SP4598-2016(43156)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado Ponente  

SP4598-2016  

Radicación n° 43156  

(Aprobado  Acta No.  120)   

Bogotá  D.C., trece (13) de abril de dos mil  dieciséis (2016).   

ASUNTO  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por el apoderado de ADOLFO AUGUSTO CAMELO  CAMELO,   contra  el fallo del 13 de septiembre de 2013 proferido por el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante  el  cual  confirmó  la sentencia condenatoria  emitida  el  15  de  abril  del  mismo  año  por el Juzgado Cincuenta Penal del  Circuito  de  esta  ciudad, que lo condenó junto con Nira Esther Fábregas Maza  por el delito de peculado por apropiación.   

HECHOS  

La  investigación tuvo origen en  el Acta 160 de marzo 29 de 1996, suscrita en la Inspección 8ª  de   trabajo   del  Ministerio  de  Trabajo  y  Seguridad  Social,  Regional  de  Cundinamarca,  por  Nira  Esther Fábregas Maza, apoderada de 141 extrabajadores  de  la  extinta  Empresa  Puertos  de  Colombia, y ADOLFO AUGUSTO CAMELO CAMELO,  abogado  de  Foncolpuertos,  en  la cual se reconoció  como  factor  salarial  el  valor  recibido en dinero y especie por dotación de  uniformes   y   calzado,   que   condujo  a  reliquidar  prestaciones,  monto  de  pensión,  diferencia de  mesadas  y  salarios moratorios, además que acordaron  y  aceptaron  las partes la  suma    final    de    $1.563.288.876,47  millones  de  pesos,  de  acuerdo  con el acta de conciliación  aclaratoria firmada el 12 de abril de ese mismo año.   

A  esta  investigación  fue  anexada  la  adelantada  contra  Nira Esther Fábregas Maza, por la suscripción también del  acta  de  conciliación  004 del 22 de octubre de 1995  donde  se  reconoció a 231 extrabajadores las mismas  prestaciones  referidas  en  aquella,  por  cuantía de  $1.725.464.782,00 millones de pesos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 18  de  agosto de  2004,    la   Fiscalía  Sexta  Delegada  de  la  Estructura  de  Apoyo  para  Foncolpuertos, dispuso la  apertura  de instrucción contra ADOLFO AUGUSTO CAMELO  CAMELO, Nira Esther Fábregas Maza y Deyfan Silva Meneses.   

El  24         de         mayo       de       2007,   CAMELO  CAMELO   fue   oído  en  indagatoria.   

El 27 de junio de  2007,       la       Fiscalía      6ª      Delegada      declaró   clausurado  el  ciclo  investigativo  y  el   8  de  noviembre  del  mismo  año,  acusó  a  CAMELO  CAMELO y Fábregas “como  coautores  determinadores” del  delito     de     peculado    por    apropiación1;  decisión  que la Fiscalía  28  Delegada  ante  el  Tribunal  confirmó  el  4  de junio de 2009.   

El       juicio      correspondió  adelantarlo a los Juzgados  33,   45,   de   Descongestión   y   50   Penal  del  Circuito,  que  finalmente dictó el fallo de condena  que  el  Tribunal  Superior  de Bogotá confirmó, por  vía de apelación.   

DE LA DEMANDA  

Se      proponen      cinco            (5) cargos.   

1. Al amparo de la  causal    tercera   del  artículo  207  de  la  ley  600  de  2000,  el  recurrente  aduce  la  violación  del derecho de defensa, en razón a que el Tribunal  modificó  el grado de participación del acusado, al condenarlo como coautor en  vez de determinador.   

A   juicio   del   casacionista   dicha  modificación  incide  en  el  derecho  de defensa, en cuanto la estrategia para  estructurar  está no es la  misma,  por  las  características particulares de cada una de ellas, así ambas  formas   de   participación   se   encuentren   sancionadas   con  igual pena.   

Luego  de  señalar  en  qué  consiste  la  determinación  y cuál es el alcance de la coautoría, indica que la estrategia  defensiva   estuvo   encaminada   a   demostrar   que  el  implicado   en  la  audiencia  de  conciliación  irregular  no  generó  en nadie la idea criminal de  desfalcar  el  erario, lo  cual  presuponía  una  conducta  ex  ante, que evidentemente nunca aconteció y  tampoco se probó.   

Cita  las  declaraciones  de  Deyfan Silva  Meneses  y  Luding del Carmen Pérez Name, para enseñar que la defensa orientó  sus  preguntas  a  demostrar  que el procesado no intervenía en las diligencias  previas  a  la  audiencia de conciliación, de suerte  que  mal  podía  determinar a los funcionarios o intervinientes en ese proceso,  para    que    adoptaran    decisiones    ilegales    que    a   su   turno   lo  beneficiaran.   

Considera  que  la  prueba  testimonial lo  muestra   en   un   escenario   distinto   a   la   coparticipación  y controvierte la postura inicial de  la  Fiscalía,  la  que  no contaba con elementos de  juicio  para  aseverar que el acusado había instigado, tanto a los funcionarios  de   Foncolpuertos   como   a  los  extrabajadores  y  su  apoderada,  para  que  suscribieran una conciliación ilegal.   

Dado  que  no  existe  alternativa  distinta a declarar la nulidad de la actuación  porque  el yerro no puede enmendarse  sino     repitiendo    el    trámite,    mientras  que  la  modificación  condujo  a  la  condena   en   contravía  del  marco  jurídico  determinado en  la  acusación,  pide  casar  la  sentencia  e  invalidar la actuación hasta la  calificación jurídica del proceso.   

2.  Con  sustento en la causal segunda del  artículo  207 de la ley 600 de 2000, denuncia la violación indirecta de la ley  sustancial    por    error    de   hecho   derivado  de    un falso juicio de existencia por suposición.   

Para   el   recurrente  el  Tribunal        incurre        en        dicho        vicio,  al   suponer   que  por  el conocimiento público  sobre       el  desgreño   administrativo   de  Foncolpuertos,  el  procesado  es  responsable de la conciliación ilegal suscrita el 29 de marzo de  1996  por  él,  celebrada  entre  el  representante de la Entidad y Nira Esther  Fábregas Maza en representación de 141 extrabajadores.   

Expresa  que  la  sentencia  de  segunda  instancia  no  indica  el elemento de juicio o la evidencia física que respalda  tal  aseveración, sino que por el contrario respalda  la  condena  en  el  hecho  notorio, sin explicar la manera en que esa figura es  causa efecto de la responsabilidad del acusado.   

Considera que al no existir prueba del nexo  entre  el  hecho notorio y la imputación,  el Tribunal conjetura y asume que el  implicado  sabía  que el concepto salarial reclamado  por  los  extrabajadores  no  debía  ser cancelado,  enunciado que a su juicio constituye una especulación más.   

Advierte  que  las  conciliaciones  fueron  establecidas  como mecanismo legal de resolución de conflictos suscitados entre  la  Entidad  con sus trabajadores y extrabajadores, siendo dable inferir que las  reclamaciones  se ubicaban  dentro  del  marco de la legalidad, contrario a lo entendido por el juzgador, ya  que   su  finalidad  era  la  solución  pacífica  de  las  controversias   salariales  originadas  en la liquidación de la empresa para evitar erogaciones  futuras por litigios judiciales.   

En  ese  sentido  la  premisa del Tribunal  acerca  de  que  las  conciliaciones  eran  el  medio  para  apropiarse  de  los  dineros  públicos,  carece  de valor en     atención     a     los     fines    perseguidos    con    su  implementación.   

Explica las razones legales por las cuales  fue  creado el fondo, para insistir en que se supone la desidia administrativa y  la  corrupción  como factores primordiales de la culpabilidad de CAMELO CAMELO,  cuando  la suscripción del acta 160 del 29 de marzo  de  1996 fue la culminación del trámite iniciado por los extrabajadores, luego  de      su      estudio      en      dependencias     de     la     institución,  concertación  con  el  apoderado  de  ellos  y  el  concepto  previo  de viabilidad de las prestaciones  reclamadas.   

Agrega  que  por  la  complejidad  de  las  reclamaciones  y  el número de extrabajadores, razonable resultaba concluir que  en  una  sesión  se  pudiera  evacuar su estudio, por la necesidad de consultar  archivos,  hojas  de  vida  y estudios en distintas dependencias, de modo que la  actuación  del  procesado  estuvo  circunscrita  a  legalizar  lo  concertado y  decidido  por  otros, razón por la cual no se le puede atribuir responsabilidad  en la apropiación de los recursos.   

Reitera  que  el  Tribunal  no  indica las  pruebas  sobre  las cuales edifica el acuerdo común con los demás partícipes,  para   a   través   de  una  conciliación  espuria,  defraudar  el  patrimonio  público.   

Critica  que  la  sentencia  diga  que  la  coautoría   se   advierte   de   la   misma  injurada  del  acusado  y  caiga  en la llamada falacia “el  olvido     de     las     alternativas”,    para  descartar  la  buena fe con la que aquél pudo actuar.   

Finalmente,  considera  trascendente  el  error,  debido  a  que  el  juzgador  sustenta  el fallo en pruebas supuestas, en vez de  absolver  al  implicado  ante  la  duda  sobre  su  responsabilidad  por la poca  eficacia    de    los    demás    medios    probatorios    allegados    a    la  actuación.   

3.  Al  amparo  de  la  causal primera del  artículo  207  de la ley 600 de 2000, aduce un error  de hecho por falso juicio de existencia por omisión.   

Según  el  casacionista,  el  Tribunal no  valoró  el  acta  de conciliación 160 de marzo 29 de 1996, con la cual   se   pretendía   “dejar  consagrados  los  términos  del  acuerdo  pactado,  con  respecto   a   las   peticiones   elevadas   por   el   apoderado”.  La  intención  de  las  partes era  arropar  de  legalidad  con  efectos  de  cosa  juzgada  lo  definido  entre los  intervinientes,   razón   por   la   cual,  el  apoderado  de  la  Corporación   debía  suscribir  los  términos del arreglo.   

Dicha  acta  contaba con el concepto de la  oficina   de   prestaciones   económicas   que   indicaba   la   viabilidad  de  las reclamaciones  y  los  soportes  necesarios, luego el acusado no tenía por  qué  poner en tela de juicio lo acordado en ella.   

Manifiesta     que     al  procesado  no  le  correspondía la labor de fiscalización de  los   múltiples   funcionarios   y   dependencias  que  intervinieron  en el  proceso  de  depuración que duró meses,  ni tampoco puede pretenderse que en  una  audiencia  de  un  cuarto de hora verificara si las acreencias habían sido  pagadas o no.   

En    el    fallo    la   falta   de   valoración  del  acta  y  del  concepto,  impidió  reconocer  que  el  implicado ninguna participación o  control  tuvo  en  dicho  proceso,  ni hizo parte ni  contaba  con  los medios para evitar la corrupción que campeaba en Foncolpuertos.   

Concluye que si las explicaciones ofrecidas  no  fueron  convincentes,  el  juzgador  debía  resolver  la  duda  a favor del  enjuiciado,    en    el    entendido    que    ninguna    prueba    brindada   certeza   respecto  de  su  responsabilidad en los hechos.   

4.  Con  sustento en la causal primera del  artículo  207  de  la  ley  600  de  2000,  aduce la  violación  indirecta  de  la  ley  por  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad.   

Señala  que  al  proceso  se  allegó  el  contrato  de  prestación  de servicios, en el que claramente se advierte que el  implicado  ningún  vínculo  tenía con el área de prestaciones económicas de  la  Entidad  para la época en que suscribe la conciliación, razón por la cual  es    imposible   atribuirle   responsabilidad   por   una   función   que   no  cumplía.   

Agrega  que CAMELO CAMELO estaba encargado  de  contestar  las  demandas  interpuestas  contra  Foncolpuertos en el terminal  marítimo  de Buenaventura, y eventualmente, por orden del director, acudir a la  Inspección de Trabajo a la firma de acuerdos conciliatorios.   

Así   las   cosas,   constituye   una  especulación  la  afirmación  de  la  sentencia, de  acuerdo   con   la   cual,   desempeñó  el  cargo  de  coordinador  de  prestaciones  sociales y en esa  condición,  sabía qué privilegios se reconocían convencionalmente, con mayor  razón  si la Institución  contaba  con  una  oficina de prestaciones económicas encargada de esa labor, y  de control interno, a las cuales no pertenecía el procesado.   

Estima que del  trabajo  jurídico que le competía a su asistido, no se infiere como lo hace el  Tribunal,  que  estuviese  al  tanto  de  todos  los  conflictos  laborales  que  aquejaban   a   la   empresa,  pues  existían  varias  dependencias     y    múltiples    funcionarios  encargados    de  estudiar  la  cantidad  de  demandas y reclamaciones,  circunstancias    que    impiden    atribuirle    el    rol   asignado   en   la  sentencia.   

En  ese  sentido, la tergiversación de la  prueba    condujo    a   la   condena   del   procesado,   cuando   éste  no  tenía  injerencia  en  el  trámite  interno de las mesadas y su pago, por lo cual no tenía posibilidad de  obrar de modo distinto a como lo hizo.   

5.  Al  amparo  de  la  causal primera del  artículo  207  de  la ley 600 de 2000, denuncia la violación directa de la ley  por interpretación errónea (Subsidiario).   

Dicho  error recae en el entendimiento del  artículo  128  del  Código Sustantivo del Trabajo, modificado por la ley 50 de  1990,   ya   que  si  en  la  convención  colectiva  de  trabajo  no había una disposición que previera  que  los  uniformes  y  calzado  recibidos  por los trabajadores del terminal de  Barranquilla   no   constituían   salario,   debían   ser   considerados  como  tales.   

Considera  que la inviabilidad del pago de  los  mismos, aducida en la sentencia como en la acusación se encuentra en duda,  la  cual  debe  ser  resuelta  a  favor  del  procesado, ya que si las partes no  acordaron  expresamente  que los uniformes y el calzado no constituían salario,  los   mismos   debían   tenerse   como   factores  de  liquidación     de     acuerdo     con     la    disposición    citada.   

Advierte  que la jurisprudencia citada por  el   Tribunal   no   aclara   el   problema,   toda  vez   que   la   Corte  Constitucional  precisa  qué  factores  constituyen  salario   y  cuáles  no;  las  partes  podían hacerlo en este caso en el que  la    convención   colectiva   no   lo   dijo   implícitamente,   pues  la  Corte Suprema de Justicia le  otorga   la   potestad   al   patrono   y  al  trabajador  para  que      expresamente     acuerden        qué  beneficio  o  auxilio  extralegal  puede  pactarse  como  factor  salarial.   

Expresa  que  el  Tribunal  al  desatender  el tenor literal de la norma y darle un alcance que  no  tiene,  profiere  una  condena injusta contra el  acusado  cuando  legal  y  jurisprudencialmente el pago era posible en relación  con esa erogación.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El      Delegado      frente  al  primer cargo, señala      que      el    legislador   creó  tipos  de  sujeto  activo  determinado,  entre los cuales están  aquellos  referidos  a  los  servidores públicos, que por regla general son los  únicos    que    pueden    cometer    delitos    contra    la   administración  pública.   

Manifiesta  que  los  artículos 123 de la  Carta  Política,  20  de  la  Ley  599  de  2000  y 63 del Decreto 100 de 1980,  señalan   quienes   son  servidores  públicos,  de  modo  que  a  dichas    normas   debe   acudir   el  intérprete, para  hacer  posible la imputación de  ciertos     injustos     en     los    que    pueden    incurrir    los    que    tengan    la  función  pública  discernida  y  actúen  con ocasión de  ella.   

Luego  de  advertir que la coautoría y la  determinación  son categorías que en sus contenidos  materiales  de  acción  tienen  algunas diferencias,  considera  importante  en  la  resolución del cargo  tener  en  cuenta que ambas modalidades son reprimidas con la misma pena, razón  por  la cual la variación  de  la  imputación  no  conlleva  la  violación del derecho de defensa ni hace  necesaria la anulación de la actuación.   

Advierte  que  los  supuestos de hecho que  dieron  lugar  a  la  acusación  concuerdan con lo decidido en la sentencia, en  cuanto  que  el  determinador puede reunir o no las condiciones exigidas para el  sujeto  calificado,  por lo que entiende que antes de tratarse de un yerro en la  atribución     de    la    participación,    las  instancias    lo   que   hicieron   fue   precisar  conceptualmente   la   conducta  desplegada  por  el  procesado,  en  orden  a  que  se  ajustara  en  forma  inequívoca  a  su  real  intervención    en    el    hecho   punible.    

     

2.  El Delegado luego de indicar cuál es  la  naturaleza  del falso juicio de existencia y la obligación del casacionista  en  su  desarrollo, reproduce algunos apartes de la demanda para advertir que no  cumplió  con  su  deber  de  señalar  con  precisión  la  prueba  inventada o  imaginada,  sino  que  de  manera  genérica se refiere a la estructuración del  error denunciado.   

Manifiesta  que  además  de confundir la  prueba  material  con  las  inferencias  o  deducciones de la sentencia, ningún  análisis   hace   acerca   de  la  incidencia  de  la  prueba  supuesta  en  la  construcción  del  fallo, en la medida que se limita a resaltar aspectos que si  bien  fueron  mencionados  tangencialmente  no  resultaron  trascendentes  en la  determinación adoptada.   

Agrega  que el  demandante  no  hace un ejercicio dialéctico que le  permita  sacar  avante su pretensión, al dirigir su disertación a controvertir  la  responsabilidad  del  acusado y a trasladar los argumentos esgrimidos en las  instancias  con  la  pretensión  de reforzar sus conclusiones en esta sede, sin  que sea la manera de acreditar el yerro invocado.   

3.  Para  la  Agencia  del  Ministerio  Público, no es cierto que los juzgadores de instancia  hayan  omitido  valorar  el  Acta  de Conciliación 160 del 29 de marzo de 1996,  porque   en  los  fallos  se  le  menciona  expresamente  y  se  refieren  a  su  contenido.   

Por eso reproduce lo dicho por el Tribunal  y    agrega   que   el  demandante  pasa  por  alto,  que el falso juicio de existencia no se estructura  por   la   falta   de  mención  expresa  de  la  prueba  sino  de  los  elementos  de  juicio  relevantes  para  modificar  la  decisión,  recordando  que  no  es de la esencia del fallo  atacado    ni    en    general    de   las   decisiones   judiciales, hacer referencia taxativa de todos y  cada  uno  de  los  medios  de  persuasión en que se  sustenta  el  pronunciamiento,  sino que lo  importante  es  su  valoración conjunta y que la síntesis de  ese   procedimiento  se  plasme  en  las  consideraciones,  mediante  las  citas  esenciales  y  determinantes que fundamentan las conclusiones, trabajo realizado  en la sentencia cuestionada.   

A  su  juicio la conclusión del juzgador  según  la  cual el acervo probatorio conduce a la certeza de la responsabilidad  del  acusado,  no  se  distancia de la verdad procesal ni traduce  un error  ostensible  o genera duda, en la medida que el fallo exterioriza las razones por  las  cuales  llega  a  ella  y  la  prueba allegada desvirtúa la presunción de  inocencia.   

En  esas  circunstancias considera que el  Acta  160  fue objeto de examen y sirvió   a  la  judicatura,  para  desvirtuar  el  cumplimiento  de  las  exigencias  legales del trámite que culminó con el  pago  irregular,  mientras  que  el  recurrente  reclama  credibilidad  para  la  versión   de  su  representado  con  prescindencia  de  los  demás  medios  de  convicción,  posición contraria a las de los juzgadores de instancia  que  prefirieron    su    examen   conjunto,  de  ahí  que  la  valoración  de  la  prueba  no se manifiesta  arbitraria.   

4. En  relación  con  el  cargo  por  falso  juicio de identidad, el  Delegado  advierte  que  fue  enunciado pero no desarrollado, puesto que si bien  individualizó  la  prueba  en  la que recae el desacierto valorativo, en vez de  explicar  en  qué  consistió  la  alteración  del  contrato de prestación de  servicios  suscrito  por  el  acusado  con Foncolpuertos, se dedica a imponer su  criterio respecto de qué debía concluirse del citado documento.   

Hace     énfasis    en  que  la  modificación  del  contenido  fáctico de la prueba se  comete  al  interior  del  medio  probatorio cuestionado; por tanto, el error no  deriva   de   las  deducciones  lógicas  que  de  su  contenido  efectúen  los  funcionarios,   las   cuales  deben  prevalecer  sobre  las  del  demandante  en  consideración  a  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad que ampara al  fallo    de    segunda    instancia,   pues  mientras  que  las  de  este  no  enseñen error alguno no pueden repercutir en la validez del fallo.   

En  realidad  el demandante califica como  tergiversación  a  la  conclusión  o inferencia del juzgador en la valoración  del  medio  y  su  poder  suasorio,  para  oponer la suya, razón por la cual el  Procurador  expresa  que  resulta  inadmisible que en esta sede la controvierta,  salvo  que  hubiera  incurrido  en  violación  de  los  parámetros  de la sana  crítica que no es el error alegado en el cargo.   

Encuentra  que  en  la  apreciación  del  documento  los  juzgadores  no  desdibujaron  o  tergiversaron su contenido para  hacerle decir aquello que no revela, sólo  que  el alcance fijado es diferente  al pretendido por el demandante.   

5.  El error de hermenéutica de la norma  laboral  que  define  lo  que  constituye  salario, como medio para solicitar la  absolución  del  procesado  por  atipicidad  de  la  conducta  no  está  llamado a prosperar, en la medida que ofrece una opinión  sobre  dicho  concepto  sin  tener  en  cuenta  el contenido de las Convenciones  Colectivas  de Trabajo, en las cuales no se establece  que   la  dotación  de  uniformes  y  calzado  entregados  a  los  trabajadores  portuarios   constituya   factor   para   computar   a   cesantías   y  mesadas  pensionales.   

El  Procurador  expresa que el demandante  desconoce  el  artículo 89 de la Convención de 1991  a  1993  que  define qué se entiende por salario, y precisa que cuando se alega  la   infracción   directa   de   la   ley   se  está  frente  a  un  error  de  derecho,  en  el  que se debe admitir el    supuesto    de    hecho   que   el   Tribunal   ha   declarado  probado.   

En su opinión  el  casacionista  se  niega a aceptar que los valores  correspondientes  a  la  dotación  no pueden catalogarse como   factor  integrante del promedio para  el  pago  de cesantías y mesada pensional, motivo por el cual considera carente  de     fundamento     el     reproche,  pues  echa  de  menos  razones  sobre el sentido jurídico de la  norma   cuya  infracción  denuncia  y  del  desacuerdo  que  existe  entre  los  juzgadores       y      la      interpretación  dominante.   

Pide   en  consecuencia,  no  casar  la  sentencia por ninguno de los reparos propuestos en la demanda.   

CONSIDERACIONES  

1.  Nulidad  por    violación    del    derecho   de   defensa  técnica.   

Para el recurrente el Tribunal viola dicha  garantía  al  variar  en la sentencia el grado de participación del procesado,  en  razón  a  que  se  le  condenó  en  calidad de coautor cuando se le había  acusado  en  calidad  de  determinador.   

Como  la  estrategia  defensiva frente a  ambas    formas    de    participación    no    es   la   misma,   debido  a  las  características  que  diferencian  a  cada una de  ellas,  manifiesta  que  dirigió   la   suya  a  mostrar     que     su    asistido    no   concibió  ni  provocó  la  idea  criminal    y    a   desvirtuar   la   posible   motivación   de   su conducta.   

Agrega    que    aunque    las    dos  hipótesis            comporten             idéntica     pena     y   los   cargos   se   fundamenten  en  los  mismos supuestos  fácticos,    la   violación   de   la   garantía  subsiste,  ya  que  las  pruebas  solicitadas,  declaraciones de Deyfan Silva Meneses y Luding del Carmen  Pérez  Name,  se  orientaron a controvertir las afirmaciones de la Fiscalía de  acuerdo  con  las  cuales MELO “tenía conocimiento  acerca    de   lo   que   se   pretendía   legalizar   en   la   audiencia   de  conciliación”.   

La  Sala  ha considerado que no  obstante  constituir causal específica de casación en la ley  600  de  2000,  cuando  la  sentencia  no  guarda  consonancia  con  los  cargos  formulados  en  la  resolución  de  acusación, también es posible acudir a la  tercera  invocando  la  nulidad del juicio, porque tal defecto puede comprometer  el derecho de defensa.   

“La  falta  de  consonancia  entre  la  resolución  de acusación y la sentencia es un vicio in procedendo que no sólo  compromete  el  proceso  en  su  estructura  conceptual, sino que puede llegar a  afectar  el  derecho  de defensa,  por  lo  que,  aunque la ley ha previsto una  causal  de  casación  específica  para subsanar el desatino, no es desacertado  plantear  el  cargo  por  la  causal tercera, evento en el cual, como la nulidad  afecta  exclusivamente  la  sentencia,  bastaría casarla, conforme al artículo  229-1  del  C.  de P. Penal y dictar la de reemplazo, corrigiendo el yerro, como  lo  ha  dicho  la  Sala,  pero  lo  que  sí  resulta  antitécnico y confuso es  entremezclar   las  dos  causales,  como  lo  hace  el  demandante»2   

.  

Clarificado  tal  aspecto,  el  recurrente  desarrolla   de   forma   adecuada  la  censura  al  limitarse  a  demostrar  la  vulneración  de la garantía alegada, sin que en razón de ella esté llamada a  prosperar,  debido a la incapacidad de mostrar que la modificación del grado de  participación  de  determinador  a coautor realizada en la sentencia de primera  instancia,  y  no  en la de segunda como equivocadamente lo afirma, lo privó de  medios defensivos que incidieron en su condena.   

Ciertamente  se  tiene  dicho que cuando se  alega  la  lesión  del  derecho  de  defensa técnica, es imprescindible que el  discurso  y  la  argumentación del recurrente enseñe de modo concreto, en qué  consistió  la  irregularidad  y cómo ésta incidió en la sentencia, indicando  uno  a  uno  los  hechos,  las  omisiones  y  las pruebas según sea el caso que  impidieron o afectaron su ejercicio.   

En  principio,  es  cierto  que las pruebas  testimoniales  que  acreditarían  la violación del derecho de defensa técnica  fueron  solicitadas  por  el  recurrente,  pero  su  intención  no  fue  la  de  desvirtuar  la  forma  de  participación  en  el delito sino su ajenidad con la  conducta  investigada,  mostrando a través de ellas que su actuación se redujo  simplemente  a  firmar  el  acta  160  de  1996, por no haber intervenido en las  diligencias previas ni posteriores a la audiencia de conciliación.   

En  efecto,  pidió  oír en declaración a  Luding    del    Carmen   Pérez   Name,   para   que   informara   “cuál   era   la   actuación   de   los   abogados,   que   en  representación       de      Foncolpuertos,      adelantaban      actas      de  conciliación”3.   

En  la  audiencia preparatoria solicitó la  declaración     de     Deyfan    Silva   Meneses4,  para que señalara las condiciones en que fue otorgado el poder  para  conciliar,  el monto de la conciliación, el procedimiento adelantado para  determinar  las  prestaciones  materia de aquella y quienes intervinieron en ese  proceso.   

Es de advertir que ambas pruebas, contrario  a  lo  dicho  por  el recurrente en la demanda, estaban encaminadas a establecer  aspectos  distintos a las formas de participación previstas en el Código Penal  de  1980,  esto es, si la conducta de CAMELO  se ajustaba a la autoría, la  determinación o la complicidad.   

La primera buscaba establecer en general la  labor  de  los  abogados  contratados  por  la  empresa  portuaria  para ese fin  específico;  mientras  la segunda determinar el alcance del poder otorgado para  conciliar,  la  conciliación  y  su  monto,  el procedimiento para disponer las  prestaciones  que  eran  objeto  de  aquella y las personas que intervinieron en  ella.   

    Además,  a  ninguna  de  dichas  diligencias  asistió  y  si en el caso de Silva Meneses formuló interrogatorio  por  escrito,  en razón de la comisión a otra autoridad para su recepción, el  mismo   se   refirió  a  los  temas  reseñados,  luego  en  relación  con  la  determinación  como concepto dogmático no desarrolló pregunta alguna, a pesar  que en esta oportunidad ya conocía la acusación.   

Incluso en el juicio renunció a las demás  pruebas  pedidas  en  la audiencia preparatoria, las cuales perseguían el mismo  fin         de         las        anteriores5,  de  modo  que  su estrategia  defensiva  contrario  a  lo  afirmado  en  la  demanda nunca estuvo encaminada a  desvirtuar   los   supuestos  en  los  que  se  estructuraba  la  figura  de  la  determinación.   

En esas condiciones, el reparo de carácter  general  no  logra  evidenciar la violación del derecho de defensa técnica, en  la  medida  que  las  pruebas  practicadas no insinúan afectación alguna de la  garantía  cuestionada,  con  mayor  razón  cuando  lo  sustenta  en  un  error  conceptual que carece del alcance atribuido por el casacionista.   

En  la  acusación  se  considera  a CAMELO  determinador   no   porque  instigara,  aconsejara,  coaccionara,  amenazara,  u  ordenara   a   otra   persona   cometer   el  delito  endilgado.  Tal  forma  de  participación  imputada  por  la Fiscalía obedece a su error de considerar que  aquél  por su condición de contratista no reunía la cualificación exigida en  el tipo penal para ser autor.   

Por  eso  en  dicha  pieza procesal ninguna  manifestación  se  halla  en  relación  con la forma en que determinó a otro;  contrariamente  se  advierte  que  la  Fiscalía  afirma  que  el acusado y Nyra  Esther,  “estaban  en  la obligación de saber que  aquella  conciliación  no  se  podía llevar a cabo”  por  ilegal,  pues  lo  reclamado  por  los extrabajadores no constituía factor  salarial   y  “su  deber  como  profesionales  del  derecho  no solo era limitarse a recibir el mandato”,  sino  también el de confrontar la documentación y verificar si tenían derecho  a lo reclamado.   

     Tras   aducir   que   ese  procedimiento  no  era desconocido para los acusados, concluyó que “realizaron   todos   los  actos  preparatorios  y  consumativos  atentando  así  con  el bien jurídico tutelado pues materializaron la conducta  al  aceptar  la conciliación ilegal”, que obviamente  para  el  casacionista  no  podía  ser  una  forma  de  determinación, bajo el  entendido  que  el  determinador hace surgir la idea criminal pero no interviene  en el iter criminis del delito.   

De   ahí   que   la  corrección  de  la  imprecisión  realizada  por  el  a  quo  y  ratificada  por  el ad quem, que el  recurrente trae como motivo de casación, carezca de trascendencia.   

2.  Error  de  hecho  por falso juicio de  existencia por suposición de prueba.   

Aun cuando el casacionista pareciera tener  claro  que  el  vicio  denunciado  recae sobre la prueba, en su desarrollo omite  indicar     cuál    es    la    supuesta.    En    su    lugar,    el reproche lo dirige a cuestionar las  inferencias  o deducciones de los juzgadores a partir  del    hecho    notorio   de   la   situación   patrimonial   de   la   empresa  Foncolpuertos,  equivocación que conduce al fracaso  de la censura.   

En  efecto, el  hecho  notorio  y  las  inferencias  no  son  medios  de prueba. Mientras que el  primero   por  ministerio  de  la  ley  no  requiere  ser  probado, porque hace  parte  de  la  cultura  dentro  de  un  determinado ámbito social, las  segundas  responden a una   forma   de   razonamiento  deductivo  mediante  el  cual  se  saca  una consecuencia o  deduce algo de otra cosa.   

De  ese  modo  la   confusión   del  recurrente     es     evidente.     En   vez   de   citar   la   prueba  imaginada  por  el  Tribunal,  reprocha   que  partiera del conocimiento sobre el desgreño administrativo  y  la  corrupción  que campeaba en la empresa Foncolpuertos, que propiciaron el  cobro  de sentencias judiciales y la celebración de audiencias de conciliación  que   legalizaban   sumas  de  dinero  aparentemente  ilícitas,  para  considerar  a  los funcionarios que intervenían en las mismas  partícipes del delito de peculado por apropiación.   

Por  eso acusa  al    ad  quem de  no  mencionar    el  elemento  o  la  evidencia física que respalda tal conclusión, debido a que no  señala  de  qué manera la notoriedad es causa efecto de la responsabilidad del  acusado,  y reitera que el  fallo se sustenta en la figura del hecho notorio.   

Desconoce  de esa forma su obligación de  mostrar  el  error reproduciendo la sentencia en la parte que contiene la prueba  supuesta,  ya  que la parte transcrita en la demanda  contrario  a la naturaleza del error denunciado, muestra que el Tribunal acude a  la  versión  de Deyfan Silva Meneses para señalar el conocimiento público que  se tenía acerca de la descomposición de Foncolpuertos.   

Para  el  casacionista  lo supuesto no es  la   prueba,  sino  las  deducciones  a  las  cuales  arriba  el  ad  quem  a  partir  de la apreciación   de   los   medios   de  convicción   aducidos  legalmente  al  proceso,  mientras  expresa  que  no  milita  prueba  del nexo  que  debe  existir  entre  el  hecho  notorio  y la responsabilidad atribuida al acusado.   

En  ese  sentido,  lo  propuesto  por  el  casacionista  no  es  un  error  de  juicio  en la contemplación material de la  prueba  sino  un criterio probatorio antepuesto al de  las  instancias  y  ajeno  a  esta  sede,  en  virtud de la doble presunción de  acierto  y  de  legalidad que ampara al fallo cuestionado, además, sin vínculo  alguno con el quebranto formulado en la censura.   

De  ahí  que  su  discurso se enfoque en  atribuir  al  Tribunal  conjeturas, tales como que  el  procesado  sabía  que el concepto salarial reclamado por los extrabajadores  no  debía  ser  pagado,  aserción  que  a  su juicio es una especulación más  carente  de respaldo, y en  afirmar que si     la     conciliación  es un  mecanismo      legal      de      resolución de conflictos, es pertinente  inferir        que        las        reclamaciones        de        aquellos   tenían   solidez   y   no  se  enmarcaban    dentro   de   la   ilegalidad  según   lo   sugiere   la   sentencia.   

Lejos  de  demostrar  el error de juicio,  considera  que  la  premisa  conforme  con la cual la conciliación era el medio  para   apropiarse   de   los   dineros  públicos  pierde  sustento,  al  obedecer  a criterios legales y a directrices impartidas por  el   gobierno,   en   tanto   que  el  Fondo  fue  establecido  para  pagar  las  prestaciones económicas  surgidas  de  la disolución de la empresa, cuyo plazo fijado hizo difícil ante  el   volumen   de   conciliaciones  que  el  procesado  pudiera  determinar  si  eran  legales  o  no, las  sumas    conciliadas   equivalentes   o   el   reclamante   tenía   derecho,  dado  que  los  documentos  presentados gozaban de presunción de autenticidad y veracidad.   

Las    anteriores   reflexiones   del  casacionista  evidencian  su desacuerdo con  las  inferencias  y deducciones del Tribunal, en cuyo caso el  problema  es  de  índole diversa al planteado en la demanda, cuando lo acusa de  suponerlas  o  sin  prueba  las  da  por demostradas;  caso     en     el  cual  el  error  es de valoración y no de carácter  objetivo.   

Por eso carece  de   razón   el   recurrente   en  la  formulación  del  reparo,  pues    su   pretensión   finalmente  es  la  de  imponer  su  criterio                 mediante  esta vía sobre la legalidad  de  la  conciliación  que  dio  origen  a  la  condena, bajo el supuesto de ser  resultado  de  un trámite  administrativo      con      la     intervención      de  varias  dependencias de Foncolpuertos  y   la   concertación   entre   el   apoderado   de   los   extrabajadores  con  las directivas del Fondo,  previo  concepto  sobre la viabilidad de las prestaciones reclamadas,  en  contraposición  a  lo resuelto por el Tribunal.   

A lo largo de su exposición insiste en la  falta  de  respaldo  probatorio del hecho notorio del  desgreño  administrativo  y  la  corrupción,  en la ausencia directa de prueba  demostrativa  del  acuerdo  común  con los copartícipes, en la inexistencia de  univocidad  y  pluralidad  de  indicios y en la construcción falsa de premisas,  emprendiendo   de   este   modo   una  crítica  general  al fallo sustentada  en  su  visión probatoria inadmisible en esta sede, contrariando su obligación  de mostrar el error propuesto en la demanda.   

Lo anterior explica que termine invocando  la   buena   fe   en   la   actuación   del   acusado,   discurso  a      semejanza      de      un     alegato  de  instancia  que  ninguna  acogida tiene en casación, recurso  extraordinario  en  el  que  se  reitera  se  discuten  errores  de juicio en la  apreciación  y  valoración  de  la prueba y no controversias rechazadas en las  instancias.   

Olvida  que  por  disposición  legal los  hechos  notorios  y  las  afirmaciones  o negaciones indefinidas no requieren de  prueba,  artículo  177  inciso  2º del Código de Procedimiento Civil, en cuyo  caso,  la  clase  de  error  sería  otro  y  no  el  propuesto en esta censura.   

3.  Error  de  hecho  por falso juicio de  existencia por omisión.   

De acuerdo con la censura, el Tribunal no  apreció  el  acta  de conciliación 160 de marzo 29 de 1996, cuya intención no  era  distinta a la de dejar consagrados los términos del acuerdo pactado con el  abogado   de  los  extrabajadores  acerca  de las  prestaciones    reclamadas,    arropándolas    de  legalidad.   

Tal     clase     de    error    se  configura  cuando  en  la  sentencia no se valora la  prueba  que  hace  parte  de  la  actuación,  ya que  el  juzgador  la ignora a pesar de existir         materialmente   y  de     su     aducción    legal,    regular    y  oportuna al proceso.   

El  casacionista pasa por alto que en los  fallos   de   primera   y   segunda   instancia,   los  juzgadores  apreciaron   y   valoraron  la  prueba  documental objeto de la censura.   

El  a  quo  se opone a la afirmación  del    acusado   según   la   cual   el   poder   conferido   lo   facultaba     únicamente     para  asistir a la inspección  del  trabajo  y firmar el  acuerdo  entre  Nira  Esther  y  Foncolpuertos,  con  sustento en dicho elemento de juicio.   

Dijo   que  “no se acepta por este despacho tal argumento,  por  cuanto  no  se  puede olvidar que el encausado tenía conocimiento sobre el  tema  de  liquidaciones, y sabía, que lo que se estaba reclamando en el Acta de  Conciliación  160/96,  no constituía salario en especie, (uniformes y calzado)  y  por  ende,  tampoco  factor  salarial,  que  pudiera  reconocerse  legal  y/o  convencionalmente.  Sin embargo, legalizó dicho acuerdo imprimiendo su firma en  el                   documento”6.   

El  Tribunal tampoco consideró atendible  la  exculpación  del  procesado  con  fundamento  en la prueba que se considera  omitida,  pues  considera  que   “de  la  lectura  del  acta  contentiva  del  supuesto  “convenio”  que firmó, se evidencia la  forma  por  demás  desvergonzada  en que se disponía de un erario sin doliente  por  muchos  años,  que expone esa actitud sumisa de  avalar  lo  acordado,  pretextando  el  cumplimiento  literal  de  una  función  que  no le demandaba más que estampar su rúbrica a  pesar  que,  sabía  lesionaba flagrantemente los haberes del Estado, para quien  prestaba          sus          servicios”7.   

Si  para  el  demandante  la  labor  del  acusado  en  su  calidad  de apoderado de la empresa  estaba  reducida  a  la  suscripción  de  los  términos del arreglo y realizar  algunos  controles  básicos  en  relación  con  la  representación y derechos  elementales  del  trabajador,  razón  por  la  cual  no  podía  oponerse  a lo  convenido en el acta, su  inconformidad  está  relacionada  con  la  inferencia de los juzgadores hecha a  partir del citado documento.   

En   tales   circunstancias,  el  problema  está  asociado  a la  valoración  de  la  prueba  y  no  a  su contemplación material, de manera que  la  censura  carece  de  vocación     de    prosperidad,    si  acusa  al Tribunal de pretermitir que lo reclamado era  viable atendiendo el acta y el concepto que la justificaba, ya  que    su    rol    lo    compelía   a   legalizar   el   acuerdo   previamente  definido.   

El  desacuerdo  del  recurrente  con  el  mérito  suasorio  que  los  juzgadores le otorgaron  al acta 160/96 evidenciado a lo largo del desarrollo  del  cargo,  correspondía denunciarlo por una clase  de  error  distinto  al propuesto en la demanda, puesto que el reparo obedece al  hecho   de   que   su   opinión   no   coincide   con   la   plasmada   en   la  sentencia.   

4.  Error  de  hecho  por falso juicio de  identidad.   

Para  el  demandante el error recae en la  apreciación  del contrato de prestación de servicios, del que puede advertirse  que   ADOLFO  CAMELO  no  tenía  vinculación  con  el  área  de  prestaciones  económicas   encargada   de   emitir   el  concepto  de  la  viabilidad  de  la  reclamación;     luego     no     debe  atribuírsele  responsabilidad  alguna  por una función que no  cumplía.   

Reproduce  en  lo  pertinente  el  citado  contrato, señalando que  de  acuerdo  con  él  las  funciones  del  procesado  tenían  que  ver  con la  contestación  de  las  demandas  interpuestas contra  Foncolpuertos  en  el  terminal  marítimo  de  Buenaventura  y  por  orden  del  director,  previo  otorgamiento  del  poder,  acudir a la Inspección de trabajo  para la firma de acuerdos conciliatorios.   

Sin embargo, el  demandante   no   precisa   en   qué  consiste  la  tergiversación  de  la  prueba,  esto  es,  si  el Tribunal llegó al error por  adición,  mutación o alteración de su literalidad, ya que se limita a indicar  que  según  el  contrato el procesado no tenía vínculo alguno con el área de  prestaciones económicas.   

Tampoco adelanta una confrontación entre  la  prueba  y  la  sentencia  para  mostrar el error atribuido a las instancias,  sino      que     limita     el     reproche a señalar que la afirmación  según  la  cual  desempeñó el cargo de coordinador de prestaciones sociales y  por  tanto  sabía  qué  privilegios  se  reconocían  convencionalmente es una  especulación  sin  sustento, en cuya demostración se remite a lo consignado en  el acta 160 del 29 de marzo de 1996.   

Contrario a lo señalado por el libelista  el  Tribunal  no incurre en el vicio reprochado a la sentencia, en cuanto que si  bien   en   ella  se  dice  que  el  acusado  laboró  como  contratista  en  la  Coordinación   de  Prestaciones  Económicas,  tal  afirmación  la  extrae  de lo expresado por aquél en  su  indagatoria y no del contrato de prestación de servicios conforme se indica  en el reparo.   

En  efecto,  al  ser  preguntado  por los  cargos  que  ocupó  en Foncolpuertos y las funciones desempeñadas, respondió:  “en  mi caso particular me correspondía contestar  demandas  que  se instauraban en el Puerto de Buenaventura y esa era la función  principal,  más o menos hasta mayo o julio  del  año  1996,  no  estoy  seguro,  cuando  de abogado de la  Coordinación  Jurídica  del Fondo fui traslado como abogado a la Coordinación  de  Prestaciones  Económicas… En la Coordinación  de  Prestaciones  Económicas  me  correspondía  revisar  las  resoluciones que  ordenaban  reajuste de pensiones por mandamiento judicial con la entrada del DR.  MANUEL    HERIBERTO    ZABALETA   como   Director   me   correspondía   revisar  las  resoluciones de pago  de  algunos  mandamientos  y  sentencias  judiciales  proferidas  en  contra  de  Foncolpuertos  de  parte de algunos juzgados laborales del país.”8.   

En  esas  circunstancias  es  el  propio  procesado  quien  reconoce  haber  trabajado en la Coordinación de Prestaciones  Económicas,          a         dicha  versión  y  no  al contrato de  prestación  de servicios se refiere la sentencia, de modo que la censura carece  de  fundamento  cuando acusa al ad quem de haber tergiversado la literalidad del  contrato citado.   

Tampoco  es  cierto  que haya expresado  que  el  acusado  dentro  de  sus funciones realizara  liquidaciones  económicas,  puesto que el Tribunal en el resumen que hace de su  versión  dijo  “que  le correspondía revisar las  resoluciones  que ordenaban el reajuste de pensiones por mandato judicial, pero,  que  no  intervino  en la elaboración de la conciliación que rubricó, tampoco  liquidó   ni   fijo   los  montos  a  cancelar”9.   

Que con sustento en ella concluyera que su  exculpación  no resultaba atendible, ya que de acuerdo con el contrato de   prestación  de  servicios le competía “el control  de    los    procesos   judiciales   en   procura   de   la   defensa   de   los  intereses”     de     Foncolpuertos,  y  que  en  este asunto dada la legalización del pago de sumas  millonarias,  resultaba necesario “verificar que su  reconocimiento  se ajustara a las normas legales y convencionales”,  no  comporta  la tergiversación del documento mencionado en el  cargo.   

Así las cosas, la censura es un capítulo  más  mediante  el cual el casacionista muestra su desacuerdo con lo decidido en  las  instancias,  siendo  incapaz  de evidenciar el error atribuido al Tribunal,  que  en  la  sentencia  no  distorsiona  según  lo  visto   el contrato de  prestación de servicios que unía al acusado con Foncolpuertos.   

5.   Violación   directa   de  la  ley  sustancial por interpretación errónea.   

La  infracción  denunciada  recae en una  norma  sustantiva  de  derecho  laboral, el artículo 128 del Código Sustantivo  del    Trabajo    modificado   por   el      artículo      15 de la ley 50 de 1990.   

Advierte  que  los fallos de primera y de  segunda  instancia  reproducen  la mencionada norma, pero omiten la parte según  la  cual  “ni    los   beneficios   o   auxilios  habituales  u  ocasionales acordados convencional o contractualmente u otorgados  en  forma  extralegal  por  el  {empleador},  cuando  las partes hayan dispuesto  expresamente  que  no  constituyen salario en dinero o en especie, tales como la  alimentación,  habitación o vestuario, las primas extralegales, de vacaciones,  de servicios o de navidad.”.   

Según   el  casacionista  la  convención  colectiva  de  trabajo  no  contemplaba  que  los  uniformes  y calzado que  recibían     los  trabajadores  del  puerto  de       Barranquilla       no      constituían    salario    según    lo   exigido  por    el    citado    artículo   128,   por   cuya   omisión    los    mismos    deben    ser    tenidos   como   parte  de  él.  A  su  juicio  es  la  interpretación       correcta      de      esta  disposición,      reconocidos      dichos  beneficios  o auxilios sin que  medie   el   acuerdo   expreso  de  que  no  constituyen  salario,  se tienen por tal.   

El  a  quo  toma  como punto de partida los  artículos  89  y  90 de la Convención Colectiva de Trabajo, los cuales definen  el  salario  y  la  remuneración  directa.  Expresa  que  el  primero remite al  artículo  129  del  Código  Sustantivo  del Trabajo que consagra el salario en  especie  y que lo determina, excluyendo de él los pagos al trabajador previstos  en el artículo 128 que constituyen salario.   

Con fundamento en la última disposición no  hace  parte del salario en dinero o especie, lo percibido por el trabajador para  desempeñar  a  cabalidad  sus funciones, afirmando que la Empresa de Puertos de  Colombia  les  entregaba  los  uniformes  y  calzado  con  ese  fin y no para su  beneficio ni enriquecer su patrimonio.   

Por  su parte el  Tribunal  cita  en  la  sentencia  y  reproduce  la  parte del artículo 128 del  Código  Sustantivo  del  Trabajo,  que según el recurrente fue ignorada con el  propósito  de dar una interpretación que no se corresponde con la intelección  de  la  norma.  Se  advierte  entonces  que  falta  al  principio de corrección  material.   

En efecto, el Tribunal en el numeral 7.5.2.5  expresa  que  la citada disposición como lo manifiesta la defensa, señala qué  otros  pagos  no  constituyen salario. Con apoyo en ella y lo dicho por la Corte  Constitucional  en  su sentencia C-521 del 26 de noviembre de 1995, y la Sala de  Casación  Laboral  en  fallo  del 12 de febrero de 1993, concluyó “que  el  valor recibido por dotación de uniformes y calzado en  manera  alguna  podía  ser  catalogado como factor integrante del promedio para  pagos   de   cesantías   y   mesada  pensional”10.   

Frente a tales conclusiones, el discurso del  recurrente  se  agota  en  una  sola  afirmación  suya:  como en la Convención  Colectiva  de  Trabajo  no  se  dijo  expresamente  que  los uniformes y calzado  suministrados   por  la  empresa  a  sus  trabajadores  no  constituían  factor  salarial,  los  juzgadores  yerran  en la interpretación de la ley, pues en ese  evento  se consideran salario y computables para la liquidación de prestaciones  sociales.   

Ningún  argumento  desarrolla para mostrar  que  el  a  quo  se  equivoca  cuando  con  fundamento  en  la parte inicial del  artículo  128  del  Código  Sustantivo  del Trabajo, afirma que lo recibido en  dinero  o especie por el trabajador es con la finalidad de cumplir su labor y no  para su beneficio o enriquecer su patrimonio no constituye salario.   

Tampoco  ofrece  razonamiento alguno por el  cual  resulta  inadmisible  y contraria al sentido de la norma la deducción del  Tribunal  fundada  en  el precepto legal cuestionado y la jurisprudencia citada,  en  el  sentido  que  no  era  factor integrante del pago de cesantías y mesada  pensional  lo recibido por los trabajadores portuarios por concepto de uniformes  y calzado.   

Además a juicio del Tribunal el suministro  de  uniformes  y  calzado que según el artículo 45 de la Convención Colectiva  la  empresa  se  comprometió  a  entregar  a  sus  trabajadores,  no  tenía el  carácter  de  retribución directa del servicio, requisito esencial que permite  determinar  la  naturaleza salarial de un pago, sin que tal reflexión mereciera  respuesta alguna del recurrente.   

Para    el   casacionista   las   citas  jurisprudenciales  hechas  en  la sentencia no aclaran el problema, en la medida  que  la  primera  precisa  cuáles  son  los  factores  que constituyen salario,  mientras  la  segunda  señala  la facultad del empleador y trabajador de pactar  expresamente  qué  beneficio  o  auxilio  extralegal  no  es  factor  salarial,  entendiendo entonces que la razón está de su parte.   

En  esas circunstancias, no logra demostrar  en  qué  consistió  la interpretación errónea del Tribunal, con mayor razón  cuando  pasa  por  alto  que  en  la  sentencia de segunda instancia, las normas  convencionales  que  definen  el  salario y la retribución directa, soportan la  conclusión  del  juzgador,  las  cuales  tampoco  fueron  consideradas  por  el  demandante.   

Se trata finalmente del desacuerdo que tiene  con  la  intelección  que  los  juzgadores  le  dieron a la norma, no porque se  aparten  de  su  tenor  literal  sino  por  su  falta de coincidencia con la del  recurrente,  quien considera que la disposición convencional ha debido señalar  expresamente  que  tal  suministro  no  constituía factor salarial y como no lo  hizo,  aquellos erraron en la interpretación del art 128 del Código Sustantivo  del Trabajo.   

Vistas  de ese modo las interpretaciones de  los  falladores  se  ajustan a la norma legal. El a quo afirma que no constituye  salario  aquello  que  el  empleador  suministra al trabajador para que cumpla a  cabalidad  con su función, afirmación que guarda relación con lo dicho por la  Sala   de   Casación  Laboral  al  precisar  “los  elementos  fácticos que pueden  determinar  la naturaleza salarial de un pago  son:  i) Que se  trate  de  un  beneficio que retribuya  en forma directa el  servicio,  ii)  La  periodicidad  y la regularidad, iii) La finalidad y la forma  como    está    establecido,    y    v)    El   ingreso   al   patrimonio   del  trabajador”11,  con mayor razón si no era  para su beneficio o incrementar el patrimonio del trabajador.   

El ad quem de manera razonada encontró que  en  atención a no haber sido contemplado en la convención colectiva de trabajo  el  suministro  de  uniformes y calzado como parte del salario, los trabajadores  portuarios  no los recibieron a título de retribución directa. Adicionalmente,  señaló  que  conforme  al  artículo  128  del  Código Sustantivo del trabajo  tampoco  podían  constituir factor salarial, tesis que se acompasa con lo dicho  por la jurisprudencia laboral.   

De   ahí  que  se  haya  apoyado  en  el  entendimiento  que  la  Sala  de  Casación  Laboral  le  ha  dado  a  la citada  disposición,   pues  si  bien  es  cierto  desde  un  principio  advirtió  que  “Lo  que  verdaderamente  quiere  decir la última  parte  del  artículo  15  de  la ley 50 de 1990, aunque debe reconocerse que su  redacción  no  es  la más afortunada, es que a partir de su vigencia pagos que  son  “salario”  pueden  no  obstante  excluirse  de  la base de cómputo para la  liquidación    de    otros   beneficios   laborales   (prestaciones   sociales,  indemnizaciones,  etc.)”., ha sostenido invariablemente  que:   

“Distinta  consecuencia  jurídica  corren  pagos ocasionales y por  mera   liberalidad,   y   todo  lo que percibe  el  trabajador  por  conceptos  diferentes  a  la  retribución  directa del servicio  o que su  finalidad sea el cabal desempeño de sus  funciones,   o que no atiendan   a   sus   necesidades,   ni  enriquezcan  su  patrimonio,  tales como los contemplados por vía de ejemplo en el artículo 128  del  código  del  trabajo,  modificado  por  el  15 de la ley 50 de 1990, y muy  específicamente  los  previstos en esta reforma constituidos por los beneficios  o  auxilios plasmados en acuerdos de voluntades u otorgados en forma extralegal,  cuando  las  partes  hayan  convenido  expresamente  que no constituyen salario,  tales   como   la   alimentación,  la  vivienda  o  el  vestuario,  las  primas  extralegales,  de  vacaciones,  de  servicios  o  de  navidad. Por mandato legal  expreso,  tratándose  de  estos  pagos  “pueden”  libremente  las  partes o los  mecanismos  de  avenimiento colectivo, clarificar el carácter no constitutivo  de                    salario”12   

.  

En  consecuencia,  el recurrente finalmente  atribuye  el  error  de interpretación al hecho que en la convención colectiva  de  trabajo  no  se  haya  señalado  expresamente  que  el suministro de dichos  elementos  no constituía salario, cuando por su definición carecían de factor  salarial con fines prestacionales.   

Además  por  su  naturaleza  las  normas  convencionales  no  son  preceptos  sustantivos  de  carácter  general ni   constituyen  una  declaración  soberana  del  Estado,  son  disposiciones de un  contrato  mediante  el  cual  se   materializa  la  voluntad de las partes,  empleador  y sindicato, con el propósito de regular las relaciones laborales al  interior  de  una  empresa,  en cuyo caso no son susceptibles de ser denunciadas  por infracción a la ley sustancial.   

En razón a que ninguno de los cargos tiene  vocación  de  prosperidad, según lo visto al responder en esta sede a cada uno  de   ellos,   la   sentencia   objeto   del   recurso  extraordinario  no  será  casada.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

   

   

RESUELVE  

No  Casar  el  fallo  de origen, naturaleza y contenido indicados, de acuerdo con los  cargos  formulados  en  la demanda por el apoderado de ADOLFO  AUGUSTO CAMELO CAMELO.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y devuélvase el expediente al  Tribunal de origen.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1  En  esa  oportunidad  precluyó  la  instrucción  seguida  a Deyfan Silva Meneses y  declaró  la  prescripción  de  la acción penal del delito de prevaricato; fls  265 a 298, cdno original 4.   

2 CSJ,  SP 17 agos. 2000, rad. 11982.   

3 Folio  39, cdno original 4 Instrucción.   

4 Folio  32 y ss, cdno original 1.   

5 Ver  Acta de audiencia pública, folio 8, cdno original 3.   

6 Folio  95, sentencia de primera instancia.   

7 Folio  36, sentencia de segunda instancia.   

8  Indagatoria 24 de mayo de 2007; folio 49, cdno original 4.   

9  Sentencia de segunda instancia; folio 35.   

10  Sentencia de segunda instancia, folio 27.   

11  CSJ, SL 18 jun. 2014.   

12  CSJ, Sentencia 18 oct. 2001     

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