16037may

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16307  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Nilson E. Pinilla Pinilla  

Aprobado Acta N° 69  

Santa Fe de Bogotá, D. C., mayo cuatro (4) de  dos mil (2000).   

ASUNTO  

Se  procede a resolver sobre la viabilidad de  la   casación   excepcional   formulada   contra   la   sentencia   de  segunda  instancia   proferida por el Tribunal Superior de Bogotá, que confirmó la  condena  impuesta a ANA DELINA CORREA DE MARTINEZ y MARIA LUISA MARTINEZ CORREA,  por falso testimonio.   

HECHOS  

El  3  de  octubre  de 1995, en el Juzgado 46  Civil  Municipal  de  esta  ciudad,  faltando  a  la verdad bajo la gravedad del  juramento,  ANA  DELINA CORREA DE MARTINEZ y su hija MARIA LUISA MARTINEZ CORREA  negaron  que  las firmas estampadas en la promesa de compraventa de los derechos  posesorios  sobre  un  inmueble por enajenar fueran de Ignacio Martínez y de la  descendiente    de    aquélla,    que    había   firmado   a   ruego   de   su  progenitora.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

Realizadas  las  correspondientes actuaciones  previas,  el  12  de  febrero  de  1999 el Juzgado 48 Penal del Circuito de esta  ciudad  condenó,  por  el  delito  de  falso testimonio, a ANA DELINA CORREA DE  MARTINEZ  y  MARIA  LUISA  MARTINEZ  CORREA  a  15  meses de prisión, cada una,  además  de la correspondiente interdicción de derechos y funciones públicas y  la  obligación  de  indemnizar  los  perjuicios,  concediéndoles la ejecución  condicional  de  la condena (fs. 89 y Ss., cd. 3). Fallo apelado y el 11 de mayo  siguiente  confirmado  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá (fs. 2 y Ss., cd.  Trib.).   

Notificada la sentencia de segunda instancia,  la  defensora  de  las procesadas interpuso casación excepcional, basada en que  la  compraventa  de  inmuebles  debe  efectuarse por escritura pública, Ignacio  Martínez  no  sabía  firmar y ANA DELINA CORREA DE MARTINEZ no estuvo presente  en  la  negociación.  Aduce  que  fueron  tenidos  en  cuenta  unos  documentos  suscritos  por  los  contratantes,  que   no  podían  servir  de prueba de  conformidad  con  el  Decreto  1557  de  1989;  así  mismo fueron apreciados un  contrato  de arrendamiento desconocido por ANA DELINA y el dicho del abogado del  denunciante  en  el  sentido  de  que  aquél  nunca le manifestó que no sabía  firmar, a pesar de otras indicaciones en contrario.   

Pero  no  fueron  valoradas,  al  decir de la  censora,  las  declaraciones  de José Máximo Pulido y Edgar Humberto Sánchez,  ni  los  registros  civiles  de  nacimiento  de  Pablo  Antonio  y  María Luisa  Martínez  Correa  y  la  cédula  de ciudadanía de Ignacio Martínez, donde se  puede  ver que no sabía firmar. Tampoco la certificación de Flores de Colombia  Ltda.,  unas  fotografías, copia de un acta de secuestro judicial y un dictamen  grafológico.   

En  síntesis,  “como  no  se analizaron ni  atendieron  las  pruebas de abono o en favor, o también llamadas contrapruebas,  que  desvirtúan  los  hechos  denunciados  o  que al menos, dejan mucha duda al  respecto,  dudas  estas  que  devieron  (sic)  ser  resueltas  en  favor  de las  procesadas…  no  se  garantizó  derechos  fundamentales” (sic), lo que hace  procedente la casación excepcional.   

El  expediente  fue remitido a la Corte, para  que   discrecionalmente  se  pronuncie  sobre  la  concesión  de  la  casación  excepcional así interpuesta.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  casación  excepcional procede contra los  fallos  de  segunda instancia de los Tribunales Superiores de Distrito Judicial,  el  Superior  Militar y el antiguo Nacional, por delitos que no tengan señalada  pena  privativa  de  la  libertad  igual o superior a seis años, hasta antes de  entrar  en  vigencia  la  ley  553 de 2000 y los proferidos, también en segundo  grado,    por    los    Juzgados    Penales    del    Circuito,    por    hechos  delictivos.   

Dentro  de  los  quince días siguientes a la  notificación  de  la  sentencia se debía presentar la impugnación y sustentar  el  motivo  que  determine  la  viabilidad  de  la admisión, sea en procura del  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  para  garantía de un derecho fundamental  quebrantado  en  las  instancias.  Así ocurre en el presente caso,  lo que  haría  viable   la  casación  excepcional,  interpuesta por la defensora,  legitimada para hacerlo.   

Las garantías, en general, son los mecanismos  que  permiten  disfrutar,  ejercer  o  amparar  el derecho respectivo. Cuando se  escoja  esa  vía,  es  indispensable especificar no solo el derecho fundamental  violado,  sino   también  el  medio  que  lo  protege  o  garantiza  y  la  irregularidad  o forma como fue desconocido o vulnerado. O sea, indicar al menos  sucintamente  en  que  consistió  la  violación y su incidencia negativa en la  garantía,  que  lleva a la mengua o imposibilidad de gozar o ejercer el derecho  fundamental.   

Con   relación   al   desarrollo   de   la  jurisprudencia,  la  corporación  ha  reiterado  que  es  deber  del impugnante  indicar  si  pretende  fijar  el  alcance  interpretativo  de  un  precepto,  la  unificación  de  posiciones  disímiles,  el  pronunciamiento  sobre  un  punto  concreto  no  desarrollado jurisprudencialmente, o la actualización ante nuevas  realidades  fácticas  y  jurídicas  y,  además, la incidencia favorable de la  ilustración  doctrinaria  frente al caso concreto, al igual que la orientación  que se prestará al trazar esos derroteros.   

La  peticionaria,  argumentando la falta  de  garantía a derechos fundamentales, saca una conclusión que no se deriva de  lo   argumentado,  porque se dedica a cuestionar la prueba tenida en cuenta  por  el  juzgador  como  soporte  de la condena y a señalar que otros medios de  convicción  no  fueron  valorados,  de  lo  cual infiere que no se garantizaron  “derechos fundamentales”, que ni en mínima parte especifica.   

La  naturaleza  de  la casación excepcional,  impide  a  la  Corte  relevar  a  la  solicitante  y  escudriñar  a que derecho  fundamental  quiso  referirse  y  si  se  vislumbra su presunto quebrantamiento,  cuando  razones  lógicas  e ínsitas en esta forma de impugnación señalan que  al  censor  le  corresponde  sustentar  debidamente  su  solicitud,  para que la  corporación  pueda  establecer si el asunto amerita el trámite extraordinario,  según  la  previsión  contenida  en  el  último  inciso del artículo 218 del  Código de Procedimiento Penal.   

Al no conocerse a que derecho fundamental hace  referencia,  ni  mediar  apropiada expresión de los argumentos que hagan ver la  conveniencia  de  que discrecionalmente sea aceptada la casación, porque exista  la  posibilidad  de  que  se garantice alguno o varios de ellos, se impone la no  concesión de la casación impetrada.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO   ACEPTAR   la  casación excepcional interpuesta por la defensora de las acusadas.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO    E.   ARBOLEDA   RIPOLL                                      JORGE              E.             CORDOBA  POVEDA                    

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE            JORGE   ANIBAL   GOMEZ  GALLEGO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES                           CARLOS   EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR           

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON               NILSON   E.  PINILLA  PINILLA                       

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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