16031nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16031  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 196  

Bogotá, D.C., veintiuno (21) de noviembre de  dos mil (2000).   

V I S T O S  

Resuelve la Sala la admisibilidad formal de la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  EDWIN        IGNACIO        HERNÁNDEZ        GUTIÉRREZ.   

A N T E C E D E N T E S  

1. El juzgador de primera instancia sintetizó  los hechos así:   

“Acaecieron  el  día  18  de septiembre de  1996,  en  el  parque  del municipio de Tocaima, cuando Edwin Ignacio Hernández  Gutiérrez  se  dirigió  a  Oscar  Manuel  Soto  Bermúdez para preguntarle por  Alexander,  sobrino  de éste, quien había agredido verbalmente a su hermana, y  después  de  un  intercambio  de  palabras, Edwin, con una navaja (‘patecabra’), le causó una herida a la altura del  corazón  que  produjo  de  manera  inmediata  la  muerte  de  Oscar Manuel Soto  Bermúdez”.   

2.  El  Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Girardot,  mediante sentencia del 20 de octubre de 1998, condenó a Edwin  Ignacio  Hernández  Gutiérrez a la  pena  principal  de 25 años de prisión, a las accesorias de rigor y al pago de  los daños y perjuicios, como autor del delito de homicidio.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor, el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca, mediante sentencia del 28 de enero de 1999,  lo confirmó en su integridad.   

Contra  esta  decisión  el  citado  defensor  interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA       DEMANDA    DE   CASACIÓN   

Al  amparo  del  cuerpo  primero de la causal  primera,  el  defensor formula un único cargo contra la sentencia del Tribunal.  Sus argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Afirma  que  el sentenciador violó de manera  directa  la  ley sustancial, “por interpretación errónea del ordinal 4° del  artículo  29  del  Código Penal, lo que condujo a quebrantar también en forma  directa,  por  aplicación  indebida, el artículo 323, ibídem (que tipifica el  homicidio simple)”.   

En el capítulo que denomina “FUNDAMENTO DE  LA  CAUSAL INVOCADA” asevera que en la sentencia censurada se “reconocen una  serie  de  circunstancias  que han debido llevar al juzgador a la conclusión de  que  la  reacción  de  mi  mandante  se  justificaba, valga decir, que obró en  legítima defensa de su vida”.   

A  continuación copia unos apartes del fallo  impugnado,  los que hacen referencia a que si bien algunos declarantes cambiaron  o  adicionaron  sus  respectivos  dichos,  de  todos  modos  la  esencia  de las  versiones  por  ellos  suministradas  es  ratificada, lo que permite al Tribunal  aceptar  la  existencia de la “persecución” mencionada por dichos testigos,  concluyendo     que   si   “   ‘alguien  debió  legitimar  su defensa no fue otro que el occiso, el  cual  por  no  hacerlo  y  limitarse únicamente a asustar a su agresor terminó  muerto’    ”.    

De lo anterior se sirve al actor para asegurar  que  el  Tribunal  apreció  erróneamente  el  contenido  del  numeral  4° del  artículo  29 del Código Penal, especialmente en lo que hace relación a lo que  debe entenderse “por NECESIDAD DE LA DEFENSA”.   

Considera  que bajo una recta inteligencia de  lo  que  significa  necesidad,  el  juzgador “ha debido inferir” el correcto  alcance  de  la  mencionada  palabra,  “porque sería absurdo pretender que el  señor  Hernández  Gutiérrez, por el solo hecho de haber desafiado o insultado  a  Oscar  Manuel,  tuviera  que  permanecer cruzado de brazos esperando que Soto  Bermúdez lo degollara”.   

Luego de citar una jurisprudencia de la Corte  sobre  el  tema  planteado, sostiene que “resulta evidente, de acuerdo con las  constancias   procesales,  que  la  reacción  o  ataque  de  Oscar  Manuel  fue  totalmente   desproporcionado   a  la  ofensa  o  provocación  que  le  hiciera  Hernández,  valga  decir,  que al haber persecución  -como lo reconoce el  Tribunal-   Edwin dejó de ser agresor para convertirse en agredido, luego,  en tales condiciones, si hay legítima defensa”.   

Por  lo  tanto,  concluye  que  al estimar el  sentenciador  de  segunda  instancia  que  no  se  configuró la necesidad de la  defensa,  “se  le  dio un entendimiento equivocado a tal requisito” producto  de  la  interpretación  errónea  de  la citada norma, desconociéndose, “por  ende, que se cumplían todos los requisitos de la justificante”.   

En  consecuencia, solicita a la Corte case la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  proceda  a absolver a su defendido del  delito de homicidio.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

La  demanda  de  casación  presentada por el  defensor  del sentenciado, no reúne los requisitos de claridad y precisión que  estatuye  el  numeral  3°  del artículo 225 del Código de Procedimiento Penal  para su admisión.   

Entre los desatinos técnicos se destacan los  siguientes:   

1.-  Yerra  desde  el  enunciado,  pues si lo  pretendido   es  que  se  reconozca  la  legítima  defensa,  ha  debido  acusar  aplicación  indebida  del artículo 323 del C. Penal y falta de aplicación del  numeral  4°  del  art.  29  y  no  interpretación  errónea  pues,  como lo ha  sostenido  la  Sala,  ésta  implica que la norma sustantiva se aplicó y era la  que   regulaba   el   caso   concreto,   pero  se  le  dio  un  sentido  que  no  tiene.   

Por tanto, si como consecuencia de un error de  interpretación  de  la ley, ésta se deja de aplicar o se aplica indebidamente,  el  vicio  es de selección y, por lo tanto, se debe acusar falta de aplicación  o  aplicación  indebida  y  no  interpretación  errónea,  ya que la causa del  desacierto  no  importa, y bien pudo ocurrir porque se erró sobre su existencia  material,  o  sobre  su  validez  o  sobre su sentido o alcance, sino que lo que  cuenta,  en  últimas,  es  la  decisión  que  con  relación  a ella adopta el  sentenciador, esto es, inaplicarla o aplicarla indebidamente.   

2.-  El casacionista desvía la censura hacia  los  lineamientos de la violación indirecta de la ley sustancial, olvidando que  cuando  se  acusa violación directa, se está reconociendo que los presupuestos  fácticos  y  probatorios  del  proceso  fueron  correctamente  manejados por el  sentenciador,  siendo  el  cuestionamiento estrictamente jurídico, referente al  error  en la selección de la norma sustancial o a la equivocación en cuanto su  alcance  o  contenido,  lo que aquí no ocurre, pues lo que emerge de la demanda  es   que  el  demandante  simplemente  pretende  oponer   sus  conclusiones  probatorias  a las del Tribunal en torno a la existencia de la justificante, sin  evidenciar  ningún yerro, pues asegura que en el proceso se reconocen una serie  de  circunstancias  que han debido llevar al juzgador a la conclusión de que el  acusado obró en legítima defensa.   

Frente a los anotados desatinos de la demanda  y  dado  que  la  Sala,  en  virtud  del  principio  de  limitación,  no  puede  corregirlos,  se impone su rechazo, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo  226 del Código de Procedimiento Penal.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

RECHAZAR IN LIMINE la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado EDWIN  IGNACIO  HERNÁNDEZ  GUTIÉRREZ. En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso   (art.   197   del   C.   de   P.P.).   Devuélvase   al   Tribunal  de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GÁLVEZ  ARGOTE                   JORGE ANIBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUÉS                           CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                  NILSON E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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