13693dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 13693  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 210  

Bogotá,  D. C., quince (15) de diciembre del  año dos mil   

VISTOS  

          El  11  de  diciembre de 1996, el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  San  Juan  de Pasto condenó a MERCEDES GAVIRIA DE  BARBATO   y   a  GUILLERMO  EDMUNDO  ESPAÑA  CORDOBA  a  la  pena  de  un año de  prisión  e  interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo lapso,  como autores del delito de falso testimonio.   

Igualmente,  les impuso el pago solidario del  equivalente  en  moneda  nacional  a 170 gramos oro, como indemnización por los  daños  materiales y morales fruto de la infracción, a favor de Sonia Esperanza  Bernal Rodríguez.   

En  la  misma  providencia,  absolvió  a la  señora    GAVIRIA    DE    BARBATO    de  los  cargos por los delitos de falsedad en documentos, tentativa  de estafa, fraude procesal y falsa denuncia.   

El  14 de mayo de 1997, el Tribunal Superior  de la misma ciudad confirmó íntegramente la decisión.   

              El  apoderado  de la parte civil  interpuso  recurso de casación. La Corte, ahora, se ocupa de resolver el mismo.   

HECHOS  

          Electromercantil  Ltda., empresa de propiedad de los esposos Martín  Alonso  Acosta  Vargas  y  Sonia  Esperanza Bernal Rodríguez y representada por  esta  última,  en desarrollo de las relaciones comerciales que desde el año de  1989  sostenía con Electropasto Ltda., legalmente representada por Mercedes  Gaviria  de Barbato, adquirió a  crédito  algunos  electrodomésticos  en el mes de noviembre de 1990, cuyo pago  garantizó  mediante  la  expedición  de  un pagaré en blanco y tres letras de  cambio  por  el monto de la obligación que se cancelaría mensualmente y varios  cheques, títulos todos suscritos por la señora Bernal.   

También  el señor Acosta Vargas giró como  garantía  una letra de cambio en blanco que, debido al retraso en el pago de la  obligación,    llenó   la   señora   Gaviria   de  Barbato    por    valor    de    $    3’377.645  y  la endosó a Jaime Núñez  Escribano,  quien  el  13  de febrero de 1991 la hizo valer en proceso ejecutivo  que se adelantó en el Juzgado Tercero Civil del Circuito de Pasto.   

          El  11  de  abril  de 1991, no obstante que ya se había iniciado el  cobro  judicial  y  practicado  el  embargo  y  secuestro de bienes de la pareja  Acosta-Bernal,    la   señora   Gaviria  formuló denuncia contra la señora Bernal por la falta de pago de  6  cheques  supuestamente  girados por compra de electrodomésticos realizada en  el  mes  de  enero  del  mismo  año,  pero que en realidad hacían parte de los  títulos    entregados    en    garantía   por   la   negociación   del   año  anterior.   

          Concluido  el proceso penal con preclusión de la investigación, el  Juzgado  Primero Penal Municipal que lo adelantó ordenó investigar la conducta  de la denunciante y del testigo Guillermo Edmundo España Códoba.   

          También  los  esposos  Acosta-Bernal  denunciaron  penalmente a los  señores  Gaviria de Barbato  y  Núñez Escribano por los delitos de fraude procesal, falsedad y tentativa de  estafa.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Recibida  la  denuncia  en  febrero  5  de  1993,  el 15 de marzo la  Fiscalía  13  de  San  Juan  de  Pasto  decretó la apertura de instrucción y,  después  de  escuchar  en  indagatoria a los sindicados, en agosto 5 de 1994 se  abstuvo  de decretar medida de aseguramiento (Fl. 797), decisión confirmada por  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior.   

          Mediante  resolución  de  septiembre  9 de 1994, por estimar que se  trataba  de  los  mismos hechos que investigaba, el instructor dispuso agregar a  éste  el  sumario  que otra fiscalía adelantaba contra la señora Gaviria  y Guillermo Edmundo España (Fl.  888),   quien   más   tarde   sería   escuchado   en  indagatoria  y  resuelta  favorablemente su situación jurídica (Fl. 1534).   

         

Cerrada   la   investigación,  un  fiscal  seccional  expidió  el  30  de octubre de 1995 resolución de acusación contra  Mercedes    Gaviria    de    Barbato   por  los  delitos  de  falso  testimonio,  ocultamiento de documento  privado,  estafa  en  el grado de tentativa, falsa denuncia y fraude procesal, y  por  falso  testimonio  contra Guillermo Edmundo España, y les dictó medida de  aseguramiento,  a  la  vez  que  precluyó  la  investigación  a favor de Jaime  Núñez Escribano (Fl. 1650).   

          Confirmada  la  decisión  por la Fiscalía Segunda Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  San  Juan  de  Pasto  el  20  de  diciembre  de 1995, le  correspondió  adelantar  la  etapa del juicio al Juzgado 8º Penal del Circuito  de  la  misma  ciudad, el cual dictó la sentencia ya reseñada, que luego fuera  ratificada por el Tribunal Superior.   

LA  DEMANDA   

          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, cuerpo primero,  el  apoderado  de  la  parte  civil  censura  la  sentencia por violar de manera  directa  la  ley  sustancial  por  indebida  aplicación  del  artículo 247 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  la consecuente falta de aplicación de los  artículos  224,  356,  22,  167  y 182 del Código Penal, lo que dio lugar a la  absolución   de   Mercedes   Gaviria   de   Barbato  por  los delitos de ocultamiento de documento privado,  estafa   imperfecta,   falsa   denuncia  contra  persona  determinada  y  fraude  procesal.   

          Dice   que  el  Tribunal  aceptó  varios  supuestos  de  hecho  que  tipifican  los  delitos  por  los  que  la  absolvió,  como  que en realidad la  procesada  había  denunciado  por estafa a Sonia Esperanza Bernal Rodríguez no  obstante  saber  que los cheques correspondían a la misma obligación que se le  cobró  ejecutivamente  a  Martín Alonso Acosta Vargas, que omitió suministrar  esa  información  y  que  ocultó cuatro de los diez títulos. Por lo tanto, lo  procedente  era  que  el  ad  quem,  para actuar consecuentemente, la condenara.   

          Cuestiona  las  conclusiones expuestas por el Tribunal para exonerar  de  responsabilidad  a  la señora Gaviria,  relacionadas  con  la  falta  de  juramento  respecto de la falsa  denuncia  o,  para  desvirtuar  la  falsedad,  el  poder  de disposición de los  cheques  que  le permitía a la procesada utilizarlos como estimara conveniente.   

          Más   adelante,   en  un  capítulo  que  denomina  “proposición  jurídica   completa”,   manifiesta  que  la  no  aplicación  de  las  normas  sustantivas  perjudicaron  los  intereses  de la parte civil, porque fueron esos  delitos  los  que  ocasionaron  incalculables  perjuicios  morales y materiales.  También  le reprocha al Tribunal haber dejado de aplicar los artículos 13 y 61  del  C.  de.  P.  P.  y,  a modo de continuación de su demanda, se refiere a la  tipificación del fraude procesal.   

          Concluye  con  la  petición  de  que  se case la sentencia y, en su  lugar,  se  condene  a  Mercedes  Gaviria   por   todas  las  conductas  que  le  fueron  reprochadas  en  la  resolución  de  acusación;  se compulsen copias para investigar otros hechos y  personas;  se  condene al coprocesado España por falso testimonio; se ordene la  cancelación  de los registros efectuados con ocasión del remate de un inmueble  del   señor   Acosta   Vargas   y   se   invalide   el  remate  de  los  bienes  muebles.   

          Finalmente,  sin  sustento  ni  cuidado,  pide  que  se  condene  en  perjuicios  materiales  por la suma de treinta millones de pesos y en perjuicios  materiales (sic) por valor de cuatro mil gramos oro.   

NO  RECURRENTE   

          En   uso   del   traslado,   el   defensor   de  doña  MERCEDES  GAVIRIA  DE  BARBATO  presentó  escrito  de oposición orientado a demostrar el incumplimiento de los requisitos  formales  de  la  demanda  y  a  enseñar  cómo  se trataba más que todo de un  escrito  propio de las instancias. Igualmente, indicó que a pesar de que había  sido  presentada  como  causal  la  violación  directa de la ley sustancial, el  impugnante  hizo análisis probatorio, por fuera del contenido del artículo 225  del  C.  de.  P. P. Pidió, entonces, declarar desierto el recurso y retornar el  expediente al Tribunal de Pasto.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO   

          Después  de  precisar  que  el  interés  de  la  parte  civil para  recurrir  en  casación  se  limita  a  los aspectos que tengan relación con la  indemnización  de  perjuicios  y,  específicamente  en  eventos  de decisiones  absolutorias  totales  o  parciales, sólo en cuanto la determinación coarte el  derecho  al  resarcimiento,  aborda  la Delegada el examen de la técnica que se  debe  observar  cuando  la impugnación alude a las cuestiones penales y civiles  del  fallo  para  concluir  que, en este caso, el censor no se refirió al punto  que  era  de  su  incumbencia  y  se  dedicó  a  reprochar el aspecto puramente  penal.   

Destaca cómo el demandante omitió explicar  la  incidencia  de las absoluciones en su pretensión compensatoria, no formuló  el  correspondiente  cargo con apoyo en el estatuto procesal civil y únicamente  hizo     tangencial     referencia     a     los     perjuicios     –que  reputa incalculables- sin indicar  el  camino  normativo  ni  probar  las  razones  por  las  que  se deba casar la  sentencia.   

          Concluye  que  el  cargo  se  debe  desestimar,  porque el libelista  desbordó  las  facultades  impugnatorias  y  omitió  repetidamente cumplir las  reglas de método para la procedibilidad del recurso.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Como  lo  tiene  suficientemente  dilucidado la jurisprudencia de la  Sala,  si  el  ejercicio  de la acción civil dentro del proceso penal tiene por  objeto  el  resarcimiento  de  los  daños  y  perjuicios  causados por el hecho  punible  y el presupuesto para lograrlo lo constituye obviamente la declaratoria  de  responsabilidad  de  quien  con  su acción u omisión dio lugar a ellos, su  interés  para  cuestionar  en  sede  de casación una sentencia ha de limitarse  exclusivamente  a  la  discusión  de  su  reconocimiento  o  de su monto si fue  condenatoria  –y  en  tal  caso  se  deben  tener  en cuenta las causales y la cuantía establecidas en las  normas  que  regulan  la  casación  civil  (artículo  221 del C. de. P. P.)- o  podrá  extenderse  a  los aspectos penales del fallo cuando la decisión incida  de  manera  directa,  total  o  parcialmente,  en  el  éxito  de su pretensión  resarcitoria.   

          En  este  último caso, que podría presentarse, por ejemplo, cuando  la  sentencia de condena no tuvo en cuenta una circunstancia que daba lugar a un  monto     mayor     de     la     indemnización1   

o   esta   disminución  obedece  a  la  calificación           del           hecho2   

o  cuando se condena por unos delitos y se  absuelve   por   otros   que   influyen   definitivamente   en   la  pretensión  indemnizatoria3   

o cuando se exonera de responsabilidad por  todos             los             delitos4, se pueden formular los cargos  “en  la  misma  demanda  en capítulos separados, pero respecto de cada uno de  los   tópicos   que   pretende  cuestionar  se  deben  reunir  sus  respectivos  requisitos,  es  decir,  para  lo  primero  la  pena máxima prevista, y para lo  segundo   la   cuantía   que   en   ese   momento   se   exija   en   casación  civil”.5   

          En  cualquiera  de  estos  eventos  se requiere, desde luego, que la  censura  del demandante respecto de la cuestión penal incida directamente en el  tema  de  los  perjuicios,  lo cual ha de ser claramente planteado en el escrito  porque  de  lo  contrario,  desvinculado  el  ataque a la sentencia de cualquier  pretensión  económica,  el  reproche del representante judicial de la víctima  no   pasará  de  ser  la  expresión  de  un  deseo  de  venganza  –como   lo   recuerda   el  Ministerio  Público-  cuya  finalidad  se  dirige  exclusivamente  a  hacer más gravosa la  situación  del  condenado.  Tal  falta  de  relación  o  vínculo  entre ambos  tópicos implicará, entonces, la falta de interés para recurrir.   

          Se  advierte  aquí,  precisamente,  el  equívoco en que incurre el  casacionista,  quien sólo atina a señalar, en una anotación de último minuto  desvinculada  por  completo  del  texto  de  la  demanda, que en la sentencia de  reemplazo  se condene al pago de perjuicios por unos montos que, valga anotarse,  superan  inclusive  los  solicitados  en  la demanda6. Nada explica de dónde surgen  esos  valores,  si  todos  los  delitos  o  sólo  alguno  o  algunos  de  ellos  ocasionaron  daño  a  sus  poderdantes,  en qué proporción contribuyeron a la  cifra  total  que  se  demanda,  etc.,  lo  cual le impide a la Sala, so pena de  violar  el  principio  de  limitación  que  rige  la casación y de extremar al  máximo   el   principio   de  rogación,  hacer  cualquier  pronunciamiento  al  respecto.   

          De  manera  que  si el análisis del tema penal que el demandante le  propone  a  la  Sala  no  puede  repercutir  en  el  civil  dada  la  inadecuada  formulación  del  cargo,  ningún  objeto tendría abordar el estudio de aquél  como que, indefectiblemente, la censura está llamada a fracasar.   

          Y  como  el  tema de los perjuicios no ha sido en realidad objeto de  preocupación  para el casacionista, es apenas obvio, como en realidad ocurrió,  que  la  demanda  se  desentienda  por completo de formular cualquier censura al  amparo  de  la  causal que fuese pertinente según las previsiones contenidas en  el Código de Procedimiento Civil.   

          En consecuencia, no se casará la sentencia impugnada.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

No casar la sentencia recurrida.  

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

                    EDGAR LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

No hay firma  

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                  JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUÉS                    CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR           

                                                    No  hay  firma           

ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                  NILSON PINILLA PINILLA   

                                     No   hay   firma                                                 

TERESA     RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria    

1 Como  cuando  la  sentencia  reconoce una atenuante que implica rebaja en la pena y en  la  obligación  indemnizatoria  (cfr.  auto de marzo 22 de 2000, M.P. Dr. Mario  Mantilla Nougués, rad. 15008).   

2 Para  la  tasación  de  los perjuicios “no es lo mismo que al acusado se le condene  por  un  delito intencional, sin atenuantes, o que se le reconozca la diminuente  prevista  en  el  artículo 60 del Código Penal…”. (Sentencia de febrero 25  de 1993, M.P. Dr. Guillermo Duque Ruiz, rad. 7342).   

3 “En  principio,  resulta dable afirmar que el número de hechos punibles incide en el  reconocimiento  y  concreción  de  los  perjuicios,  pretensión  que define el  interés  de  la  parte  civil  en  el  proceso  penal. Esa incidencia se exhibe  lógica,  no  sólo  por  el  aspecto  meramente cuantitativo (más hechos, más  daño)  sino  porque  incuestionablemente  esa  “pluralidad” le amplía a la  parte  civil  el  campo  de  posibilidades  para  obtener  el  reconocimiento de  perjuicios”  (Auto  de febrero 26 de 1992, M.P. Dr. Guillermo Duque Ruiz, rad.  6681).  En  el  mismo  sentido,  sentencia  de  mayo  29  de 2000, M.P. Fernando  Arboleda Ripoll, rad. 16441.   

4 Cfr.  sentencias  de  febrero  25 de 1985, M.P. Dr. Carreño Luengas y mayo 7 de 1990,  M.P. Dr. Mario Mantilla Nougués.   

5  Sentencia  de  julio 30 de 1996, M.P. Dr. Ricardo Calvete Rangel,  rad.  8905,  reiterada  en  sentencia  de  septiembre  9 de 1998, M.P. Dr. Jorge  Aníbal Gómez Gallego, rad. 10516.   

6 Que  el  juez  no  puede fallar más allá o por fuera de lo pedido en la demanda, es  tema  del  que la Sala se ha ocupado, por ejemplo, en la sentencia de febrero 18  de 2000, M.P. Dr. Carlos E. Mejía Escobar, rad. 12963.     

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