SP5765-2015(43611)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

SP5765-2015  

Radicado N° 43611.  

Aprobado acta No. 171.  

Bogotá,  D.C., trece (13) de mayo de dos mil  quince (2015).   

Procede  el  despacho  a  proferir  sentencia  dentro  de  las  diligencias  adelantadas  en contra de GUILLERMO LEÓN VALENCIA  COSSIO,  por  los  delitos  de prevaricato por omisión agravado y ocultamiento,  alteración  o  destrucción  de elementos materiales probatorios, en situación  concursal  heterogénea,  conforme  a  la aceptación integral de la imputación  que  se  le  hiciera  en audiencia de formulación de cargos durante sesiones de  los  días  uno (1) y dos (2) de abril del año inmediatamente anterior, ante un  magistrado  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de Distrito Judicial de  Bogotá, con función de control de garantías.   

IDENTIDAD DEL PROCESADO  

El  aquí  procesado  responde  al  nombre de  GUILLERMO  LEÓN VALENCIA COSSIO, identificado con la cédula de ciudadanía No.  70.115.707,  nacido  en  Medellín  (Antioquia)  el 24 de junio de 1958, hijo de  Luis  Eduardo  Valencia  y  Elvira  Cossio;  de profesión abogado, estado civil  casado  con  la  señora  Lida  Jiménez  Carvajal,  actualmente  privado  de la  libertad  en  la  cárcel  Yarumito  de Itagüí (Antioquia), por cuenta de otro  proceso.   

HECHOS  

          La  facticidad  materia  de  la  presente actuación, tuvo inicio el  día  8  de noviembre de 2007, cuando el doctor GUILLERMO LEÓN VALENCIA COSSIO,  siendo  Director  Seccional de Fiscalías de Medellín (Antioquia), recibió las  denuncias  penales  y  sus  anexos,  presentadas por la señora Lucía Zapata de  Hoyos     y     la     supuesta     organización     denominada    “Ciudadanos  de bien de Medellín”, que  daban  cuenta  de actividades delictivas relacionadas con testaferrato, falsedad  documental,   concierto   para  delinquir  agravado,  narcotráfico,  lavado  de  activos,  enriquecimiento  ilícito,  homicidio  y  otras conductas punibles que  involucraban  a  varios  narcotraficantes,  entre  ellos  Juan  Carlos  Ramírez  Abadía,     alias    “Chupeta”,    y  otros  miembros  de  su organización, con la finalidad de que se  abrieran  las  correspondientes  investigaciones  penales;  sin  embargo, no les  imprimió  el  trámite  correspondiente y, contrario a ello,  las ocultó,  al punto de no existir reporte oficial de su recepción.   

          Que  de  tal acontecer se tuvo conocimiento cuando al ser suspendido  VALENCIA  COSSIO  de  sus  funciones  como  Director  Seccional de Fiscalías de  Medellín,  en razón de haberse iniciado investigación penal por una fiscalía  delegada  ante esta Corporación, la citada denunciante, Lucía Zapata de Hoyos,  se  dio  a  la  tarea  de  indagar por intermedio de la nueva directora sobre el  trámite  de  la  queja,  advirtiéndose,  entonces,  que  no  obraba constancia  de   la  existencia de tales denuncias, así como tampoco impulso alguno al  respecto.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Frente  a  un magistrado con función de control de garantías de la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá, se llevó a  cabo  audiencia  de formulación de imputación, durante sesiones de los días 1  y  2  de  abril de 2014; diligencia en la que el doctor GUILLERMO LEÓN VALENCIA  COSSIO,  manifestó  allanarse  a  los  cargos endilgados por la fiscalía, como  autor  responsable de los  delitos de prevaricato por omisión agravado, en  concurso  con  ocultamiento,  alteración  o  destrucción  de elemento material  probatorio,  tipificados  en  los artículos 414 – 415 y 454B del Código Penal,  respectivamente.   

          En   audiencia   adelantada  el  día  23  de  septiembre  del  año  inmediatamente  anterior, esta Corporación, previa constatación de que el acto  de  allanamiento  a  cargos  del  doctor  VALENCIA COSSIO fue voluntario, libre,  espontáneo   y   debidamente   informado,   exento  de  vicios  esenciales  del  consentimiento  y  plenamente respetuoso de sus derechos y garantías, impartió  aprobación integral al mismo.   

FUNDAMENTACIÓN     PROBATORIA     Y  JURÍDICA   

          Compete  a  la  Sala,  entonces,  verificar en el presente asunto la  confluencia  de  las  exigencias  jurídico  procesales  para  emitir  el  fallo  condenatorio  en  contra  del  procesado;  única  decisión admisible frente al  allanamiento  a  cargos  efectuado,  para  lo  que  se  acudirá al análisis en  conjunto   de   los   elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física  e  información  legalmente  obtenida  que  refirió  la  fiscalía  y  acopió  en  desarrollo de su labor investigativa.   

         Para      constatar     en   el   presente  asunto  la  efectiva  ocurrencia  de los             delitos  de  prevaricato  por  omisión  agravado  y  ocultamiento,  alteración   o   destrucción   de   elemento  material  probatorio,  se  torna  necesario  consultar  el  contenido de las   normas  que   los   tipifican,  a  fin     de     determinar     sus     elementos    estructurales.  Para  tales  efectos,  abordará  la Sala en forma individual el  estudio   de   cada   uno  de  los  referidos  tipos  penales.       

a. El  artículo  414  de  la  Ley  599  del 2000, con la modificación  introducida  por  el  artículo  14  de  la  ley 890 de 2004, define el reato de  prevaricación omisiva en los siguientes términos:     

El  servidor  público  que omita, retarde,  rehúse  o  deniegue  un acto propio de sus funciones, incurrirá en prisión de  treinta  y  dos  (32)  a noventa (90) meses, multa de trece punto treinta y tres  (13.33)  a  setenta y cinco (75) salarios mínimos legales mensuales vigentes, e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas por ochenta  (80) meses.   

De  acuerdo con la norma transcrita, incurre  en  la  anotada  conducta  todo  servidor  público  que,  en  desarrollo de las  funciones  que  la  Constitución,  la  ley  o  el reglamento le hayan asignado,  omita,   retarde,  rehúse  o  deniegue  el  cumplimiento  de  un  acto  que  le  corresponda.  Es  decir,  que  el  delito en mientes, en su aspecto objetivo, se  estructura  por  el  no  cumplimiento  de  un  deber  legal  que  es  propio del  funcionario,  bajo  cualquiera  de  las  precitadas  modalidades. Igual, resulta  indispensable  destacar que el infractor, esto es, quien tiene el deber legal de  ejecutar  el  acto,  no  obstante  lo  consciente  del imperativo que le asiste,  decide marginarse de hacerlo en forma voluntaria.   

                        Ha  sido  pacífica  y  reiterada la jurisprudencia de esta Corporación, al sostener que:   

“…además, de ese aspecto objetivo, que  se  traduce en un comportamiento omisivo resulta indispensable que el infractor,  esto  es,  que  quien  tenga  el deber legal de ejecutar el acto, no obstante lo  consciente  de su obligación legal, en forma voluntaria omita, retarde, rehúse  o       deniegue       su       cumplimiento”1.   

          De   manera,  pues,  que  el  tipo  penal  referido  exige  para  su  configuración,  además  del  componente objetivo atrás identificado,  la  concurrencia   de   uno   de   esencia  subjetiva,  al  tratarse  de  un  delito  eminentemente  doloso,  que exige, por tanto, la existencia de la conciencia del  deber  omitido  y  la voluntad consciente, por parte del agente infractor, de su  no realización2   

.  

          El  canon  415  del mismo estatuto represor, consagra una particular  circunstancia  de  agravación  punitiva  para  dicho  reato,  en los siguientes  términos:   

    

Las  penas  establecidas  en los artículos  anteriores  se  aumentarán  hasta  en una tercera parte cuando las conductas se  realicen  en actuaciones judiciales o administrativas  que se adelanten por  delitos  de genocidio, homicidio, tortura, desplazamiento forzado, desaparición  forzada,  secuestro,  secuestro  extorsivo,  extorsión,  rebelión, terrorismo,  concierto  para  delinquir,  narcotráfico,  enriquecimiento ilícito, lavado de  activos  o  cualquiera  de  las  conductas contempladas en el título II de este  libro.   

     

a. El  artículo  454B  de  la  Ley  599  del  2000,  adicionado por el  artículo  13  de  la  Ley  890  de  2004,  por  su  parte,  define  el reato de  ocultamiento,   alteración   supresión   de   elemento   material  probatorio,  así:     

“El que para evitar que se use como medio  cognoscitivo  durante  la  investigación,  o como medio de prueba en el juicio,  oculte,  altere o destruya elemento material probatorio de los mencionados en el  Código  de  Procedimiento  Penal,  incurrirá  en prisión de cuatro (4) a doce  (12)  años de prisión y multa de doscientos (200) a cinco mil (5.000) salarios  legales         mensuales        vigentes.”3   

          Jurisprudencialmente,  esta  Sala  de la Corte ha venido tratando el  tema, sosteniendo que:   

          “…para  su estructuración se requiere que el agente, destruya,  suprima  u  oculte  el  documento que pueda servir de prueba sin que se exija la  demostración  de  la  finalidad  específica perseguida con la ejecución de la  conducta.”   

Se ha entendido así que, de acuerdo con esta  descripción  típica,  la  referida  conducta  punible  se estructura cuando el  sujeto  activo  destruye,  suprime  u  oculta,  de  manera  total  o parcial, un  documento  público  dotado de aptitud probatoria; comportamiento que debe estar  precedido   del   conocimiento   y   voluntad   de  afectar  su   idoneidad  demostrativa       o      de      acreditación4.   

         

          Se   allegaron   a   la   presente  actuación,  como  elementos  de  acreditación,  los siguientes: entrevista practicada a la señora Lucía Zapata  Hoyos,  persona que suministró la información sobre las actividades delictivas  que  presuntamente  habrían  cometido varios narcotraficantes, entre ellos Juan  Carlos   Ramírez   Abadía,   alias   “Chupeta”,  y  otros  miembros  de  su  organización;  entrevista  practicada   al   señor   Álvaro  Ovalle  Orduña5,  Jefe  de  Veeduría  de  la  Dirección  Seccional  de Fiscalías de Medellín; denuncias interpuestas contra  Gloria  Zapata de Méndez y otros, y Beatriz Suárez Toro y otros, fechadas el 8  de         noviembre         de         20076;       anexos7 y ampliación  de   denuncia8;  entrevista  practicada  a  la  señora  Martha  Cecilia  Penagos,  Directora  Seccional  de  Fiscalías  de  Medellín9;   así   como  también  los  oficios  Nos. 1737 de octubre 6 de 2008; 100/6239 de octubre 7 de 2008; 5130 del  10  de  octubre  de  2008,  y  29199 de la Dirección Nacional de Fiscalías, de  fecha     6     de     noviembre     de     200810,   que  dan  cuenta  de  las  distintas  remisiones  que  se hicieron de las denuncias objeto del proceso, por  parte  de  los  funcionarios  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación y que,  finalmente, fueron entregadas al aquí sentenciado.   

         

          Se  cuenta  también  con  informe de policía judicial, adiado 8 de  mayo  del  2009, que ilustra sobre la inspección efectuada en las instalaciones  de    la    Unidad    de    Control    de   Lavado   de   Activos   –  UCLA-,  en relación con el trámite  de  las denuncias asignadas a la Fiscal 41 Especializada de esa unidad, lo mismo  que  informe  complementario  del  29  de  enero del 2009, conclusivo de que las  denuncias  entregadas al doctor VALENCIA COSSIO, no fueron conocidas por ninguna  autoridad11.   

          De  igual modo, se tiene la Resolución No. 2-2504 del 22 de octubre  de  2007, a través de la cual la Secretaría General de la Fiscalía General de  la  Nación  encarga  al  hoy  procesado  como  Director Seccional de Fiscalías  Seccional                  Medellín12 y su correspondiente acta de  posesión    del    25    de   octubre   de   200713;  Resolución  2-0193 del 25  de  enero  de  2008,  por  la  cual se concretó un segundo encargo hecho por la  Secretaría  General  de  la Fiscalía General de la Nación al antes mencionado  en             esa             Dirección14  y  su acta de posesión del  28        de        enero        de       200815;  Resolución  2-1892 del 17  de  agosto  del 2007, por medio de la cual se implementó el manual de funciones  de    la   Fiscalía   General   de   la   Nación16; Resolución 05007 del 21 de  octubre  del  2004,  reglamentaria  de  los  mecanismos  de  reparto17;  Circular  002  del  08  de  junio de 2004, que fijó los parámetros para la asignación y  reasignación  de  investigaciones  al  interior  de  la Fiscalía General de la  Nación18;  Resolución  0-3605  del  3  de noviembre de 2006, por la cual se  establecen     los     procedimientos,     reasignaciones     y    designaciones  especiales19.   

         

          Figura  también  en las foliaturas, informe de policía judicial de  fecha  26  de  marzo del 2012, a través del cual se establece que las denuncias  atrás  mencionadas fueron enviadas por la doctora Marta Cecilia Penagos Penagos  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación;  se  advierte también allí que las  referidas  denuncias  no  fueron  objeto de asignación especial, ni encontradas  entre  los  elementos  de la oficina de la Dirección Seccional de Fiscalías de  Medellín  después  de  la captura del doctor VALENCIA COSSIO. A su vez, figura  la  respectiva entrevista practicada a la señora Martha Cecilia Penagos, en los  términos           ya           indicados20.   

          Aparece,  asimismo, la entrevista rendida por el aquí procesado, en  la  que  adujo  haber  entregado  las anotadas denuncias al Fiscal General de la  Nación  en presencia del doctor José Gilberto Martínez, para la época en que  fue  Director del Programa de Protección a Testigos21;  entrevista  practicada  al  doctor  Mario  Iguarán Arana, ex Fiscal General de la Nación, quien manifestó  no  recordar  lo  antes  dicho  por  VALENCIA COSSIO22; entrevista concedida por el  referido  José  G.  Martínez,  quien  niega  la veracidad de las declaraciones  dadas  por  el  implicado; informe de policía judicial, sobre inspección a las  investigaciones  del  homicidio  de  Laureano  Rentería,  caso  citado  en  las  denuncias,  la  cual  no  se  trasladó  al mencionado proceso para realizar las  respectivas  verificaciones  sobre  el  posible  autor  de su muerte23; informe de  Policía  Judicial  de  fecha  1  de  octubre del 2012, sobre las actividades de  identificación    e    individualización    de    GUILLERMO   LEÓN   VALENCIA  COSSIO24.   

          Todos  los  anotados  elementos  de  acreditación y la información  legalmente  obtenida,  permiten  evidenciar que el comportamiento desplegado por  el  acusado encuentra perfecta adecuación típica en el contenido de las normas  atrás   referenciadas,   como   se   explica   en  detalle  seguidamente:    

          Así,  en  cuanto a la primera de tales conductas, la de prevaricato  por   omisión,   que   consiste,   como   se   indicaba  anteladamente,  en  el  incumplimiento  de  un  determinado acto, es decir, un no hacer, que implica que  el  servidor público desconozca, a través de comportamiento negativo, un deber  legal  de acción que emana de su competencia funcional, surge evidente que para  el  caso  que se analiza: (i) el doctor GUILLERMO LEÓN VALENCIA COSSIO, para la  época  de  los  hechos investigados, ostentaba la calidad de servidor público,  en  el  cargo  de  Director  Seccional  de  Fiscalías de Medellín, tal como se  acredita   mediante  las  Resoluciones  Nos.  2250425    y    2019326   y   sus  respectivas       actas       de      posesión27;   (ii)   Que   el   antes  mencionado,  en  ejercicio  de  tal  cargo,  tenía  sobre sus hombros estrictos  deberes   funcionales,  señalados  de  manera  expresa,  entre  otros,  en  las  Resoluciones          No.         2-189228 y 05007 del 21 de octubre de  200429;  Circular  002 del 08 de junio de 200430; Resolución 0-3605 del 3 de  noviembre             de             200631,   destacándose   los   de  “…Gestionar   las   acciones   constitucionales,  administrativa  y  demás  requerimientos”  y “Coordinar (…), las acciones  tendientes  al ejercicio eficiente y oportuno de la acción penal”32,  cuyo  cumplimiento,  precisamente,  inobservó  al  no  darle  el  trámite  exigido  a las denuncias formuladas contra Gloria Zapata de  Méndez  y  otros,  Beatriz  Suárez Toro y otros, fechadas el 8 de noviembre de  200733            y           anexos34,   que   le   habían  sido  entregadas,  a su vez, por el Jefe de la Oficina de Veeduría y Control Interno,  señor  Álvaro  Ovalle Orduña, provenientes de la señora Lucía Zapata Hoyos,  tal y como está acreditado.   

          A  juicio  de  la  Sala, el análisis de  tales  elementos  de  prueba, de cara a las reglas de la sana critica, demuestra  que  GUILLERMO LEÓN VALENCIA COSSIO obró dolosamente en cuanto a la ejecución  del  mencionado  comportamiento,  pues,  por un lado, sus calidades personales y  profesionales  son indicativas del conocimiento que tenía de las funciones a su  cargo  y  de la obligatoriedad de su cumplimiento; y, además, la conciencia del  deber  omitido y la voluntad dirigida a su no realización aflora meridianamente  al  observar  como  su  proceder estuvo claramente dirigido a tomar el manejo de  las  denuncias  formuladas  y a ocultarlas para evitar, precisamente, que se les  imprimiera  el  trámite  correspondiente, con un norte inequívoco cuál era el  de  asegurar,  de  ese  modo,  que  no  se  activara  el  aparato estatal en las  investigaciones  que  de  tales  actos  debían  derivarse,  omitiendo cualquier  registro  de  las  mismas,  en  procura  de la impunidad de los hechos objeto de  queja  ciudadana,  sin que para ello, obviamente, medie plausible justificación  alguna,  concretándose  así,  sin hesitación alguna, no solo violación de la  prohibición   contenida   en   el   tipo   penal  en  comento,  sino  la  clara  responsabilidad penal del enjuiciado en su comisión.   

          Atinente  al  segundo  cargo,  sobre  el ocultamiento, alteración o  destrucción  de  elemento  material  probatorio,  debe  decirse  que,  como  se  acotaba,  la  calidad  de  servidor  público  que  ostentaba el doctor VALENCIA  COSSIO  al  momento  de la comisión de los hechos y los deberes funcionales que  en  ocasión  de  su  cargo  se  le exigían, vienen plenamente establecidos. Se  concreta,  entonces,  la actuación dolosa del procesado, consistente en ocultar  las  denuncias de marras y su soporte probatorio anexo, para que no pudieran ser  usadas  como  medios  cognoscitivos  dentro de una investigación penal; estando  probado,   además,  que  las  mismas  fueron  recibidas  efectivamente  por  el  procesado  VALENCIA  COSSIO  de manos del señor Álvaro Ovalle Orduña, Jefe de  la   Oficina   de  Veeduría  y  Control  Interno  de  esa  misma  Seccional  de  Fiscalías.   

          La  información  allegada  al dossier ilustra sobre el trámite que  se   le   dio  a  los  aludidos  escritos  de  queja  y  sus  anexos35,  acontecer  que   tuvo   ocurrencia   cuando  la  señora  Lucía  Zapata  Hoyos36,   quien  laboraba  en  la  sección de archivo de la Dirección Seccional de Fiscalía de  Medellín,   se   presentó   a  la  Oficina  de  Veeduría  y  Control  Interno  Disciplinario  adscrita  a  esa  dependencia,  con  el  propósito  de  poner en  conocimiento   de   las  autoridades  unos  hechos  relacionados  con  presuntas  conductas   punibles   de   testaferrato,  secuestro,  falsedad  en  documentos,  concierto   para   delinquir  agravado  y,  eventualmente,  lavado  de  activos,  enriquecimiento  ilícito  y  homicidio,  solicitando  que  las  mismas,  por su  especial  contenido,  fueran  entregadas  personalmente  al  Director  Seccional  de  Fiscalías de Medellín,  GUILLERMO  LEÓN  VALENCIA COSSIO, cometido que efectivamente cumplió el citado  Álvaro  Ovalle,  tal  y  como  este  último tuvo oportunidad de ratificarlo en  diligencia  de  entrevista ante la policía judicial de la fiscalía37.   

          Es  así, como el aquí procesado, muy a pesar de haber recibido las  quejas  en  mención  y  sus  anexos,  optó  por  no  imprimirles trámite  alguno,  con  lo  cual  no  solo  omitió,  como  se  explicaba  en precedencia,  sus   deberes  funcionales,  sino también, en aras de asegurar su protervo  plan,  dejar  registro alguno de su existencia, al punto que, como igualmente se  logró    demostrar   mediante   informes   de   policía   judicial38,  no fueron  conocidas  por ninguna autoridad, ni se hallaron físicamente al hacer revisión  del  despacho  que  como  Director  Seccional de Fiscalías de Medellín ocupaba  VALENCIA   COSSIO.   Ello,  claro  está  –se  itera-,  con  la  clara  finalidad  que  los hechos allí denunciados no fueran objeto de  indagación  y, de tal forma, favorecer ilícitamente a los  acriminados en  esos   memoriales   de   queja,   en   contra   de  quienes  se  hacían  graves  señalamientos,  enlistados  dentro  de las conductas que contempla el artículo  415  del  C.P.,  y  que,  precisamente,  comporta la particular circunstancia de  agravación  punitiva, cuyo cargo expresamente le fuera formulado al procesado y  aceptado sin reparos por éste.     

          Todo  lo  anterior,  junto al voluntario allanamiento del imputado a  tales  cargos39,  genera  a  esta  Sala el grado de convencimiento necesario de que  las  conductas  imputadas  ciertamente existieron y que la responsabilidad en su  comisión  asiste  indubitadamente  al  doctor  VALENCIA COSSIO, quien debe, por  tanto,  al  tenor  de lo normado en el cuarto inciso del artículo 7º de la Ley  906 de 2004, recibir la condigna sanción penal.   

PETICIONES   DE  LAS  PARTES  (Artículo 447 C.P.P.)   

En  curso  de  la audiencia consagrada en el  canon  447  del Estatuto Procesal Penal, y en el orden establecido por la citada  norma,  se  concedió  el uso de la palabra a los sujetos procesales, para lo de  su resorte, manifestando cada uno de ellos lo siguiente:   

Fiscalía  Quinta  Delegada  ante  la  Corte  Suprema   de   Justicia,   se  pronunció  sobre  las  condiciones  individuales,  familiares,  sociales  y  modo  de  vivir del doctor  GUILLERMO  LEÓN  VALENCIA  COSSIO,  aludiendo  a  la existencia del antecedente  penal  que  el  mismo registra como consecuencia de la sentencia proferida en su  contra  por  la  Sala  Penal  de la Corte Suprema de Justicia, el 9 de marzo del  2011,    dentro    del    Radicado    No.   30.69040,  por medio de la cual se le  condenó  a  la  pena principal de ciento ochenta (180) meses de prisión, multa  equivalente  a doce mil punto diez (12.010) SMMLV, e inhabilitación de derechos  y  funciones  públicas  por el término de quince (15) años; razón por la que  actualmente,  el  aquí  enjuiciado  se  encuentra  privado de la libertad en la  cárcel de Yarumito (Antioquia).   

Agrega, que al haberse allanado a los cargos  formulados,  acto  que  se  realizó  con  el  lleno de las formalidades legales  exigidas  en  la  primera oportunidad procesal que tuvo, debe la Corte, al tenor  de  lo  normado  en el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, determinar la rebaja  que,  hasta  el  equivalente  a  la  mitad de la sanción correspondiente, se ha  establecido a favor del procesado.   

La  Procuraduría  Tercera  Delegada ante la  Corte    Suprema   de   Justicia,   por   su   parte,  circunscribió  su  intervención  al  tema  de  la  determinación  de la pena,  solicitando  efectuar  una  rebaja considerable, incluso hasta de la mitad de la  pena  imponible,  reiterando,  en  esencia,  los  planteamientos que al respecto  esbozó la fiscalía.   

La  defensa,  por  último,  formuló  algunos  planteamientos  con  la  finalidad  de  que  fueran  valorados   al  momento  de  proferir  sentencia  en  contra  de  su  prohijado.   

En primer lugar, demanda que se conceda a su  defendido   la   circunstancia   de   menor  punibilidad  de  ausencia  de   antecedentes  penales  a  que  se  refiere  el artículo 55-1 del Código Penal,  pues,  -explica- para la fecha  en  que  el  mismo  cometió  los  punibles  cuya aceptación de responsabilidad  constituye  objeto de este pronunciamiento, no se había dictado la sentencia de  condena  que  hoy  gravita  en  su  contra. Aunado a lo anterior, indicó que el  fiscal  desde  la audiencia de formulación de imputación, en el temporal 50:25  del  record  de la diligencia hizo una manifestación expresa de la inexistencia  de  circunstancias  de  mayor  punibilidad  al  tenor del artículo 58 del mismo  ordenamiento,   lo   que   significa   que,  ante  la  sola  existencia  de  una  circunstancia   de  menor  punibilidad,  la  pena  a  imponer  deberá  ubicarse  necesariamente dentro del primer cuarto de movilidad.   

Otro  aspecto,  que  solicita  este  sujeto  procesal  sea  tenido  en cuenta, reiterando lo que en su momento expresaron los  agentes  de la Fiscalía y el Ministerio Público, es la oportunidad procesal en  la  cual el doctor VALENCIA COSSIO decidió allanarse a los cargos endilgados, a  saber:  la   audiencia  de formulación de imputación, y que, por ende, la  diminuente  a la que debe hacerse merecedor debe ser la máxima permitida por la  ley, esto es la del cincuenta por ciento (50%).   

          Como  tercera  consideración, la parte defensora arguye que, pese a  las  claras  exigencias  legales  que  se  han  consagrado para la dosificación  punitiva,  al  referirse la ley a que se aumentará la pena imponible hasta otro  tanto,  en  el  evento  que concurran varios tipos penales, tal incremento puede  ser   desde   un   (1)  día.  Solicita,  en  consecuencia,  que  en  vista  del  allanamiento,  de  los  principios  de  mínima  restricción,  prohibición  de  excesos  y  que  actualmente  el  señor  VALENCIA  COSSIO  lleva seis (6) años  privado  de  su  libertad,  se  le  imponga  tan solo un (1) mes de sanción, en  razón   del   concurso;   pena  que  –estima-  sería  suficiente,  adecuada  y  necesaria.   

          Reclama,  también,  la  concesión para su prohijado, del subrogado  de   la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  dado  que  –sostiene-  pese  a la existencia de distintas talanqueras legales, el estudio  de  su procedencia deberá realizarse acorde a los criterios de proporcionalidad  y  necesidad  de  la  sanción  penal,  interpretados  de  cara a las garantías  constitucionales del acusado.   

          Finalmente,   allega   a   los  autos  un  escrito  signado  por  el  representante  legal  de  la  “Fundación  Descubrir”,  mediante  el cual se  certifica  que  su  defendido  ha  realizado  trabajos  de rehabilitación en la  Cárcel  de  Yarumito  (Antioquia),  que  ha permitido efectuar donaciones a ese  centro  carcelario,  al  igual que certificaciones de buena conducta intramural,  reconocida  por el Comité de Tratamiento Penitenciario; aspectos que, en sentir  de     la     defensa,    dan    cuenta    de    su    adecuado    proceso    de  resocialización.   

INDIVIDUALIZACIÓN DE LA PENA.  

Se procede por los delitos de prevaricato por  omisión  agravado  y  ocultamiento,  alteración  o  destrucción  de elementos  materiales  probatorios, en situación concursal heterogénea, a que se refieren  los  artículos  414  – 415 y 454B de la Ley 599 de 2000, con sus modificaciones  legales.   

El  delito  de  Ocultamiento, alteración o  destrucción    de   elemento   material   probatorio   

El   artículo  454B  del  Código  Penal  establece  pena  de  prisión de cuarenta y ocho (48) a ciento cuarenta y cuatro  (144)  meses  de  prisión  y  multa  de  doscientos  (200)  a cinco mil (5.000)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes,  respectivamente41.   

Para efectos de la individualización de la  pena  que  ha  de  señalarse  al  procesado, lo primero que se advierte es que,  conforme  al  artículo  61  de la Ley 599 de 2000, no existen circunstancias de  atenuación  o  agravación  que  resulten  imponibles  al procesado, pues no le  fueron  formulados  y,  mucho  menos,  objeto de aceptación, por lo que, previa  claridad  en  cuanto  a  resultar infundados los temores de la defensa de que se  pudiera  tomar  la  existencia de antecedentes de su prohijado como un aspecto a  valorar  en  su  contra como circunstancia de mayor punibilidad, debe concluirse  que  el  ámbito  punitivo de movilidad para este delito está determinado en el  cuarto  mínimo,  que  fluctúa  entre cuarenta y ocho (48) y setenta y dos (72)  meses42   

.  

Teniendo  en  cuenta  que,  de  cara  a los  intereses  tutelados  en  la  norma  penal a la que se adecua la conducta que se  examina,  referentes  al  bien  jurídico  de  la eficaz y recta impartición de  justicia,  es  patente  el  menoscabo  que  sufre  el  mismo  por  el  obrar del  procesado,  quien  dolosamente defraudó las expectativas que la sociedad había  depositado  en  él  para  el  desempeño  de  una  labor  tan  delicada como la  relacionada  con  la  administración  de  justicia  y  en  la  que, sin mayores  miramientos  y movido indudablemente por mezquinos ánimos, dirigió su obrar al  ocultamiento  de  documentos  dotados de aptitud probatoria, impidiendo así que  las  quejas  formuladas  y  los  elementos de soporte adjuntos fueran objeto del  escrutinio  de  las  autoridades  jurisdiccionales;  conducta  que, consultados,  además,  el  talante  de los delitos denunciados y las particulares condiciones  personales  y  profesionales  del sentenciado, no puede ser catalogada de manera  diferente  a la de su extrema gravedad; siendo evidente, además, la afectación  que  tal  proceder  genera  no solo a la administración de justicia, quien ante  este  tipo de conductas ve socavada su credibilidad, sino a toda la colectividad  quien  ante  este  tipo  de  proceder  tiende  a  deslegitimar  una  función de  vocación  y  probidad  como  la  que  debe  orientar  todos  los  actos  de  la  jurisdicción,  se impone, al fijar la pena de prisión, atendida la gravedad de  los  actos,  moverse  hasta  el extremo máximo del primer cuarto, señalándose  así en setenta y dos meses (72) meses.   

En  razón  de  los  mismos  criterios  de  gravedad  de  la  conducta, a que alude el artículo 61 del C. P., se fijará la  pena  de  multa  en  la  suma  de un mil cuatrocientos (1.400) salarios mínimos  legales          mensuales          vigentes43   

.  

Es preciso indicar, además, que este caso,  obliga,  al  tenor  de  lo  previsto  en  el  tercer inciso del artículo 52 del  estatuto  en  cita,  imponer  al  aquí  procesado,  como  pena accesoria, la de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  al  señalado para la pena privativa de la libertad, por lo que  la      misma      se      establece      en      setenta     y     dos     (72)  meses.           

El  delito  de  Prevaricato  por  omisión  agravado.   

El artículo 414 del Código Penal, con las  modificaciones  introducidas  por la Ley 890 de 200444 y los aumentos punitivos del  canon     415     del     mismo     ordenamiento45, que incrementa las penas en  una  tercera  parte,  establece  para  este  delito una sanción privativa de la  libertad  a  imponer  entre cuarenta y dos punto sesenta y seis (42.66) a ciento  veinte  (120)  meses  de  prisión;  multa  de  diecisiete punto setenta y siete  (17.77)   a   cien   (100)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes;  e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas entre ciento  seis  punto  sesenta  y  seis  (106.66)  y ciento veinte (120) meses46.   

Siguiendo  los mismos lineamientos trazados  frente  al  delito  de  ocultamiento,  alteración  o  destrucción del elemento  material  probatorio,  considera  la  Corte procedente aumentar el mínimo de la  punición  para este reato proporcionalmente a la gravedad del daño  infringido, intensidad del dolo y demás  criterios  orientadores,  fijando así la privativa de la libertad en el extremo  límite  del  cuarto  mínimo, correspondiente a sesenta y un punto nueve (61.9)  meses             de             prisión47   

; la multa en treinta y ocho punto treinta y  tres   (38.33)   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes48   

,  e  inhabilidad  de  para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por el lapso de ciento nueve punto nueve (109.9)  meses49   

.  

Determinación  de  la  pena  en razón del  concurso heterogéneo de conductas punibles.   

De  acuerdo con el artículo 31 del Código  Penal,  quien  infrinja  varias  disposiciones de la ley penal o varias veces la  misma,  quedará  sometido  a  la  que  establezca  la pena más grave según su  naturaleza,  aumentada  hasta  en  otro  tanto, sin que fuere superior a la suma  aritmética  de  las  que  correspondan  a  las  respectivas conductas punibles,  debidamente dosificadas cada una de ellas.   

En  consecuencia, se tomará como pena base  la  de  prisión  dosificada  para  el  delito  de  ocultamiento,  alteración o  destrucción  de elemento material probatorio, que asciende, como se indicaba, a  setenta  y  dos (72) meses, los cuales serán aumentados en razón del concurso,  en  sesenta  y  un  punto  nueve  (61.9)  meses  más, correspondiente a la pena  dosificada  del  delito  de prevaricato por omisión50,  para  un  total  de ciento  treinta y tres punto nueve meses (133.9) meses de prisión.   

En  este  punto  debe  acotarse, que inanes  resultan  los  planteamientos  de la defensa, orientados a obtener un incremento  de  la  pena  para  su defendido en sólo un (1) mes más, en razón del anotado  fenómeno   concursal,   habida   cuenta   su   abierta  contradicción  con  el  entendimiento  que  sobre  este  tópico  ha  enseñado la Corte, referente a la  interpretación    y   aplicación   que   debe   darse   a   ese   “otro  tanto”,  en  el sentido de que:  «…  corresponde  a  la  pena individualizada en el  caso  particular  mediante  el procedimiento indicado para el delito más grave.  Esta  es  la  sanción  que  se  incrementa  habida  consideración  de las  modalidades   específicas,   gravedad   y   número  de  delitos  concursantes,  sin  que pueda exceder el doble, ni resultar superior  a  la  suma  aritmética  de  las  que  corresponderían  si  el  juzgamiento se  realizara    separadamente    para    las   distintas   infracciones                 (…)»51   

En lo que a la sanción de multa atañe, el  artículo  39  numeral 4º de la Ley 599 de 2000, dispone tasarla, sumándola en  el  caso  de  concurso,  operando  como  única limitante, que dicha adición no  supere  los cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes.  Como  se indicaba, para el delito de ocultamiento, alteración o destrucción de  elemento  material probatorio, la multa se fijó en un mil cuatrocientos (1.400)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  para  el de prevaricato por  omisión   agravado  fue  tasado  en  treinta  y  ocho punto treinta y tres  (38.33)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, lo que implica un total  de  pena  pecuniaria de un mil cuatrocientos treinta y ocho punto treinta y tres  (1.438.33)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, suma que para el año  dos  mil  siete  (2007),  atendiendo  la estipulación del salario mínimo legal  mensual  para  esas  calendas  vigente  ($433.700.oo),  equivale  a  seiscientos  treinta  y  ocho  millones  ciento  ochenta  y  siete mil veintiún pesos M/Cte.  ($638.187.021.oo).   

Finalmente,  en  cuanto  a  la  sanción de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas, se tiene  que  la  misma  se  estableció respecto del delito de prevaricato por omisión,  como  pena  principal,  en  ciento nueve punto nueve (109.9) meses, mientras que  respecto  del  de  ocultamiento, alteración o destrucción de elemento material  probatorio,  se  fijó como accesoria a la privativa de la libertad en setenta y  dos (72) meses.   

En  casos  como el presente, en los que la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas concurre  como  principal  en  relación  con  algún  delito y como accesoria respecto de  otro,  ha  precisado  esta  Sala  que resulta imperioso aplicar, igualmente, las  reglas    del    concurso    de    conductas    punibles,    pues   –se      ha     dicho-  se  trata  de  la  misma  sanción,  aunque prevista en diferente  categoría           e           intensidad52.  En  base  a tal criterio,  como   es  sabido,  el  sujeto  agente  queda  sometido  a  la  del  delito  que  “establezca   la   pena   más   grave  según  su  naturaleza, aumentada hasta en otro tanto”.   

Así   las  cosas,  en  el  sub  examine  habrá  de  preferirse  la  inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas en modalidad principal, por  ciento  nueve  punto  nueve  (109.9) meses,  incrementada,  por  el  restante  comportamiento que la consagra  como  accesoria,  en  otro  tanto, que, conforme las orientaciones señaladas al  momento  de  establecer  la  pena  privativa  de  la libertad, se adicionan, sin  superar  tal  operación aritmética, en setenta y dos (72) meses, para un total  de  ciento  ochenta  y  un  punto nueve (181.9) meses o, lo que es igual, ciento  ochenta   y   un  (181)  meses  y  veintisiete  (27)  días,  por  tal  concepto  punitivo53.     

Ahora bien, en atención a lo contemplado en  el  artículo  351  de  la  Ley  906  de 2004 y considerando que el procesado se  allanó  a los cargos que por los anotados reatos le fueron enrostrados en curso  de  la  audiencia  de  formulación  de  imputación, valga decir, en la primera  oportunidad  procesal  prevista para ello, contribuyendo eficazmente en un ágil  y  dinámico impulso de la actuación e impidiendo con ello un mayor desgaste de  tiempo,  esfuerzo  y  recursos para la administración de justicia, considera la  Corte  que el procesado se hace merecedor del descuento máximo legal permitido,  correspondiente  al  cincuenta  por ciento (50%), cuyo equivalente, en relación  con   la   pena   privativa  de  la  libertad  debidamente  dosificada  (133.9),  corresponde  a  sesenta  y  seis  punto nueve (66.9), por lo que al sustraer tal  monto  de  aquél,  arroja  un  total de sesenta y siete (67) meses de prisión,  como pena de prisión definitiva a imponer.   

La  misma  proporción de descuento se debe  aplicar  a  las  restantes penas impuestas, por lo que la multa se fija, una vez  efectuada  la  rebaja  de la mitad, en trescientos diecinueve millones noventa y  tres  mil  quinientos  diez  pesos  con  cinco  centavos  ($319.093.510.5), y la  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas en noventa  (90) meses y veintiocho (28) días.   

NECESIDAD Y FUNCIÓN DE LA PENA  

Sea  lo  primero  advertir que respecto del  procesado  no  se  evidencia  la  presencia  de  circunstancias de marginalidad,  ignorancia  o  pobreza  extremas  que incidieran en la comisión de los punibles  estudiados,  y  que  hicieran  posible disminuir la pena prevista para los tipos  penales en aplicación.   

La  necesidad  de  la sanción a imponer al  infractor  de la ley penal, tiende a la protección real y efectiva de todos los  asociados,  en  el  entendido  que  propende  por  la prevención del delito. Se  espera,  así,  que  la pena que se impone sirva como disuasor público frente a  la   posibilidad   de   la   comisión  de  hechos  reprochables  penalmente  y,  particularmente,  en  el  sentenciado,  opere  a  manera  de  prevención con la  función,   además,   de  prepararlo  para  la  reinserción  a  la  comunidad.   

De  los  mecanismos sustitutivos de la pena  privativa de la libertad.   

Atendidos  los  punibles  por los cuales se  condena  al  doctor GUILLERMO LEÓN VALENCIA COSSIO y el monto de la sanción de  prisión   impuesta,   no   resulta   procedente   conceder   ninguno  de  estos  mecanismos.   

En  efecto,  no  se  reúnen los requisitos  señalados  en  el artículo 63 del Estatuto Penal, relacionado con el subrogado  penal  de  la  suspensión condicional de la ejecución  de  la  pena, por ausencia del elemento objetivo, pues  la  pena privativa de la libertad que aquí se impone es superior a los tres (3)  años  exigidos  en  el artículo original, o los cuatro (4) años señalados en  la   modificación   introducida   por   el   artículo   29   la  Ley  1709  de  2014.   

Tampoco  resulta  viable  la  sustitución  de la prisión intramural por domiciliaria,  pues,  es  evidente  que, aun cuando se satisface la exigencia de  tipo  objetivo  para  su  concesión,  no  ocurre  lo  mismo  respecto  de la de  naturaleza  subjetiva  que  consagra,  igualmente,  el  artículo 38 del Código  Penal para su procedencia.   

Así, se tiene que la norma en comento, para  la  viabilidad  del  anotado instituto, precisa que: (i) la sentencia se imponga  por  conducta  punible  cuya  pena  mínima  en la ley sea de cinco (5) años de  prisión  o  menos;  y,  (ii) que el desempeño laboral, familiar o social   del  sentenciado  permita  al juez decidir seria, fundada y motivadamente que no  colocará  en  peligro  a  la  comunidad y que no evadirá el cumplimiento de la  pena.   

En  ese  sentido,  se  tiene  que los tipos  penales  por  los  cuales  aquí se sentencia al doctor VALENCIA COSSIO, tienen,  cada  uno de ellos, penas mínimas inferiores a cinco (5) años, por lo que este  requisito  se  cumple  a cabalidad. Empero, es en cuanto al restante aspecto que  deviene   la  improcedencia  de  beneficiar  con  la  prisión  domiciliaria  al  condenado,  pues,  además de existir en su contra el antecedente penal de haber  sido   sentenciado   por  esta  misma  Corporación54,  se  impone en estos casos,  como    lo    ha   decantado   la   jurisprudencia55,  efectuar un análisis más  detenido,  de  los  ámbitos  integradores  del  factor cualitativo –  normativo,  con  las funciones de la  pena,   contempladas   en   el   artículo   4º   del   ordenamiento  en  cita,  particularmente,   las   de   prevención  general  y  retribución  justa,  cuya  observancia surge imperiosa no solo al momento de la  individualización  del castigo intramural, sino también en el de su ejecución  como    tal    o,    inclusive,    bajo    la    figura    de    la   reclusión  domiciliaria.   

Al  respecto,  ha dicho esta Corporación:   

Exige   igualmente   la  norma  que  “el  desempeño  personal, laboral, familiar o social del sentenciado permita al juez  deducir  seria,  fundada  y  motivadamente  que  no  colocará  en  peligro a la  comunidad  y  que  no  evadirá el cumplimiento de la pena”, conclusiones que no  pueden obtenerse sin estudiar los fines de la pena.   

El artículo  4°  del  Código  Penal  señala que la pena cumplirá funciones de prevención  general,   retribución  justa,  prevención  especial,  reinserción  social  y  protección  al condenado y que la prevención especial y la reinserción operan  en el momento de la ejecución de la pena de prisión.   

La  Corte  interpreta  que  cuando  allí  se  declara  que  las  funciones  de prevención  especial  y reinserción social operan en el momento de la ejecución de la pena  de  prisión  (sea  esta  domiciliaria  o  carcelaria) no se excluyen las demás  funciones  como  fundamento  de  la  misma  pena,  sino  que  impide que sean la  prevención   especial   y   la   reinserción   criterios   incidentes   en  la  determinación    o    individualización   de   la   pena   privativa   de   la  libertad.   

Significa lo  anterior,  que  tanto  para imponer, como para ejecutar la prisión domiciliaria  en  sustitución  de la prisión carcelaria deben tenerse en cuenta también las  funciones  de  la  pena  que  tienen  que  ver  con  la prevención general y la  retribución justa.   

Independientemente  de las afinidades teóricas que se tengan sobre  los  conceptos  básicos  que integran las funciones de la pena, la decisión de  política  criminal del Estado Colombiano en cuanto a los principios y los fines  de  la  pena es la adoptada en los artículos 3 y 4 del Código Penal. Desde esa  óptica,  la  función de “retribución justa” puede abordarse de manera general  en  dos  estadios  claramente diferenciados del proceso penal. Como criterio que  influye  en  la  determinación judicial de la pena, en cuanto es en tal momento  que  se  define  la  medida  de  la  retribución y se determina su contenido de  justicia,  de  mano  de  los  principios de razonabilidad y proporcionalidad; y,  como  función  vinculada  a la ejecución de la pena que no puede ser dejada de  sopesar  cuando  vaya  a  enjuiciarse la adopción de providencias que anticipen  material  y  condicionalmente una parte de la privación efectiva de la libertad  o     la     subroguen     por    un    periodo    de    prueba.

Igual cosa ocurre con la función de  “prevención  general”,  a  través  de la cual se advierte a la sociedad de las  consecuencias  reales  que puede soportar cualquiera que incurra en una conducta  punible:  paradójicamente  el  hombre  se  ve  compelido a proteger la sociedad  mediante  la amenaza a los individuos que la componen. Porque el orden jurídico  es  un  sistema  que  opera  bajo  la  fórmula  acción – reacción, supuesto –  consecuencia   jurídica.   Ese  fin  de  “prevención  general”  es  igualmente  apreciable  tanto  para  la  determinación  judicial  de  la  pena como para el  cumplimiento  de  la  misma,  pues  se previene no solo por la imposición de la  sanción,  sino  y  sobre  todo,  desde  la  certeza,  la  ejemplarización y la  motivación  negativa  que  ella  genera  (efecto disuasivo), así como desde el  afianzamiento    del    orden    jurídico    (fin    de   prevención   general  positiva).56   

Siguiendo esos parámetros, la conclusión  a  la  que  se  arriba no puede ser otra, entonces, que la de la inviabilidad de  conceder  al condenado VALENCIA COSSIO la prisión domiciliaria como sustitutiva  de  la  intramural  que  le  viene  impuesta,  toda  vez  que, como ya se había  reseñado  con  antelación, su actuar alejado de la ley, causó un gran impacto  en  la  comunidad  al  ver  cómo  un  funcionario en quien se  confió una  exigente  labor,  no reparó en apartarse de los rectos caminos cuyo transito le  resultaban  obligatorios, para omitir dolosamente actos propios de las funciones  que  la  ley  y  los reglamentos forzosamente le imponían, como los de imprimir  los  trámites correspondientes a las denuncias penales cuyo conocimiento había  llegado  a  sus  manos, y proceder al ocultamiento de las mismas y los elementos  de  acreditación  anexos, para evitar, precisamente que pudieran emplearse como  medios  cognoscitivos  en  curso  de  las  investigaciones  que  de tales quejas  debían adelantarse.   

De  ahí  que la magnitud del daño que el  doctor  GUILLERMO  LEÓN  VALENCIA COSSIO, valiéndose de su calidad de servidor  público  de  la  Fiscalía  General de la Nación propició a los asociados, en  manera  alguna  se  puede  subestimar  y  debe  conducir,  inexorablemente, a la  denegación del referido instituto.   

Además,  no se presentan las hipótesis de  los  numerales  2, 3, 4 y 5 del artículo 314 de la Ley 906 de 2004, referidas a  que  el acusado sea mayor de sesenta y cinco (65) años, se trate de una persona  a  la  que  le  falten  dos  (2)  meses o menos para el parto, que padezca grave  enfermedad  dictaminada  por  perito  oficial,  ni se ha aducido y demostrado la  condición  de padre cabeza de familia, circunstancias que a tenor del artículo  68  A-3,  modificado por la Ley 1709 de 2014, permitirían la sustitución de la  ejecución de la pena.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  SALA DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

PRIMERO:  DECLARAR    penalmente  responsable  al doctor GUILLERMO LEÓN VALENCIA COSSIO, de condiciones civiles y  personales  conocidas  en  autos,  de  las conductas punibles de PREVARICATO POR  OMISIÓN  AGRAVADO  Y OCULTAMIENTO, ALTERACIÓN  O DESTRUCCIÓN DE ELEMENTO  MATERIAL  PROBATORIO,  previstas  en  los  artículos  414 – 415 y 454B del  Código  Penal,  realizadas  cuando  se  desempeñó  como Director Seccional de  Fiscalías  de  Medellín,  en  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  precisadas en esta decisión.   

         SEGUNDO:           CONDENAR   al   doctor   GUILLERMO  LEÓN  VALENCIA  COSSIO  a la pena principal de sesenta y siete (67) meses de prisión,  multa  por  valor  equivalente  a trescientos diecinueve millones noventa y tres  mil  quinientos  diez  pesos  con  cinco  centavos ($319.093.510.5), a favor del  Tesoro   Nacional   en  cuenta  administrada  por  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  y  a  la  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas   por   un   término   de   noventa  (90)  meses  y  veintiocho  (28)  días.   

TERCERO:  DECLARAR   que  el  doctor  GUILLERMO  LEÓN  VALENCIA  COSSIO  no  se  hace  acreedor  al  sustituto  de la  suspensión   condicional   de  la  ejecución  de  la  pena,  ni  al  mecanismo  sustitutivo   de   la   prisión   ordinaria   por   prisión  domiciliaria.  En  consecuencia,   el   condenado   deberá   purgar   la   pena   impuesta  en  el  establecimiento penitenciario que para el efecto designe el INPEC.   

CUARTO:  LIBRAR por la Secretaría de  la  Sala  las comunicaciones de rigor a las autoridades competentes, conforme lo  normado por el artículo 472 Ley 600 de 2000.   

QUINTO:  COMUNICAR esta decisión a la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la Judicatura, para efecto del  recaudo de la multa impuesta.   

SEXTO:  En firme  esta  providencia,  remítase  la  actuación  al  Juzgado  de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad que  corresponda, para lo de su cargo.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

(Impedido)  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Sentencia 20929 del 13 de julio de 2005.   

2 No en  vano  viene  sosteniendo  la  Corte  que  no  toda  omisión  o  retardo  en  el  cumplimiento  de un acto propio de las funciones asignadas, constituye delito de  prevaricato   por  omisión,  pues  siendo  este  delito  esencialmente  doloso,  requiere  necesariamente que cualquier conducta de las descritas en el artículo  150  del  Código  Penal  de  1980  (artículo 414 de la Ley 599 de 2000), esté  precedida  del  conocimiento  y voluntad claros de faltar a la lealtad debida en  el  ejercicio  de dicha función» “C.S.J., Segunda Instancia 19762, sentencia  de  23  de febrero de 2005. En el mismo sentido, Única Instancia 24053, auto de  21  de  febrero  de  2007;  Única  instancia 20402, sentencia de 21 de marzo de  2007;   Segunda  Instancia  28984,  auto  de  9  de  mayo  de  2008; Única  Instancia 34221, auto de 8 de septiembre de 2010, entre otras.   

3  Sentencia 36208 del 16 de Mayo del 2012   

4  Sentencia 31534 del 5 de mayo de 2010   

5 Folio  26 Ibídem   

6 Folio  10 Ibídem   

7 Folio  14 Ibídem   

8 Folio  8 Ibídem   

9 Folio  274 Ibídem   

10  Folios 7, 6, 5, 4 Ibídem   

11  Folios 41 y 21 Cuaderno Original 1   

12  Folio 41 Cuaderno Original 2   

13  Folio 42 Ibídem   

14  Folio 43 Ibídem   

15  Folio 44 Ibídem   

16  Folio 168 Ibídem   

17  Folio 228 Cuaderno Original 2   

18  Folio 220 Cuaderno Ibídem   

19  Folio 217 Cuaderno Ibídem   

20  Folio 234 Cuaderno Original 1   

21  Folio 108-120 ibídem   

22  Folio 71-281 Ibídem   

23  Folio 274 Cuaderno Original 2   

24  Folio 1 y SS Ibídem   

25  Resolución  No.  2.2504  del  22  de  octubre  de 2007, a través de la cual la  Secretaría  General  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación encarga al hoy  procesado  como  Director  Seccional de Fiscalías Seccional Medellín. Folio 41  Cuaderno Original 2   

26  Resolución  2-0193  del  25  de  enero  del  2008,  por la cual se concretó un  segundo  encargo  hecho por la Secretaría General de la Fiscalía General de la  Nación al antes mencionado en esa Dirección. Folio 43 Ibídem   

27  Acta  de  posesión  del  25  de  octubre del 2007 y Acta de posesión del 28 de  enero de 2008  Folio 42 y 44 Ibídem   

28  Resolución  No.  2-1892  del  17  de  agosto  de  2007, Por medio de la cual se  implementó  el manual de funciones de la Fiscalía General de la Nación. Folio  168 Ibídem.   

29 La  cual  reglamentó  los  mecanismos  de  reparto.  Folio  228  Cuaderno  Original  2   

30 Que  fijó  los  parámetros  para la asignación y reasignación de investigaciones,  al  interior  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación.  Folio  220  Cuaderno  Ibídem   

31 Que  establece  los  procedimientos, reasignaciones y designaciones especiales. Folio  217 Cuaderno Ibídem   

32Resolución  No.  2-1892  del 17 de agosto de 2007, Por medio de la  cual  se  implementó  el  manual  de  funciones  de  la Fiscalía General de la  Nación. Folio 168 Ibídem.   

33  Folio 10 Ibídem   

34  Folio 14 Ibídem   

35  Oficio  No.  1737  de octubre 6 de 2008; 100/6239 de octubre 7 de 2008; 5130 del  10  de  octubre de 2008 y 29199 Dirección Nacional de Fiscalías, de fecha 6 de  noviembre de 2008. Folios 7, 6, 5, 4; 10, 11 y 14 Ibídem   

36  Entrevista  realizada  el  8  de Noviembre de 2007. Folio 221, Cuaderno Original  1.   

37  Entrevista  realizada  el  15  de  enero  del  2009. Folio 26. Cuaderno original  1   

38  Informe  de  policía  judicial adiado a 8 de mayo del 2009, que da cuenta de la  inspección  efectuada en las instalaciones de la Unidad de Control de Lavado de  Activos  – UCLA-, sobre el  trámite  de  las  denuncias  asignadas  a  la  Fiscal  41  Especializada de esa  Unidad.   

39  Art. 283 Código Procedimiento Penal   

40  Sentencia  proferida  por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, el 9 de  marzo  del  2011,  radicación única instancia 30.690. Folio 53 al 165 Cuaderno  Original 2.   

41  Aplican los incrementos de la Ley 890/04, artículo 13.   

42   

I Cuarto             

II Cuarto             

III Cuarto             

IV Cuarto  

48        – 72             

72 + 1 día – 96             

96 + 1 día – 120             

120 + 1 día – 144  

43   

I Cuarto             

II Cuarto             

III Cuarto             

IV Cuarto  

200- 1400 smlmv             

72        – 96 smlmv             

96- 120 smlmv             

120- 144 smlmv  

44 El  artículo  original  establecía  unas  penas de prisión de dos (2) a cinco (5)  años;  multa  de diez (10) a cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  cinco  (5)  años.  Tal norma, fue modificada por el artículo 14 de la Ley  890  de  2004,  incrementando  las  penas  señaladas en una tercera  (1/3)  parte  el  mínimo  y  en  la  mitad (1/2) el máximo, fijándose entonces así:  prisión  de  treinta  y  dos  (32)  a  noventa (90) meses; multa de trece punto  treinta  y  tres  (13.33)  a  setenta  y  cinco  (75)  salarios mínimos legales  mensuales  vigentes. En cuanto a la de inhabilidad para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  se  estableció que sería de ochenta (80) meses, si se  aplica  el mínimo del incremento del artículo 14 de la Ley 890/2014  o de  noventa (90) meses si se aplica el máximo.   

45  Señala  esa norma que “…las penas establecidas en los artículos anteriores  se aumentarán hasta en una tercera parte (…) “   

46  Esta  pena,  señalada de acuerdo a los parámetros de la Ley 890 de 2004, entre  ochenta  (80) y noventa (90) meses, se incrementa en una tercera (1/3) parte, de  acuerdo   a   la   agravante  contenida  en  el  artículo  415  del  C.P.    

47   

I Cuarto             

II Cuarto             

III Cuarto             

IV Cuarto  

42.66  – 61.9             

61.9 + 1 día  –  81.3             

81.3  +  1  día  100.6             

100.6  +1  día  –  120  

48   

I Cuarto             

II Cuarto             

III Cuarto             

IV Cuarto  

17.77  – 38.33 smlmv             

38.33   – 58.88 smlmv             

58.8-   79.44  smlmv             

79.44   –   100  smlmv  

49   

I Cuarto             

II Cuarto             

III Cuarto             

IV Cuarto  

106.66 – 109.995             

109.995+  1  día  – 113.33             

113.33   +   1  día– 116.665             

116.665  + 1 día –  120  

50  Artículo  31  L.  599/2000. El que con una sola acción u omisión o con varias  acciones  infrinja  varias disposiciones de la ley penal o varias veces la misma  disposición,  quedará  sometido a la que establezca la pena más grave, según  su  naturaleza, aumentada hasta en otro tanto, sin que  fuere  superior  a la suma aritmética de las que corresponden a las respectivas  conductas  punibles,  debidamente  dosificadas  cada  una  de ellas.    

51  C.S. de J. Cas. Penal. Sentencia 16/04/2008. Rad. 25304   

52  Cfr.  CSJ SP, 4 de marzo de 2015, Rad. 366554; CSJ SP,  4  de  jun. de 2014, rad. 42737; CSJ SP, 3 de sept. de 2014, rad. 43303; CSJ SP,  12 de nov. de 2014, rad. 39392.   

53 Es  de  advertirse  que el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, incrementó las penas  contenidas  en la parte especial del Código Penal, en la tercera parte respecto  del  mínimo  y en la mitad respecto del máximo, con la obligación de respetar  únicamente  el máximo de la pena privativa de la libertad. En consecuencia, la  duración  máxima  de  las penas privativas de otros derechos, de que da cuenta  el  artículo  51  del  ordenamiento  penal,  debe  entenderse modificada por la  citada disposición.        

54  Cfr. C.S. de J. Cas. Penal. Sent. 24/07/2013. Rad. 244485.   

55  Cfr. C.S. de J. Cas. Penal. Auto 17/02/2015. Rad. 367806.   

56  CSJ SP, 28 Nov. 2001, Rad. 18285     

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