AP4347-2015(45662)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP4347-2015  

Radicación     n°     45662   

(Aprobado Acta No.  271)   

         Bogotá, D.C.,  cinco   (05)   de   agosto   de   dos   mil   quince  (2015).   

V   I   S   T   O  S   

Decide la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de casación presentada por el defensor de Humberto Agamez Ortiz contra  la  sentencia  dictada por la Sala Penal de Descongestión del Tribunal Superior  de  Manizales,  por  cuyo  medio  se confirmó integralmente la proferida por el  Juzgado  Penal  del Circuito de La Dorada, que lo condenó como autor del delito  de    contrato   sin   cumplimiento   de   requisitos   legales,   en   concurso  homogéneo.               

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

         1.  Los primeros fueron sintetizados por  el a quo de la siguiente manera:   

La  investigación  surgió  a  raíz de la  denuncia  instaurada  por  los  señores  MIGUEL  MORENO  GAVIRIA,  EDGAR GÓMEZ  MEDINA,  ARISTARCO MARTÍNEZ, LUIS BERNARDO JARAMILLO y ORLANDO BROCHERO, ediles  del  municipio  de  Puerto Salgar (Cundinamarca) para la época de los hechos, a  través  de  la  cual  pusieron  en  conocimiento  de  las  autoridades  las que  consideraron  irregularidades  en  el  mandato del señor HUMBERTO AGAMEZ ORTIZ,  burgomaestre   de   dicha  población  entre  los  años  2004  al  (sic)  2007,  consistentes  en  haber  suscrito  con  la  Cooperativa  de Servicios Integrales  “COOPSEIN”  tres  (3)  contratos  que,  según la denuncia, no cumplían los  requisitos  legales esenciales, cuales fueron el No. 001 de enero 2 de 2004, por  valor  de  ciento  treinta  y  siete  millones  ochocientos setenta y cuatro mil  doscientos  cuarenta pesos ($137.874.240.oo), con duración de cuatro (4) meses,  cuyo  objeto  consistía en “desarrollar con sus cooperados la cancelación de  los  salarios  de acuerdo a los siguientes procesos”, efectuando una relación  de  cargos  y  costo  mensual,  en  cuya celebración desconoció los requisitos  contenidos  en  los  artículos 23, 24 y 25 de la Ley 80 de 1993, pues aparte de  no  haberse  obligado  con  el  municipio  a concretar en forma real y cierta la  labor  del  servicio  a ejecutar, no realizó la licitación o concurso público  que  dada la cuantía debió realizar, desconoció la selección objetiva fijada  por  el  estatuto  de  la  contratación,  amén  de  haberlo  suscrito  sin  la  disponibilidad  presupuestal  toda  vez  que  los  rubros  afectados tenían una  destinación  presupuestal  diferente  e imposible de cambiar. El plazo de dicho  contrato  y  su  valor  fueron ampliados por dos (2) meses más y en cuantía de  sesenta  y  ocho  millones  doscientos  sesenta y ocho mil setecientos setenta y  cuatro  pesos  ($68.268.774.oo)  a  través de “otro sí” del 30 de abril de  2004.   

Tales   irregularidades,   según   los  denunciantes,  se  extendieron  al  contrato No. 049 del 10 de mayo de 2004, por  valor  de cincuenta y seis millones ochocientos mil pesos ($56.800.000.oo), cuyo  objeto  fue  la prestación de servicios en el Desarrollo de las Actividades del  Plan  de  Atención  Básica,  y  al contrato No. 091 del 1º de julio del mismo  año,  por  valor de ciento dieciocho millones cuatrocientos treinta mil ochenta  y  seis pesos con cincuenta y cuatro centavos ($118.430.086.54), con un plazo de  cinco  (5) meses, destinado a la prestación de servicios de apoyo a la gestión  del  referido  municipio  para  desarrollar procesos de actividad administrativa  propios  de  las  entidades  públicas,  el  cual  fue  adicionado en cuatro (4)  oportunidades,  concretamente en agosto 13, septiembre 17, octubre 1º y octubre  25  de 2004 en la sumas de dos millones de pesos ($2.000.000,oo), siete millones  setecientos   mil   pesos   ($7.700.000.oo),   diecisiete   millones   de  pesos  ($17.000.000.oo)  y  un  millón  quinientos  mil  pesos  ($1.500.000.oo), en su  orden,  llevándolo  a  un  total de ciento cuarenta y seis millones seiscientos  treinta   mil   ochenta   y   seis   pesos   con  cincuenta  y  cuatro  centavos  ($146.630.086.54),  en  cuyas  concesiones  igualmente desconoció las reglas de  contratación.       

    

2. Vinculados a la  investigación    Humberto    Agamez    Ortiz   y   Edgar   Mauricio   Cifuentes  Ramírez1  mediante  sendas indagatorias, a través de resolución adiada 16  de   marzo   de   2006  la  Fiscalía  les  resolvió  la  situación  jurídica  afectándolos   con   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  con  beneficio  de  libertad  provisional  por  su  participación  en  el  delito de  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales, decisión que impugnada por la  defensa  del  segundo de los citados, fue revocada parcialmente por la Fiscalía  4ª  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Manizales, que dejó sin efecto la  cautela impuesta contra Cifuentes Ramírez.    

3. Clausurado el  ciclo  instructivo,  mediante decisión de 15 de septiembre de 2006 la Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario con acusación en contra de Humberto Agamez  Ortiz,  como  autor  de  los  delitos de contrato sin cumplimiento de requisitos  legales  e  interés  ilícito  en  la  celebración de contratos, y en la misma  providencia  modificó  la  resolución de situación jurídica en el sentido de  indicar  que  la  medida de aseguramiento impuesta procedía por ambas conductas  punibles  en  cita,  además  le  revocó  la  libertad provisional y dispuso su  detención  preventiva  en el domicilio; asimismo, precluyó la investigación a  favor de Edgar Mauricio Cifuentes Ramírez.   

4.  La  anterior  decisión   fue  apelada  por  el  defensor  del  primero  de  los  mencionados,  resolviendo  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Manizales  decretar  la nulidad de la actuación a partir de la resolución de cierre de la  investigación, inclusive.   

5. Practicadas las  pruebas   sugeridas   por   la  Fiscalía  ad  quem,  nuevamente  se  cerró  la  instrucción  y  a  través  de  resolución calendada 1º de octubre de 2010 se  calificó  el mérito del sumario, profiriendo acusación contra Humberto Agamez  Ortiz  y  Edgar  Mauricio  Cifuentes  Ramírez  como  autores  de los delitos de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales (art. 410 C.P.) y peculado por  apropiación  (art.  397  ibídem),  en concurso homogéneo y heterogéneo entre  sí,  y  les precluyó la investigación por el ilícito de interés indebido en  la   celebración   de   contratos;   de  igual  forma,  revocó  la  medida  de  aseguramiento     proferida     en     contra     del     primero     de     los  supranombrados.   

6.  Impugnado el  anterior  proveído  por la defensa de los procesados, la Fiscalía 3ª Delegada  ante   el   Tribunal   Superior   de  Manizales,  mediante  resolución  fechada  24  de  enero  de  2011, la  confirmó  parcialmente,  en  tanto  revocó  la  acusación  por  el  delito de  peculado   por   apropiación  y  dispuso  a  favor  de  ambos  incriminados  la  preclusión  de  la investigación respecto de dicha conducta, precisando que el  cargo  por  el  ilícito  de  contrato sin cumplimiento de requisitos legales en  contra  de  Humberto  Agamez Ortiz era a título de autor, mientras que respecto  de Edgar Mauricio Cifuentes Ramírez era en calidad de partícipe.   

           

7.   Habiendo  correspondido  el  proceso  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  La Dorada, se  realizó  audiencia  preparatoria,  en  cuyo desarrollo el citado despacho negó  las  nulidades  impetradas  por  la  defensa  de  los  acusados,  decisión  que  impugnada  fue  revocada parcialmente por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Manizales,  en  tanto anuló la actuación a partir, inclusive, del proveído de  3  de  agosto  de  2007,  proferido  por  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Manizales,  exclusivamente  en  relación  con  el implicado Edgar  Mauricio  Cifuentes  Ramírez, frente a quien determinó que cobraba vigencia la  preclusión  de la investigación que lo cobijara mediante resolución calendada  15 de septiembre de 2006.   

     

         8.   Celebrada  la  vista  pública  de  juzgamiento,  el  juzgado  de  conocimiento,  el  26  de  mayo  de  2014, dictó  sentencia  en  la  cual  condenó  al  acusado Humberto Agamez Ortiz a las penas  principales  de  64  meses de prisión, multa de 66.66 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  término  de  80 meses, como autor responsable del delito de  contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

         De  igual  forma, se abstuvo de condenarlo al pago de perjuicios y,  de  otra  parte,  negó  al  sentenciado  el  reconocimiento  de  la suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria, disponiendo  que  en  firme la sentencia se informara al despacho judicial por cuya cuenta se  encuentra  detenido  Agamez  Ortiz, para que una vez cesaran los motivos por los  cuales  actualmente  está  privado  de la libertad, fuera dejado a órdenes del  presente proceso para el cumplimiento de la pena.   

9.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  la  Sala  Penal de Descongestión del  Tribunal  Superior  de  Manizales,  mediante decisión adiada 11 de noviembre de  2014,                                lo                                confirmó  integralmente.               

         10. Frente a lo anterior, el abogado que  representa  los  intereses del implicado Humberto Agamez Ortiz interpuso recurso  de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         

         Con  fundamento  en  la  causal primera, cuerpos primero y segundo,  prevista  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el demandante formula tres  cargos  contra  la sentencia del Tribunal, uno principal y dos subsidiarios, que  se sintetizan de la siguiente manera:   

         Primer  cargo  (principal):  Denuncia el  censor  que  el  juzgador de segundo grado incurrió en la violación directa de  la  ley  sustancial  «por  errores  de  derecho  que  llevaron  a  la aplicación indebida del artículo 410 de la Ley 599 de 2000 y a  la  inaplicación  del  artículo  6º  de  la  misma  codificación».     

         Luego   de   mencionar   los   requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  exige el reproche propuesto, según jurisprudencia de esta  Sala,  y  de  trascribir  apartes  del  fallo  de  primer  nivel, relativos a la  fijación  de  los  hechos probados en el proceso, el recurrente concluye que el  juez  a quo al valorar los contratos 001, 049 y 091 de 2004, frente a los cuales  se  predican  las  irregularidades  materia  de  juzgamiento,  consideró que su  objeto  «era  el  de  dar  apoyo administrativo a la  gestión  del  entonces  alcalde», lo cual, advierte,  no va a discutir.   

         Manifiesta  que para dar solución al caso concreto, los juzgadores  de  instancia  aplicaron el artículo 410 del Código Penal que prevé el delito  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales, tipo penal en blanco que,  afirma,   debe   ser   complementado   con  normas  legales  y  administrativas,  concretamente  la  Ley 80 de 1993 y el Decreto 2170 de 2002, frente a las cuales  los  falladores  de  primer y segundo grado consideraron que se habían cometido  las siguientes irregularidades:      

         (i)  La violación de la Ley 80 de 1993, como consecuencia de haber  realizado  un  contrato  que  «superaba  el  máximo  posible  de cuantía para el municipio de Puerto Salgar, al haber fraccionado el  objeto    contractual    en    tres    contratos,   para   dar   apariencia   de  legalidad».      

         (ii)  La vulneración de los principios de la contratación estatal  y  el  incumplimiento  de las formalidades exigidas por las normas que autorizan  la contratación directa como mecanismos excepcional. Y,   

         (iii)  El desconocimiento de los requisitos esenciales establecidos  en  la  Ley  80  de 1993 y el Decreto 2170 de 2002, concretamente «no  haber  solicitado documentos que acreditaran la experiencia del  contratista».               

         Destaca   que   según  los  fallos  de  instancia,  los  contratos  cuestionados  «tenían  por objeto la prestación de  servicios  de apoyo administrativo a la entidad», por  tanto,  agrega,  «la  norma que debió seleccionarse  para  complementar  el  tipo penal en blanco contenido en el artículo 410 de la  Ley  599  de  2000, era el artículo 13 del Decreto 2170 de 2002, en la forma en  que   estaba   vigente  para  la  época  de  los  hechos,  es  decir,  el  año  2004».     

         Refiere  que  el  inciso  2º  del artículo 13 del Decreto 2170 de  2002   fue   declarado   «nulo  parcialmente  (fallo  modulador)», en la sentencia 31447 de 3 de diciembre  de  2007  del  Consejo de Estado (Sección Tercera), que se encarga de citar; no  obstante,  añade,  en  razón  del  principio  de legalidad que rige en materia  penal,  debe  tenerse  en  cuenta  el  contenido  de dicha norma tal como estaba  vigente  para  la  fecha  de  los  hechos  juzgados,  valga  decir, para el año  2004.   

         Anota  que según se extrae del citado fallo del Consejo de Estado,  para   la  época  en  que  el  acusado  celebró  los  contratos  cuestionados,  «era  lícito  entender  que  en el artículo 13 del  Decreto   2170   de  2002,  se  estaban  planteando  dos  hipótesis  jurídicas  diferentes  e independientes entre sí», una relativa  a  que  el  inciso  primero  de  dicha  norma  se  refería  a  los contratos de  prestación  de servicios de que trata el literal d), ordinal 1º, del artículo  24  de  la  Ley  80 de 1993; y otra, que el inciso segundo del canon en mención  hacía  relación  a una tipología de contrato que no aparece enlistada en este  último   precepto   y  que  tiene  por  objeto  «la  prestación   de   servicios   administrativos  cuando  la  entidad  carezca  de  personal».            

         Luego  de  realizar  un  recuento  acerca  del  marco normativo que  regía  la  contratación para la época de los hechos, el libelista señala que  los   falladores   de  instancia  concluyeron  con  acierto  que  los  contratos  celebrados  por su representado, en su condición de alcalde municipal de Puerto  Salgar,   «correspondían  a  la  contratación  de  servicios    de    apoyo    por    la    carencia    de    personal   en   dicha  administración»,  por  lo que la norma que debieron  utilizar  para  complementar  el  tipo  penal  de  contrato  sin cumplimiento de  requisitos  legales,  debió ser el inciso 2º del artículo 13 del Decreto 2170  de 2002.     

         Sin  embargo,  destaca  que el «error de  derecho  que  contiene la sentencia, es no haber aplicado correctamente la norma  que  regulaba  para  la  época  de  los  hechos los contratos de prestación de  servicios  como  apoyo  a  la  administración», pues  para  complementar  el tipo en blanco, en vez de aquella, aplicó «los  parámetros  legales  para  los  contratos directos con objeto  diferente,  regulados  en  el artículo 24 de la Ley 80 de 1993 y [en] el inciso  primero    del    artículo    13   del   Decreto   2170   de   2002».      

         En  punto  de la trascendencia del error denunciado, manifiesta que  el  mismo  llevó  a  los juzgadores de primer y segundo grado a que concluyeran  que   (i)  su  defendido  incurrió  en  fraccionamiento  de  contratos  con  el  propósito  de  evadir  la licitación pública o concurso y contratar de manera  directa;   (ii)  el  acusado  debió  exigir  a  la  cooperativa  «Coopsein»  certificados que acreditaran  su  experiencia  e idoneidad para desarrollar el objeto contractual; (iii) en la  celebración  de  los  contratos  cuestionados  se  vulneraron los principios de  planeación  y selección objetiva, por cuanto, de una parte, su representado no  realizó  estudios  previos de conveniencia y necesidad y, de otra, no solicitó  un  número  plural  de  propuestas para escoger de ellas la más favorable a la  administración.        

         Considera   equivocadas   tales   inferencias  por  las  siguientes  razones:   

         (i)  El  inciso  2º del artículo 13 del Decreto 2170 de 2002, tal  como  estaba  vigente  para  la  época  de  los  hechos  juzgados, autorizaba a  contratar  de manera directa, con independencia de la cuantía, cuando el objeto  fuera  la  prestación  de  servicios  de  apoyo a la gestión de la entidad por  falta  de  personal,  como  se  presentó  en  el  caso concreto, luego no puede  reprocharse  a  su  prohijado el supuesto fraccionamiento de contratos, pues sin  importar  su  valor individual o en conjunto, el objeto contractual lo facultaba  para acudir a la contratación directa.       

         (ii)  La  norma antes citada no exigía  para  la  celebración  de los contratos allí comprendidos, la acreditación de  la  idoneidad  y  experiencia del contratista, la cual solo estaba prevista para  la  modalidad  contractual  a la que se refiere el inciso 1º de dicho precepto,  regulada  por  el  literal d), ordinal primero, del artículo 24 de la Ley 80 de  1993. Y,   

         (iii)  El  requisito  de  contar con número plural de ofertas para  seleccionar  al  contratista  no  aplica  frente  a  los contratos cuestionados,  puesto  que,  de  una parte, la norma que los regula, esto es, el inciso 2º del  artículo  13  del  Decreto  2170  de 2002, no consagra tal exigencia y, de otro  lado,  se  trata  de  contratos  de prestación de servicios que por esencia son  intuito     personae.   

         Resalta  el  impugnante  que el precepto en cita solo preveía como  «única  verificación  previa  que  se  tenía  que  realizar  para poder iniciar un trámite contractual de manera directa con dicho  objeto,  era  determinar la falta de personal que pudiera cumplir con las tareas  que  se  estaban  asignando  a  particulares  mediante  el  contrato»,  aspecto  que  se acreditó en la actuación.      

         Concluye   el  casacionista  que  no  obstante  los  falladores  de  instancia  determinaron como objeto de los contratos cuestionados la prestación  de  servicios  de  apoyo  a  la  entidad,  al  momento de seleccionar las normas  extrapenales  que  señalan  los  requisitos esenciales que debía cumplir dicha  modalidad  contractual,  incurrieron  en el «error de  aplicar  el inciso primero del artículo 13 del Decreto 2170 de 2002»  y,  por ende, encontraron quebrantadas las exigencias que dicha  norma  establece,  cuando  en  esa  labor  debieron acudir al inciso segundo del  mismo  precepto,  que  no  establece  las  formalidades  echadas  de menos en la  sentencia confutada.          

    

         Añade  que  de  acuerdo  con la normativa citada, era legal que un  «servidor   público   pud[iera]   seleccionar   un  contratista  sin pluralidad de ofertas, sin exigirle certificados de experiencia  y  sin hacer estudio previo de conveniencia», laxitud  legal  en  materia  contractual  que  precisamente llevó al Consejo de Estado a  modular  la  norma,  fijándole un entendimiento ajustado a los principios de la  contratación pública.     

         Considera  que,  en  esa medida, no se puede reprochar penalmente a  su  defendido  «haber obrado conforme a una norma que  para   el  momento  de  los  hechos  era  aplicable  en  la  forma  en  que  fue  interpretada»,  y  que  permitía  entender  que los  contratos   cuestionados   podían  celebrarse  de  manera  directa,  pues  ello  quebrantaría el principio de legalidad en materia penal.    

         Así  las  cosas,  solicita a la Corte casar la sentencia impugnada  y,  en  su lugar, absolver al acusado Humberto Agamez Ortiz del delito objeto de  acusación.   

         Segundo  cargo  (subsidiario): Señala el  actor  que  el ad quem incurrió en «errores de hecho  que  llevaron a la aplicación indebida de los artículos 22 y 410 de la Ley 599  de   2000,   y   a   la   inaplicación   del   artículo   32-10  de  la  misma  codificación»,  derivados  de  falsos raciocinios y  falsos   juicios   de   existencia  por  omisión  en  la  apreciación  de  las  pruebas.   

         Después  de  referirse  a  las  exigencias argumentativas que debe  cumplir  quien  alega yerros en la valoración probatoria por desconocimiento de  los  postulados  de  la  sana crítica –falso      raciocinio–,  el  demandante  indica que el vicio recayó en la indagatoria de  Agamez  Ortiz  y  en  la  propuesta presentada por la cooperativa «Coprevisión»,  a  consecuencia  de  lo  cual   los   juzgadores   de   instancia   concluyeron  equivocadamente  que  su  representado   «actuó  con  conciencia  y  voluntad  [dolo]    de    estar    vulnerando   los   principios   de   la   contratación  estatal».       

         Expone  que  el  acusado,  en su condición de alcalde municipal de  Puerto  Salgar,  se  asesoró  de los abogados Daniel García y María Constanza  Aguja,  así como de un comité que él mismo constituyó, del que hacían parte  el  Jefe  de  Planeación,  el  Secretario  de  Gobierno  y el Jefe de la Unidad  Administrativa,  para  la  elaboración  de  los contratos cuestionados, sin que  ello fuera obligación legal.        

         Afirma   que   si  el  Tribunal  dio  credibilidad  a  la  anterior  circunstancia,  no  podía  concluir que su prohijado acudió a tales asesorías  en  materia  de  contratación  «con la intención y  conocimiento  de  estar  violando  la  ley», pues por  «simple  regla lógica y de experiencia, quien desea  cometer  una  conducta punible, lejos de rodearse de personas que la presencien,  buscan  la  clandestinidad  o  el  ocultamiento de su comportamiento»,  y  lo  que  demuestra  el hecho de haberse asesorado es que su  intención  no  era  otra  que  «acertar»  en  el proceso de contratación, pues bien podía contratar sin  acudir  a  ello  y  sin  «obtener el beneplácito de  nadie».      

         Manifiesta  que  también es contrario a la lógica que el Tribunal  infiriera  el  dolo  del hecho que la propuesta de la cooperativa «Coprevisión»    se    allegó    con  posterioridad  a  la  celebración  del  contrato No. 001 de 2004, pues no puede  responsabilizarse  a  su  defendido de las «supuestas  inconsistencias  de  dicho documento», además que si  la  finalidad  era  dar  apariencia  de  legalidad a su ilícito actuar, habría  «constituido     dichas    propuestas»  antes  de  suscribir el mentado contrato y no semanas después,  por   lo   que   es   «lógico  concluir»  que  en  ese  momento  «no se tenía  conocimiento   de   dicha   ilegalidad».     

         De  otra  parte,  luego  de  recordar  las  exigencias  de adecuada  fundamentación  que  deben  cumplirse  cuando  se postula un error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión, expresa que el juzgador de segundo  grado  no valoró el auto de 13 de marzo de 2008, proferido por la Procuraduría  General   de   la   Nación,   ni   la   declaración   de   Luis  Carlos  Rueda  Aguilar.   

         En  cuanto al primero, refiere que no obstante la independencia que  existe  entre  la  responsabilidad penal y la disciplinaria, en la decisión del  ente  de  control  se  destaca  que  los contratos en que se funda la acusación  «fueron     debidamente    ejecutados»,  amén  que  se  cumplió  con  los  fines  de la contratación  pública.    

         Y  en  lo  atinente a la declaración de Luis Carlos Rueda Aguilar,  denunciante  y  concejal  de  la  época,  sostuvo  que si al ad quem la hubiese  valorado,    habría    concluido    que    su    representado    «celebró   un  contrato  que  era  de  vital  importancia  para  el  cumplimiento  de  los  fines  del  Estado,  pues… el municipio estaba lleno de  basura  y  no  se  estaban  prestando  los  servicios  que  se cubrieron con los  cuestionados contratos».     

         Refiere  que  los  errores  de  hecho  denunciados trascendieron el  fallo  impugnado,  por  cuanto llevaron al ad quem a dar por demostrado el dolo,  cuando  en realidad el acusado Agamez Ortiz actuó cobijado por un error de tipo  –art. 32, num. 10º, del  C.P.–,    pues    el  mencionado,  no  obstante haber contado con la asesoría de dos abogados y de un  comité  de  contratación,  no advirtió que «estaba  vulnerando  algunos  de  los  requisitos de la contratación estatal»,  lo  que  ocurrió  debido  a  la  complejidad de la normas que  regulan  la  contratación  directa,  particularmente  las  relacionadas con los  contratos  de  prestación  de servicios, al punto que ha sido la jurisprudencia  del   Consejo   de   Estado   la   que   ha   definido  en  qué  casos  resulta  procedente.   

         En  esa  medida,  ante la atipicidad subjetiva de la conducta de su  prohijado,  pide a la Corte casar el fallo confutado y, en su lugar, absolver al  procesado.       

         Tercer  cargo  (subsidiario).  Indica el  censor  que  el  Tribunal  incurrió  en  «errores de  derecho  que  llevaron  a  la  aplicación indebida del artículo 31 del Código  Penal    y    [a]   la   inaplicación   del   artículo   8º   de   la   misma  codificación»,  lo  que  a  su  vez  condujo  a  la  imposición   de  una  pena  contraria  al  ordenamiento  jurídico.     

         Afirma  que  en  los  fallos  de instancia, valorados los contratos  cuestionados  y la indagatoria del implicado Agamez Ortiz, se estableció que su  objeto   era   dar   apoyo  a  la  gestión  de  la  administración  municipal.   

         Asimismo,   señala   que   la   condena  se  sustenta  en  que  el  supranombrado   «fraccionó  un  objeto  contractual  único  en  tres  contratos», con la finalidad de que  en  ninguno  de  ellos  se  sobrepasara  la  cuantía  permitida por la ley para  contratar directamente.   

         Por  tanto,  añade,  los  juzgadores  de  primer  y  segundo grado  concluyeron  que  la  conducta realizada por el alcalde procesado en cada uno de  los  tres  contratos  referidos,  configuraba un concurso homogéneo sucesivo de  delitos,  lo  que  se  reflejó en la tasación de la pena, pues por el ilícito  base  impuso  al  sentenciado  las  penas  mínimas del cuarto mínimo, esto es,  cuatro  (4)  años  de prisión, cincuenta (50) SMLMV de multa y cinco (5) años  de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y funciones públicas; montos  que  incrementó,  de  acuerdo  con los parámetros del artículo 31 del Código  Penal,   en   una   tercera   parte   (1/3),   por   las   dos  conductas  ídem  concurrentes.   

         Manifiesta   que   la   norma   en   cita  contempla,  entre  otras  posibilidades,  la  de  sancionar  dos  veces  a una persona por un mismo hecho,  cuando  con  su  conducta infringe varias disposiciones de la ley penal o varias  veces  la  misma  disposición,  lo  que  jurisprudencia  y  doctrina  denominan  concurso   ideal   y   constituye   una   excepción   al   principio  de  doble  incriminación.           

         Apoyado  en  doctrina y en criterio de autoridad de esta Sala de la  Corte,  el  recurrente expresa que el «concurso ideal  homogéneo»   exige   la   concurrencia  de  varios  requisitos,  entre  ellos, el de unidad de acción, que considera se presenta en  el  caso  de  su defendido, tal como lo reconocieron los jueces de instancia, al  concluir  que «todas las irregularidades cometidas en  materia   contractual   [por  el  acusado],  estaban  encaminadas  a  obviar  la  licitación  pública para poder favorecer a la cooperativa COOPSEIN».        

         Advierte  que  en  punto  del  concurso  ideal  homogéneo,  según  precedente  jurisprudencial  que  trae  a  colación,  debe tenerse en cuenta el  criterio  de  identidad  de  causa  o  de fundamento, ligado al concepto de bien  jurídico,  conforme  al  cual  no resulta viable la doble incriminación por un  mismo  hecho,  cuando  las  conductas  punibles  endilgadas  lesionan o ponen en  peligro  idéntico  interés jurídico, excepto cuando se produce «la      afectación      de     bienes     jurídicos     altamente  personales» por conductas que recaigan sobre sujetos  pasivos diferentes.    

         En  ese  orden,  agrega,  si  el  ad  quem  dio  por probado que su  representado     actuó     «con    una    única  finalidad»,  solo podría presentarse un concurso de  delitos   si  su  conducta  hubiera  afectado  pluralidad  de  sujetos  pasivos,  situación  que no se da en este asunto, pues los contratos que se tachan de ser  violatorios  de  las normas de contratación, lesionaron el bien jurídico de la  administración  pública, cuyo titular es el Estado, concretado en el municipio  de Puerto Salgar.   

         Expone  que  si  la conducta del procesado estuvo gobernada por una  sola  finalidad, es decir, existió unidad de acción, se lesionó el mismo bien  jurídico  y hay identidad de sujeto activo y sujeto pasivo, el incremento de la  pena  impuesta  en  razón  del  «concurso  ideal de  delitos»  que  reconoció  el  Tribunal,  vulnera el  principio de prohibición de doble incriminación.   

         Luego,   anota,  si  dicho  yerro  no  se  hubiese  presentado,  la  sentencia  no  habría  contemplado  el aumento de una tercera (1/3) parte de la  pena  como  consecuencia  del referido concurso, y la sanción sería de 4 años  de  prisión,  multa  de  50  SMLMV  e  inhabilitación  de derechos y funciones  públicas por el lapso de 5 años.   

         Así  las  cosas, pide a la Corte casar el fallo confutado y, en su  lugar,   dosificar   la   pena   conforme   el   artículo   8º   del   Código  Penal.             

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   Conviene  recordar  que  dado  el  carácter  extraordinario  del recurso de casación, al  libelista   compete   elaborar   la   demanda  bajo  los  estrictos  parámetros  contemplados  en  la  ley  y  decantados  por  la  jurisprudencia  de  la Corte.   

Por  tanto,  no  basta  con  afirmar que se  cometió    un    error   in   iudicando     o    in    procedendo,  pues debe demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia  frente al contenido del fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual se  revisa  la  legalidad  de  la  sentencia. De ahí que el libelo deba cumplir las  formalidades   estatuidas   en   el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  principalmente  enunciar  la  causal y formular el cargo con el cual se pretende  la  infirmación del fallo, señalando de manera clara y precisa sus fundamentos  y  las  normas infringidas, igualmente, evidenciando cómo el vicio in     iudicando    o    in  procedendo conduce a resquebrajar la  providencia.   

Ahora bien, sin desconocer la facultad legal  de  la  Corte  para  casar  la  sentencia  cuando  sea  ostensible  que la misma  transgrede  las  garantías  fundamentales  de  las  partes (art. 216 Ley 600 de  2000),   la   impugnación   extraordinaria   no  es  un  mecanismo  carente  de  rigor.       

Por  ende, el recurso de casación no puede  entenderse  como  una  instancia  adicional  para debatir aspectos que ya fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso, ni  la  demanda  puede  elaborarse utilizando un discurso de libre composición; por  el  contrario,  dado  el  carácter  extraordinario  y rogado del recurso, está  ligado  a  causales  taxativas que tienen contenidos propios, referidas a vicios  sustanciales o procesales.   

Además, en el desarrollo de cada uno de los  reparos  formulados  se  deben  cumplir  unos  requisitos  mínimos de lógica y  adecuada  fundamentación,  cuyo desconocimiento conlleva a la inadmisión de la  demanda,  como  lo establece el artículo 213 del Código de Procedimiento Penal  de 2000.   

Así,  no resulta atinado solo denunciar la  presencia  del  error que se invoca, sino que al impugnante incumbe demostrar su  existencia  y  cómo  el  mismo tiene la trascendencia suficiente para romper la  doble  presunción  que  cobija a la sentencia de segundo grado y, por lo mismo,  la  necesidad  de  que la Corte intervenga como Tribunal de Casación en procura  de  hacer  efectivo  el  derecho  material  y  las  garantías debidas a quienes  intervienen  en  la  actuación  penal,  reparar  los agravios ocasionados a las  partes con la decisión confutada o unificar la jurisprudencia.   

2.  La  Corte de  entrada  anuncia  que  la  demanda  se  inadmitirá  porque  el  casacionista no  desarrolla  adecuadamente  los  cargos formulados contra la sentencia de segundo  grado,   en   tanto   incurre   en   protuberantes   falencias,  según  pasa  a  explicarse.   

2.1  Primer  cargo (principal).  Sostiene  el demandante que el ad quem incurrió en la violación  directa  de  la  norma sustancial por aplicación indebida del artículo 410 del  Código  Penal,  que  contempla  el  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  lo  que  a  su  vez determinó la falta de aplicación del  principio  de  legalidad previsto en el artículo 6º de la misma codificación,  debido  a que al acudir a la normativa que complementa el referido tipo penal en  blanco,  erró al tener en cuenta, para determinar su alcance, el inciso 1º del  artículo  13  del  Decreto  2170  de  2002,  cuando lo procedente era acudir al  inciso  2º  de  la  norma  citada,  que  para  la época de los hechos juzgados  permitía  la  contratación  directa  en  los  casos  en  que  su  objeto fuera  «la  prestación de servicios administrativos cuando  la  entidad carezca de personal», que es precisamente  la conducta que se le reprocha al acusado Agamez Ortiz.   

         En  primer  término,  cabe  anotar que la violación directa de la  ley  por  aplicación indebida de un precepto se presenta cuando el sentenciador  se  equivoca  al  calificar  jurídicamente los hechos o habiendo acertado en su  adecuación,  desatina  al  elegir  la  norma correspondiente a la calificación  jurídica  impartida,  se  trata  entonces de un error de selección2.   

         Ahora,  a  fin  de  evidenciar el mencionado yerro en relación con  una  determinada  disposición,  el  esfuerzo  ha  de  orientarse a constatar la  defectuosa  adecuación del supuesto fáctico probado, respecto de la hipótesis  contemplada    en    el    respectivo    precepto3.   

         De  acuerdo  con  las  antedichas  reglas  de  lógica  y  adecuada  fundamentación,  en  el caso concreto se advierte que si bien el censor acierta  en  formular  el  reproche  por aplicación indebida de la norma que sanciona el  ilícito  objeto  de  acusación, pues lo que en últimas alega es la atipicidad  objetiva  de  la  conducta  desarrollada  por  su  prohijado, no ocurre lo mismo  cuando pretende desarrollar el cargo.   

         En  efecto,  al  procesado Agamez Ortiz se le endilgó el delito de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales como consecuencia de celebrar,  en  su  condición de alcalde del municipio de Puerto Salgar, los contratos Nos.  001,  049  y 091 de 2004, sin cumplir los requisitos legales esenciales exigidos  para tal efecto.   

         Pues   bien,  como  el  tipo  penal  en  mención  es  de  aquellos  denominados  en  blanco,  en  los  cuales  el  supuesto de hecho que contiene la  conducta  que  la  normatividad  ordena  o  prohíbe, aparece consagrado total o  parcialmente  en un precepto de carácter extrapenal4,    correspondía   a   los  juzgadores  de  instancia  acudir  a  él  para completar el contenido y alcance  objetivo  de  la  conducta  típica,  de  acuerdo con el principio de legalidad.   

         Ahora,  sobre la naturaleza jurídica de los contratos cuestionados  y su objeto, el juez a quo señaló:   

Sobre  el  primer  punto,  según  quedó  consignado  en  los  contratos  001, 049 y 091 a los que se ha hecho referencia,  merece  destacarse que cada uno de ellos fue celebrado “previas las siguientes  consideraciones,  1)  Que  el  Decreto  2170  de 2002 en su artículo 13 dispone  ‘(…) La entidad Estatal  podrá  contratar  directamente  con la persona natural o jurídica que esté en  capacidad  de  ejecutar  el  objeto  del  contrato  [y]  que  haya demostrado la  habilidad    (sic)   y  experiencia  directamente  relacionada con el área de que se trate, sin que sea  necesario    que    haya   obtenido   previamente   varias   ofertas’,  el  cual se regirá por las normas  vigentes  en  la  materia  y  en  especial  por  las contenidas en la siguientes  cláusulas.  2) Que exista disponibilidad presupuestal para la presente vigencia  fiscal,   expedida   por   la   Oficial   de   Presupuesto…”;   de  donde se colige que, tal como indicó el señor AGAMEZ ORTIZ al  rendir    indagatoria,    para   su   celebración   se   erigió   (sic)  la contratación directa a la luz  de  la  reglamentación  que  al  artículo 24 de la Ley 80 de 1993 introdujo el  artículo  13 del Decreto 2170 de 2002, de acuerdo al contenido de los contratos  y  a lo manifestado por el acusado en sus exposiciones, entiende el despacho que  apoyada  en los dos primeros incisos. Ahora, en lo que  respecta  al  objeto contractual, según rezan los contratos y manifestó el hoy  procesado,   estuvo   encaminado  a  suplir  la  necesidad  de  personal  en  la  administración  municipal  (…).  (Subraya fuera del  texto original)   

         Claramente  se  advierte  que en la sentencia confutada, en orden a  dar  contenido  a  la  expresión «requisitos legales  esenciales»   que   hace   parte   del  complemento  descriptivo  del  delito  juzgado,  los juzgadores tuvieron en cuenta las normas  que  para  la  época  de  los hechos autorizaban la contratación directa en el  caso  de  la  prestación de servicios profesionales cuando tenía por objeto el  apoyo  a  la gestión de la entidad, esto es, el inciso 2º del artículo 13 del  Decreto  2170  de  2002,  que  reglamentó  la Ley 80 de 1993.      

         En  esa  medida,  se queda corto el censor al desarrollar el reparo  propuesto,  pues  en dicha labor se limita a enunciar que los hechos probados no  se  adecuan  al  supuesto  contemplado  en  el  artículo 410 del Código Penal,  habida  cuenta  que  los falladores de instancia complementaron el referido tipo  penal  aplicando  «los  parámetros legales para los  contratos  directos con objeto diferente, regulados en el artículo 24 de la Ley  80  de  1993  y  [en]  el  inciso  primero  del artículo 13 del Decreto 2170 de  2002»,  cuando  debieron  acudir  a  las  exigencias  previstas  para  la  modalidad  contractual contemplada en el inciso 2º de esta  última   preceptiva,   pero   de  manera  conveniente  omite  referirse  a  los  razonamientos  de  los  juzgadores  en el sentido que tales requisitos no fueron  observados  por  el  alcalde  acusado al celebrar los contratos cuestionados, en  orden  a evidenciar la errónea adecuación del supuesto fáctico en el precepto  mencionado.      

         Y  si  bien  la juez a quo al momento de determinar el cumplimiento  de  las  exigencias  legales esenciales de la contratación directa, modalidad a  la   que   acudió  el  procesado  Agamez  Ortiz  para  realizar  «los   contratos   de   prestación  de  servicios  de  apoyo  a  la  entidad»   objeto   de   reproche,   incurrió   en  imprecisiones   sobre   algunos   de  los  requisitos  que  debió  observar  el  supranombrado  en  dicho proceso contractual, con todo concluyó sin ambages que  tampoco  acató  los  contenidos  en  el inciso 2º del artículo 13 del Decreto  2170 de 2002.     

         En  efecto, de acuerdo con la norma en cita, vigente para la época  de  los  hechos  juzgados,  no le era exigible a la administración, previo a la  celebración  del contrato de prestación de servicios de apoyo a la gestión de  la   entidad,   «establecer…   la   idoneidad   y  experiencia  de  la  persona…  jurídica  a  contratar para la prestación del  servicio»5,  tampoco  realizar  estudios  previos  de  conveniencia  y  oportunidad que permitieran conocer «un  estimativo  de  las  personas que se requerían y los costos de  cada  una de ellos (sic)»6,   menos   aún  contar  con  pluralidad   de   propuestas   que   permitieran   evaluar  cuál  era  la  más  favorable.   

         De  igual  forma,  es  equivocado  reprochar  que  se  acudió a la  contratación  directa porque el monto de cada uno de los contratos cuestionados  superaba  la  menor  cuantía  establecida  en  el  literal a), numeral 1º, del  artículo  24  de  la Ley 80 de 1993, de acuerdo al presupuesto del municipio de  Puerto   Salgar,   toda  vez  que  no  fue  ese  el  criterio  que  utilizó  la  administración  para  optar  por  esa  modalidad  excepcional de escogencia del  contratista,  sino  que  lo hizo atendiendo a la naturaleza del contrato, según  lo  previsto  en  el inciso 2º del artículo 13 del pluricitado Decreto 2170 de  2002.     

         Sobre  la  tipología  contractual  contemplada  en la norma citada  ut  supra y los requisitos  que  se  debían  cumplir  en  orden  a su celebración, la Sección Tercera del  Consejo de Estado, dijo:   

El  inciso segundo inciso 2º del artículo  13  del  decreto 2170 de 2002, reglamentario del numeral 3º del artículo 32 de  la Ley 80 de 1993 prescribió:   

“De  igual  forma  se  procederá para la  celebración  de contratos de prestación de servicios de apoyo a la gestión de  la  entidad,  los que sólo se realizarán cuando se trate de fines específicos  o  no  hubiere  personal  de  planta  suficiente  para  prestar  el  servicio  a  contratar.  El  contrato  que  se  suscriba,  contendrá como mínimo la expresa  constancia  de  la  circunstancia  anterior, las condiciones de cumplimiento del  contrato  incluyendo  el  detalle de los resultados esperados y la transferencia  de    tecnología    a    la    entidad    contratante    en    caso    de   ser  procedente.”   

De  conformidad  con  la  norma transcrita,  aplicable  al  caso  sub lite como que estaba vigente a la época de los hechos,  la   celebración  de  contratos  de  prestación  de  servicios  de apoyo a la gestión de la entidad, sólo  puede  tener  lugar  en  dos eventos: i) cuando se trate de fines específicos o  ii)  cuando  no hubiere personal de planta suficiente  para prestar el servicio a contratar.   

Se trata de dos hipótesis distintas las que  regula  la  norma  reglamentaria  en  comento:  una  relacionada con situaciones  especiales      que      demanden      “trabajos  específicos”  y  otra muy distinta cuando se trate  de  situaciones  en que la planta de personal no resulte suficiente para prestar  el servicio que se contrata.   

En otras palabras, la Sala destaca que aún  en  el  supuesto  en  que  haya  funcionarios  de  planta  suficientes, la norma  reglamentaria  autoriza  para contratar con terceros en eventos particulares que  supongan   un   “trabajo   específico”.  Precepto  que  ha  de  estudiarse  en  concomitancia  con  el  numeral  3  del  artículo  32  de  la Ley 80 de 1993  objeto  de  reglamentación  que  exige  que se trate de contratos que requieran  conocimientos     especializados.     (…)   

Ahora,   de  conformidad  con  el  citado  artículo  13  del  decreto  2170  de  2002 en estos eventos de contratación de  prestación  de  servicios  profesionales, el contrato  que  se  suscriba  debe  contener  como  mínimo la expresa constancia de que se  trate  o  bien  de  un  “trabajo específico” o de que “no hay personal de  planta  suficiente para prestar el servicio por contratar”, según el caso. Al  mismo  tiempo exige que se precisen las condiciones de cumplimiento del contrato  incluyendo  el  detalle  de  los  resultados  esperados  y  la  transferencia de  tecnología  a  la  entidad  contratante  en  caso de ser procedente7. (Subraya fuera de texto).   

         Conforme  a  la anterior cita jurisprudencial y según se extrae de  la  referida  norma,  en  su  vigencia  era procedente acudir a la contratación  directa  para  la prestación de servicios de apoyo a la gestión de la entidad,  solamente  en dos eventos, a saber: (i) para fines específicos y (ii) cuando el  personal  de  planta  fuera  insuficiente  para prestar el servicio a contratar;  modalidad  esta  última  a  la  que,  según  lo  concluyeron los juzgadores de  instancia  y  que no cuestiona el recurrente, acudió el acusado Agamez Ortiz al  celebrar  los  contratos  Nos.  001,  049  y  091  de  2004  con  la cooperativa  «Coopsein».       

         Por  tanto,  en  la  suscripción  de los contratos cuestionados el  supranombrado  alcalde  debió  observar  las siguientes formalidades: (i) dejar  constancia  expresa  en  cada  uno  de  los  contratos  que  la  administración  municipal  no contaba con personal de planta suficiente para prestar el servicio  a  contratar;  (ii)  precisar  las condiciones de cumplimiento del contrato y el  detalle  de  los  resultados  esperados; y, (iii) indicar si se iba a transferir  tecnología a la entidad.   

         Así  lo  advirtió  la  juez  a  quo,  avalada  por el Tribunal al  confirmar integralmente la decisión de primer grado, al señalar:   

Igualmente  el  inciso segundo de la citada  disposición  consagra que el contrato de prestación de servicios de apoyo a la  gestión  de  la  entidad debe comportar, como mínimo, la expresa constancia de  la  circunstancia  que  da  lugar  al  mismo,  las  condiciones  de cumplimiento  incluyendo  el  detalle  de  los  resultados  esperados  y  la  transferencia de  tecnología     a     la     entidad     contratante     en    caso    de    ser  procedente.      

    

Pues  bien, en el contexto del contrato No.  001  de  enero 2 de 2004, aparte de no haberse especificado que se trataba de un  contrato  de prestación de servicios de apoyo a la gestión de la entidad, como  que  solo  se  hizo  alusión  a  la  facultad  que confiere el artículo 13 del  Decreto  2170  de  2002  para  celebrar  contratos  directos,  en modo alguno se  indicó  ni  dejó  constancia  expresa del fin específico que, en palabras del  señor  AGAMEZ  ORTIZ,  al  parecer  lo  fue  la  falta  de  personal  de planta  suficiente  para  poner  en  marcha  su administración, y en las condiciones de  cumplimiento  del  contrato  tampoco  se  incluyó  en  detalle  los  resultados  esperados,  pues  simplemente se señaló que por tratarse de pagos vencidos, el  cumplimiento  se  sujetaba a su verificación; y por último, ninguna constancia  se  extendió sobre si se transfirió o no tecnología a la entidad contratante,  en  este  caso  la  administración  de Puerto Salgar (Cundinamarca), para aquel  entonces  en  cabeza  del aquí procesado, falencias que igualmente se advierten  al  momento  de celebrarse los contratos 049 del 10 de mayo de 2004 y el 091 del  1º    d    julio    del    mismo    año   (…).8      

         Surge  patente entonces, que los falladores de instancia no erraron  al  seleccionar  la  norma  extrapenal  que  en  el caso concreto complementa el  supuesto  de  hecho  previsto  en  el  delito  de  contrato  sin cumplimiento de  requisitos  legales,  como  lo plantea el libelista en el desarrollo de la glosa  ensayada,  pues  no  obstante  las imprecisiones en que incurrió la juez a quo,  destacadas  ut supra por la  Sala,   en  la  sentencia  confutada  se  concluyó  sin  ambigüedades  que  el  incriminado  Agamez Ortiz no cumplió las exigencias señaladas en el inciso 2º  del  artículo  13  del  Decreto  2170  de 2002, luego ningún sustento tiene la  alegada  violación  directa  de  la ley sustancial por aplicación indebida del  artículo                    410                   del                   Código  Penal.                    

         Ahora,   se   equivoca  el  impugnante  al  afirmar  que  la  norma  reglamentaria  en  cuestión  preveía  como  único  requisito  para  contratar  directamente  con  el  objeto  de prestar servicios de apoyo a la gestión de la  entidad,   «determinar  la  falta  de  personal  que  pudiera  cumplir con las tareas que se estaban asignando a particulares mediante  el contrato».   

         En   efecto,   según   quedó   visto,  era  necesario  que  dicha  circunstancia  se  hiciera constar en los respectivos contratos, lo cual solo se  verifica   en   el  No.  091  de  2004,  donde  se  indicó  que  «por  carecer  el  municipio  de  personal de planta suficiente para  cumplir  con  las  competencias y funciones atribuidas por la Constitución y la  ley»,  respecto  de  servicios  que  relaciona en la  cláusula  segunda  de  la  convención,  acudía  a  esa modalidad contractual,  mientras  que  en  los contratos Nos. 001 y 0049 del mismo año ninguna mención  se  hizo  acerca  de  que  ese  fuera  el motivo que llevó a la administración  municipal  a  seleccionar  de  manera  directa  a  la cooperativa «Coopsein»  para  prestar  servicios  de  apoyo  a la gestión de la entidad, lo cual se ofrecía imperioso para obviar el  trámite  de  licitación  o  concurso público que, en la época de los hechos,  era  al  que  por regla general debía acudirse para seleccionar al contratista,  de  acuerdo  con  el numeral 1º del artículo 24 de la Ley 80 de 1993, pues con  ello  se  garantiza  el  principio  de  transparencia  que rige la contratación  estatal.   

         Además  de  la  anotada  falencia,  tal  como  lo  destacaron  los  juzgadores  de  instancia,  en  ninguno  de  los  tres contratos cuestionados se  establecieron  con  precisión  las  condiciones  de  cumplimiento  del  negocio  jurídico,   ni   se   detallaron   los  resultados  que  se  esperaban  con  la  contratación          de          la         cooperativa         «Coopsein».   

         Así  lo  revela el hecho de que en la cláusula relativa al objeto  contractual,  escuetamente se consignó que era para la prestación de servicios  de  apoyo  a la gestión del municipio de Puerto Salgar, y si bien se relacionó  la  clase  de  profesional  o  trabajador  requerido (fisioterapeuta, sicólogo,  secretaria,  citador,  aseadora,  etc.), el número de personal a contratar y el  valor  a  pagar  por el servicio, no se especificó la actividad que cada uno de  ellos  iba a realizar, excepto en el contrato No. 049 de 2004, donde se hizo una  breve  descripción  al  respecto,  pero  ni en éste, ni en los demás negocios  jurídicos  controvertidos, se señalaron los resultados que se esperaban de tal  labor,  con  lo  cual  se  afectaron los principios de trasparencia y selección  objetiva  que  guían  la  contratación  pública,  así  como  el de moralidad  administrativa  que  orienta  la  función  de  los  servidores públicos.    

         En  síntesis,  el alcalde acusado estaba legalmente facultado para  acudir  al  mecanismo  excepcional de la contratación directa con fundamento en  el  inciso 2º del artículo 13 del Decreto 2170 de 2001, dada la naturaleza del  objeto  contractual, pero en esa medida debía cumplir con los requisitos que la  norma  en  mención  le  imponía,  pero  no  lo hizo, por lo que su conducta se  adecua  a  las  exigencias típicas del ilícito de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales,  de  donde  se  sigue  que  los  juzgadores de instancia no  incurrieron  en el yerro que propone el casacionista por aplicación indebida de  la norma sustancial.   

         Así las cosas, se inadmitirá el reparo.    

         2.2  Segundo  cargo (subsidiario). Afirma  el  actor que los falladores de primer y segundo grado incurrieron en errores de  hecho  por  falso  raciocinio  y  falso  juicio de existencia por omisión en la  apreciación  de  las  pruebas,  lo que condujo a la aplicación indebida de los  artículos  22 y 410 del Código Penal y, por contera, a la falta de aplicación  de  la  causal  de  ausencia  de  responsabilidad  prevista  en el artículo 32,  numeral   10º,   de   la   misma   codificación,  valga  decir,  el  error  de  tipo.     

         En  relación  con el primer yerro por falso raciocinio, si bien el  demandante  identifica  los  medios  de  conocimiento sobre los cuales recae, al  referirse  a  la  indagatoria  del  acusado  Humberto  Agamez  Ortiz  sucumbe al  desatino  de  criticar  que el ad quem concluyera demostrado el dolo a partir de  las  propias  manifestaciones  del  prenombrado, quien dijo haberse asesorado de  abogados  y  conformado  un  comité para la contratación con sus colaboradores  más  cercanos,  arguyendo  que  por  «simple  regla  lógica  y  de  experiencia» lo que ello evidencia es  su  intención  de  cumplir  las  normas  que  regulan  dicha actividad y evitar  incurrir  en  conductas  punibles  como  la que ahora se le reprocha, pero omite  señalar  cuál  fue  el  postulado  lógico  quebrantado por el fallador en esa  labor,  valga  decir,  si el de identidad, no contradicción, tercero excluido o  razón suficiente, impidiendo a la Corte abordar su estudio.   

         Y  en cuanto a la proposición que esgrime el censor, en el sentido  que  «quien desea cometer una conducta punible, lejos  de  rodearse  de  personas  que  la  presencien,  busca  la  clandestinidad o el  ocultamiento   de  su  comportamiento»,  aun  cuando  formalmente     armoniza     con     la    fórmula    lógica    «siempre  o  casi siempre que se da A, entonces sucede B»,  propia  de las máximas empíricas, nada dice el recurrente en  cuanto  a  por qué ha de tenérsele como tal, valga decir, si lo que en ella se  afirma  sucede  siempre  o  casi siempre, de manera uniforme y reiterativa en un  determinado   tipo   de   situaciones,   y   cómo  esa  regla  aplica  al  caso  concreto.   

         La  anotada falencia lo que revela es que el enunciado en cuestión  se  sustenta  en  la percepción particular de quien la formula o surge a partir  de  meras  especulaciones  motivadas  por su interés particular, con lo cual se  aparta   de  ser  regla  de  la  experiencia  con  vocación  de  universalidad,  permanencia          y          reiteración9,  a lo que debe agregarse que  bien  puede  suceder  que  la  conformación  de  comités de contratación o la  asesoría  de  abogados  en la materia, sea una manera de blindar legalmente las  actuaciones  irregulares  de los servidores públicos encargados de tan delicada  función,  o  dicho  de  otra  manera,  ese proceder en manera alguna excluye la  posibilidad  de  que  se  desconozcan  las  normas  que regulan la contratación  pública, como lo insinúa el impugnante.     

         En  el  mismo  desatino  incurre el libelista al reprochar, por ser  contrario  a  la  lógica,  que el Tribunal infiriera el dolo en la conducta del  acusado   Agamez   Ortiz   del   hecho   que  la  propuesta  de  la  cooperativa  «Coprevisión», allegada  en  el  trámite  del contrato No. 001 de 2004, se presentara tardíamente, esto  es,  con  posterioridad  a  su celebración, pues se limita a señalar que si la  finalidad  de  aportar  dicha oferta era dar apariencia de legalidad al ilícito  actuar  del  alcalde,  éste  la  hubiera  obtenido  antes  de  suscribirlo y no  posteriormente,  sin  embargo  se  queda  corto  porque no menciona el principio  lógico  desconocido  por  los  juzgadores  de  instancia,  ni  cómo debió ser  correctamente aplicado al asunto de la especie.      

         Sobre el punto en cuestión, el juez a quo dijo:   

Encuentra el despacho que dicho proceder fue  doloso,  ya  que  contrario  a  lo  argumentado  por  la  defensa, la formación  académica  del  señor AGAMEZ ORTIZ, su experiencia como abogado, que aunque al  parecer   no  se  especializó  en  derecho  administrativo  sí  le  brinda  el  conocimiento   sobre   la   existencia  de  las  disposiciones  que  regulan  la  contratación  administrativa y el celo que dichos trámites apareja frente a la  corrupción  que  impera  en ese medio, amén de que como él mismo reconoce, no  obró  solo  sino  que  contó  con  la  asesoría  jurídica del abogado DANIEL  GARCÍA,  de  la  doctora  MARÍA  CONSTANZA AGUJA, igualmente abogada, y “del  comité   constituido  para  el  estudio  y  aprobación  de  la  contratación,  constituido  por  el  Jefe  de  Planeación…  ingeniero  JAIME  MALDONADO,  el  Secretario  de  Gobierno  que  era el Dr. AVELINO PALACIOS, el Jefe de la Unidad  Administrativa   y   Financiera,   de   nombre   MÓNICA  VERA…”10, lo cual le  permitía  conocer claramente cuál era el proceso legal de contratación al que  debía  someterse,  pese  a  lo cual se encaminó a la ejecución de la conducta  punible  de manera libre y voluntaria, optando deliberadamente por adjudicar los  contratos  por  vía  directa  sin atender criterios razonables y soslayando las  normas   que   rigen  la  contratación  pública,  descartándose  de  paso  la  atipicidad  subjetiva  que  a  criterio  de  la  defensa  ampara el proceder del  acusado,  pues  de  acuerdo  a la forma como todos estos trámites se surtieron,  resulta  evidente que sí tenía conocimiento de que los mismos irrespetaban los  principios  en que se orienta la contratación, tanto así que si hubiera tenido  la      convicción      plena     –aunque        errada–  de  que  su  proceder  se  ajustaba  al marco legal, en el [caso]  particular  no  tendrían  por qué aparecer con posterioridad a la celebración  del  contrato  No. 001 una serie de documentos irregularmente elaborados con los  cuales  la  administración a su cargo trató de imprimirle matices de legalidad  a           dicho           procedimiento.11     

         Encuentra  la Sala que tales razonamientos no se ofrecen absurdos o  ilógicos  como  lo  expone  el  libelista,  por cuanto si luego de celebrado el  contrato  rebatido  se  allegaron  las  propuestas  de  los  interesados  en ser  seleccionados,    entre    ellas,    la   de   la   cooperativa   «Coopsein»,  al  margen  de  que ello no  fuera   necesario   dada   la   modalidad   contractual  a  la  que  acudió  la  administración,  es  plausible  inferir  que de esa manera el alcalde procesado  pretendía   revestir   de   legalidad   el   proceso   contractual   ante   los  cuestionamientos  formulados por los integrantes del concejo municipal, lo que a  su  vez  revela  el conocimiento que aquel tenía de los hechos constitutivos de  la  infracción  penal, valga decir, que suscribió el mentado negocio jurídico  no  obstante  incumplir  las  exigencias  legales previstas en el inciso 2º del  artículo 13 del Decreto 2170 de 2002.   

         Además,   el   impugnante   no  identifica  en  la  argumentación  trascrita   el   vicio   de  estimación  probatoria  alegado,  evidenciando  la  pretensión  de  entronizar  su  particular y parcializado criterio sobre lo que  debió  concluir  el  fallador  en relación con la tardía presentación de las  ofertas  contractuales,  circunstancia  que  en  su  opinión  demuestra todo lo  contrario,  esto  es,  que  el  acusado  Agamez Ortiz al momento de celebrar los  contratos   no   «tenía   conocimiento   de  dicha  ilegalidad»,  pero  no  dice  cómo  se arriba a tal  conclusión  de acuerdo con los postulados de la sana crítica, con lo cual deja  sin sustento la glosa intentada.   

         De  otra parte, el casacionista postula un error de hecho por falso  juicio  de  existencia por omisión que sustenta en que los falladores de primer  y  segundo  grado  no valoraron el auto de 13 de marzo de 2008, proferido por la  Procuraduría  General  de  la  Nación, ni la declaración de Luis Carlos Rueda  Aguilar,  concejal  del  municipio  de  Puerto  Salgar  que denunció los hechos  materia de juzgamiento.    

         Sobre  el  vicio denunciado, se ofrece necesario mencionar, como lo  ha  reiterado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  que por esta vía se quebranta  indirectamente  la ley sustancial cuando el juzgador de ninguna manera valora el  contenido   material   de  un  medio  de  prueba  legalmente  incorporado  a  la  actuación,  o  cuando  lo  supone pese a que no forma parte de él.12   

         En  orden  a  demostrar el falso juicio de existencia por omisión,  incumbe  al  recurrente  identificar  la  prueba  que  válidamente  obra  en la  actuación,  objetivar  su contenido en relación con los aspectos sustanciales,  señalar  cuál  es el mérito que le corresponde siguiendo los postulados de la  sana  crítica,  para  luego,  en  punto  de  trascendencia,  precisar  cómo su  estimación  conjunta con los demás medios probatorios que obran en el proceso,  habría  determinado  una declaración de justicia  diversa a la consignada  en      la      sentencia      impugnada,      obviamente      favorable      al  procesado.           

         De igual forma, esta Corporación tiene dicho que:   

…tal  pretermisión  no  acontece  si los  jueces  tuvieron  en  cuenta  el  elemento de juicio que se extraña, así no lo  hayan  mencionado  de  manera  expresa  en  la  motivación.  Tampoco  cuando lo  apreciaron,   pero   dejaron  de  lado  aspectos  que  el  demandante  considera  relevantes  (caso  en el cual debería formular un falso juicio de identidad por  cercenamiento).  Ni  cuando  la  prueba  fue valorada en la decisión de primera  instancia  y  la  decisión  de  segundo  grado  confirma los aspectos objeto de  debate,  pues  en  tales  casos  las providencias se han integrado en una unidad  jurídica  imposible  de  escindir.  (CSJ AP, 16 Sep.  2013, Rad. 38747)   

         Frente  al  caso  concreto,  la  Sala  encuentra  que  si  bien los  juzgadores  de  instancia  ninguna  mención hicieron en el fallo confutado a la  decisión   de   la   Procuraduría   General   de   la   Nación   –Procuraduría  Provincial  de  Honda  (Tolima)– que dispuso el  archivo  de  la  indagación  preliminar adelantada contra el procesado Humberto  Agamez  Ortiz  por  la  celebración  de  los contratos cuestionados13,   ello  carece  de  trascendencia  en  punto  de  la  condena  proferida  en  contra del  mencionado.   

         En  efecto,  al  margen  de los argumentos expuestos por el ente de  control  en  orden  a  adoptar  la decisión que encontró ajustada a las normas  disciplinarias  la  actuación  del  alcalde incriminado, es lo cierto que dicha  circunstancia  en  manera  alguna  tiene la capacidad de influir en la decisión  que  en  el  ámbito  del  proceso  penal  declaró  responsable  al  mencionado  servidor,  por  cuanto ambas actuaciones, penal y disciplinaria, tienen objeto y  naturaleza    diferentes,    tal   como   ha   sostenido   pacíficamente   esta  Corporación14.        

         Así,   la   acción  penal  cuenta  con  particularidades  que  la  distinguen  de  la  disciplinaria, pues mientras que la primera tiene por objeto  establecer  si  determinada  conducta humana resulta reprochable y merecedora de  pena  como  consecuencia de la lesión o puesta en peligro de bienes jurídicos,  la  segunda  se  orienta  a salvaguardar la obediencia, disciplina y rectitud de  los servidores públicos frente a sus deberes funcionales.   

         Ahora,  respecto  a  la falta de valoración de las manifestaciones  del  concejal  del  municipio  de  Puerto  Salgar,  Luis  Carlos  Rueda Aguilar,  relativas  a  que  los  contratos  celebrados  eran  de vital importancia habida  cuenta  que  con  ellos se garantizó la prestación de servicios esenciales que  la  administración  no  estaba  en  capacidad  de  proporcionar,  si  bien  los  juzgadores  de  primer  y  segundo  grado  no  hicieron  referencia  expresa  al  testimonio  del  citado,  sí  tuvieron  en cuenta los temas sobre los que éste  declaró,  por lo cual, de conformidad con la regla interpretativa consignada en  la   jurisprudencia  trascrita  ut  supra,  el  reproche  aflora ausente de demostración.      

         En  orden  a evidenciar que no le asiste razón al demandante, vale  la pena citar lo que sobre el punto dijo la juez a quo, así:   

La defensa invocó razones que consideró de  urgencia  para  que  el señor AGAMEZ ORTIZ hubiera acometido la celebración de  los  contratos,  derivada  de  la  falta  de  personal  de  planta para poner en  movimiento  la administración y suplir algunos problemas heredados del gobierno  anterior,  sobre  lo cual declararon al inicio de la audiencia pública LUZ DARY  MANCHOLA  DE AGUILAR, GILDARDO HERNÁNDEZ y JAIME MALDONADO MORA, quienes aparte  de  referirse  al  caos que se generó a raíz de que el alcalde saliente era de  corriente  política  contraria a la del electo, habiendo recibido el último la  administración  no  en las mejores condiciones, mismas que ameritaban un actuar  inmediato  por parte del mandatario para sortear tales dificultades, y de que el  objeto  del  contrato  se  cumplió  a  cabalidad,  exaltando  además  la labor  cumplida  durante el periodo por el aquí procesado, ninguno de estos argumentos  enerva  el juicio de reproche que amerita su conducta, ya que como representante  legal  de  la  entidad  territorial  estaba  obligado  a  obedecer disposiciones  constitucionales  y legales, según las cuales para [suscribir] tales contratos,  dada   su   naturaleza,   tenía   que  acudir  a  la  selección  objetiva  del  contratista…15     

         Agréguese  que aun aceptando en gracia de discusión la existencia  de  los  errores  de  hecho  denunciados  que, se itera, el censor no demostró,  éste  tampoco  explica  cómo  los  supuestos  falsos  juicios  de existencia y  raciocinio  determinaron que los juzgadores de instancia no reconocieran a favor  del     acusado     Agamez    Ortiz    un    error    de    tipo    –art.    32,    num    10º,    del  C.P.–,  puesto  que  no  asume  la carga de mostrar que en el caso concreto se cumplen los requisitos que  la  doctrina  y  la  jurisprudencia  han fijado para la aplicación de la citada  causal  de  ausencia de responsabilidad, tarea que no se satisface con la simple  mención  de  que  el  error  sobre  los  hechos constitutivos de la infracción  surgió  de  la  complejidad  de  las  normas  que  para la época de los hechos  regulaban  la  contratación  administrativa, particularmente las relacionas con  los  contratos de prestación de servicios reglamentados por el artículo 13 del  Decreto  2170  de  2002,  máxime si se tiene en cuenta la condición de abogado  del  alcalde  procesado  y  la asesoría jurídica que reconoció haber recibido  sobre dicho tema.       

         En ese orden, se rechazará el cargo.   

         2.3   Tercero  cargo  (subsidiario).  Lo  sustenta  el  recurrente  en  que  los  sentenciadores de primer y segundo grado  incurrieron  en  la  violación  directa  de  la  ley sustancial por aplicación  indebida  del artículo 31 del Código Penal, toda vez que no obstante reconocer  que  el  alcalde  procesado  «fraccionó  un  objeto  contractual  único  en tres contratos», dedujeron la  existencia   de  un  concurso  de  delitos  en  razón  de  las  irregularidades  advertidas  en  cada  uno  de  los  negocios  jurídicos, lo cual posibilitó el  incremento  de  la  pena,  desconociendo  que  en  el asunto de la especie no se  configura  el  «concurso ideal homogéneo»  de  conductas  punibles,  dado  que aun cuando existe unidad de  acción,    se    lesionó    idéntico    interés    jurídico    –administración  pública–  y  hay identidad de sujeto activo y  sujeto  pasivo, no resulta viable la doble incriminación por un mismo hecho, ya  que   el   bien   jurídico   afectado   no  es  de  aquellos  catalogados  como  «altamente  personales» o  personalísimos.   

         De  entrada  la  Sala  advierte  que el impugnante se aparta de los  requisitos  de  lógica  y debida fundamentación que exige la demostración del  reparo  por  violación directa de norma, pues aunque anuncia aceptar los hechos  declarados  en  el  fallo  recurrido  y  abstenerse de cuestionar la valoración  probatoria  realizada por los juzgadores de instancia, en últimas desconoce que  el   debate   se   circunscribe   a   la   aplicación  del  derecho16.   

         En  efecto,  si  bien el juez a quo afirmó que el procesado Agamez  Ortiz  incursionó en la práctica ilegal de fraccionamiento de contrato, es del  caso  precisar  que  el  Tribunal recogió esta conclusión, pues afirmó que en  los  tres  negocios  jurídicos cuestionados se cometieron irregularidades, así  que  bajo  esa  perspectiva  mal puede el defensor entrar a sacar partido de una  contradicción  que  en  realidad  no  se presenta, valga decir, que no obstante  haberse  fraccionado  un  único  contrato,  en  el fallo confutado se dedujo un  concurso real de conductas punibles.   

         Sobre  el  punto  conviene  destacar  que en el presente asunto los  fallos  de  instancia  se  pronunciaron en el mismo sentido y el del ad quem, al  ratificar  integralmente  el de la juez de primer nivel, precisó lo relativo al  concurso  material  de delitos, luego en dicho tópico priman los argumentos del  juez  colegiado, pues no debe olvidarse que el objeto del recurso extraordinario  es  la  sentencia  de  segundo  grado  –art.  205  Ley 600 de 2000–;  además,  como  en  este  evento  ambas decisiones conforman una  unidad                  inescindible17,    le   corresponde   al  casacionista  la carga de examinar si el reparo propuesto encuentra solución en  uno u otro pronunciamiento.     

         Sobre el concurso de delitos dijo el Tribunal:   

[S]e  infiere con nitidez del análisis del  acervo  probatorio…  que el incumplimiento de los requisitos legales a los que  se  hace  específica  mención en el fallo [recurrido] fueron reiterados por el  procesado  en  cada uno de los tres (3) contratos [Nos.] 001, 049 y 091 de 2004,  motivo  por  el  cual  el  concurso  homogéneo  y  sucesivo  del  cual trata el  artículo  31  del estatuto represor, resulta palmario, siendo así evidente que  al  desatenderse  las  exigencias  constitucionales y de ley consagradas en cada  uno  de  esos  tres  convenios escritos, se infringió igual número de veces la  respectiva    disposición    penal    (art.   410   del   estatuto   sustantivo  [penal]).18         

         Dígase  que  el  juzgador  de  segundo  grado  atinó  al concluir  demostrada  la  existencia  de  un concurso material de delitos en el caso de la  especie,  toda  vez  que  el acusado Agamez Ortiz en su condición de alcalde de  Puerto  Salgar,  suscribió  tres  contratos  que  si bien tenían por finalidad  solventar  la  falta  del  personal  necesario para garantizar la prestación de  servicios  a  cargo  de la administración municipal, cada uno de tales negocios  jurídicos    obedeció    a    determinadas   particularidades   que   permiten  diferenciarlos  entre  sí, entre ellas, la naturaleza de los empleos a proveer,  la  labor  a  desempeñar y su vigencia, que impiden afirmar la existencia de un  único  objeto  contractual  y, por ende, de un mismo contrato que se fraccionó  en tres convenciones.   

Ahora,   si   el   concurso  material  o  real  de delitos se presenta  cuando  con  pluralidad de acciones u omisiones el sujeto agente infringe varios  preceptos  penales  o  varias  veces  la misma disposición, y como en el asunto  examinado  la  conducta  del alcalde procesado no se enmarca dentro del concepto  de  unidad  de  acción  pues,  según  quedó  visto, no se trató de un único  contrato  que  se  fraccionó,  sino  de negocios jurídicos con diverso objeto,  razonable   es   colegir   que  cada  una  de  tales  acciones  es  autónoma  e  independiente  tanto  en  lo  objetivo  como en lo subjetivo y, por tanto, deben  aplicarse  bajo  la  modalidad  concursal  los  delitos  que  cada  una de ellas  configure,  en este caso, el de contrato sin cumplimiento de requisitos legales,  norma  que  se  infringió  varias veces al celebrarse cada uno de los contratos  cuestionados.   

         Por tanto, se inadmitirá el reparo.   

         3.  En  conclusión,  las  falencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación advertidas en la postulación y desarrollo  de  las  censuras  que, valga destacar, tampoco se demostraron en ninguno de los  motivos  de  violación  formulados,  conducen a la inadmisión de la demanda de  casación.   

         4.  Resta  señalar  que no se vislumbra  que  con  ocasión  del  fallo impugnado o dentro de la actuación se vulneraran  derechos  o  garantías  de  los  sujetos  procesales,  que impongan superar los  defectos  de  la  demanda,  en orden a intervenir oficiosamente para asegurar su  protección,  conforme  lo  prevé el artículo 216 del Código de Procedimiento  Penal de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  LA CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE  

         1.  INADMITIR  la  demanda  de casación  presentada por el defensor del procesado Humberto Agamez Ortiz.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         Cópiese,  comuníquese  y  cúmplase.  Devuélvase  al Tribunal de  origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Representante    legal    de    la    Cooperativa    de   Servicios   Integrales  «Coopsein».   

2 CSJ  AP, 26 feb. 2014, rad. 42902.   

3 CSJ  AP, 13 nov. 2013, rad. 41683.   

4 CSJ  SP, 5 oct. 2011, rad. 30592.   

5 Folio  20 de la sentencia de primera instancia.   

6 Folio  22 ídem.   

7  Consejo  de  Estado,  Sala  de  lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera,  sentencia  de 31 de julio de 2008, radicación No. 25000-23-26-000-2005-00240-01  (AP).   

8 Folio  21 de la sentencia de primer grado.   

9 CSJ  AP,  30  Jun.  2004,  Rad. 21321.            

10  «Folio       5,       Tomo      III».   

11  Folio 27 de la sentencia de primera instancia.   

12 CSJ  AP, 28 ago. 2013, rad. 41653.   

13  Folios 164 a 172 del C.O. No. 3   

14 CSJ  SP,  4  mar. 2015, rad. 45099; CSJ AP, 2 abr. 2014, rad. 43011 y CSJ SP, 16 sep.  2009, rad. 31331; entre otras.   

15  Folio 28 de la sentencia de primer grado.   

16 CSJ  AP,  11  dic. 2013, rad 42737; CSJ AP, 10 jul. 2013, rad. 41411 y CSJ AP, 9 may.  2012, rad. 37987.   

17 CSJ  AP,  25  mar.  2015,  rad.  44310; CSJ AP, 28 may. 2014, rad. 43783 y CSJ AP, 28  ago. 2013, rad. 39988; entre otras.   

18  Folios 16 de la sentencia de segundo grado.     

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