13500may

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 13500  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

APROBADO ACTA No. 083  

Santa Fe de Bogotá, D.C., diecinueve (19) de  mayo del año dos mil (2000).   

VISTOS  

Resuelve   la   Sala,  de  fondo,   lo  relacionado  con  el recurso de casación interpuesto por el Defensor del señor  JESUS  GREGORIO  ACOSTA  PICON  contra  la  sentencia  proferida por el Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Santa Marta, mediante la cual fue condenado a  28  años  de  prisión como autor de los delitos de homicidio y porte ilegal de  armas de defensa personal.   

HECHOS  

Aproximadamente  a las 11. 00  P. M. del  19  de  diciembre de 1994, al frente de la funeraria La Americana de Santa Marta  (  Magdalena  ),  el  señor  JESUS  GREGORIO ACOSTA PICON  abordó el taxi  conducido   por   don   ADAULFO   ELIAS   SIERRA   MONTERO.   Por  la  vía  del  Ferrocarril,   a  la altura del puente El Mayor, el pasajero que se hallaba  ubicado  en  el asiento de adelante le disparó en varias ocasiones al conductor  del  taxi,  causándole  la  muerte.  El  agresor   fue  capturado momentos  después por agentes del D.A.S.   

ACTUACION PROCESAL  

          1.        El  20  de  diciembre  de  1994,  la Fiscal 15 de la Unidad Previa y  Permanente  profirió resolución de apertura de la instrucción. El mismo día,  el  señor  ACOSTA  PICON  fue  oído en indagatoria por la Fiscalía 5ª. de la  Unidad  de  Delitos  contra  la  Vida,  Despacho  que  resolvió  su  situación  jurídica  el 22 de diciembre de 1994, para imponerle detención preventiva, sin  libertad provisional.   

          2.        El  25 de enero de 1995, el señor ACOSTA y su apoderado solicitaron  se  fijara  fecha  y  hora  para  la  realización de la diligencia de audiencia  especial  establecida  en  el artículo 37 A del C. de. P. P. Mediante decisión  del  7  de  febrero  de  1995,  la  solicitud fue rechazada por ausencia de duda  probatoria.  Ante  ello, el defensor pidió sentencia anticipada y la Fiscalía,  estimándola viable, determinó fecha y hora para su realización.   

          3.        El  14 de febrero de 1995, el señor ACOSTA PICON otorgó poder a un  nuevo  apoderado.  Este,  al  inicio  de  la diligencia de sentencia anticipada,  pidió  se  suspendiera  indefinidamente pues tenía interés en la práctica de  unas  pruebas, requerimiento al que accedió la Fiscalía. Sin embargo, el 10 de  marzo   del   mismo   año,   el  mismo  defensor  inquirió  el  cierre  de  la  investigación  y la calificación del mérito del sumario. La Fiscalía hizo lo  uno y lo otro.   

          4.        El  11  de  abril  de  1995  se calificó el mérito del sumario con  resolución  acusatoria,  a  título  de  autoría de los delitos de homicidio y  porte  ilegal  de  armas  de  defensa  personal.  La Fiscalía, en contra de las  pretensiones  de  la  defensa, aplicó el artículo 29 de la ley 40 de 1993 y no  reconoció  al  señor  ACOSTA  el  estado de ira e intenso dolor. El procurador  judicial,  entonces,  apeló  el vocatorio a juicio y la 2ª. instancia  lo  ratificó íntegramente el 22 de mayo de 1995.   

5.     La   etapa   del   juicio  correspondió  al  Juzgado 2º. Penal del Circuito de Santa Marta, quien tras el  cumplimiento  del  rito  legal profirió sentencia el 18 de agosto de 1995, para  condenar  al  procesado  por  los  delitos  objeto  de la acusación e imponerle  prisión  de  28  años,  interdicción  del  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  durante  10 años y el pago de 1200 gramos oro como indemnización de  los daños y perjuicios.   

          6.    Con  motivo  de  la  apelación  interpuesta  por el  señor  ACOSTA  y  su  defensor, el 20 de noviembre de 1995 el Tribunal de Santa  Marta  confirmó  plenamente  el  fallo.            

7.  El  defensor  recurrió  en  casación,  presentó  la  demanda  correspondiente,  la  Corte  la  halló  ajustada  a los  requisitos   técnico   –  formales  y  dio traslado del asunto al Ministerio Público para que emitiera su  concepto y este fue recibido el pasado 15 de octubre de 1999.   

LA DEMANDA  

          El  defensor  planteó  tres (3) cargos soportados en causales   diversas y presentados de manera subsidiaria, así:   

          Primer  cargo.  Lo  apoyó  en  la  causal  tercera,   sentencia  dictada  en  un  juicio  viciado  de  nulidad.  El  censor  consideró  que  se  había  lesionado el debido proceso porque la diligencia de  sentencia  anticipada  quedó  inconclusa. Solicitó el decreto de nulidad desde  el   cierre   de   la   investigación,   para   continuar   con  la  diligencia  suspendida.   

         

Segundo   cargo.  Causal  1ª.,  cuerpo 1º., violación directa de la ley sustancial. Estimó que  se     aplicó    indebidamente    la    ley    40    de    1993    –artículo     29-,    conjunto    de  disposiciones  normativas  que integran el Estatuto Nacional contra el Secuestro  y  que,  en  consecuencia,  no  regula  comportamientos  como  el  imputado a su  defendido.  Pidió, entonces, utilizar el artículo 323 del C. P., para corregir  el error de los falladores.   

          El  tercer  cargo  lo  construyó  a  partir  de  la  violación de la ley sustancial, por falta de  aplicación  del  artículo  60  del C. P., con base en que los juzgadores no le  reconocieron  a su defendido la diminuente punitiva del estado de ira. Solicitó  a la Corte, entonces, predicar de su asistido tal fenómeno.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

El  Procurador  Primero Delegado en lo Penal  sugirió  a  la  Corte  no  casar  la  sentencia  recurrida,  por las siguientes  razones:   

1.            No  hay  lugar  a  la  nulidad,  pues la  actitud   procesal   de   la  defensa  consistente  en  solicitar  la  sentencia  anticipada,  la  suspensión  de  la  misma, el cierre de la investigación y la  calificación  del sumario, no admite interpretación diversa a que se desistió  de  la  pretensión  de  terminar  anticipadamente  el proceso. Por tanto, no se  puede  con  posterioridad pedir una nulidad fundada en el propio comportamiento.   

          2.        El  segundo  cargo tampoco puede prosperar pues como expresamente el  artículo  29  de  la  ley 40 de 1993 subrogó el artículo 323 del C. P., sólo  existe un tipo penal de homicidio.   

          3.        En  cuanto  al tercer cargo, afirma que no prospera pues ni siquiera  se  precisó  si  la violación era directa o indirecta. Tampoco se demostró el  yerro  de los falladores, ni se comprobó dentro del expediente el homicidio del  padre  del  procesado, ni la afectación psicológica que el deceso de aquél le  hubiera  producido,  pues  no  era  su  padre  biológico. Añade que durante su  niñez  habría  tratado  al  padre  poco  tiempo, circunstancia que unida a las  imprecisiones  del  imputado  sobre el conocimiento que tenía del conductor del  taxi  y  en  torno  a  la  presencia  de otras personas al momento de cometer el  hecho,    le    resta     total    credibilidad   a   la   pretendida   ira  invocada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  sentencia objeto de estudio no puede ser  casada, por las siguientes razones:   

1.              Con    relación   al   primer cargo:   

          1.1.  Uno  de  los postulados que rige el fenómeno de las nulidades  es  el conocido con el nombre de Principio     de     convalidación    o   del   consentimiento,  en  virtud  del  cual  ante una hipotética irregularidad la  parte  supuestamente  afectada  se conforma, la acepta y no ejerce la oposición  al  acto  o  comportamiento  conculcante. El silencio de la parte sobre el punto  subsana  la  eventual  alteración del procedimiento pues de él se desprende su  ausencia de interés o su renuncia al mismo.   

          1.2.  Otro apotegma que guía el mismo fenómeno de las nulidades es  el  denominado  Principio de protección,  que  se  enuncia  diciendo,  con la terminología ya clásica, que  quien  da  origen al vicio, o lo coadyuva, no puede solicitar la declaración de  nulidad,  sobre la base, ya antigua, de que la torpeza no crea derechos o de que  nadie puede invocar su propia torpeza.   

          1.3.  A  propósito  del cargo planteado, la secuencia defensiva que  enseña el expediente es esta:   

          a)  El  23  de  enero  de  1995,  ACOSTA  PICON,  coadyuvado  por su  defensor,  solicitó  fijación de día y hora para celebrar audiencia especial,  con base en el artículo 37-A-  del C. de. P. P. (Fl. 95 ).   

          b)  La  petición  fue negada por la Fiscalía  el 7 de febrero  del  mismo año, con fundamento en que no existía duda sobre la responsabilidad  del procesado (Fls. 109 s.s.).   

          c)  El  14  de  febrero  de  1995, el  asesor letrado requirió  sentencia  anticipada  (Fl.  111)  y  la  Fiscalía determinó fecha y hora para  ello.   

          d)    Llegado   el   momento,   el   nuevo   defensor   –  el  mismo  que  después  interpuso y  sustentó  el  recurso  de casación -, iniciada la diligencia, expuso: “…la  defensa  al  dialogar  con  su  defendido,  considera  y  así  lo  pide  que se  suspenda   indefinidamente        la              diligencia, mientras se practican algunas  pruebas  que  la  defensa solicitará oportunamente y así se ha convenido entre  abogado  y  defendido”.  La  Fiscal  accedió a ello ( subraya la Corte ) (Fl.  120).   

          e)  El  letrado  pidió  la  realización de varias pruebas y varias  fueron practicadas (Fls. 121 a 147 ).   

          f)  El  10  de  marzo  de  1995,  el  mismo  defensor presentó a la  Fiscalía un escrito del siguiente tenor (Fl. 148):   

          “Teniendo     en     cuenta    que    HAY    PRESO    perfeccionada     la     investigación    y    el   tiempo   de  instrucción,    le    pido    con    todo    comedimiento    el    cierre     de     la     investigación    y   se   califique           su              mérito”    (    subraya   la   Corte  ).   

          g)  La  Fiscalía  clausuró  la instrucción (Fl. 150). El defensor  presentó  su  estudio precalificatorio esencialmente dirigido al reconocimiento  de  la  ira  al  momento  del  homicidio, entendiendo por este el descrito en el  artículo  323  del  C.  P.  y  no el mencionado en la ley 40 de 1993, norma que  estima   inaplicable  (Fls.  151  a  153).   Aquella  acusó  (Fls.  156  a  167).   

          h)  El  togado  interpuso  recurso  de  apelación  en  búsqueda de  reconocimiento  de  la  ira  y  de sustracción de la ley 40 de 1993 (Fls. 171 a  173).  La  Fiscalía  de 2ª. instancia confirmó la decisión apelada (Fls. 6 a  11 C. F. ).   

          i)  En  la  audiencia  pública,  el  mismo defensor sustancialmente  insistió  en  el  reconocimiento  del  delito  emocional.  A ello agregó, casi  responsabilizando  a  la  Fiscal  de  la  omisión,  que el proceso debería ser  retrotraído  para  proseguir con el tema de la sentencia anticipada pues en vez  de  aceptar  la  petición de cierre ha debido culminar aquella diligencia (Fls.  201/2).   

          j)  El  Juzgado del Circuito condenó y el mismo defensor apeló. En  la  sustentación  del  recurso,  pidió la nulidad de lo actuado por violación  del  debido  proceso, con base en que el procesado había acudido a la sentencia  anticipada  y en vez de ello la Fiscalía había cerrado la investigación. Hizo  hincapié  en  la  solicitud  de sentencia anticipada hecha por el imputado, con  independencia  de  la actuación de él, como nuevo defensor. Después solicitó  que  en  caso de no prosperar la nulidad, se atenuara la pena teniendo en cuenta  el  artículo  60  del  C. P. y el fenómeno de la delación planteado por   ACOSTA  en  la  audiencia  pública.  El  Tribunal  no  acogió nada de ello. Al  contrario, confirmó en todas sus partes la sentencia recurrida.   

          1.4.  De  lo  anterior  se desprende, con toda nitidez, que en forma  alguna  fue  violado  el  derecho al debido proceso, pues que la Fiscalía obró  diáfanamente,  ceñida  al  procedimiento.  Pero,  aún más: en el hipotético  caso  de  que  se  hubiera  faltado a la normatividad en el trámite aludido, la  respuesta  sería  igualmente  negativa porque procesado y defensor, de consuno,  pidieron  la  suspensión  del  rito  hacia  la sentencia anticipada y porque la  misma  parte,  la  defensiva,  impetró  el  cierre  de  la  investigación y la  subsiguiente  calificación  del  sumario, es decir, conscientemente se habrían  allanado  o  conformado  con  la  actuación judicial.  Súmese  a ello, que resultaría bien extraña al procedimiento una solicitud de  diligencia    indefinida    en    el   tiempo.   Y    la    explicación    de    ese    asentimiento  tácito  sería fácilmente  entendible:  la  nueva defensa trazó otra estrategia: búsqueda de disminución  punitiva,  primero por la ira o el dolor, y segundo, por la posterior delación.  Lo  afirmado  también  se confirma sin esfuerzo: pudiendo reiterar la petición  en el juicio, se abstuvo de hacerlo.   

          El cargo no prospera.   

          2.        Sobre    el   segundo   cargo.   

          2.1.                      Es  ya  abundante  la  jurisprudencia  de  esta  Sala1   sobre  el  tema:  no  existen dos clases de tipos penales de  homicidio  cuya  aplicación dependa de la finalidad del autor. Solamente existe  un  delito  de  homicidio, el definido por el artículo 29 de la ley 40 de 1993,  que  expresamente  subrogó  el artículo 323 original del C. P.  Y no hay,  ahora,   ningún   motivo   que   induzca   a   variar   la  repetida  posición  jurisprudencial.   

          2.2.  Pero  el  punto  fundamental frente a este cargo es otro.  El  Juzgado Penal del Circuito condenó por el porte ilegal de armas en concurso  con  el  delito  de  homicidio. Y aunque no hizo mención expresa a la ley 40 de  1993,  sí  ciñó  su  fallo  a la acusación, providencia que en forma expresa  aludió  a  la ley mencionada, como se desprende de los topes punitivos que tuvo  en   cuenta:   prisión  entre  25  y  40  años,  límites  sancionatorios  que  precisamente  introdujo  en  la  subrogación la ley 40 de 1993 al artículo 323  del  C.  P.  Y el defensor no apeló lo relacionado con este tema, circunstancia  que  permite  concluir  su ausencia de interés para efectos de la casación. En  este   aspecto   también   se  conformó,       se       allanó   la  defensa.  Y  si  estuvo de acuerdo con ello, mal podría  reclamar vocación para recurrir en casación sobre tal tópico.   

         

          Por consiguiente, se desestima el cargo.   

3.              Con    relación   al   tercer cargo   

          Lo  refiere el censor a la falta de aplicación del artículo 60 del  C.  P.,  esto es, a que no se reconoció al señor ACOSTA PICON un estado de ira  al  momento de cometer el hecho, lo cual le haría merecedor de un significativo  decremento punitivo. Sobre este cargo, dígase:   

a)  Expresó  el censor que la sentencia era  “…  violatoria  de  una  norma  de  derecho  sustancial   por  falta de  aplicación  del  artículo 60 del C. de. P. P.” y más adelante escribió que  constituía  un  “…  error  de  derecho el haber dejado de aplicar la citada  norma  sobre  conductas  emocionales en materia de delito de homicidio”.   No  afirmó,  sin  embargo,  si se trataba de violación directa o de violación  indirecta,  con  lo  cual  hizo caso omiso del principio de limitación que  restringe  a  la  Corte,  en sede de casación,  a lo estricta y claramente  propuesto por el demandante.   

b) Si las palabras transcritas entre comillas  permitieran  inferir como postulado la infracción directa de la ley sustancial,  la  situación  sería calamitosa porque en lo que pudiéramos llamar desarrollo  del  cargo,  el casacionista se introdujo en el análisis de la prueba para  concluir  que  esta  indicaba la presencia de la modificante punitiva (Fls. 57/8  C.  T.), trabajo prohibido en casación pues, como se sabe, cuando se acude a la  violación  directa de la ley sustantiva el proponente debe admitir los hechos y  el análisis probatorio apreciados por el Juez.    

          c)  Igualmente  calamitosa  sería   la  situación  si  de las  frases  citadas entre comillas se pudiera inferir el planteamiento de violación  indirecta  de  la ley sustancial, porque, por ejemplo,  el demandante no se  ocupó  de  la  forma  de  error   que  querría  aducir  ni estableció la  relación  causal  entre la infracción de las normas que regulan el tema de las  pruebas  y  la  violación  de  la  normatividad  sustancial.  Ni  siquiera hizo  menciones leves a ello.   

Por  obvias  razones,  este  cargo tampoco  prospera.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO     CASAR      la    sentencia  recurrida.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CORDOBA    POVEDA                         

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE         JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

                                                                                                           No hay firma   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS     E.    MEJIA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

   

    

1  Sentencia  de  noviembre  21  de 1995. Magistrado ponente, doctor Carlos Augusto  Gálvez  Argote,  sentencia de julio 25 de 1996. Magistrado ponente, doctor Juan  Manuel  Torres  Fresneda,  sentencia de noviembre 5 de 1996. Magistrado ponente,  doctor  Carlos  Augusto  Gálvez  Argote,  sentencia  de  febrero  17  de  1999.  Magistrado  ponente,  doctor  Edgar Lombana Trujillo, sentencia de febrero 25 de  1999.    Magistrado    ponente,   doctor   Fernando   Arboleda   Ripoll,   entre  otras.     

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