AP136-2015(43742)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP136-2015  

Radicación n° 43.742  

(Aprobado Acta No.  011)   

Bogotá D.C., veintiuno (21) de enero de dos  mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda  de  casación  presentada por la defensora del adolescente JCGU  contra la sentencia dictada el 25 de  febrero  de  2014  por la Sala de Asuntos Penales para Adolescentes del Tribunal  Superior  de Bogotá, que revocó, parcialmente, la proferida el 28 de noviembre  de  2013  por  el  Juzgado  Quinto Penal para Adolescentes de Conocimiento de la  misma  ciudad,  y  lo  condenó por el delito de homicidio agravado, en concurso  homogéneo y simultáneo.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal de la siguiente forma:   

Los  hechos  se circunscriben a que el día  (…)  de  julio  de  2013,  hacía  la 1:00 p.m., en la carrera (…) con calle  (…)    de    esta   ciudad   [Bogotá],  ATMP  y K (no se conocen más datos de ésta) les ocasionaron la  muerte  a LMGP (quien tenía varios meses de embarazo) y JGTS al dispararles con  una  pistola  sin  el respectivo permiso para su porte, acción en la cual JCGU,  de  17  años de edad para esa fecha, desempeño el rol de campanero1.   

2.  Ante  el  Juzgado  Quinto  Penal  para  Adolescentes  con  funciones  de  control  de  garantías de la capital, al día  siguiente,   se   legalizó   la   captura,  en  situación  de  flagrancia,  de  JCGU,  oportunidad en la que  el  Fiscal  294  Seccional  de  esta ciudad le imputó el delito de homicidio      agravado,      en      concurso     homogéneo     y  simultáneo,  previsto  en los artículos 103, 104.7 del Código Penal, en calidad  de   coautor,  en  concurso  heterogéneo con el de fabricación, tráfico y porte  de  armas de fuego, partes, accesorios o municiones, de  conformidad  con  el  canon  365  ejusdem; cargos que no fueron admitidos por él.   

Así   mismo,   se  le  impuso  medida  de  internamiento  preventivo  con  fines pedagógicos por el término de cuatro (4)  meses  y  se  ordenó  iniciar  los  programas  de  trabajo familiar, formación  integral   y   terapéutico   y   psicológico   para   tratar   su  consumo  de  psicoactivos2.   

3. El 25 del mismo mes y año se presentó el  escrito     de     acusación     correspondiente3,  y su formulación se surtió  el   29  de  agosto  posterior,  a  instancia  del  Juzgado  Quinto  Penal  para  Adolescentes   con  funciones  de  conocimiento  del  mentado  lugar4.   

4. La audiencia preparatoria se surtió el 9  de            octubre            siguiente5   y   el   juicio   oral   se  desarrolló      en     dos     sesiones     (146  y  21  de  noviembre de dicha  anualidad7),  al  cabo  de las cuales, el Juez de conocimiento anunció que el  sentido   del  fallo  era  absolutorio,  ordenando  la  libertad  inmediata  del  procesado.   

5. Mediante sentencia del 28 del último mes  citado   el   juzgador  absolvió  a  JCGU8  del concurso  de delitos imputados.   

6.  Recurrido  el fallo por la Fiscalía fue  revocado,  parcialmente,  por  la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá el  25  de febrero de 2014 para, en su lugar, sancionar al adolescente con siete (7)  años  de  privación  de  la  libertad en un centro de atención especializada,  como  coautor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  agravado, en  concurso     homogéneo.    En    lo    demás    confirmó    la    providencia  impugnada.   

7.     La     defensora     pública  interpuso9           y          sustentó10   oportunamente  el  recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Previa  identificación  de  las  partes  e  intervinientes  y  de  la sentencia impugnada, transcribe los hechos y resume la  actuación  procesal  para,  enseguida,  al  amparo  de  la  causal  tercera del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004 postular tres ataques contra el fallo del  Tribunal.   

Primer cargo.  

Acusa  la  infracción  indirecta  de la ley  sustancial  por  error de hecho por falso raciocinio. En sentir de la libelista,  el    haz    probatorio    fue    valorado    indebidamente    y    «conllevó  a  la  inaplicación  de  los  artículos  7º  y  381  ibidem  y el artículo 151  de     la    ley    (sic)    1098    de    2006»11.   

Para demostrarlo cita apartes de la sentencia  condenatoria  donde se asevera que a su prohijado lo vieron nervioso y asustado,  «actitud   que  a  juzgar  por  la  experiencia  no  corresponde  a  la  persona  ajena  a  los  hechos»12.        En  opinión  de  la  defensora,  en  el  párrafo  siguiente se hace  visible  el yerro denunciado cuando se sostiene: «Por  supuesto,  es  normal  que  cualquiera que tenga que presenciar unos hechos como  los   sucedidos   en   este   caso   se   asuste.»13   

Es  ilógico  para  la  jurista  que  en  un  segmento  de  la  providencia  se  diga  que  su  mandante  estaba  «asustado»14    y   en   el   siguiente  «normal»15,  puesto  que el adolescente  se  hallaba  a cuatro metros de distancia de los hechos. Por esta razón, afirma  que   el   juez   plural  «entra  en  contradicción  flagrante  en su argumentación ya que parte de un mismo hecho pero ‘le    asigna    una    fuerza    de  convicción’  totalmente  opuesta       una       de       la      otra»16,  en la medida que, con base  en  el  testigo presencial, responsabiliza a su prohijado de los homicidios y, a  su  turno,  dice  «que  es  una actitud ‘normal’  para una persona que presencia este  tipo             de             hechos»17.    

Con  fundamento  en  lo  indicado  solicita  absolver al adolescente procesado.   

Segundo cargo.  

Imputa  la  infracción  indirecta de la ley  sustancial  por  error  de  hecho  en  el  sentido de falso juicio de identidad,  puesto  que  el  juzgador  de  segundo grado valoró indebidamente los medios de  prueba,  y  esto «conllevó a la inaplicación de los  artículos  7º y 381 ibidem  y  el  artículo  151 de la ley (sic) 1098 de 2006»18.   

En la sustentación de la censura informa que  se  «cercenó  la  prueba  válida obrante en juicio  oral»19,    relacionada   con   el  testigo  directo,  de  la que deduce el  juez  plural  que  su  prohijado «sí cumplió con la  función           de           campanero»20.   

En  esa  medida, la colegiatura «cercenó      el     testimonio»21         aludido,   y   dejó   de   sopesarlo   integralmente.  En  sí,  la  declaración  no  es incriminatoria: jamás ubica a su representado con una real  participación  en  los  hechos,  no menciona colaboración alguna de él, ni lo  vio  antes  o  en  el  momento  de  los reatos contra la vida, ni acompañado de  ninguna persona o hablando con las otras mujeres.   

Si           «campanear»22,  como  señala  el  juez  colegiado,  es  el  acto que se traduce en «vigilar     y     dar     aviso»23  de la presencia de posibles  testigos  del  hecho  ilegal,  «el  Tribunal llega a  conclusiones  que  van  en  contra  de la lógica y la experiencia»24,  porque es  impensable   que   su   procurado   estuviera   “campaneando”   «ya  que  el  testigo  no  vio al adolescente en el momento de los  hechos  (…)  Además,  cuando  el  testigo  se  percata  de  la  presencia del  adolescente,  no  menciona  que  se  encontraba realizando alguna conducta,  diferente    a    la    de   verse   ‘asustado’  mirando   para   todo   lado   y   muy   nervioso»25.        Incluso,  agrega  la  defensora,  si  el procesado hubiera notado la  presencia   de   alguna  persona,  «por  experiencia  podemos  inferir  que si estamos participando de un hecho delictivo y tenemos la  función          de          ‘campanero’», ha debido huir del lugar.   

Distinta  fue  la  apreciación  del juez de  primera  instancia,  que  estimó  que no se supo en realidad en qué consistió  esa  colaboración  de  campanero.  Además, que no existía dentro del plenario  prueba  alguna  de la relación con los autores materiales del delito y el aquí  enjuiciado.   

Como la afirmación del Tribunal fue aislada,  fuera  de  contexto y alejada de la lógica y la experiencia, al considerar a su  prohijado  campanero,  cuando  en  verdad  ese  hecho no lo advirtió el testigo  principal,  se  incurrió  en el yerro enunciado, motivo por el cual solicita su  absolución.   

Tercer cargo.  

Acusa  la  infracción  indirecta  de la ley  sustancial  por error de hecho por falso juicio de existencia. Dado que el plexo  probatorio  fue  sopesado  indebidamente,  la  demandante es de la idea que ello  «conllevó  a la inaplicación de los artículos 7º  y  381  de  la  ley (sic) 906 de 2004 y el artículo 151 de la ley (sic) 1098 de  2006»26.   

La   defensora   sustenta   seis  (6)  falsos  juicios  de  existencia  contra el fallo del Tribunal, de la manera como sigue:   

i)    El    juez   colegiado  «supuso o imaginó un hecho porque cree que la prueba obra en el  proceso»27.   

          En   la   demostración   extracta   un  párrafo  de  la  sentencia  condenatoria  de  segunda instancia en el que se afirma que no es normal que uno  de  los  coautores le dispare a una persona ajena a la comisión de los delitos,  sólo  con  el  fin  de  aprehenderla, ya que a la luz de la experiencia si así  actuó    ATM    contra    el   testigo   TS   y   el   procesado   GU, «era porque  éste  había  cooperado  en  la  comisión  del  doble  homicidio»28.   

Así  las  cosas,  considera la jurista que,  «el  Tribunal  no  puede afirmar que ATle disparó a  (…)  Torres  Saganome  y  a su primo en razón a que ellos estaban tratando de  aprehender          al         adolescente»29. Para la demandante, el juez  plural  «no  puede suponer los motivos»30  que  tuvo  Angie  Tatiana,  previos  a  percutir  su  arma  contra  aquellos,  «asumiendo  que  ello  lo  hizo PORQUE éstos últimos trataban de  aprehender     al     adolescente     procesado»31.  En  el  plenario no existe  prueba   de   esa   inferencia,   y   la  magistratura  no  podía  suponer  las  circunstancias  que  tuvo  AT  para  dispararles,  es  por  eso que «no  puede  descartarse  la  posibilidad  de  que  su  motivación  hubiera  sido  cualquier  otra  como por ejemplo el hecho de haber querido salir  huyendo    de    esa    casa    y    disparar    para    asegurar    su   propia  protección»32.   

ii)  En  un nuevo falso juicio de existencia  anuncia  que  el juez plural omitió la valoración de la declaración de JÁTS,  quien  dijo  que vio disparar a AT contra su hermano, que Liliana María Galeano  Pinilla  (esposa  de  él) se le fue encima a la agresora para evitar su deceso,  momento  en  el  cual  otra mujer, de nombre K, le disparó en el oído a LM, la  cual  cayó  instantáneamente  al piso. El testigo también informó que en ese  preciso  instante  vio  al  condenado, a cuatro metros del lugar donde estaba su  consanguíneo.    

Explica  que el yerro demandado se contrae a  la  declaración  del  testigo  JÁTS.  No  obstante lo anterior, informa que la  omisión  se relaciona «con una prueba válida ya que  da  por  inexistente  la  prueba  concerniente  a  la  distancia  de  50  metros  aproximadamente  que  existía entre la víctima y el testigo para el momento en  que  este  escuchó los disparos y vio a las dos mujeres atacando a su hermano y  a              su              cuñada»33.  Por  esta  razón,  es que  sólo  observó al procesado «cuando el testigo ya se  encontraba   junto   a  sus  familiares  tratando  de  auxiliarlas»34.  Con ello,  el  Tribunal  ignoró  la  prueba  en  la  que  el  declarante  mencionó que la  distancia  era  de  50  metros, «y en ningún momento  menciona   que   hubiera   visto  al  adolescente»35.     

Expresa  la  libelista  que lo precedente es  respaldado  en  el  fallo  de primera instancia que absolvió a su prohijado, en  especial,  el  hecho narrado por el deponente de cargo que vio al acusado cuando  las  dos  mujeres agresoras habían abandonado el sitio, y él estaba auxiliando  a  sus familiares. Mas no como lo entendió el juez colegiado, que el declarante  observó   al   inculpado  en  el  momento  de  la  ocurrencia  de  los  hechos,  circunstancia  de  la  que  infirió  la responsabilidad del mismo en calidad de  «campanero»36.   

iii)  En  otro  falso  juicio  de existencia  indica  que  el  Tribunal omitió la valoración de una prueba que materialmente  obra  en el proceso, que determina la distancia entre el inculpado y la vivienda  donde     se     escondió     AT.    El    medio    desconocido    –según    la   defensora-,   es   la  declaración  de  JÁTS, quien expuso que la distancia entre AT y el adolescente  procesado    era    de    «dos   cuadras   más   o  menos»37.   

Esta  prueba demuestra que su prohijado, con  base  en  la sana crítica, la experiencia y la lógica, no huyó del lugar como  lo  hubiera  podido hacer, por cuanto lo más obvio era que abandonara el sitio,  si  de  verdad  estaba  comprometido  en  los  actos  ilegales; como no lo hizo,  teniendo     el     tiempo     necesario,     existen     dudas     sobre     su  responsabilidad.     

iv) Empleando el mismo sentido, falso juicio  de  existencia,  ataca  el  fallo de segundo grado, esta vez, porque el Tribunal  «supuso  o  imaginó un hecho creyendo que la prueba  obra         en         el         proceso»38,   al   aseverar   que   la  comunidad  no  aprehende  a cualquier persona sólo por verla asustada y que por  este     motivo,     JÁTS    y    su    primo    sujetaron    a    GU,  pero no por observarlo nervioso, sino  porque   se   dieron   cuenta   de   que   estaba   comprometido   en   los  dos  homicidios.   

En  ese  sentido,  cree  que  «[e]l  Tribunal  supone la prueba, cuando menciona que los motivos  que  tuvo  la ciudadanía para emprender la persecución del adolescente, fueron  los  mismos  que  tuvieron  los  familiares  de  las  víctimas  para  hacer  lo  propio»39,  sin  que  obre  en  el  plenario  la  justificación  que tuvo la  población para perseguirlo.   

Menos  aún,  sostiene  la  demandante, hubo  «otras     señales     adicionales»40    que  comprometieran  a  su  poderdante en los hechos, como lo indicó el juez plural,  «de   las   cuales  puede  inferirse  razonadamente  responsabilidad  del  procesado,  pero el Tribunal nunca las menciona. Entonces,  ¿Cuáles  señales  adicionales?  El  Tribunal  no  las  puede  suponer,  deben  existir,  porque  el  derecho  penal  es  de acto, no de supuestos»41.   

Si   la   colectividad   persiguió  a  su  representado,  sostiene,  no  es  porque  los  ciudadanos hubieran sido testigos  presenciales  de  los  hechos  o detectado alguna actitud en el procesado que lo  vinculara  con  los  dos  homicidios.  Por otro lado, argumenta la defensora que  «[a]  lo  sumo  podemos  deducir  que la ciudadanía  realizo  (sic)  la  persecución  del  adolescente no por haberlo visto asustado  sino   también   por   el   señalamiento   que   hizo   el   familiar  de  las  víctimas»42,  sin  que se pueda afirmar que entre uno y otro grupo (víctimas y  comunidad),   se   compartieran   idénticas   causas   para  perseguirlo.    

Como  el  testigo  JÁTS no declaró que las  razones  fueran  las mismas para aprehender al adolescente, la judicatura supuso  los  de  la  colectividad,  razón suficiente para sostener que no hay prueba de  cargo contra su poderdante.   

v)   Por  la  vía  del  falso  juicio  de  existencia,  también  afirma  que  el  Tribunal  omitió  otra  prueba.  En  la  sentencia  cuestionada se expresa que si una persona no es autora o participe de  un  delito,  tampoco  es razonable que huya del lugar donde se consumó, como lo  hizo  el  condenado;  olvidando  la judicatura que él corrió porque salieron a  perseguirlo los familiares de las víctimas.   

Por  tanto,  deduce  la  libelista,  que  su  asistido  se  marchó  del  lugar  donde instantes habían matado a dos personas  porque   lo   estaban   persiguiendo.   Expresamente   dice:   GU   «solo  corrió  después  de  que  ellos  inician esa persecución  (…)  quedando  el  juicio  sin prueba acerca de los motivos reales que tuvo el  adolescente    para    emprender    la    huida»43.   

Y  como  la  motivación  para evadirse del  sitio  que  tuvo  su  poderdante  fue  ignorada por la magistratura, asevera que  «el  Tribunal  realiza  una inferencia con el fin de  explicar  ese  comportamiento  del  adolescente  (salir  a  correr)  y  con ello  determinar  los  posibles  motivos  que pudo haber tenido (…) para haber huido  llegando  a  la  conclusión errada, de que ese comportamiento (salir corriendo)  solo   puede  ser  explicado  por  la  participación  del  adolescente  en  los  hechos»44.    

Mediante   esa   inferencia   no   podía  atribuírsele  responsabilidad  al  inculpado,  como  lo  entendió  el  juez de  conocimiento  al  absolverlo, puesto que ello va contra las reglas de la lógica  y   de   la   experiencia   porque   el   juicio   se   adelantó  con  base  en  sospechas.   

Además, si la colegiatura hubiera entendido  que  el  proceder  del  encartado  (correr) era normal, justificado y razonable,  «hubiera  concluido  que  era  imposible exigirle un  comportamiento  diferente  al  adolescente  y  (…)  mucho menos derivar de esa  conducta   (salir   corriendo)   responsabilidad   en   los   hechos  objeto  de  juzgamiento»45.     

vi)   Una  última  censura  presenta  la  demandante  por  la  aludida  senda  del falso juicio de existencia «ya  que  el  Tribunal supuso un hecho porque creyó que la prueba  obra         en         el         proceso»46. Al respecto, refiere que el  juez  plural  afirmó,  con  base  en  el  dicho  del  testigo  directo,  que el  enjuiciado     hacía     parte    de    una    banda    llamada    «(…)»47,        dedicada  al expendio de narcóticos, integrada, entre otros, por AT  y  K,  motivo por el cual su  presencia en el lugar de los hechos no fue casual.    

La     magistratura     «asume  la  existencia  de  una  prueba que en realidad no existe,  como  es;  que  adolescente  (sic)  hace parte de una banda llamada ‘(…)’,  cuando  la  fiscalía  no  aportó  prueba  de  [su]  existencia (…) y menos aún de sus integrantes»48. El Juzgado  de  primera  instancia,  al  respecto,  adveró  que los grupos criminales no se  conforman  en  un solo día, ni aparecen de la noche a la mañana; en ese orden,  «el Tribunal parte del hecho de que existe prueba de  ese  hecho  por  el  solo  dicho  del  testigo  presencial  de los hechos en ese  sentido,  sin  embargo,  debe darse por inexistente ya que son solo suposiciones  del  testigo de las cuales no se puede (….) inferir como probada»49    la  participación de su poderdante en los delitos endilgados.   

Por  lo  señalado,  solicita absolver a su  representado de los cargos por los que fue sentenciado.   

En un capitulo separado reclama superar los  defectos  de forma para proferir casación de oficio, en punto de lo descrito en  el artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

         CONSIDERACIONES   

1. Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º del  artículo  184 ejusdem fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella  que  i) carezca de interés para acceder al  recurso,  ii)  no invoque la causal conforme a la cual se edifica el reproche de  las       contempladas      en      el      artículo      181      ibidem,   iii)  omita  desarrollar  los  cargos  correspondientes  o,  iv)  fundadamente  se  logre  establecer que no se  requiere  de  la  sentencia para cumplir las finalidades previstas en el aludido  artículo  180;  lo  anterior,  salvo  que  para  dar  alcance   a   alguno   de  esos  fines  la  Corte  estime  indispensable superar  los defectos técnicos que exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También     tiene     decantado    la    jurisprudencia   que  la  demanda  debe  ser  íntegra  en  su formulación,  suficiente,  clara y precisa en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal  suerte   que   se   debe  soportar  en  los  principios  que  rigen  el  recurso  extraordinario,  en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación  debida,   prioridad,   no  contradicción  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar a la manera de un alegato de instancia.    

La proposición de los cargos exige escoger  adecuadamente  la  causal  y el sentido de la violación y, concretar el disenso  en términos de trascendencia.   

2.  El  libelo  que  nos  ocupa, además de  omitir   la   ineludible   labor   de   señalar   razonadamente  cuál  es  la  finalidad  concreta  de  la  impugnación,  de aquellas descritas en el referido  artículo  180, no satisface  los  requisitos  mínimos  exigidos por el canon 184 para su admisión y, por lo  tanto, no puede ser seleccionado. Las razones son las siguientes:   

2.1.   No   obstante   que  la  libelista    acudió  adecuadamente  a la causal tercera, que corresponde a la violación indirecta de  la  ley  sustancial,  para denunciar presuntos errores de hecho por falso juicio  de  identidad, existencia y  raciocinio,  en  su  propuesta  no  solo  vulneró  el  principio de corrección  material  sino  que tampoco atendió el postulado de trascendencia que rige este  extraordinario   mecanismo   de   disenso.   

2.1.1. Frente al  primer  cargo,  se  impone  puntualizar  que  cuando se  predica  un  error de hecho en el sentido de falso raciocinio, se debe demostrar  que  el  ejercicio  valorativo  del  funcionario  judicial  es trasgresor de los  postulados  de  la  lógica,  de  las  leyes de la ciencia o de las reglas de la  experiencia,  es  decir,  de  los principios de la sana crítica como método de  apreciación probatoria.   

Con tal fin, la demandante debe señalar con  exactitud  el  medio  de prueba sobre el que recae el yerro, identificar aquello  que  expresamente  dice  y  se  deduce de él, el mérito persuasivo otorgado al  mismo  por  el  juzgador, indicar y desarrollar con precisión la regla lógica,  la  ley  de  la  ciencia  o la máxima de la experiencia aplicada erradamente al  realizar  el  proceso  valorativo  de  los  medios  de  prueba, así como la que  apropiadamente  le  debió  servir  de apoyo, la norma de derecho sustancial que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada o interpretada y,  finalmente,  demostrar  que,  de  no  haberse  incurrido  en  el  defecto,  el sentido de la decisión adversa  habría sido sustancialmente opuesto.   

Ahora,  tratándose de la crítica respecto  de  la  apreciación  del  indicio,  la  Sala  tiene decantado que este elemento  cognoscitivo,   como   los   demás   instrumentos  de  persuasión,  puede  ser  controvertido  demostrando  la existencia de i) errores de hecho (falsos juicios  de  existencia o identidad) o de derecho (falso juicio de legalidad) respecto de  la  prueba  del  hecho indicador, ii) errores de raciocinio respecto del proceso  de  inferencia  lógica  o iii) yerros de raciocinio frente a la convergencia de  los indicios entre sí y con los demás medios de persuasión.   

En  verdad,  si el juzgador se apoya en una  prueba  inexistente  del  hecho  indicador  o  deja  de considerar alguna que lo  soporta,  o  distorsiona,  adiciona  o  suprime  el  contenido literal de algún  elemento   probatorio  del  mismo  o  toma  como  soporte  una  prueba  que  fue  incorporada  al  proceso  sin  satisfacer  los requisitos legales de validez, es  claro  que,  por  ello,  se incurre en un defecto en la edificación del indicio  que bien puede ser acreditado para eliminar todo efecto probatorio.   

De igual modo, si al emplear las leyes de la  sana  crítica  respecto  del  hecho  indicador,  el fallador las quebranta para  elaborar   inferencias   subjetivas   o   contrarias  a  ellas,  es  nítida  la  configuración  de un falso raciocinio que puede ser denunciado especificando el  postulado  de la ciencia, la experiencia o la lógica indebidamente aplicado, el  que en cambio debía utilizarse y lo que debía inferirse de ello.   

Lo  importante, entonces, es saber que así  como  el  indicio  suele  ser un instrumento de convicción útil para lograr el  convencimiento,  más  allá de toda duda razonable, puede ser atacado a través  de   una   metodología  también  lógica  y  compleja  que  apareja  un  doble  escrutinio,  el  referido  a  la  construcción  del  indicio y el atinente a la  valoración  que  del  mismo  haya hecho el sentenciador, ambos precedidos de la  aplicación    de    la    sana    crítica    como   método   de   persuasión  racional.   

En  el  caso  de  la especie, los    yerros   de   la   demanda    son   profusos;  en  especial,  no  señaló  los  medios  de  prueba  sobre  los que  presuntamente    recayó    el    yerro      de      raciocinio,  ni trató de identificar el axioma que  equívocamente  habría  sido  empleado  como  el que, en su lugar, tendría que  regir  el  asunto.  En  otras  palabras, no  indicó  ni  desarrolló con precisión la regla lógica, la ley  de  la ciencia o la máxima de la experiencia aplicada erróneamente al realizar  el   proceso   valorativo   del  plexo  probatorio,  así  como  la  que  debió  acertadamente    fungir    de   soporte.   

Siendo    ello    así,   es    palmario    que    el       desacuerdo      de  la  defensora  es  con  la  supuesta  contradicción   plasmada   por  el  Tribunal  en  la  sentencia  condenatoria  al  momento  de apreciar los  diferentes                medios     de     prueba,     cuando     en     un    primer    momento    sostuvo   que   los  testigos  percibieron,  al       procesado       adolescente,  nervioso,  asustado   y  mirando  para  todos  lados,  y  en  el  siguiente   asumió   la  judicatura  –en opinión  de  la  recurrente-  que esa actitud es normal cuando  se   está   en   presencia   de   hechos   como  el  investigado.   

Sobre  el particular, observa la Sala que  la  objeción      no      demuestra     las     consecuencias     absolutorias   que   le   imprime  la  demandante,  pues, si se  estudian,     en  contexto,     las  explicaciones esgrimidas por el Tribunal     y     se    atiende        el        panorama        argumentativo       integral,     sin     desnaturalizar     su    contenido,  es fácil comprender que no existe la contradicción  ponderada por la letrada.   

El  siguiente  aparte del fallo impugnado  así lo demuestra:   

No   es   que  se  esté  pregonando  la  participación  de JCGU por el sólo hecho de que haya estado presente a la hora  y  en  el  lugar  en  que  ocurrieron  los hechos. No. Es que además, se le vio  asustado,  mirando para lado y lado y muy nervioso, actitud que, a juzgar por la  experiencia,  no  corresponde  a  la  de  una  persona ajena a los hechos.    

Por supuesto, es normal que cualquiera que  tenga  que  presenciar  unos  hechos  como los sucedidos en este caso se asuste,  pero  la  ciudadanía no se da a la tarea de aprehender a cualquier desprevenido  transeúnte  por el solo hecho de notarlo asustado. De manera que, si JÁTS y su  primo     se    dirigieron    a    ‘coger’  a  JCGU,  como  aquél lo refirió, cabe colegir que no fue simplemente por haberlo  visto  asustado,  sino  por otras señales adicionales propias de quien se halla  comprometido   con   el   crimen,   cual  lo  describe  el  testigo.50   

        El   Juez   de   segundo  nivel  concibió  por  las  pautas  de  la  experiencia,  que  si  una persona se muestra en las condiciones narradas por el  testigo  presencial de los hechos típicos, existe un vínculo con los coautores  materiales   que,  para  el  caso,  sirvió  para identificarlo como “campanero”. Y es que además de que  el   adolescente  implicado  fue  observado  asustado,  la  colegiatura  sostuvo  –con sustento en la prueba  testimonial   recopilada   en   el   juicio-,  que  también  fueron  detectadas  «otras     señales     adicionales»51  que  lo  comprometían  con  los  dos  homicidios,  como  el  hecho  de  haber sido visto  «mirando para todo lado y muy nervioso»52  y  luego huyendo y tratando de resguardarse en la casa  en que se ocultó la homicida AT.   

Y  es  que,  el  Tribunal  destacó  que la  ciudadanía,  que  se  encontraba  en  el  lugar  de los sucesos, lo persiguió,  justamente,  porque  advirtió  el  extraño comportamiento del adolescente y lo  señalaron  como  uno  de  los  autores  de  los  homicidios como lo infirió la  magistratura  de los testimonios de los policías que le dieron captura, sin que  sea  de  recibo  entenderlo  de  la  forma  tergiversada  como  lo  presenta  la  defensora,  quien  no  desarrolla  el  cargo  conforme  a  las  precisas  pautas  concebidas   por  la  jurisprudencia  en  relación  con  el  falso  raciocinio.   

En  efecto, solo confronta dos afirmaciones  por  fuera  de  contexto argumentativo, sin demostrar los supuestos vicios de la  inferencia  judicial  que  en  el fondo está cuestionando, y como si fuera poco  olvida  la  debida  trascendencia que acompaña forzosamente cualquier ataque de  esta magnitud en sede extraordinaria.   

Estas falencias hacen inviable la admisión  de la censura.   

2.1.2.    Frente    al   segundo        cargo,  elevado  por  error  de  hecho  en  el   sentido  de  falso  juicio  de  identidad  por cercenamiento,  en  relación  con  la  declaración  del  testigo  de        viso       –no    identificado   en   el   libelo  con  sus  nombres  y  apellidos-,   del   que   infiere  el  ad   quem   la   participación   del  procesado  por  su  división de tareas en calidad de  campanero,     la  jurista   asegura  que  el    mentado   testimonio    no   es   incriminatorio,  toda vez que no ubica al inculpado en  los   hechos,  ya  que  jamás                  refiere   en   qué   consistió   la  colaboración,  ni  lo  vio antes, al momento, acompañado o hablando con alguna  mujer.  Tampoco huyó del lugar como era de esperarse si hubiera sido campanero,  mucho  menos  si el testigo no lo observó al momento  de  los  hechos,  sino  después  cuando  dijo que estaba asustado, mirando para  todos lados y nervioso.   

         Al  respecto,  es necesario recordar que el error de hecho por falso  juicio  de  identidad  se  perfecciona  cuando el sentido literal de un medio de  conocimiento  es  cambiado  para  ponerlo  a  decir lo que no revela.  Ello  puede  ocurrir  por  tergiversación,  si  se varía el contenido material de la  prueba;  por  adición,  cuando  se  agregan  aspectos o resultados fácticos no  comprendidos  por  el  elemento  de  convicción;  o  por  cercenamiento,  si se  suprimen hechos fundamentales del instrumento probatorio.   

         En  cualquier  caso,  la postulación y fundamentación de este tipo  de  yerro  exige del casacionista el deber de identificar la prueba sobre la que  recae,  revelar  en términos exactos tanto lo que dimana de ella de acuerdo con  su   estricto  contenido  material,  así  como  lo  extractado  por  parte  del  sentenciador  al  respecto,  y  concretar  el  tipo de desfiguración (adición,  supresión  o  tergiversación)  en que haya incurrido el juzgador, para lo cual  se  debe  efectuar  el  correspondiente  cotejo  entre  los dos textos y rematar  enseñando la incidencia del defecto en la decisión final.   

         La  libelista  no  cumplió,  con  el  rigor  debido,  con las fases  argumentativas  recién  precisadas,  empezando  porque no citó la prueba en su  expresión  literal ni la confrontó con lo inferido por los falladores a partir  de ella.   

         Pudiera  pensarse  que  así  lo  hizo  por  cuanto  comenta algunos  párrafos  del  fallo  del  Tribunal y los trata de sincronizar con un contenido  testimonial.  Sin  embargo, ello no es de recibo en casación porque se requiere  demostrar  que  la  fuente  probatoria  en  su  exacta  expresión  objetiva fue  modificada  (para  el  caso en estudio cercenada) por el Tribunal; cuestión que  deja  de  lado la demandante para sustentar su pretensión de manera genérica y  subjetiva.   

Así  mismo, si por cercenar un determinado  medio  se entiende cuando el juzgador suprime hechos o aspectos fundamentales de  la  prueba  cuestionada  -testimonial en este evento-, la falencia de la jurista  es  mayúscula,  por  cuanto  del  contexto  de la censura no se precisa ningún  cercenamiento sino una inferencia del juez colegiado.   

De  esta manera, la profesional del derecho  violenta  el  principio de autonomía que rige las causales, porque un ataque no  es  susceptible  de ser enunciado y desarrollado por otro, debido a que sustenta  un  error  de  identidad  con presupuestos del falso raciocinio que, sin lugar a  dudas,   era   la  vía  más  expedita  para  cuestionar  las  inferencias  del  ad quem.   

Aún  más, la mutilación de una prueba en  nada  se  identifica  con  inferencias  lógicas construidas por el fallador, ni  puede  entenderse que el falso juicio de identidad denunciado por este motivo se  adecua  a  la  contemplación  material  del  medio cuando el testigo presencial  –según la defensora-, no  incrimina  a su poderdante con algún acto de autor material. En otras palabras,  manifiesta  que  el  declarante  no  vio  a su prohijado en el momento en el que  estaban  sucediendo  los  hechos, tampoco especificó cuál fue la colaboración  que  el  adolescente  les  prestó a las mujeres homicidas, entre otros aspectos  denunciados,  sin  percatarse  que  el sentido alegado es objetivo y se presenta  cuando  un  hecho  narrado  por  el  declarante es alterado o desfigurado por el  juez,  no  si  lo  omite.  En  sí, no se puede escindir lo que un testigo no ha  dicho.   

Por   otro  lado,  vulnera  la  libelista  –como atrás se menciona-,  el  postulado  de  corrección material al no aceptar lo declarado ni atenerse a  lo   que  materialmente  expuso  el  deponente  de  cargo  JÁTS,  variando  sus  contenidos  narrativos  para  apoyar su propuesta casacional, en esencia, cuando  se  refiere  a la distancia entre los occisos y el procesado (cuatro (4) metros)  y  trata  de  confundirla  con  la  correspondiente a las dos cuadras existentes  entre  el  lugar  de  los  hechos  y  la  casa donde se escondieron –después de consumados los ilícitos-,  AT y JCGU.   

La  crítica,  en  estas condiciones, no es  apta para ser admitida.   

2.1.3. En punto  del    tercer         cargo, postulado  con        base        en        seis (6) falsos juicios de existencia,  se precisa lo siguiente:   

       Si   lo  procurado  es  acreditar  un  falso  juicio  de  existencia  corresponde   al   demandante  demostrar  que  el  sentenciador  desatendió  el  contenido  fáctico  de  una  prueba  debidamente  incorporada a la actuación o  supuso  un  medio de persuasión no allegado al plenario, confiriéndole entidad  probatoria.   

         Para  demostrar  esta  clase de yerro el casacionista tiene la carga  de  señalar  el  elemento  cognoscitivo  materialmente  omitida  o  supuesta  e  indicar,  cómo  de  haber  sido valorada o no apreciada, según sea el caso, al  tiempo  con  los  demás  medios  probatorios,  las conclusiones adoptadas en el  fallo   habrían   sido   sustancialmente   diferentes   y   favorables   a   su  pretensión.   

         2.1.3.1.  En lo que respecta al primer falso juicio de existencia,  su  aducción  lo  fue  por  suposición, por cuanto la  libelista  afirma que el Tribunal no podía presumir los motivos por los cuales,  tras  ocultarse  en  una  casa,  AT disparó su arma contra los familiares de la  víctima  que  venían  persiguiendo al procesado, pues no es acertado decir que  buscaba  resguardarlo  de  ser aprehendido por ellos, sino más bien para huir y  asegurar su propia protección, no la del adolescente.   

         Indica  la  demandante,  además, que «no  se  probó  en  ningún momento cuales (sic) fueron los motivos que tuvo AT para  salir  a  disparar  contra  ellos y tampoco obró prueba en el juicio de la cual  pudiera      inferirse      esa     situación»53.   

         No  explica  la  defensora por qué, en este asunto, no es válida o  pertinente  la  prueba  circunstancial  o  indiciaria  con  la  que  el Tribunal  infirió   que  AT  disparó  contra  los  familiares  de  las  víctimas  y  la  ciudadanía    para    proteger    a   GU  de  que  no  lo aprehendieran mientras éste huía tras ella. Más  aún,  sienta  su desacuerdo contra cualquier modo de valorarla, sosteniendo que  sólo  es  como  ella  la  imagina  y expresa, bajo el supuesto de una suerte de  “tarifa  legal”  que  se  sirve  exclusivamente  de  la prueba directa, para  sostener  que su procurado es inocente, lo cual es desatinado teniendo en cuenta  que  conforme  al  principio  de  libertad  probatoria,  al convencimiento de la  materialidad  de  la conducta punible y la responsabilidad penal se puede llegar  a  través  de  cualquier medio cognoscitivo establecido en el régimen procesal  colombiano.   

         Por  otro  lado, vulneró una vez más el principio de autonomía al  sustentar  el  reparo  conforme  a  la  ruta del falso juicio de existencia, con  proposiciones  propias del falso raciocinio y atacar las inferencias construidas  por  el  ad quem argumentando  una   presunta   suposición   probatoria,   sin   atender   los  requerimientos  lógico-jurídicos   expuestos   en   el   ataque   planteado  en  este  último  sentido.   

       2.1.3.2.     En     este     reproche  propuesto  por  la  vía del falso juicio de existencia  por   omisión  probatoria,  la  abogada  indica que  el     juez     plural     ignoró     la     declaración    de    JÁTS   al  dar  por  inexistente  lo  concerniente   a   la   distancia   de  cincuenta  50  metros  entre   la   víctima   y   el   condenado.  Añade  que  el  testigo  narró  que  vio  al  procesado  cuando las agresoras  se    disponían    a  abandonar  el  lugar,  y  la  magistratura entendió que era cuando estaban  ejecutando      los      homicidios.      

         Los  desaciertos de la jurista también son notorios en esta censura  pues  cuestiona la falta de valoración de un medio que fue sopesado ampliamente  por  la  Sala  de  Asuntos  Penales  para  Adolescentes, lo cual se evidencia, a  manera  de ejemplo, en el fragmento del fallo de segundo grado atrás transcrito  y  si  se  quiere al momento de sostener: «de acuerdo  con  el  testimonio  de  JÁTS,  JCGU pertenecía a la  banda  “(…)” (…)»54.   

         Igualmente,  cuando  en  otro  apartado  de  la  providencia el juez  colegiado expuso en relación al medio cuestionado:   

Empero,  para  la  Sala,  en esa cadena de  sucesos  no  hay  nada de extraño, de una parte, porque según el testimonio de  JÁTS,  aquéllos  fueron capturados luego de que salieran de una casa en la que  se  escondieron  cuando  él  y  su  primo  intentaron aprehenderlos55.   

Se comprueba así que, el mentado testimonio  no  fue  valorado una vez sino en varias ocasiones por la judicatura, motivo por  el  cual  su  exclusión del acervo probatorio no es cierta, y por tanto resulta  falaz  y  lesivo  del  principio  de  corrección  material la sustentación del  ataque, en esas condiciones.   

        También,  infringió  el principio de no contradicción que rige el  recurso  de  casación,  en  la  medida  que en un primer momento anuncia que la  prueba,  existiendo  en  el  plenario,  no  fue valorada y después –en  el mismo ataque donde congrega los  6  falsos  juicios  de  existencia-,  sostiene  que el mentado declarante sí se  refirió  al  hecho  anotado  por  ella,  pero  que  el  Tribunal  le  dio  otra  interpretación.   Además,  que  si  ello  hubiera  sido  como  lo  reseña  la  demandante,  la  crítica  seleccionada  no  sería  de  recibo  por  no  ser la  adecuada.   

        Por  último,  en  lo  que  concierne a este ataque, el principio de  corrección  material  se  vulneró,  nuevamente,  al desconocer la defensora lo  declarado  por el testigo de cargo en el juicio, tanto en el interrogatorio como  en   el  contrainterrogatorio,  donde  es  enfático  en  aseverar  –como   lo  recuerda  el  ad  quem- que la distancia entre víctimas  y  procesado  era  de  cuatro (4) metros no de cincuenta (50) como lo propone la  libelista para sacar adelante su pretensión.   

        2.1.3.3.       Por      omisión      probatoria      también  cuestionó la declaración de  JÁTS,  por cuanto nada se  dijo  en relación con la distancia entre el inculpado adolescente y la vivienda  donde  fue  hallada Angie Tatiana. Ata al anterior contenido otra reflexión, en  el  sentido  que  su  prohijado  no huyó del sitio teniendo el tiempo necesario  para  hacerlo,  lo cual –en  su  particular  opinión-  demuestra  su  inocencia.   

         Una  vez  más  el  equívoco  de  la  defensora,  como  en el cargo  anterior,  es  manifiesto,  pues  de  la mano del falso juicio de existencia por  omisión  probatoria  argumenta  vulneradas genéricas leyes de la sana crítica  -experiencia   y   lógica-  y  trata  de  extraer  un  hecho  contenido  en  la  declaración  pero sin percatarse de que el medio objetivamente sí fue valorado  por  el Tribunal. Con este actuar se lleva al traste la sustentación del mismo,  porque  desde  el  inicio  de  sus  argumentaciones parte por desconocer el real  alcance y desarrollo de la censura aludida.   

         Estudiado  el  acervo  probatorio  es  nítido  el  desacierto de la  abogada  quien tergiversa el medio, esto es, variando sus contenidos objetivos a  su     favor,     lo     cual     determina    su    insuficiencia    en    sede  extraordinaria.   

         2.1.3.4.  Manifiesta  que la magistratura imaginó un hecho creyendo  que  la  prueba  obraba en el proceso, cuando identificó los mismos motivos que  tuvieron  los  familiares  de la víctima con los de la comunidad para perseguir  al  procesado  adolescente,  sin  que  se encuentren en el plenario demostrados.  Incluso,   sostiene   que  no  hubo  ninguna  otra  “señal  adicional”  que  comprometiera  a  su  mandante  en los hechos, porque el juez colegiado no puede  suponerla.   

         Y  como  la  ciudadanía,  a  juicio  de la defensa, no vio nada, el  seguimiento  al  adolescente  no  se  dio porque estuviera asustado, sino por el  señalamiento  de  los  familiares de las víctimas y, es por eso, que entre los  dos  grupos  (familia  y  colectividad), no concurrieron idénticos motivos para  perseguir a su prohijado.   

         Los  yerros  de  esta  censura  son  variados, sobre todo, porque la  libelista  no determina la prueba fundamento del reproche, con lo cual su ataque  se   vuelve  etéreo,  confuso  y  sin  proyección.  Así  también,  intercala  afirmaciones  de libre factura como aquella en donde asevera que la comunidad no  vio  nada  que  comprometiera  a  su  asistido,  desde  luego,  en contra de las  valoraciones judiciales que concluyeron todo lo contrario.   

         En  lo  referente  a  las  señales  adicionales, en la respuesta al  primer  cargo se dijo qué entendió por tales la judicatura. La abogada, por su  parte,  no  se  preocupó  por  desarrollar  la  censura para brindar a la Corte  mayores  elementos  de  juicio  en  torno  a  su  disconformidad  con  el  fallo  condenatorio.       

         Por  último,  es  bien  claro  que  en la sentencia cuestionada los  patrulleros  José  David  Mieles  Blanco  y  Fobier  Fabián  Guerrero Ramírez  declararon  que  cuando  una  pareja  –el  procesado  y  AT-  iba corriendo, enseguida fue capturada, entre  otras  circunstancias,  porque  la  ciudadanía  los  señaló,  situación  que  olvidó  mencionar  la  jurista.  Es  por ello que la prueba no se la inventó o  supuso  la judicatura sino que la extractó de los testimonios de los policiales  referidos. Al respecto, dijo el Tribunal:   

(…) hecho del que también dan razón los  patrulleros  JOSÉ  DAVID  MIELES  BLANCO  y  FOBIER  FABIÁN GUERRERO RAMÍREZ,  quienes  expusieron  que, al llegar al sitio del acontecimiento, aproximadamente  a  unos  10  o  15  metros del punto donde estaban los dos occisos, vieron a una  pareja  que iba corriendo, a la que la comunidad señalaba de ser responsable de  los  hechos  y  por tanto la estaba agrediendo motivo por el que emprendieron la  persecución  sin  perderla  de  vista  y, cuando la mencionada pareja trató de  refugiarse  en una vivienda, entonces pudieron darle captura, hecho tras el cual  uno  de  los  retenidos  fue  identificado como JCGU56   

.   

         2.1.3.5.  También  por  falso  juicio  de  existencia  por omisión  probatoria  ataca  la  defensora  el  fallo  de segunda instancia, pero esta vez  anuncia  que  su  mandante  no  se retiró del sitio donde ocurrieron los hechos  porque  estuviera  comprometido con los mismos, sino al verse perseguido por los  familiares  de  las  víctimas, razón por la cual el Tribunal habría inferido,  erradamente,  que, por el hecho de haber corrido, su prohijado es responsable de  los  homicidios;  en  otras  palabras,  lo condenó por sospechas, puesto que si  hubiera  entendido  que  salir  corriendo  es  normal, la conclusión no podría  haber  sido  otra  sino  su  inmediata  absolución  como lo declaró el juez de  conocimiento.  Además,  en  el  juicio no se demostraron los verdaderos motivos  que tuvo el adolescente para huir.   

         En   primer   término,  como  en  la  generalidad  de  los  reparos  sustentados,  tampoco  aquí se precisa la prueba fuente o aquella que en sentir  de  la  abogada  fue  omitida por la colegiatura. Sin ubicarla, todo lo esbozado  pasa  a  segundo plano, en el entendido que la Corte desconoce cuál es el medio  probatorio  que  habiendo sido válidamente aducido y producido en la actuación  no fue valorado por el juzgador.   

         Desde  luego  que  un  ataque  en estas condiciones es insustancial,  pero  además,  se  confirma que la costumbre de la demandante, a lo largo de su  libelo,  fue no aceptar la prueba indiciaria, en la medida que pareciera que, en  su  criterio, ella no existe o quizás no es válida o suficiente para construir  juicios o raciocinios incriminatorios.   

Y es que, según la casacionista, la Sala de  Asuntos  Penales  para  Adolescentes  no  puede ni debe hacer ninguna inferencia  lógica  porque  no  está  demostrada  la  conclusión con prueba directa en el  juicio,  lo  cual,  como  se  señaló atrás, es errado de cara al principio de  libertad probatoria.   

         Sustenta  así la letrada su propuesta extraordinaria con hipótesis  y  suposiciones  por  fuera de una verdadera argumentación lógica jurídica en  casación.   

         2.1.3.6.  En  esta última censura manifiesta la abogada que el juez  colegiado  supuso  un  hecho  porque  creyó que la prueba estaba en el proceso.   

         Indica  que,  con  base  en el testigo presencial de los hechos, que  contó  que  el enjuiciado hacía parte, con AT y K, de una banda autodenominada  “(…)”,  el  Juez  de  segundo  grado  concluyó  que  la  presencia  del  procesado en el lugar de los  hechos  no  fue  casual.  Y  como  la  fiscalía  no  aportó  ninguna prueba al  respecto,  ni de los integrantes del grupo delincuencial, considera la libelista  que  el  juez colegiado supuso la existencia de un medio que, en realidad, no se  aportó  al  expediente.  Incluso, termina sosteniendo que la magistratura parte  de  la  presencia de una banda por el solo dicho de un testigo y, por eso, no se  puede inferir la participación del procesado en los hechos.   

         Como  en  los  reproches anteriores, este no escapa a los múltiples  defectos   metodológicos   que   impiden   su  admisión.  Presenta  la  prueba  controvertida  de  manera  genérica,  no  la  ubica en el contexto procesal, ni  extracta  de  forma  objetiva  sus  contenidos  con el fin de cotejarlos con las  valoraciones  judiciales  y  verter  su análisis individual y en conjunto, para  explicar   su   convergencia   o  divergencia  de  acuerdo  a  las  expectativas  defensivas.   

         Además,  si  se  trata  de  una  inferencia  construida por el juez  plural,  el  ataque  más  expedito  para  demostrar  posibles  falencias  en su  edificación es el falso raciocinio, que ni mencionado fue.   

         Es  evidente  el  desacierto  de  la  defensora  al  aseverar que el  Tribunal  supuso  un  hecho,  cuando lo cierto del caso es que lo infirió de la  declaración  dada  por  el testigo directo de los acontecimientos, JÁTS, quien  sostuvo  que  el  acusado  «pertenecía  a  la banda  ‘(…)’, integrada también por ATM PÉREZ y  KAREN,  entre  otros,  la cual se dedicaba al expendio de estupefacientes, hecho  que  impide  pensar en que el procesado se encontrara a la hora y en el lugar en  que    ocurrieron   los   hechos   por   una   simple   casualidad»57.   

         Así  mismo,  deja de lado la demandante otros aspectos sustanciales  plasmados  en  la decisión de condena que se relacionan con la censura aludida,  como  el  que  se  concreta  en  el siguiente fragmento del proveído de segundo  nivel:   

Adicionalmente,  hay  que  tener en cuenta  que,  según  el informe del investigador de campo, registra múltiples ingresos  en  el  sistema  de  responsabilidad  penal  para adolescentes, por el delito de  tráfico  de  estupefacientes,  información  convergente  con  la  brindada por  JÁTS,  quien,  recuérdese,  manifestó  que  aquél  pertenecía  a  la  banda  ‘(…)’,    dedicada   al   expendio   de  estupefacientes58.   

         Finalmente,  en  ninguno  de los cargos (principales y subsidiarios)  se  le  dio prevalencia al principio de trascendencia, vital para corroborar las  violaciones demandadas.    

Así  las  cosas,  tampoco  hay lugar a dar  curso  a esta censura, contentiva de seis (6) falsos juicios de existencia, unos  por omisión y otros por suposición probatoria.   

La Sala no observa flagrantes violaciones de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad,  ni  motivos que conduzcan a la  necesidad  de  un pronunciamiento profundo frente al expediente en razón de las  finalidades    de    la    casación;    por   ende,   la   demanda   debe   ser  inadmitida.   

3.  Resta  señalar  que,  al  amparo  del  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no darle curso a  una  demanda  de  casación,  es  procedente  la  insistencia,  cuyas reglas, en  ausencia  de  disposición legal, fueron definidas por la Sala desde el auto CSJ  AP,  12  dic. 2005, rad. 24.322 y precisadas recientemente en auto AP-3481-2014.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  defensora  de  JCGU  contra la sentencia del 25 de febrero  de  2014,  dictada  por el Tribunal Superior de Bogotá, Sala de Asuntos Penales  para Adolescentes.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  folio  1  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  a folio del 23 cuaderno del  Tribunal.   

2 Cfr.  folios 1-7 de la carpeta.   

3 Cfr.  folios         13-19         ibidem.   

4 Cfr.  folios         32-34         ibidem.   

5 Cfr.  folios         44-48         ibidem.   

6 Cfr.  folios        126-131        ibidem.   

7 Cfr.  folios        146-148        ibidem.   

8 Cfr.  folios        149-161        ibidem.   

9 Cfr.  folio          43          ibidem.   

10 Cfr.  folios         50-61         ibidem.   

11  Cfr.       folio       52      ibidem.   

12  Ibidem.   

13  Ibidem.   

14  Ibidem.   

15  Ibidem.   

16  Ibidem.   

17  Cfr.       folio       53      ibidem.   

18  Ibidem.   

19  Ibidem.   

20  Ibidem.   

21  Ibidem.   

22  Ibidem.   

23  Ibidem.   

24  Cfr.      folio      53-54      ibidem.   

25  Cfr.       folio       54      ibidem.   

26  Cfr.       folio       55      ibidem.   

27  Ibidem.   

28  Ibidem.   

29  Ibidem.   

30  Ibidem.   

31  Ibidem.   

32  Ibidem.   

33  Cfr.       folio       56      ibidem.   

34  Ibidem.   

35  Ibidem.   

36  Cfr.       folio       57      ibidem.   

37  Ibidem.   

38  Ibidem.   

39  Cfr.       folio       58      ibidem.   

40  Ibidem.   

41  Ibidem.   

42Ibidem.   

43  Cfr.       folio       59      ibidem.   

44  Ibidem.   

45  Ibidem.   

46  Cfr.       folio       60      ibidem.   

47  Ibidem.   

48  Ibidem.   

49  Ibidem.   

50  Cfr.  folio  7  de  la  sentencia  de  segunda instancia a folio 30 ibidem.   

51  Cfr. folio 30 del cuaderno original de segunda instancia.   

52  Cfr.       folio       30      ibidem.   

53  Cfr.       folio       55      ibidem.   

54  Cfr.       folio       31      ibidem.   

55  Cfr.       folio       33      ibidem.   

56  Cfr.       folio       31      ibidem.   

57  Cfr.       folio       31      ibidem.   

58  Cfr.       folio       37      ibidem.     

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