12077oct

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 12077  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

Aprobado Acta No. 183  

         

          Bogotá,  D.  C.,  veintiséis  (26)  de  octubre  del  año dos mil  (2.000).   

          VISTOS   

          Decide  la Sala el recurso de casación interpuesto por la defensora  del     ciudadano     EVERT     FRANCISCO    CASTRO  POVEDA.   

          HECHOS   

          Ocurrieron   en   Bogotá:   el  joven  Luis Alberto Bernal Vargas fue retenido por agentes de la  Policía  Nacional  en  horas  de  la  noche  del 10 de marzo de 1995, por haber  lesionado  a  Joaquín  Sánchez Ramírez cuando se transportaban como pasajeros  en un bus urbano de servicio público.   

          Esa  misma  noche  fue  conducido  a  las instalaciones de la Unidad  Judicial  del  Barrio  Restrepo,  donde  debía  permanecer  a  órdenes  de  la  Inspección  15  C   de  Policía  hasta el lunes 13 de marzo, cuando se le  resolviera la situación jurídica.   

          En  la mañana del domingo 12 de marzo, el Cabo Segundo Evert  Francisco  Castro  Poveda, quien se  encontraba  de  Jefe  de Turno de la Unidad Judicial, le dijo al detenido Bernal  Vargas  que  si  le  entregaba la suma de $200.000.00 lo dejaría en libertad al  día  siguiente  después  de  que  fuera  escuchado en indagatoria y que, de lo  contrario, sería llevado a la Cárcel Distrital.   

          Ese  mismo  domingo en horas de la tarde los familiares del retenido  le  entregaron  al  servidor público $100.000.00, que lograron conseguir con el  empeño de un televisor.   

          ACTUACIÓN PROCESAL   

          Con  base  en  las  diligencias adelantadas por la Unidad de Control  Interno  de  la  Sijin,  el  Juzgado 86 de Instrucción Penal Militar de Bogotá  declaró  abierta  la  investigación el 27 de marzo de 1995 y vinculó mediante  indagatoria     a     EVERT     FRANCISCO    CASTRO  POVEDA  el  3 de mayo del mismo año. Al resolverle la  situación  jurídica,  lo  afectó  con  detención preventiva, por auto del 26  de  julio de 1995 (Fl.128).   

          Cerrada  la  investigación  (Fl.304),  el 7 de noviembre de 1995 el  Comando  del  Departamento  de  Policía  Metropolitana  de  Bogotá  convocó a  CASTRO  POVEDA  a Consejo de  Guerra por el delito de concusión (Fl. 311).   

          El  3  de  enero de 1996, el Comando de la Policía Metropolitana de  la  misma  ciudad,  en  su  condición  de  juez  de  1ª. instancia, condenó a  Evert    Francisco    Castro   Poveda   a  las  penas de 2 años de prisión, interdicción del ejercicio de  derechos    y   funciones   públicas   durante   el   mismo   lapso   y  a la separación absoluta de la  Policía Nacional (Fl. 347).   

          Apelado  el  fallo  por  la defensa, el Tribunal Superior Militar lo  confirmó el 27 de febrero de 1996.   

          La  sentencia de 2ª. instancia fue objeto de casación por parte de  la   defensa.   La   Corte   se  ocupa,  entonces,  de  resolver  el  fondo  del  asunto.   

          LA DEMANDA   

          Con  fundamento  en las causales primera -cuerpo segundo- y tercera,  la proponente formuló dos cargos, que enunció así:   

          Primer cargo.   

          “Dentro  de  la  investigación  adelantada  se incurrió en ERROR  GRAVE,   en  la  apreciación  de  la  prueba  testimonial  como  documental”.  Expuso:   

          1)  Los testimonios de cargo que en últimas sirvieron de base a los  falladores  de  instancia  provienen  del  núcleo  familiar  del ofendido, pues  fueron  rendidos  por  Bernardo  Bernal  Hernández,  María Luisa Vargas, Diana  Luisa  Romero  Rojas  y Jaidy Rojas que son, en su orden, el padre, la madre, la  esposa  y  la suegra del detenido Alberto Bernal. Esta circunstancia no mereció  un  análisis  serio  por  parte  de  la  justicia, que olvidó que “cuando el  testimonio  procede de familiares, el mismo debe ser sometido con mayor razón y  más  prevención  que  si se tratase de declaraciones rendidas por particulares  sin que los una ningún lazo de familiaridad de sangre o civil”.   

          2)  La  falta de veracidad de los testimonios referidos se evidencia  en  las  múltiples  y graves contradicciones en que incurren los declarantes, y  en  su  falta  de  seriedad  y coherencia; es incierto lo afirmado por unos y lo  sostenido  por otros, lo que hace que al ser analizados en su conjunto, carezcan  de todo mérito probatorio.   

          3)  Los  testimonios  de  los  padres  y  la  esposa del detenido se  contradicen  en  relación  con  las  horas en que se empeñó el televisor y se  hizo  entrega  del  dinero,  así como respecto de las personas que asistieron a  tales  eventos. La supuesta recepción del dinero no fue presenciada por ninguna  persona,  pues  no es cierto que la señora María Luisa de Vargas acompañara a  su  esposo y lo hubiera esperado en una cafetería ubicada frente a la Estación  de  Policía,  por cuanto en el sitio indicado se encuentra es un almacén de la  cadena  Colsubsidio.  Además,  el  de  Diana  Lucía Romero es un testimonio de  oídas,  pues  se  limitó  a repetir lo que le escuchó a su madre Jaidy Rojas.   

         

          4)  De  la versión de Alberto Bernal y las declaraciones de la sub-  oficial  Gloria  Ortega,  el Auxiliar Administrativo de la Inspección 15C, Luis  Eduardo  Rodríguez,  y la teniente Liliana Ramírez, se puede inferir que si en  algún  momento  se  habló  de dinero no era para entregárselo a su defendido,  sino  para  dárselo a la persona  herida, con la que se llegó a hablar de  una  posible  conciliación.  Estos testimonios, que corresponden a personas que  no  tienen  ningún  interés creado, refutan la acusación y le abren paso a la  inocencia de su defendido.   

          5)  El material probatorio recaudado no fue sometido a las reglas de  la  sana  crítica.  Si  se  hubiera  hecho,  habría  surgido  una  duda de tal  dimensión  que conduciría a la imposibilidad de predicar la responsabilidad de  su poderdante, en virtud del principio del in dubio pro reo.   

          6)  El  recibo  de  empeño  incorporado al expediente no reúne los  requisitos  mínimos que son propios de ese tipo de documentos, como el registro  de  la  transacción  en  el  libro correspondiente y  la estipulación del  interés    por   cobrar,   tanto   en   el   documento   como   en   el   libro  mencionado.   

          Segundo cargo.   

          “Cuando  la  sentencia  se  halla  dictado en un juicio viciado de  nulidad”. Dijo que:   

          1)  Al  señor Castro Poveda se le adelantaron en forma paralela dos  investigaciones,  una  disciplinaria y otra de carácter penal y en ambas actuó  la  Dra.  Eugenia  Gutiérrez  Giraldo,  en  su  calidad de Auditora Auxiliar de  Guerra  adscrita  al  Departamento  de  Policía Metropolitana de Bogotá. En la  primera   intervino   como  funcionaria  instructora  y  emitió  el  respectivo  concepto,  mientras  en la segunda asesoró al Juez de Primera Instancia y junto  con él firmó la sentencia condenatoria.   

          2)  La  citada funcionaria no podía intervenir en los dos procesos,  pues  se encontraba en la causal de impedimento prevista en el artículo 103 del  C.  de  P.  P.  y por consiguiente debía declararse impedida; al no hacerlo, se  configuró  una  irregularidad  sustancial  que  afectó  las  garantías  de su  defendido  e  incidió  igualmente en el criterio para el juzgamiento. Por ello,  espera que la Corte declare la nulidad planteada.   

         

          CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO   

          El  señor  Procurador  Tercero  Delegado en lo Penal consideró que  los  cargos  formulados  por  la  libelista  debían ser desestimados y por ello  solicitó no casar la sentencia impugnada. Expreso:   

          En relación con el primer cargo.   

          1)  La  censura  que  hace  la  casacionista a la apreciación de la  prueba  testimonial   por quebrantamiento de las reglas de la sana crítica  no  pasa  de  constituir  un  reclamo  de prevalencia para su personal manera de  analizar  los  testimonios  de  los  familiares  del capturado, sobre la base de  supuestos indemostrados.   

          2)  No  se  advierte  error  alguno  en la apreciación de la prueba  testimonial:  los  yerros  que  se aducen en la demanda no han sido demostrados,  como  tampoco  la  vulneración  a  las  reglas  de  la  sana  crítica, pues no  establece   ninguna   relación   entre   esos   criterios   generales   y   las  particularidades de la prueba testimonial.   

          3)  La  crítica  a la prueba documental está totalmente alejada de  la  realidad  procesal,  de  las  normas  que  rigen las pruebas y de las reglas  técnicas  del  recurso  de  casación.  Olvidó que el código de procedimiento  penal  autoriza  al  juez  a  declarar  probado un elemento integrante del hecho  punible  o  de  la  responsabilidad del procesado por cualquier medio de prueba,  que   el   contrato  de  compraventa  –  aún con pacto de retroventa- es meramente consensual, y que no se  puede  pretender  que algunas medidas de control policial sobre las compraventas  sean tenidas en cuenta como requisitos de legalidad de la prueba.   

          4)  Construye  la  pretendida  demostración  del  error a partir de  hipótesis  no  demostradas  en  el  expediente  y  que  responden a su personal  posición.   

          En relación con el segundo cargo.   

          1)  Es  cierto  que  la  Dra.  Eugenia  Gutiérrez Giraldo, Auditora  Auxiliar  de  Guerra,  actuó como funcionaria instructora dentro del expediente  disciplinario  que  se tramitó en contra del procesado y también fue designada  como  Asesora  Jurídica  del  Consejo  de Guerra Verbal para el que aquel fuera  convocado.  No  obstante,  el reproche está formulado a partir de generalidades  que  no  permiten  su  estudio  de  fondo,  pues  la  censora  no  demostró  la  trascendencia   que   tal   intervención   tuvo  en  la  imparcialidad  de  los  funcionarios,  ni se ocupó de determinar en qué forma la falta de declaración  del   impedimento  generó  una  causal  de  ineficacia  de  específicos  actos  procesales.   

         

          2)  El  numeral 4 del artículo 103 del C. de P. P. limita la causal  de  impedimento  a  aquella  opinión  que  se  emite por fuera de las funciones  propias   del   cargo;   cuando   ella  es  consecuencia  de  labores  oficiales  –  así se haya expresado  en  distintas  clases  de  procesos-  no  se  constituye  en  fundamento para la  separación  del  servidor  público  del  conocimiento o participación en otro  asunto.   

          3)  Los  sujetos  procesales  convalidaron  la  supuesta  actuación  anómala  que no trasciende a la vulneración del derecho de defensa, pues en su  oportunidad  no  utilizaron los mecanismos legales (la recusación) para impedir  la  presunta parcialidad del funcionario.             

    

        CONSIDERACIONES DE LA SALA   

         La  sentencia  objeto  del recurso de casación no puede ser casada,  por los siguientes motivos:   

         En      cuanto     al     segundo     cargo:     nulidad.   

         Se desestima, porque:   

         1)   Tomando  como  punto  de  partida  la  demanda  presentada,  es  importante  recordar  que  cuando  se  acude a la causal 3a. de casación, le es  imperativo  al  casacionista  seguir  unas  reglas,  que  pueden  ser  resumidas  así:   

        a)  Concretar  la  clase  de  nulidad  que  invoca.  b)  Mostrar sus  fundamentos.  c)  Especificar  las normas que estima infringidas. d) Precisar de  qué  manera la irregularidad procesal denunciada ha repercutido definitivamente  en  la  afectación  del trámite surtido que ha culminado con la expedición de  la   sentencia   impugnada.   e)   Determinar   la  o  las  irregularidades  que  indefectiblemente  conducen  a  la invalidación del proceso, bien porque rompan  la   estructura   del   rito,   bien   porque  vulneran  garantías  y  derechos  fundamentales.  f)  Señalar desde qué momento procesal pide la declaración de  nulidad,  indicando  los  motivos  por  los  cuales  alude a tal punto. g) Si se  refiere  a  varias irregularidades con capacidad anulatoria, seleccionar la más  importante  y  ordenar  las  demás,  teniendo  en cuenta  la mayor o menor  cobertura  de  cada una de ellas, es decir, el alcance de las infracciones. Como  cada  hipótesis  de  nulidad  tiene  su  propia  trascendencia  en  el trámite  procesal,  lógicamente  aquella  con  mayor capacidad de regresar el proceso al  punto  más  lejano  goza  de  prioridad  frente  a  las  demás.  h) Si postula  violación  del  debido proceso, le resulta imprescindible identificar con plena  nitidez  la  irregularidad que sustancialmente lo ha alterado de manera rotunda.  i)  Si  lo  denunciado  por  el  casacionista  es  la  violación del derecho de  defensa,  en  su  escrito debe determinar la actuación concreta  que   lo  ha  vulnerado, la normatividad exactamente infringida y su específica   incidencia  en  el  fallo recurrido. j) Separar los reproches, cuando se acude a  pluralidad  de infracciones. Así, por ejemplo, si se afirma desconocimiento del  derecho  de  defensa  y del principio de la investigación integral, es menester  realizar  el  planteamiento  con  autonomía  en  cada  caso,  con  una  nítida  propuesta  principal  y  otra  a título subsidiario, pues las consecuencias que  dimanan  de  la  eventual  existencia  de  una de ellas pueden afectar de manera  diferente  y  desde  distinta  oportunidad  el  trámite  del proceso (Cfr., por  ejemplo,  Casaciones  del 1O de marzo de 1994, M. P. Dr. Ricardo Calvete Rangel,  y  del  14  de  septiembre  de  1.999,   M.  P.  Dr.  Carlos Eduardo Mejía  Escobar).  Como  corolario  obvio,  no es posible instaurar simultáneamente, de  manera  mezclada o fusionada, dos o más cargos dentro de uno mismo, por razones  diversas.   

         

         2)  La  observación  de  la  demanda presentada, permite afirmar lo  siguiente:   

         a)  La  libelista  hizo  alusión  a la  presunta irregularidad  sustancial  “que  afectó  las  garantías  de  su  defendido  e igualmente el  criterio  para  el  juzgamiento”,   con  el  propósito  de  que la Corte  declarara  de  oficio la nulidad, conforme lo dispone el artículo 228 del C. de  P. P.   

         b)  En  la  presentación  y  desarrollo  del  cargo no observó las  reglas  mínimas  que  regulan  la  causal  invocada.  Tal  como  lo señaló el  Procurador   Tercero   Delegado,   la   censura  está  formulada  a  partir  de  generalidades que no permiten su estudio de fondo.   

         En  efecto,  no  concretó  la clase de nulidad  que invoca, ni  indicó   sus   fundamentos,   tampoco   especificó   las  normas  que  estimó  infringidas,  ni  precisó  de  qué  forma la irregularidad procesal denunciada  había  repercutido  de  modo  definitivo  en  el  trámite  que concluye con la  sentencia,  a  la  vez  que  omitió señalar a partir de qué momento pedía la  anulación, así como los motivos en que apoyaba tal solicitud.   

         3)  Frente  a  los derechos y garantías de las partes, y en asuntos  como  en  el  que  en  estos momentos ocupan la atención de la Sala, uno de los  principios  generales  que  regulan el fenómeno de las nulidades es el conocido  con    el   nombre   de   Convalidación    o   del   Consentimiento.  De  acuerdo  con  él, cuando el sujeto procesal hipotéticamente  afectado  por una eventual irregularidad no hace nada, se conforma y no refuta o  se  opone al comportamiento que luego se estima conculcante, se entiende que con  su  silencio da por subsanada la alteración, de donde surge que  carece de  interés  o,  simplemente,  que  renuncia  a todo debate o controversia sobre el  punto,  razón  por  la  cual,  más  adelante,  no  puede  plantear como motivo  anulatorio  aquello  que  ha  admitido  con  su mutismo o reticencia pretérita,  salvo  que, se reitera, sean vulneradas las garantías y derechos, concretamente  el de defensa.   

         Fue  justamente lo ocurrido en este asunto. La acción disciplinaria  fue  iniciada  desde  el  12  de  marzo  de  1995,  inclusive antes de que fuera  formalmente  comenzada la instrucción penal, que lo fue el 27 de marzo de 1995.  La  doctora EUGENIA GUTIERREZ GIRALDO fue designada investigadora el 22 de marzo  del  mismo  año, comenzó a actuar enjundiosamente y profirió su concepto el 5  de  junio  de  1995,  como  se  observa en los folios 174 y s.s. del expediente.   

         Durante  todo  ese tiempo, entonces, si el procesado o su defensa en  el  asunto  penal  consideraban  que había irregularidades que conducían a una  causal  de  impedimento,  han  debido  recusar  a  la  funcionaria. Sin embargo,  callaron  y, además, para nada se refirieron al tema en desarrollo del proceso,  en  cumplimiento  del  Consejo  Verbal,  ni  en la apelación de la sentencia de  primera  instancia.  Fácil  es  concluir,  entonces,  que la parte defensiva no  encontró  reprochable  la  actitud  de  la  doctora  GUTIERREZ GIRALDO y que si  percibió su doble actividad la entendió conforme con el derecho.   

         Agréguese  a  lo  anterior que el 29 de diciembre de 1995 llegó al  expediente  copia  de  la  sentencia  disciplinaria  de  2ª.  instancia, que el  defensor  apeló  y  sustentó la condena penal de 1ª. instancia el 11 de enero  de  1996  y  que  nada  objetó  sobre  la  supuesta  irregularidad que ahora es  expresada en casación.   

                 Siendo  así,  se  impone  la  preferencia del principio mencionado.   

         4)   Por   último,  dígase  que  la  doctora  GUTIÉRREZ  GIRALDO,  comisionada  para  investigar  lo  disciplinario  y  emisora  de un concepto, no  actuó  como  Juez  ni  de  primera ni de segunda instancia. Se limitó, con las  palabras de la propia señora casacionista, a “proyectar”.   

         No  se  observa,  en  síntesis, ninguna irregularidad sustancial y,  por ende, no prospera el cargo.   

         Primer cargo: Violación indirecta.   

         Tampoco prospera, porque:   

         1)  Dijo  la  casacionista que imputaba a la sentencia violación de  una  norma  de  derecho sustancial como consecuencia de error en la apreciación  de  las  pruebas.  En desarrollo del cargo, se refirió a los testimonios y a un  documento.   

         2)  En  ninguna  parte  expresó cuál era o cuáles eran las normas  sustantivas infringidas, ni lo dio a entender.   

         3)  Al  no  hacer  lo  anterior,  se  le dificultaba otro requisito:  establecer  con  nitidez  y precisión la forma de la vulneración, es decir, si  se  trataba de falta de aplicación o de aplicación indebida de la disposición  sustancial.   

         4)  Tampoco  dijo  a  cuál  o  cuáles  clases  y especies de error  apuntaba  la  censura:  si  a  error de hecho por falso juicio de existencia, de  identidad  o  por  falso  raciocinio;  o a error de derecho, por falso juicio de  legalidad  o de convicción. Aparte de no enunciarlas, tampoco las insinuó como  para que de pronto la Corte pudiera desentrañar su pensamiento.   

         5)  A  las anteriores falencias se suma otra: a la demandante le era  imposible,  tal como confeccionó su escrito, demostrar el nexo vinculante entre  las fallas probatorias y la ruptura de la sustantividad.   

         6)  Aludió  a  la sana crítica. Mas no dijo a la Sala cuáles eran  las  reglas  de la experiencia, los principios lógicos o las leyes científicas  indebidamente  utilizadas  por los juzgadores. Y como no lo hizo, tampoco podía  cumplir  otro  requisito:  proponer  a  la  Corte,  con  seriedad,  las  reglas,  principios  o  leyes  que  han debido ser atendidos por el juez frente al asunto  concreto.   

         7)   Limitó  su  trabajo  a  mostrar  sus  ideas  sobre  la  prueba  testimonial   y   documental,   tarea   que  se  comprueba  con  solo  mirar  la  presentación  de  la  mayor  parte  del libelo: cita varios nombres de testigos  -Bernardo  Bernal  Hernández,  María Luisa Vargas y Diana Luisa Romeros, en su  orden  padre,  madre  y esposa del detenido LUIS ALBERTO BERNAL VARGAS-, uno por  uno,  entre  comillas  informa  sobre algunas de sus palabras y con punto aparte  emite  su  opinión  sobre el texto. Ello, hasta plausible en las instancias, no  es  propio  de  la  casación  pues  en  esta  sede  la actora tiene el deber de  demostrar   la   existencia  de  errores  protuberantes,  patentes,  fácilmente  perceptibles, labor que no cumplió.   

         8)  Y en medio de lo anterior, acudió al principio de duda, pero no  explicó  por qué se debía llegar a ella, y no lo podía explicar porque sólo  se  arriba  allí luego de probar errores de la sentencia. Y no basta con decir,  como  asevera  la  demandante,  que  existen  errores  graves y que por tanto se  impone la incertidumbre en pro del condenado.   

         

         9)  Si  se  quisiera  proseguir  no  obstante  los desaciertos de la  demanda,  se  podría  afirmar  que no es cierto que los falladores de instancia  hubieran  ignorado  los  vínculos familiares existentes entre los testigos y la  persona detenida. Sobre el punto, expuso el Tribunal:   

“ …no pueden tenerse esas aseveraciones  como  resultado  de  una acción coordinada e interesada en procura de ocasionar  perjuicio  al  suboficial CASTRO POVEDA; no se advierte la razón para ello; por  el  contrario  se  ve  que  los  integrantes de la familia Bernal creyeron en la  posibilidad  de  que  mediante el pago de la suma señalada por dicho suboficial  obtendría  su  libertad  LUIS  ALBERTO  y  no  sería  remitido  a  la  cárcel  distrital;  por  ello  y  con  ese único fin empeñaron un televisor obtenido a  crédito…,  confiadamente  entregaron la suma de cien mil pesos y esperaron la  libertad  del familiar retenido hasta el día siguiente; fue la preocupación de  JADIVE  ROJAS  y  DIANA  LUCIA  ROMERO  ROJAS, que surgiera a raíz de que en la  mañana  del  13  de marzo de 1995 no se había producido la liberación de LUIS  ALBERTO,  la  que  llevó  a  aquellas  a exponer la situación ante el Capitán  HENRY  ARTURO RUIZ;… El dueño de la compraventa da cuenta de la forma como se  efectuó  la  negociación y los fines del dinero que suministrara; se le habló  de  que quienes empeñaban el televisor debían resolver el problema de un hijo;  se  establece  que  el  aparato  existía  y había sido obtenido a crédito. La  queja  se  formuló  el mismo día 13 de marzo y las averiguaciones se iniciaron  inmediatamente,   sin   dar   margen  a  una  preconstitución  o  presentación  acomodaticia  de  pruebas, encaminada a perjudicar a determinada persona” (Fl.  407).   

   

         Como  las  numerosas  falencias  de  la  demanda  impiden  a la Sala  descender al fondo de la cuestión, el cargo es desestimado.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

         RESUELVE   

         No casar la sentencia impugnada.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  ENRIQUE CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                     JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS            CARLOS E.  MEJÍA ESCOBAR   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN            NILSON E.  PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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