42243(02-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 326  

Bogotá, D. C., dos (2) de octubre de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala el recurso de apelación  interpuesto  por  el  defensor del doctor OMAR AUGUSTO  CAMARGO  MACHADO contra la decisión de la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá del 5 de septiembre de 2013, por cuyo medio  reconoció  como  víctima  a la Nación-Dirección Ejecutiva de Administración  Judicial.   

ANTECEDENTES RELEVANTES  

El  9  de  junio  de 2013, ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  Fiscal  67  Delegado  ante  esa Corporación radicó  escrito  de  acusación  contra el doctor OMAR AUGUSTO  CAMARGO  MACHADO,  titular  del Juzgado Treinta y Uno  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  a quien atribuyó la comisión del delito de  prevaricato  por acción con ocasión de la sentencia absolutoria proferida el 1  de  septiembre  de  2005  en  favor  de  Edwin Fabián  Vargas  Rojas,  la  cual  califica de manifiestamente  contraria          a          la         ley1.   

El  5  de  septiembre último se inició la  audiencia  de  formulación de acusación con el reconocimiento de la Dirección  Ejecutiva  de Administración Judicial como víctima, determinación cuestionada  por la defensa.   

PROVIDENCIA IMPUGNADA  

          El    Tribunal   a   quo   otorga  la  calidad  de  víctima  a  la  citada  entidad  bajo  el  argumento  de  que  se  procede  por  un  delito  de prevaricato cometido por un  funcionario  judicial,  situación  que  permite  suponer  la afectación de los  intereses  de  la  judicatura  y  habilita a su representante para intervenir en  esta actuación.   

LA IMPUGNACIÓN  

La  defensa  se opone a dicha acreditación  porque  el  artículo  132  de  la  Ley 906 de 2004 y la sentencia C-516 de 2007  exigen  demostrar un daño real, cierto y concreto, carga procesal no satisfecha  por  la  Dirección  Ejecutiva  de Administración Judicial, pues sólo adujo la  vulneración  de  la  honra  y  buen  nombre  de  la  judicatura por el hecho de  seguirse  un proceso por el delito de prevaricato, argumento insuficiente porque  no    indica   de   qué   manera   se   afectaron   esos   derechos   ni  cuál  fue  el  alcance  del  daño.   

Aún más, encuentra que la peticionaria no  realizó  una  relación  sucinta  de  los  hechos  jurídicamente relevantes ni  informó  la  existencia de una acción legal ante el contencioso administrativo  de  la  cual  pueda  presumirse la configuración de un perjuicio derivado de la  conducta   del   doctor  CAMARGO  MACHADO.   

LOS NO RECURRENTES  

1.     La    Fiscalía    solicita   confirmar   la   decisión   impugnada   por  cuanto  la  jurisprudencia  constitucional ha precisado que las víctimas dentro del proceso  penal  colombiano  no  sólo  buscan  la  reparación  del  daño causado con el  delito,  sino que, además,  aspiran a obtener verdad y justicia. Por ende,  no  es  imperativo  acreditar  un  perjuicio  material  concreto, pues basta con  señalar el interés en saber la verdad y en que se haga justicia.   

De  esta  manera,  agrega,  no  hacen falta  elaborados  discursos  para evidenciar el interés que le asiste a la Dirección  Ejecutiva  de  Administración  Judicial  para  intervenir  en este asunto en la  medida  que  se  procede  por  una  conducta  de  prevaricato  desplegada por un  funcionario  judicial, circunstancia que la faculta para cuidar el buen nombre y  honra  de  la  judicatura.  Lo  anterior  con mayor razón cuando la oportunidad  procesal  para  demostrar  el  daño se encuentra en el incidente de reparación  integral.   

2. El apoderado de  la   Dirección   Ejecutiva   de  Administración  Judicial  pide  confirmar  la  determinación,  pues su pretensión radica en estar pendiente del proceso y, de  llegarse  a  una  sentencia condenatoria, demostrar  en  el  incidente de reparación integral los perjuicios  ocasionados con el delito.     

3.  El  Ministerio  Público  propone  confirmar  la  decisión  materia  de  alzada porque en la  audiencia  de  acusación  sólo se verifica la legitimidad de quienes aspiran a  intervenir  como víctimas y no la configuración de un daño material concreto,  situación    que    se    establece    en    el    incidente   de   reparación  integral.   

En  ese  orden, afirma, están reunidas las  exigencias   de  legitimidad  en  la  Dirección  Ejecutiva  de  Administración  Judicial  para  ser reconocida como víctima por cuanto se procede por un delito  contra  la administración de justicia cometido por un funcionario, contexto que  permite deducir la afectación de sus derechos.   

De   otra  parte,  opina,  las  víctimas  persiguen  diversos  intereses  en  el proceso penal, a saber, verdad, justicia,  reparación  y  la  única  forma  de  obtener satisfacción de los dos primeros  cometidos  es  a  través  del  debate probatorio, mientras que el tercero está  supeditado  a  la expedición de una sentencia de condena, momento en el cual se  deben presentar las pretensiones de indemnización.   

Exigir  el  recuento  de  los  hechos  y la  demostración  de  un daño real y concreto, como lo propone la defensa, implica  ubicarse  en terrenos de la Ley 600 de 2000 y no en el actual régimen procesal,  pues  ni  la Ley 906 de 2004 ni las sentencias C-209 y 516 de 2007 incluyen esos  requisitos  como condición del aludido reconocimiento. Por el contrario, dichas  preceptivas  propenden  por  la presencia de las víctimas en el proceso penal y  no por obstaculizar su participación en el mismo.   

4.     El    procesado    aduce  que  el  artículo  132  de  la  Ley 906 de 2004 exige a las  personas  naturales  o  jurídicas que pretendan su reconocimiento en el proceso  penal  como  víctimas  demostrar  un  daño directo a consecuencia del injusto,  hipótesis  no  configurada  en  este  caso porque no existe ni una sola demanda  contencioso  administrativa  por  el comportamiento ilícito que se le atribuye.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  Corte  es  competente  para resolver el  recurso   de   apelación   interpuesto   por   la   defensa   de   OMAR  AUGUSTO  CAMARGO  MACHADO contra la  providencia  dictada  en  este  proceso, de conformidad con lo establecido en el  numeral  3º  del  artículo 32 de la Ley 906 de 2004, por cuanto versa sobre un  auto   proferido   en   primera   instancia   por   el   Tribunal   Superior  de  Bogotá.   

En   orden   a  definir  la  impugnación  propuesta,  la  Sala  considera  indispensable  precisar el concepto de víctima  dentro  del  proceso penal, para, seguidamente, esclarecer cómo debe realizarse  la  acreditación  del  daño  por  parte  de la persona natural o jurídica que  pretende tal reconocimiento.   

El  artículo  250  numeral  6  de la Carta  Política  refiere  como un deber de la Fiscalía General de la Nación, brindar  asistencia   a  las  víctimas  y  “…disponer  el  restablecimiento  del  derecho y la reparación integral de los afectados con el  delito”,  de donde se colige una definición amplia  según la cual víctima es toda persona afectada con el delito.   

El  inciso  primero del artículo 132 de la  Ley  906  de  2004  establece  que, “Se entiende por  víctimas,  para  efectos de este código, las personas naturales o jurídicas y  demás  sujetos de derechos que individual o colectivamente hayan sufrido algún  daño      (directo)      como      consecuencia     del     injusto”2. Es decir, víctima es: a) la  persona  natural  o  jurídica;  b)  que  individual  o  colectivamente; c) haya  sufrido algún daño; d) como consecuencia del injusto.   

Por  su  parte,  la Corte Constitucional ha  establecido,  con  carácter de precedente que, “son  titulares  de  los  derechos  a  la  justicia,  la  verdad  y la reparación las  víctimas  y  perjudicados  con  el  delito  que hubiesen sufrido un daño real,  concreto  y  específico,  cualquiera que sea la naturaleza de éste”3.   Entonces,   para   dicha  Corporación  víctima  es  (a) quien ha resultado perjudicado o afectado con el  delito  (b)  siempre  que hubiese sufrido un daño real, concreto y específico,  (c) no necesariamente de contenido patrimonial.   

A su turno, esta Corporación ha determinado  que,  “Según  el  artículo  132  de la Ley 906 de  2004,   víctima   es   toda  persona  natural  o  jurídica  que  individual  o  colectivamente  ha  sufrido  algún  perjuicio  como  consecuencia  del injusto,  calidad  que  le  otorga  el  derecho  de  acceder  a  la  actuación  e  impone  reconocerla  como  tal  en el proceso. Sin embargo, los derechos a la verdad, la  justicia  y  la  reparación que habilitan tal intervención no son absolutos en  cuanto  se  requiere  la acreditación de un daño concreto, baremo que también  se  traslada  al  campo  del  ejercicio  impugnatorio al ser necesario que quien  promueva  los  recursos,  además  de tener legitimación en el proceso, dado el  reconocimiento  como  interviniente  o  parte, tenga legitimación en la causa a  través  del  interés  jurídico  para  atacar  la  decisión si le ha irrogado  algún    perjuicio”4.   

Por  manera  que  para  esta  Corporación,  siguiendo  los  derroteros  del  artículo  132  de  la  Ley  906  de  2004 y la  jurisprudencia  constitucional,  víctima  es (i) la persona natural o jurídica  (ii)  que  ha  sufrido  un  daño,  (iii)  individual  o  colectivo,  (iv)  como  consecuencia  del  delito.  A  su turno, el daño debe ser (a) real y concreto y  (b) no necesariamente de contenido patrimonial.   

De  igual  forma,  la Sala considera que la  intervención  del  titular  de  la acción civil dentro del proceso penal puede  estar  determinada  por  su interés en la verdad, la justicia y la reparación,  sin  que  la  pretensión  ajena  al  ámbito  patrimonial  torne  ilegítima su  condición  de  sujeto  procesal o imposibilite su intervención en el trámite,  siempre  que  subsista  alguno  de los restantes intereses y se señale el daño  concreto que justifique su presencia dentro de la actuación penal.   

Por  tanto, la definición de dicho aspecto  demanda  en  el  operador  judicial  el  estudio del contexto dentro del cual se  aduce  la  producción  del  daño,  así  como  de  los medios de convicción y  argumentos   entregados  para  acreditar  dicho  tópico,  dado  que  la  simple  manifestación  de  haber  sufrido un perjuicio no habilita al peticionario para  acceder  a  tal  reconocimiento,  el  cual  es  indispensable  para  actuar como  interviniente procesal.   

De  esta manera, quien pretende adquirir la  condición  de  víctima  dentro  del proceso penal ostenta la carga procesal de  precisar  cuál fue la afectación que padeció como consecuencia de la conducta  punible  investigada  o  juzgada  y,  si  es  del  caso,  aportar  los medios de  convicción  que sumariamente la evidencien. En ese orden, no resulta afortunada  la  afirmación  de  la  Fiscalía, según la cual no es imperativo acreditar un  daño  porque  basta  manifestar  el  interés  en  conocer  la verdad y obtener  justicia.  Por el contrario, se reitera, quien aspire a participar como víctima  en  el  proceso  penal  debe  señalar  el perjuicio concreto padecido. La Corte  Constitucional dilucidó el punto de la siguiente manera:   

“No  obstante,  ello  no  significa  que cualquier persona que alegue  que  tiene  un  interés en que se establezca la verdad y se haga justicia pueda  constituirse    en   parte   civil   –  aduciendo  que  el  delito  afecta  a  todos  los  miembros de la  sociedad  –  ni  que  la  ampliación de las posibilidades de participación a  actores  civiles  interesados  sólo  en  la verdad o la justicia pueda llegar a  transformar  el  proceso  penal  en  un  instrumento  de  retaliación contra el  procesado.  Se  requiere  que  haya un daño real, no  necesariamente  de  contenido  patrimonial, concreto y específico, que legitime  la  participación de la víctima o de los perjudicados en el proceso penal para  buscar  la verdad y la justicia, el cual ha de ser apreciado por las autoridades  judiciales  en  cada  caso.  Demostrada la calidad de  víctima,  o  en  general  que  la  persona ha sufrido un daño real, concreto y  específico,  cualquiera  sea  la  naturaleza  de  éste,  está legitimado para  constituirse  en  parte  civil,  y  puede  orientar  su  pretensión  a  obtener  exclusivamente  la  realización  de  la  justicia, y la búsqueda de la verdad,  dejando  de  lado  cualquier  objetivo  patrimonial.  Es  más: aun cuando esté  indemnizado  el  daño  patrimonial, cuando este existe, si tiene interés en la  verdad  y  la  justicia,  puede  continuar dentro de la actuación en calidad de  parte.  Lo  anterior  significa que el único presupuesto procesal indispensable  para  intervenir  en  el  proceso, es acreditar el daño concreto, sin que se le  pueda    exigir    una    demanda    tendiente    a   obtener   la   reparación  patrimonial.   

La  determinación  en  cada  caso de quien  tiene  el  interés  legítimo  para  intervenir  en  el proceso penal, también  depende,  entre  otros  criterios, del bien jurídico protegido por la norma que  tipificó  la  conducta,  de su lesión por el hecho punible y del daño sufrido  por  la  persona  o personas afectadas por la conducta prohibida, y no solamente  de   la   existencia   de  un  perjuicio  patrimonial  cuantificable”   (subrayas  fuera  de  texto)5.   

Obviamente,  la  condición  de víctima se  adquiere  por  el  hecho  de  sufrir el daño o perjuicio, pero la legitimación  para  intervenir  en  la  actuación  judicial  demanda  el  reconocimiento  del  funcionario  encargado de dirigir el proceso y este aval se obtiene a partir del  señalamiento   de  la  afectación  real y concreta causada con el delito,  así  se  persigan  exclusivamente  los  objetivos  de  justicia  y  verdad y se  prescinda  de  la  reparación  pecuniaria.  Por  ende, no basta con pregonar un  perjuicio  genérico  o  potencial  ni  con manifestar el interés en conocer la  verdad y aspirar a que se haga justicia.   

Pues bien, tratándose de delitos contra la  administración   pública,   la   principal   afectada   es   la  Nación,  representada  por las diferentes ramas del poder público que la conforman, pues  su  materialización  resquebraja  la organización y estructura diseñada en la  Carta  Política  al hacerla ver disfuncional. Así mismo, mancha su imagen ante  la  sociedad,  genera  desprestigio  y  disminuye la legitimidad de su accionar.   

Si  ello  es  así,  acorde  con los hechos  expuestos  en  la  acusación,  resulta  evidente que la Dirección Ejecutiva de  Administración  Judicial, entidad que ostenta la representación judicial de la  Nación-Rama                 Judicial6,  afronta  un  daño  real  y  concreto  como  consecuencia del comportamiento investigado, pues la producción  de  una  decisión manifiestamente contraria a la ley por parte de un juez de la  República  afecta  la  reputación  y  credibilidad  de  la  administración de  justicia.   

En  tal sentido, contrario a lo manifestado  por  el  impugnante,  la  Dirección  Ejecutiva  de Administración Judicial sí  indicó   el   perjuicio   ocasionado   con  la  conducta  atribuida  al  doctor  CAMARGO MACHADO al señalar  la    afectación    de    la    “honra   y   buen  nombre” de la judicatura.   

No   bastante,  conviene  precisarlo,  la  afectación  que puede concretarse en un evento como el analizado es la relativa  al  buen  nombre  de la administración de justicia en tanto la honra, entendida  como  “la estimación que cada individuo hace de sí  mismo”  y  “desde  una  perspectiva  externa,  el  reconocimiento que los demás hacen de la dignidad de  cada     persona”7,  sólo  se  predica  de  las  personas  naturales,  tal  como  la  Corporación  lo ha señalado en anteriores  oportunidades8.     

“Ahora bien, como  es  sabido  el  honor  comporta  dos  sentidos, el subjetivo u honor propiamente  dicho  y  el objetivo o la honra. Entendido el primero como el sentimiento de la  propia  dignidad  y  decoro,  el  conjunto  de  valores  morales que cada uno se  atribuye;  y el segundo, como la opinión o estimación que los demás tienen de  nosotros,  la  reputación, el buen nombre o la fama derivados del modo de ser y  actuar  de  cada cual en sociedad, predicable esencialmente de la persona humana  pero    en    lo    atinente   al   buen   nombre   también   de   la   persona  jurídica.   

Quiere  decir  lo anterior que las personas  jurídicas  no pueden ser ofendidas en su honor en sentido subjetivo por carecer  del  sentimiento  de  su propia dignidad, pero si lesionadas en su reputación o  buen nombre.   

El  buen  nombre tiene que ver con la buena  fama  y el prestigio que los demás seres humanos han construido de un individuo  como  reflejo  de  su  personalidad  y  comportamiento en sociedad, del cual son  titulares   tanto   las   personales   naturales   como   jurídicas”9.   

De  otra  parte,  la  ley  no establece una  ritualidad        específica   para  el  reconocimiento  de  víctimas  en  el proceso penal por  manera  que  en  cada  en  caso  particular  deberá examinarse si los medios de  convicción   y   argumentos   suministrados   son   suficientes   para  deducir  razonablemente  la  probable  existencia  de  un  perjuicio  en quien invoca tal  calidad.   

Entonces,   la   defensa   confunde   la  acreditación  sumaria  del daño, necesaria para la intervención en el proceso  penal,  con  la demostración del mismo, que debe concretarse en el incidente de  reparación  integral.  Así  mismo, reduce el daño exclusivamente al perjuicio  de  carácter  patrimonial,  cuando  existe  una  amplia  gama  de  afectaciones  susceptibles de protección.   

Por  ello,  la presentación de una demanda  ante  la  jurisdicción  contencioso  administrativa  en  relación con el fallo  proferido  por  el  doctor CAMARGO MACHADO,  no constituye presupuesto para reconocer la calidad de víctima,  como  lo  sugiere  el  acusado,  máxime  cuando el daño aducido no es de orden  pecuniario sino de carácter inmaterial.   

En  suma, la ley y la jurisprudencia exigen  la  acreditación  de  un perjuicio real, concreto y específico, cualquiera sea  la  naturaleza  de éste, pudiendo ser de orden material o moral. Dicho cometido  puede  lograrse  con  la  simple  argumentación que concatene la situación del  peticionario  frente  a  los sucesos base de la imputación fáctica y jurídica  contenida  en  la acusación, acompañada de la prueba sumaria de la legitimidad  para  intervenir.  Obviamente,  sólo  con  la  sentencia  se  consolidará  tal  condición,  deviniendo  necesario  iniciar  en  ese  momento  el incidente para  determinar      la      indemnización      o      medida     de     reparación  correspondiente.   

De esta manera, los argumentos expuestos por  el  impugnante  no logran persuadir a la Corporación sobre la improcedencia del  reconocimiento  de  la  calidad  de  víctima,  razón  por  la  cual  se impone  confirmar    la    providencia    impugnada   respecto   de   los   motivos   de  inconformidad.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

CONFIRMAR   la  providencia  del  5  de  septiembre  de 2013 del Tribunal Superior de Bogotá en  cuanto  fue  objeto  de  impugnación,  por las razones expuestas en la anterior  motivación.   

         

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno; comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                    FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ  CARLIER                                                 MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ                                   LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO                                              

JAVIER     ZAPATA    ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  La  imputación  se  llevó  a cabo ante el Juzgado Sesenta y Cuatro Penal Municipal  de   Bogotá   con   Función  de  Control  de  Garantías  el  7  de  junio  de  2013.   

2  El  aparte  entre  paréntesis fue declarado inexequible por la Corte Constitucional  en la sentencia C- 516 del 11 de julio de 2007.   

3 Cfr.  Sentencias  de  la  Corte Constitucional: C-516 de 11 de julio de 2007; C-370 de  2006; C-228 de 2002; C-578 de 2002.   

4 Cfr.  Providencias  del  11 de noviembre de 2009, Rad. 32564; 6 de marzo de 2008, Rad.  28788  y  Rad.  26703; 1 de noviembre de 2007, Rad. 26077; 10 de agosto de 2006,  Rad. 22289.   

5 Cfr.  Sentencia C- 228 de 2002.   

6  Acorde  con el artículo 149 del Código Contenciosos Administrativo, modificado  por  el  art.  309  de  la  Ley  1437  de 2011: “Las  entidades  públicas  y  las  privadas  que  cumplan funciones públicas podrán  obrar  como demandantes, demandadas o intervinientes en los procesos Contencioso  Administrativos,  por  medio  de  sus  representantes,  debidamente acreditados.  Ellas  podrán  incoar  todas  las  acciones  previstas  en  este Código si las  circunstancias lo ameritan.   

En los procesos Contencioso Administrativos  la  Nación  estará  representada  por  el  Ministro,  Director de Departamento  Administrativo,  Superintendente,  Registrador Nacional del Estado Civil, Fiscal  General,  Procurador  o  Contralor  o  por  la persona de mayor jerarquía en la  entidad que expidió el acto o produjo el hecho.   

El  Presidente  del  Senado representa a la  Nación  en  cuanto  se  relacione con el Congreso. La  Nación-Rama   Judicial  estará  representada  por  el  Director  Ejecutivo  de  Administración Judicial.   

En  los  procesos  sobre impuestos, tasas o  contribuciones,  la  representación  de  las entidades públicas la tendrán el  Director  General  de  Impuestos y Aduanas Nacionales en lo de su competencia, o  el  funcionario  que  expidió  el  acto” (subrayas  propias).   

7 Corte  Constitucional, T-088 de 2013.   

8  En  igual  sentido,  la  Corte  Constitucional  ha señalado que aunque las personas  jurídicas  son titulares de derechos fundamentales, no todos le son aplicables.  Así,  en  la  sentencia  SU-1193  de  2000,  afirmó:  “Hay  derechos  de  las  personas jurídicas, que ellas pueden reclamar dentro  del  Estado  Social  de  Derecho y que las autoridades se obligan a respetar y a  hacer  que  les  sean  respetados.  Y,  claro  está,  entre  la inmensa gama de  derechos  que  les  corresponden,  los  hay  también  fundamentales,  en cuanto  estrechamente  ligados  a su existencia misma, a su actividad, al núcleo de las  garantías  que  el  orden jurídico les ofrece y, por supuesto, al ejercicio de  derechos  de  las  personas  naturales afectadas de manera transitiva cuando son  vulnerados  o  desconocidos los de aquellos entes en que tienen interés directo  o indirecto.   

La naturaleza propia de las mismas personas  jurídicas,  la  función  específica  que  cumplen  y  los  contenidos  de los  derechos  constitucionales  conducen  necesariamente  a  que no todos los que se  enuncian  o  se  derivan  de la Carta en favor de la persona humana les resulten  aplicables.   

Pero,  de  los  que  sí lo son y deben ser  garantizados  escrupulosamente  por el sistema jurídico en cuanto de una u otra  forma  se  reflejan  en  las  personas  naturales que integran la población, la  Corte   Constitucional  ha  destacado  derechos  fundamentales  como  el  debido  proceso,  la  igualdad,  la inviolabilidad de domicilio y de correspondencia, la  libertad   de  asociación,  la  inviolabilidad  de  los  documentos  y  papeles  privados,  el  acceso  a  la  administración  de  justicia,  el  derecho  a  la  información,   el   habeas   data   y   el   derecho   al  buen  nombre,  entre  otros”.   

9 Cfr.  Proveído del 6 de abril de 2005, Rad. No. 22099.     

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