13487dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 13487  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 210  

          Bogotá,  D.  C., quince (15) de diciembre del año dos mil (2.000).   

VISTOS  

          Resuelve  la Sala  el  recurso  de casación interpuesto por el defensor del ciudadano LUIS  FERNANDO  RAMÍREZ  ZABALETA, quien  fuera condenado por el delito de homicidio agravado.   

HECHOS  

          El  cinco  de  septiembre  de 1994, aproximadamente a las 8:15 de la  noche,   varios   individuos  que  se  movilizaban  como  pasajeros  en  el  bus  intermunicipal  de  placas  UZA-  303, adscrito a la empresa “San Vicente” y  que  cubría  la  ruta Girardot-Bogotá, de manera intempestiva, cuando llegaban  al  sitio  “Dos  Esquinas”  de  la  vereda  Zapata  del municipio de la Mesa  (Cundinamarca),  se pararon de sus puestos y amenazando con armas de fuego a los  demás  ocupantes del automotor les anunciaron que se trataba de un atraco. Como  en  ese  momento  el  agente de la policía Luis Fernando Rendón González, que  viajaba  en  la  parte  delantera  del  vehículo,  trató de repeler la acción  delictiva,  uno de los asaltantes le hizo varios disparos causándole la muerte.  De  inmediato  fue  despojado  de  su arma de dotación y abandonado en la vía.  Acto  seguido, obligaron al conductor a que continuara la marcha y, después que  recogieron  a  otro  hombre  que  esperaba  en la carretera, le exigieron que se  desviara  por  una  trocha,  haciéndolo  detener  como a los cien metros, donde  forzaron  a  los  pasajeros  a descender del automotor y los despojaron de todas  sus  pertenencias.  Después  los  asaltantes  huyeron  en  los mismos taxis que  habían  utilizado  para  desplazarse  de Bogotá al municipio de la Mesa, donde  varios de ellos habían abordado el bus en mención.   

          Esta  acción  delictiva  fue  el producto del acuerdo celebrado ese  mismo  día  en  horas  de  la tarde, cuando planearon el asalto en un taller de  mecánica localizado en el barrio San Carlos de esta ciudad.   

          El  9  de  septiembre  siguiente la policía capturó a Fredy  Rodríguez  Silva, conductor de uno  de  los  taxis  utilizados por los asaltantes, y gracias a sus informaciones, al  otro   día   fueron  retenidos  Luis  Arturo  Solano  Benítez,   Johan  Daniel  Tamayo  García,  Nelson Henao Cifuentes y LUIS    FERNANDO    RAMÍREZ   ZABALETA.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Como  quiera  que los hechos fueron puestos en conocimiento tanto en  Bogotá  como en el municipio de Soacha (Cund.), en ambas ciudades se dispuso la  apertura  de  investigación.   Primero  en  Soacha, el 10 de septiembre de  1994  (Fl.  148,  C.1),  donde  se  vinculó mediante indagatoria a Fredy    Rodríguez   Silva.   Al   día  siguiente,  en  la  Fiscalía  62  de  la  Unidad  Especial  de  Permanencia  de  Bogotá    (Fl.  35,  C.1),  que  escuchó  en  diligencia  de  injurada  a  LUIS  FERNANDO RAMÍREZ ZABALETA, Johan Daniel Tamayo  García,   Luis   Arturo   Solano   Benitez    y  Nelson Henao Cifuentes. Esta  actuación  fue asumida después por la Fiscalía Seccional 339, que la remitió  el  14  de  septiembre  siguiente  a  la  Fiscalía Seccional de Soacha (Fl. 63,  C.1).   

          Ese  mismo  día,  el despacho judicial mencionado dispuso el envío  de  las  diligencias  a  la  Fiscalía  del municipio de la Mesa (Fl. 204, C.1),  quien  a  su  vez  ordenó  su remisión a la Fiscalía Regional de Bogotá (Fl.  209, C.1), proponiéndole colisión negativa de competencias.   

          El  22  de  septiembre  de 1994, la Fiscalía Regional de Bogotá le  resolvió   la   situación   jurídica  a  los  procesados,  afectándolos  con  detención  preventiva  (Fl.  216,  C.1).  En  el  mismo auto ordenó remitir el  cuaderno  original  de  la  actuación  a  la  Fiscalía  Delegada ante la Corte  Suprema  de  Justicia, para que dirimiera el conflicto negativo de competencias,  el  cual  fue  resuelto  el  10  de  noviembre  de 1994, a favor de la Fiscalía  Seccional de la Mesa (Fl. 4, C. 6).   

          El  13  de febrero de 1995, la Fiscalía Regional decretó el cierre  parcial  de  la  investigación en relación con Fredy  Rodríguez  Silva  y  el 17 de marzo del mismo año le  profirió  resolución  de  acusación  por  los  delitos de homicidio agravado,  hurto  calificado  y porte de arma de fuego de defensa personal (Fls. 149 y 157,  C. 2).   

          LUIS  FERNANDO RAMÍREZ ZABALETA acudió a  la  sentencia  anticipada y en la diligencia de formulación de cargos (Fls. 199  a  212,  C.2)  aceptó su responsabilidad en los delitos de hurto y porte ilegal  de  armas  de  defensa  personal más no en el de homicidio agravado, por lo que  continuó vinculado a la investigación por este último delito.   

          La  fiscalía calificó el mérito del sumario el 6 de septiembre de  1995    con    resolución    de    acusación   en   contra   de   Solano  Benítez,  Tamayo  García,  Henao  Cifuentes  y     RAMÍREZ    ZABALETA.  A  los  primeros,  por los delitos de homicidio agravado, hurto y  porte  de  arma  de  defensa  personal, y al último, por el delito de homicidio  agravado.  Apelada  esta  decisión,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal  Nacional  la  confirmó el 29 de diciembre del mismo año (Fl. 284, C.2; Fl. 35,  C. 3).   

            El  9 de agosto de 1996, un Juzgado Regional de Bogotá condenó a  LUIS    FERNANDO    RAMÍREZ   ZABALETA    y    a    Johan    Daniel    Tamayo  García.  Al  primero  por  el  delito  de  homicidio  agravado  y  al segundo por homicidio agravado, hurto y porte de arma de defensa  personal,  y  les  impuso prisión de 53 años, 3 meses y 3 días, y 56 años, 9  meses  y  tres  días,  respectivamente,  interdicción  de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  de  10  años  y  el pago de los perjuicios morales y  materiales (Fl. 89, C.4).   

          Apelado  el  fallo por la defensa, el Tribunal Nacional lo confirmó  el 28 de noviembre de 1996 (Fl. 30, C.5).   

          La  sentencia  de  segunda  instancia fue objeto de casación por el  defensor     de    RAMÍREZ    ZABALETA.   La   Corte   se   ocupa,  entonces,  de  resolver  de  fondo  el  asunto.   

LA  DEMANDA   

          Para  proponer un  cargo,  el  censor  invocó  la  causal  primera  de  casación,  prevista en el  artículo 220-1 del C. de P. P. Lo enunció así:   

          Cargo único.   

         “Acuso   la  sentencia  impugnada  por  considerarla  violatoria  de la ley sustancial de manera directa por aplicación  indebida  de  los  artículos  23,  323 y 324 del Código Penal, lo que a su vez  produjo  falta  de  aplicación  del  artículo  21  y  35  del  mismo  estatuto  sancionatorio”.   

          Para fundamentarlo, expuso:   

          1.  Si  bien  es cierto que existió una unidad de designio criminal  para  hurtar  las  pertenencias  de  los  ocupantes  de  un  bus  de  transporte  intermunicipal  que  sería  escogido  al  azar,  resulta  erróneo extender tal  conclusión  respecto  al  delito  de  homicidio,  argumentando  que por la sola  presencia   de   armas   de   fuego  era  suficiente  suponer  que  RAMÍREZ  ZABALETA admitía la posibilidad  del  uso  de las mismas para neutralizar cualquier obstáculo, incluso con segar  la  vida  de  quien  se  opusiera  al  objetivo criminal propuesto. Ello implica  desconocer  que  la  sola  exhibición de las armas es suficiente para lograr el  despojo patrimonial.   

          2.      Sancionar      a      RAMÍREZ  ZABALETA  por  el  homicidio  del  agente  de policía  equivale  a  desconocer  el principio de causalidad contenido en el artículo 21  del  C. P., pues toda su actuación en los hechos se limitó a esperar al bus en  un  recodo  de  la carretera. No existe, por lo tanto, ningún nexo causal entre  su  obrar  y el homicidio. Si participó en la empresa criminal, fue para hurtar  y  no  para cometer delito de homicidio, además de que nunca se le pasó por la  mente  tal  eventualidad. Si no tuvo dominio sobre el hecho homicidio, mal se le  puede atribuir responsabilidad por el mismo.   

          3.  El  disparo  del arma homicida no fue consecuencia de su actuar,  ni  menos  de  su  omisión.  La  decisión de disparar estaba en la voluntad de  alguno  de  los  tres  asaltantes  que  iban en la flota. Por lo tanto, no puede  resultar  condenado  en  un  juicio  de reproche  por el homicidio, pues no  participó en su realización como autor, determinador o cómplice.   

         

          4.     Considerar     que     RAMÍREZ  ZABALETA  debe  responder como coautor impropio por lo  que  hizo  otro  asaltante en las circunstancias conocidas en el proceso, sería  tanto  como  admitir  la  coparticipación en el dolo de ímpetu, lo que de suyo  desbordaría  toda  la  fundamentación  lógica  inherente  a  dicha  modalidad  conductal.   

          5.  En  el  fallo  impugnado  se  desconocieron  los  principios  de  culpabilidad   y   causalidad,  en  presencia  de  los  cuales  se  imponía  la  absolución  de  su  representado. Pide a la Corte que case la sentencia y en su  lugar  absuelva  a RAMÍREZ  ZABALETA.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador  Primero  Delegado en lo Penal solicita a la Corte no  casar la sentencia impugnada, por las siguientes razones:   

          1.  Según  lo informa el proceso, existió una operación colectiva  gestada  alrededor  de  un  propósito  común.  Por  lo  mismo,  los  elementos  peculiares  de  ella  le  eran  propios  en  todas  sus dimensiones. Los riesgos  inherentes  a  la finalidad perseguida también eran colectivos, en la medida en  que   las   características   de   la   conducta   a   desarrollar   implicaban  acontecimientos  previsibles  y  probables.  Al planear la acción, asumieron el  uso  de  armas  de  fuego inicialmente con el fin de intimidar a las víctimas y  poderlas  despojar  de sus pertenencias, pero la posibilidad de accionarlas para  vencer  una  eventual  resistencia  necesariamente debió quedar incluida dentro  del  plan  por  ser  una  probabilidad  anexa y propia de la modalidad delictiva  escogida.  La experiencia enseña que en el hurto de vehículos el asaltante que  emplea  armas  de  fuego,  no  solo  busca  intimidar a la víctima, sino que va  resuelto    a    utilizarlas    en   el   evento   de   encontrar   una   fuerte  oposición.   

      

          2.  La  conducta  de  los  acusados  se  adecua  a  la  figura de la  coautoría  porque  realizaron  mancomunadamente  una misma operación delictiva  con  división del trabajo, comunidad de ánimo e importancia de aportes, de tal  modo  que  cada  uno de ellos ejecutó una parte diversa, así no todos hubiesen  realizado personalmente la acción sico- física de matar.   

          3.  Si  los  juzgadores,  basados  en la  realidad  procesal,  ubicaron  la  conducta  de  los  sindicados  dentro  de los  parámetros  de  la  coautoría,  sin  que  se  advierta  en  dicho  proceso  de  adecuación  típica  presencia de errores manifiestos y trascendentes, el cargo  formulado por el defensor debe ser rechazado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          La  Corte  no  casará  la  sentencia  impugnada  por las siguientes  razones:   

          Cuando  el  casacionista propone a la Corte violación directa de la  ley  sustancial,  debe  acatar íntegramente tanto la apreciación de los hechos  como    la   valoración   probatoria   realizados   por   el   juez   de   2ª.  instancia.   

          Tanto  en la sentencia de 1er. grado como en la de 2º. quedó claro  que     RAMÍREZ     ZABALETA    había  participado  en  el  homicidio a título de coautor, así no  hubiera  activado  el  arma  causante  del  delito,  para  lo  cual  los  jueces  señalaron  las  pruebas  correspondientes,  sobre  todo las relacionadas con la  elaboración   del  plan,  la  división  del  trabajo,  la  execrable  conducta  desplegada  y el porte de armas. Esa asunción del suceso y ese análisis de las  evidencias, debían ser admitidos por el censor.   

          No     obstante,    el    apoderado    del    señor    RAMÍREZ    ZABALETA,   que   advirtió  expresamente  sobre  la  exigencia  indicada,   sometió  a cuestión tales  elaboraciones  sustentadas en el expediente. Así, por ejemplo, al folio 212 del  cuaderno  del  Tribunal,  refiriéndose  al  tema de la relación de causalidad,  escribió:   

          “Se  debe  absolver  a Luis Fernando por  no  haberse logrado probar LA  EXISTENCIA  DEL  NEXO  CAUSAL  ENTRE  SU  ACTUAR  Y  EL  HOMICIDIO,  conclusión  imperativa  a la que se debe llegar luego de revisar el prementado artículo 21,  desconocido  dentro  de  las  consideraciones  del  fallo”  (Negrillas  de  la  Corte).   

          En la página siguiente hizo hincapié, así:   

          “Resulta  para  defensa  claro  el  postulado del artículo 21 del  Código  Penal y su aplicación íntegra en el proceso que se adelanta contra mi  prohijado   en   lo   que   respecta   al   delito  de  homicidio.  Es  claro  que  su  participación  ninguna injerencia tuvo   en   la   consumación   de   tal   delito”   (Destaca   la  Sala).   

         Luego,  en  torno  al  mismo  hecho punible, es decir, al homicidio,  insistió:   

         “Como   no   lo   realizó,    como    no   participó,  en  manera  alguna  se  puede  entrar  a analizar en cuál de las  modalidades  de  culpabilidad  pudo actuar, porque presupuesto indiscutible para  tal    actividad    hipotética   es   que   el   sujeto   agente   hubiera  participado (diferente de lo que  sudecía  con  el  hurto,  que  era  lo  que  convocaba su unidad finalística).  No  hubo  de  parte  de  mi  defendido  ninguna  actividad  encaminada a la perpetración del homicidio, por  lo  tanto  ni  debieran  analizarse  los elementos constitutivos del delito. Sin  embargo,  en  este aparte es dable concluir amparados por la lógica jurídica y  probatoria  que  no  debe  concluir  por  el homicidio por no darse el presupuesto de hecho contenido en el  artículo   324  del  Código  Penal”  (Fls.  214/5,  ibídem)  (  Resalta  la  Corte).   

         De  lo  transcrito  se  desprende  con facilidad la penetración del  actor  en  el  ámbito  de la prueba y por lo tanto emerge como indiscutible que  trasladó  el reproche desde la infracción directa hasta la indirecta, toda vez  que  hizo  su  valoración  acerca de los medios de convicción, con el afán de  demostrar    que    RAMÍREZ   ZABALETA   no   había   participado  en  el  ilícito,  en  contra  de  las  apreciaciones  judiciales  a  partir  de  la  observación  global  del material  probatorio.   

         Mientras   tanto,   frente  a  la  prueba,  la  justicia  se  había  pronunciado   sobre   la  intervención  de  RAMÍREZ  ZABALETA  en  el  homicidio,  a  título  de  coautor  impropio:            

         El  juez  de  primera  instancia, dando respuesta al defensor, quien  planteó allí lo mismo que esbozó aquí, expresó:   

         “Los  medios  de  prueba que quedaron puntualizados han acreditado  la  materialidad  de  los  tipos  penales  vulnerados  por parte de LUIS  FERNANDO  RAMÍREZ ZABALETA, la vida  y  la  integridad  personal…A la anterior conclusión se llega toda vez que si  bien  ellos  no dispararon el arma…sí se estableció que los aquí procesados  se  reunieron previamente a la comisión del ilícito en la ciudad de Santafe de  Bogotá  donde  se  acordó la forma en que se realizaría el atraco al bus y la  participación  que  cada  uno  de  ellos  en  la realización del hecho punible  tendría…Siendo  ello  así,  nos encontramos entonces que los acá procesados  actuaron  como  coautores  impropios,  toda vez que prepararon la ejecución del  ilícito  de  manera  mancomunada distribuyéndose las labores a realizar…y si  bien  podría pensarse que su responsabilidad se limita al hecho colectivo, ello  se  descarta  con  la  utilización  de  las armas en el insuceso, ya que siendo  estas  consideradas  como  letales,  el  solo hecho de cargarlas hace pensar que  eran  concientes de la resistencia que podían obtener de parte de alguno de los  pasajeros…y  consecuentemente  con  ello  utilizarlas  en  pro  de  obtener el  resultado final…” (Fls. 116/7, C.3).   

            

         El Tribunal Nacional, en su turno,  señaló que   

         “…Ciertamente  el  a-  quo, como lo hiciera en su oportunidad el  ente  acusador,  estimó que si bien Ramírez y Tamayo no accionaron el arma que  ocasionó  la  muerte  del patrullero, pues está suficientemente demostrado que  el  arma  de  la cual salieron los disparos homicidas fue disparada y portada en  el  momento  del  insuceso  por LUIS ARTURO SOLANO BENITEZ, es igualmente cierto  que  la  acusación  y  el  compromiso  final  de los mencionados, deviene de la  preparación   y   ejecución   mancomunada  de  los  ilícitos,  en  una  clara  distribución  de  las labores criminales que desarrollarían, con entendimiento  de  la  pertenencia  de  cada  uno  de  los  participantes  en  los hechos y con  utilización  de  armas  de  fuego,  con  el  evidente propósito de neutralizar  cualquier  reacción de los pasajeros del automotor asaltado, a costa incluso de  la  propia  vida  de  quien  fuera capaz de oponerse a sus pretensiones, como en  efecto  sucedió,  correspondiéndole  el  fatídico momento al patrullero de la  policía de Cundinamarca”  (Fl. 49, C. 5).   

         La  conclusión  resulta entonces elemental: mientras los juzgadores  de   1ª.   y   2ª.  instancias  arribaron  a  la  coautoría  de  RAMÍREZ  ZAPATA  en  el  homicidio  tras  analizar  el haz probatorio, el casacionista, queriendo  controvertir   tal  análisis, pregona la no participación de aquél en el ilícito. Y como la  tarea  cumplida  por  el  defensor  no  es  propia de la causal de casación que  invocó, el cargo no puede fructificar.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE   

         No casar la sentencia impugnada.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO            

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

No hay firma  

CARLOS   A. GÁLVEZ ARGOTE         JORGE ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                    CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR           

                                                   No  hay  firma   

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN            NILSON  E.  PINILLA PINILLA   

                                                  No hay firma   

TERESA    RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria    

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