AP3062-2015(45943)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP3062-2015  

Radicación     n°     45943   

(Aprobado Acta No.  198)   

         Bogotá, D.C.,  tres    (03)   de   junio   de   dos   mil   quince  (2015).   

V   I   S   T   O  S   

Decide la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Edinson Yosa Guzmán,  Ernesto  Cardozo  Motta,  Miguel  Ángel  Bustos, José Wilson Motta Yosa, José  Santos  LLanos  Yosa,  Zoilo LLanos Yosa, Alfonso Bustos, José Arismides Bustos  Yosa,  José Hugo Cardozo Betancourt, Albeiro Motta Yosa, Marina Guzmán Osorio,  Silverio  Carvajal Godoy y Virgilio Yosa Cardozo contra la sentencia dictada por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Guamo (Tolima), por cuyo medio se confirmó  integralmente  la  proferida  por  el  Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal de  Natagaima,  que  los  condenó,  junto a Alexander Yosa Guzmán, Octavio Guzmán  Osorio,  Rubén  Darío  Yepes,  César  Culma Yara, Luc Célida Yosa Sánchez y  Aldemar  Cardozo  Betancourt,  como autores del delito de invasión de tierras o  edificaciones.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

         1.  Los primeros fueron sintetizados por  el ad quem de la siguiente manera:   

[S]e originaron en las cuatro (4) denuncias  que  fueron  acumuladas bajo esta misma cuerda procesal y que a continuación se  detallan:   

La  denuncia instaurada por Claudia Marcela  Rodríguez  Castro  y  Luz  Hadid  Rodríguez  Castro, el 22 de junio de 2006, a  través  de apoderado, en las que como propietarias de los predios “LOTE UNO y  LOTE  UNO  A”,  ubicado[s]  en  la vereda Balsillas de Natagaima con folios de  matrícula  [inmobiliaria No.] 368-32142 y [No.] 368-32143, denuncian que pese a  haberse  realizado  desalojo  y restituyéndose la posesión que tenía[n], el 5  de  mayo  de 2006, miembros de una comunidad indígena persistió (sic) en actos  de  invasión  en  el  Lote Uno, ingresando sus ganados para que pastaran en los  potreros  en  dicho lote, haciendo cercos [y] divisiones internas con alambre de  púa,  construyendo  un  cambuche  donde permanecen ocupándolo y que los mismos  con  aquiescencia  del  gobernador  indígena  EDISON YOSA, se han ubicado en el  predio  colindante  desde donde ejercen vigilancia sobre las obras que han hecho  sobre  el  Lote  Uno,  amedrentando  al  administrador  del  predio y han talado  árboles  de  más  de  12  años  de  existencia  que  protegen  el nacedero de  agua.           

Se  tiene también la denuncia de Luis Eder  Bonello  Liévano  y Araminta Liévano Bonello, quienes ponen de presente que el  sábado  8  de  mayo  de  2006,  los señores HUGO CARDOZO, WILSON MOTTA, MIGUEL  BUSTOS,  ZOILO LLANOS, ALFONSO BUSTOS, SANTOS LLANOS, ALEJANDRO MOTTA, ARISMENDI  BUSTOS,  MARINA  GUZMÁN,  ERNESTO  MOTTA,  DARÍO  YEPES y EDISON YOSA GUZMÁN,  reincidieron  en volver (sic) a cercar el lote de 4 hectáreas cerca al río, de  su  propiedad,  dañando otros cercos, sacando y hurtando el alambre, igualmente  sacando        ganado       arbitrariamente.         

La  tercera  denuncia  la  eleva la señora  Gloria  Rodríguez  de  Sepúlveda  y  Ramiro  Rodríguez  Perdomo,  el  1º  de  noviembre  de 2005, quienes como propietarios de los predios rurales denominados  LOTE  No.  4,  con folio de matrícula inmobiliaria [No.] 368-32147; LOTE No. 2,  [con]  folio  de  matrícula  [inmobiliaria  No.]  368-32144 y LOTE No. 2 A, con  folio  de  matrícula  [inmobiliaria  No.]  368-42688,  ubicados  en  la  vereda  Balsillas   de   Natagaima,   informan  que  sujetos  indeterminados  que  dicen  pertenecer  a  una  comunidad  indígena  invadieron el LOTE No. 2 desde el 7 de  julio  de 2005 y luego invadieron el LOTE No. 2 A, realizando obras de saqueo de  minas  supuestamente  de  oro, y el 24 de octubre de 2005, los mismos invaden el  LOTE  No.  4  y  construyeron  una enramada la cual fue destruida por mediación  (sic)  de  la Inspección de Policía, pero nuevamente el 29 de octubre de 2005,  incumplen  la  orden  de  la  Inspección [de Policía] y construyen de nuevo la  enramada.   

Y  finalmente  la  denuncia  instaurada por  Yenny  Sánchez  Gutiérrez  y  Luz  Hermencia  Sánchez  Gutiérrez,  del  4 de  noviembre  de  2005,  quienes  como  propietarias  del predio Finca El Pedregal,  ubicado   en   la  vereda  Balsillas  de  Natagaima,  con  folio  de  matrícula  [inmobiliaria]  No.  368-0032140,  denuncian  que  desde  el 1º de noviembre de  2005,  dicho  predio  fue  invadido  por  un  grupo  de personas indeterminadas,  quienes  afirmaron pertenecer a la comunidad indígena del Cabildo de Balsillas,  personas  que  construyeron  cambuches  y  vienen  dañando los pastizales y los  cercos.       

2.   Por  los  anteriores  hechos,  fracasadas  las  audiencias  de  conciliación  intentadas,  mediante  sendas indagatorias fueron vinculados a la investigación Edinson Yosa  Guzmán,  Ernesto  Cardozo Motta, Miguel Ángel Bustos, José Wilson Motta Yosa,  José  Santos  LLanos  Yosa,  Zoilo LLanos Yosa, Alfonso Bustos, José Arismides  Bustos  Yosa,  José Hugo Cardozo Betancourt, Albeiro Motta Yosa, Marina Guzmán  Osorio,  Silverio  Carvajal  Godoy  y  Virgilio  Yosa  Cardozo,  Alexander  Yosa  Guzmán,  Octavio Guzmán Osorio, Rubén Darío Yepes, Luc Célida Yosa Sánchez  y  Aldemar  Cardozo  Betancourt;  mientras  que  a César Culma Yara, Juan Edgar  Salazar y María Luci García se les declaró persona ausente.   

3.  Cerrada  la  instrucción,  a través de resolución de 4 de septiembre de 2009, la Fiscalía  67  Delegada  ante  los  Jueces  Promiscuos  Municipales  de  Natagaima (Tolima)  calificó  el  mérito  del  sumario,  profiriendo  acusación  en contra de los  mencionados  como  presuntos  autores  del  delito  de  invasión  de  tierras o  edificaciones  (art.  263  C.P.); decisión que impugnada por el defensor de los  procesados  y el apoderado de la parte civil, fue confirmada por la fiscalía ad  quem  en  proveído de 28 de junio de 2010, fecha en que cobró ejecutoria.   

         4.  Celebrada la audiencia preparatoria,  luego  de  lo cual se declaró la nulidad parcial de lo actuado en relación con  los  procesados Juan Edgar Salazar y María Luci García, respecto de quienes se  ordenó   romper   la   unidad  procesal,  y  realizada  la  vista  pública  de  juzgamiento,  el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de Natagaima (Tolima), el 2  de  septiembre  de  2013,  dictó sentencia en la cual condenó a los acusados a  las  penas  principales  de  33  meses  de  prisión  y  multa de 68.75 salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes,   así   como   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de la pena privativa de la libertad, como autores del delito de  invasión  de  tierras o edificaciones previsto en el artículo 263, inciso 3º,  del Estatuto Punitivo.   

         De  igual  forma,  dispuso  el desalojo de los predios ocupados por  los  sentenciados,  a  quienes  condenó al pago de perjuicios y, de otra parte,  reconoció  a  los  condenados  el subrogado de la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

5.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor  de  los  procesados,  le  correspondió  conocer de la  actuación  al  Juzgado  Penal  del Circuito del Guamo (Tolima), cuyo titular se  declaró  impedido  por  cuanto,  a  su  juicio,  estaba incurso en las causales  previstas  en  los  numerales  4º  y  6º  del  artículo  99  de la Ley 600 de  2000.   

Remitida la actuación al Juzgado Penal del  Circuito  de  Purificación  (Tolima), su titular rechazó el conocimiento, y la  envió   al   Tribunal   Superior  de  Ibagué  para  que  resolviera  sobre  el  impedimento,   Corporación   que  se  pronunció  el  20  de  febrero  de  2014  declarándolo infundado.    

6.   Habiendo  retornado  el  expediente  al  Juzgado  Penal  del  Circuito del Guamo, el 27 de  febrero  de  2014 uno de los defensores recusó al juez de la causa argumentando  que  éste  ya  había  manifestado  su  opinión  sobre  el  asunto materia del  proceso,  recusación que fue aceptada por el funcionario judicial, quien envió  la  actuación  a  su  homólogo  del  municipio  de  El Espinal, que rehusó su  conocimiento  y  remitió el proceso al Tribunal Superior de Ibagué para que se  pronunciara  sobre  la misma, Colegiatura que mediante proveído del 28 de julio  siguiente la declaró infundada.    

7.  Superadas  dichas   vicisitudes  procesales,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  del  Guamo  (Tolima),   mediante   decisión   de   15   de  diciembre  de  2014,  confirmó  integralmente la sentencia de primer grado.   

         8.  Frente a lo anterior, los defensores  de  los  acusados  interpusieron  recurso  de casación, habiéndose allegado la  respectiva  demanda  solo  por  el  abogado  que representa los intereses de los  procesados  Edinson  Yosa  Guzmán, Ernesto Cardozo Motta, Miguel Ángel Bustos,  José  Wilson  Motta  Yosa, José Santos LLanos Yosa, Zoilo LLanos Yosa, Alfonso  Bustos,  José  Arismides  Bustos  Yosa,  José Hugo Cardozo Betancourt, Albeiro  Motta  Yosa,  Marina  Guzmán  Osorio,  Silverio  Carvajal Godoy y Virgilio Yosa  Cardozo.   

         9.  Los  apoderados  de  la  parte civil  reconocida  en  el  proceso,  en  su  condición  de no recurrentes, presentaron  sendos  escritos  donde  solicitan inadmitir la demanda de casación por carecer  de fundamento.    

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         

         Anunciando  de  manera  lacónica que con el recurso extraordinario  de  casación  persigue el restablecimiento del debido proceso y de la garantía  fundamental  a  tener  un «juez imparcial»,  con  fundamento en la causal tercera, prevista en el artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, el demandante formula un cargo contra la sentencia  del Tribunal, que se sintetiza de la siguiente manera:   

         Manifiesta  que  el  fallo  confutado  se  profirió  en  un juicio  viciado  de  nulidad  por cuanto se desconoció la garantía del juez imparcial,  lo que, a su vez, condujo a la trasgresión del debido proceso.   

     

         En   un   apartado   del   libelo   que   denomina   «capítulo   preliminar»,   el   censor  trascribe   el   artículo   29  de  la  Carta  Política  y  lo  relaciona  con  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional relativa al concepto y alcance del  debido  proceso1,  para  luego  aludir  al derecho del acusado a ser juzgado por un  juez  imparcial,  garantía  que  afirma  hace  parte  de estatutos jurídicos y  tratados  internacionales,  entre  ellos  la  Convención  Americana de Derechos  Humanos  (art.  8.1),  el  Pacto  Internacional de Derechos Civiles y Políticos  (art.  14.1)  y  la  Declaración Universal de Derechos Humanos (art. 10), y que  está consagrada en el artículo 10 de la Ley 600 de 2000.   

         Con     apoyo    en    jurisprudencia    constitucional2,   que  se  encarga  de  citar,  destaca la importancia que dicho postulado tiene en materia  penal,  habida  cuenta  que  la  independencia  e  imparcialidad del funcionario  judicial   se   orientan   a   salvaguardar  los  principios  esenciales  de  la  administración  de justicia, y a su vez se traducen en un derecho del ciudadano  en  tanto  que  forman  parte  del  debido  proceso,  los cuales se garantizan a  través   de   los   institutos   procesales   de   los   impedimentos   y   las  recusaciones.   

         A   continuación   el   recurrente  relaciona  los  hechos  de  la  acusación,  precisando que los integrantes de la parcialidad indígena asentada  en  la  vereda  Balsillas  pretendieron «recuperar el  territorio       ancestral       –Hacienda    La   Alsacia–  que les fue “donado” por quienes teniendo la propiedad fueron  despojados   violentamente  por  ascendientes  de  quienes  aparecen  ahora  con  títulos   registrados»,   por   lo   cual   fueron  denunciados  ante la Fiscalía, acusados y condenados por el delito de invasión  de    tierras    o   edificaciones   –art.       263      C.P.–,  mediante  sentencia proferida el 2  de  septiembre  de 2013 por el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de Natagaima,  decisión que fue impugnada por la defensa.   

         Anota  que  habiendo  correspondido  la actuación al Juzgado Penal  del  Circuito  del  Guamo  con  el  objeto  de desatar la apelación, y antes de  surtirse  el  trámite  de  segunda  instancia,  el  24 de septiembre de 2013 el  procesado  César Culma Yara presentó acción de tutela ante el citado despacho  judicial  contra  la  juzgadora de primer grado por violación de sus garantías  fundamentales,  concretamente el derecho de defensa y el debido proceso, acción  que  fue  denegada  en decisión fechada 9 de octubre de 2013, que impugnada por  el actor, fue confirmada por el Tribunal Superior de Ibagué.   

         Señala  que  el  titular del Juzgado Penal del Circuito del Guamo,  mediante  auto  de  19 de diciembre siguiente se declaró impedido para resolver  el  recurso  de  apelación  formulado contra la sentencia de primera instancia,  por  considerar  que  se  hallaba  incurso  en  las  causales  previstas  en los  numerales  4º  y  6º  del  artículo  99  de  la  Ley 600 de 2000, y envió la  actuación   a  su  homólogo  de  Purificación  (Tolima),  quien  rechazó  el  conocimiento  y,  a su vez, la remitió al Tribunal Superior de Ibagué para que  resolviera  sobre  el  impedimento,  Corporación  que  en  proveído  del 20 de  febrero de 2014 lo declaró infundado.    

         

         Expresa  el  libelista que habiendo regresado el proceso al Juzgado  Penal  del  Circuito  del  Guamo, el 27 de febrero de la citada anualidad, en su  condición  de  defensor  de  algunos de los procesados, formuló recusación en  contra  del  titular  de  dicho  despacho  con  fundamento en el numeral 4º del  artículo  99  de la Ley 600 de 2000, como quiera que el 13 de diciembre de 2013  éste  había  resuelto  sendos  recursos  de apelación interpuestos contra dos  decisiones  adoptadas  por  el  Juzgado Segundo Promiscuo Municipal de Natagaima  que  negaron  la  preclusión  de  la  investigación solicitada por la defensa,  dentro   de   las   actuaciones  radicadas  No.  2008-80058  y  No.  2009-80021,  adelantadas  por  el rito de la Ley 906 de 2004, en las cuales tienen la calidad  de  imputados  quienes  en  este  trámite fungen como procesados y donde se les  endilgó idéntica conducta punible a la aquí juzgada.    

         Refiere  que  en tales proveídos el juez de la causa manifestó su  opinión  sobre  el  asunto  materia  de  este  proceso,  luego en él existe un  «prejuzgamiento  valorativo de las pruebas aportadas  y  recaudadas  en el proceso cuyo trámite se hace por el sistema procesal de la  Ley  600», y así lo entendió el citado funcionario,  que  en auto del 22 de abril de 2014 aceptó los fundamentos de la recusación y  remitió   la   actuación  ante  sus  homólogos  de  El  Espinal,  habiéndole  correspondido  la  actuación  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de esa  ciudad,  quien  rechazó su conocimiento y la remitió ante el Tribunal Superior  de  Ibagué,  que  mediante  proveído calendado 28 de julio de 2014 la declaró  infundada  y  devolvió  el proceso al Juzgado Penal del Circuito del Guamo para  que  emitiera  la  sentencia  de  segunda  instancia  que es objeto del presente  recurso extraordinario.        

         Destaca  que el ad quem al aceptar la recusación reconoció que al  resolver   los   recursos  de  apelación  de  las  decisiones  que  negaron  la  preclusión  solicitada  por  la defensa ante el juez de conocimiento, dentro de  las  actuaciones  adelantadas  bajo  el  procedimiento de la Ley 906 de 2004 por  idéntica  conducta  a  la  que  aquí  se juzga y contra los mismos procesados,  había  comprometido su criterio e imparcialidad y tenía un concepto anticipado  sobre  el sentido de la decisión final, debido a que allí abordó el análisis  del  objeto  central de la controversia jurídica e, incluso, apreció elementos  materiales  probatorios  sobre  tales  hechos, íntimamente relacionados con los  que aquí se juzgan.     

         Menciona  que  no  obstante  tales  manifestaciones del juzgador de  segundo  grado, el Tribunal Superior de Ibagué al resolver sobre la recusación  consideró  que  no  se  configuraba  la  causal  impeditiva  relativa  a que el  funcionario  judicial  haya  manifestado su opinión sobre el asunto materia del  proceso,  con  el  argumento  de  que las decisiones se adoptaron en actuaciones  distintas  al  presente  trámite,  fueron  adelantadas  en forma separada y por  procedimientos  diversos, sin que entre una y otras exista comunidad probatoria,  puesto que ocurrieron en diferentes épocas.   

         Sin  embargo, agrega el impugnante, el Tribunal Superior de Ibagué  desconoció  que  el juez de la causa «se consideraba  impedido»  para  resolver  el  recurso de apelación  interpuesto   contra   la   sentencia   de  primer  grado  que  condenó  a  sus  representados,  haciendo  énfasis  el  fallador  de segundo grado en que había  apreciado   elementos   materiales   probatorios   sobre   hechos  estrechamente  relacionados  con  los  que  se  juzgan en este proceso, lo cual comprometía su  criterio  e  imparcialidad,  es  decir,  el  referido  funcionario manifestó su  «objeción de conciencia»  para   desatar   la   alzada,   pero   la  citada  Corporación  tozudamente  lo  «oblig[ó]  a  tomar  una decisión que… ya estaba  anunciada  y  se  sabía  iba  a  ser de ratificación de la condena».     

         En  esa  medida,  concluye  que  la  sentencia de segundo grado fue  proferida  por  un  «juez consciente de la existencia  de  un  impedimento  legal  (numeral  4º  del  artículo  99  de  la Ley 600 de  2000)»,  a quien no obstante esa circunstancia se le  forzó  a  emitir  dicha  decisión,  con  lo  cual se quebrantó la garantía a  «ser  juzgado  por  un  juez  imparcial»  y,  por  contera,  se  vulneró  el debido proceso.     

         Finalmente,   expone   que   la  anotada  irregularidad  sustancial  conlleva  a que la sentencia de segundo grado «deb[a]  ser  calificada  como  injusta», por lo que la única  manera  de reparar el agravio inferido al acusado es casarla y, en consecuencia,  decretar   la   nulidad   de   la  actuación  a  partir  de  la  «aceptación   del   impedimento   por  parte  del  señor  juez  ad  quem»,  para  que sea un funcionario imparcial quien  resuelva  la apelación del fallo de primer grado.        

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.   Conviene   recordar  que  dado  el  carácter  extraordinario  del  recurso  de  casación,  al  recurrente  compete  elaborar  la  demanda  bajo  los  estrictos parámetros contemplados en la ley y  decantados por la jurisprudencia de la Corte.   

         Por   tanto,  no  basta  con  afirmar  que  se  cometió  un  error  in iudicando o in  procedendo, pues debe demostrarse la  existencia   del   vicio   y   su   trascendencia   frente   al   contenido  del  fallo.   

         De  acuerdo con la jurisprudencia de la Sala, es bien sabido que el  recurso  de  casación constituye el medio por el cual se revisa la legalidad de  la  sentencia. De ahí que el libelo deba cumplir las formalidades estatuidas en  el  artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, principalmente enunciar la causal y  formular  el cargo con el cual se pretende la infirmación del fallo, señalando  de  manera clara y precisa sus fundamentos y las normas infringidas, igualmente,  evidenciando  cómo  el vicio in iudicando     o    in    procedendo conduce a resquebrajar la providencia.   

         Ahora  bien,  sin  desconocer  la  facultad  legal de la Corte para  casar  la sentencia cuando sea ostensible que la misma transgrede las garantías  fundamentales  de  las  partes  (art.  216  Ley  600  de  2000), la impugnación  extraordinaria  no  es  un  mecanismo  carente de rigor.       

         Por  ende,  el  recurso  de  casación no puede entenderse como una  instancia   adicional   para   debatir   aspectos   que  ya  fueron  materia  de  controversia,  o  como facultad ilimitada para revisar el proceso, ni la demanda  puede   elaborarse   utilizando  un  discurso  de  libre  composición;  por  el  contrario,  dado  el carácter extraordinario y rogado del recurso, está ligado  a   causales  taxativas  que  tienen  contenidos  propios,  referidas  a  vicios  sustanciales o procesales.   

         Además,  en el desarrollo de cada uno de los reparos formulados se  deben  cumplir  unos  requisitos mínimos de lógica y adecuada fundamentación,  cuyo  desconocimiento conlleva a la inadmisión de la demanda, como lo establece  el artículo 213 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

         Así,  no resulta atinado solo denunciar la presencia del error que  se  invoca,  sino  que  al  libelista incumbe demostrar su existencia y cómo el  mismo  tiene  la  trascendencia  suficiente para romper la doble presunción que  cobija  a  la sentencia de segundo grado y, por lo mismo, la necesidad de que la  Corte  intervenga  como  Tribunal  de  Casación en procura de hacer efectivo el  derecho   material  y  las  garantías  debidas  a  quienes  intervienen  en  la  actuación  penal,  reparar  los  agravios  ocasionados  a  las  partes  con  la  decisión confutada o unificar la jurisprudencia.   

         2. De la casación discrecional.   

         2.1  Previo  a  examinar el único cargo  propuesto  por  el  impugnante,  conviene  recordar  que  de  conformidad con el  artículo  205 de la Ley 600 de 2000, al recurso extraordinario se accede de dos  maneras, a saber: la ordinaria y la excepcional.   

         La  ordinaria,  procede  contra las sentencias de segunda instancia  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal  Superior  Militar,  por  delitos  sancionados  con pena privativa de la libertad  cuyo máximo exceda de ocho años.   

         La  excepcional,  opera  contra  los  fallos  de  segunda instancia  dictados  por  esas  mismas Corporaciones por conductas punibles sancionadas con  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo sea igual o inferior a 8 años, y  por  los  Jueces  Penales  del Circuito por cualquier  delito,  evento  en el cual la Sala podrá admitir la  demanda   cuando   lo   considere   necesario  para  (i)  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  (ii)  la  garantía de los derechos fundamentales, obviamente  siempre  que  cumpla  los  requisitos  de  forma y fondo exigidos por el recurso  extraordinario.   

         Ahora  bien,  cuando  se  acude  a  la  casación discrecional para  acceder  al  recurso extraordinario, el actor debe indicar cuál es la finalidad  de  la  impugnación,  en  orden  a develar la necesidad de que la Corte entre a  revisar  la  legalidad  del  fallo  atacado, bien porque surja necesario para el  desarrollo   de  la  jurisprudencia,  ora  porque  lo  que  se  pretende  es  la  protección de derechos fundamentales.   

         La    jurisprudencia   de   la   Sala3  tiene  dicho  que  cuando se  invoca   el   primero   de   tales  aspectos,  esto  es,  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  compete  al  casacionista  señalar  si  lo  que  busca  con la  impugnación  del  fallo de segundo grado es que la Corte intervenga ya sea para  referirse  a  un  tema  jurídico  en  particular,  bien  para unificar posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, con el deber de precisar de qué manera  la  decisión  solicitada tiene la doble utilidad de brindar solución al asunto  concreto   y   simultáneamente   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

         Y  en cuanto al amparo de los derechos fundamentales, el demandante  tiene  la  carga  de  demostrar  en  forma  clara y precisa la violación de una  garantía  por  quebrantamiento  de  la  estructura  básica  del  proceso o por  trasgresión   de   un  derecho  fundamental,  con  indicación  de  las  normas  constitucionales  o legales que protegen el derecho invocado y cómo el fallo lo  conculca.      

         Asimismo,  las  razones aducidas por el censor en orden a revelar a  la  Corte  la  necesidad  de admitir discrecionalmente la demanda, deben guardar  perfecta  armonía  con  los  reproches  que  formule  contra  el  fallo, lo que  significa  que  el  fundamento de la casación excepcional debe avenirse con los  cargos, tanto en su postulación, como en su desarrollo.   

         2.2  En el asunto que ocupa la atención  de  la  Sala, emerge claro que para acceder a la impugnación extraordinaria era  necesario  acudir a la casación excepcional, puesto que la sentencia de segundo  grado  recurrida  fue  proferida  por un Juzgado Penal del Circuito.     

         Sin  embargo,  el  actor  incumple  con  las  exigencias  indicadas  ut  supra,  puesto  que se  limita  a  mencionar  escuetamente  que la finalidad del recurso de casación es  que  se  «reestablezca  la garantía fundamental del  debido  proceso»,  que  estima  vulnerada  porque el  fallo  confutado  no  fue  proferido  por  «un  juez  imparcial  e  independiente»,  pero  ahí termina su  discurso,  como si con expresiones generales y abstractas, vacías de contenido,  bastara  para  evidenciar  a  la Corte la necesidad de que intervenga en orden a  restablecer   las   garantías   presuntamente   desconocidas  por  el  juez  ad  quem.   

    

         Y  aun  cuando  al  desarrollar  el  único  cargo  propuesto en la  demanda,  el  impugnante  lo sustenta en la afectación de la garantía del juez  imparcial  y,  por  contera,  la  trasgresión del debido proceso, habida cuenta  que,  en  su  opinión, en el juzgador de segundo grado concurría circunstancia  impeditiva  que  comprometía  su criterio e imparcialidad, no obstante lo cual,  pese   a   haberlo   manifestado   en   dos  oportunidades,  fue  «forzado»  por  su  superior funcional a  emitir  el  fallo  cuya  legalidad  se  cuestiona,  en  últimas no demuestra la  violación      de     tales     garantías.         

         Falencias  que, por sí solas, bastan para inadmitir el libelo, por  cuanto  no se muestra, ni la Corte advierte, la necesidad de que se le admita de  manera    discrecional    en    orden    a    intervenir    como   Tribunal   de  casación.     

         3.  Al  margen  de lo anterior, la Corte  evidencia  que  la  demanda  incumple  los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  inherentes  al  cargo  formulado contra la sentencia de segundo  grado,   en   tanto   incurre   en   protuberantes   falencias,  según  pasa  a  explicarse.   

         3.1 Cargo único.   

         

         El  casacionista sostiene que en la presente actuación se vulneró  el  debido  proceso  por desconocimiento de la garantía del juez imparcial, por  cuanto  el  juzgador  de  segundo  grado, no obstante hallarse incurso en causal  impeditiva   que  manifestó  en  una  primera  ocasión  y  que,  en  posterior  oportunidad,  lo  llevó  a aceptar la recusación formulada por la defensa, fue  «forzado»,  en razón de  las  decisiones  de  su  superior  funcional  que  las  declararon infundadas, a  proferir  la  sentencia  cuya  legalidad  se  cuestiona a través del recurso de  casación.   

         Previo  a  estudiar el reproche propuesto, conviene recordar que si  bien  la  Sala ha dicho que la nulidad es menos exigente en su demostración que  las  otras causales de casación, lo cierto es que impone al demandante proceder  con  precisión  y  claridad  a identificar la clase de irregularidad sustancial  que  determina  la invalidación; señalar si se trata de un vicio de estructura  o  garantía;  plantear  sus  fundamentos  fácticos;  indicar los preceptos que  considera  conculcados;  expresar  la  razón de su quebranto; y, especificar el  momento de la actuación a partir de la cual se produjo el vicio.   

         Asimismo,  compete al censor informar la cobertura de la invalidez,  evidenciar  que procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar  que la anomalía denunciada tuvo  injerencia   perjudicial   y   decisiva   en   la   declaración   de   justicia  contenida    en   el   fallo   impugnado   –principio              de  trascendencia–, dado que  el  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

         Además,  exige  tener  en  cuenta  los  principios  que  rigen esa  materia,  por  lo  cual debe quedar claro que: i) se trate de uno de los motivos  expresamente  contemplados  en  la ley –taxatividad–;  ii)  afecte de manera real y cierta las garantías fundamentales  o    altere    las    bases    esenciales    de   la   actuación   –trascendencia–;  iii)  el acto tachado de irregular  no   haya   cumplido  su  propósito  –instrumentalidad–;   vi)  quien  la  solicite  no  haya  dado  lugar  al  motivo  de  invalidación              –protección–;   v)   la  irregularidad  no  haya  sido  convalidada  expresa  o  tácitamente   por  el  perjudicado,  siempre  que  no  vulnere  sus  garantías  fundamentales              –convalidación–;  y,  vi)  no haya otra manera de enmendar el agravio –residualidad–.   

         Descendiendo   al  asunto  de  la  especie,  la  Sala  no  advierte  acreditado  el  supuesto  fáctico  sobre  el  cual  se soporta la irregularidad  sustancial  denunciada por el recurrente, valga decir, que no obstante concurrir  en  el  juez  ad  quem  la  causal  impeditiva  prevista  en  el numeral 4º del  artículo   99   de   la   Ley  600  de  2000,  relativa  a  que  «el  funcionario  judicial…  haya  dado  consejo  o manifestado su  opinión  sobre el asunto materia del proceso», éste  profirió  el fallo impugnado, acogiendo sendos proveídos del Tribunal Superior  de  Ibagué  que  declararon  infundados  el impedimento y la recusación que se  surtieron   al   interior   del  proceso,  cuando  su  decisión  «ya  estaba  anunciada  y se sabía iba a ser de ratificación de la  condena».      

         En  efecto, si bien en auto adiado 22 de abril de 2014, mediante el  cual  el titular del Juzgado Penal del Circuito del Guamo aceptó la recusación  propuesta  por  el libelista, aquel expuso que tenía comprometido su criterio e  imparcialidad  para  resolver  el  recurso  de  apelación interpuesto contra el  fallo   de   primer   nivel,   ya   que  se  había  formado  un  «concepto  anticipado  sobre  el  desarrollo  final de[l] proceso…  debido  a  que realmente ya se ha realizado un análisis sobre el objeto central  de  la  controversia jurídica respecto a estos hechos… pues repítase ya hubo  apreciación   de  elementos  probatorios  sobre  los  sucesos  fácticos  (sic)  relacionados  con  esta causa penal», de la revisión  de  sendos  proveídos  calendados 13 de diciembre de 2013, proferidos dentro de  las  actuaciones  radicadas No. 2008-80058 y No. 2009-80021, se concluye que los  argumentos  esgrimidos  por  el  funcionario  judicial recusado son abiertamente  infundados.      

         Es  así  que  en los procesos atrás citados, que, valga destacar,  se  adelantan  por  el  procedimiento previsto en la Ley 906 de 2004, por hechos  distintos,  aunque  relacionados con los aquí juzgados, el juez de conocimiento  negó  la solicitud de preclusión presentada por el defensor de los implicados,  decisión  que impugnada fue revisada en segunda instancia por el Juez Penal del  Circuito  del  Guamo,  que  en  dos  pronunciamientos  resolvió  «INHIBIRSE   de   conocer   el   recurso  de  apelación».   

         El  sustento  de tal determinación, idéntico en ambas decisiones,  se  concreta a que la defensa carecía de legitimidad para formular la solicitud  de  preclusión  de  la  investigación con fundamento en las causales 1 y 3 del  artículo  332  de  la  Ley  906 de 2004, dado que ninguna de las actuaciones se  hallaba  en  la fase de juzgamiento, toda vez que estaba pendiente de realizarse  la  audiencia  de  formulación de acusación, ello de acuerdo con lo normado en  el   parágrafo   de   la  citada  disposición  y  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación4.             

         Vale  la  pena citar lo que al respecto expresó el juez ad quem en  los pluricitados proveídos, así:   

Aclarado  con  suficiencia  lo anterior, se  tiene  que  este  proceso  aún  se  encuentra en el trámite de la audiencia de  formulación  de  acusación, la que no ha culminado, por lo tanto, la solicitud  de  preclusión  presentada  por  el  profesional  del  derecho  que  funge como  defensor de los procesados, era improcedente de plano.   

         En  esa  medida,  resultan  infundados los motivos expuestos por el  Juez  Penal  del Circuito al aceptar la recusación formulada por el defensor de  los  acusados,  en  el  sentido  de que su imparcialidad para dictar el fallo de  segundo   grado,   cuya  legalidad  se  cuestiona  en  sede  extraordinaria,  se  encontraba  comprometida  o  que su criterio sobre la decisión a adoptar estaba  prejuiciado  por el hecho de haber conocido los elementos materiales probatorios  relacionados  con  las  actuaciones  penales  dentro  de  las cuales ejerció en  segunda instancia la función de conocimiento.   

         Lo  anterior,  por  cuanto  en esa labor ningún análisis realizó  acerca  de  las  categorías que integran la conducta punible allí investigada,  mucho  menos  valoró tales rudimentos de prueba, pues su decisión se fundó en  razones  meramente objetivas, tales como la falta de legitimidad de la parte que  invocó  la  preclusión  y, precisamente, por esa razón se inhibió de conocer  la alzada.   

         Por  tanto,  al  margen de que los hechos jurídicamente relevantes  imputados  en  las pluricitadas actuaciones adelantadas bajo la égida de la Ley  906  de  2004,  tuvieran  relación con los que se juzgan en este proceso, o que  entre   unas  y  otro  hubiera  identidad  en  los  acusados,  riñe con la  realidad   procesal   la   afirmación   del  juez  ad  quem  en  cuanto  a  que  «existe   un   prejuzgamiento   valorativo  de  las  pruebas»  y  que,  como  consecuencia  de  ello,  ya  tuviera    un    «criterio    definido»  sobre  la  resolución  del  caso,  por  lo  cual  no  existía  «un  ambiente  de  imparcialidad  para  continuar  y  fallar  éste  proceso»,  pues  lo  que  tozudamente  revela  el  contenido de los proveídos a que se refiere el funcionario judicial  es, según quedó visto, todo lo contrario.   

         De  ahí  que bien hizo el Tribunal Superior de Ibagué al declarar  infundada  la  recusación, puesto que si al conocer en segunda instancia de los  recursos  de  apelación  formulados contra los autos que negaron la preclusión  de  las  investigaciones en cita, el Juez Penal del Circuito del Guamo resolvió  inhibirse   de   desatarlos  y,  por  contera,  ninguna  valoración  probatoria  realizó,  ni  mucho  menos  se  refirió  a  la  materialidad  del  delito o la  responsabilidad  de los imputados, mal puede afirmarse que dentro de la presente  actuación  se afectó la imparcialidad y objetividad que debe guiar su tarea de  administrar  justicia  o ponerse en entredicho el criterio o la trasparencia del  referido funcionario judicial.   

         Y   si   bien  tales  actuaciones  se  erigen  en  pronunciamientos  anticipados,   esto  es,  aquellos  emitidos  en  cumplimiento  de  los  deberes  funcionales  pero  por  fuera del respectivo proceso en el cual se manifiesta el  impedimento  o  se  formula la recusación, materialmente no involucran aspectos  sustanciales  ni  constituyen actos de prejuzgamiento, según lo tiene decantado  la      jurisprudencia      de      la      Sala5.           

         Similar  situación  se  presenta  en  relación con el impedimento  manifestado  por  el  juez  ad  quem,  al  que  tangencialmente hace mención el  libelista,  soportado  en que su imparcialidad se hallaba afectada para resolver  la  impugnación  de  la  sentencia  de  primer  grado, debido a que previamente  decidió  una  acción de tutela promovida por uno de los aquí procesados, pues  como  lo  destacó  el  Tribunal Superior de Ibagué al declararlo infundado, en  dicha  oportunidad  el  Juez  Penal  del  Circuito del Guamo no realizó ningún  análisis  de fondo respecto del objeto del presente proceso, toda vez que no se  refirió  a  la  prueba recaudada ni a la responsabilidad penal de los acusados,  limitándose  a   declarar  la  improcedencia  de  la  solicitud  de amparo  superior,  por  cuanto  consideró  que  la  pretensión del actor desbordaba la  naturaleza   residual   y  subsidiaria  del  mentado  mecanismo  constitucional.   

En punto de la garantía del juez imparcial,  en CSJ AP, 27 feb. 2009, rad. 31198, la Sala expresó lo siguiente:   

III. Del concepto de Juez imparcial:   

Los  actos y las decisiones imparciales son  en  principio  neutrales  en  la  medida  que  toman en consideración de manera  equitativa todos los puntos de vista involucrados en un conflicto.   

En  esa  medida  el  juez  actúa de manera  imparcial  cuando brinda la debida consideración a todas las partes, se ocupa y  da   respuesta  motivada  a  las  peticiones  formuladas,  argumentos  que  sean  pertinentes  y  se encuentra en la disposición de escuchar como de tratar a los  litigantes con respeto y sin discriminaciones.   

Los   actos  de  imparcialidad  de  igual  conllevan   la  premisa  interna  que  el  juzgador  evite  las  distorsiones  o  cercenamientos  probatorios  (que  en casación penal se identifican como falsos  juicios  de  existencia,  falsos  juicios de identidad o falsos raciocinios) por  interés  propio o ajeno y, traducen el imperativo de estar apegado de una parte  a  la  búsqueda  o  esclarecimiento  de  la  verdad  material no absoluta, sino  concreta  singular referida al objeto de interés penal de que se trate, y desde  luego  apegado  al  imperio  de  la ley, a los derechos, principios y garantías  fundamentales  tanto  de  incidencia  sustancial  como  procesal  regentes de lo  debido  sustancial,  debido  procesal  y  debido  probatorio,  sin  deslizarse a  efectuar  a  dichos  postulados limitaciones, restricciones o menoscabos bajo el  pretexto de la no conveniencia o del eficientismo procesal.   

La  imparcialidad  subjetiva  como criterio  concreto  y  real,  de  igual exige que el juzgador en sus pronunciamientos haga  caso  omiso de la pasión, los intereses personales de la amistad o la enemistad  e  incluso  de  su  propia ideología, de los prejuicios, la discriminación, la  inequidad,    los   favoritismos   e   intereses   de   todo   orden.   

La imparcialidad como principio y garantía  en  orden  a la equidad, es una realidad teórico-práctica que se debe aceptar,  defender  y por sobre todo practicar por tradición y por convicción. Pero a la  par  de  este  postulado  fundamental, puede decirse que más que una categoría  jurídica  es  un  estado de ser del alma o si se quiere del espíritu en el que  se  deben neutralizar las cargas subjetivas de afecto, desafecto o ideológicas,  que  al hacerse preponderantes se constituyen en un factor que atenta contra los  ejercicios  de  la  equidad  y  la  transparencia  en  la  funcionalidad  de  la  jurisdicción     y     como     elemento     negativo    se    transmutan    en  pre-conceptualizaciones,  pues  se  entra  a  definir situaciones jurídicas con  criterios  preconcebidos  o  elaborados  con  elementos  de juicio y valoración  dados  por  fuera  de  los  debidos imperativos legales, es decir, por fuera del  imperio de la ley.   

En  los  conceptos (pre) elaborados o (pre)  determinados  que  atentan  contra  la  imparcialidad  judicial,  se incluyen el  conocimiento  privado  que atenta contra el principio de necesidad de la prueba.  De    igual    tienen   incidencia   las   disposiciones   afectivas6   como  el  interés,  el  temor,  el  odio,  el  amor,  la  venganza,  la  simpatía  o  la  antipatía,  los  vínculos  de  familia,  los  afectos religiosos, de partido o  grupo   político   y   en   general  todos  los  factores  o  condicionamientos  político-institucionales  e  ideológicos que afectan la objetividad en orden a  las  conceptualizaciones  y conducen a la adopción de decisiones parcializadas,  alejadas de la realidad y por demás injustas.   

En  igual sentido puede decirse que otro de  los  factores  que  incide  en  menoscabo de la imparcialidad son los ejercicios  resultantes   de   la   desinformación  y  la  intransigencia  que  conducen  a  subjetividades  en  las que salen a relucir arrebatos de poder y manifestaciones  de  arrogancia y arbitrariedad, actitudes en las que se coloca en entre dicho la  denominada  imparcialidad  objetiva, pues la imagen y el mensaje que se trasmite  al  exterior  es  la  idea  de  que  el  funcionario  judicial  toma  decisiones  parciales,  con  sesgos  e  inclinadas a favor o en contra de uno de los sujetos  procesales.   

Puede  decirse que la esencia del postulado  de  una  judicatura  democrática,  autónoma  e  independiente se dinamiza es a  través  de  la  imparcialidad subjetiva y objetiva, elemento, característica o  aspecto  esencial  que dignifica, dimensiona y enaltece a los administradores de  justicia,  y  de  paso  como  estado  de ser, impide que el imperio de la ley se  desequilibre  y  se  coloque  al  servicio  de intereses mezquinos. (Subraya fuera de texto).   

Evidenciado  el  sentido  y  alcance  del  principio  de  imparcialidad  conforme  viene  de señalarse, en el asunto de la  especie  surge  patente  que el impugnante no acredita, ni la Corte advierte, de  qué  manera  se  afectó,  pues al margen de citar los argumentos que expuso el  Juez  Penal  del  Circuito  del  Guamo  en  orden a manifestarse impedido en una  ocasión  y, en otra, a aceptar la recusación formulada por la defensa, motivos  impeditivos  que  acertadamente  fueron  declarados  infundados  por el superior  funcional  de  dicho  funcionario  judicial,  ya  que,  como se vio, no realizó  pronunciamiento  previo de naturaleza sustancial que comprometiera su criterio y  ecuanimidad,  el  casacionista  omite  mostrar qué acto reflejó la ausencia de  neutralidad  del  juzgador  de  segundo  grado,  ni  cómo  ello tuvo incidencia  perjudicial en la sentencia impugnada.   

         Así las cosas, se rechazará el cargo.   

         4.   En  ese  orden,  las  falencias  de  lógica  y  adecuada fundamentación en la presentación de la censura, conducen  a la inadmisión de la demanda de casación.   

         5. Cuestión final.   

         La  Corte  advierte  la  eventual  trasgresión  del  principio  de  congruencia  en  la sentencia impugnada, toda vez que en la acusación solamente  se  dedujo  el  delito  de  invasión  de tierras o edificaciones descrito en el  artículo  263  del  Código  Penal,  sin  que  se  hiciera mención alguna a la  circunstancia  de  agravación  prevista  en  el inciso 3º de la norma en cita,  relativa  a  que  la  pena  se  incrementará  hasta  en la mitad «cuando  la  invasión  se  produzca sobre terrenos ubicados en zona  rural»,  sin embargo, el juzgador de primer grado la  tuvo  en cuenta al momento de individualizar la pena, aspecto que fue confirmado  por el Tribunal.   

         En  efecto,  cuando  en  la  sentencia se incluye una circunstancia  genérica  o específica de agravación que no ha sido endilgada en el pliego de  cargos,  ello  rompe  la  necesaria  concordancia  que debe existir entre dichos  actos  procesales  y,  por  contera,  vulnera  el derecho de defensa7.            

         No  obstante  lo anterior, en el caso particular el yerro advertido  resulta  intrascendente,  puesto  que  ninguna  incidencia negativa, en punto de  punibilidad,  representó  para  los  intereses  de  los  sentenciados,  como  a  continuación se explica.     

         Frente  al  delito juzgado, el marco de movilidad del primer cuarto  punitivo,  dentro  del  cual  el  juzgador a quo impuso la sanción, oscila, sin  tener   en   cuenta   la   circunstancia   de  agravación  citada  ut   supra,  entre  24  y  33  meses  de  prisión  y  multa  de  50  a  87.5 SMLMV, mientras que deducida la agravante se  enmarca  de  24  a  40.5  meses  de  pena  privativa  de  la libertad y sanción  pecuniaria de 50 a 112.5 SMLMV.   

         Ahora,  como  el  fallador  de  primer grado, en aplicación de los  criterios  señalados  en  el  artículo 61 del Estatuto Punitivo, concretamente  atendiendo  a  la  mayor  o  menor  gravedad  de  la  conducta,  al daño real o  potencial  creado  y  a  la intensidad del dolo, por cada uno de dichos factores  realizó  un incremento de 3 meses en la prisión y 6.25 SMLMV en la multa, para  un  total  de 9 meses de pena privativa de la libertad y 18.75 SMLMV de sanción  pecuniaria,  guarismos  que  sumados  a los extremos mínimos del cuarto mínimo  -24   meses   de  prisión  y  50  SMLMV–  arroja un consolidado definitivo de  33  meses  de  prisión y 68.75 SMLMV de multa, que en últimas fueron las penas  impuestas,  es  claro que dentro de la facultad reglada de que goza el juzgador,  de  acuerdo  con  el  precepto  arriba  citado,  no  excedió  los  límites del  respectivo  cuarto,  determinado  éste  como  correspondía,  es  decir, sin la  circunstancia   de   agravación   punitiva.         

         Así  las  cosas,  como  esa fue la dosificación de la pena, no se  observa  que  efectivamente se hubiese incrementado la sanción por razón de la  circunstancia  de  mayor  punibilidad contemplada en el inciso 3º del artículo  263  del  Código  Penal y de allí que, tal como se anotó desde el comienzo, a  pesar  de incluirse dicha agravante en la sentencia de primer grado, la misma no  tuvo  incidencia  en  la  sanción  impuesta,  luego  no  se  hace  necesaria la  intervención de la Corte.   

         6. Resta señalar que, por lo demás, no  se  vislumbra  vulneración de garantías que imponga superar los defectos de la  demanda  en  orden  a  intervenir  oficiosamente  para  asegurar su protección,  conforme lo prevé el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  LA CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE  

         1.  INADMITIR  la  demanda  de casación  presentada  por  el  defensor de los procesados de Edinson Yosa Guzmán, Ernesto  Cardozo  Motta,  Miguel  Ángel  Bustos,  José  Wilson Motta Yosa, José Santos  LLanos  Yosa,  Zoilo  LLanos  Yosa, Alfonso Bustos, José Arismides Bustos Yosa,  José  Hugo  Cardozo  Betancourt,  Albeiro  Motta  Yosa,  Marina Guzmán Osorio,  Silverio Carvajal Godoy y Virgilio Yosa Cardozo.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         Cópiese,  comuníquese  y  cúmplase.  Devuélvase  al Tribunal de  origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  CC  SC-200 de 2002.   

2  CC  SC-881 de 2011.   

3 CSJ  AP,  18  abr.  2007,  rad.  26916  y  CSJ  AP,  27  feb. 2012, rad. 38100, entre  otros.    

4 CSJ  SP, 14 sep. 2011, rad. 34443.   

5 CSJ  AP, 10 sep. 2014, rad. 44356.   

6  «Cfr.  Francisco  Muñoz  Conde,  La búsqueda de la  verdad  en  el proceso penal, 2ª edición, Buenos Aires, Hammurabi, 2003, pág.  28.»   

7 CSJ  SP, 30 sep. 2009, rad. 27231.     

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