AP1001-2017(44955)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP1001-2017  

Radicación N° 44955.  

Aprobado acta No. 50.  

Bogotá,  D.C., veintidós (22) de febrero de  dos mil diecisiete (2017).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de la demanda de casación presentada por el defensor  de     los         procesados   Ángel  Gómez   Neira  y  Omeimar  Fonseca  González, contra  el   fallo   de   segunda   instancia  proferido  por  la  Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Distrito Judicial de Santa Rosa de Viterbo, adiado 15 de agosto de  2014,     mediante     el     cual    confirmó  la  sentencia  emitida por el  Juzgado   Promiscuo   del   Circuito   de  El  Cocuy  (Boyacá), que los condenó  a  la  pena principal de 48  meses   de   prisión   y   multa   de  49.33  SMLMV,  así  como  la  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por 56 meses, por ser  autores         del         delito       de       contrato   sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  en  concurso  heterogéneo y sucesivo con  peculado    por    apropiación   y   falsedad  ideológica  en  documento  público.   

HECHOS  

Fueron  narrados en la sentencia de segundo  grado    de               la       siguiente      forma:   

(…) Tuvieron  origen  en  la denuncia interpuesta por el actual alcalde  de    Guacamayas,   quién   adujo   que   para   el  día  22  de  noviembre del año 2011 fue suscrito el  contrato  de  suministro  No.  031  de  2011,  celebrado  entre  el municipio de  Guacamayas,  representado  por  el entonces alcalde señor ÁNGEL GÓMEZ NEIRA y  el   señor   OMEIMAR  FONSECA  GONZÁLEZ  en  calidad  de  contratista,  cuyo  objeto  era  el  suministro,  instalación  y  puesta  en  funcionamiento  del  sistema de circuito cerrado de  televisión  en  las  instalaciones  del  Batallón de alta montaña No. 2 JOSÉ  SANTOS  GUTIÉRREZ,  contrato  cuyo  valor  ascendía  a  los  catorce  millones  novecientos  mil  pesos,  el  cuál  debía ser ejecutado en un plazo de un mes,  contrato  del cual existe acta final y acta de liquidación de fecha veintinueve  (29)  de noviembre de 2011  firmadas  tanto  por  el  contratante  como  por el contratista; sin embargo, de  acuerdo  a  las  pesquisas  efectuadas por el Ente Investigador pudo comprobarse  que  el  objeto contractual  nunca   fue   realizado  a  pesar  de  existir  documentos  que  sustentaron  su  cancelación.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  27  de septiembre de 2012, en el Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Guacamayas  (Boyacá),  tuvo  lugar  la  audiencia  de  formulación   de   imputación,   en   la  cual  se  atribuyó  a  Ángel   Gómez   Neira  y  Omeimar  Fonseca  González  el delito de  contrato  sin cumplimiento  de  requisitos  legales,  en  concurso  heterogéneo y  sucesivo  con  peculado por  apropiación  y  falsedad  ideológica  en  documento  público.   

El 24 de octubre de 2013, ante el mismo ente  judicial  en  comento, se llevó a cabo la audiencia de preacuerdo, en la que se  aprobó    el    pacto   celebrado   entre   la   fiscalía   delegada   y   los  acusados.   

El  13  de  junio  de  2014,  en  el Juzgado  Promiscuo   Circuito   de  Guacamayas  (Boyacá), fue realizada la audiencia de lectura de fallo, en la que  se   condenó   a   los   procesados  a  la   pena  principal  de  48   meses   de   prisión,  multa  de  49.33  SMLMV  e  inhabilitación  por  56  meses para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, como  autores         del        delito  de  contrato sin cumplimiento  de  requisitos  legales,  en  concurso heterogéneo y  sucesivo  con peculado por  apropiación  y  falsedad  ideológica en documento público.   

Tal decisión fue  apelada  por  la defensa, arguyendo que debía reconocérsele el subrogado penal  de  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena    o,    en    su    defecto,    la    prisión    domiciliaria.   

El  15  de  agosto  de  2014, fue emitida la  determinación  de  segundo  grado, mediante la cual fue confirmada la      sentencia     recurrida,         negando  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena y  prisión domiciliaria.   

En contra de aquella decisión, el abogado de  los  procesados  interpuso  recurso extraordinario de casación, demanda que fue  presentada   posteriormente,   la  cual  ahora  se  analiza  en  su  corrección  argumentativa y debida fundamentación.   

EL  RECURSO   

    

1. La demanda de casación.     

Luego de identificar los sujetos procesales,  los  hechos  juzgados,  la  actuación  relevante  y  la sentencia impugnada, el  casacionista  acusa  a  la  misma  de  haber  violado,  de forma directa, la ley  sustancial,  al  amparo  de la causal 1ª del artículo 181 del C. de P. P, para  lo  cual  formula  un  solo  cargo,  encaminado  a  cuestionar  la dosificación  punitiva.   

1.1.  Cargo único: violación directa de la  ley    sustancial    derivada    de    la    aplicación    indebida.   

     

1. Denuncia el censor que el juzgador  de  segundo  grado,  al  confirmar  la sentencia apelada, incurrió «en  el  desconocimiento  flagrante de la ley sustancial al darle  un  alcance  que  no tenía el artículo 31 del C.P.»,  puesto  que  «(…) sin  señalar  [en  el  acuerdo celebrado entre el ente acusador y los procesados] el  tipo  de  concurso,  ni  escoger  el  tipo principal para adecuar la imputación  (…),  sin  dosificar  la  pena  y  sin  pactar  la  concesión  de  subrogados  penales»  los  encausados  fueron  juzgados  por  los  hechos descritos.     

     

1. Luego de  transcribir  el  artículo  31  del  C.P.,  enfatizó  en  que  se  «desconoció  el  acta  de  preacuerdo que se realizara entre las  partes  y  que fuera objeto de legalización», pues no  se  efectuó  una  «observación  jurídica  de los  términos    de    aceptación   de   culpabilidad   por   preacuerdo   con   la  fiscalía».     

De   ese   modo,  adujo  que  «se  desconoció  el  artículo 286 de la norma procesal penal en  razón  a  que  no  se  hizo  una  imputación de acuerdo a los lineamientos que  señala  la  ley  penal  y de acuerdo al artículo 288 se desconoció en todo su  contenido   la   relación  clara  y  suscinta  (sic)  de   los  hechos  jurídicamente  relevantes  y  la  relación  clara  y  suscinta  (sic)  de  las  consecuencias  jurídicas  de  la  diligencia (…).».   

     

1. De otro  lado,  expuso  que  en  el  acta  no  se  señaló  si  se  trataban  de delitos  concursales,  motivo por el cual pareciera que la imputación de cargos fuese de  forma  autónoma  e  individual.  Así  mismo,  afirmó que la sentencia atacada  «se  limitó  a  observar  el  preacuerdo de manera  formal    (sic)   sin  detenerse  a  verificar  la  imputación  en  debida  (sic),  la  garantía  de derechos fundamentales, la  legalidad  de  la  pena  preacordada,  la  legalidad  de  la  pena acordada como  concursal,   lo  que  determino  (sic)  una  sentencia  condenatoria  por  fuera de los límites punitivos  (…).».     

Por   tanto,  indicó  el  recurrente  que  «el yerro consiste en dejar de aplicar el artículo  31  del  Código  Penal,  en su inciso 1º, en razón a que, el delito con mayor  pena    que    describe    el    tipo    es    el   delito   de   peculado   por  apropiación», y que sobre  ese  ilícito  es  que  debe  tomarse  la  pauta  para construir la «figura  del  concurso de delitos de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales  y  falsedad ideológica en documento público»,  lo  que,  a  su juicio, evitó la tasación de la pena de acuerdo  con los lineamientos del artículo 61 ibídem.   

     

1. En ese  orden  de  ideas,  sostuvo  que  de  haberse  tomado  el  delito de peculado por  apropiación  como  el  punible  base, la pena a imponerse es entre los 64 y 180  meses  de  prisión,  la  cual,  conforme al citado acuerdo, debía adoptarse la  mínima y reducirse en un 50%, es decir, 32 meses.     

Pero,  con  ocasión  de la restitución del  dinero  a  órdenes  del  municipio  afectado,  esgrime  que  también merece la  disminución  de  otro 50% sobre lo pactado, arrojando un monto de 16 meses, que  debe  ser  aumentado  hasta  en  otro  tanto (máximo 32 meses de prisión). Sin  embargo,  aduce  que  la pena real a imponer debe oscilar entre 16 y 17 meses de  prisión  porque  los  procesados no tienen circunstancias de mayor punibilidad.   

     

1. Concluyó  que  por  «la inaplicación de la norma, esto es por  desconocer   el   alcance  del  artículo  31  del  Código  Penal»,  así  como  el artículo 397 ibídem,  por  parte  de  los  falladores  de instancia, se dejó de declarar (i)  la  nulidad  de lo actuado desde la  imputación;  (ii) declarar  la    ilegalidad    del    preacuerdo,    o,   en   su   defecto;   (iii)   dictar   fallo   condenando   a  Ángel  Gómez  Neira  y  Omeimar Fonseca González a  una  pena  de  16 meses de prisión y un día, hasta un máximo de 32 meses como  pena definitiva.     

     

1. Consecuentemente, solicita a la Sala  casar  el  fallo  refutado  a  fin  de  redosificar la pena de prisión, multa e  inhabilidad    de    derechos    y    funciones   púbicas   impuestas   a   sus  representados.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.-   Desde  ya  anticipa  la Sala que la demanda objeto de estudio debe ser inadmitida, dado que  el  casacionista carece de interés para impugnar la sentencia, condicionamiento  exigido  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, al  señalar que:   

(…)  no  será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos: Si  el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de sustentación,  o  cuando de su contexto se advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  del   recurso.  (Énfasis  fuera de texto).   

Se   extrae  de  lo  establecido  en  esta  disposición  que  sólo  se admitirán las demandas presentadas por quien tiene  interés  y,  además  de  ello,  exhiban  una adecuada estructura lógica y una  argumentación  mínima  tendiente  a  ofrecer  las razones de disenso frente al  fallo  impugnado,  a  más de persuadir que es imprescindible la decisión de la  Corte  para realizar alguno de los fines del recurso, taxativamente contemplados  en    el    artículo    180    ibídem.   

2.-  Pues bien, el  motivo,  a  juicio  de la Sala, que se erige en el presente caso y en el sentido  indicado   es  que  los  procesados,  en  el  recurso  ordinario  de  apelación  interpuesto  contra el fallo de primer grado, no agotaron el argumento que ahora  plantean  en  casación,  debido a que en el instrumento vertical se limitaron a  cuestionar    el   desconocimiento   del   subrogado   penal   de   la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena o, en su  defecto,  de  la  prisión domiciliaria, en tanto que  en  esta sede se centraron a refutar la condena impuesta, en virtud de presuntas  imprecisiones    en    la   dosificación   punitiva.   

3.- Según lo tiene  sentado  la  Corte,  constituye  presupuesto  del  derecho  a la impugnación el  interés  jurídico  de  la  parte  o  interviniente que pretende, a través del  ejercicio  de  los  recursos,  la  reparación  de  un  desmedro causado con una  decisión  judicial,  por  cuanto  su propósito es remover, mejorar o atemperar  una  situación  gravosa,  criterio  desde  luego  extensivo  y  aplicable  a la  casación.   

Por esa misma causa, omitir el agotamiento de  la  segunda  instancia  o  ejercerla pero manifestando censuras diferentes a las  esbozadas  en  el recurso extraordinario, implica carencia de interés jurídico  para  acudir  a  la  casación,  porque  no  se  puede invocar a última hora un  agravio  que no fue objeto del recurso de apelación interpuesto contra el fallo  de primer grado (CSJ SP, 10 dic. 2012, rad. 40187).   

4.- No obstante lo  anterior,  de antaño la jurisprudencia de la Corte ha sido unánime en señalar  los  eventos  en  los  cuales,  si bien no se agota el recurso de apelación, es  viable interponer el recurso extraordinario. A saber:   

a.-   Cuando   aparezca   demostrado   que  arbitrariamente se impidió el ejercicio del recurso de instancia.   

b.-  Cuando  el  fallo  de  segundo  grado  modifique  su  situación  jurídica,  de  manera  negativa, desventajosa o más  gravosa.   

c.-  Cuando  se trate de fallos consultables  que causen perjuicio.   

d.-  Cuando  el  sujeto  procesal  proponga  nulidad  por  la  vía extraordinaria, en virtud del carácter prevalente de los  principios y garantías fundamentales.   

A  partir  de  ese  marco  conceptual,  debe  precisar  la  Sala  que  el  defensor  de  los  procesados  no  cumplió  con la  obligación  de exponer los mismos argumentos tanto en la segunda instancia como  en  el recurso de casación, y tal circunstancia lo margina de la posibilidad de  efectuar  reproche  sobre  los  temas  ventilados  en  la demanda, por cuanto no  encasillan  o  clasifican  en  ninguna  de  la  excepciones  previstas  para  el  postulado general.   

Ciertamente,  no  aparece  demostrado que de  algún  modo  se  les  impidió  a los encausados promover recurso de apelación  contra  el fallo perjudicial de primer grado, ni tampoco que se les ocasionó un  mayor  daño con el de segunda instancia para habilitarlo en esta sede. Además,  tampoco  el  fallo impugnado es de naturaleza consultable ni en tales reparos se  invoca  una  nulidad  o  la protección de alguna garantía fundamental, pues lo  que  subyace,  no  obstante invocar en la censura la causal primera de casación  por  violación  directa  de  la ley sustancial, es su inconformidad frente a la  presunta  indebida  aplicación de las disposiciones jurídicas empleadas por el  ad  quem para confirmar el  aludido fallo.   

Así las cosas, como el censor incumplió el  deber  de  agotar las objeciones enrostradas en casación durante el trámite de  la  segunda  instancia,  tal  situación,  se  itera,  trae como consecuencia la  inhabilidad para incoar el recurso extraordinario.   

A manera de colofón, precisa la Sala que el  defensor  de  los  encartados  carece  de  interés  para recurrir en casación,  circunstancia   que   impone   la   inadmisión  de  la  demanda  por  falta  de  interés.   

5.-  Como  si  lo  anterior  fuera  poco,  también  erró al proponer y fundamentar la censura. La  Sala  ampliamente ha dicho que cuando se invoca la violación directa de la ley,  es   preciso  que  la  proposición  y  desarrollo  se  ajusten  a  determinados  parámetros  lógicos  orientados  a establecer, con suficiencia, un error en la  aplicación  del  derecho.  Por  tanto,  el reparo se debe construir en el plano  netamente  jurídico,  al margen de cualquier debate sobre los hechos declarados  en  el  fallo  y  de la estimación otorgada al acervo probatorio que sirvió de  sustento  a  la  decisión  atacada.  Esto,  por  cuanto,  son precisamente esos  hechos,  aceptados por el tribunal, los que sirven de soporte a la demostración  de la falsa aplicación alegada.   

En  ese  orden,  cuando lo que se pretende es  acreditar  la  falta  de  aplicación  de  la  norma,  corresponde al impugnante  enseñar  cuál  fue  la  situación fáctica reconocida por el fallador y cómo  omitió  hacer  valer  la  consecuencia en el derecho, valga decir, por qué esa  norma echada de menos regula el asunto específico.   

La  aplicación  indebida  de  un precepto se  origina  cuando el sentenciador se equivoca al elegir la norma correspondiente a  la  calificación jurídica impartida, siendo, pues, un error de selección (CSJ  AP,  26  feb.  2014,  rad.  42902).  Entonces, a fin de evidenciar el mencionado  yerro  en  relación  con  una  determinada  disposición,  el  esfuerzo  ha  de  encaminarse  a constatar la defectuosa adecuación del supuesto fáctico probado  respecto  a  la  norma  seleccionada o a la interpretación que de ella se hace.  (CSJ AP, 13 nov. 2013, rad. 41683).   

          Finalmente,   la   interpretación   errónea,   en   el   ejercicio  argumentativo  del  casacionista, debe abordarse, cuando menos, dos aspectos: a)  que  ilustre  cuál  es el alcance y efectos fijados al precepto, acudiendo para  ello  a criterios de autoridad o doctrinales, más no a su personal comprensión  de  la  norma;  y  b)  que  evidencie cómo aquellos fueron desconocidos por los  falladores  de  instancia  en la sentencia impugnada (CSJ AP, 11 dic. 2013, rad.  37039).   

En  el  caso  presente  se  observa,  que  no  obstante  el  actor  reprocha  la  selección normativa que hizo el a-quo  al  momento  de dosificar la pena  impuesta  a su representado, el discurso no lo ajusta a las particularidades que  impone    el    vicio    alegado    –aplicación  indebida-  en  orden  a  su  acreditación,  de  acuerdo  a  las  reglas interpretativas desarrolladas por la  jurisprudencia  de  la  Sala,  ampliamente citadas ut  supra.   

Si bien deja entrever que el error endilgado  consistió  en  condenar  a  sus  prohijados  por la comisión de los delitos de  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales, falsedad en documento público  y  peculado  por  apropiación, siendo que el ilícito base, a su juicio, debió  ser  este  último,  debido  a  que contiene la pena más gravosa, motivo por el  cual    estima    que    se   dictó   «una   sentencia   condenatoria   por   fuera   de  los  límites  punitivos»,  y  con  lo  que  entiende argumentada la  aplicación  indebida  de  los  preceptos que consagran el concurso de conductas  punibles,  así  como  la  prohibición  de  dosificar la pena de acuerdo con el  sistema  de  cuartos cuando se hayan efectuado preacuerdos o negociaciones entre  la  fiscalía y la defensa (artículos 31 y 61 del C.P., en concordancia con los  cánones    410    y    397    ibídem),  el  censor se equivoca en su demostración al centrar su alegato  en críticas personales que involucraría el tema hermenéutico.   

Con ello revela el desconocimiento que tiene  de  las  exigencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  corresponde  observar,  pues  con  la  pretensión de acreditar errores en la aplicación del  derecho,  el  recurrente  se  dedica a disentir, en el fondo, del análisis que,  conforme  a  la  supuesta  desacertada interpretación normativa, le permitió a  los  juzgadores  imponer  la  aludida  condena  a  sus defendidos, recurriendo a  señalamientos  generales  y  abstractos  que  nada  demuestran, tal como que el  delito  de  peculado por apropiación dispone una pena mayor en relación con el  ilícito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

Dicha glosa debió proponerla al amparo de la  violación  directa de la norma, en la modalidad de interpretación errónea, de  manera  autónoma  e  independiente, argumentando y demostrando su trascendencia  en el fallo impugnado.   

No  obstante, ninguno de tales derroteros es  acatado  en  el  libelo.  En  su  inconformidad  con la presunta interpretación  equivocada,  el  demandante se queda corto, en tanto no muestra que en esa tarea  los  falladores  incurrieron  en  yerros  con  incidencia en el fallo recurrido,  soslayando  los  razonamientos  que  la  judicatura  expuso  en orden a concluir  ajustada  al ordenamiento jurídico la dosificación punitiva de los enjuiciados  por  la  comisión  de  los  delitos  descritos,  lo  que conlleva también a la  inadmisión del cargo.   

6.-  Pero, además,  encuentra  la  Sala  que  del  contenido  de  la demanda y de la revisión de la  actuación  no  se  advierte la necesidad de hacer uso del mecanismo oficioso de  enmienda  para  garantizar  los fines del recurso extraordinario previstos en el  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  menos  en lo que a la dosificación  punitiva  efectuada por el juez de instancia en este caso se refiere, pues no se  ven    configurados    los    reparos    denunciados    por   el   casacionista.  Veamos:   

(…)  

Siendo   precedente  (…)  la  anterior  solicitud   la   pena   que   se   fija   para   el   punible   de  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales, para cada uno de  los  acusados,  quedará en un total de sesenta y cuatro (64) meses de prisión,  multa   de   sesenta   y   seis   (sic)   (66.66)  e  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas de ochenta  (80) meses.   

(…)  

Partiendo del mismo criterio esbozado en la  anterior  dosificación,  correspondiente  a lo plasmado en las actas de acuerdo  bajo  el  entendido  que debe partirse del mínimo punitivo establecido, la pena  por  este  delito  [de peculado] quedaría, en un total de sesenta y cuatro (64)  meses  de  prisión,  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  término de la pena de prisión y multa equivalente a  catorce  millones  novecientos  mil pesos  ($14.900.000) que corresponde al  valor del contrato.   

Ahora  bien, el tipo penal de peculado, de  acuerdo  con  lo  dispuesto en el art. 401 del estatuto penal, establece algunas  circunstancias  de  atenuación  punitiva  por  el  reintegro  del  valor  de lo  apropiado, refiriendo en su inciso segundo que si el  reintegro  se  efectuare  antes  de  dictarse  sentencia  de  segunda instancia,  la  pena  se  disminuirá  en una tercera parte, tal  como   sucedió  en  el  presente  asunto  en  donde  los  presuntos  implicados  procedieron   a   consignar   a   favor   de  la  administración  municipal  de  Guacamayas  el  valor  del  contrato  más  un (sic)  indemnización por los daños causados.   

De  acuerdo  con  lo  anterior  la pena de  prisión  se  disminuirá  en  una  tercera  parte que equivalen a 21.3 meses de  prisión.   

En tal sentido la pena que se fija para el  punible  de  peculado por apropiación, para cada uno  de  los  acusados,  quedará  en  un  total de cuarenta y dos punto siete (42.7)  meses  de prisión, inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo término de la pena de prisión  y  multa  equivalente a catorce millones novecientos  mil  pesos  ($14.900.000)  que  corresponden  al  valor del contrato.   

(…)  

Continuando con los mismos parámetros de  imposición  del  mínimo  de la pena, de acuerdo a los respectivos preacuerdos,  el    total    punitivo    correspondiente    al    delito    de    falsedad  ideológica  quedará, para cada uno de los acusados, en  un   total   de   sesenta  y  cuatro  (64)  a  (sic)  meses   de  prisión  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas de  ochenta (80) meses.   

Ahora bien, evidente es que en el caso que  nos  ocupa  se  estructura un concurso heterogéneo y  sucesivo  entre  los  ilícitos  de  CONTRATO  SIN  CUMPLIMIENTO  DE  REQUISITOS  LEGALES,   PECULADO   POR  APROPIACIÓN  y  FALSEDAD  IDEOLÓGICA  EN  DOCUMENTO  PÚBLICO   debe   darse   plena  aplicación  a  lo  preceptuado  en  el  art. 31 del C.P. en primer lugar  tomando  como  referente  la  pena  fijada para el delito más grave que en este  caso  corresponde  al punible de Contrato Sin Cumplimiento de requisitos legales  que  se señaló para cada uno de los acusados en sesenta y cuatro (64) meses de  prisión,  multa  de  sesenta  y  seis (66.66) (sic)  S.M.L.M.V.   e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas de ochenta (80) meses.   

Continuando con lo regulado para la figura  jurídica  del  concurso,  la  pena anterior deberá ser aumentada hasta en otro  tanto  por  cada  delito, en este caso, atendiendo la  gravedad  de los ilícitos que tantos reparos económicos y sociales han traído  a   la  sociedad  Colombiana  y  que  han  llevado  a  la  desconfianza  de  las  Instituciones  Públicas,  se aumentará Dieciséis (16) meses y Dieciséis (16)  S.M.L.M.V.  por  cada  delito, para tener en definitiva un aumento de 32 meses y  32  S.M.L.M.V.  por  el  concurso,  quedando  en un total de NOVENTA Y SEIS (96)  MESES  DE  PRISIÓN, MULTA DE NOVENTA Y OCHO (98.66)  S.M.L.M.V.   E  INHABILITACIÓN  PARA  EL  EJERCICIO  DE  DERECHOS  Y  FUNCIONES  PÚBLICAS DE CIENTO DOCE (112) MESES.   

El anterior aumento punitivo en virtud del  concurso,  respeta  todos  los  límites  establecidos en el art. 31 del C.P., a  saber,  no supera los 60 años de prisión, no es superior a la suma aritmética  del  concurso  de delitos por los que se le acusó, tampoco es superior al doble  del  máximo  de  la  pena  fijada  en  la  ley  para  el  delito  más grave, y  finalmente, estamos en presencia del delito más grave.   

Por    otro    lado,    los  preacuerdos a los que llegaron la Fiscalía y cada uno de los  señores  ÁNGEL  GÓMEZ  NEIRA  y  OMEIMAR  FONSECA  GONZÁLEZ asistidos por su  defensor,  además de partir de los mínimos fijados en la Ley, consistió en la  aplicación  de  un  descuento  del  cincuenta  por ciento (50%), atendiendo los  requerimientos  del  artículo 351 del C.P.P. descuento que deberá efectuarse a  la  pena  anterior  de  ahí  que  la pena definitiva para cada uno de los aquí  procesados   será  de  CUARENTA  Y  OCHO  (48)  MESES  DE  PRISIÓN,  MULTA  DE  CUARENTA  Y  NUEVE  PUNTO  TREINTA  Y  TRES  (49.33)  S.M.L.M.V.   E  INHABILITACIÓN  PARA  EL  EJERCICIO  DE  DERECHOS  Y  FUNCIONES  PÚBLICAS   DE   CINCUENTA   Y  SEIS  (56)  MESES.1          (Énfasis fuera de texto).   

La  inobservancia  de lo precedente demuestra  que  el  recurrente  pierde  de vista que, en el caso concreto de los ciudadanos  Ángel  Gómez  Neira  y  Omeimar  Fonseca González,  el  delito  más  grave,  de  acuerdo  con  la  abundante jurisprudencia de esta  Corporación,  es  el  punible  denominado «contrato  sin cumplimiento de requisitos legales».   

Luego,  entonces,  puede  verificarse de este  modo,  con  absoluta  claridad,  que el demandante se apartó por completo de la  realidad  procesal,  así  como  del  contenido  de  las  sentencias  proferidas  (principio  de  corrección  material),  tornando  gaseosa  la  censura  que por  infracción  directa  de  la  ley  sustancial  plantea,  alegando la aplicación  indebida  de  una  disposición  penal  que  supuestamente  no fue contemplada o  considerada  por  los  jueces de instancia al definir la situación jurídica de  sus defendidos.   

7.-  Es que olvida  el  recurrente  que  el inciso final del artículo 61  del  C.  Penal  le  permite  al  juez  acudir  al sistema de cuartos en aquellos  eventos  donde,  por  razón de los preacuerdos o negociaciones suscitados entre  la  fiscalía  y  el  acusado,  no se haya pactado el monto de la sanción, como  efectivamente  sucedió  en  este  caso,  situación  en  la  que  la  pena debe  dosificarse  en dicha forma, con la aplicación de los criterios de ponderación  previstos   en   el   inciso   tercero   del   citado  canon  (CSJ  AP4229-2016,   29   jun.   2016,   rad.  47871).   

8.- Frente a esta  determinación  tiene  cabida  el  mecanismo  de  insistencia, de acuerdo con lo  señalado  en  el  auto  del  12  de diciembre de 2005, proferido en el radicado  24322.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada a nombre de Ángel  Gómez  Neira  y  Omeimar  Fonseca González, por su defensor.   

Contra   este  auto  procede  recurso  de  insistencia,  conforme  lo dispone el inciso segundo del artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  tribunal de origen. Cúmplase.   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Ver  folios 112 a 114 del cuaderno de primera instancia.     

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