40009(13-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 378.  

Bogotá,  D.  C., trece (13) de noviembre de  dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

          Pronuncia  la  Corte  la decisión que en derecho corresponda dentro  del  presente proceso, en el cual el defensor de BETTY  ALEXANDRA   RIVERA   ARDILA   interpuso   el  recurso  extraordinario  de  casación  contra  la sentencia del 1º de agosto de 2012, a  través  de la cual el Tribunal Superior de Bogotá revocó el fallo absolutorio  proferido  el  24  de mayo anterior por el Juzgado Once Penal del Circuito de la  misma  sede  y,  en  su lugar, condenó a la procesada a la pena principal de 16  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término, como autora responsable  del delito de constreñimiento ilegal.   

HECHOS  

Los  resumió  el  Tribunal  de la siguiente  forma:   

          “Desde  el  año  2001  el  BANCO AV VILLAS adelantaba un proceso  hipotecario  contra  LUIS  ANTONIO  RONDÓN  y  AYDÉ PÉREZ ZAMBRANO. En él se  había  afectado  un  inmueble  de  propiedad  de  estos últimos, el que estaba  arrendado   a   MIGUEL  ÁNGEL  RAMOS  VARGAS  y  en  el  que  éste  tenía  en  funcionamiento  una fábrica de confecciones, en la que utilizaba 30 máquinas y  tenía  más  de 30 empleados. En ese proceso se había programado la diligencia  de  remate  del  bien,  pero  se  había declarado desierta. Ante ello, el 28 de  abril  de  2005,  la  abogada  BETTY  ALEXANDRA  RIVERA  ARDILA,  actuando  como  apoderada del banco, solicitó su adjudicación.   

         A  pesar  de  que  el  inmueble no había sido rematado, ni tampoco  adjudicado  al  banco,  la  abogada  RIVERA  ARDILA,  a través de una visita al  mismo,…  afirmó  que  éste  había sido embargado y que la empresa que allí  funcionaba  se  iba  a  acabar; de cuatro comunicaciones escritas, en dos de las  cuales  sostuvo  que  el  bien  había  sido  adjudicado  al  banco, y de varias  conversaciones,  le solicitó al arrendatario RAMOS VARGAS la entrega voluntaria  del  inmueble  con  el  fin de evitar un lanzamiento judicial que se realizaría  con  el  concurso  de  la  fuerza  pública.  Esa  solicitud  se  hizo de manera  reiterada,  fijando  plazos,  negando  su  prórroga y anunciando el lanzamiento  inminente.   

         Ante  esta  situación  y  a pesar de los múltiples inconvenientes  que  ello le significaba, el arrendatario consiguió otro local, trasladó allí  la  sede  de  su  empresa e hizo entrega del inmueble a los propietarios un año  antes del vencimiento del contrato de arrendamiento.   

         Por  estos  hechos  el  arrendatario  RAMOS  VARGAS  denunció a la  apoderada     del    banco,    RIVERA    ARDILA,    generándose    así    este  proceso”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada el 4 de  febrero  de 2009 ante el Juzgado Cincuenta y dos Penal Municipal de esta ciudad,  con  funciones  de  control  de  garantías, la Fiscalía formuló imputación a  BETTY    ALEXANDRA   RIVERA   ARDILA   por  los  delitos  de tentativa de estafa, constreñimiento ilegal y  falsedad en documento privado.   

          En  la  misma audiencia el juez le impuso medida de aseguramiento no  privativa  de  la  libertad  consistente  en  presentarse  cuando sea requerida,  observar buena conducta y no salir del país.   

2.  El  24  de febrero del precitado año la  Fiscalía     presentó    escrito    de    acusación    contra    RIVERA  ARDILA, con fundamento en el cual  el  Juez  Once  Penal  del  Circuito  también  de Bogotá llevó a cabo el 8 de  febrero de 2010 la respectiva audiencia.     

3. La preparatoria la realizó el día 19 de  enero  de  2011  y  el  juicio  oral  lo  inició  el  6 de diciembre siguiente,  culminándolo  el  23  de  abril  de  2012 con el anuncio del sentido del fallo,  precisando  que  sería  absolutorio  por tentativa de estafa y constreñimiento  ilegal, mientras condenatorio por falsedad en documento privado.   

4. La sentencia anunciada la profirió el 24  de  mayo  de  2012, contra la cual interpuso recurso de apelación la Fiscalía,  el  apoderado de la víctima, el Ministerio Público y de defensa. Por esa vía,  el  Tribunal  Superior de Bogotá revocó la condena proferida por el punible de  falsedad  en  documento  privado  y, en su lugar, absolvió a la acusada por ese  ilícito.   Igualmente,   revocó  la  absolución  emitida  por  el  delito  de  constreñimiento  ilegal,  por  razón del cual, a cambio, le formuló juicio de  reproche,  imponiéndole  las  penas  señaladas  en el acápite inicial de este  proveído.   

5.  Por  lo  anterior,  la  defensa  acudió  oportunamente  al recurso extraordinario de casación. La respectiva demanda fue  admitida  por  la  Corte  en  auto  del 15 de enero de 2013, ante lo cual, en su  momento,  se  llevó  a cabo la correspondiente audiencia de sustentación oral.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  Sala  no  se  pronunciará  sobre  los  cargos  formulados en la  demanda  sino  que, de oficio, casará la sentencia de segundo grado, por cuanto  se  profirió cuando ya había operado el fenómeno de la prescripción, aspecto  no planteado por el impugnante.   

          Al  respecto,  es necesario recordar el criterio de la Sala en punto  al  camino  a  seguir dependiendo del momento procesal en el cual se presenta la  prescripción de la acción penal.  Al respecto se ha dicho:   

1. Cuando la prescripción opera después de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  se  debe  decretar  directamente y cesar  procedimiento  con  independencia  del  contenido  de  la  demanda  (se    prescinde    del    juicio   de   admisibilidad),  por  haberse  dictado  el  fallo  en  forma válida, en cuanto se  hallaba vigente la facultad sancionadora del Estado.   

2. Cuando la prescripción ocurre antes de la  sentencia   de  segunda  instancia,  es  necesario  distinguir  dos  hipótesis:   

a)  Si  el  error  ha  sido  planteado en la  demanda,  se  debe  admitir  el  libelo  y  definir  el  cargo mediante fallo de  casación,   con   prescindencia   de   los   restantes   ataques  si  han  sido  planteados.   

b) Si el recurrente no formuló el reproche,  le  corresponde a la Corte analizar la ocurrencia del fenómeno extintivo, casar  de  oficio  para  anular  el  fallo  y,  como consecuencia de ello, inadmitir la  demanda  por  ausencia  de  objeto,  sin  que resulte, entonces, procedente, por  innecesario  y  en  virtud del principio de economía procesal, agotar el juicio  de  admisibilidad  de los cargos contenidos en el libelo. Desde luego, añádase  ahora,  en  caso  de  haberse  admitido  la  demanda,  no  habrá lugar a emitir  pronunciamiento sobre los cargos allí formulados.   

3.  Cuando  la  prescripción se produce con ocasión del  fallo de  casación  (tal situación puede presentarse, por ejemplo, si la Corte varía la  calificación   jurídica  para  degradar  la  imputación):  En  ese  caso,  la  decisión  de  la  Sala  dependerá  del  momento  en  el  cual  haya operado la  prescripción.  Si  ocurrió antes de la sentencia de segunda instancia, deberá  casarla.  Si  ocurrió  después,  decretará  directamente  la  prescripción y  cesará,   en   consecuencia,   el   procedimiento1.   

          En  este  proceso,  como  ya  se  dijo, el fenómeno prescriptivo se  produjo  antes  del fallo de segundo grado y ese aspecto no fue planteado por el  impugnante,  luego lo pertinente es casar de oficio la mencionada sentencia para  declarar  la  presencia  de  dicho  fenómeno, sin que, se insiste, haya lugar a  emitir  decisión de fondo en torno a los cargos de la demanda, pues la pérdida  de  la  potestad  punitiva  del Estado implica que la justicia no puede actuar a  partir  de  ese  momento,  de  manera que si el Tribunal lo hizo su decisión es  inválida  y  así debe declararlo la Corte casando la sentencia y declarando la  prescripción  de  la  acción  penal.  Sobre  este tema la jurisprudencia de la  Corporación también ha expresado:   

         “Frente  a  dichos  planteamientos  es  necesario resaltar que la  prescripción   de   la   acción   penal,   como   lo  ha  destacado  la  Corte  Constitucional2,  es  una  institución  de  orden público por virtud de la cual,  debido  al simple transcurso del tiempo señalado en la ley, el Estado pierde su  capacidad  de  investigación y juzgamiento, de suerte tal que una vez logrado o  superado  el  lapso  previsto  por  el legislador para el efecto, no hay opción  distinta  para  el operador jurídico que decretar la prescripción, pues actuar  en  contravía  del  respectivo  mandato,  esto  es,  trascendiendo  el  límite  cronológico  máximo, implica desconocer las formas propias del juicio, sin que  sea  oponible  para  eludir  el  referido  pronunciamiento,  el  que  decisiones  próximas a tomar puedan favorecer al procesado.   

En eventos tales, ni siquiera la presunción  de  inocencia  como  garantía fundamental podría invocarse para justificar que  debe  emitirse  la  providencia liberatoria de responsabilidad (por ejemplo, por  preclusión  de  la  instrucción,  cesación  de procedimiento o aún sentencia  absolutoria),  por  cuanto  para proferirla se exige como requisito sine qua non  que  el  Estado, a través del respectivo funcionario, detente la capacidad para  adelantar  una  actuación  penal,  la  cual  desaparece ipso iure por virtud de  extinguirse  la  acción penal, entendida ésta como el derecho-deber del Estado  de  investigar,  juzgar  o  sancionar  a  una  persona  a  quien se le imputa la  comisión de una conducta definida como punible.   

De  otra parte, a una solución como la que  pretende  el censor no puede a priori llegar la Sala, dado que, en principio, no  percibe  que  esté ante supuestos fácticos semejantes a los que en pretéritas  ocasiones  hicieron  posible  concebir  los fundamentos de las decisiones que el  actor  trae a colación en procura de brindar luz acerca de la forma de resolver  el  asunto,  además  que  por lo vasto y enjundioso de las tesis consignadas en  cada  uno  de  los  cargos  postulados  en  las  cuatro demandas, la Corte no ha  superado  aún el análisis de los respectivos cuestionamientos desde la óptica  de  su  adecuada  fundamentación,  y  menos  en  lo relativo al acierto o no de  alguno             de            ellos”3.   

          Debe  decirse que la anterior regla, esto es, aquella según la cual  producida  la  prescripción  debe procederse a su declaratoria, sólo tiene dos  excepciones.  La  primera,  cuando la sentencia de segundo grado es de carácter  absolutorio,  pues  en  ese caso un tal pronunciamiento debe preferirse sobre el  de  la  prescripción, como lo viene sosteniendo la Corte desde la sentencia del  16 de mayo de 2007 dictada dentro del radicación 24374:    

“…si  se  entienden  en  concreto  los  derechos  fundamentales  arraigados en la norma constitucional, particularmente,  su  artículo  1°, que dice fundada la República en el respeto por la dignidad  humana,  y  el  desarrollo que se materializa en  la protección a  la  honra  y el buen nombre, no puede decirse de entrada que la decisión de ordenar  la  prescripción  en  cualquier  estado  del  proceso  en  la cual se advierta,  respeta a cabalidad unos tan profundos preceptos constitucionales.   

Desde   una   perspectiva   eminentemente  constitucional,   en  protección  de  los  derechos  fundamentales   a  la  dignidad,  la  honra  y  el  buen  nombre, no puede ser lo mismo que después de  someter  a  las  afugias  de  un proceso penal al acusado de un delito de enorme  relevancia  social,  se  diga  que  el Estado perdió toda potestad de continuar  adelantando  la  investigación, por el simple paso del tiempo, a que se pregone  examinado  de  fondo  el  asunto por las dos instancias ordinarias y luego de un  examen riguroso, se absuelva del delito a la persona.   

Esta  última  solución,  no  cabe  duda,  restaña  en algo el daño que la prosecución penal pudo causar en los derechos  fundamentales  a la dignidad, la honra y el buen nombre del procesado, que es lo  menos  que  puede  esperarse  otorgar  al  individuo  una  vez  se  le  reconoce  inocente”4.   

          Tal  exigencia  no  se  cumple  en  el  presente  evento,  porque la  sentencia  del  Tribunal,  contrariamente,  es de carácter condenatorio. A este  respecto,  es  de precisar que en aplicación del criterio jurisprudencial antes  remembrado,  lo  que  le correspondía a la mencionada colegiatura, apelada como  fue  la  absolución  proferida  por  el  delito de constreñimiento ilegal, era  proceder  a  declarar  la  prescripción  de la acción penal, advertido que, de  acuerdo  con su análisis, había lugar a revocar dicho pronunciamiento para, en  su lugar, proferir fallo condenatorio.   

          Desde  luego,  de  haber arribado a conclusión contraria, es decir,  que  debía  confirmar  la decisión de primera instancia, en ese sentido tenía  que  pronunciarse  con  preferencia  a la declaratoria de prescripción. Y si la  sentencia  así proferida es objeto del recurso de casación por sujeto procesal  legitimado  para  el  efecto, a la Sala le corresponde analizar si la respectiva  demanda  reúne  o no los requisitos de lógica y adecuada sustentación. Si los  cumple,  declarará  la  prescripción de la acción penal. En cambio, si no los  satisface,  inadmitirá  el libelo y dejará en firme la absolución5.   

          Ciertamente,   los   principios  constitucionales  que  imponen  dar  prevalencia  en  sede  de  casación  a  la  absolución  proferida  en  segunda  instancia,  esto  es,  dignidad, honra y buen nombre, operan también al momento  de  desatarse  la  apelación  interpuesta  contra  una absolución proferida en  primer  grado,  pues  de esa manera se restablecen las garantías de quien luego  de  ser  sometido  a  un largo proceso penal, se le reconoce su inocencia en una  decisión  en  la  cual  se  aborda  el  examen  de  la  integridad  del  acervo  probatorio,  de  manera  que  donde  hay una misma razón de hecho debe darse la  misma solución de derecho.     

          En  esas  condiciones,  como  en  vez  de  enervar la acción penal,  conforme  se  imponía  en  este caso, el Tribunal de Bogotá profirió fallo de  condena,  el  yerro  así  cometido  debe  ser  subsanado  por la Corte en forma  oficiosa.   

          La  segunda excepción se presenta cuando el procesado, en ejercicio  del  derecho  consagrado  en  el  artículo  85 del Código Penal, renuncia a la  prescripción.  En  ese caso, empero, el aludido deberá atenerse a la decisión  de   la   justicia,   de   manera   que   el  fallo  podrá  ser  absolutorio  o  condenatorio.   

          Ahora  bien,  se sostiene que en este evento operó la prescripción  de  la  acción  penal  porque, de acuerdo con el artículo 292 de la Ley 906 de  2004,  su  interrupción  se  produce  con  la formulación de la imputación, a  partir  de  lo  cual  el  término prescriptivo empieza a correr de nuevo por un  término  igual  a  la  mitad del máximo previsto en la respectiva disposición  penal,  sin  que  en  momento  alguno pueda ser inferior a tres (3) años.    

          Acorde  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  189  de  la precitada  codificación  procesal,  la  prescripción  se  produce si superado el referido  lapso  no  se  ha  dictado sentencia de segundo grado, pues a partir de ese hito  procesal  el término se suspende para empezar a contarse de nuevo, sin que esta  vez pueda ser superior a cinco (5) años.    

          Pues  bien,  el  delito  de constreñimiento ilegal, considerando el  incremento  previsto  en  el  artículo  14  de la Ley 890 de 2004, se encuentra  señalado  con  pena  máxima  de 36 meses de prisión, luego ese es el tiempo a  tener   en  cuenta  para  efecto  de  la  prescripción  de  la  acción  penal.   

          Ese  término  se  superó con creces en este caso antes de dictarse  la  sentencia  de  segunda  instancia,  pues  la imputación se formuló el 4 de  febrero  de  2009  y  la referida decisión la emitió el Tribunal de Bogotá el  1º  de  agosto  de  2012,  es  decir, casi seis meses después de cumplirse los  referidos tres (3) años.   

          La  Sala,  por tanto, casará la sentencia impugnada y, en su lugar,  declarará  la extinción de la acción penal por prescripción en relación con  el   delito  de  constreñimiento  ilegal  y  ordenará  la  preclusión  de  la  actuación.   

          Previo  a  lo  anterior, se decretará la nulidad del auto del 15 de  enero  de  2013, mediante el cual se admitió la demanda de casación instaurada  por  la  defensa, pues el mismo se emitió cuando ya el Estado había perdido la  potestad sancionatoria.   

Es de advertir que, conforme a lo contemplado  en  el  artículo  80  de la Ley 906 de 2004, los efectos de la extinción de la  acción  penal  no se extienden a la acción civil derivada del injusto, ni a la  acción     de     extinción     de     dominio6.   

         Al  margen  de  lo  considerado, la Sala juzga imperioso ordenar la  compulsación  de  copias  de  lo  actuado  con destino a la Sala Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo Seccional de de la Judicatura de Bogotá para que se  investigue  la  conducta  del  juez  de  conocimiento  por  la  mora en que pudo  incurrir  durante  la  tramitación  del juzgamiento.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

          1.-  DECRETAR la nulidad del auto del 15 de  enero    de    2013,    mediante   el   cual   se   admitió   la   demanda   de  casación.   

2.   CASAR   OFICIOSAMENTE   la  sentencia  impugnada,  proferida  por  el  Tribunal  Superior de  Bogotá el 1º de agosto de 2012.   

3.-   DECLARAR  la  extinción  de  la  acción  penal  por prescripción respecto del delito de  constreñimiento ilegal.   

4.-    Como  consecuencia  de  lo  anterior,  ORDENAR  la  preclusión  de  la actuación seguida en contra de BETTY    ALEXANDRA    RIVERA    ARDILA.   

5.                                   DISPONER  que  por  conducto del juez de  primera  instancia  se  proceda a expedir las     comunicaciones    correlativas     a     la     determinación     de    preclusión              aquí              pronunciada.   

          6.        COMPULSAR,  por  la  secretaría  de  esta  Sala,  con  destino y para los fines reseñados en la parte final de la presente  determinación, las copias allí mismo referidas.   

Contra   esta  providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

EUGENIO          FERNÁNDEZ  CARLIER                        MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                

               

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                                              EYDER  PATIÑO CABRERA   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Auto del 21 de agosto de 2013, radicación 40587.   

2 Cfr.  Sentencia C-416 de 28 de mayo de 2002.   

3  Providencia del 6 de octubre de 2010, radicación 34970.   

4  Providencia  referida,  reiterada,  entre  otras, en las decisiones del 08-08-07  Rad. 27980, 17-09-08 Rad. 29832 y 16-05-12 Rad. 38571.   

5 Cfr.  Auto  del 31 de agosto de 2011, radicación 37243. En el mismo sentido, auto del  29 de mayo de 2013, radicación 41268.   

6  En  similar sentido, auto del 27 de febrero de 2012, radicación 38547.     

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