14644abr

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14644  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 051  

          Santafé de Bogotá, D. C., tres de abril de dos mil.   

VISTOS  

          En  relación  con  la  sentencia  de  segundo  grado dictada por el  Tribunal  Superior  de  Cali,  fechada  el  17  de  febrero de 1998, el defensor  público  del  procesado  FRANKLIN  SÁNCHEZ  MOSQUERA  presentó  oportunamente  demanda   de   casación,   cuya   calificación   formal   se   hará  en  este  proveído.   

          El  acusado  Sánchez Mosquera  fue  condenado a la pena principal de veintiséis (26) años y dos  (2)  meses  de prisión, como autor del concurso de hechos punibles de homicidio  simple y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          De  acuerdo  con  las  declaraciones  de los fallos de instancia, el  día  6  de  agosto de 1995, aproximadamente a las 3 de la mañana, el individuo  FRANKLIN  SÁNCHEZ  MOSQUERA,  en  compañía  de  otros  sujetos  que  con  él  integraban  las “Milicias de Charco Azul”, llegó al barrio del mismo nombre  en  la ciudad de Cali, con el fin de enfrentar a JESÚS BURBANO PALADINES, quien  antes  también  había chocado físicamente con Tomás  de   Aquino   Mosquera.    En  el  curso  de  la  confrontación,      el      acusado      Sánchez  Mosquera  fue  herido con arma cortopunzante, pero él  accionó  un  arma de fuego con la cual le produjo lesiones a su contrincante, a  la  señora GLORIA EDILMA CASTILLO MUÑOZ, compañera permanente de Burbano  Paladines,  y  a sus hijos OMAR y  JOSÉ  MANUEL  GÓMEZ CASTILLO, quienes habían salido de su casa al escuchar la  algarabía.   

          La  mujer  lesionada  falleció  posteriormente en las urgencias del  hospital Universitario de Cali.   

          Abierta  la  instrucción  por la Unidad Tercera de Vida, Libertad y  Pudor  Sexuales  de  Cali,  fue  oído  en  indagatoria el imputado Franklin   Sánchez   Mosquera,  a  quien  después  se  afectó con medida de aseguramiento de detención preventiva, como  presunto  autor  de los delitos de homicidio, lesiones personales y porte ilegal  de arma de fuego de defensa personal (fs. 25, 76 y 79).   

          Posteriormente,  la  Fiscalía  ordenó  el  cierre  parcial  de  la  investigación      respecto      de      Sánchez  Mosquera  y  dispuso  la  continuidad  de  la misma en  relación  con  el imputado HÉCTOR ASPRILLA (aún no vinculado), acto a través  del  cual  se  llegó  a la calificación sumarial hecha el 25 de junio de 1996,  por  medio  de  la  cual  se  acusó  al  procesado por los delitos de homicidio  agravado  por  la  indefensión  y  porte  ilegal  de  arma  de fuego de defensa  personal,  previstos  en  los artículos 323 y 324-7 del Código Penal y 1° del  Decreto  3664  de  1986.   En  la  misma decisión, la fiscal determinó la  expedición  de  copias  para  que  se  investigara  por  separado  las lesiones  inferidas a otras víctimas (fs. 121 y 136).   

          La  acusación  quedó ejecutoriada el 18 de julio de 1996, fecha en  la  cual  se  declaró  desierto  el  recurso  de  apelación  interpuesto  (fs.  152).   

          El  Juzgado  Séptimo Penal del Circuito tramitó el juicio y dictó  fallo  de  primera  instancia  el  20  de  octubre  de  1997, por medio del cual  decidió    la    condena    del   acusado   Sánchez  Mosquera  a la pena principal de 26 años y 2 meses de  prisión,  como autor de los injustos de homicidio simple y porte ilegal de arma  de   fuego   de  defensa  personal,  al  igual  que  la  sanción  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por un lapso de 10 años (fs.  327).   

          La  sentencia fue confirmada en segunda instancia por el Tribunal en  el fallo que ha sido objeto de casación (fs. 360).   

LA DEMANDA  

          El  impugnante  invoca la causal primera de casación, en el sentido  de  una  violación  indirecta de la ley sustancial, por presunto error de hecho  como  falso  juicio  de  identidad  en  la  apreciación  de  los testimonios de  Jesús   Burbano  Paladines,  María  Eugenia  Chapal  Castañeda, Omar, Manuel José y Jonathan Gómez Castillo.   

          Explica  que  las  mencionadas  pruebas están plagadas de evidentes  inconsistencias,  incoherencias  y  contradicciones,  a  pesar  de  lo  cual  el  Tribunal  les  dio  plena  credibilidad, actitud que en cambio no asumió con el  testimonio  de  Tomás  de  Aquino  Moreno  y  el  de  otro grupo de personas que, por el contrario, no fueron  valorados.   

          Agrega  que  hizo  un “estudio pormenorizado” de los mencionados  testigos  de  cargo en la audiencia pública, según el cual los deponentes, que  son  parientes  de  la  occisa,  ostentaban  un  bajo  grado  de  instrucción y  rindieron  testimonio  “bajo  un  entendible afán de justicia”, lo cual los  llevó  a exagerar el número de agresores y de armas utilizadas, pero que tales  observaciones  no  fueron  atendidas  en  ninguna  de las instancias.  Dice  también  que los testigos han rebasado “el límite como fuente de verdad” y  que  es allí donde se desborda “el sentido común y se constituye el yerro”  (fs. 401 y 402).   

          Reconoce  que la sentencia de segundo grado le dio cumplimiento a lo  establecido  en  el artículo 254 del Código de Procedimiento Penal, con el fin  de  ofrecer  las razones por las cuales no se aceptaron los planteamientos de la  defensa  sobre  el  examen conjunto de los testimonios recibidos, no obstante lo  cual   prefiere   prolongar   su   disenso  aún  en  el  trámite  del  recurso  extraordinario de casación.   

          Solicita    a    la    Corte   que   case   el   fallo   objeto   de  impugnación.   

EXAMEN FORMAL DE LA DEMANDA  

          De  acuerdo con el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal,  atinente  a  los  requisitos formales de la demanda, no basta la enunciación de  la  causal  y  la fomulación del cargo, sino que es imperativo indicar en forma  clara  y  precisa  los  fundamentos  del  ataque  y las normas que el impugnante  estima infringidas.   

          Aunque  el recurrente alude a un error de hecho como “falso juicio  de  identidad”,  lo  curioso es que el texto mismo del libelo examinado exhibe  la  razón  fundamental por la cual el fallo no podía ser atacado en casación,  pues   admite   que  el  Tribunal  acudió  al  artículo  254  del  Código  de  Procedimiento  Penal para hacer un examen racional y conjunto de la prueba y, de  contera,  rechazar  las  valoraciones probatorias propuestas por la defensa, sin  embargo  de  lo  cual  es su voluntad trasladar el debate probatorio a esta sede  extraordinaria (fs. 401).   

          Si  ello  es  así,  como  lo expone y reconoce el actor, no podría  adjudicársele  errores  de  hecho  a la valoración probatoria del ad   quem,  entendidos  en  este  momento  procesal  como  vacíos  protuberantes  en  el  examen  del  juzgador (no de los  testigos)  en materia de lógica y experiencia común o científica, mas no como  meras  discrepancias  de  valoración probatoria tocadas por el interés que con  ahínco se defiende.   

          Por  otra  parte,  si  se diera pábulo al falso juicio de identidad  (aunque  el  actor  parece  objetar  más  bien  el  raciocinio judicial), en el  memorial    simplemente   se   afirmó   la   existencia   de   contradicciones,  inconsistencias  e  incoherencias  en  los  testimonios  de  cargo, mas nunca se  identificaron  tales  anomalías  en  su tenor, pues no basta una remisión a lo  hecho  por  las partes en la audiencia pública, dado que la demanda debe ser un  escrito  autosuficiente  y  la  Corte  no  podría  escoger  a  su  talante  las  observaciones  que  supuestamente  interesaran  al  cometido  del recurrente, en  detrimento del carácter eminentemente rogado de la impugnación.   

          También  se  refiere  el  demandante  a  un  grupo  de  testimonios  favorables  a  la  causa  de  su  defendido,  los  que  supuestamente  no fueron  apreciados  por  el  Tribunal,  pero ni siquiera los individualiza como para que  con   cierta  largueza  se  admitiera  la  sugerencia  de  un  falso  juicio  de  existencia.   

          En  fin, el impugnante apenas alcanza a esbozar un disentimiento con  la  valoración  que  hizo  el  Tribunal de la prueba, pero ni siquiera hace una  presentación  razonable  de  la  que  en su conciencia debió hacerse y dar los  argumentos  por  los  cuales  debía  prevalecer  hasta el punto de mostrar como  absurda la primera.   

          Adicionalmente,  si de violación de normas de derecho sustancial se  trata,  tampoco  el  actor  enuncia las que fueron objeto de transgresión ni el  concepto que llegase a identificar el menoscabo.   

          Por   carencia   de   requisitos   formales,   se   inadmitirá   la  demanda.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Rechazar  in limine la demanda de casación  presentada  por  el  defensor del procesado FRANKLIN SÁNCHEZ MOSQUERA.  En  consecuencia, se declara desierto el recurso.   

          De   acuerdo   con   los   artículos  197  y  226  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   no   procede   recurso   alguno   en   contra  de  esta  decisión.   

          Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL          JORGE ENRIQUE  CÓRDOBA     POVEDA                       

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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