SP16186-2015(46012)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

SP16186-2015  

Radicación N° 46012.  

Aprobado acta No. 424.  

Bogotá,  D.C., veinticinco (25) de noviembre  de dos mil quince (2015).   

V I S T O S  

Se    dicta  fallo en el trámite  del  recurso  extraordinario  de  casación  promovido por el  defensor de JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ MATEUS   en   contra   de   la   sentencia   proferida  el  10         de         diciembre     de     2014   por   el   Tribunal   Superior   de  Tunja     que     confirmó     la    decisión  de  condenar al procesado como  autor  de  los  delitos  de  Peculado culposo  y  Prevaricato     por  omisión.   

A N T E C E D E N T E S  

I. Fácticos  

1. JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ MATEUS ejerció el  cargo  de  Alcalde del Municipio de Santana (Boyacá) en el período comprendido  entre el 1 de enero de 2001 y el 31 de diciembre de 2003.   

2.  El  3  de  enero de 2002, el mandatario  municipal   suscribió   el  “Contrato  No  001  de  concesión      del      servicio      del     matadero     público…”  con  Carlos   Noguera  Bonilla,  cuyas  principales  cláusulas  fueron:  a)  Objeto:  “…  el  Municipio da en arrendamiento el servicio  del     matadero     público     Municipal     al  Arrendatario,…”;  b)  Término:  12  meses;  y  c)  Valor: $7.200.000 pagaderos en cuotas mensuales de  $600.000.   

3.  El  Municipio  de  Santana  no recibió  ningún  valor  por  concepto  de  pago  de  las  cuotas  del valor del contrato  y  ese  incumplimiento del  contratista  fue  conocido  por  el  entonces  Alcalde municipal desde antes que  finalizara el término de ejecución del convenio.   

4.  Mediante  la  Resolución  No  015  del  10  de  abril  de  2003, el entonces Alcalde decidió  “Delegar  el ejercicio de la jurisdicción coactiva  a  la  Tesorería  Municipal  para hacer efectivo el cobro de las obligaciones a  favor del Municipio,…”.   

          5.  En el año 2003, mediante oficios No  086  del  23  de  mayo  y  161  del 11 de noviembre, el Tesorero le solicitó al  mandatario  local,  hoy  procesado,  que  expidiera  el  acto  administrativo de  liquidación   del   contrato  del  matadero  municipal  correspondiente  a  las  vigencias 2002 y 2003.   

         

6.  El  20  de  noviembre  de  2003,  el  exAlcalde y su Secretario de  Hacienda   suscribieron   un  acta  de  liquidación  bilateral  del  contrato No 001 del 3 de enero de 2002  que   no   contiene   la   firma   del   contratista.   

7.  El  26  de  diciembre   de   2003,  el  entonces  Alcalde  municipal expidió la Resolución No 068 por medio de la cual  (i)  liquidó unilateralmente el contrato de concesión del servicio de matadero  público,  (ii)  declaró  que  el contratista y la compañía de seguros Condor  S.A.  adeudaban  al  Municipio  $7.200.000  más  los  intereses, (iii) declaró  ocurrido   el   siniestro   de   incumplimiento,   y  (iv)  dispuso  hacer efectiva la cláusula décima en  cuanto    a    la   imposición   de   multas.   

II. Procesales  

El  3  de  marzo  de  2004,  la  Fiscalía 31  Seccional   de   Moniquirá   inició  una  investigación  preliminar  por  las  irregularidades    denunciadas    por    la    Contraloría    General   de   la  República  en  relación  al  contrato  No  001  de  2002.  Luego,  el  16  de  junio  de 2004 decretó la  apertura  de  la  instrucción  disponiendo  vincular  a  JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ  MATEUS.  Esta última medida se cumplió mediante           indagatoria  rendida  el  10 de abril de  2006   en   la   que   fue   imputado  un  Prevaricato  por  omisión, la cual fue  ampliada  el  26  de  marzo de 2008 para adicionar el  cargo de Peculado culposo.   

A  la investigación también se vinculó a  Edgar   Marín           Cuervo     mediante     indagatoria  recepcionada  el 27 de julio de 2006 por el delito de  Prevaricato  por omisión.  Luego,  el  23  de mayo de 2007 se llevó a cabo la ampliación de la diligencia  para imputarle también el de Peculado culposo.   

El 3 de agosto de 2006, se declaró cerrada  la  investigación;  sin  embargo, esta decisión fue anulada el 4 de septiembre  siguiente.   

El  27  de  marzo  de  2009  se  decreta  nuevamente  la  clausura  del  ciclo instructivo y, una vez adquirió ejecutoria  esa   decisión,   el   25   de  agosto  del  mismo  año se calificó el mérito del sumario    por   los   delitos   contra   la  administración    pública    (i)    acusando  a  JOSÉ  ANTONIO  RAMÍREZ  MATEUS  y  (ii)             precluyendo     la    investigación  a  Edgar  Antonio Marín  Cuervo,  resolución que fue confirmada el  19 de noviembre de 2009  por la Fiscalía Cuarta delegada ante  el   Tribunal   al   desatar   el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor.   

El conocimiento de la etapa de juzgamiento  correspondió  al  Juzgado  Penal  del Circuito de Moniquirá, el cual, luego de  surtido  el  traslado  previsto en el artículo 400 del C.P.P./2000, realizó la  audiencia  preparatoria  el  8  de abril de 2010 y, seguidamente, la pública de  juzgamiento el 17 de noviembre de 2011.   

El 19 de junio de 2013, se dictó sentencia  mediante  la  cual  se  condenó  al  acusado  como  autor  de  los  delitos  de  Prevaricato  por  omisión  y Peculado culposo, a las siguientes penas: prisión  por   un   término   de   30   meses,  multa  equivalente  a  12  s.m.l.m.v.  e  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas  por  5 años. Esa decisión fue  confirmada   por   el   Tribunal  Superior  de  Tunja  el  10  de  diciembre  de  2014 cuando resolvió la apelación propuesta por el  titular de la defensa técnica.   

El mismo sujeto procesal interpuso recurso  de  casación  contra  la sentencia de segunda instancia sustentándolo mediante  la  presentación  de  la  respectiva demanda el 24 de marzo de 2015,  sin  que  al respecto se pronunciaran los sujetos procesales no  recurrentes.   Aquélla  fue  admitida  en  auto  del 21 de mayo siguiente y,  luego,   el   delegado  de  la  Procuraduría  rindió  el  concepto respectivo.   

E L   R E C U R S O  

I. Demanda de casación  

Luego de identificar los sujetos procesales,  la  sentencia  impugnada,  los hechos juzgados y la actuación relevante, invoca  la   causal  de  “violación  directa  de  la  ley  sustancial”  y formula dos cargos, con el propósito  de   que   se  case  el  fallo  condenatorio  y,  en  su  lugar,  se  dicte  uno  absolutorio.   

Cargo  No  1:  Aplicación  indebida  del  artículo 400 del Código Penal   

La violación directa que se denuncia habría  ocurrido por las siguientes razones:   

a)  El menoscabo al patrimonio estatal no se  produjo  o,  por lo menos, no se estableció con certeza, pues si bien es cierto  el  contratista  Carlos  Noguera  Bonilla incumplió el pago de los cánones del  arriendo  del  matadero  municipal,  también  lo  es  que  realizó al inmueble  mejoras,  por  lo  que  no  puede  afirmarse  que  hubo apropiación de recursos  públicos.  En  tal  sentido,  resalta  que,  de una parte, no se apreciaron las  versiones  libres  rendidas por Edgar Marín Cuervo y por el mismo procesado que  dieron  cuenta  de las adecuaciones realizadas por el contratista y, de la otra,  que  la  ausencia  de prueba sobre el valor de esas inversiones sólo redunda en  la imperativa aplicación del principio de la duda a favor del reo.   

b) Si el resultado dañoso se concretó no lo  fue  por la conducta culposa de JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ MATEUS, sino por la de un  tercero.  Recuerda  el  censor  que  el  26 de diciembre de 2003 su representado  liquidó  unilateralmente el contrato No 01 suscrito con Carlos Noguera Bonilla,  declaró  su incumplimiento, ordenó hacer efectiva la póliza de los seguros y,  por  último,  dispuso  que  se  adelantara  el  respectivo cobro coactivo. Esas  decisiones,  continúa,  se adoptaron mediante la resolución No 068 que, en tal  virtud,  contenía una obligación expresa, clara y exigible que era recuperable  por  la  vía ejecutiva dentro de los 2 años siguientes, por lo que los dineros  del  contrato no se habían perdido hasta ese momento. Sin embargo, aclara, ello  correspondía  a  quien  sucedió  en  la  alcaldía  al  procesado porque éste  terminó  su  mandato  5  días  después de la expedición de la resolución de  liquidación1.   

Cargo  No  2:  Aplicación  indebida  del  artículo 414 del Código Penal   

Se   señala   que  la  sentencia  estimó  configurado  el  Prevaricato  por  la omisión del entonces alcalde municipal en  liquidar  el contrato No 001 del 3 de enero de 2002. Sin embargo, se olvidó que  dicho  funcionario  profirió  la  resolución  No  015  del 10 de abril de 2003  mediante  la  cual  delegó  las  facultades  de  jurisdicción  coactiva  en el  tesorero,  por  lo  que  a  éste  competía  adelantar el cobro ejecutivo de lo  adeudado  por  el contratista. Ello demuestra, estima el censor, que la conducta  del   procesado  fue  diligente  y  que  su  voluntad  fue  la  de  asegurar  el  cumplimiento  de  las obligaciones contractuales. Es más, a pesar de existir la  delegación  y  ante la insistencia del tesorero, el exmandatario procedió a la  liquidación  del  contrato,  con  lo  cual  demostró,  una  vez  más, actitud  diligente,    por   lo   que   fue   su   subalterno   el   que   incurrió   en  omisión.   

II.    Concepto    del    Ministerio  Público   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal  rindió  concepto sobre la demanda presentada por el defensor,  en  el  cual,  en  principio,  hizo  un  recuento  de los hechos juzgados, de la  actuación  procesal relevante y de los argumentos que sustentan cada uno de los  cargos.  Así mismo, expuso unas consideraciones doctrinales y jurisprudenciales  en  relación  a  los  delitos  de  Peculado culposo y Prevaricato por omisión,  luego  de  lo  cual  analizó cada uno de los cargos formulados en los términos  que  a  continuación  se  exponen para, finalmente, solicitar que no se case la  sentencia condenatoria.   

–  En cuanto al primer cargo, señala que el  exalcalde  no declaró la caducidad y posterior liquidación del contrato dentro  de  los  4  meses  siguientes  al  incumplimiento,  tal  y como lo ordenaban los  artículos  60  y  61 de la Ley 80 de 1993. Además, advierte que la delegación  que  hiciera  aquél  en  el  tesorero  para  adelantar el cobro coactivo se dio  cuando  ya  habían  transcurrido  12  meses desde que se produjo el detrimento,  pues  el  contratista  no  pagó  un  solo  peso. Ahora, en cuanto a las mejoras  realizadas  por  el  contratista, señala que éstas nunca fueron pactadas y que  aun  cuando  hubiese  lugar  a  alguna  compensación,  este hecho no excluye la  inactividad  del  alcalde  en  su  obligación  de  impedir  la  continuidad del  incumplimiento  contractual.  Por  último,  advierte  que el valor de la única  cuenta  de  cobro  remitida  por el contratista ($1.735.000) dista mucho del que  éste adeudaba a la administración.   

–  Y,  en  lo que respecta al segundo cargo,  reitera  algunos  de  los  argumentos  antes  expuestos  para  sostener  que  el  procesado  retardó  su  deber de liquidar en forma unilateral el contrato y por  esa  vía  omitió  el  deber  de  cuidar  los  bienes  públicos  que le fueron  confiados.  Advierte que la voluntad de apoderamiento de estos últimos sólo se  exige  frente al Peculado doloso, puesto que en la modalidad culposa aquélla se  dirige,  precisamente,  a  un  resultado  lícito.  Por  las  razones  anotadas,  concluye,  se  configuró  el  delito  contra la administración pública por el  cual se profirió decisión condenatoria.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

         I.  De  conformidad con lo previsto en  el   artículo  217  del  C.P.P./2000,  la Corte profiere fallo de casación en  el  proceso  seguido  contra  JOSÉ  ANTONIO  RAMÍREZ MATEUS por los delitos de  Peculado  culposo y Prevaricato por omisión, en virtud de la demanda instaurada  por  el defensor que fuera admitida discrecionalmente con el objeto de verificar  la   eventual   vulneración   de   las   garantías   fundamentales,  tal  y  como  lo  permite  el  inciso  3º  del  artículo  205  ibídem.  No  sobra advertir que con la admisión de  la    demanda    de    casación    se   entienden   subsanados   sus   defectos  formales o técnicos, por  lo que no se volverá sobre ellos.   

II.          El             demandante         acudió  a  la  senda de la violación  directa      de      la     ley     sustancial,     lo     cual     presupone     que     los          vicios    de    la   sentencia   que   se  denuncian  habrían  ocurrido      en      el  proceso  de  selección,  de  subsunción o de interpretación  de    las  normas                  legales, en  razón  de  lo  cual  se  excluye cualquier debate sobre la verdad de los hechos  establecida  en  el  proceso  o sobre las pruebas que  permitieron     su    reconstrucción.   En   ese  contexto,  se    formularon   dos   cargos   por  aplicación     indebida     de     las             disposiciones  jurídico-penales  que  tipifican  las conductas de  Peculado    culposo   y   de   Prevaricato   por   omisión,   es   decir,   los  artículos  400 y 414 del  Código          Penal,         respectivamente.  Así,  la  decisión  judicial  censurada  habría  infringido  la  ley  porque  erró al subsumir los  supuestos     fácticos     establecidos     procesalmente    en    esas normas.   

III.   Sin  embargo,  la Corte observa  la presencia de  una  irregularidad  sustancial que afectó el debido proceso y  el   derecho   de   defensa,   por   lo  que  habrá  de   declararse   de   oficio   la   nulidad   del  proceso  haciendo  uso de la facultad prevista en el  artículo    216    del    C.P.P./2000.       Ahora      bien,        como       quiera    que    se   trata   de   un  vicio  de  la  resolución de acusación   que   impedía   el  desarrollo  de  la  etapa  de  juzgamiento  y,   finalmente,   la  construcción    de    una   sentencia;  al  decaer  ésta, carecen de objeto  las     censuras     propuestas     y,     en    general,    la   controversia  propuesta  mediante  el      recurso      extraordinario,  por  lo  que  deviene innecesario su  estudio.  Ese  vicio  in          procedendo          existente         es    la    motivación    anfibológica    de    la   acusación,        el cual, inclusive, se reprodujo en la  sentencia,   tanto   de  primera  como  de segunda  instancia, como se verá.   

      

IV. La Fiscalía  acusó  a  JOSÉ  ANTONIO  RAMÍREZ  MATEUS  por  los delitos de Prevaricato por  omisión  y  Peculado  culposo,  citando  en la resolución que así lo hizo los  supuestos     fácticos     que     se         transliteran        a  continuación:   

         En  el  acápite  de  “HECHOS”  se  manifestó:            

Los hechos que dieron origen a la presente  investigación,  fueron  puestos en conocimiento por el Gerente Departamental de  la  Contraloría  General  de  la  República,  mediante  oficio  0279 del 17 de  febrero  del  año  2004,  donde  da a conocer unas presuntas irregularidades en  varios  contratos  celebrados  por  el  señor  Alcalde  municipal  de  Santana,  Boyacá,  durante  los  años  2002  y  2003.  En  el  mencionado  oficio  viene  relacionado  el  contrato  No 01 del 2002, de fecha 3 de enero de 2002 celebrado  entre  el  señor  Alcalde  Municipal con el señor CARLOS NOGUERA BONILLA y que  corresponde  a  la  concesión  del  servicio  del  matadero público municipal,  contrato  suscrito  por el valor de $7.200.000, dineros que no fueron cancelados  por            el            contratista.2   

Luego, en el acápite de “CONSIDERACIONES  DE    LA    FISCALÍA”,    se    anotaron    las    siguientes    conclusiones  fácticas:   

     

a. De  otro  lado contamos con que tanto tesorero de la época señor  EDGAR    MARIN    CUERVO   como   el   alcalde  municipal  JOSE  ANTONIO  RAMIREZ  MATEUS,  tenían pleno  conocimiento  acerca del incumplimiento dado por parte del señor CARLOS NOGUERA  BONILLA,  al  no  haber  cancelado  éste,  valor  alguno  por concepto de dicho  contrato…,  es más es el propio señor alcalde quien en sus medios de defensa  reconoce  que  desde  agosto del año 2002 es conocedor de esta situación, pero  pese  a  ello  nada hace con el fin de solucionar el  incumplimiento,  bien  sea  conciliando con el contratista las presuntas mejoras  que  este  le  hizo a las instalaciones del matadero público, ora decretando la  caducidad  del contrato, o liquidándolo a tiempo tal  como   lo   ordena   el   estatuto   de   contratación  estatal,…3     

     

a. Con  todo  lo  anterior,  se evidencia que el señor alcalde de la  época  JOSE  ANTONIO  RAMIREZ  MATEUS,  conocía del  incumplimiento   de  parte  del  contratista  señor  CARLOS  NOGUERA BONILLA, frente al contrato N. 001 del 3 de enero de 2002, desde  mucho   antes   de   que   el   mismo   venciera,  y  medio  (sic) su voluntad  en  faltar  a la lealtad debida en el ejercicio de su  función,  pues  en  su  calidad de servidor público, tenía pleno conocimiento  que  de no cumplirse con lo pactado, tenía que hacer  efectiva  la  cláusula penal, declarar la caducidad del contrato, o liquidar el  mismo  a  tiempo  todo con el fin de no generarle perjuicios al municipio que en  el     momento     representaba,     pues  al haber omitido y retardado hacer las gestiones pertinentes  actualizo     (sic)  con  su  actuar  el  tipo  penal  de prevaricato por  emisión   (sic)  y  de  peculado  culposo,  como  quiera  que  frente a este  ultimo  (sic)  por  su  falta  al  deber objetivo de  cuidado,  hizo  que el municipio perdiera la suma de  siete  millones  doscientos  mil  pesos  moneda  corriente.  Si a tiempo hubiera  procedido  tal  como  lo  demandan  las normas de la contratación pública, muy  seguramente   el   dinero   objeto  del  contrato  estaría  en  las  arcas  del  municipio.4     

(Negritas  y  subrayas fuera del texto original)   

En    la  segunda   instancia   promovida  por  el  defensor,  la          Fiscalía          transcribió  el  acápite  de  “HECHOS” aunque  reemplazando  ese  título  por  el  de  “EPISODIO  FACTICO”   y,   luego,  realizó  las  siguientes  consideraciones sobre aquéllos:    

Es  un  hecho cierto e irremediable que el  implicado  JOSE  ANTONIO  RAMIREZ  MATEUS,  tuvo  la posibilidad de enderezar su  comportamiento  de  tal  manera  que pudiera recuperar los dineros del municipio  que  se  encontraban  representados en el contrato de arrendamiento suscrito con  el  señor  CARLOS  ARTURO  NOGUERA BONILLA, no obstante solo hasta casi un año  después  de  cumplido el término del contrato emprendió las acciones legales,  sin  que  obre  en  el  paginario  ninguna prueba que justifique su negligente         actuación.   

Finalmente  debe indicarse en lo que tiene  que  ver  con  el  término  de  prescripción  de  la acción penal, es preciso  resaltar  que  el  Artículo  84 del Código Penal señala con absoluta claridad  que  en  las  conductas punibles omisivas el término comenzará a correr cuando  haya  cesado  el deber de actuar, y de conformidad con la descripción normativa  que  para  los  delitos  que  se  persiguen  en este caso particular el PECULADO  CULPOSO  y  el  PREVARICATO  POR  OMISIÓN  éstos  son  punibles  de  omisión,  el  término  no  podía  empezar a contarse en modo  alguno  sino  hasta  que cesó el deber de actuar, es decir el 3 de mayo de 2003  fecha  en  la  que vencía el término para que el señor Alcalde RAMIREZ MATEUS  liquidara  el  contrato de arrendamiento suscrito con  el        señor       NOGUERA       BONILLA.5   

(Negritas     fuera     del    texto  original)   

V. Si se repara  en     la     imputación    fáctica,   se   observará   que   tanto   el  Prevaricato    (por    omisión)    como   el   Peculado   (culposo),  se fundan en una serie de conductas  omisivas  en  que  incurrió  el  entonces  Alcalde de Santana (Boyacá) durante  las fases de ejecución y  de   liquidación  del  contrato  No  01  del  3 de enero de 2002. En efecto,  se   le  atribuyó  al  exmandatario el     haberse     abstenido    de   ejecutar   las  acciones  que  prevé  el  Estatuto  General  de  Contratación  de  la Administración  Pública  (Ley  80  de  1993)  para  hacer  frente al  incumplimiento       de      los      contratos  estatales,   como  son:  conciliar  con  la  otra  parte  las  compensaciones  a  que  hubiese  lugar,  declarar  la  caducidad  del  contrato  y  proceder a  liquidarlo  dentro  del  término  legal    (4    meses   después   de   su  terminación,  según  la legislación vigente en la  época            del            contrato6).   

         Además,  es evidente que las   mismas   conductas   negativas  constituyeron,  simultáneamente,  la  omisión propia del Prevaricato (doloso) y la infracción  al   deber   objetivo  de  cuidado  en  el    Peculado    culposo,   muestra  inequívoca  de  ello  es  que  el  análisis de los  hechos  fue  realizado de  manera               conjunta  a  lo  largo de toda la resolución  acusatoria, sin     hacer    las    distinciones        que  se desprendían de la identidad de  cada  uno  de  aquéllos.  Esa    conclusión  fue  refrendada  por  la  Fiscalía             cuando,        en        segunda    instancia,   determinó   que   ambos  delitos  se  habrían  consumado el 3 de mayo de 2003 porque  ese  día    cesaba    el    deber   de   liquidar   el  contrato    estatal,  de        manera        que       asimiló      sucesos   que   a   pesar   de   guardar   algunas   similitudes   en  su  caracterización  típica,  son  independientes  en  cuanto  a  la conducta y al  resultado  que  demandan.  De esa manera, el vencimiento del término legal que  ni  siquiera  consumó el Prevaricato por omisión porque es falso que ese hecho  extinga   para  la Administración la obligación  antedicha,        mucho       menos,         entonces,  podía  configurar  un resultado  tan      diverso     como     la     pérdida de dineros estatales.   

En   las   circunstancias   expuestas,  bien  pudo  haberse  concretado  una  violación  al  principio   del   Non   bis   in  ídem  porque las  mismas         conductas         omisivas  se  califican  como  el  verbo    rector    del    tipo   de   Prevaricato   y,   al   tiempo,   como  la   infracción   al   deber   de  cuidado  propio  de    la modalidad  culposa   de  un  Peculado, emergiendo como  única   diferencia   en   ese   nivel   del  análisis  el  que  uno     de     tales     delitos,   obviamente   el          último,  abarca  también  la  consecuencia   de   la   pérdida  de  bienes  municipales. Sin  embargo,   más   grave   que  la  eventualidad  de  una    prohibida   doble   imputación  que  ni  siquiera  puede  establecerse con certidumbre porque el  vicio   no   lo   permite,   es   que  se  haya  irrespetado  la sustancia del  supuesto   fáctico   y   eso   haya   impedido  su  estructuración    como   una   entidad   única   e   inconfundible,     al    tenerse    como   doloso   frente  a     una     hipótesis            delictiva y como  culposo    frente   a  la  concurrente,  desconociéndose    así   el   principio   lógico   de   identidad.   

Ahora   bien,   podría  argüirse  como  antítesis   a   la  antes  planteada  que  fueron  dolosas  las  conductas  omisivas  del exAlcalde  frente  al incumplimiento del  contrato  No  001  del  3  de  enero de 2002 y que la  culpa   se   pregona   es   en   relación   al   efecto  patrimonial  adverso  finalmente  producido,  es  decir;   que  unas  omisiones  dolosas  ocasionaron   un   resultado   culposo,  de  manera  semejante  a  lo que ocurre en los tipos preterintencionales que se configuran a  partir  de  un  resultado  que, siendo previsible, excede la intención         del         agente7.       Esa   hipótesis  de  un  “Peculado preterintencional”  es  inviable  en  el ordenamiento  penal      colombiano      que      consagra  un  sistema de número cerrado frente a esa modalidad de  conducta                   punible8.  Otra      posible  justificación  de  la  acusación sería  la  existencia  de  una  conexión  teleológica  entre  el  Prevaricato  y  el          Peculado,          la  cual es  inadmisible      de     entrada     porque     entraña    la  contradicción interna de  un dolo que abarca el delito    medio    y    no   el   fin  último.    

VI.  Así  las  cosas,  es evidente la anfibología de la acusación;  es   más,   esa   falta   de   univocidad   en   la   imputación  ya        se        vislumbraba    desde   el   acto   de  vinculación   al   proceso   de   JOSÉ   ANTONIO  RAMÍREZ  MATEUS,  en  el que se advertía la identidad  de  los hechos jurídicamente relevantes que  se comunicaron al procesado y la bifurcación que del aspecto  subjetivo  de  los mismos se hizo para atribuir dos delitos diferentes contra el  bien   jurídico  de  la  Administración  Pública.  Obsérvese:   

En  la diligencia de indagatoria realizada  el    10    de   abril   de   2006,   la   Fiscalía   formuló   la   siguiente  imputación:   

…  se  le sindica de ser responsable del  delito  de  PREVARICATO POR OMISIÓN art. 414 del C.P… contratos que no fueron  cumplidos…  y  que  usted  no  realizó  ninguna  gestión administrativa para  hacerlos  cumplir,  motivo por el cual hubo un detrimento patrimonial para dicho  municipio,…9   

Luego, en la ampliación de la indagatoria  surtida  el  26  de  marzo  de  2008 con el objeto de  adicionar el cargo de Peculado culposo, manifestó la Fiscalía:   

Además  del  delito  de  PREVARICATO  POR  OMISIÓN  se  le  sindica  de  ser  presunto  responsable del delito de PECULADO  CULPOSO  Art.  400  del  Código  Penal Ley 599 de 2000, que tiene pena de 1 a 3  años,  incrementada  hasta  en  una  tercera  parte por el Art. 415 de la misma  obra,  ya  que  Usted  como  Alcalde  Municipal  de  Santana, y con su actuar se  permitió   que  el  señor  CARLOS  ARTURO  NOGUERA  BONILLA  con  quien  usted  suscribiera  el  contrato  001  del  3  de  enero  de  2002 y cuyo objeto era el  arrendamiento   del   matadero   municipal   de   Santana,  incumpliera  con  el  arrendamiento  del  matadero municipal de Santana, incumpliera con el contrato y  por  su administración no adelantaran las gestiones necesarias y efectivas para  lograr  el  cumplimiento  del  contrato  o  la  aplicación de las cláusulas de  incumplimiento,  produciéndose  un detrimento patrimonial para tal municipio de  Santana,  en  cuantía  del  contrato  es  decir  $7.200.000,  que  sumado  a la  cláusula  penal  pecuniaria  de  $720.000  y  del  30%  por  concepto  de multa  $2.160.000,       sumaria       $8.800.000,…10   

Véase   que  la  abstención en la ejecución de las acciones que  reclama   la   ley   ante   el   incumplimiento   de  un  contrato  estatal  y  hasta  el  consecuente perjuicio patrimonial causado al Municipio de Santana por  los    dineros    dejados    de    percibir,  fueron  los  hechos a partir de  los  cuales  se le atribuyó a JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ  MATEUS  tanto  un  Prevaricato  por omisión como un  Peculado  culposo.  La indistinción de los supuestos  fácticos  omisivos  y  la  contradicción  en su aspecto subjetivo ocasionó,  por  ejemplo,  que  el  procesado se defendiera de una  culpa   aun  cuando  se  le  estuviese  imputando  un  dolo,  como  ocurrió  al  vinculársele  por  la prevaricación cuando hizo las  siguientes               manifestaciones  defensivas:      

…  considero que en cuanto a mi conducta  no   es   negligente,  porque yo como alcalde me  entero  de  estas  situaciones  después de ocurridos  los hechos,…   

…,  entonces  mi  conducta  no   da   lugar  a  que  por  culpa mía se haya dejado de pagar  una  obligación  de  un  contratista a la tesorería  municipal,…   

…,  quiero  manifestar  que  mi conducta  no   es  negligente  no  es  descuidado…11   

(Negritas fuera  del texto original)   

VII. Por si lo  anterior    fuera    poco,    en   la   etapa   de  juicio  la  anfibología en la imputación subjetiva  se  mantuvo y, finalmente,  se   reprodujo  en  la  sentencia  tanto  en  la  primera  como  en  la  segunda  instancia.  Así,  previo a esta última, el alegato  de  conclusión  de  la Fiscalía en la audiencia pública de juzgamiento revela  con   suma   claridad   que   la   única   distinción   fáctica  que    se    estableció   entre   el  Prevaricato  y  el  Peculado  es  que  este    último   incluye   la   concreción   de   un   detrimento  económico   para   el  municipio   boyacense.  Basta   con   traer   a   colación   una   parte   del   alegato   del  órgano  acusador para corroborarlo:   

…  existe  la certeza que el legislador  requiere  para  que se profiera sentencia de carácter condenatoria en contra de  JOSE  ANTONIO  RAMIREZ  MATEUS  por  los  delitos  de PREVARICATO POR OMISIÓN Y  PECULADO  CULPOSO  respecto  del primero se tiene establecido que el hoy acusado  en  su  calidad de alcalde municipal de Santana luego de haber suscrito contrato  con  el  señor CARLOS ARTURO NOGUERA BONILLA tenia (sic) pleno conocimiento que  el  contratista  no  había  cumplido  desde un comienzo con las condiciones del  contrato  mas  (sic)  exactamente en lo que tiene que ver con la cancelación de  los  canon  de  arrendamiento,  …,  sin  que  el  aquí  acusado hubiera hecho  gestión  alguna  con  el  fin  de obtener el pago de los canon de arrendamiento  debidos  por  parte  de  NOGUERA  BONILLA,  se  evidencia  claramente que el hoy  acusado  falto  (sic)  a  la lealtad debida en el ejercicio de su función y con  ello  genero  (sic)  el  que  el  municipio  fuera  víctima  de  un  detrimento  patrimonial  en  cuantía  de  7.200.000 con lo cual actualizo (sic) otro de los  delitos    contemplados    por    el    legislador    como    es   el   peculado  culposo;…12   

En  la sentencia proferida por el Juzgado  Penal  del  Circuito de Moniquirá se manifestó, sin  reparar  en  la  eventual vulneración del Non bis in  ídem  y  menos  en  la  naturaleza   contradictoria   de   la  calificación  jurídica  de      los     hechos,  que  el retardo del entonces primer  mandatario  municipal  en  la  liquidación del contrato No 01 del 3 de enero de  2002,   constituía  tanto  una  omisión  (dolosa)  prevaricadora  como  la  infracción  al  deber  objetivo de cuidado del tipo de  Peculado  culposo que dio  lugar  a  la  pérdida de unos recursos estatales. Al  efecto  se  citan  los párrafos conclusivos de cada  especie      delictiva      cuya     confrontación     permite     atisbar    las   afirmaciones   antes  realizadas:        

Podemos  señalar  que se estructuran los  elementos  normativos  del  tipo penal de Prevaricato  por  Omisión que refiere el art. 414 del C.P., y que  perfectamente  se  adecua  la conducta del procesado en este ilícito atendiendo  que  se  ha  demostrado  que  este  en  su  calidad de servidor público Alcalde  Municipal  de  Santana  en  el  año  Dos  Mil Dos (2002) en cumplimiento de sus  funciones  como  fue  la  de  dar  cumplimiento  a la ley 1150 de 2007 y ante el  incumplimiento  del  contrato  no  001  por  parte  del  contratista,  omitió  dar  cumplimiento  a  la  liquidación  unilateral del  contrato  en  el  término  que fija la citada ley…, acto que fue realizado de  manera   deliberada  al  margen  de la ley violando manifiestamente la norma antes citada,…13   

(…).  

Por  otro  lado, dado lugar a que ante el  incumplimiento  del contratista en el pago del canon pactado en dicho contrato y  de  acuerdo  al plazo del mismo de doce meses el Municipio de Santana dejo (sic)  de  percibir  la suma de $7.200.000 más lo correspondiente a la cláusula penal  y  multa  que  se  había  fijado  en  dicho contrato generándose un detrimento  patrimonial   del  erario  público  por  conducta  culposa  del  procesado  que  al  retardar  el cumplimiento del deber normativo de  liquidar  unilateralmente  el  contrato  se  puede  afirmar que actuó de manera  negligente  omitiendo su  deber  de  cuidado  que le era exigible en su condición de Alcalde Municipal lo  cual  también  determinó  en  su  actuar  que  se  vulnerara  también el bien  jurídico  tutelado  por  el  Legislador  Penal  de  la Administración Pública  frente  al  ilícito  de PECULADO CULPOSO.14   

(Negritas  y  subrayas  fuera  del  texto original)   

Finalmente,  en  la  sentencia de segunda  instancia  aunque se intentó un análisis individual  de  cada  uno  de  los  cargos,  el  retardo  en  la  liquidación  del contrato estatal, la omisión de la  declaratoria  de  caducidad  y  de  cualquier  otra  actividad  dirigida  a  solucionar  el incumplimiento  del     particular    contratista,    fueron         los         hechos         que         siguieron  cumpliendo    la   doble   función   de   omisión  dolosa    para    el  Prevaricato   y  culposa  para   el   Peculado.  De  esa  manera,  en  vez  de  advertir  y  corregir el  yerro  de  la primera instancia, el Tribunal Superior  de  Tunja  lo  prolongó hasta el final del proceso.  Esa         aseveración         encuentra        respaldo        en        las        consideraciones   pertinentes  de  la  decisión            judicial:       

6.1     Del     prevaricato     por  omisión.   

La Fiscalía le formuló cargos al señor  RAMIREZ  MATEUS  en  su  calidad  de alcalde municipal de Santana como autor del  punible  de  prevaricato  por  omisión,  por  el  hecho de que a pesar de tener  conocimiento  del  incumplimiento  por parte del contratista del contrato No 001  del  3  de  enero  de  2002,  nada hizo con el fin de  solucionar  el  incumplimiento,  bien  fuera  conciliando con el contratista las  presuntas  mejoras  que este hizo a las instalaciones del matadero, o decretando  la    caducidad    del    mismo,   o   liquidándolo   a   tiempo   conforme   al   Estatuto   de  contratación  estatal.15   

(…).  

6.2.  Del  peculado  culposo.   

(…).   

…  en  realidad el acusado, faltando al  deber   objetivo   de   cuidado,  no  adelantó  las  gestiones   pertinentes  para  hacer  efectivo  el  cobro  de  las  obligaciones  derivadas   del   contrato  y  por  no  hacerlo,  el  municipio   perdió   la   posibilidad  de  percibir  esos  dineros.16   

En concreto, si bien es cierto se podían  llevar  a  cabo  otro  tipo  de acciones de manera posterior a que finalizara el  mandato  del  procesado,  en  aras de recaudar los rubros adeudados por concepto  del  contrato  objeto de análisis, lo cierto es que durante su mandato pudo dar  por  terminado  el  contrato  que se incumplió desde su inicio en el año 2002,  sin  embargo,  se mantuvo pasivo sin proferir el acto  de  liquidación  unilateral  que  era menester para  adelantar  la ejecución coactiva de lo adeudado bien ante el contratista o ante  la                   aseguradora.17   

(…)  

Si el acusado hubiese obrado con el debido  cuidado  habría procedido  desde  el  mismo  año  2002,  cuando  se inició el incumplimiento contractual,  a    dar    aplicación   a   la   caducidad   del  contrato  y  desde  esa  época  se  habrían podido  ejercer  las acciones de jurisdicción coactiva para recuperar los dineros, pero  su     omisión     contribuyó    definitivamente    para    que    estos    se  perdieran.18   

(Negritas fuera del texto original)   

VIII. Conforme  a  lo  anterior,  la  utilización  de  un  supuesto  objetivo    común    con   un   componente   dual  contradictorio  para  configurar  dos delitos que si  bien   son   autónomos  afectan    el   mismo   bien   jurídico,   la   Administración   Pública;  comportó  una violación al  principio  lógico  de  identidad  que,  a su vez, desencadenó una anfibología  irresoluble   de   la   acusación  que  no  permite  comprender  los cimientos fácticos de la imputación  ni  siquiera  a  los  juzgadores  que  prolongaron la  ambivalencia.     De    igual    forma,  se  reitera, pudo haberse vulnerado  el   Non  bis  in  ídem  porque  unas  mismas conductas omisivas se adecuaron simultáneamente al tipo de  Prevaricato   y   al   de   Peculado;  sin  embargo,  ello   no  puede      establecerse   con  certeza  porque  la doble  imputación   se   predica   de   un  comportamiento  único  e  inconfundible  y,  como  ya  se  vio, ni la Fiscalía ni los Jueces  pudieron   determinar  con  univocidad  si    el    mismo   era   doloso   o  culposo.   

IX.  Ahora, se  examina    la   incidencia   que   la   imputación  anfibológica   de   la   Fiscalía   ocasionó   en   el  derecho  a   la   defensa  de  JOSÉ  ANTONIO  RAMÍREZ  MATEUS,   no   sin  antes  recordar  que  un  impacto  negativo  de  esa  indeterminación   ya   se  vislumbraba  desde  la  indagatoria  cuando  aquél,  como    antes    se  dijo,   controvertía  una  atribución dolosa  aduciendo    diligencia    y/o    cuidado   en   su   conducta   como   servidor  público.   Luego,  al  sustentar  el  defensor  el  recurso  de  apelación  contra  la  resolución de  acusación  denunció  que  la misma contenía “dos  imputaciones     por     un    mismo    hecho”19,  con lo cual advertía el  vicio  aunque  no  en  toda  su dimensión porque ese hecho (omisivo) doblemente  calificado   era   contradictorio   en   sí  mismo,  por  lo  que  una   corrección   en   virtud  del  principio  del  Non   bis   in   ídem  no  permitía  establecer  cuál  de  los  delitos  formalmente  concurrentes era el parámetro  válido  de  tipicidad.  En todo caso, esa denuncia desvirtúa la convalidación  de  la  irregularidad  y  revela  la  magnitud de la  dificultad   de   comprensión   del   sentido   de   la  acusación.   

En  memorial radicado el 27 de septiembre  de  2010,  el  defensor solicitó la declaratoria de prescripción de la acción  penal20.  La  misma  se justificó en que la aplicación del artículo 32  de  la Ley 1150 de 2007 implicaba que el término extintivo había iniciado el 3  de  marzo  de  2003,  por  lo  que  cuando  adquirió  ejecutoria la resolución  acusatoria la acción se  encontraba  prescrita.  Dicha  solicitud  es un fiel  reflejo   de   la  ambigüedad  de  la  imputación   formulada   por   la  Fiscalía  porque,  desconociendo  la  identidad  y  la  autonomía  de los     dos    delitos    enjuiciados,    realizó    el  defensor  un cálculo común  de la prescripción,   es   decir,   sin  atender  a  las  particularidades  de  las  conductas  concursales,  falencia  ésta  que se ratificó al determinar como  supuesto  común  de  la  consecuencia  que pretendía el vencimiento del plazo  legal  para  liquidar el  contrato  estatal  y, por ende, resultar una  misma  fecha  de extinción de la  acción  penal.  Por  su  parte,  el  juzgado    concedió   la   petición  incurriendo  en  iguales  desaciertos,  es decir, partiendo de un único  sustrato “doloso-culposo”21.   

Por último, en el alegato de conclusión  que  presentó  el  defensor en la audiencia pública de juzgamiento,     aunque    bajo    el   ropaje   de   una   eventual  infracción  al  principio  del  Non   bis   in   ídem,  se     evidencian  los   problemas   para  controvertir  una  imputación  fáctica  y  jurídica viciada porque no permite  comprender  cómo  una  misma conducta se encuadró en dos tipos penales que son  diferentes  no  solo  en su configuración objetiva sino subjetiva (uno doloso y  el  otro  culposo).  En efecto, consta en acta de la  respectiva audiencia que la intervención defensiva inició así:   

(…).  Se  investiga  a  mi poderdante por  incriminaciones  generadas  en  una  acción  donde  hay  un  concurso de hechos  punibles  a lo cual nuestra insistencia desde un comienzo ha sido que no es y no  se  da  la  posibilidad  del  delito complejo en este caso puesto que una de las  infracciones  debe  estar subsumida dentro de los elementos de la otra, luego la  conducta  no  puede  ser concurrente para ambos delitos, como consecuencia a que  no  hay  conexión para que estoa (sic) se hubieran realizado de manera dolosa o  por  culpa,  y  la  convención  del  uno  necesariamente  no  conlleva a que se  tipifique  el  otro  delito,  es  decir  que del prevaricato jamás puede llegar  también   a   la   conclusión  que  pueda  darse  peculado  en  este  caso,…  22    

         

         X.        En        conclusión,   la   motivación   y  la  decisión  del  proveído  acusatorio   son   anfibológicas   en   grado  tal  que  no  permiten  comprender un único sentido de la  imputación.  De  esa manera, se violó el derecho a  la  defensa  del  procesado  porque  nunca  se  le  comunicó  con precisión la  conducta  íntegra que se le imputaba y, por ende, jamás pudo controvertirla de  manera   adecuada.   Esa  irregularidad     sustancial    no    permitió  cumplir  la finalidad de una acusación motivada, cuál  es  la  de  delimitar el  objeto  de  la  controversia  en  el  juicio y de la  decisión  final,  por lo  que   también   se   afectó   el   debido   proceso.   Además,   la  misma nunca fue convalidada por los  titulares   de  la  defensa,  es  más  el   abogado   que   ejerció  la  de  carácter   técnico   denunció   el   vicio   hasta   donde   pudo        comprenderlo.      Entonces,      habiéndose  incurrido  en las causales previstas en los numerales  2  y 3 del artículo 306 del C.P.P./2004 y no existiendo en esta parte final del  proceso  otro  mecanismo  para  restaurar su legalidad, se decretará la nulidad  del mismo a partir de la calificación del mérito del sumario.   

         XI.  Ahora,  la  desaparición  de  la  causal  de  suspensión  de  la  prescripción  de la acción penal prevista   en   el   artículo   86  original  del  Código  Penal  (ejecutoria   de  la  resolución  de  acusación),  conlleva  la necesidad de  examinar      la      ocurrencia     del     fenómeno     extintivo.   

         Las            conductas  de Prevaricato por omisión  y   de  Peculado  por  apropiación,  al  constituir  ambas    delitos    de    funcionario23  y tener  previstas  penas  máximas  inferiores  a  5  años24,        según  lo  dispuesto en los artículos 83 y 89 del Código Penal,  prescriben   en   un   término  de  6  años  y  8  meses.   

         En  lo  que  respecta  a  la  consumación  de  cada  uno de tales  delitos,  debe  advertirse  que la anfibología de la  imputación  fáctica  dificulta  en  gran  medida la  determinación  del  momento  en que se ejecutó cada uno de aquéllos, más aun  cuando  casi  en  su  totalidad fue idéntica en sus  fundamentos,  como  ya  se  demostró.  Por  ello,  la  Corte procederá en tal  labor    asumiendo    la    postura   que  estima más razonable ante   esa   ambivalencia   insuperable,   en   lo   que  respecta  al  tiempo  de  comisión de las conductas punibles,  así:   

         a)  La  omisión fundamental que se endilgó como prevaricadora al  procesado  fue  la  del  retardo en la liquidación del contrato No 001  del 3 de enero de 2002, acto que,  finalmente,  aquél  llevó  a cabo el 26 de diciembre de 2003. Entonces, según  lo   indica   el  artículo  84  del  C.P.,  el  término  de  prescripción  se  contabilizará  a  partir  de ese día porque allí cesó el deber de actuar del  exalcalde.  En  consecuencia, el 23 de agosto de 2010  prescribió    la   acción   penal   por   el   delito   de   Prevaricato   por  omisión.   

b) En   lo   que   respecta   al   Peculado   culposo,   la  pérdida de los recursos que debía  percibir  el  Municipio  de Santana en razón del incumplimiento del contrato No  001   del   3   de   enero   de  2002,  se   habría  producido  desde  el  momento  en  que  tales   obligaciones   se  hicieron  todas  exigibles  y  ello  se  corresponde  con  la fecha de terminación del convenio, es decir, el 2 de enero  de            2003,           entendimiento    bajo    el    cual  la  acción  penal prescribió el 2 de septiembre de  2009.   Es más, aun  cuando   se   acogiera   la   tesis   plasmada  por  el   Tribunal   Superior   de   Tunja  en    auto    del   7   de   diciembre   de   2010,   según  la  cual el Peculado se habría consumado con la caducidad  de  la  acción  administrativa  contractual,  es  decir, 2 años después de la  ejecutoria     de     la    liquidación    unilateral    efectuada    por    la  Administración25;        el  delito  se  entendería realizado el 26 de diciembre de 2005 y  la   prescripción  habría  acaecido  el  26  de  agosto  de  2012.   

En         conclusión, se decretará la cesación  del  procedimiento  adelantado  contra  JOSÉ  ANTONIO  RAMÍREZ  MATEUS por los  delitos   de   Prevaricato   por   omisión  y  Peculado  culposo,  en   razón  a  que  se  encuentra  prescrita  la  acción  penal  en    relación   a  ambos.     Como  consecuencia   de  esa  decisión,    se  cancelarán   las   medidas  restrictivas  personales  o  sobre  bienes  que  se  hubiesen  impuesto  al  procesado.   

D E C I S I Ó N  

En  mérito de lo expuesto, la   Corte   Suprema   de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por autoridad de ley,   

R E S U E L V E  

Primero:  Casar    de    oficio  la  sentencia condenatoria  proferida  en  contra de JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ MATEUS  por   los   delitos   de   Prevaricato  por  omisión  y  Peculado  culposo.  En  consecuencia,  se  anula el  proceso a partir de la resolución de acusación.   

Segundo:  Decretar  la cesación del  procedimiento  seguido contra JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ MATEUS por prescripción de  la  acción  penal  en  relación  a  los  delitos de Prevaricato por omisión y  Peculado culposo.   

Tercero:  Ordenar  la  cancelación  de  las  medidas  restrictivas  personales  y  reales  que  se  hayan  impuesto     a     JOSÉ     ANTONIO    RAMÍREZ  MATEUS, por razón de este proceso.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Al  efecto,  citó  la  sentencia de segunda instancia del 19 de enero de 2006, rad.  19746, de esta Corporación.   

2  Folio 206 Cuaderno principal   

3  Folio 217 ibídem   

4  Folio 220 ibídem   

5  Folios 7 y 8 del Cuaderno de Segunda Instancia de la Fiscalía.   

6  Artículo 60 original de la Ley 80 de 1993   

7  Artículo   24  Código  Penal:  “La  conducta  es  preterintencional  cuando  su resultado, siendo previsible, excede la intención  del agente.”   

8  Artículo  21  ibídem:  “La  conducta  es dolosa,  culposa   o   preterintencional.   La   culpa  y  la  preterintención  sólo  son  punibles  en  los  casos  expresamente  señalados  por  la ley.”  (Negritas  por  fuera  del texto  original)   

9  Folio 69 del Cuaderno Principal   

10  Folio 174 ibídem   

11  Páginas 71 y 72 del Cuaderno Principal   

12  Folios 391 y 392 del Cuaderno Principal   

13  Folios 412 y 413 ibídem   

14  Folio 414 ibídem   

15  Folio 47 del Cuaderno del Tribunal.   

16  Folio 56 ibídem   

17  Folio 58 ibídem   

18  Folio 59 ibídem   

19  Folio 231 del Cuaderno Principal   

20  Folios 321-323 del Cuaderno Principal   

21  Folios 326-332 ibídem   

22  Folio 394 ibídem   

23  El   artículo  83  original  del  Código  Penal  disponía  que:  “Al  servidor  público que en ejercicio de sus funciones, de su  cargo  o con ocasión de ellos realice una conducta punible o participe en ella,  el  término  de prescripción se aumentará en una tercera parte”.   

24  El  artículo 400 del C.P. prevé una pena máxima para el Peculado culposo de 3  años,  mientras  que  el  artículo  414  ibídem  la  fija  en 5 años para el  Prevaricato por omisión.    

25  Así  lo  disponía  el  artículo  136,  numeral  10,  literal  d), del Código  Contencioso Administrativo (Decreto 01 de 1984).     

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