15135jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     Nº  13135   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

APROBADO ACTA No.117  

Santafé de Bogotá, D.C., once (11) de julio  del año dos mil (2000).   

  VISTOS  

          Procede  la  Sala a resolver sobre la admisibilidad de la demanda de  casación  presentada por el defensor de ADOLFO DE JESUS ZAPATA MUÑOZ contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Medellín el 18 de junio de  1998,  mediante  la cual confirma la dictada por el Juzgado Dieciséis Penal del  Circuito  de  la misma ciudad, en cuanto le impuso al procesado pena de 50 meses  de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo  término,  como  autor  del  delito  de homicidio preterintencional.   

                               

                 HECHOS   Y   ACTUACION   PROCESAL   

          En  la  noche  del 21 de diciembre de 1996 un grupo de amigos, entre  los  que  se  hallaban  los  hermanos  Hualter  y Almarle Rodríguez Echeverri y  Gisela  María  Flórez, después de asistir a una fiesta realizada en el paraje  Llano  de  Ovejas  del  municipio  antioqueño  de  San  Pedro  de los Milagros,  ingresó  a  una  tienda  del  lugar  con  el propósito de continuar ingiriendo  licor.  Debido  a un incidente que se presentó entre la citada dama y Adolfo de  Jesús  Zapata Muñoz, un mayordomo de la región que también estaba dedicado a  la  libación,  el  grupo  abandonó  el  sitio,  con  la mala fortuna de que un  caballo,  conducido  por  Omar  Agudelo  Giraldo  y  al  que también acababa de  montarse  Zapata  Muñoz,  casi  atropella  a  Hualter,  lo  que  originó nueva  discusión  y  un enfrentamiento en el que Zapata, que ya se había apeado de la  bestia,  le  ocasionó  a Hualter Rodríguez una lesión con una pequeña navaja  en  la  aurícula  derecha  del  corazón,  a  consecuencia de la cual falleció  cuando  era trasladado a un centro hospitalario del corregimiento San Cristóbal  del  municipio de Medellín. En el altercado, igualmente Gisela recibió heridas  que le determinaron una incapacidad definitiva de 15 días.   

          La  Fiscalía  Seccional  de  San  Pedro  de los Milagros inició la  investigación  previa  el  7  de  enero  de  1997 y, luego de practicar algunas  pruebas,  decretó  la apertura de instrucción el siguiente día 9 y ordenó la  captura  del agresor quien, acompañado de abogado, voluntariamente se presentó  el  20  de enero. Escuchado en indagatoria 2 días después, la Fiscalía dictó  en  contra  de  Adolfo  de  Jesús  Zapata  Muñoz  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva –que  luego  sustituyó  por  detención  domiciliaria- por los delitos de homicidio y  lesiones personales.   

          El  vencimiento de los términos de instrucción dio lugar a que, en  providencia  de  mayo  19  de 1997, se le concediera a Zapata Muñoz la libertad  provisional.  Posteriormente,  clausurado  el  ciclo investigativo, la Fiscalía  Seccional  acusó  al  procesado  por el delito de homicidio preterintencional y  ordenó  nuevamente su detención domiciliaria. En la misma resolución, fechada  agosto  29  de  1997,  dispuso  compulsar copias para que por cuerda separada se  investigara la contravención especial de lesiones personales.   

          Tramitó  el  juicio  el  Juzgado  Dieciséis  Penal del Circuito de  Medellín,  el  cual, en sentencia del 12 de marzo de 1998, condenó a Adolfo de  Jesús  Zapata  Muñoz  a  la  pena  de  50  meses de prisión, interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo término y al pago de perjuicios  materiales  y morales a los herederos de Hualter Rodríguez Echeverri, sentencia  que  fuera  confirmada  por  el  Tribunal  Superior de Medellín en cuanto a las  penas  principal y accesoria, pero modificada en lo relativo a los beneficiarios  del  pago  de  los  perjuicios  pues  determinó  que  ellos le correspondían a  Almarle   Rodríguez   Echeverri.   También   revocó,  por  ser  absolutamente  improcedente, la negativa de la condena de ejecución condicional.   

          LA DEMANDA   

          El  defensor del procesado aduce la causal primera del artículo 220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  sin precisar si la violación de la ley  sustancial  es  directa  o  indirecta  ni  el  tipo  de error que le atribuye al  Tribunal.   

          Manifiesta  que se violó el artículo 2º del Código Penal, porque  se  condenó  a Zapata Muñoz sin existir certeza sobre la antijuridicidad de la  conducta  y se desatendió el mandato contenido en el artículo 445 del estatuto  procesal,  no  obstante  que  desde  la  audiencia  pública  expuso  su  tesis,  desatendida   tanto   por   el   juez  de  primera  instancia  como  por  el  ad  quem.   

          Dice  que  el  error  se deriva de una inadecuada valoración de las  pruebas,  en  virtud  de  la  cual  no  se  le  dio crédito a la confesión del  procesado  ni  al testimonio de Omar Agudelo Giraldo y, por el contrario, se les  dio  inmerecida  credibilidad  a  los  testimonios  de Gloria Helena y Alba Nury  Osorio.   

          Sostiene,  al  efecto, que la confesión de Zapata Muñoz cumple los  requisitos  del  artículo  296 del Código de Procedimiento Penal y que resiste  el  análisis  conforme  a  los criterios señalados en el artículo 294 ibidem,  aplicable  por extensión a la confesión, porque narra las causas, desarrollo y  consecuencias  de los hechos, la agresión que sufrió y la alteración anímica  inherente  al  peligro  que  fundada  y  racionalmente estimó como  real y  grave.   

          Respecto  del  testimonio  de  Omar  Agudelo, que avala la tesis del  procesado  o  por  lo  menos  desvirtúa  los de cargo, afirma que a pesar de la  ebriedad  estaba en capacidad de observar lo que declaró pues dice verdad sobre  la  forma  como  tomó  la cabalgadura y como Adolfo subió a ella, el incidente  con  Hualter  y  su  excesiva  reacción  y  la  participación  agresiva  en el  conflicto  de  su  grupo  de acompañantes, de manera que “si carece de virtud  para  acreditar  la  legítima  defensa,  como  lo  estima el Honorable Tribunal  Superior, menos tiene sentido incriminatorio para destruirla”.   

          De  los testimonios de Gloria Helena y Alba Nury Osorio, dice que si  bien  el  Tribunal  no los utiliza como medios de convicción para la formación  de  su  juicio  que lo lleva a confirmar el fallo de primera instancia, tuvieron  incidencia  en  las  consideraciones  judiciales.  Agrega  que  no son creíbles  porque  revelan  una observación precaria y no tienen ciencia sobre importantes  aspectos,  amén  de  ser parcializados porque aquellas no sólo eran amigas del  occiso  sino  que  hicieron  parte  del  grupo  que  atacó  a Adolfo de Jesús.  Adicionalmente,  utilizando  el  mismo  argumento  del Tribunal respecto de Omar  Agudelo, estaban ebrias y eso las priva de credibilidad.   

          Finalmente,  solicita que al casar la sentencia acusada sea revocada  y  en  su  lugar  se  absuelva  a  Zapata  Muñoz  por falta de certeza sobre la  antijuridicidad de la conducta o porque existe duda sobre ella.   

         

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA               

          El  completo  desconocimiento  de  la  técnica  de casación que se  evidencia  en la demanda, la que más bien parece un alegato de instancia con el  que  se  pretende  controvertir  la valoración probatoria contenida en el fallo  para  que  se  acoja  en  su  lugar  la  que  el  demandante  hace  –muy  superficialmente,  por  cierto-,  constituye  razón suficiente para que la Corte la rechace y declare desierto el  recurso  interpuesto  por no reunir los requisitos previstos en el artículo 225  del Código de Procedimiento Penal.   

          Si  la  violación  de la ley sustancial se puede producir de manera  directa  porque  el  juzgador  no  la  aplicó,  la  aplicó  indebidamente o la  interpretó  en forma errónea; o de manera indirecta porque el fallador incurre  en  error de derecho al hacer un falso juicio de legalidad o por falso juicio de  convicción,  o en error de hecho porque realiza un falso juicio de existencia o  de  identidad  o  por  error  de apreciación, es apenas elemental y lógico que  quien  pretenda enjuiciar una sentencia en sede de casación deba, por lo menos,  señalar  con  absoluta  precisión  la causal en que apoya su censura dado que,  entre  otras  razones,  en  virtud  del  principio de limitación, a la Corte le  está  vedado  escoger  la  causal,  el  motivo,  el sentido del ataque y, desde  luego, los argumentos que le sirven de fundamento.   

          No  lo  ha  hecho  así el demandante, quien simplemente se limita a  enunciar  la  causal  primera de casación en su expresión genérica, es decir,  que  la  sentencia  es  “violatoria de una norma de derecho sustancial”, sin  indicar  si el quebranto lo ocasiona directa o indirectamente. Y aunque luego se  refiere  a  la  exigencia  de  que  el  recurrente alegue el error de hecho o de  derecho  en  la  valoración  probatoria  que  genera  la violación de la norma  sustancial,  aborda  de una vez la crítica de la prueba sin expresar el tipo de  error que selecciona.   

          Aun  si  se  aceptara  que,  de  acuerdo  con  la argumentación que  expone,  el censor acusa la sentencia de violar indirectamente la ley sustancial  por  error  de hecho en alguna de las modalidades anotadas, también procedería  el  rechazo  de  la demanda porque no basta con enunciar correctamente la causal  sino  que  además  se  debe  demostrar que el juez incurrió en un error de tal  magnitud  que  salta  a la vista y que determina el sentido del fallo, de manera  que  su  remoción  conduciría  irremediablemente  a  la  modificación  de  la  sentencia.   

          Una  técnica  de  esta  naturaleza  pugna,  claro  está,  con  las  formulaciones  genéricas,  los  reproches  indeterminados,  las acusaciones sin  sustento,  que  eluden enfrentar concretamente el yerro judicial y demostrarle a  la  Corte  con  absoluta  precisión  que  el  único  soporte  del  fallo es la  existencia  del  error.  De  lo  contrario,  la  doble  presunción de acierto y  legalidad de que goza la sentencia, permanece incólume.   

          No  es suficiente, por tanto, afirmar como lo hace el demandante que  la  confesión  del  procesado  es  creíble  y  que se equivocó el Tribunal al  restarle  mérito,  o que el testigo Omar Agudelo “dijo verdad” en el relato  de algunas circunstancias,   

pues  mediante  la  casación  no  se  puede  pretender  que la Corte, cual si fuera una tercera instancia, realice nuevamente  la  valoración  de  la  prueba en una especie de reapertura de un debate que ya  definitivamente concluyó.   

          Tan  evidente  es  el  desconocimiento de la técnica casacional que  denota  el  libelista,  que  se  toma  inclusive  la  licencia  de cuestionar la  credibilidad   que  le  otorga  el  ad  quem  a  unos  testimonios  –los  de  Gloria  Helena  y  Alba  Nury  Osorio-  cuya  importancia  o trascendencia en el sentido del fallo expresamente  reconoce  el  demandante es ninguna, en tanto el Tribunal “no los utiliza como  medios  o  factores de convicción para la formación del juicio que lo llevó a  la  confirmación  del  fallo  de  primera  instancia”.  Qué  objeto tendría  entonces  remover  el error si no existe nexo de causalidad entre él y la parte  resolutiva de la sentencia?   

          Lo  dicho  es  suficiente  para que, de conformidad con lo dispuesto  por  el  artículo 226 del C.P.P, se rechace la demanda y se declare desierta la  impugnación interpuesta.   

                En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

          RESUELVE   

                      Rechazar in  límine  la  demanda  de casación presentada por el defensor de ADOLFO DE JESUS  ZAPATA  MUÑOZ.  En  consecuencia, se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

                Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

          Cópiese     y  cúmplase   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                   JORGE  ENRIQUE  CORDOBA  POVEDA                      

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                                            JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR                         

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                                NILSON   PINILLA  PINILLA                                           

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

    

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