interpretar  el  ordenamiento sin tener en cuenta la interpretación que haga la  cabeza  de  la  respectiva jurisdicción. La consagración constitucional de una  estructura  jurisdiccional  que,  aun  cuando  desconcentrada, es funcionalmente  jerárquica,  implica  que,  si bien los jueces tienen competencias específicas  asignadas,  dentro  de  la  jerarquía  habrá  -en  principio- un juez superior  encargado  de  conocer  las  decisiones  de los inferiores.  En la justicia  ordinaria  dicha  estructura  tiene  a  la  Corte  Suprema  en  la cabeza, y eso  significa  que ella es la encargada de establecer la interpretación que se debe  dar  al  ordenamiento  dentro  de su respectiva jurisdicción, de acuerdo con lo  dispuesto en la Constitución”.   

                    Por  consiguiente,   negar   lo   anterior,   conforme   lo   hizo   el  a  quo,  equivale  a  vaciar de contenido  toda  la  conceptualización  que la teoría del derecho contemporánea ha hecho  con   relación   a   la  importancia  del  precedente  como  componente  de  la  interpretación  jurídica para quienes integran la administración de justicia,  en  especial, cuando este proviene de sus órganos vértice, según ya ha tenido  oportunidad  de  analizarlo  la Corte (cfr. CSJ SP, 01 Feb 2012, Rad. 34853, CSJ  SP,  10  Abr 2013, Rad. 39456). Esto, sin perjuicio de las circunstancias en las  que  es  válido  apartarse del mismo considerando que esa vinculatoriedad no es  irreflexiva  ni omnímoda, por cuanto los jueces pueden marginarse de aplicar el  precedente  desde  que  cumplan  con la carga argumentativa específica descrita  por la Corte Constitucional en el fallo en comento.   

          3.  De  esta  manera,  las decisiones evocadas por la Fiscalía y en  concreto  la  del  3  de  agosto de 2016, proferida en el radicado 48494 (CSJ AP  4931-2015),  no  constituyen  simples referentes potestativos para la judicatura  sino  que  obedecen  a un diseño institucional que les confiere la connotación  de  imperativo  cumplimiento.  Entonces,  al margen de la posible discusión que  cabría  con  relación  a la obligatoriedad de los autos de las Altas Cortes en  asuntos  que  no  podrían  resolverse  a  través  de  sentencias, no puede ser  anodino  el  hecho  que  pese  a  dictarse  la providencia en cita, en este caso  puntual,  se  pretenda darle curso repetido al problema jurídico que en ella se  examinó  a  la  espera  de  que se replantee una postura ya consolidada, por el  perjuicio  que  ese  escenario  acarrea para la eficacia de la función pública  atribuida  a  la  rama  judicial,  aunado  a  la hipotética repercusión que un  actuar    de    ese    talante   tendría   en   el   principio   de   seguridad  jurídica.     

          En   otras   palabras,   no   había   lugar   en   el  sub   examine  a  discutir  un  tema  ya  decidido  sin  que  se  advierta  justificación  para  que  los abogados de los  implicados,  luego  de  allegar  la petición inicial, retiraran la solicitud de  celebración  de  audiencia  de  revocatoria  de  medida  de  aseguramiento cuyo  conocimiento  asignó  la  Sala a Bogotá, en atención al cambio de radicación  de  la  actuación  (coyuntura  que  pasó  desapercibida  para  el a    quo);  e inmediatamente después procedieran a presentarla en  Apartadó  como  si  lo  dispuesto  por la Corte no les fuere vinculante o fuese  susceptible  de  ser  revisado  ante  instancias  paralelas,  hasta  obtener una  respuesta satisfactoria a sus intereses.   

          Ahora,  en  esa  determinación  se  consignó  que no se avizoraban  premisas  plausibles que explicaran la viabilidad de la diligencia en Cartagena,  ciudad    en   la   que   ab   initio   se   allegó  el  pedimento,  sin  que  pueda  decirse  que  aquella  indefinición  se  subsanó  al  indicarse  en  esta  última oportunidad que en  “territorio Urabense” se  encontraban  los implicados, porque ello lo que muestra es la eventual finalidad  encubierta  de  marginarse  de  lo  decidido  por  esta Corporación frente a la  concreta   solicitud   de   realización  de  audiencia  preliminar.5      

          Dichas  circunstancias,  entonces, develan la necesidad de compulsar  copias  penales y disciplinarias en contra de los mencionados togados en aras de  que  se  ausculte la posible configuración de una conducta dolosa, con ocasión  del despliegue de tal comportamiento.   

4.  De  otra  parte,  lo  puntualizado  en  acápites  anteriores  sobre  la  procedencia  del  trámite  de  definición de  competencia   aun   tratándose   de  audiencias  preliminares  distintas  a  la  formulación  de imputación, permite avizorar que tenía cabida la impugnación  de  la  misma  elevada por la Fiscalía, a la que no le dio paso el Juez Primero  Promiscuo  Municipal  con  función  de  control  de  garantías de Apartado con  argumentos  que  no  se  ofrecen  solventes  de cara al criterio depurado por la  jurisprudencia  en  cuanto  a  esta  temática y que según se anotó, le era de  ineludible acatamiento.   

En  ese  orden, si bien la Ley 1453 de 2011,  artículo   48,  modificó  el  39  de  la  Ley  906  de  2004  para  establecer  que  “La  función  de  control de garantías será  ejercida  por  cualquier  juez  penal  municipal”, la  labor  interpretativa  de  la Corte ha permitido decantar dentro del ámbito que  rige  su  misión  constitucional  y  legal  que  si se matizó la regla general  asentada  en  el  factor territorial, lo fue para garantizar la celeridad de las  audiencias  preliminares  que  por esencia acarrean afectación suma de derechos  fundamentales,  por  ejemplo,  cuando se verifica la legalización de la captura  (Cfr. CSJ AP, 26 Oct 2011, Rad. 37674).   

De  este  modo,  pese a que no es el aspecto  territorial  el  que  impera  para  determinar  la competencia de la función de  control   de   garantías,   sino   el  funcional,  ello  no  quiere  decir  que  discrecionalmente  pueda  acudirse  ante  cualquier  juez,  pues han de confluir  circunstancias  que  así  lo  justifiquen  en  el  entendido  que  son  sucesos  prácticos  y  objetivos  los  que  permiten  abstenerse  de  concurrir al lugar  geográfico  donde el ordenamiento jurídico indica que corresponde adelantar el  proceso  penal.  Este,  por  su  naturaleza,  genera  el  emplazamiento  de  una  logística  institucional  con  la  que se busca propiciar su pronto desarrollo,  por  ende, conspiraría contra ese propósito la presentación de solicitudes en  puntos  distantes  al sitio en el que ha de cursar el trámite, particularmente,  durante la etapa el juicio.   

En  consecuencia, restringirse a la prédica  con  respecto  a  que  una  interpretación exegética del precepto bastaba para  descartar  la anterior conceptualización, so pretexto de la necesidad inminente  de    proteger    garantías   fundamentales   (recuérdese   que   AGAMEZ     PINEDA     y    AGAMEZ    VARGAS   no   están   privados  físicamente  de  la  libertad),  se  ofrece  insuficiente  en pos de admitir la  presencia  de  la  carga  argumentativa  que  permite  alejarse  del  precedente  conforme  ya  se  citó,  lo  que  sumado,  como  ya se vio, a que ya había una  decisión   puntual   acerca  de  la  materia,  conlleva  a  que  también  sean  compulsadas  copias  penales y disciplinarias en contra de este funcionario para  que   se   realice   un   escrutinio   con   relación  a  la  legalidad  de  su  proceder.   

          5.  En  este  orden de ideas, bastaría con estarse a lo resuelto en  el  pluricitado auto del 3 de agosto de 2016, sin embargo, ya que se dio curso a  la  solicitud  de  revocatoria  de  medida  de  aseguramiento  y  se adoptó una  decisión  sobre  el  particular  que  fue  objeto del recurso de apelación, en  concordancia  con  lo  ya  dispuesto en el sub examine  y a partir del cambio de radicación dispuesto para la  ciudad  de  Bogotá,  serán  los  Jueces  Penales  del Circuito de esta capital  -Reparto-  los  convocados  a  desatar  la  alzada y adoptar las determinaciones  correspondientes,  por  lo  que  se les enviará la actuación para que obren de  conformidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  LA SALA DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   

R E S U E L V E  

          PRIMERO:            DECLARAR  QUE LA  COMPETENCIA  para  conocer  del  recurso de apelación  interpuesto  por  la Fiscalía en contra de la decisión del 15 de septiembre de  2016,  proferida  por  el  Juzgado  Primero Promiscuo Municipal de Apartadó y a  través  de  la  cual ese estrado judicial revocó la medida de aseguramiento de  detención  preventiva  dictada  dentro  del  trámite  adelantado  respecto  de  HELIODORO  AGAMEZ  PINEDA  y  ALFREDO     JOSÉ     AGAMEZ    VENEGAS,  corresponde a  los  Jueces  Penales  del Circuito de Bogotá -Reparto-, despachos a donde será  remitida la actuación.   

          SEGUNDO:            COMPULSAR  por  Secretaría de la Sala las  copias  penales  y  disciplinarias  a  las  que  se  hizo referencia en la parte  considerativa de esta decisión.   

Contra esta decisión no  procede ningún recurso   

Comuníquese    y  cúmplase   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr. Folio 5 cuaderno actuación   

2  Cfr.   récord   26:30   y   siguientes   grabación  2   

3  Cfr. récord 47:00 y s.s ibídem   

4  Ello  en atención a que para esa fecha no se habían  hecho efectivas   

5  En  las  constancias  de  la Corte aparece cumpliendo  esta  específica  labor el Dr. Carlos Alberto Schmalbach Silva -quien pidió la  realización  inicial  de  audiencia  de  revocatoria de medida de aseguramiento  ante  Cartagena  y  luego en Apartado- y el Dr. Gian Carlo Paredes Rivera -quien  la  retiró  luego  de  fijar la Corte la competencia para su celebración en la  ciudad  de  Bogotá,  sustentándola  posteriormente  ante  el  Juzgado  Primero  Promiscuo Municipal de Apartadó- (Cfr. Fl. 1 y 30 c.a.).     

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