AP4890-2016(45132)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP4890-2016  

Radicación N° 45.132  

(Aprobado Acta Nº 224  

Bogotá  D.C.,  veintisiete (27) de julio dos  mil dieciséis   

VISTOS  

          Decide  la  Corte  sobre la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  ÉDGAR  EDUARDO  OSPINA  MONTAÑO,  contra la  sentencia  del  11  de  septiembre  de  2014,  proferida  por  la Sala Penal del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de San Gil.   

I. HECHOS  

             El  28  de  julio  de 2012, a las 6:30 p.m. aproximadamente,  tres  hombres  armados  con  pistolas  y revólveres arribaron a la hacienda Las  Margaritas,  ubicada  en  el  municipio de Bolívar (Santander), que había sido  arrendada  a  Francisco  Armando  Garzón  para  el  mantenimiento  de machos de  levante  y  ceba.  Los  sujetos,  quienes  se identificaron como miembros de las  autodefensas      bajo      el      mando      de      alias     “Guacharaco”,  despojaron inmediatamente  de  sus  teléfonos  móviles a los trabajadores María del Carmen Arcila y Luis  Daniel  Benavides.  Enseguida, llegó el “comandante  Guacharaco”  y  aquéllos procedieron a registrar la  casa en busca de una supuesta caleta de dinero.   

          Momentos  después, cuando el encargado de la hacienda Alirio Vargas  Benavides  regresó, los asaltantes lo ataron de manos a él y a sus compañeros  de  trabajo  y  los  encerraron  en  una  habitación,  quedando bajo custodia y  vigilancia de uno de los agresores.   

          Los  sujetos  se  apoderaron  de  elementos  del  ajuar  doméstico,  herramientas,  productos  agrícolas,  comestibles y bienes muebles de propiedad  del  arrendatario  de  la  hacienda  y  de  sus  empleados,  que cargaron en una  camioneta  de  estacas  y  un automóvil, identificados, en su respectivo orden,  con  las placas NVL-204 y NAH-208. Posteriormente, los individuos abandonaron el  lugar,  pero  dejaron  a  los  moradores  de la casa maniatados y encerrados con  candado.   

          A  las  11:50  p.m.,  agentes  de la Estación de Policía de Puerto  Serviez  detuvieron  en  un puesto de control la camioneta, conducida por ÉDGAR  EDUARDO  OSPINA  MONTAÑO,  en  compañía  de ÁNGELA MARÍA MEJÍA HIGINIO. Al  hallar  los  policías una nevera, equipos de sonido, herramientas, fumigadoras,  un  revólver  cargado  con  seis  cartuchos  y  una  escopeta  calibre  16  con  munición, dieron captura a aquéllos.   

         

          Enterados  por una vecina que en Las Margaritas se estaba realizando  un   “trasteo”,   los  agentes  pidieron  apoyo  a  la  patrulla  GOES-Hidrocarburos, cuyos integrantes  interceptaron  al  vehículo de placa NAH-208 a las 12:40 horas del 29 de julio.  El  Intendente  Orlando  Gonzáles Espitia identificó a sus ocupantes como EVER  DE  JESÚS  LONDOÑO  CANO, JOSÉ GABRIEL PÉREZ GÓMEZ y RUBÉN GANDEIRO QUIROZ  MARTÍNEZ,  quienes  llevaban  en  el  carro un bolso azul, ropa, dos celulares,  joyas  y  otros  elementos  cuya posesión no supieron explicar. Por esa razón,  los  trasladaron  a  la estación, donde se hizo evidente el vínculo entre EVER  DE JESÚS LONDOÑO CANO y ÁNGELA MARÍA MEJÍA HIGINIO.   

          Así,  establecido  el nexo entre los dos automotores, sus ocupantes  y  lo  informado  en  relación  con  la hacienda La Margarita, los policías se  dirigieron  a ese lugar a la 1:00 a.m. Encontraron a EDWIN ANDREY ARENAS RIAÑO,  quien  en  una  motocicleta  cumplía la función de “campanero”, y tuvieron  que  derribar  la  puerta para rescatar a los tres trabajadores, quienes estaban  amarrados  y  encerrados  con candado. Al ser liberados, aquéllos dijeron haber  sido   víctimas   de  un  grupo  de  desconocidos  que  se  apoderaron  de  sus  pertenencias y de elementos de la finca.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

          Por  los  referidos  hechos,  en  audiencia del 30 de julio de 2012,  celebrada  ante  el  Juzgado  3º  Penal  Municipal  con  Función de Control de  Garantías  de  Puerto  Boyacá, luego de legalizarse las capturas, la Fiscalía  imputó  a  ÉDGAR EDUARDO OSPINA MONTAÑO, ÁNGELA MARÍA MEJÍA HIGINIO, EDWIN  ANDREY  ARENAS RIAÑO, EVER DE JESÚS LONDOÑO CANO, JOSÉ GABRIEL PÉREZ GÓMEZ  y  RUBÉN  GANDEIRO  QUIROZ  MARTÍNEZ,  en  calidad  de  coautores,  la posible  comisión  del  concurso  heterogéneo  de  conductas  punibles  constituido por  fabricación,  tráfico, porte o tenencia de  armas de fuego (art. 365 inc.  3º,     nums.     1     y     5     del     CP)1,  hurto  calificado  agravado  (arts.  239,  240  inc.  2º y 241-9 ídem)2,  secuestro  (art.  168 ídem)    y    concierto    para   delinquir   (art.   340   ídem).   Tras  no  haber  aceptado  los  cargos,  el  juez  le  impuso  a  los  imputados  la  medida de aseguramiento de  detención preventiva en establecimiento carcelario.   

          Radicado  el  respectivo  escrito  ante  el  Juzgado  1º  Penal del  Circuito  de  Vélez,  en  audiencia  del  22 de noviembre de 2012, la Fiscalía  formuló  acusación en contra de ÉDGAR EDUARDO OSPINA MONTAÑO, ÁNGELA MARÍA  MEJÍA   HIGINIO   y   EDWIN   ANDREY   ARENAS  RIAÑO  por  los  cargos  arriba  mencionados3,  modificando  la  imputación jurídica, con adición, respecto al  hurto,  de  las  calificantes contenidas en el art. 240 inc. 1º nums. 2 y 3 del  CP4,  así como la circunstancia agravante del art. 241-10 ídem5,  y  con  retiro del cargo por  concierto para delinquir.   

          Posteriormente,  el  juez  manifestó  su impedimento para continuar  tramitando  el  proceso,  por  cuanto,  en  su  sentir,  al haber conocido de la  aceptación  de  cargos  manifestada  por  EVER  DE  JESÚS LONDOÑO CANO, JOSÉ  GABRIEL  PÉREZ  GÓMEZ  y RUBÉN GANDEIRO QUIROZ MARTÍNEZ, en relación con la  imputación   por   hurto  calificado  agravado  -que  conllevó  a  la  ruptura  de  la  unidad procesal-, se  encontraba  comprometida su imparcialidad (art. 56-6 de la Ley 906 de 2004). Sin  embargo,  mediante  auto  del  20  de  febrero de 2013, el Juzgado 2º Penal del  Circuito  de  Vélez  no  aceptó  el  impedimento. En sustento de su decisión,  adujo  que  al  haber  verificado  la  legalidad de la aceptación unilateral de  responsabilidad,   su  homólogo  no  emprendió  ningún  tipo  de  valoración  probatoria  que  pudiera  comprometer  su  criterio.              

          Habiendo  ÉDGAR  EDUARDO  OSPINA  MONTAÑO,  ÁNGELA  MARÍA MEJÍA  HIGINIO  y  EDWIN  ANDREY  ARENAS  RIAÑO  optado  por  ejercer su derecho a ser  juzgados  públicamente,  se  tramitó  el  juicio  oral.  Concluido el debate y  emitido   sentido  de  fallo  condenatorio  por  los  cargos  formulados  en  la  acusación,   la   correspondiente  sentencia  se  dictó  el  28  de  marzo  de  2014.   Por  encontrarlos penalmente responsables, en calidad de coautores,  el  juez los condenó a las penas principales de 20 años de prisión y multa en  cuantía  de  800  salarios mínimos legales mensuales, al tiempo que les impuso  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones públicas por lapso de 20 años.   

          En   respuesta   al   recurso  de  apelación  interpuesto  por  los  defensores  y  ÁNGELA  MARÍA  MEJÍA  HIGINIO  en  contra del fallo de primera  instancia,  la Sala Penal del Tribunal de San Gil, por medio de la sentencia del  11  de  septiembre  de  2014, lo modificó en el sentido de excluir la agravante  contenida  en  el  art. 365-1 del CP, aclarando que, por no haber sido la única  circunstancia  de  agravación  imputada  en relación con el delito de porte de  armas  de  fuego,  las  penas  impuestas  permanecen  incólumes.  En lo demás,  confirmó    la   decisión   impugnada.6   

          Dentro  del  término  legal,  el  defensor de ÉDGAR EDUARDO OSPINA  MONTAÑO   interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegó  la  respectiva   demanda,   lo  que  motiva  el  conocimiento  del  proceso  por  la  Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          3.1                       Sin  contextualizar las razones expuestas por el  Tribunal,  por  la vía de la violación directa de la ley sustancial, el censor  se  queja  de  que el recurso de apelación, por él interpuesto contra el fallo  de  primer  grado,  fue  negado bajo el entendido que es el legislador quien, al  configurar  la política criminal, define los supuestos de hecho que constituyen  las   causales   específicas   de   agravación   de  los  tipos  penales.  Por  consiguiente,  alega,  se  interpretó erróneamente el principio constitucional  del  non bis in ídem. Pues,  al  haberse  declarado la responsabilidad penal del acusado por los arts. 241-10  y  365-5  del  CP,  se  presenta  una doble incriminación cifrada en que dichas  normas    comprenden    “un    mismo    acontecer  jurídico”.   

          En  ese  sentido,  prosigue, habiéndose probado que “la              conducta”  fue  realizada  por  más de  tres  personas  y que “el delito que se cometió fue  el  de  hurto”,  no podía imputarse el agravante del  art.  365-5 del CP, ligada exclusivamente al delito de porte ilegal de armas. El  fallador,    puntualiza,    sólo    debió    haber    aplicado    “por  favorabilidad”  el  art. 241-10  ídem,     por    ser  “el    tipo    penal   más   rico”  y,  en  ese  entendido,  haberlo  tomado  como el delito base para  individualizar la pena.   

          3.2                         Por  otra  parte, atribuye a los falladores de  segunda  instancia  la infracción directa de la ley sustancial, por aplicación  indebida  del  art.  168 del CP y falta de aplicación del art. 171 ídem.    Luego    de   aludir   a   la  jurisprudencia  de  la  Sala,  en  relación  con  el concurso aparente de tipos  penales,  asevera  que  el  delito  de secuestro “no  existió”,    como    quiera    que   “las  consideraciones  expuestas [por el  Tribunal]  son  contrarias a la realidad procesal que  se  logró  probar”.  En  tal  virtud, solicita a la  Corte  que,  en  aplicación  de  “la  teoría  del  concurso  aparente”,  exonere  a  los procesados del  delito  de  secuestro,  en  tanto la condena sólo debió haber sido dictada por  hurto  calificado  y  agravado  en concurso con porte ilegal de armas, pero no a  título    de    coautoría   -impropia-, sino de complicidad.   

          En  esa dirección, continúa, habiéndose probado que ÉDGAR OSPINA  MONTAÑO  llegó  después  de las 9:00 p.m. al lugar de los hechos -porque    así,    insiste,    quedó    probado-,    el  Tribunal  no  puede afirmar que aquél haya obrado en calidad de  coautor,  pues  no  tuvo  el  codominio  del  hecho  durante  la fase ejecutiva.  Además,  resalta,  habría  tenido  que  demostrarse el conocimiento previo del  ilícito;  empero,  subraya,  como  se  probó que el señor OSPINA MONTAÑO tan  sólo  cometió  una  conducta  de  carácter  policivo,  sin ninguna relevancia  penal    -realizar    un    trasteo    en    horas  nocturnas-,    es    claro    que    “la  Fiscalía”  no probó los elementos  de  la  coautoría  y,  por  ello,  no  se  le puede condenar por ninguno de los  delitos que se le imputaron.   

          De  otro lado, añade, hay falta de aplicación del art. 171 del CP,  por  cuanto  “no  son  ciertas las afirmaciones del  Tribunal  cuando afirma (sic)  que  la  liberación de los retenidos se produjo como consecuencia del operativo  policial  y  no por voluntad de los acusados”. En esa  dirección,   destaca,   contrario   a   lo   afirmado   por   el   ad  quem, cuando los policías llegaron a  la  hacienda,  los  delincuentes  ya  habían  abandonado el lugar. De ahí que,  dice,  los residentes de la hacienda estaban libres, pues si bien se encontraban  en  estado  de  indefensión  por  estar  amarrados,  no  es menos cierto que se  hallaban    solos,    porque    los   supuestos   secuestradores   los   dejaron  voluntariamente.  A  partir  de  tales  asertos,  concluye,  en  caso  de que se  hubieran  probado  los  hechos  constitutivos  de secuestro, debió haberse dado  aplicación  a  la  rebaja  de  pena  contenida  en  la  referida  norma  y, por  consiguiente,  haberse  dosificado  la  sanción penal tomando como base la pena  para el hurto calificado agravado.   

          3.3                       Finalmente,  el  libelista  formula  un  último  reproche   por  “violación  indirecta  de  la  ley  sustancial”,  fundado  en  el  desconocimiento de la  estructura  del debido proceso. La base del reclamo por vulneración del art. 29  de  la  Constitución, expone, estriba en que el Tribunal negó la nulidad de la  actuación,  solicitada  con fundamento en que el Juez 1º Penal del Circuito de  Vélez  no  se  declaró  impedido  para adelantar el juicio en contra de ÉDGAR  OSPINA  MONTAÑO, pese a que profirió decisiones el 27 de junio y 17 de octubre  de  2013,  producto  de  la  aceptación de cargos por los otros coacusados. Tal  irregularidad,  dice, no puede ser subsanada por el hecho de no haberse recusado  al  juez,  quien  no  garantizó  la  imparcialidad  en el juzgamiento porque se  refirió  a  cada  uno  de  los  elementos  probatorios  y evidencia física que  presentó  la Fiscalía. El funcionario judicial, resalta, estimó indebidamente  que   su   competencia  se  prorrogó  por  no  haber  sido  recusado,  pero  lo  “ético, legal y justo”,  enfatiza,  era  haberse  declarado  impedido y remitir el proceso al Juzgado 2º  Penal   del   Circuito  de  Vélez  para  que  allí  se  tramitara  el  juicio.   

  IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

          4.1                       De acuerdo con el art. 183 del CPP, la admisión  de      la      demanda      de     casación     supone     su     debida  presentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de manera precisa y concisa tanto las causales invocadas  como    sus    fundamentos.   Ello   implica   acreditar   la   afectación   de  derechos  fundamentales  y  justificar  la  necesidad  del  fallo  de  casación, de cara al cumplimiento de  alguno   de  sus  fines  (efectividad  del  derecho  material,  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos y unificación de la jurisprudencia).   

             Ese   propósito  no  se  consigue  de  cualquier  manera.  A  voces  del  art. 184 inc. 2° ídem, no será admitido el  libelo  cuando  el  demandante  carezca  de  interés,  prescinda de señalar la  causal  o  no  desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación. Tampoco, si  se  advierte la irrelevancia del fallo para cumplir los propósitos del recurso.   

          Tales   exigencias  derivan  de  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  enraizada  en  la  presunción  de  acierto y legalidad  inherente  a los fallos de instancia. A partir de esta presunción, se asigna al  censor  la  carga  de  acreditar  que  con  la  sentencia  se causó un agravio,  apoyándose   para   ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas  en  la  ley.   

          De  ahí  que,  como  pacífica  y  reiteradamente viene diciendo la  Corte,        la       debida       sustentación         implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de  derechos  fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

          4.2                       Como  a continuación se expondrá, en el asunto  bajo  examen  la  demanda  incumple  con  las  aludidas exigencias formales para  estudiarla  de fondo, al tiempo que se advierte su falta de idoneidad, de cara a  la  realización  de los fines inherentes a la casación, razones por las cuales  será inadmitida.   

          4.2.1                       De  acuerdo con art. 181-1 del CPP, el recurso  extraordinario  de  casación,  entendido  como  control constitucional y legal,  procede  por  falta  de  aplicación,  interpretación  errónea  o  aplicación  indebida  de  una norma del bloque de constitucionalidad, constitucional o legal  llamada  a  regular  el  caso.  La  norma  estatuye  la modalidad de infracción  directa  o  inmediata  de la  ley.  Ello supone, entonces, que el error denunciado ha de contraerse a una mera  oposición  entre la sentencia y la ley, sin que tenga cabida la intermediación  de  aspectos  probatorios,  con  base  en  los  cuales  el  juez fija la premisa  fáctica del silogismo jurídico.   

          En   consecuencia,   al   escoger  esta  vía  de  impugnación,  el  recurrente  acepta  tanto  la corrección de los enunciados fácticos fijados en  la  sentencia  como  el  correspondiente  escrutinio  probatorio.  Al  respecto,  mediante AP 25.04.2007, rad. 26.9238, la Sala puntualizó:   

Por  abundante  doctrina jurisprudencial se  sabe  que  cuando el censor elige […] la violación directa de la ley se halla  en  el deber de aceptar los hechos, las pruebas y la valoración que de ellas se  hizo  en  las  instancias, y en tales circunstancias, no le es factible discutir  cuestiones  de  facto,  toda  vez  que  la  impugnación  es  de  estricto orden  jurídico    y    recae    sobre    la    ley    sustancial   por   una   de   estas   razones:   falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea.   

En  la  misma decisión, la Corte describió  las  particularidades  de  las  mencionadas  eventualidades  de  error,  en  los  siguientes términos:   

Dentro  de  esa división tripartita de los  sentidos  de  la  violación  directa,  la  falta  de  aplicación  o exclusión  evidente  se  presenta,  por  regla  general,  cuando el juez yerra acerca de la  existencia  de  la  norma  y  por  eso  no  la aplica al caso específico que la  reclama.  Ignora  o desconoce la ley que regula la materia y por eso no la tiene  en  cuenta,  debido a que ha incurrido en error sobre su existencia o validez en  el tiempo o el espacio.   

Por su parte, en la aplicación indebida, el  juez  desatina  en la selección de la norma. El error se manifiesta en la falsa  adecuación  de  los  hechos probados a los supuestos que contempla el precepto,  ya  que  los  sucesos  procesalmente reconocidos no coinciden con las hipótesis  condicionantes del mismo.   

Finalmente, en la interpretación errónea,  el  juez  selecciona  bien  y  adecuadamente la norma que corresponde al caso en  cuestión,  y  efectivamente  la  aplica,  pero  al interpretarla le atribuye un  sentido  jurídico  que  no tiene, asignándole efectos distintos o contrarios a  los que le corresponden, o que no causa.   

          Pues   bien,   a  la  luz  de  las  anteriores  premisas  genéricas  aplicables  a  la  casación  y  específicas  concernientes  a  la modalidad de  infracción,  salta  a la vista que los cargos por violación directa (nums. 3.1  y 3.2) carecen de aptitud formal y sustancial.   

         Como  con anterioridad se reseñó, el censor se queja de múltiples  errores  de  adecuación normativa, cifrados en la aplicación indebida del art.  168  del CP, la falta de aplicación del art. 171 ídem, la indebida aplicación  del  art. 365-5 del CP y la errónea atribución de responsabilidad al acusado a  título  de  coautor,  cuando  lo  correcto,  dice,  era  hacerlo en el grado de  complicidad.   Mas   en  sustento  de  tales  reproches  no  desarrolla  ninguna  argumentación  indicativa  de  que  el  ejercicio  de selección normativa o la  hermenéutica  aplicada  por los falladores son equivocadas, como tampoco ofrece  razones  para  sustentar  que  su  criterio  es  más  adecuado  desde  el plano  interpretativo.  Es decir, la censura no estriba en meros aspectos de oposición  entre  la  sentencia  y  la  ley,  aplicables  a  la construcción de la premisa  jurídica  de la decisión.   

          En  lugar de ello, el libelista estructura los reclamos a partir del  desconocimiento  de las premisas fácticas  fijadas en las decisiones confutadas. Ello es así, por cuanto, en  lugar  de  demostrar  por  qué  los  hechos  que los  juzgadores   declararon   probados   no  realizan  la  descripción  típica  del  delito  de secuestro (art. 168 CP), pregona, por una  parte,  que  las  consideraciones  de  los  falladores de instancia son   contrarias   a   la   realidad   procesal  “que  se  logró  probar”;  por otra, que no  son  ciertas  las  afirmaciones  del Tribunal en relación con la liberación de  las víctimas por parte de los policías.   

          Sobre  este  último  particular,  además,  el  reproche  se  torna  manifiestamente  contradictorio,  como quiera que el censor niega la adecuación  típica  de los hechos en la conducta punible de secuestro, pero al mismo tiempo  demanda  la aplicación de una diminuente punitiva que  presupone la existencia de un secuestro, con posterior  liberación voluntaria de la víctima (art. 171 inc. 2º CP).   

          De  otro  lado,  en  lo que concierne al reproche dirigido contra la  imputación  jurídica  de  los  hechos  a los acusados, a título de coautoría  impropia,  no  de  complicidad como lo pretende el libelista, se advierte que la  base  del  reclamo  también  es  un cuestionamiento de la realidad fáctica  construida  en  las instancias.  Como   se  extracta  del  fallo  de  segundo  grado7,  para  el Tribunal, se probó  que  ÉDGAR  EDUARDO  OSPINA  MONTAÑO,  ÁNGELA  MARÍA  MEJÍA HIGINIO y EDWIN  ANDREY  ARENAS  RIAÑO  prestaron  contribución  objetiva a la consecución del  resultado  común, en el que cada uno de ellos tuvo dominio funcional del hecho,  con   división  del  trabajo  criminal,  en  cumplimiento  de  un  acuerdo  previo  a  la  comisión de las  conductas punibles.    

          Ello  lo  infirieron  los  juzgadores  ad  quem  a  partir  del  hallazgo de armas de fuego en la  camioneta  de  estacas  conducida  por  ÉDGAR EDUARDO OSPINA, donde también se  transportaban,   a   altas   horas   de   la  noche,  los  bienes  hurtados  de  la  hacienda.  Además,  se  advierte  en  la sentencia, habiendo ÁNGELA MARÍA manifestado en ese momento a  los  policías que se estaba mudando porque su esposo la maltrataba, ello quedó  sin  piso  cuando,  en  la  estación  de  policía, se puso en evidencia que el  cónyuge  de  aquélla  era EVER DE JESÚS LONDOÑO CANO, quien fue capturado en  un   lugar   diferente   transportando   bienes  en  el  otro  vehículo.  Tales  circunstancias,  para  el  Tribunal, son indicativas de que sí existía un plan  delictivo  en  el  que cada uno de los acusados desempeñaba un rol específico.   

          Y  esa  realidad fáctica es la que desconoce el libelista al fundar  su  reclamo por una supuesta adecuación errónea de los hechos en la categoría  normativa  de  autoría.  Pues  la  participación  de ÉDGAR OSPINA MONTAÑO, a  título   de   cómplice,  la  fundamenta  en  premisas  de  hecho  diversas,   no   reconocidas   por   los  falladores  de  instancia,  a saber: que aquél arribó a la hacienda a las 9:00  p.m.   y   que   su   conducta   sólo  se  limitó a efectuar un trasteo nocturno con infracción de normas  policivas.   

            Así,  al cuestionar los fundamentos fácticos de la decisión, la  censura   desbordó   la   unidad   lógica  de  los  reproches  por  violación  directa,  vulnerando  los  principios   de   coherencia  y  no  contradicción,  lo  que  desemboca  en  el  incumplimiento  de  las  exigencias  de claridad y precisión. Por consiguiente,  desde  la  perspectiva  técnico-formal, existe razón suficiente para inadmitir  los reproches en cuestión.   

          Por  último,  de  cara al reclamo por aplicación indebida del art.  365-5  del  CP8,  que  el  censor  articula  con  el supuesto desconocimiento de la  garantía   del   non   bis   in   ídem,   la   Corte   advierte   su   incorrección   tanto  formal  como  material.    

          En   el   fondo,   al   solicitar  que  se  aplique  únicamente  la  circunstancia   agravante   contenida  en  el  art.  241-10  del  CP9, con  supresión  de  la  prevista  en  el  art.  365-5  ídem,  por  tratarse  de “un  mismo  acontecer  jurídico” que no  puede  ser  sancionado  dos  veces,  el  demandante plantea una problemática de  concurso    aparente.    Como   lo   ha   clarificado   la   Sala   (CSJ  AP  27.80.2014,  rad.  42.006),  el  concurso    aparente   de   conductas   punibles   requiere:   i)   unidad  de  acción,  esto  es,  una sola  conducta  que  encuadre  formalmente  en varias descripciones típicas, pero que  realmente  sólo  ha  de ser subsumida en una de ellas; ii) una única finalidad  perseguida  por  el  agente  y  iii) lesión o puesta en peligro de un solo bien  jurídico.   

          Sin  embargo,  en  el  desarrollo  del  cargo  se  echa de menos una  argumentación  atinente  a  los  criterios de resolución de dicha modalidad de  concurrencia   aparente   de   disposiciones  penales  -especialidad,   subsidiariedad,  alternatividad  o  consunción-,  indicativa  de  las  razones  por las cuales, en virtud de alguno de  los  mencionados  principios,  habría  que  descartar,  en el presente caso, la  adecuación  de las conductas en la agravante del art. 365-5 del CP. En lugar de  ello,   el   censor   invoca   incorrectamente   el  principio  de  favorabilidad,  pese  a que no se discute  ningún  problema de aplicación de la ley penal en el tiempo. Por consiguiente,  ante  la  ausencia  de  una  sustentación  suficiente  del cargo, éste resulta  inadmisible desde el plano formal.   

          Sin  perjuicio  de lo anterior, la Sala encuentra que, en todo caso,  dicha  censura  también  carece por completo de aptitud sustancial. El concurso  aparente   de   tipos   penales   es  del  todo  inaplicable  para  resolver  la  problemática  formulada  por  el  libelista,  por cuanto presupone unidad   de   acción,   es  decir,  que  una  misma  conducta  pueda  adecuarse  simultáneamente en varias disposiciones, que se excluyen por razones  de  especialidad,  subsidiariedad  o  consunción,  siendo solo una de ellas, en  consecuencia,  la  llamada  a  ser aplicada, so pena de vulnerar el non    bis    in    ídem   (CSJ SP 18.02.2000, rad. 12.820).   

          En  ese  sentido, fácil se advierte que la adecuación jurídica de  los  hechos adoptada en las sentencias no se basa, en relación con las aludidas  circunstancias  agravantes,  en  la  subsunción  normativa  de  un único    comportamiento,    sino    en  pluralidad      de     conductas     agravadas,  lo que, ab initio,  deja  desprovisto  al cargo de cualquier vocación de prosperidad.   

          En  efecto,  la  descripción  típica del hurto (art. 239 CP) se ve  integrada,  a  fin de agravar la pena, por la concurrencia de varias personas en  el  apoderamiento  de  cosa  mueble  ajena con el propósito de obtener provecho  para  sí  o  para otro (art. 241-10 ídem).  Bien  se ve, entonces, que la conducta requerida para configurar  esta  agravante  es simplemente la comisión mancomunada del hurto, que se puede  cometer  sin  utilizar  armas para ello; mas  si  en  su ejecución se emplean armas, esta última situación  constituye  un  comportamiento  adicional.   

          A  su  vez,  el  tipo  básico  de  fabricación,  tráfico, porte o  tenencia  de  armas de fuego, accesorios, partes o municiones (art. 365 inc. 1º  CP)  encuentra  realización  cuando el sujeto, entre otras modalidades, porta o  transporta  dichos  artefactos  de  defensa  personal  sin  permiso de autoridad  competente.   Si   en   la   ejecución   de   las   conductas  de  portar  o  transportar  participan varias  personas,  la  pena dispuesta para el delito se duplica (art. 365 inc. 3º, num.  5º  ídem). De suerte que,  en  tanto  delito de peligro, la realización del tipo básico afecta, sin más,  el  bien  jurídico  de  la  seguridad  pública,  con  elevación del juicio de  reproche si hay coparticipación criminal.   

4.2.2                       Por otra parte, de cara al último  cargo     (num.    3.3),    si    bien    el    impugnante    lo    rotuló            -incorrectamente-  como  “violación   indirecta   de   una   norma   de  derecho”,  de  la  sustentación  se extracta con claridad que la censura  únicamente propende por la  declaratoria  de nulidad de la actuación. Ello, en tanto el censor -sin  desarrollar  ninguna  eventualidad  perteneciente  al  art.  181-3  del  CPP-  no  sólo  denuncia la afectación estructural del debido proceso,  sino  que  adicionalmente afirma la conculcación de la garantía fundamental de  imparcialidad judicial.   

          Empero,  la  Corte advierte defectos de sustentación que impiden la  admisión  del  reclamo por nulidad. El adecuado planteamiento de la censura por  la  vía  de  los  arts.  181-2  y  457  inc. 1º del CPP supone cumplir con las  exigencias  legales y jurisprudenciales pertinentes. En esa dirección, la Corte  ha  clarificado  que la alegación de nulidades ha de ajustarse a los principios  concurrentes de taxatividad,  acreditación,  protección,  convalidación,  instrumentalidad, trascendencia y  residualidad  (cfr.,  entre otros, CSJ AP 09.03.2011,  rad.   32.370   y   AP   30.11.2011,   rad.   37.298).   

          Bajo  tales  premisas,  salta  a  la vista la insuficiencia formal y  sustancial    del   cargo.   La   simple  alegación  consistente  en que se violó el debido proceso porque  el  fallador  de primera instancia juzgó al aquí acusado, pese a que verificó  la  legalidad  de  la  aceptación  de  culpabilidad de los demás coacusados, a  quienes  también sentenció, lejos está de satisfacer los estándares mínimos  para  ser admitido, a fin de estudiar la posibilidad de anular la actuación por  afectación  del  debido  proceso  y  vulneración  de garantías fundamentales.   

          Para  ello, junto  a  otros  aspectos,  el  libelista debió haber demostrado que la actuación del  funcionario  a  quo vulneró  la  garantía de imparcialidad en cabeza del acusado, la trascendencia del yerro  y  que  con  su  conducta  procesal  no  lo  convalidó. Además, en punto de la  acreditación  y  la  trascendencia,  la  jurisprudencia  ha  clarificado que la  causal  de  impedimento  y  recusación  consagrada  en  el  art.  56-6  del CPP  no    se   configura   automáticamente,  sino que es necesario demostrar en cada  caso    particular   por   qué   la   imparcialidad,  ecuanimidad,  independencia o equilibrio podrían afectarse frente a cada uno de  los  implicados  por la participación previa del juzgador en el proceso (CSJ SP  27.08.2014, rad. 44.475).   

          En  eventos  de  ruptura  de  la  unidad procesal por aceptación de  cargos  por  coacusados, según la aludida decisión, tendría que identificarse  si  la actividad del juez se extendió a la valoración de elementos probatorios  o  de  información  susceptible de convertirse en prueba, así como habría que  indicar,   en   concreto,  cómo  y  de qué manera las apreciaciones anteriores  inciden   en   el  ánimo  del  fallador  al  conocer  el  asunto  en  ocasiones  posteriores.   Empero,   por  echarse  de  menos  una  argumentación  suficiente  en  ese  sentido,  la  pretensión  de anulación es  inadmisible.    Pues,    pese    a   que   el   libelista   alude   genéricamente   a  que  el  funcionario  judicial  examinó  elementos  materiales  probatorios  y  evidencia física, no  emprendió              ningún              análisis              individualizado  para  acreditar  que  el  examen      de      determinados     medios     de  conocimiento   en  el  procedimiento  abreviado  pudo  incidir  en el escrutinio probatorio emprendido en el juicio oral respecto a los  aquí  acusados,  por  afectación de la imparcialidad del juez de conocimiento.   

          Y  es  que  el  censor  está  en imposibilidad de demostrar cuáles  apreciaciones,  en concreto,  incidirían  en  el  ánimo  del  fallador  al  conocer asuntos posteriores, por  cuanto  apenas  aludió a las decisiones del 27 de junio y 17 de octubre de 2013  -proferidas  por el Juzgado 1º Penal del Circuito de  Vélez-,  para afirmar la existencia de un impedimento  por  participación previa en el proceso, sin poner siquiera de manifiesto cuál  es  su  contenido  ni  contarse  en  esta actuación  con ellas. Además, pasa por alto que, por medio de auto  del  20  de  febrero  de  2013  el  Juzgado  2º Penal del Circuito de Vélez no  aceptó  el  impedimento  manifestado por el juez en la audiencia de acusación,  mientras  mediante  decisión del 4 de marzo de 201310,  la  Sala Penal del Tribunal  Superior  de San Gil negó el impedimento exteriorizado por el funcionario en la  audiencia  preparatoria, sin refutar de ninguna manera la motivación consignada  en dichos proveídos.   

          Ahora,  si  como lo afirma el libelista, al proferir la sentencia en  contra  de  los coacusados que se allanaron se presentaban situaciones novedosas  que  afectaban  la imparcialidad del fallador, no cobijadas por los autos que no  aceptaron   los  impedimentos,  es  claro  que  la  defensa  podía  recusar  al  funcionario  en  el  desarrollo  del juicio. Sin embargo, revisada la actuación  con  posterioridad  al 17 de octubre de 2013 -fecha en  que  se  habría dictado la sentencia en contra de EVER DE JESÚS LONDOÑO CANO,  JOSÉ  GABRIEL  PÉREZ  GÓMEZ  y  RUBÉN GANDEIRO QUIROZ MARTÍNEZ-  se  echa  de  menos  cualquier manifestación de la defensa en ese  sentido.    Así,   inobjetablemente,   aun   admitiendo   hipotéticamente   el  cumplimiento   de  los  principios  de  acreditación  y  trascendencia,  no  se  superaría el criterio de la convalidación.   

          4.3                       En   consecuencia,  no  habiéndose  presentado  ninguno  de los cargos en casación con respeto de los estándares mínimos para  su  estudio  de fondo, es innegable su indebida fundamentación. Ello constituye  razón suficiente para inadmitir la demanda.   

          Además,   la   Sala   no   advierte   la   presencia  de  supuestos  justificantes  para  superar  los  defectos  del  libelo  con  el  propósito de  decidirlo  de  fondo  o  emitir  un  pronunciamiento  oficioso  en casación, de  conformidad con el art. 184 inc. 3º del CPP.   

          En  mérito  de lo expuesto,   la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada   en   nombre   de   ÉDGAR  EDUARDO  OSPINA  MONTAÑO.                                            

          ADVERTIR   que,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  art.  184  inc. 2º de la Ley 906 de 2004, contra la presente  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  con atención de las reglas  definidas jurisprudencialmente por la Sala.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

            1    Agravantes  consistentes  en  la utilización de medios motorizados para cometer la conducta  y obrar en coparticipación criminal.   

            2   Por   haberse  cometido  el  hurto  con  violencia  sobre  las  personas, en lugar despoblado y  solitario.   

            3 En esa oportunidad,  EVER  DE  JESÚS  LONDOÑO  CANO,  JOSÉ GABRIEL PÉREZ GÓMEZ y RUBÉN GANDEIRO  QUIROZ MARTÍNEZ aceptaron el cargo de hurto calificado agravado.   

            4   Poner   a  las  víctimas  en  condiciones  de  indefensión  o  inferioridad y cometer el hurto  mediante  penetración  o  permanencia  arbitraria,  engañosa  o clandestina en  lugar habitado o en sus dependencias inmediatas.   

            5   Por   haberse  cometido  el  hurto  por  dos  o  más  personas  que  se  reunieren  para ello.   

6  Así  mismo,  puso de presente que si bien el Juzgado  olvidó  imponer  la  pena  accesoria  de privación del derecho a la tenencia y  porte  de  armas  de  fuego,  para  preservar  la garantía constitucional de la  non reformatio in pejus, se  abstenía de adicionar la sentencia en ese sentido.    

            7 Cfr. fls. 42-45 de  la  sentencia  del  11  de  septiembre  de 2014, proferida por la Sala Penal del  Tribunal Superior de San Gil.    

            8    Causal   de  agravación   del  porte  de  armas  por  obrar  en  coparticipación  criminal.   

            9  Circunstancia  de  agravación  para  el  hurto  cuando  es cometido por dos o más personas que se  hubieren   reunido   o   acordado   para  ejecutarlo.   

10  Fls. 15-27 cuaderno del juicio.     

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