SP4607-2016(43146)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

SP  – 4607 – 2016   

Radicación n° 43146  

(Aprobado Acta n° 120)  

Bogotá   D.C.,  trece  de  abril  dos  mil  dieciséis (2016)   

De  acuerdo  con  lo  advertido  en  el auto  AP-1429-2016  que  inadmitió la demanda de casación presentada por defensor de  JOSÉ    RICARDO    BARRETO   GARZÓN,   de  manera  oficiosa,  se pronuncia la Sala sobre la vulneración de  garantías  constitucionales  en la sentencia emitida el 13 de noviembre de 2013  por  la  Sala  Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca  mediante  la  cual  modificó  el  fallo  del  Juzgado  Penal  del  Circuito con  funciones  de  conocimiento de Zipaquirá, del 22 de febrero de 2013, condenando  al   mencionado   procesado   como   autor   de   los  delitos  de  Homicidio,   Homicidio,   en   grado   de  tentativa,  y  Fabricación, tráfico y porte de armas  de  fuego  o  municiones,  en  concurso  de  conductas  punibles.   

H E C H O S  

En  el fallo demandado fueron narrados de la  siguiente manera:   

El  31  de  agosto de 2007, aproximadamente  entre  las  1:30 y 2:00 P.M., las hermanas G. C. A. P. de 15 años y F. E. P. B.  de   13  años1,  regresaban  del  colegio  al hogar de su abuela donde residían,  desplazándose  por  un  camino  rural  en  el  sitio  conocido como “Alto del  Colorado”,  localizado en la vereda Tasajeras del municipio de Gachetá, donde  fueron  abordadas por un sujeto armado con un revólver y con el rostro cubierto  con  un  pasamontañas, quien luego de amenazarlas les tapó los ojos, la boca y  les  amarró  las  manos.  Al  intentar  trasladar  a  las menores por un camino  aledaño,   estás   (sic)  forcejearon  y lograron salir corriendo, pero aquél las alcanzó, propinándole  una  patada  a F.E. en la espalda, quien cayó de cara al suelo y, acto seguido,  sintió un impacto en la cabeza, perdiendo el sentido.   

Entre  las  5:30  y  6:00 P.M. de ese mismo  día,  vecinos  del sector encontraron en el camino a las dos hermanas; la mayor  había  fallecido  al parecer por impactos de bala, mientras que la menor (F.E.)  si  bien presentaba un disparo en el cráneo, aún tenía signos vitales, por lo  que  fue  trasladada  a  varios  centros asistenciales en los cuales recibió la  atención  especializada  que  le  permitió  continuar  con  vida pese a que un  proyectil continúa alojado al interior de su cerebro.   

Esta  última  identificó  a JOSÉ RICARDO  BARRETO   GARZÓN,  quien  es  un  familiar  lejano,  como  el  autor  de  tales  sucesos.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En audiencias preliminares llevadas a cabo el  17  de  noviembre  de  2007, ante el Juzgado Promiscuo Municipal con función de  Control  de  Garantías  de Gachetá (Cundinamarca), el Delegado de la Fiscalía  General  de  la  Nación,  tras  legalizarse  su captura, formuló imputación a  JOSÉ    RICARDO    BARRETO    GARZÓN   por   los   delitos   de   Homicidio     agravado    (artículos   103   y   104-7   del   Código  Penal),  Homicidio  en  grado  de  tentativa  (artículos  103,  104-7  y  27  ibídem)  y Fabricación, tráfico y porte de armas de  fuego  o municiones (artículo 365 ib.), en concurso de  conductas    punibles.    El    imputado    no   se   allanó   a   los   cargos  formulados.   

Presentado el escrito de acusación por parte  del  Fiscal Seccional de Gachetá (Cundinamarca) por los delitos de Homicidio     agravado    (artículos  103  y  104-7 –«colocando   a   la  víctima  en  situación  de  indefensión  o  inferioridad  o  aprovechándose de esta situación»-  del     Código    Penal),    Homicidio  en  grado  de  tentativa  (artículos  103,  104-7  y 27 ibídem) y  Fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o municiones (artículo   365   ib.),  en  concurso  de  conductas  punibles,  le  correspondió  al  Juzgado  Penal  del Circuito con funciones de conocimiento de  Zipaquirá  adelantar  la  etapa de juzgamiento, celebrándose las audiencias de  acusación  y  preparatoria  los  días  10  de  abril  y  8  de  mayo  de 2008,  respectivamente.   

La  audiencia  de juicio oral y público fue  instalada  el  2  de marzo de 2009, sesión en la que la juez de conocimiento se  declaró  impedida  para  su  continuación,  lo  cual  fue  desestimado  por el  Tribunal Superior de Cundinamarca.   

En  sesión  del  23  de  junio  de 2010 fue  reanudado  el  juicio,  decretándose su nulidad, por lo que fue reiniciado el 8  de  marzo  de 2011, continuándose en sesiones del 10 de mayo y 12 de septiembre  de  2012.  Clausurado  el  debate, el representante de la Fiscalía solicitó la  condena  del  acusado  en  calidad  de  autor  de  los  delitos  de Homicidio          (artículos   103,  104-9  -«en  persona  internacionalmente  protegida  diferente  a  las contempladas en el Titulo II de  este  Libro y agentes diplomáticos, de conformidad con los Tratados y Convenios  Internacionales   ratificados   por  Colombia»-  del  Código  Penal),  Homicidio  en   grado  de  tentativa  (artículos  103,  104-9 y 27 ibídem) y Fabricación,  tráfico    y    porte   de   armas   de   fuego   o   municiones   (artículo  365  ib.),  cometidos en concurso de conductas punibles.  Se  emitió  sentido  del  fallo  declarando  culpable  al acusado JOSÉ RICARDO  BARRETO GARZÓN.   

El  22 de febrero de 2013, el mismo despacho  judicial,  emitió  el  fallo,  siendo  condenado  BARRETO  GARZÓN  a  la  pena  principal  de  116 meses de prisión y las accesorias de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación del derecho a la  tenencia  y  porte  de  arma de fuego por el mismo lapso, en calidad de autor de  los  delitos  de  Homicidio  en   grado  de  tentativa  (artículos   103   y   27   del   Código  Penal),  y  Fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego o  municiones   (artículo  365  ib.),  en  concurso  de  conductas  punibles,  negándole  el  derecho  a los subrogados de la condena de  ejecución  condicional  y  de  la prisión domiciliaria. Absolvió al procesado  por    el    consumado    delito    de    Homicidio  agravado,   que   igual  había  sido  objeto  de  la  acusación.    

Apelado el fallo por el defensor del acusado  y  por el representante de las víctimas, la Sala Penal del Tribunal Superior de  Cundinamarca,  en  sentencia  del  13  de  noviembre de 2013, lo modificó en el  sentido  de  condenar a JOSÉ RICARDO BARRETO GARZÓN, como autor de los delitos  de  Homicidio (artículo      103     del     Código     Penal),     Homicidio  en  grado  de  tentativa  (artículos  103  y 27 ibídem)  y  Fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones     (artículo    365    ib.),  en  concurso de conductas punibles, imponiendo la pena principal  de  254 meses de prisión. No se pronunció sobre las penas accesorias impuestas  por el A quo.   

Oportunamente  el defensor del sentenciado,  interpuso el recurso extraordinario de casación.   

El  9  de  marzo  de 2016, esta Corporación  inadmitió  la  demanda  de casación. En la misma decisión dispuso que una vez  se  surtieran  las  notificaciones y el trámite de insistencia correspondiente,  el  proceso  regresara  al  despacho  para  revisar  la probable vulneración de  garantías  fundamentales  en  lo  atinente  a la ocurrencia del fenómeno de la  prescripción    penal    en   relación   con   el   delito   de   Fabricación,    tráfico   y   porte   de   armas   de   fuego   o  municiones.   

Agotado   el  trámite  del  mecanismo  de  insistencia, la Corte entra a resolver lo pertinente.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Si bien la demanda de casación fue rechazada  al  carecer  de  los  presupuestos  lógicos y de argumentación exigidos por el  ordenamiento  adjetivo,  como  se  dejó  acotado en la providencia que decidió  sobre  su  inadmisión,  la  Sala  procederá a verificar si operó el fenómeno  prescriptivo   de   la   acción  penal  respecto  del  delito  de  Fabricación,    tráfico   o   porte   de   armas   de   fuego   o  municiones,   lo   que   de   confirmarse   tendría  repercusión en el monto de la pena tasado.   

Se recuerda que en los asuntos regidos por  la  Ley  906 de 2004, el periodo inicial de prescripción, esto es, previo a que  se  formule  la imputación, corresponde al máximo previsto para el tipo penal,  sin   que   pueda   ser  inferior  a  5  años,  ni  superior  a  202.   

De  conformidad  con  el  artículo  86  del  Código  Penal,  modificado  por  6º  de la Ley 890 del 2004, dicho término se  interrumpe  con  la mencionada formulación de la imputación y, a partir de ese  instante  procesal,  empieza  a correr uno nuevo «por  un  término  igual  a  la  mitad  del  señalado en el artículo 83 del Código  Penal.  En  este  evento  no  podrá  ser  inferior a tres (3) años»,  al  tenor  de  lo descrito en el precepto 292 de la Ley 906 del  2004,  ni  tampoco  mayor  a  diez  (10)  años,  en  los  términos  de aquella  norma.   

De  esta  manera, desde la imputación corre  otro  lapso  que  no  puede  ser inferior a 3 años ni superior a 10, espacio de  tiempo  que  se  suspende  con la emisión de la sentencia de segunda instancia,  «el  cual comenzará a correr de nuevo sin que pueda  ser  superior  a cinco (5) años» (artículo 189 de la  Ley 906 de 2004).   

En  el  caso  objeto de estudio, el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  al  modificar la decisión de primera instancia que  revisó  en  virtud  del  recurso  de  apelación  interpuesto, condenó a JOSÉ  RICARDO   BARRETO   GARZÓN,   como   autor   de  los  delitos  de  Homicidio          (artículo      103     del     Código     Penal),     Homicidio  en  grado  de  tentativa  (artículos  103  y 27 ibídem)  y  Fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones     (artículo    365    ib.),  en concurso de conductas punibles, a la  pena  principal  de  254  meses  de  prisión.  No  hubo  pronunciamiento por el  Ad quem en relación con las  penas  accesorias  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas   y  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y  porte  de  arma  de  fuego.   

Sin  embargo,  no  advirtió  el juzgador de  segunda   instancia   que,   en   relación   con   el  delito  de  Fabricación,    tráfico   o   porte   de   armas   de   fuego   o  municiones,  ya  se  encontraba  prescrita  la acción  penal.   

En  efecto, para la época de los hechos (31  de  agosto de 2007), el delito en cuestión tenía prevista una pena de prisión  cuyo  máximo  era  de 8 años, de acuerdo al artículo 365-1 del Código Penal,  con  la  modificación  introducida  por el artículo 38 de la Ley 1142 de 2007;  por  lo tanto, el término prescriptivo durante el interregno transcurrido entre  la  formulación  de  imputación  y la emisión del fallo de segunda instancia,  para  el  referido  delito,  es  de cuatro (4) años (artículo 86-2 del Código  Penal).   

En  este  asunto,  puede  advertirse  que la  formulación  de  imputación  por  el  referido  injusto  se  produjo  el 17 de  noviembre  de  2007, lo que significa que el Estado podía válidamente proferir  sentencia   de   segunda   instancia   máximo  hasta  el  16  de  noviembre  de  2011.   

No  obstante, dicha providencia se dictó el  13  de noviembre de 2013, es decir, cuando ya se había cumplido, con creces, el  término  de prescripción de la acción punitiva en relación con esa conducta.  Cabe  señalar  que  incluso el término de prescripción ya se había observado  desde  el  momento  en que se emitió la sentencia de primera instancia el 22 de  febrero de dicha anualidad.    

Siendo  ello así, es claro que transcurrido  el   período   prescriptivo,  los  juzgadores  estaban  impedidos  para  emitir  válidamente  pronunciamiento  alguno  dentro de la actuación frente al injusto  de  Fabricación, tráfico o porte de armas de fuego o  municiones, salvo aquel que declarara la extinción de  la acción penal por la presencia del citado fenómeno jurídico.   

Advertido  que el Tribunal al conocer de la  alzada     de     la     sentencia     motivo     de    impugnación,   no   se  percató  de  la  existencia  del  fenómeno  de  la  prescripción producido en  relación  con  el  delito de Fabricación, tráfico o  porte  de armas de fuego o municiones, la Sala casará  oficiosa   y   parcialmente   el  fallo,  razón  por  la  cual  y  para  restaurar  el  agravio,  ordenará  la  extinción  de  la  acción penal respecto de dicho  conducta punible (artículo 82-4 del Código Penal).   

Como  consecuencia  de  ello,  procederá  a  readecuar  la sanción principal de prisión y las accesorias de inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas y privación del derecho a  la tenencia y porte de arma.   

Así las cosas, en relación con la sanción  principal,  se  tiene  que el acusado BARRETO GARZÓN fue condenado a la pena de  254  meses  de  prisión,  quantum  punitivo  que  se  determinó  a  partir  de  individualizar        como        delito        base       el       Homicidio   consumado,  por  el  que  se  partió de la pena mínima de 208 meses de prisión.   

No  obstante,  advierte  la  Sala  que  al  individualizar  la  pena,  en  concreto,  al  establecer el margen de movilidad,  aplicado  al  proceso  de individualización de la pena, al establecer el margen  de  movilidad,  el Tribunal equivocadamente tomó un extremo punitivo ajeno a la  ley,  pues  en lugar de tener en cuenta 450 meses (37.5 años) como pena máxima  para             dicho             delito3,  acudió  a  405 meses (33.75  años),  yerro  que  no  es  posible  corregir  en  esta  sede  en  razón de la  prohibición  de  reforma  peyorativa. Por lo tanto, bajo esa regla errónea, se  reitera, se debe redosificar la pena.   

En ese sentido, se tiene que el Ad    quem,    a    la   pena   mínima  correspondiente  al Homicidio  (208  meses),  incrementó  10 meses, para un total de 218 meses de prisión por  el  delito base, monto que se aumentó en 24 meses por el delito de Homicidio  en  grado  de  tentativa  y 12  meses  más  por  el de Fabricación, tráfico y porte  de  armas  de  fuego  o  municiones,  en  razón  del  concurso  de  conductas  punibles, para un total de 254  meses de prisión.   

En este orden de ideas, como se declarará la  prescripción  de  la  acción  penal  por el último de los delitos mencionados  (Fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego o  municiones,  artículo  365  del  Código  Penal),  se  reducirá  la  pena  en  la  misma  proporción  en que había sido aumentada en  virtud  de  su concurrencia, esto es, 12 meses, por lo que la sanción principal  privativa  de  la  libertad  quedará en definitiva en doscientos cuarenta y dos  (242)         meses        de        prisión4.   

Ahora  bien,  en  cuanto  hace  a la pena de  privación  del  derecho  a  la  tenencia y porte de arma, en principio, podría  pensarse  que,  prescrita  la  acción  penal  por  el  delito  de  Fabricación,    tráfico   o   porte   de   armas   de   fuego   o  municiones,  habría  que  excluirse, dada su estrecha  vinculación con el referido punible.   

Sin  embargo, se evidencia que la intención  del  A  quo fue extender esa  sanción  accesoria al delito de Homicidio  concurrente,  para cuya comisión el arma de fuego empleada fue el  instrumento  para  su  ejecución,  por  lo  que  en  su momento fijó como pena  definitiva,  por  el concurso de las conductas punibles, la de ciento dieciséis  (116)  meses  y  vinculó  a  ella  las penas accesorias, en tanto impuso por el  mismo  lapso  las  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  y  la  privación del derecho a la tenencia y porte de arma de fuego,  en los términos del artículo 52 del Código Penal.   

A  su vez, cabe señalar que el Ad   quem,  al  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  defensa  y  el representante de las víctimas,  modificó  el  fallo  aludido,  extendiendo la condena al delito de Homicidio  consumado,  por el cual había  sido  absuelto el procesado en primera instancia, de modo que en el ejercicio de  redosificar   la   sanción,   lo   que  llevó  a  cabo  con  el  error  atrás  reseñado5,  incrementó  la  pena  de  prisión  en  254  meses,  sin  emitir  pronunciamiento  alguno  en  torno  a  las penas accesorias impuestas en primera  instancia,  de  donde se sigue que las mismas se mantuvieron bajo la misma regla  regulada  por  el A quo, esto  es,   que   su   monto   es   igual   al  lapso  de  la  pena  privativa  de  la  libertad.   

Se observa, por tanto, que la pena accesoria  de  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y  porte  de  arma de fuego, así  determinada,  comporta  agravio  al  principio  de legalidad, al no sujetarse al  sistema  de  cuartos  ni  al  límite  legal,  en los términos del canon 61 del  Código  Penal,  reclamando  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala,  como  a  continuación se pasa a definir.   

Tiene   dicho  la  Sala  que  en  la determinación de dicha pena accesoria, se aplica el sistema  de  cuartos  que rige la individualización de la pena (artículo 61 del Código  Penal)6,  por  lo  que  ha  de  tenerse  en  cuenta que esa sanción tiene  prevista  pena  de  entre uno (1) y quince (15) años (artículo 51 ibídem). En  consecuencia,   los   cuartos   derivados  del  ámbito  punitivo  de  movilidad  corresponden  a:  el primer  cuarto,   de   12   a   54   meses;  los   cuartos   medios,   de   54   a   138   meses;  y,  el   último   cuarto,  de  138  a  180  meses.   

Al  respecto, se reitera que en el presente  caso   el  Ad  quem,  tras  modificar  la  pena principal de prisión, incrementándola, guardó silencio en  relación  con  las  penas  accesorias,  por  lo  que  debe  entenderse  que  en  definitiva  se  confirmó  el  criterio con el que fueron impuestas con la misma  intensidad    por    el   juez   A   quo,    es    decir,    un   quantum  semejante  a la pena principal.   

De esa manera, se  deben   tener  en  cuenta  los  criterios  de  proporcionalidad  que  guiaron al  juzgador  en  la  atribución  de la pena de prisión,  esto  es,  que en relación  con      el      delito     base     (Homicidio          consumado),  con  el  error en los extremos punitivos que viene de  anotarse,   al   mínimo   que   es  posible  imponer,  valga  decir,  208 meses, incrementó 10 meses, para  un  total  parcial  de  218  meses  de  prisión, lo que equivale al                  20.30%7 del margen de movilidad de que  trata el artículo 61 del Código Penal.   

Mientras  que  por  el concurso de conductas  punibles,  incrementó la pena en 24 meses, que corresponde al 11% por el delito  de  Homicidio  en  grado de  tentativa8.   

Trasladando  el  mismo  criterio  a  la pena  accesoria  de privación del derecho a portar arma de fuego, se tiene que por el  delito  base  el  mínimo  de  la  pena se aumenta en 20.30%, lo que arroja como  resultado            20.52           meses9.  Guarismo  que  a  su  vez se  aumenta  en  11%,  por  el  concurso  de  la  conducta  punible  de Homicidio   en   grado   de   tentativa,  equivalente        a        2.25        meses10,  para  un resultado final de  22   meses   y   23   días   como   pena   accesoria   de  dicha  naturaleza  a  imponer11.     

Finalmente,  en  relación   con   la  pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  se  hace  necesario  ajustarla  a su tope  máximo  de  20 años -240  meses-  (artículos  51-1  y  52-3  del Código Penal), en tanto dicho umbral es  sobrepasado  al  imponerse  el  mismo monto de la pena  principal,  como  equivocadamente  lo  asumió  el  Tribunal  al  aparejar  esta  sanción al monto de la pena de prisión.   

En           tales         sentidos  se  casará  parcialmente  el  fallo  impugnado;  en  todo  lo  demás,  la  decisión  del  Ad    quem se mantendrá sin modificaciones.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.-   Casar  parcialmente  y  de  oficio el fallo del 13  de  noviembre  de  2013,  proferido  por el Tribunal Superior de  Cundinamarca,  en  consecuencia, declarar la extinción de la acción penal, por  prescripción     en     relación     con    el    delito    de    Fabricación,    tráfico   o   porte   de   armas   de   fuego   o  municiones,  por  el  que  fue procesado JOSÉ RICARDO  BARRETO GARZÓN.   

2.  Correlativamente,  fijarle a JOSÉ RICARDO  BARRETO  GARZÓN  la  pena principal de doscientos cuarenta y dos (242) meses de  prisión  y  las  accesorias  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por el término de 240 meses y de privación del derecho a  la   tenencia   y   porte   de   arma,  por    el    término   de   22   meses   y   23   días.   

3. En  todos  los  demás aspectos la sentencia del Tribunal Superior  de  Cundinamarca permanece  incólume.   

4.  Contra  lo  decidido  en  el  presente  fallo no procede recurso  alguno.   

        Cópiese,  notifíquese, devuélvase al  Tribunal de origen y cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1                      La  información  que  permite  identificar  o individualizar a las  menores,  fue  suprimida  con el objeto que el contenido de la providencia pueda  ser  consultado  sin desconocer los artículos 33 y 193 de la ley 1098 de 2006 y  demás normas pertinentes.   

2                     Salvo  que  se  trate  de  las  conductas punibles de desaparición  forzada,  tortura, homicidio de miembro de una organización sindical, homicidio  de  defensor  de  derechos  humanos,  homicidio  de  periodista y desplazamiento  forzado,  caso  en el cual dicho término extintivo será de treinta (30) años.  La  acción  penal  para  delitos  de  genocidio,  lesa humanidad y crímenes de  guerra  es  imprescriptible.  Cuando  se  trate  de  delitos contra la libertad,  integridad  y  formación  sexuales, o el delito consagrado en el artículo 237,  cometidos  en  menores  de  edad,  la  acción penal prescribirá en veinte (20)  años,  contados  a partir del momento en que la víctima alcance la mayoría de  edad.  (Artículo  83 del Código Penal, modificado por los artículos 1º de la  Ley  1154  de  2007,  1º  de  la  Ley  1309  de  2009  y  16  de la Ley 1719 de  2014).   

3                     Artículo   103   del   Código  Penal,  modificado por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004.   

4                     Resultado  de:  254 meses – 12 meses = 242 meses de prisión.   

5                     Tomar  como extremo máximo de la pena 405 meses, cuando legalmente  se establece en 450 meses.   

6                      Cfr.,  SP-17166-2014,  16 dic. 2014, Rad. 42536; CSJ SP–2636-2015,  11  mar.  de  2015,  Rad.  43881.   

7                     Lo  que  resulta  de tomar 10 meses (cantidad de aumento dentro del  primer  cuarto  de  la  pena  de  prisión)  x  100%  ÷  49.25 meses (margen de  movilidad que es 208 a 257.25 meses) = 20.30%.   

8                      Lo  que  surge  te  tener en cuenta que la pena impuesta fue de 218  meses, surge de 24 meses x 100% ÷ 218 meses = 11.00%.   

9                     El  margen  de  movilidad  es de 42 meses y los extremos del primer  cuarto  van  de  12  a  54 meses, así que 42 meses por 20.30% da como resultado  8.52 meses. Por tanto: 12 meses + 8,52 meses = 20.52 meses.   

10                     20.52 meses x 11.00% = 2.25 meses   

11                     20.52   meses   +   2.25  meses  =  22.77  meses  (22  meses  y  23  días)     

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