AP3035-2016(47923)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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                                               República  de Colombia   

    

                                                  

Corte   Suprema   de  Justicia   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO   

AP 3035-2016  

Radicación: 47923  

Aprobado Acta N°153  

Bogotá,  D. C., mayo dieciocho (18) de dos  mil dieciséis (2016)   

VISTOS  

Decide  la  Sala  la  admisibilidad  de las  demandas  de  casación presentadas por los defensores de Rafael Antonio García  Garay  y  Francisco Ángel Montero Pérez contra la sentencia proferida el 19 de  noviembre  de  2015  por  el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo,  por cuyo medio  confirmó   parcialmente   la   emitida   por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,  este último que había declarado a ambos  autores  del  delito de concierto para delinquir agravado y, al segundo, además  interviniente  de  los  ilícitos  de  peculado  por apropiación y contrato sin  cumplimiento de requisitos legales.   

HECHOS  

         Fueron   consignados  en  el  fallo  de  segunda  instancia,  así:   

En el año 2002, el antiguo corregimiento de  Coveñas,   para  ese  entonces  perteneciente  al  municipio  de  Tolú  en  el  Departamento  de  Sucre,  adquirió  su  autonomía.  Es  así  que ese año, el  naciente  municipio celebró sus primeras elecciones para alcalde y miembros del  concejo,  siendo  elegido  como  alcalde  Pedro Patrón Luna, quien vincula a la  administración  a Robert Chávez Pérez, en el cargo de Director Financiero. El  nuevo  ente territorial a partir de ese momento requirió la realización de una  cantidad  de  obras  que  en  su mayoría fueron pagadas con los recursos de las  regalías,  lo  que  despertó el interés del grupo ilegal de las autodefensas,  el  cual  intervino  directamente en la contratación del municipio y que logró  gracias  a  que  Wilmer  Covo,  médico  de  profesión y estandarte político y  financiero  de  la  agrupación  ilegal  liderada por alias «cadena», reclutó  para  la  organización a Robert Chávez Pérez quien en complicidad con toda la  administración,  facilitó  el desvío de enormes cantidades de dinero hacia la  organización ilegal.   

         

         Dentro  de  los funcionarios que se prestaron para que los recursos  públicos  llegaran  a  manos del grupo armado al margen de la ley, a través de  irregulares  procesos  de  contratación,  se  encuentran Rafael Antonio García  Garay  ex  alcalde  municipal  y el contratista Francisco Ángel Montero Pérez,  entre otros.   

ACTUACION PROCESAL  

1. Por los hechos antes narrados, en el año  2008   la   Fiscalía  abrió  investigación,  llamando  a  indagatoria  a  los  exalcaldes  de  Coveñas  (Sucre),  Pedro  Segundo Patrón Luna y Rafael Antonio  García  Garay,  a los concejales del municipio  de los períodos 2003-2005  y  2005-2007  y  a  varios  contratistas,  entre  ellos,   Francisco Ángel  Montero Pérez.   

Los procesados Rafael Antonio García Garay  y  Francisco Ángel Montero Pérez fueron declarados personas ausentes, cumplido  lo  cual,  se  les  impuso  medida  de aseguramiento de detención preventiva en  centro de reclusión.   

2. El ciclo investigativo se clausuró el 27  de  julio  de  2009  y el 28 de septiembre siguiente se calificó el mérito del  sumario  en  el  que  se  acusó  a  los procesados Sergio Antonio Tapia Sierra,  Carlos  Alberto  Olivera García, Eladio Antonio Muentes Ávila, Bertilio Manuel  Orozco  Romero,  Manuel  Francisco  Ríos  Revuelta,  Obelio  Andrés  Cárdenas  Álvarez,  Abel  Antonio  Toscano  Benítez,  Francisco  Ángel  Montero Pérez,  Rafael  Antonio  García  Garay,  Manuel  José  Ortiz Jiménez y Duberley Garay  Mendoza,   como  autores  del  delito de concierto para delinquir agravado,  artículo  340,  inciso  2º, y a Francisco Ángel Montero Pérez, además, como  interviniente  de los delitos de contrato sin cumplimiento de requisitos legales  y peculado por apropiación.   

En  la  misma  resolución,  la  Fiscalía  precluyó  la  investigación  a  favor de Pedro Segundo Patrón Luna a quien se  venía  investigando  como  presunto  responsable  del  punible  de peculado por  apropiación,  puesto  que  frente  al  concierto para delinquir agravado, éste  aceptó  su  responsabilidad  acogiéndose  a sentencia anticipada, al igual que  Manuel Antonio Barrios Garzón e Iván Darío Romero Suárez.   

3. El pliego de cargos fue objeto de recurso  de  apelación por varios de los procesados, siendo confirmado integralmente por  el  despacho  del  Vicefiscal General de la Nación en proveído de 6 de julio de 2010.   

4.  El juicio fue adelantado por el Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Sincelejo,  que  el 12 de mayo de 2015,  profirió  fallo  de  primera  instancia  en  el  que  condenó a Rafael Antonio  García  Garay y Francisco Ángel Montero Pérez, entre otros sujetos más, como  autores  del  punible  de  concierto para delinquir agravado, y solo respecto de  Montero  Pérez se emitió condena, además como interviniente de los delitos de  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales e interviniente de peculado por  apropiación.   

A Rafael Antonio García Garay se le impuso  la  pena  de  72 meses de prisión y multa de tres mil salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  por  su  responsabilidad a título de autor en el delito de  concierto  para  delinquir  agravado,  mientras  que  a Francisco Ángel Montero  Pérez  se  le  irrogó  la  sanción  de  90 meses de prisión y multa de 704.1  salarios  mínimos legales mensuales vigentes como autor del delito de concierto  para  delinquir  agravado,  e  interviniente  de  los  ilícitos de peculado por  apropiación y contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

Como     pena     «accesoria»  se impuso a los condenados  la  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo término de la sanción de prisión.   

En  cuanto  a  la  libertad  se  mantuvo el  beneficio  de  libertad  provisional  al  que  accedieron los acusados por haber  permanecido  privados  de  ella durante un tiempo igual o superior al de la pena  impuesta.   

5. El fallo de primera instancia fue apelado  por  la  defensa de Rafael Antonio García Garay, Sergio Tapia Sierra, Francisco  Montero  Pérez,  Carlos Alberto Olivero García, Eladio Antonio Muentes Ávila,  Bertilio  Manuel Orozco Romero, Manuel Francisco Ríos Revueltas, Obelio Andrés  Cárdenas   Álvarez,   Abel   Antonio   Toscano   Benítez   y  Duberley  Garay  Mendoza.   

Es  así  que  el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo,  en  sentencia  de 15 de noviembre de 2015, confirmó parcialmente el  fallo  del  a quo, haciendo  las siguientes modificaciones:   

    

* Absolvió a Francisco Ángel Montero Pérez  del  delito de peculado por apropiación por el que se le condenó, derivado del  contrato  de construcción de letrinas por el monto de $41.560.780, pero mantuvo  la   condena   por   la  apropiación  del  anticipo  de  un  contrato  para  la  canalización  de  aguas lluvias por valor de $43.695.913, que se calificó como  peculado  por  apropiación,  al igual que una tentativa de peculado de la misma  índole  en  el que se intentó desfalcar al municipio en $215.000.000 a través  de un contrato para la construcción de un colegio.     

    

* Declaró la extinción de la acción penal  por   prescripción   respecto  del  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  por  el  que  había  sido  condenado en primera instancia  Montero Pérez.     

    

* Como consecuencia  de  lo  anterior,  el  Tribunal  redosificó  la  sanción, imponiéndole a este  acusado  la  pena  de 70 meses de prisión por su responsabilidad en los delitos  de  peculado  por apropiación y concierto para delinquir agravado y en el mismo  término  la  sanción  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas.  Frente  a  la  pena  pecuniaria  no  hizo pronunciamiento  alguno.     

    

*    La  pena  de multa fue modificada en su monto a favor de los restantes condenados en  dos mil salarios mínimos legales mensuales vigentes.     

6. Contra el fallo de segunda instancia los  defensores  de  Rafael  García  Garay  y  Francisco  Montero Pérez presentaron  demanda de casación.   

El  defensor  de  Carlos  Alberto  Olivera  García,  Eladio  Antonio  Muentes Ávila, Bertilio Manuel Orozco Romero, Manuel  Francisco  Ríos  Revueltas,  Obelio  Andrés  Cárdenas  Álvarez, Abel Antonio  Toscano  Benítez  y  Duberley Garay Mendoza interpuso recurso extraordinario de  casación,  sin que presentara la respectiva demanda, renunciando al poder antes  de  vencerse el término fijado en la ley para sustentar el recurso. La renuncia  fue  aceptada  por  el  Tribunal  y  comunicada  a  los  procesados,  a  quienes  habiéndoseles  enterado  de  la  renuncia  de  su defensor de confianza, se les  designó uno de oficio ante el silencio de éstos.   

7.  El 17 de marzo de 2016, el apoderado de  Francisco   Montero  Pérez  elevó  solicitud  ante  el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo,   encaminada  a  obtener  la  extinción  de  la  acción  penal  por  prescripción,  frente  al  punible  de  peculado  por apropiación, la cual fue  decretada  por el ad quem en  proveído  de  18  de  marzo  siguiente,  en  razón  de  lo cual redosificó la  sanción  a  favor  de este procesado y, le impuso como pena definitiva la de 24  meses  de  prisión  por el punible de concierto para delinquir agravado y en el  mismo  monto  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones  públicas.     

         8.  El  recurso  presentado  a  nombre  de  García Garay y Montero  Pérez  fue  concedido  mediante  auto  de  6  de  abril del año que trascurre,  mientras  que  frente al interpuesto por el defensor de los demás procesados el  Tribunal guardó silencio.    

LAS DEMANDAS  

         Libelo    presentado   a   nombre   de   Rafael   Antonio   García  Garay   

         El  abogado  de  este  acusado  por  la  vía  de la causal tercera  postula  un  cargo  contra  la  sentencia del Tribunal de Sincelejo, alegando un  error  in  iuidicando, para  luego    señalar    que    el    error    fue    in  procedendo  debido  a  que  las pruebas que fundan la  condena  contra Rafael Antonio García Garay no pudieron ser controvertidas, por  cuanto   los   testigos  nunca  comparecieron  al  juicio  a  ratificar  lo  que  manifestaron en la fase investigativa.   

         Con  base  en  lo  anterior,  sostiene  que los jueces de instancia  incurrieron  en la causal de nulidad prevista en el artículo 306, numeral 2, de  la Ley 600 de 2000.   

         

         Agrega  el  demandante  que  la  sentencia  se profirió sin que se  valorara  la  totalidad  de  las pruebas y se practicaran otras, necesarias para  ejercer  la  debida  controversia  y  acreditar  la  atipicidad  de  la conducta  endilgada al procesado.   

         

         En  orden a acreditar su tesis, inicia su discurso con una serie de  interrogantes,  siendo  el  primero si «Era realmente  Robert  Chávez  Pérez  miembro  de  las  Autodefensas  Unidas  de Colombia?»;  planteando  también la pregunta de si «El  concepto  paramilitar  puede hacerse extensivo a García Garay,  en  razón  de  su  amistad  con  Robert  Chávez  y el concepto generalizado de  paramilitarismo?»;  a los  que  contesta  que  en el expediente no hay prueba alguna demostrativa de que el  procesado  se  reunió  con  los cabecillas de esa organización delincuencial o  tuvo acercamiento con alguno de sus miembros.   

Critica  la conclusión del Tribunal acerca  de  que  la  responsabilidad  de  García  Garay  se  construyó  a partir de su  vínculo  de amistad con Robert Chávez Pérez, a quien también el ad   quem  dio  por  miembro  del  grupo  paramilitar.   

         Sobre  esta  persona, el defensor afirma que junto con sus amigos y  familiares   creó   el   «clan  Chávez»,  con  el  que realizó una serie de maniobras para desfalcar al  municipio  a  través  de  la  celebración  de  contratos  ficticios  desde que  regentaba  como  alcalde  Pedro Patrón, atribuyendo ese tipo de conductas a los  paramilitares  que  operaban  en  la  región, quienes una vez enterados de ello  procedieron  a  «limpiar»  el   nombre   de   la   organización   y  a  indagar  si  alias  «Cadena»,  estaba  tomando  parte  de la  defraudación,   averiguación   que  culminó,  afirma  el  libelista,  con  el  asesinato  de  Robert  Chávez. Y concluye: «Así las  cosas  se  puede  determinar  que de manera oficial, el señor Robert Chávez no  era  parte de esa organización criminal de las AUC, fue un estafador astuto que  logró  posesionarse  con argucias en la administración de Coveñas, y que bajo  el   engaño   de   ser  parte  de  una  organización,  desfalcar  esa  entidad  territorial».   

         De  otro  lado, indica que las pruebas que demostraban la inocencia  de  Rafael  Antonio  García  Garay, fueron desconocidas por lo falladores, pues  apenas fueron enunciadas en la sentencia.   

         Como  otra de las situaciones generadoras de nulidad por violación  al  debido  proceso,  aduce la falta de práctica de pruebas que se decretaron y  la  apreciación  de  otras  que  no  fueron acopiadas en la audiencia pública.   

         Señala  que  el  abundante  material  probatorio  llevado  por  la  Fiscalía  no  pudo ser controvertido, puesto que se compone en su gran mayoría  de  medios de convicción practicados durante la fase instructiva, motivo por el  que  el  fallo  «hace una reproducción transliterada  de la resolución de acusación».   

         Precisa  que  el  sustento  probatorio  de  la  responsabilidad del  acusado  en  el  delito  de  concierto  para delinquir agravado se fundó en los  señalamientos  que  ante  la  Fiscalía hicieron Policarpo López Orozco, Isaac  Chávez  Pérez,  Jesús  Chica  Garcés  y  Pedro  Patrón  Luna,  acerca de la  pertenencia del procesado al grupo paramilitar.   

         Hace  una  relación  de  las  pruebas  que  fueron  decretadas por  solicitud  de  la  defensa  o de oficio en la audiencia preparatoria y que no se  practicaron,  las  cuales estaban encaminadas a que la defensa controvirtiera la  acusación,  y  añade  el demandante, «más así, el  despacho  procedió  a  valorarlas  y  elevarlas  de (sic) medio de prueba de la  fiscalía  a  prueba  del  proceso,  cercenando  así  el  derecho  de defensa y  contradicción».   

         La  cobertura  de  la  nulidad la remonta incluso a la sentencia de  primera   instancia,  al  haberse  proferido  sin  que  el  juez  ejerciera  las  facultades    que   le   otorga   la   ley   para   hacer   comparecer   a   los  testigos.   

Demanda  presentada  a  nombre     de  Francisco    Ángel    Montero   Pérez   

         Para  la defensa de este acusado, la sentencia adolece de yerros de  apreciación  probatoria,  los cuales condujeron a que se emitiera sentencia sin  que  existiera  certeza  sobre  la  responsabilidad  penal  de  Montero  Pérez.   

    

1. El primer cargo se postula como una  violación  indirecta  de  la norma sustancial por error de hecho derivado de un  falso  juicio  de  identidad en la apreciación del testimonio de Samir Otero de  la  Ossa,  pues  aunque éste dijo que el paramilitar Willer Covo contaba con el  apoyo  de  contratistas  que  se  prestaban  para  fungir  como  tales  ante  el  municipio,  siendo  su  verdadera  intención la de servirle de testaferros para  entregarle  los  recursos  que  desembolsaba  el  municipio  de  Coveñas, nunca  mencionó entre ellos, a Francisco Ángel Montero Pérez.     

         El  yerro  lo  hace  consistir  en  que  el  Tribunal  «distorsionó»   el   contenido   del  testimonio     y    le    «adicionó»  el  nombre  de Francisco Ángel Montero Pérez, en tanto, dice el  casacionista,   el   deponente  jamás  señaló  que  uno  de  esos  ingenieros  contratistas del municipio fuera el acusado.   

         Como  otra  forma  de violación indirecta de la ley sustancial por  error  de  hecho, alude a un falso raciocinio que recayó en la apreciación del  testimonio  de  Isaac  Chávez,  quien  hizo  un  señalamiento  directo  contra  Francisco  Montero  Pérez,  acusándolo  de  haberse reunido con el paramilitar  Willer  Covo  para planear la forma de apropiarse del dinero de la contratación  del  municipio.  Para  el recurrente, dicha sindicación riñe con las reglas de  la  experiencia,  tornándola  falta  de  credibilidad,  debido  a  la relación  sentimental   existente   entre   Francisco   Montero  Pérez  y  la  compañera  sentimental  de  Isaac  Chávez, y por tanto, el marcado interés del declarante  en perjudicar al acusado.   

         La  regla  de  la  experiencia  que  plantea  el  demandante  es la  siguiente:  «Los  jueces de instancias (sic), en sus  sentencias  desconocieron  una  regla de la experiencia o postulado lógico como  es  que  un  hombre (Isaac Chávez) ofendido en su amor propio, en su virilidad,  debido  a  la infidelidad de su cónyuge se le nubla la razón y actúa motivado  por  los  celos  y el ánimo de venganza hacia el caballero (Francisco Montero),  que  se  atrevió  a  cortejar  y conquistar a la mujer del prójimo».   

         Agrega  que  la  relación  sentimental  a  que  se  refiere es una  circunstancia  probada  en  el  proceso, pero que el Tribunal dejó de apreciar,  contrariando  así  las  reglas de la lógica y generando una duda en torno a la  responsabilidad  de  este  procesado  en  el delito de concierto para delinquir.   

         Hace  ver  las  contradicciones en las que a su juicio incurrió el  testigo  Isaac  Chávez,  en  tanto  en  la primera versión hizo alusión a dos  reuniones  llevadas  a  cabo  en  el año 2003 en un apartamento en la ciudad de  Sincelejo,  para  luego  sostener  que  se realizaron en el 2004 en casas de esa  ciudad  y  del municipio de Corozal, y el Tribunal, al otorgarle credibilidad al  dicho  de  Isaac  Chávez,  desconoció  el  postulado  lógico  según  el cual  «Cuando  un  declarante cambia las circunstancias de  tiempo  y  lugar  de  los  hechos,  las  reglas de la experiencia indican que no  estuvo  en  posibilidad  de  percibirlos  y/o  denota  su interés en el asunto,  restándole        credibilidad        a       su       narración».   

         Aborda  lo  relacionado  con  el  informe  403565 de 23 de junio de  2008,  en  el  que  se  sostiene que el confeso paramilitar Wilber Covo, para el  año    2003,    arrendó   un   apartamento   en   el   edificio   «La Cascada»  de  la  ciudad  de  Sincelejo,  llamando  la  atención acerca de que no resulta  creíble  que  habiéndose  celebrado  las  supuestas reuniones clandestinas ese  año,  solo  después  de  un  año,  el  procesado  se  apropiara del valor del  anticipo  de un contrato que obtuvo con el municipio y que es lo que soportó el  cargo  en  su  contra  por  el  delito de peculado por apropiación, habiéndose  acreditado  a  través  de prueba pericial que nunca hubo tal, en tanto la firma  que  aparece  en el comprobante de egreso que demostraría el pago a su favor de  $41.560.780, resultó falsa.   

         Como  otro  principio  lógico  trasgredido el demandante sostiene:   

«La  juez a quo  desconoció  la  contundencia  de  la  prueba  técnica  pericial  y lo que ella  informa,  desconociendo  las  leyes  de  la  ciencia y olvidando una regla de la  experiencia,  cuando el beneficiario de un cheque no lo recibe, no lo endosa, su  firma  es  falsificada  y  tampoco lo consigna en su cuenta, ese beneficiario es  víctima de los delitos de falsedad y estafa».   

         Para  el demandante es un hecho cierto que Francisco Ángel Montero  Pérez  no  cobró  el cheque con el que se le estaba pagando un contrato, en la  medida  en que la prueba pericial acreditó la falsedad de su firma, de donde la  conclusión  de  los  falladores  acerca  de  que éste pudo valerse de terceras  personas   para  obtener  el  giro  del  dinero  a  su  nombre  y  su  posterior  apropiación,  carece de todo sustento y trasgrede los principios de la lógica,  así:   

         «Si  un  contratista  no  recibe  pago  alguno  por  un  contrato, las reglas de la experiencia indican que él no puede  financiar  una  organización ilegal y, por tanto, no se le puede endilgar   responsabilidad por el delito de concierto para delinquir».   

         Además,  señala,  el  testimonio  de Manuel Barrios demuestra que  fue  éste  quien  directamente y sin el consentimiento del procesado, endosó y  consignó el aludido cheque a la cuenta de Robert Chávez.   

         En  criterio del censor, también se desconoció el principio de no  contradicción,  puesto  que de haberse apreciado el testimonio de Isaac Chávez  en  su integridad, se habría concluido que en su declaración hace afirmaciones  demostrativas  de  la  inocencia  de Francisco Montero en el delito de concierto  para  delinquir  agravado, como cuando indicó que de los contratos pequeños no  se  trasladaban  recursos  a  las  AUC,  como era el caso de la construcción de  letrinas,  que  es  justamente el contrato por el que se condenó al acusado por  el delito de peculado.   

         Como  otra  infracción  a  dicho  principio lógico, afirma que el  Tribunal  reconoció  la  existencia  de  duda  probatoria en torno a uno de los  delitos  de  peculado,  pero  respecto  de  otros  sí  dio  por  demostrada  su  materialidad  y  responsabilidad en cabeza de Francisco Montero, lo cual resulta  un  contrasentido. En sustento de su aserto trascribe las consideraciones que al  respecto se expusieron en la sentencia.   

         En  el  mismo  sentido  se  refiere al quebranto de las leyes de la  ciencia,  como consecuencia de que el Tribunal desconoció la contundencia de la  prueba  pericial  que  dio  cuenta  de  la  falsificación de los documentos que  soportaban  el pago de un contrato adjudicado al acusado, con lo que se acredita  que de su parte no hubo la apropiación de recursos públicos.   

         La  petición  frente  al  reparo  que  postula  es  que se case la  sentencia,   para   que   se  absuelva  por  duda  a  Francisco  Ángel  Montero  Pérez.   

    

1. El  segundo  reproche  se plantea también como una violación indirecta de la norma  sustancial  como consecuencia de un error de hecho por falso raciocinio, el cual  condujo   a  que  el  procesado  fuera  condenado  por  el  delito  de  peculado  «consumado  y  tentado».     

En primer término, aclara que debido a que  para  el  momento  de presentación de la demanda «no  se  había  decretado  la prescripción de la acción penal, procede a atacar la  condena     por     este     delito     en    sede    extraordinaria».   

Sostiene  que  frente  al  contrato para la  canalización  de  aguas lluvias, en el que supuestamente el acusado se apropió  de  la  suma  de  $43.695.913,  fue  acreditada la falsedad de las firmas en los  comprobantes  de  pago  que  al  parecer habían sido suscritos por el ingeniero  Francisco  Montero,  circunstancia que desvirtúa la apropiación de los dineros  del municipio de Coveñas.   

En  ese orden, estima, el ad quem demeritó  el  dictamen  pericial  que  llegó a tal conclusión, infringiendo de esa forma  las  leyes de la ciencia y las reglas de la experiencia, esto último por cuanto  en  casos  en que «el beneficiario de un cheque no lo  recibe,  no  lo  endosa,  su  firma  es  falsificada y tampoco lo consigna en su  cuenta,  ese  beneficiario  es víctima de los delitos de falsedad y estafa pero  nunca  responsable  de  los  delitos  de  peculado  por apropiación».   

Básicamente,  respecto del presente reparo  reitera  lo  que  expuso  en el anterior, también postulado como una violación  indirecta de la norma sustancial.   

Pasa  a  referirse  al  contrato  para  la  construcción  del Colegio Pio XII, en el que al parecer se pagó al contratista  Francisco  Montero  la  suma  de  doscientos  quince millones de pesos, pero que  finalmente  no  se  cancelaron  por  lo  que la conducta fue calificada como una  tentativa,  consideración  que  el censor considera equivocada, pues es claro y  dice,  lo  admite  el  Tribunal,   que  el  procesado no se apropió de esa  suma.    

Solicita  que se case la sentencia para que  se absuelva al acusado del delito peculado por apropiación.   

     CONSIDERACIONES DE  LA CORTE   

Cabe  recordar que cualquiera sea la causal  invocada,  la  demanda  de  casación no es un escrito de libre elaboración, en  tanto  debe  cumplir  los  requisitos establecidos en el artículo 212 de la Ley  600  de  2000,  consistentes  en citar las normas que se consideran infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos completos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,  además  de  demostrar  la trascendencia del yerro en la decisión,  absteniéndose  de  atacar  el poder demostrativo otorgado por el fallador a los  medios  de  convicción  con  base  en  posturas  personales  y  producto  de la  especulación.   

También oportuno es recordar que el libelo  debe  desarrollarse  de  acuerdo  con  los  principios que regulan la casación,  cuales   son,   el   de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales,    coherencia,    no   exclusión   y   no  contradicción.   

«Los dos primeros  (sustentación  suficiente y limitación), derivan del carácter dispositivo del  recurso,  e  implican que la demanda debe bastarse a sí misma para propiciar la  invalidación  del  fallo,  y que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos,  ni a corregir sus deficiencias.   

El de crítica vinculante, presupone que la  alegación  debe  fundarse  en las causales previstas taxativamente por la misma  normatividad,  y  que  se somete a determinados requisitos de forma y contenido,  dependiendo  de  la  causal  invocada.  Y  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión   y  no  contradicción,  implican  que  el  discurso  debe  mantener  identidad  temática,  y  ajustarse  a  los  requerimientos  básicos de lógica  general     y    lógica    jurídica».  (CSJ AP, 17  jun. 2015, rad.45007).   

Todo  lo  anterior  en  aras  de  que  el  recurrente  no  incurra  en  cualquiera  de  las  situaciones  que da lugar a la  inadmisión  de  la  demanda, tal y como lo indica el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Una   vez  clarificado  lo  anterior,  se  abordará  el  estudio  de los reparos postulados por los impugnantes, contra la  sentencia del Tribunal Superior de Sincelejo.   

         Calificación de las demandas   

    

1. Libelo    presentado   a   nombre   de   Rafael   Antonio   García  Garay     

     

1. Cargo único-Nulidad     

Con  relación  a  la  acreditación de la  causal  de  nulidad,  si  bien,  la  Sala  ha  dicho que es menos exigente en su  demostración  que las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión  y  claridad  a  identificar la clase de irregularidad sustancial que  determina  la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos fácticos, indicar los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón de su quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a  partir de la cual se produjo el  vicio, así como la cobertura de la nulidad.   

Igualmente,   corresponde   al   censor  evidenciar  que procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar  que la anomalía denunciada tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

También debe indicarse que la declaratoria  de  nulidades  se  enmarca dentro de los principios que las regulan, que si bien  no  aparecen consagrados normativamente en el Código de Procedimiento Penal, si  han  sido  objeto  de  desarrollo  por  la  jurisprudencia de la Sala, según la  cual:   

Tales   axiomas   se  concretan  en  los  siguientes  postulados:  sólo  es  posible solicitar la nulidad por los motivos  expresamente  previstos  en  la  ley  (principio de taxatividad); quien alega la  configuración  de  un  vicio  enervante debe especificar la causal que invoca y  señalar  los  fundamentos  de hecho y de derecho en los que se apoya (principio  de   acreditación);   no  puede  deprecarla  en  su  beneficio  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta  haya  dado  lugar  a la  configuración  del  yerro  invalidante,  salvo  el  caso de ausencia de defensa  técnica  (principio de protección); aunque se configure la irregularidad, ella  puede   convalidarse   con  el  consentimiento  expreso  o  tácito  del  sujeto  perjudicado,  a  condición  de  ser  observadas  las  garantías  fundamentales  (principio   de   convalidación);   no  procede  la  invalidación  cuando  el  acto  tachado  de irregular ha cumplido el propósito  para  el  cual  estaba  destinado, siempre que no se viole el derecho de defensa  (principio   de   instrumentalidad);   quien  alegue  la  rescisión  tiene  la obligación indeclinable de  demostrar  no sólo la ocurrencia de la incorrección denunciada, sino que ésta  afecta   de  manera  real  y  cierta  las  bases  fundamentales  del  debido  proceso  o  las garantías constitucionales (principio de  trascendencia)  y,  además,  que  para  enmendar  el  agravio no existe remedio  procesal    distinto    a    la    declaratoria   de   nulidad   (principio   de  residualidad). (CSJ      AP,      17      jun     2015,     rad.46309).   

Para el presente asunto, el recurrente pone  de  presente  varias  irregularidades  que  a  su  juicio  tienen  el  efecto de  invalidar  lo  actuado;  la  primera  de  ellas  porque  la  defensa  no tuvo la  oportunidad      de     «controvertir»  las  pruebas  testimoniales practicadas en la fase instructiva.  Sin  embargo,  al  intentar  demostrar ese reproche realiza toda una valoración  probatoria, contestando interrogantes que él mismo plantea.   

Al  respecto,  valga  reiterar,  que si la  intención  del  demandante  es la de poner de manifiesto yerros del Tribunal en  la  valoración  de las pruebas, el camino correcto es la causal primera, cuerpo  segundo,  del  artículo  207  del Código de Procedimiento Penal, en donde debe  especificarse  si  los  vicios  son  de hecho o derecho y de qué tipo, esto es,  existencia,  identidad,  raciocinio,  legalidad  o  convicción, cada uno de los  cuales contempla presupuestos argumentativos propios.   

Adicionalmente,  en  gracia de discusión,  debía  plantear  un  yerro  de  esa  naturaleza a través de cargo separado, en  cumplimiento  del  principio  de  autonomía  de  las  causales que rige la sede  extraordinaria,  al  tiempo  que  abstenerse  de  presentar  en un solo discurso  cuestionamientos  que  corresponden  sustentarse  de  acuerdo con cada una de la  causales, en forma lógica e independiente.   

Así,  por  ejemplo,  cuando afirma que la  sentencia  se  profirió  sin  que  se  valorara  la  totalidad  de  las pruebas  allegadas,  era  deber  del  censor,  primero,  plantear esa queja por la causal  antes  indicada,  proponiendo  un  error de hecho por falso juicio de existencia  por  omisión y, segundo, identificar cuál o cuáles fueron las pruebas dejadas  de  apreciar,  acreditando  que  éstas se incorporaron legalmente y hacen parte  del conjunto probatorio, así como su trascendencia.   

Empero, el impugnante se queda en el plano  enunciativo  al  limitarse a ese presunto error de apreciación probatoria, para  seguidamente  hacer  una  serie de estimaciones sobre los medios de convicción,  concluyendo  que  no se acreditó la participación del acusado en las reuniones  que  hacían los miembros de las AUC con funcionarios de la Alcaldía, dirigidas  a   manipular   lo  relacionado  con  la  contratación  del  ente  territorial.   

En sustento de ello expone su criterio en  torno  a los hechos, los cuales afirma, obedecieron a la concertación de Robert  Chávez  con  sus  familiares, para a través de contratos apropiarse de dineros  públicos  en  su  favor,  sin  que  en  tal  proceder haya tenido injerencia el  entonces alcalde Rafael García Garay.   

Y  en  otra  apreciación  personal de las  pruebas,  descalificada  lo  señalado  por los testigos Policarpo López, Isaac  Chávez,  Jesús  Chica  y Pedro Patrón, acerca de la pertenencia del procesado  al  grupo  de  paramilitares, pero sin evidenciar que en esa labor estimativa el  Tribunal  incurriera  en algún error de valoración, simplemente porque todo el  discurso  de la demanda se sustenta en la tesis personal del libelista acerca de  que  quien  se  apropió  de  los  recursos  del  municipio  fue Robert Chávez,  utilizando  como  bandera  al grupo de autodefensa, pero que luego fue asesinado  por  esa organización, en represalia por haber desfalcado las arcas públicas a  nombre de ese colectivo ilegal.   

De   otro   lado,   al   manifestar   su  inconformidad  con  el  indicio  de  responsabilidad que construyó el ad quem a  partir  del hecho probado de la amistad de García Garay con Robert Chávez, tal  reparo  era  menester argumentarlo como un falso raciocinio por infracción a la  pautas  de la sana crítica y acreditar que el fallador desconoció las máximas  de  la  experiencia,  en  el  entendido que no podía deducir la pertenencia del  acusado  como  financiador  a  las AUC, por el hecho de que éste fuera amigo de  uno  de  sus  confesos  miembros  y  compañero  suyo  en la administración del  municipio.  Del mismo modo, demostrar que tal conclusión no podía adoptarse al  valorar conjuntamente los medios de convicción.   

De  lo  anterior se extrae, que además de  que  cada  una de las inconformidades que se postulan por el cargo de nulidad no  tienen  relación alguna con el mismo, pues tal ejercicio tenía que hacerse por  la  senda  de otra causal, según quedó visto, también se advierte que ninguno  de   los  yerros  de  valoración  probatoria  corresponde  a  los  presupuestos  argumentativos  de los errores de hecho que en últimas, pero en forma tácita y  meramente enunciativa, se plantean.   

Ahora  bien,  como se indicó en párrafos  anteriores  el reparo de nulidad se sustenta en varias situaciones, entre ellas,  la   imposibilidad   de   controvertir  la  prueba  practicada  en  la  fase  de  instrucción   y   que  sirvió  de  fundamento  a  la  sentencia  condenatoria.   

Empero,  el  censor  deja  de  identificar  cuáles  son  las pruebas en que el Tribunal fundó su conclusión acerca de que  el  procesado era responsable del delito de concierto para delinquir, en aras de  establecer  cuáles de ellas fueron practicadas en la fase instructiva y cuáles  en  el  juicio,  además  si  algunos de los que rindieron su declaración en la  investigación  ante  la  Fiscalía, fueron llamados nuevamente a declarar en la  audiencia pública y, de ser así, si comparecieron o no.   

Es  decir, desconoce la Sala los medios de  convicción  respecto  de  los cuáles se alega su falta de contradicción y por  lo  mismo,  su transcendencia en el fallo, faltando de tal forma el censor a los  principios  de  sustentación  suficiente  y  crítica  vinculante que guían el  recurso extraordinario.   

Sin embargo, en cumplimiento de su deber de  ejercer  control  de  legalidad al proceso, la Sala verificó el contenido de la  sentencia,  advirtiendo  que  los testimonios que tuvo en cuenta el ad  quem  para  confirmar  el compromiso  penal  de  García  Garay  en  el  delito  de concierto para delinquir agravado,  fueron  los  de Policarpo López, Isaac Chávez, Pedro Padrón Luna, Samir Otero  de  la  Ossa, Iván Moreno y Alí Teherán Ricardo, frente a los que el defensor  de  Rafael  García  Garay  no  elevó  solicitud alguna durante el traslado del  artículo  400  de  la  Ley  600 de 2000, para que rindieran su testimonio en el  juicio,  por  manera que ahora no puede alegar una presunta nulidad originada en  una  situación que éste no procuró evitar, estando en posibilidad de hacerlo.   

Adicionalmente, olvida el recurrente que  en  el  procedimiento de la Ley 600 de 2000, normativa por la que se tramitó el  presente  asunto,  rige  el  principio  de permanencia de la prueba que si bien,  eventualmente  impide la confrontación de los testigos por la contraparte, pues  es  posible  que  en  la  investigación  una  declaración  se practique sin la  participación  de  la  defensa  y  luego  el  juez la valore con plenos efectos  probatorios,  no se dice lo mismo en torno al derecho a controvertirlos, el cual  se  garantizó  en  este  caso,  puesto  que  en varias ocasiones el defensor de  García  Garay ha criticado su credibilidad, agotando el ejercicio de cotejar el  contenido de sus declaraciones con otras probanzas.   

Abordando  otro  de los motivos de nulidad  que  se  invocan,  relativo a la falta de práctica de varias de las pruebas que  se  decretaron  en  la  audiencia preparatoria, debe decir la Sala que el censor  incurre  de  nuevo  en  la  omisión  de  indicar a qué pruebas se refiere y su  trascendencia  en  el  fallo,  esto  es,  demostrar  que  las  mismas tenían la  vocación  de  quebrar  la conclusión acerca de la autoría de García Garay en  el punible de concierto para delinquir agravado.   

Al  pretender  cumplir  con  esta  carga  demostrativa,  enumera  los medios de convicción cuya práctica se ordenó pero  que  finalmente no se llevó a cabo, para luego señalar que no obstante ello el  juez  los  apreció, afirmación que riñe con el principio de coherencia propio  del  recurso  de  casación,  pues  además  que  una crítica en esos términos  tenía  que  invocarse  como una violación indirecta de la norma sustancial por  error  de  hecho  derivado de un falso juicio de existencia por suposición, mal  puede  echarse  de  menos una prueba para al mismo tiempo oponerse a que el juez  la aprecie.    

Como se advierte sin mayor dificultad, son  múltiples  los  yerros  en  los que incurre la defensa de Rafael García Garay,  motivo   por   el   que   la   demanda   presentada   a   su   favor  habrá  de  inadmitirse.   

    

1. Libelo  presentado  a  nombre  de  Francisco  Ángel Montero Pérez     

Por  la vía de la violación indirecta de  la   norma   sustancial   se  proponen  dos  reparos  por  presuntos  yerros  de  apreciación probatoria.   

     

1. El  primero  de  ellos,   por  falso  juicio de identidad, al considerar que el  Tribunal  distorsionó  al  tiempo que adicionó el testimonio de Samir Otero de  la  Ossa,  puesto  que  a  partir  de  su  declaración  dio  por probado que el  procesado  Francisco  Montero  era  uno  de los contratistas que se prestó para  desfalcar  al  ente territorial, en favor de las AUC cuando en momento alguno el  testigo hizo un señalamiento en tal sentido.     

De la lectura del fallo de primer grado se  extrae     que     el    ad    quem    concluyó  que  el  acusado  en  cita  fue  una de las personas que  contrató  con  el  municipio para que la organización paramilitar se apropiara  de  los  recursos  que  se  desembolsaron  para  la  ejecución de contratos que  finalmente no se cumplieron.   

Sin embargo, tal deducción no la extrajo  el  Tribunal del testimonio de Samir Otero, sino que a lo dicho por éste acerca  de  que  la  organización paramilitar contaba con un grupo de contratistas para  cometer  el  fraude, le sumó lo atestado por el testigo Isaac Chávez acerca de  que  Montero  Pérez se reunió en varias oportunidades con Willer Covo, miembro  de  la  organización,  con  el  objeto  de  finiquitar  los detalles del operar  delictivo,  lo  cual  adicionado a las varias irregularidades que se advirtieron  en  los  contratos  adjudicados  al  supranombrado,  sirvió  de sustentó a los  jueces  de  instancia para concluir demostrada su participación en el delito de  concierto  para  delinquir  agravado,  por  contribuir  en  la financiación del  aparato paramilitar.      

Para  mayor claridad, oportuno es citar lo  que  sobre  la  prueba  presuntamente  distorsionada  o  adicionada,  afirmó el  ad quem:   

«Con respecto al delito de concierto para  delinquir   atribuido   a  Francisco  Montero,  hay  que  decir  que  según  la  declaración  de Samir Otero de la Ossa, el paramilitar Wíller Covo contaba con  un  grupo  de  contratistas que le servían de testaferros lo cual es veraz a la  luz  de la razón, por cuanto en el propósito de la organización ilegal AUC de  apoderarse  de  las  regalías del municipio de Tolú, era de absoluta necesidad  contar  con  los  contratistas,  puesto que era a través de la contratación de  las  obras  públicas  como  se  podía  lograr semejante designio»1                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           

        Como  se  observa,  ninguna  adición  o  distorsión  se  advierte  respecto  del  testimonio  que  se  acusa de haber sido indebidamente apreciado,  motivo  que  explica  la omisión del demandante de agotar el obligado juicio de  comparación  entre  el  contenido  de  la prueba y lo que de ésta concluyó el  sentenciador  como  lo  impone el principio de sustentación suficiente, además  de  que  el ataque debió postularse por la senda de un falso raciocinio, ya que  fue  a partir de prueba indiciaria que el Tribunal dedujo la responsabilidad del  acusado  en  el  punible  de  concierto  para delinquir agravado, tal y como esa  Corporación lo reconoce al indicar:   

«Por  otra  parte,  es  cierto  que si se  hubiera  realizado una investigación mucho más exhaustiva, llamando a declarar  al   entonces   jefe  de  planeación,  se  hubiera  podido  obtener  una  mayor  aproximación  a  la verdad, fin último del proceso penal, pero esa falencia no  juega  a favor de Francisco Montero, toda vez que la investigación fue prolija,  vasta,  completa y suficiente para deducir, bien a través de la prueba directa,  o  bien  a  partir de la prueba indiciaria, la responsabilidad del acusado en el  binomio delictual por el cual debe responder»   

        Abordando   otra   de   las  violaciones  indirectas  de  la  norma  sustancial  que  denuncia el recurrente, relacionada con un falso raciocinio que  dice  recayó sobre el testimonio de Isaac Chávez, deja de precisar cuál es la  regla  de  la  experiencia  que  se  desconoció,  es  decir no la identifica ni  tampoco   acredita   que  la  misma  cumpla  las  exigencias  de  generalidad  y  universalidad  que  la gobiernan, dado que reduce la discusión a un problema de  credibilidad  del  testimonio a partir de una situación especulativa como lo es  el  ánimo  del declarante de querer vengarse de Francisco Ángel Montero Pérez  por  haberse  involucrado con su esposa, y que en criterio del censor desdice de  la veracidad de esta prueba.   

El demandante deja de lado la sustentación  que  exige  un  reparo  de  falso  raciocinio,  que  le  impone demostrar que el  juzgador   deriva   del   medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las  leyes de la ciencia o las reglas de la experiencia.   

También  extraña  la Corte la indicación  objetiva  acerca  de qué dice el medio probatorio, cuál fue la inferencia a la  que  equivocadamente  arribó  el  juzgador y cuál es la correcta, así como el  mérito  persuasivo  otorgado y, en este caso, la máxima de experiencia que fue  desconocida  en  el  fallo, así como su trascendencia en la decisión del juez,  esto  es,  que  de  haberse  optado  por  el raciocinio correcto, la conclusión  habría  sido  sustancialmente  diferente  a la acogida en la sentencia, aspecto  que  a su turno le asignaba al censor el deber de desacreditar los demás medios  de  convicción,  de  cuyo análisis conjunto el Tribunal dedujo la autoría del  acusado en el delito de concierto para delinquir agravado.   

         Empero  tal  examen  fue del todo pretermitido, en tanto la censura  que  se  plantea respecto del testimonio de Isaac Chávez se encamina claramente  a  atacar  la credibilidad del declarante con base en apreciaciones personales y  sesgadas   del   recurrente,   además   de   intentar   mostrar  una  serie  de  contradicciones  en  el  dicho  del testigo que en nada desdicen de los aspectos  sustanciales  del  mismo,  pues  se  remontan a diferencias en fechas y lugares,  más  no  en  las  reuniones que Francisco Montero sostuvo con un miembro de las  AUC,  para  planear  la  manera  en  que  los recursos que éste recibiría como  contratista llegarían a las arcas de la organización ilegal.   

         Y  en  un  fallido  intento  por  acreditar  la  infracción  a los  principios  de la lógica, propone el desconocimiento de un postulado propio que  seguidamente  denomina  regla de la experiencia, olvidando que una queja en esos  términos  debe  enmarcarse  dentro  de  los principios generales de la lógica,  cuales  son, identidad, no contradicción, tercero excluido y razón suficiente,  más   no  en  reglas  particulares  producto  del  razonamiento  de  quien  las  propone.   

         

Incursiona  en similar desatino al afirmar  que  el  ad quem desconoció  el  principio  lógico  de  no  contradicción  por  haber  dejado  de  apreciar  integralmente  el testimonio de Isaac Chávez, queja que corresponde encuadrarse  como  un falso juicio de identidad por cercenamiento, en donde debe mostrarse el  contenido  de la prueba y aquel que fue tenido en cuenta por el sentenciador, en  orden  a  hacer  ver  cuál fue el aparte desconocido y su importancia, esto es,  que  de  haber  sido valorada integralmente la prueba, la decisión habría sido  en un sentido distinto.   

         Además,  al  enunciar  el  desconocimiento de un principio lógico  para  afirmar  la  infracción  a las reglas de la experiencia, hace palpable la  incoherencia  de su argumentación, mismo error en el que incurre al referirse a  la  prueba  pericial  grafológica  para  reprochar  la condena por el delito de  peculado por apropiación.   

         Aquí  cabe  aclarar  que  los  reproches  encaminados  a atacar la  condena  por  el  delito de peculado por apropiación no serán abordados por la  Corte,  toda  vez  que  con  posterioridad  a  la presentación de la demanda de  casación,  frente  a  tal  conducta,  el  Tribunal decretó la extinción de la  acción  penal  por  prescripción  de la misma, motivo por el que resulta inane  estudiar tal  aspecto de la demanda.   

         

En ese orden de ideas, dados los evidentes  errores  de  postulación  y fundamentación de los que adolecen las demandas de  casación  promovidas  por  los  defensores  de Rafael García Garay y Francisco  Montero, las mismas serán inadmitidas.   

        Inhabilitación   para   el   ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas-art. 122 constitución política   

        Advierte   la  Corte  un  yerro  en  el  cálculo  de  la  pena  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, la cual  opera  como  sanción  accesoria  frente  al delito de concierto para delinquir,  única  conducta  por  la  que  fueron  declarados  penalmente  responsables los  acusados,  pues  frente  a  la  condena  por  delitos  contra la administración  pública,    se    decretó    la   extinción   de   la   acción   penal   por  prescripción.   

        En  efecto,  a  los  procesados Sergio Antonio Tapia Sierra, Carlos  Alberto  Olivera  García, Eladio Antonio Muentes Ávila, Bertilio Manuel Orozco  Romero,  Manuel  Francisco  Ríos  Revuelta,  Obelio Andrés Cárdenas Álvarez,  Abel  Antonio  Toscano Benítez, Duberley Garay Mendoza y Rafael Antonio García  Garay,  se  les  impuso la pena de 72 meses de prisión, multa de 2.000 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la sanción privativa  de la libertad.   

Por  otra  parte,  la  sanción  fijada  a  Francisco  Ángel  Montero  Pérez  fue  de 24 meses de prisión, multa de 704.1  salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  24  meses  como  autor de  concierto  para  delinquir,  montos  que  en  últimas  se  impusieron  ante  la  prescripción  de  la  acción  penal  respecto  de  los delitos de peculado por  apropiación y contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

        Al  respecto  observa  la  Corte  que la pena accesoria infringe el  principio  de  legalidad  de la sanción, puesto que por mandato constitucional,  cuando  quiera  que  la declaración de responsabilidad penal tenga su origen en  delitos  relacionados  con  la  financiación  de  grupos  ilegales, entre otros  comportamientos  cometidos  en  cualquier  tiempo,  la  inhabilitación  para el  ejercicio de ciertos derechos políticos es a perpetuidad.   

        El     siguiente     es     el     contenido     de     la    norma  constitucional:   

«Art. 122 Constitución Política (Inciso  5º).  Modificado  artículo 4 del  Acto Legislativo 1 de 2009. El nuevo texto  es  el  siguiente:  Sin perjuicio de las demás sanciones que establezca la ley,  no  podrán  ser  inscritos  como  candidatos  a cargos de elección popular, ni  elegidos,  ni designados como servidores públicos, ni celebrar personalmente, o  por    interpuesta    persona,    contratos    con   el   Estado,   quienes  hayan  sido  condenados,  en  cualquier tiempo,  por la comisión de delitos que afecten el patrimonio del Estado  o   quienes   hayan   sido   condenados  por  delitos  relacionados  con  la  pertenencia, promoción o financiación de grupos armados  ilegales,   delitos   de   lesa   humanidad   o  por  narcotráfico en Colombia o en el exterior».   

Teniendo  en  cuenta  que  la  Sala  ya ha  interpretado  el  mandato  constitucional en cita, en el sentido de que ésta es  una  sanción   que  opera  de  pleno  derecho  y  que  aplica para delitos  cometidos       en       cualquier       tiempo2,  es  decir, incluso respecto  de  conductas  cometidas  con anterioridad a la norma que modificó el artículo  122  superior,  como  así  se  desprende expresamente del texto constitucional;  corresponde   indicar   que   todos   los   procesados  en  este  asunto  quedan  inhabilitados  intemporalmente  para  ser  inscritos como candidatos a cargos de  elección  popular,  ser  elegidos o designados como servidores públicos y para  celebrar  personalmente o por interpuesta persona contratos con el Estado.    

Lo  anterior  no  implica  trasgresión al  principio   del   non   bis   in   ídem  pese a que la sanción se está modificando en disfavor de los no  recurrentes  y de dos procesados que son recurrentes únicos, puesto que como se  indicó,  tal pena por provenir directamente de la Constitución y no de la ley,  impone  que  la  misma  opere  de  pleno  derecho,  es decir, que no requiere de  declaración  judicial  para que aplique, de donde la omisión de los falladores  de  instancia al guardar silencio sobre la misma, no es óbice para que ahora la  Sala haga la respectiva aclaración.   

Cuestión final  

De  la  misma  manera, la Sala advierte un  error  en  la dosificación de la pena a que se hizo merecedor Francisco Montero  Pérez,  puesto  que el fallador de primera instancia tomó como tipo base el de  peculado  por  apropiación  y  la  pena  imponible que se prevé para el autor,  cuando este acusado fue condenado como interviniente.   

Es así que fijó la pena para el peculado  en  el  rango  de  los  72 a los 144 meses de prisión, imponiendo finalmente 72  meses;  a  este  valor  aumentó  24  meses  por  el  punible  de concierto para  delinquir  y 16 meses más por el comportamiento de contrato sin cumplimiento de  requisitos legales.   

Luego  como respecto de estos dos últimos  comportamientos  el  reproche  fue a título de interviniente, redujo a cada uno  de  esos  dos  montos la cuarta parte, es decir, los 72 meses de prisión por el  peculado  se  redujeron a 54 meses y los 16 meses de prisión por la conducta de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  a 12 meses; por lo que al  sumar  estas  cantidades,  más  24  meses  por  el  delito  de  concierto  para  delinquir, la pena de prisión quedó en 90 meses.   

Al  resolver  el  Tribunal  el  recurso de  apelación  contra la sentencia de primer grado, extinguió por prescripción la  acción  penal  respecto  del punible de contrato sin cumplimiento de requisitos  legales,  motivo  por  el  que la sanción para Francisco Montero se tasó en 70  meses,  al  restarle  20  meses a los 90 que se impusieron en primera instancia,  pues  el  ad quem, concluyó  erradamente  que  por  el  punible  de  contrato  sin cumplimiento de requisitos  legales  el  juez  de  primer  grado  hizo  un incremento de 20 meses, cuando en  realidad fue de 12 meses.   

Adicional  a lo anterior, al prescribir la  acción  penal  por el punible de peculado por apropiación a través de un auto  interlocutorio,  cuando  ya había emitido el fallo de segunda instancia, quedó  vigente  la condena por el concierto para delinquir agravado que el a  quo tasó en 24 meses, siendo este el  quantum  definitivo  de  la  pena de prisión al que se hizo merecedor Francisco  Montero.   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 

Como se observa, fueron varios los errores  de  los  jueces de instancia en el cálculo de sanción, pues en primer lugar la  pena  base  era  la  del  delito de concierto para delinquir agravado que oscila  entre  72  y 144 meses de prisión, la cual debió ser la de 72 meses, siguiendo  los   mismos   criterios  que  el  a  quo  tuvo  respecto de los demás acusados, siendo en últimas este el  monto  que  correspondía  al  procesado  Montero  Pérez,  una  vez  hechos los  descuentos  punitivos ante la prescripción de la acción penal para los delitos  de  peculado  por apropiación y contrato sin cumplimiento de requisitos legales  y no el de 24 meses que concluyó el ad quem.    

        Igual  sucede con la pena de multa que fue fijada en 2.000 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, que es el monto que corresponde al extremo  mínimo  de  la sanción pecuniaria establecida para el delito de concierto para  delinquir  agravado,  que  en  el  caso de Francisco Montero Pérez es el delito  base.  Sin  embargo,  como  los jueces de instancia erraron en la selección del  tipo   base,  la  multa,  luego  de  prescritos  los  delitos  de  peculado  por  apropiación  y  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales, se determinó  en  704.1 salarios mínimos legales mensuales vigentes, cuando el monto correcto  era el de 2.000 de estas unidades.   

        No  obstante, la Sala no puede ajustar la pena a su legalidad, toda  vez  que  de  hacerlo  agravaría  la  situación del procesado, quien junto con  Rafael  García  Garay, fueron los únicos sujetos procesales que se opusieron a  la  decisión  del  Tribunal,  motivo  por  el  que  debe  darse  prevalencia al  principio   de  no  reformatio  in  pejus  frente  al principio de legalidad de la sanción como ya lo tiene  decantado             la             Sala3   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema       de      Justicia,      administrando  justicia  en  nombre  de la República de Colombia y  por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

PRIMERO:     INADMITIR  las  demandas  de casación presentadas por los defensores de los  procesados   Rafael   Antonio   García   Garay   y   Francisco  Ángel  Montero  Pérez.   

SEGUNDO: ACLARAR,  el  fallo  de  segunda instancia proferido por el Tribunal Superior de Sincelejo  el  19  de  noviembre  de  2015, en el sentido de que la pena de inhabilitación  para  el ejercicio de los derechos y funciones públicas a las que se refiere el  inciso  5º  del  artículo  122  constitucional  es  intemporal  para todos los  procesados en este asunto.   

Comuníquese  y devuélvase al Tribunal de  origen.   

GUSTAVO E. MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSE LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  80 sentencia de segunda instancia.   

2 Ver  CSJ  SP,  9  feb.  2016, rad. 47362; CSJ SP, 21 oct.2015, rad. 45880, CSJ SP, 12  nov. 2014, rad. 43582; CSJ SP, 19 jun. 2013, rad. 36511.   

3 CSJ  SP, 9 mar. 2016, rad. 46614     

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