14651may

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso Nº 14651  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE:  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

APROBADO ACTA No. 084  

Santa  Fe de Bogotá, D. C.., veintidós (22)  de mayo del año dos mil (2000).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala sobre el aspecto formal de  las  demandas  de  casa­ción  presentadas  por el defensor de los señores HECTOR GONGORA TOLOSA, PABLO EMILIO  CASAS  y  ARGEMIRO RINCON AREVALO, contra la sentencia proferida por el Tribunal  Superior  Militar  de  Santa  Fe  de  Bogotá,  que  confirmó  íntegramente la  sentencia   de   primera   instancia  ex­pedida  por  el  Comando  del Departamento de Policía Boyacá en la  ciudad  de Tunja, en la cual se les condenó a la pena principal de veinticuatro  (24) meses de prisión por el delito de concusión.   

HECHOS  

Aproximadamente  a  las  2:30 de la tarde del  día  11  de  marzo  de  1996,  el  señor  LUIS  FRANCISCO  MOLINA  SANDOVAL se  encontraba  en  una  cafetería  ubicada  frente  al  Colegio Pío Alberto en la  ciudad  de  Chiquinquirá,  cuando  fue  requerido  por agentes de la SIJIN para  hacerle  una  requisa a él y a su vehículo. El agente RINCON le manifestó que  es­taba  en problemas, pues  había  una  orden  de  captura  en su contra, pero que hablaran, por lo cual le  solicitó  $2.000.000. Finalmente acordaron la suma de $1.500.000, que el señor  MOLINA  SANDOVAL  consiguió  con  un  préstamo del señor MIGUEL ROZO y con el  empeño  de  algunas de sus pertenencias, hasta completar la suma de $1.140.000;  el  resto,  es  decir, la suma de $360.000, fue garantizada con la dación de un  revólver a la señora CONSUELO DE SOTELO.   

          La  entrega  del  dinero  faltante se hizo en el sitio denominado la  Tienda  de  Fercho,  donde  agentes  del Cuerpo Técnico de Investigación de la  Fiscalía  capturaron  al particular LUIS ALFONSO SOTELO a quien se le encontró  el  dinero,  y al agente ARGEMIRO RINCON AREVALO, que portaba  un revólver  y una pistola con dos proveedores.   

ACTUACION PROCESAL  

          1.  El  19 de marzo de 1996, la Fiscal Seccional 23 de Chiquinquirá  profirió  resolución  de apertura de la investigación; el 20 de marzo de 1996  se  vinculó  mediante indagatoria al agente ARGEMIRO RINCON AREVALO y al señor  LUIS ALFONSO SOTELO AVILA.   

          2.  El 27 de marzo de 1996, la Fiscalía Seccional 23 consideró que  la  competencia  para  conocer  del  com­portamiento  del  agente  ARGEMIRO RINCON AREVALO era de la Justicia  Penal  Militar, a la cual remitió el proceso, y continuó con la investigación  del  particular  SOTELO  AVILA;  el  Juzgado  137  de Instrucción Penal Militar  consideró  que  era  competente  respecto  de los hechos referidos al delito de  concusión,  pero  no  con  relación al porte ilegal de armas que se imputó al  agente   RINCON   AREVALO,   con   ocasión   de   lo   cual  propuso  colisión  nega­tiva de competencia, a  la   vez   que   ordenó   “fusionar”   la  indagación  prelimi­nar   que  adelantaba  por  los  mismos  hechos, con el sumario remitido por la Fiscalía.   

          3.  El  24  de  junio  de  1996, se vinculó mediante indagatoria al  Suboficial  HECTOR GONGORA TOLOSA y el 6 de agostó al agente PAULO EMILIO CASAS  SANCHEZ;  el  4  de  septiembre  de  1996  el  Juzgado 137 de Instrucción Penal  Militar   resolvió  la  situación  jurídica,  se  abstuvo  de  im­poner  medida de aseguramiento al agente  PAULO  EMILIO  CASAS  SANCHEZ  y  decidió  impartir  detención preventiva, sin  derecho  a libertad provisional, al Suboficial HECTOR GONGORA TOLOSA y al agente  ARGEMIRO RINCON AREVALO.   

          4.  La  providencia  que definió situación jurídica fue impugnada  por  el  defensor  de  RINCON  AREVALO   y  el Tribunal Superior Militar la  ratificó el 17 de  octubre 1996.   

          5.  El  22  de  noviembre  de  1996, el apoderado del señor GONGORA  TOLOSA  solicitó la revocatoria de la medida de aseguramiento, se le respondió  negativamente  el  25  de noviembre del mismo año y, ante la impugnación de la  defensa,  fue  confirmada  por  el Tribunal Superior Militar el 20 de febrero de  1997.   

          6.  El  17  de diciembre de 1996 fue cerrada la investigación, y el  31  de diciembre del mismo año el Juzgado de Primera Instancia del Departamento  de  Policía  de  Boyacá,  profirió  resolución  de convocatoria a consejo de  guerra  sin  intervención  de vocales, en contra de los señores HECTOR GONGORA  TOLOSA, ARGEMIRO RINCON AREVALO y PAULO EMILIO CASAS SANCHEZ.   

          7.  El 20 de junio de 1997 se llevó a cabo el consejo de guerra sin  intervención  de  vocales, y se dictó sentencia el 27 de junio del mismo año.  Los  señores  HECTOR  GONGORA  TOLOSA,  ARGEMIRO  RINCON AREVALO y PAULO EMILIO  CASAS    SANCHEZ    fueron    condenados   a   24   meses   de   pri­sión  como  coautores  del  delito  de  concusión,  decisión  que  fue confirmada íntegramente  el 27 de octubre  de 1997 por el Tribunal Superior Militar.   

          8.  Los  señores  HECTOR  GONGORA  TOLOSA y ARGEMIRO RINCON AREVALO  propusieron  casar  la  sentencia  y  otorgaron  poder  al  abogado  que  venía  representando   al   señor   PAULO   EMILIO  CASAS  SANCHEZ,  defen­sor que interpuso la casación en nombre  de  los  tres  y  presentó  las  corres­pondientes  demandas en tiempo, por lo que se encuentran en la Corte  para decidir sobre su aspecto formal.   

LA DEMANDA  

          1.   Demanda   presentada   a   nombre  del  señor  HECTOR  GONGORA  TOLOSA.   

          Invocó  el defensor la causal primera del artículo 220 del Código  de  Procedimiento  Penal, pues estimó que la sentencia fue violatoria de la ley  sustancial  por  infracción  indirecta  por  errores  de hecho. Relacionó como  primer error que la sentencia  del  Tribunal  Superior Militar estuvo en desacuerdo con la prueba obrante en el  proceso,  pues  el  denunciante  no  reconoció  al  señor GONGORA TOLOSA en la  diligencia   de   reconocimiento   en   fila   de  personas.  Como  segundo  error,  indicó  que “aunque  el  Código  no  establece  como  causal  el error en la  apreciación  de  la  prueba,  si puede anotarse como cargo de la causal primera  que    he   invocado”,   pues   el   de­nunciante únicamente hizo cargos contra  un   agente   de   la  policía  de  ape­llido  RINCON,  y  en  ningún momento se refirió al señor GONGORA  TOLOSA,  a  quien  no  reconoció  en la diligencia de reconocimiento en fila de  perso­nas. Como tercer  error, estimó que el Tribunal hizo  afirmaciones    que   no   correspondían   con   lo   expuesto   y   acreditado  probatoriamente,  pues  si  un subordinado del señor GONGORA TOLOSA recibió un  sobre,  no  por  ello  se  podía  concluir que éste tuviera conocimiento de la  existencia  de  una or­den de  captura;  igualmente, consideró que hubo tergiversaciones en las declaraciones.   

          Solicitó  declarar  la sentencia del Tribunal contraria a la prueba  obrante en el proceso, y en consecuencia casarla.   

          2.  Demanda  presentada  en  representación del señor PABLO EMILIO  CASAS SANCHEZ.   

          Con  transcripción casi literal de la anterior, el defensor invocó  la  causal  primera  del  artículo 220 del Código de Procedimiento Penal, pues  asumió  que  la  sentencia  fue violatoria de la ley sustancial por infracción  indirecta  por  errores  de  hecho. A título de primer  error,   planteó  que  la sentencia del Tribunal  Superior  Militar  se hallaba en desacuerdo con la prueba obrante en el proceso,  pues  se  demostró  plenamente que el señor CASAS SANCHEZ no exigió dinero ni  dádiva  alguna  al  señor  LUIS  FRANCISCO  MOLINA SANDOVAL, quien  no lo  distinguió  en  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas.  El  segundo  error  lo hizo  consistir   en  que   “aunque  el  Código  no  establece  como  causal  el  error  en  la  apreciación  de la prueba, si puede  anotarse  como  cargo  de  la  causal  primera  que  he  invocado”,  pues  el  denunciante únicamente hizo cargos contra un agente de  la  policía  de  apellido  RINCON,  y  en ningún momento se refirió al señor  PABLO  EMILIO  CASAS  SANCHEZ, a quien no reconoció en la diligencia en fila de  personas,  por lo cual se debía invalidar parcialmente la sentencia impugnada y  declarar   que   su   conducta   no   fue   delictiva.   Y   como   tercer  error, estimó que el Tribunal hizo  afirmaciones  que  no  correspondían  con  lo  expuesto  y  acreditado  con las  pruebas,  pues  si el denunciante no reco­noció  al  señor  CASAS  SANCHEZ,  el  Tribunal no podía hallarlo  responsable,  y  por  ello resultó en contrasentido del razonamiento, el debido  proceso y la aplicación de la ley.   

          Manifestó  que  “el proceso adolece de  una  serie  de  ambivalencias,  entre  las  cuales  se  encuentra  la  falta  de  competencia,   la   que   genera   nuli­dad  insalvable”,  pues no se acreditó  en  forma  clara  el  servicio  que  pres­taban  los  procesados,  ni  su  función  específica,  pero sí se  demostró  que  ninguno  tenía  la  misión de cumplir las órdenes de captura,  luego   se   halla­ban  por  “fuera    del    fuero    militar”.  Como  resultado,  señaló,  la competencia para fallar era de la  Justicia   Ordinaria,   por  lo  cual  solicitó  la  nulidad  a  partir  de  la  convocatoria a Consejo de Guerra.   

          En  suma, solicitó declarar la sentencia impugnada violatoria de la  ley  sustancial  y  contradictoria  con la prueba visible en el proceso, y en su  lugar  proferir  sentencia  absolutoria. También pidió decretar la nulidad por  falta de competencia.   

3. La demanda presentada en nombre del señor  ARGEMIRO RINCON AREVALO.   

          Una  vez más, con transcripción casi literal de las anteriores, el  de­fensor planteó la causal  primera  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento Penal. Censuró la  sentencia  por  violar  indirectamente  la  ley sustancial por errores de hecho.  Como  primer  error planteó  que  la  sentencia  del Tribunal Superior Militar se profirió en desacuerdo con  la  prueba  obtenida  en  el proceso, pues plenamente se demostró que el señor  RINCON  AREVALO  no  exigió  dinero  ni dádiva alguna al señor LUIS FRANCISCO  MOLINA   SANDOVAL,   en  cuanto  no  tenía  la  función  de  captu­rar, porque  su función primordial  era  la  de  inteligencia  y  protección  al  sector  bancario,  por lo cual se  acreditó  que en ningún momento acudió ni pudo acudir al lugar de los hechos.  Indicó  que,  en  consecuencia, el fallo desconoció que el señor LUIS ALFONSO  SOTELO   manifestó   que   le  solicita­ron  buscar  al  señor  ARGEMIRO RINCON AREVALO y que lo llevara al  lugar  donde  lo  esperaban  para capturarlo, pues todo respondió a un montaje.  Para    referirse    al   segundo   error,   dijo  que  “aunque  el  Código  no  establece  como  causal  el  error  en  la  apreciación  de la prueba, si puede  anotarse  como  cargo  de  la  causal  primera  que  he  invocado”,  pues  el  denunciante únicamente hizo cargos contra un agente de  la  policía  de  apellido  RINCON,  y  en ningún momento se refirió al señor  ARGEMIRO  RINCON  AREVALO;  además  consideró  sorprendente el hecho de que el  denunciante  no  de­terminara  a   los  supuestos  acompañantes  del  agente  RINCON  en  la  dili­gencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas,  por lo cual estimó que se debía invalidar parcialmente la sentencia  impugnada  y  declarar  que  la  conducta  del  señor  RINCON  AREVALO  no  fue  delictiva.    Y    como    tercer   error,  estimó que el Tribunal hizo afirmaciones que no correspondían a  lo  expuesto  y  acreditado  con las pruebas, pues no había elementos de juicio  que  indicaran  que  se  trataba  del mismo agente RINCON, en atención a que el  denunciante  en  ningún  momento indicó que se trataba de la misma persona que  le  exigió  dinero  días  antes; tampoco había prueba acerca de que el señor  RINCON  AREVALO  supiera  de  la  existencia  de  la  orden de captura contra el  denunciante.      Expuso,      entonces,      que      las     consi­deraciones  del  Tribunal se hallaban en  contra  vía  del  razonamiento,  el  debido  proceso  y  la  aplicación  de la  ley.   

          Afirmó  que  “el proceso adolece de una  serie     de     ambivalencias,    en­tre  las cuales se encuentra la falta de competencia, la que genera  nulidad  insalvable”,  pues no se acreditó en forma  clara  el  servicio  que  prestaban  los procesados, ni su función específica,  pero  sí  se demostró que ninguno tenía la misión de cumplir las órdenes de  captura,  por  lo  cual  se  hallaban por “fuera del  fuero  militar”. Por tanto, continuó, la competencia  para   fa­llar  era  de  la  Justicia  Ordinaria, motivo por el cual  demandó la nulidad a partir de la  convocatoria a Consejo de Guerra.   

          Solicitó  declarar  la  sentencia  impugnada  violatoria  de la ley  sus­tancial y contradictoria  con  la  prueba  obrante  en  el  proceso,  y  en  su  lugar  proferir sentencia  absolutoria.    También    pidió    decretar   la   nulidad   por   falta   de  competencia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  atención  a que las demandas no reúnen  los  requisitos  formales, serán rechazadas, de acuerdo con las previsiones del  artículo   226   del   Código  de  Procedimiento  Penal,  por  las  siguientes  razones:   

          1.  El  trámite  de  la  casación  corresponde  a un procedimiento  rogado  y  de carácter dispositivo, en el cual compete  al  actor  indicar  una  a  una  las  normas  que  encuentra violadas, así como  expresar,   también   minuciosamente,   el   cómo   y   el   por  qué  de  su  aprecia­ción,  esto  es,  demostrar  la  existencia  del  error  y  precisar  su  trascenden­cia, y acreditar  que  de  no  haber  sido  por  el  yerro,  el fallo hubiera sido sustancialmente  diverso,  pues  le está vedado a la Corte suponer o inquirir por el alcance del  cargo  planteado  por  el  censor,  respecto  de  cada  una de las disposiciones  invocadas como violadas.   

2.   El   artículo  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal  establece  unos  específicos requisitos formales que debe  contener    la    demanda    de    casa­ción.  Son:  a)  Identificar  los sujetos  procesales    y    la   sentencia   im­pugnada. b) Sintetizar los hechos juzgados  y  la actuación procesal. c) Señalar la causal que se  aduce  para  pedir la revocatoria del fa­llo,   con  indicación  clara  y  precisa  de  los  fundamentos  de  ella.   d)   Citar   las  normas  que  se  consideran  infringidas.  Y  e),   expresar  las  varias  causales y sus fundamentos en  capítulos  separados,  con proposición subsidiaria de  los cargos que sean excluyentes.   

          3.  Las  tres  demandas omitieron el cumplimiento de las previsiones  legales  requeridas  en  este  procedimiento  especial,  caracterizado  por  los  principios  de  taxatividad,  limitación  y prioridad, pues cuando se invoca la  violación  indirecta  de  la ley -como en el asunto que nos ocupa- el  de­mandante  está  obligado  a  precisar si el error consistió en  omitir  la  apreciación  de  pruebas  obrantes  en  el proceso (falso juicio de  existencia  de  la prueba por omisión), en suponer pruebas que no figuran en el  trámite  (falso  juicio  de  existencia  de  la  prueba  por  suposición),  en  tergi­versar el contenido de  la  prueba  (falso juicio de identidad), en desconocer abierta y ostensiblemente  las   reglas   de   la   sana   crítica,   esto   es,   las   máxi­mas  de  la experiencia, las leyes de la  lógica  o  las  leyes de la ciencia, en considerar pruebas ilegalmente aducidas  (falso  juicio  de  legalidad), o en darles un valor diferente al que la ley les  señala (falso juicio de convicción).   

          4.   Como   cada   causal   trae   consecuencias  diversas  para  el  proceso,    deben  ser  invocadas  en  capítulos  separados,  con  indicación  de  cuáles son principales o subsidiarias, si son  excluyentes.       Los       fundamen­tos   deben  evidenciar  el  error  del  fallador,  con  incidencia  en la ley sus­tancial,   en   los   derechos   o  en  las  garantías  procesales;  todo  lo  cual  fue  omitido por el censor en las tres  demandas  presentadas, en las que no aplicó ninguna de tales reglas.   

          Miradas conjuntamente las demandas, cabe observar:   

1.  En ninguno de sus escritos el demandante  identificó de manera adecuada los sujetos procesales.   

2.  El  demandante  anunció que invocaba la  causal      primera,     esto     es,     la     violación     indi­recta  de la ley sustancial por error de  hecho,  que  desarrolló  a  través  de  tres  (3)  cargos.  Sin embargo,   finalmente,  en  el  caso de los señores ARGEMIRO RINCON AREVALO y PAULO EMILIO  CASAS    SANCHEZ,   invocó   adicional­mente   una   nulidad,   sin   distinguir   cargos   principales   y  subsidiarios, no obstante ser excluyentes.   

Resulta  inconsistente  y  violatorio de los  principios  de  la  lógica  y  de  la  técnica de casación, que el demandante  censurara  la  sentencia  por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial por  errores  de  hecho, y simultáneamente, sin invocar la subsidiariedad del cargo,  también   la  reprochara  por  haber  sido dictada en un juicio viciado de  nulidad,  entremezclando  cuestionamientos  determinantes  de  la  competencia y  probatorios,  con  lo cual viola el principio de no contradicción, pues algo no  puede  ser  y  no ser a un mismo tiempo. O la sentencia violó indirectamente la  ley  sustancial  por errores de hecho, o  fue dictada en un proceso viciado  de  nulidad,  pero  no  ambas  cosas  a  la  vez.  Tal  planteamiento, entonces,  constituye  grave  error  de  técnica,  toda vez que no precisa la relación de  accesoriedad entre una y otra imputación a la sentencia.   

3.  Como  se  sabe,  si  se  invocan  varias  causales  de  casación,  dentro  de  ellas   la tercera, de acuerdo con el  principio  de  prioridad  lo relacionado con la búsqueda de anulación debe ser  formulado  en  primer  lugar  y  lo  vinculado  con otras causales tiene que ser  propuesto en forma subsidiaria. El defensor no lo hizo.   

4.  Aunque  el  censor  planteó en las tres  demandas,  tres  cargos  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, es  evidente  la  total  ausencia  de  técnica  en la presentación, formulación y  desarrollo de ellos, como se pasa a demostrar.   

          5.  No  precisó el sentido de los errores de hecho. No le preocupó  se­ñalar,      ni  demostrar,   si  se  trataba de falso juicio de existencia, de falso juicio  de identidad o de error por falso raciocinio.   

6.  Tampoco  señaló   los efectos que  tenían  los  yerros  probatorios que esboza, en la ley sustancial. Es decir, no  comprobó  que  tales  fallas hubieran conducido a inaplicación o a aplicación  indebida de ésta.    

7.  Si  bien  el  demandante  relacionó las  normas  que  en  su  criterio  fueron violadas, tales como el artículo 29 de la  Constitución,  o  los  artículos 247 y 254 del Código de Procedimiento Penal,  no  indicó  la  forma  en  que  se  produjeron  los  yerros que condujeron a la  violación  de cada una de ellas. Como es claro, no basta indicar las normas que  se  creen   violadas  sino que es menester detallar  el yerro, mostrar  cómo  se  produjo,  dónde se ubicó, cuál fue su injerencia en la aplicación  indebida    o    falta    de    aplica­ción  de  la  ley  sustancial,  y  por  qué se violaron las normas  sustanciales.   

8. El defensor también omitió señalar una  a   una  las  pruebas  que  fueron  indebidamente  valoradas,  distorsionadas  o  tergiversadas  por  los falladores. Debe recordarse que si lo que pretendía era  quebrar  una  deci­sión de  segunda  instancia, revestida de la presunción de legalidad y acierto,  le  resultaba  insuficiente  manifestar  que  el  Tribunal  erró  pues su posición  “está  en  desacuerdo  con la prueba obrante en el  proceso”.          Le         co­rrespondía   al  censor  adentrarse  a  precisar,   una a una,  las falencias de apreciación que criticaba al  Juez   y,  sin  embargo,  se  abstuvo  de  hacerlo.  Pero,  además,  igualmente  importante,  le  competía demostrar concreta y suficientemente la trascendencia  de  los  yerros comprobando que de no haber sido por ellos, la decisión habría  sido otra, diferente a la tomada. Tampoco lo hizo.     

9. Leídas las demandas, se observa un anhelo  inocultable  en el de­fensor:  quiso  oponer  a  lo  hecho  por el Tribunal en materia probatoria, lo hecho por  él,  es  decir,  propuso un enfrentamiento entre su parecer probatorio y el del  Juez,  con  el  ánimo  de  que la Corte, mirando uno y otro, optara por éste o  aquél.  La  falencia  del  letrado fue grande pues, como debe recordarse,   tal  mecanismo es imaginable en los debates en  las instancias, mientras la  Corte,  en  casación,  no actúa como tal. Su participación se cir­cunscribe  a  una  fase  extraordinaria,  totalmente  ceñida al examen de la legalidad de la sentencia impugnada, siempre  con base en la proposición que exactamente haga el demandante.   

10.  En  las demandas, el defensor acudió a  otro        mecanismo:        frag­mentariamente,  fuera  de la globalización probatoria, hizo uno que  otro  reproche  y  luego  generalizó  con  el  propósito  de mostrar un cuadro  totali­zante  de  errores.  Olvidó  que  nuestro  sistema  probatorio  se rige, sobre todo, por la libertad  probatoria   (   artículo   253  C.  de.  P.  P.  ),  por  la  apre­ciación   conjunta   de   los   hechos  demostrativos  y  por  el  principio  de  la sana crítica ( artículo  254  ibídem  ).  Siendo  así,  el  casacionista tenía el deber de derribar toda la  prueba  o,  por  lo menos, aquella que por sí sola tuviera capacidad suficiente  para  mantener  en  pie  la  sentencia objetada.  Si no lo hizo así, si no  comprobó  la  insuficiencia  del material probatorio que no había atacado para  sostener   el  fallo,  el  reproche  le  resultó  exiguo  y,  por  tanto,   improcedente.   

Además  de lo anterior, referido a los tres  libelos, específicamente, se observa frente a cada demanda.   

11.  Demanda  respecto  de  HECTOR  GONGORA  TOLOSA.   

a) En la “Causal  aducida”  criticó  que  se le hubiera acreditado la  comisión    consumada    del    delito,     y    en    los    “Fundamentos”   de   la  misma   agregó  que  por  haber  supuesto  e  ignorado  pruebas,  el Tribunal lo halló  responsable  cuando  no  intervino  en  la  concusión  pues  nunca  acudió  al  lu­gar de los hechos. Lo uno  no   explica  lo  otro  y,  por  tanto,  el  planteamiento  carece  de  lógica.   

b)  Pretendió  que  la  Corte  invalidara  parcialmente    la    sentencia   impug­nada  y  en  su  lugar  reconociera que GONGORA no había desplegado  conducta    delic­tiva.  Posteriormente,  tras  aducir “apreciación errónea  de  la  prueba”, acusó la sentencia de haber dejado  de  aplicar  los  artículos 247 y 254 del Código de Procedimiento Penal,   para  después  añadir:  “Es de anotar que en este  momento  no  se  discuten los hechos. Por el contrario lo que se controvierte es  el   análisis  realizado  por  parte  del  juzgador  para  llegar  a  tomar  la  determinación   final”.    Este   revoltillo,  francamente,       es       indesci­frable.   

c) Por último, pidió casar el fallo, luego  de  afirmar  que  “La  presente  censura  contra la  sentencia  recurrida  dictada  por el Honorable Tribunal Penal Militar, debe ser  declarada  por  la  Honorable  Corte  Suprema  de  Justicia,  en armonía con la  Jurisprudencia  Nacional  y  la  Doctrina  violatoria  de  la  Ley  sustancial y  contradictoria     con    la    prueba    obrante    en    el    pro­ceso…”.  No  solamente  no  dijo cuáles serían las consecuencias una vez ca­sada la sentencia sino que, en realidad,  la solicitud final es ininteligible.   

12.  Demanda  a  nombre  de  PABLO  EMILIO  CASAS.   

          a)  Reprochó  el fallo en cuanto a la apreciación de la prueba por  el  Juez.  Sentó  su  criterio  sobre  algunos  testimonios,  lo  opuso  al del  Tribunal,  pero  no  explicó  cuáles fueron los yerros sobre los elementos que  componen  la sana crítica, vale decir, respecto de las leyes de la ciencia, los  principios  lógicos  y  las  reglas  de la experiencia y, menos, expuso cuáles  leyes, principios o reglas han debido ser los aplicados.   

          b)  Al  terminar,  solicitó  casar  la  sentencia por violar la ley  sustan­cial   y  por  ser  contradictoria  con  la  prueba  obrante  en  el proceso, a la vez que requirió  proferir  sentencia  absolutoria  porque  PABLO  EMILIO CASAS en ningún momento  había  delinquido.  A esta formulación ambigüa le siguió otro paso en falso:  luego,  con  evidente  ruptura del principio de prioridad, impetró “…decretar  la  nulidad del proceso a partir de la convocatoria  a    Consejo    de    Guerra,   por   falta   de   competencia…”.   

          13.     Demanda    en    representación    de    ARGEMIRO    RINCON  AREVALO.   

          Este  escrito  es  exactamente  igual al anterior y por consiguiente  merece   el   mismo   análisis,   especialmente   en   torno   a  la  petición  final.   

          Como  las  tres  demandas padecen  graves e insalvables errores  de  técnica  tanto en su presentación formal como en la formulación del cargo  y  su  desarrollo,  no  satisfacen los requisitos legales para conocer de ellas.  Como  consecuencia,  los  recursos interpuestos serán declarados desiertos, con  fundamento en el artículo 226 del Código de Procedimiento Penal.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la   Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.   Rechazar las demandas de casación  presentadas  a  nombre de los señores HECTOR GONGORA TOLOSA, PABLO EMILIO CASAS  y   ARGEMIRO   RINCON  AREVALO,  por  no  reunir  los  requisitos  formales.  En  consecuencia,   declarar  desiertos  los  recursos interpuestos, de acuerdo  con  las  previsio­nes  del  artículo 226 del Código de Procedimiento Penal.   

2. En virtud de lo dispuesto en el artículo  197  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este auto no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL              JORGE.  CORDOBA    POVEDA                         

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS     E.    MEJIA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *