38326(24-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 124   

Bogotá D.C., veinticuatro (24) de abril de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si reúnen los  requisitos  formales  que condicionan su admisión, bajo la ritualidad de la Ley  906  de  2004,  examina  la  Sala  la  demanda  de  casación  presentada por el  apoderado  del  procesado  JAIRO  CHACÓN  CARRANZA,  contra  el  fallo  de 5 de  septiembre  de  2011,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior de Valledupar,  confirmó  la  sentencia de primera instancia dictada el 14 de julio de la misma  anualidad  por  el  Juzgado  Penal del Circuito de Chiriguaná, que lo condenó,  como   coautor   responsable   del   delito  de  homicidio  agravado.   

HECHOS  

El 8 de mayo de 2009, siendo las 4:30 de la  tarde  en  los  predios  denominados  Monterrubio  de Chiriguaná (Cesar), en el  momento  en  que José Isair Soto, Onil Polo Puertas y Ramiro López Velásquez,  asociados  de  la  empresa Soprasar se hallaban en el lugar, llegaron de 18 a 20  personas,  aproximadamente,  los  asaltaron  y  atacaron  con diversas clases de  armas,  y  al  resistirse  con  machetes,  Onil  y  Ramiro,  resultaron muertos.   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.-  El 27 de octubre de 2010 se radicó el  escrito  de  acusación  contra  JAIRO  CHACÓN CARRANZA, William Rafael Chacón  Carranza  y  Genovel  Pérez Narváez como coautores de los delitos de homicidio  agravado;  y  el  18  de  noviembre  siguiente  se  realizó  audiencia  con tal  fin1.   

2.-  El 17 de marzo de 2011, se celebró la  audiencia                preparatoria2;  y el 24 de mayo, 14 y 16 de  junio   de   los   que   corrían,   se  verificó  el  juicio  oral3,   sesión  última     donde     el     juez     anunció     el    sentido    condenatorio  del  fallo  contra JAIRO y  absolutorio  en  favor  de  William   Rafael   y   Genovel,   como   coautor   del   delito   de   homicidio  agravado.   

3.-  Mediante  sentencia  de 14 de julio de  2011,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Chiriguaná condenó a JAIRO CHACÓN  CARRANZA4  como  coautor  del  delito de homicidio agravado en la persona de  Onil  Antonio  Polo  Puertas  a  492  meses  de prisión; la inhabilidad para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el período de 20 años; y le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria.   

Consecuente  con  la  proclama, absolvió a  William Rafael Chacón Carranza y a Genovel Pérez Narváez.   

4.-  Inconformes  con  la  decisión,  la  Fiscalía  apeló  la  sentencia  absolutoria  y el defensor de CHACÓN CARRANZA  hizo  lo  mismo  con  la  condenatoria y el 5 de septiembre de 2011, el Tribunal  Superior     de    Valledupar,    la    confirmó5.   

5. En desacuerdo con el fallo, el apoderado  del  procesado  JAIRO  CHACÓN  CARRANZA, interpuso el recurso extraordinario de  casación.   

LA  DEMANDA   

Amparado en el numeral tercero del artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, formula un cargo por la violación indirecta de la  ley  sustancial  proveniente  en  errores  de  hecho  surgidos  en el manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la  cual se fundó la sentencia del Tribunal Superior de Valledupar por incurrir  en   falsos   raciocinios   por   la   transgresión   de   principios   de   la  lógica.   

Luego   de   mencionar   las  finalidades  perseguidas  con  el  recurso, el interés jurídico para recurrir, enuncia como  normas  violadas,  por  indebida  aplicación,  los  artículos 9° (conducta   punible),  12  (Culpabilidad),    22    (dolo)     y     103     (homicidio)  del  Código Penal; y falta  de  aplicación  del   artículo 7° (presunción  de inocencia) de la Ley 906 de 2004.   

Expresa, que su defendido fue condenado como  coautor  del  delito  de  homicidio  agravado,  cuando  del  haz  probatorio  se  desprende la existencia de duda sobre su participación.   

Dice,  que  la  sentencia  del  Tribunal se  soporta  en  la  credibilidad  otorgada  a la declaración del testigo Alexander  Molina  Flórez,  la  que  es  violatoria  de  las  garantías fundamentales del  acusado y al debido proceso.   

En  la  primera  versión  que  rinde  este  testigo  a la justica, afirma que el procesado no había participado  en la  comisión  del  delito  por  el  cual  fue  condenado y luego de transcurrido un  “lapsus”  de  tiempo,  sin  razón aparente, la cambió, donde los jueces de  instancia  omitieron  valorar en debida forma tal circunstancia. Este declarante  no  es  garante  de  la  verdad  frente  a  la  administración de justicia para  soportar  una sentencia de condena, por el contrario, se genera un manto de duda  sobre  la  veracidad  de  su  atestación  -no dice el  ¿por qué?-.   

Se  debe  observar,  que  este  deponente  resultó  como  consecuencia  del acogimiento al principio de oportunidad. Luego  de  haber  sido  declarada  una  nulidad  de  lo actuado porque el mismo Tribual  Superior  consideró  se  había violado el derecho de defensa de los imputados,  al  momento  de  rehacer  la  actuación,  Alexander  Molina  Flórez cambió su  relato,  ahora, para imputarle el cargo de homicidio a CHACÓN CARRANZA y otros,  mientras   él   recibe   beneficios  procesales.  Era  necesario  realizar  una  valoración  ponderada  del  acervo  probatorio  para  garantizar  una decisión  conforme  a  derecho,  respetuosa  del  debido  proceso  y  justa  en  favor del  acusado.   

Define   el  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  y afirma, se presentó en las operaciones mentales realizadas por el  Tribunal  Superior  de  Valledupar  para  inferir el elemento subjetivo del dolo  imputado  a  JAIRO CHACÓN CARRANZA, porque se transgredió el principio lógico  de   razón  suficiente,  al  concluir  era  coautor  del  delito  de  homicidio  agravado.   

La   primera  operación  mental  de  los  juzgadores  se  concreta  al  construir  hechos  indicadores -no dice cuáles- a  partir  de  las  declaraciones  de Alexander Molina Flórez y Vicente Fernández  Benjumea,     para     acreditar     su    responsabilidad    en    el    delito  reprochado.   

El  hecho  indicador  fue el siguiente: Del  testimonio  de  Molina  Flórez,  quien  se acogió al principio de oportunidad,  señaló  a  JAIRO  CHACÓN CARRANZA como autor del homicidio; sin embargo, este  deponente en una entrevista anterior había sostenido lo contrario.   

Dice, se debe destacar que lo atacado no es  el  hecho  indicador, si no la operación que se hace a partir del mismo y evoca  se aprecia en la sentencia cuando el Tribunal afirma lo siguiente:   

“En  nuestro caso el recurrente se centra  en  criticar  los  testimonios  de  Alexander Molina Flórez, Vicente Fernández  Benjumea,  José  Isair  Páez  y Ufley Quintero, mismo que sirvieron al juez de  primer  nivel,  para  condenar entre otros a Jairo Chacón Carranza como coautor  del  homicidio  de  Onil  Antonio  Polo Puertas, porque estimó que la Fiscalía  General  de  la  Nación,  con  ello  probó  su  teoría  del caso, en punto de  responsabilidad   del  acusado  de  marras,  desde  luego  que  el  ente  de  la  persecución  penal,  con  las  evidencias  físicas  y  los  testimonios de los  miembros  de  la policía judicial que conocieron el asunto probó la existencia  material  de  conducta  punible homicidio, que tuvo como víctima a Onil Antonio  Polo Puertas.   

El recurrente pareciera que no entendiera la  estructura  del presente proceso penal oral con tendencia adversarial, porque se  empecina  en  reiteradas  oportunidades  y  con  diferente  matiz  semántico en  descalificar  los  testimonios  aludidos  ut  supra,  en  veces  los cataloga de  mendaces  y  en otros apartados de su discurso les asigna no credibilidad en sus  relatos,  con énfasis en el testimonio de Alexander Molina Flórez, porque esta  declaración     en     el     mes     de    junio    de    2009    –  formulación de la imputación- sí  dice  la  verdad,  cuando con ello modifica su patrón inicial, para decir cosas  que  antes  callaron  y  silenciaron  culminando  con  la  apostilla de que este  testigo  profesional  en cultivar el fraude y otros géneros de artificios. Cosa  parecida  pasa  con  Vicente  Fernández  Benjumea,  acuñando  a  los demás el  calificativo de testigos de oídas.   

La ponencia que hizo el juez se ajusta a los  principios  que rigen la crítica del testimonio de conformidad con el artículo  402  y  siguiente  de  la Ley 906 de 2004, porque sin que sea importante repetir  ese  trabajo  analítico dentro del marco de la presunción racional, el juez se  refirió  a  las  circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se desarrollaron  los  sucesos  criminales  la  identificación de los protagonistas de éstos, el  grado  de  compromiso  del  acusado,  cuál  fue el esquema en que Jairo Chacón  Carranza,  se deslinda de la licitud y se introduce dentro del campo penal, todo  a  partir  de  las  evocaciones de los testigos Alexander Molina Flórez y José  Vicente  Fernández  Benjumea, cuando señalan a Jairo Chacón Carranza, como la  persona  que disparó su arma de fuego en contra de la humanidad de Onil Antonio  Polo  Puerta,  porque se encontraba en el lugar de los hechos y tenían móviles  manifiestos  para  estar  en  ese  lugar,  ya que habían sido invitados por sus  compañeros  de  asociación  porque  había  conflicto  entre  las cooperativas  Soopasar   y   Cooprecan,   de  la  cuales  hacían  parte  éstos,  víctima  y  victimario.”   

Dice  el  demandante,  que  el ad  quem  tomó como hecho indicador las  declaraciones   de   los   señores  Alexander  Molina  Flórez,  José  Vicente  Fernández  Benjumea  para  inferir  de  ellas  algo  en  contra  del  procesado  -no  precisa  ¿cuál?,  tampoco, en qué consiste el  error  lógico  denunciado-, que Chacón Carranza era  el auto del homicidio.   

Infringió el principio de razón suficiente  porque  para  llegar  al  convencimiento  de  la  responsabilidad  del procesado  “realizó un razonamiento silogístico haciendo uno  de  un método inductivo por analogía –cundo   (sic)   muchos  filósofos  han  puesto  de  manifiesto  la  insuficiencia  lógica  de  la inducción como método de razonamiento- del cual  no  pueden  desprenderse  resultados  que  garanticen  el  respeto  absoluto  al  principio  de  presunción  de  inocencia, con lo cual se desvirtúa el elemento  del    tipo   subjetivo   imputado   –dolo-“   

En  consecuencia se hizo uso indebido de la  lógica   al   utilizar   un   raciocinio  -no  dice  cuál-  contrario a lo indicado por la jurisprudencia  -no la precisa- y puesto en  duda    por    la    doctrina    -tampoco   expresa  cuál-,  se  dejó   de  aplicar el principio de  presunción  de  inocencia  que  estaba  llamado a resolver el asunto, porque de  aplicar  un  método  deductivo  se  hubiera  llegado  a  la conclusión que las  inferencias   que   elaboraba   el   Tribunal  -omite  precisarlas-  no  eran lo suficientes para deducir la  responsabilidad de JAIRO CHACÓN CARRANZA.   

Como trascendencia del error expresa, que al  haber   sido   condenado   CHACÓN   CARRANZA  se  le  vulneraron  sus  derechos  fundamentales  a la libertad, el buen nombre, honra, la familia y el trabajo. De  la  misma  manera,  al  dejar  de  aplicar la norma que contiene el in  dubio  pro  reo; la jurisprudencia de  la  Corte  sobre  el  tema;  y  los  parámetros  de  la  sana  crítica para la  valoración  de  las pruebas, se llegó a la decisión de confirmar la sentencia  apelada,   donde   existían   serias   dudas   sobre   la  responsabilidad  del  acusado.   

Sobre el tema cita al tratadista Bacigalupo  y la sentencia C-782 de 2005 de la Corte Constitucional.   

Reitera, que se hace necesaria la sentencia  de  casación  para reconocer la duda probatoria y se declare la absolución del  enjuiciado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La verdad es que el libelo presentado por el  defensor   del  procesado  JAIRO  CHACÓN  CARRANZA  es  un  escrito  confuso  y  repetitivo,  el que será inadmitido por las siguientes razones: i) no satisface  los  requisitos  formales ni materiales establecidos en los artículos 183 y 184  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  (Ley  906 de  2004); ii) la Sala no advierte vulneración de alguna  garantía  fundamental de los intervinientes que la Corte debiera proteger, así  fuere   oficiosamente,   en   los   términos  del  artículo  180  (fines  de  la  casación)  ibídem, y del artículo 29 (debido  proceso)  de  la  Constitución  Política;  y  iii)  no  se requiere emitir una nueva decisión de fondo, por lo  cual  no  es  necesario  superar  los  defectos de la demanda en atención a los  fines  de  la  casación,  la fundamentación de los cargos, la posición de los  recurrentes   dentro   del  proceso,  ni  por  la  índole  de  la  controversia  planteada.   

2.  Ha  reiterado  esta Corporación que si  bien  el  nuevo  ordenamiento  procesal  (Ley  906 de  2004)  no  enlista  de manera rigurosa requisitos por  cumplir  en  el  escrito  de impugnación, como lo hacía el artículo 212 de la  anterior  legislación  (Ley 600 de 2000),   del   contenido  de  los  artículos  183  y  184  (Ley   906   de  2004)  se  deducen  los  siguientes:   

(i)  El  señalamiento  de manera precisa y  concisa  de  las causales invocadas; (ii) el desarrollo de los cargos, es decir,  que      se     expresen     sus     fundamentos6  fácticos,  jurídicos,  la  trascendencia  del  error con acatamiento de los principios desarrollados por la  jurisprudencia;  y  ,  (iii)  la  demostración  de la necesidad del fallo, para  cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

3.- Advierte la Sala, que si bien la demanda  presentada  por  el  apoderado  de  JAIRO  CHACÓN CARRANZA, parecería serlo en  debida  forma al reunir parcialmente los requisitos exigidos legalmente, ello no  sucede  con  la idoneidad del reproche planteado como violación indirecta de la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  motivado  en  un falso raciocinio por el  desconocimiento de la regla lógica de razón suficiente.   

Todo   ello,  y  como  se  glosó  en  la  literalidad  de  la  reseña  de la demanda, antes que lograr precisar de manera  clara  los  fundamentos  del  desarrollo del cargo, abandonó su razón de ser y  llevó  su  esfuerzo al plano del enfrentamiento de criterios entre los jueces y  la  parte  que  recurre  sobre  el  por  qué  se  le otorgó credibilidad a los  testigos  Alexander  Molina  Flórez  y  Vicente  Fernández Benjumea, cuando el  primero  -Molina  Flórez-,  ya  había  rendido  entrevista  con una versión contraria a la que ahora le es  adversa  a  sus  pretensiones,  donde  sin  argumento  adicional, ahora debe ser  preferida la inicialmente ofrecida y en beneficio al acusado.   

Cuando  esperaba la Corte que en el escrito  de  sustentación  el  censor  demostrara,  que  en  el  discernimiento  de  los  falladores  al  asignar valor suasorio a tales atestaciones, existió ausencia o  deficiencia  de  sustentación  que se baste por sí misma para sostener que las  tesis   expuestas   por  los  juzgadores  sobre  la  apreciación  probatoria  y  conclusión  de  certeza  para condenar carecen de soporte argumentativo, que es  la   esencia   del  vicio  anunciado  –razón  suficiente-,  su labor se quedó  en  ofrecer  su  personal  pensamiento  sobre  el  por qué estos declarantes no  merecían credibilidad.   

Tiene decantado esta Corporación, que para  soportar   la  razón  de  ser  del  carácter  extraordinario  del  recurso  de  casación,  el  esfuerzo  argumentativo  del  recurrente  no  se puede quedar en  presentar  premisas  particulares  de  la  forma  como  se debieron apreciar las  pruebas  en las instancias, porque lo que le corresponde es señalar defectos de  valoración  trascendentales,  sin  los cuales objetivamente la decisión sería  sustancialmente diferente.   

Sobre este tópico también ha expresado la  Sala    que7:   

“En  últimas,  de  la  argumentación  propuesta  en  la demanda, observa la Sala que lo pretendido por el libelista es  desconocer,  sin  más,  las  declaraciones fácticas del fallo tan sólo porque  considera  que  sus  razonamientos  relacionados  con  la  prueba recaudada, son  mejores  que los del juzgador, pero sin percatarse que ante un enfrentamiento de  criterios  entre  el  juez  y  las  partes  sobre  el  mérito suasorio que debe  conferirse  a  los  medios,  prima el de aquél, quien goza de libertad relativa  para   apreciarlos  y  asignarle  fuerza  persuasiva,  limitada  sólo  por  los  criterios  técnico  científicos establecidos para cada uno en particular y las  reglas  de  la  sana crítica, cuya transgresión, en el contexto de la demanda,  lejos estuvo de poder acreditar.   

A  este  respecto  debe advertirse, que la  Corte,  en decantada jurisprudencia, tiene establecido que el error originado en  la  apreciación  judicial  del  mérito  de  la  prueba recaudada en el proceso  penal,  no  surge de la sola disparidad de criterios entre el valor demostrativo  atribuido  por  los juzgadores, y el pretendido por los sujetos procesales, sino  de  la  manifiesta  y  demostrada  contradicción  entre aquél y las reglas que  orientan  la  valoración  racional  de la prueba, pues si un contraste de tales  características  no  se  presenta,  porque los juzgadores, en ejercicio de esta  función,  han  respetado  los  límites  que  prescriben  las reglas de la sana  crítica,  será  su criterio, no el de las partes, el llamado a prevalecer, por  virtud  de la doble presunción de acierto y legalidad con que está amparada la  sentencia de segunda instancia.   

Precisamente   por   virtud   de   esta  presunción,  es que en sede de casación resulta inocuo pretender desquiciar el  andamiaje  fáctico  jurídico  del  fallo  impugnado  con fundamento en simples  apreciaciones  subjetivas  sobre  la  forma  como  el  juez  de  la causa debió  enfrentar  el  proceso  de concreción del mérito demostrativo de los elementos  de   prueba,   o   el   valor   que   debió   haberle  asignado  a  determinado  medio.   

Simples enunciados generales en torno a la  precariedad  persuasiva  de  las  pruebas  que  sirvieron  de  soporte  al fallo  recurrido,  y  la  supuesta  solvencia  demostrativa de los que no lo fueron, en  manera   alguna  pueden  considerarse  argumentos  válidos  para  sustentar  el  instrumento  extraordinario,  al  igual que no pueden serlo los cuestionamientos  por  atentados  a  una  lógica  construida  con  criterio personal, como en tal  sentido  de  antaño  ha  sido  fijado  por  la doctrina de la Corte8.   

Sostener, como lo hace el demandante que el  Tribunal  ha  debido  realizar  tal  o  cual  razonamiento, o que la víctima no  merece  credibilidad,  como  sí  la  tendrían  los testigos presentados por la  defensa,  o  que los hechos ocurrieron de la manera que pregona y no de la forma  como  fue  declarada  en  los  fallos  de  instancia y que por dichas razones su  representado  no  puede ser condenado, resulta inocuo frente a la argumentación  de    los    juzgadores    en    relación    con    el    mérito    persuasivo  conferido…”   

         Es  claro,  y como ya se destacó líneas atrás, que la esencia de  la  inconformidad  contenida  en  la  demanda, no vas más allá de la genérica  discusión  del  por  qué  el  Tribunal  dio  credibilidad a los testimonios de  Alexander  Molina  Flórez  y  Vicente  Fernández Benjumea. La discrepancia del  recurrente  gira  en  torno del eje temático sobre la aparente retractación de  Molina  Flórez.  Según  su reseña procesal, en una entrevista anterior que el  deponente  rindió al ente acusador,  se contenía una versión que podría  ser   favorable   a  los  intereses  del  acusado,  elemento  orientador  de  la  investigación  que  ahora  reclama  sea  atendido  de referencia a los hechos y  asignaciones  suasorias  establecidas  por  los  jueces  a  las  pruebas legal y  oportunamente allegadas al juicio oral.   

         Por  tanto, el aparente argumento sobre transgresión del principio  lógico  de  razón  suficiente  se  hace  sofístico,  al  no  guardar  ninguna  relación  material  con  la  controversia  planteada,  que a su vez la hace por  completo ajena al recurso de casación.   

Ante tales carencias y en cumplimiento del  principio  de limitación en  la  impugnación extraordinaria, no le es dable a la Corte, suplir las omisiones  argumentativas  del  escrito  de  sustentación.  Por  tanto, no puede corregir,  complementar   o   de   cualquier  otra  forma  suplantar  al  libelista  en  la  construcción  de  la  demanda.  No  obstante, cuando atendiendo los fines de la  casación  y  en  procura  de  la  defensa  de las garantías fundamentales deba  hacerlo,   evento   que   aquí   no  acontece,  motivo  por  el  cual   se  reitera,  ésta será inadmitida.   

EL MECANISMO DE INSISTENCIA  

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   contra   el   presente  auto  procede  el  mecanismo  especial  de insistencia, cuyo  trámite  no  fue desarrollado en la legislación procesal penal. No obstante la  Sala   ha   definido   las  reglas  a  seguir  para  su  aplicación9,   como  a  continuación se precisa:   

1. La insistencia es un mecanismo especial  de  exclusiva  promoción  por  el  impugnante,  dentro  de  los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide  inadmitir o no seleccionar la demanda de casación, con el fin de lograr  se  reconsidere  lo decidido. También podrá ser provocado oficiosamente, en el  mismo  término,  por  alguno  de  los Delegados del Ministerio Público para la  Casación  Penal,  excepto  cuando  el  recurso  no haya sido interpuesto por el  Procurador  Judicial,  el  Magistrado  disidente o el que no haya participado en  los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

2.  La  solicitud  puede  elevarse ante el  Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, salvo  que  el  Procurador  Judicial  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  fuese  el  casacionista;  o  ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante otro que no haya  intervenido en la discusión.   

3.  Es potestativo del disidente, de quien  no  participó  en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo para su revisión. En este último evento informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4.  El auto a través del cual se inadmite  el  libelo  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el  recurso  de  casación,  salvo la  prosperidad   de   la   insistencia,   pues   conlleva   a   la   admisión   de  éste.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1. Inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del acusado JAIRO  CHACÓN  CARRANZA,  conforme a lo  expuesto en precedencia.   

        2.     De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  facultad  de los demandantes elevar petición de insistencia, según lo indicado  en la parte motiva de este auto.   

                    Cópiese,  notifíquese,     cúmplase     y     devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO                    

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                      GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                                                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  54 de la carpeta.   

2 Folio  67 de la carpeta.   

3  Folios 145 y s.s. de la carpeta.   

4 Folio  182 de la carpeta.   

5 Folio  276 de la carpeta.   

6  “Artículo  183.-  El  recurso  se  interpondrá ante el tribunal dentro de un  término  común  de sesenta (60) días siguientes a la última notificación de  la  sentencia,  mediante demanda que de manera precisa  y   concisa   señale  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos.”             (negrillas fuera de texto).   

7 Auto  de casación de 28 de noviembre de 2012, radicación No. 35276.   

8 Cfr.  por todas auto de casación de marzo 12 de 2001. Rad. 16842.   

9 Auto  de casación de 15 de diciembre de 2005, radicación No. 24322.     

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