39993(27-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

EYDER PATIÑO CABRERA  

APROBADO ACTA Nº. 393-  

Bogotá, D.C., veintisiete (27) de noviembre  de dos mil trece (2013)   

OBJETO    DE    LA  DECISIÓN   

La  Corte procede a verificar los requisitos  de  lógica y debida argumentación de la demanda de casación presentada por el  defensor      de      Carlos     Alonso     Torrado  Martínez1,  contra  la sentencia proferida el 31 de julio de 2012 por la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá.   

HECHOS  

Fueron   expuestos   por  el  ad  quem  en  estos términos2:   

“…Los hechos materia de investigación y  juzgamiento  tuvieron  ocurrencia  desde  cuando  la  menor IDTR nacida el 12 de  marzo  de  1996  contaba  con  7  años  de edad y hasta diciembre de 2009, y se  contraen   a   que  su  progenitor  CARLOS  ALONSO  TORRADO  MARTINEZ,  ejecutó  repetitivamente   conductas  lesivas  de  su  integridad  y  formación  sexual,  calificadas   como  actos  sexuales  abusivos  y  accesos  carnales  abusivos”   

ANTECEDENTES  

1.  El  27  de  enero  de  2010,  ante el Juzgado 61 Penal Municipal con  función  de  control  de  garantías  de Bogotá, se llevó a cabo audiencia de  legalización  de  captura, formulación de imputación y solicitud de medida de  aseguramiento  en  contra  de  Carlos  Alonso  Torrado  Martínez,  por el delito de acceso carnal abusivo con  menor  de  catorce  años,  agravado,  en  concurso  heterogéneo  con  incesto,  previstos  en  los  artículos  208,  211  -numerales  2  y 5- y 237 del Código  Penal3. El citado no aceptó los cargos.   

2.   El  24  de  febrero  siguiente, la  Fiscalía  332  Seccional  de  la misma ciudad radicó escrito de acusación por  cuyo  medio  le elevó cargos por los delitos de acceso carnal abusivo con menor  de  14 años, en concurso homogéneo y sucesivo, en concurso, con actos sexuales  con     menor     de     14    años,    agravado4.  La audiencia respectiva tuvo  lugar  el 27 de mayo de ese año, ante el Juez 9 Penal del Circuito con función  de  conocimiento,  donde  se  le acusó por los delitos de acceso carnal abusivo  con   menor  de  14  años,  agravado,  en  concurso  heterogéneo  con  incesto  (artículos  208,  211  -numerales  2  y  5- y 237 del Código Penal5.   

3.  El 15 de marzo de 2012, el Juez anunció  el     sentido     del     fallo     condenatorio6  cuya lectura tuvo lugar el 11  de   mayo   del   mismo   año,   mediante   el   cual   impuso  a  Carlos  Alonso  Torrado  Martínez  la pena  principal  de  206  meses  de prisión y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el término igual al hallarlo  autor  responsable  de  los  delitos  de  acceso  carnal  abusivo,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  en  concurso heterogéneo con acto sexual violento. Le  negó       los       subrogados       penales7.   

4.  Apelada  esta determinación por la defensa, fue confirmada el 31 de  julio  de  2012 por la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá8.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El   defensor   postula  dos  cargos  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia.   

El           primero,  al  amparo de la causal prevista  en  el  artículo 181, numeral 3, de la Ley 906 de 2004, denuncia una violación  indirecta  de  la  ley sustancial por error de hecho derivado de un falso juicio  de  identidad  por  distorsiones y/o tergiversaciones,  las  que  se  ofrecen  manifiestas  al  ponderarse  el  testimonio   de   la   víctima  “partiendo  de  la  hipótesis  de  que  un  menor  abusado  por  lo  general  no miente9”.   

Bajo  el rótulo demostración del cargo, el  casacionista  aduce  que la transgresión surgió por ausencia de confrontación  y  confirmación  del dicho de la menor; exigencias que tampoco se satisficieron  respecto del testimonio del psicólogo.   

Asegura  el  demandante,  que en los delitos  sexuales,   según   jurisprudencia   de   la  Sala10,  no  basta con escuchar a la  ofendida  a  través  de  la  cámara  gesell,  la  entrevista  a los parientes,  autoridades  escolares  o  soportes documentales de la historia clínica, puesto  que  “[e]s  menester  que  la llamada víctima este  (sic)                   valorada”11.   

Luego,  analiza y critica el escenario en el  que  se realiza la denuncia y la entrevista psicológica, panorama investigativo  en   el   que   no   se  confirman  contenidos.   Indica  que  “no  existe la menor confrontación de lo dicho por la menor IDTR  (…)  [l]a  única  persona  que  confirmo  (sic) la versión de la menor es la  funcionaria  del  ICBF,   a quien la menor refirió la historia12”;  situación  que se ofrece idéntica  en     el     juicio,     luego     “ningún  operador  judicial  asumió la delicada responsabilidad de  verificar   esa   triste   historia   con   los   soportes   que   deberían  de  justificarla13”.   

Considera   el   casacionista,   una   vez  transcribió  y  cuestionó  algunos apartes del fallo de segunda instancia, que  no  existe  el menor indicio de que la niña IDTR fuera agredida sexualmente por  su   padre.  Por  tanto,  el  error  del  Tribunal  consistió  en  “darle  al  testimonio  de la menor que aparece como víctima una  credibilidad  absoluta,  a pesar de lo cruento e irreal, sin soporte técnico ni  clínico14”.   

Así,   asegura,   la   trascendencia   y  gravedad  “se soportan en  la  ausencia  de legalidad y acierto en la decisión15”,  por lo que solicita casar el fallo y en  su  lugar  dictar  uno  absolutorio  a  favor de Carlos  Alonso Torrado Martínez.   

2.   Por  su  parte,  en  el  cargo   subsidiario,  postula  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  derivada  de  un  error  de hecho por falso  raciocinio,  el  que  se  concretó en la falta de análisis a la luz de la sana  crítica,   a   cargo  de  los  juzgadores  de  instancia,  toda  vez  que  ante  “semejante  cantidad  de  bajezas, alteraciones del  comportamiento,   violencia   física   y   mental   que   deber   haber  dejado  huella16”,  lo debido era, que en las distintas  etapas  procesales  se  le  hubiere  “requerido para  ampliar     el    margen    de    la    respuesta17”.   

Nada  de  ello aconteció, la versión de la  presunta    afectada    fue   creída   sin   que   se   considerase   necesario  confirmarla.   Y,  es que, si se hablaba de huellas de violencia sexual, el  examen  sexológico  practicado  al  día  siguiente reflejaría tal hecho, más  aún,  teniendo  circunstancias  tales  como  la  talla del progenitor (altura y  peso)  y  la  fragilidad de la niña; estos entornos, igual, hubieran podido ser  objeto de confrontación a través de prueba testimonial.   

3.   A   continuación,   descalifica   la  valoración  a  cargo de la psicóloga, al señalar que desconoce los principios  científicos  que  orientan  una  prueba de tal naturaleza; adicional a ello, no  incorporó  en  su  versión  ningún soporte técnico de su conclusión, lo que  resulta plenamente exigible.   

Precisa,  cómo  la  opinión pericial   constituye  una  ciencia que exige expertos altamente calificados, quienes deben  ostentar  especialización  en  el  área  forense  de sus respectivas ciencias,  citando para el efecto distintos autores.   

Seguidamente,  hace  precisiones  sobre  la  credibilidad  de lo que denomina la evaluación pericial, imponiéndose tener en  cuenta  lo  señalado por “Lamb, Sternberg, Esplín,  Hershkowitz,   Orbach  y  Hovac,  quienes  en  su  estudio  de  campo  sobre  la  validación  del  CBCA,  junto  con valorar positivamente la técnica, llaman la  atención  sobre la necesidad de realizar mas (sic) investigaciones científicas  sobre  el  tema  y  a  tener  precaución  en la aplicación forense del sistema  CBCA18”.   

4.  De  otro  lado,  pone  en  evidencia  el  desconocimiento    de    los    juzgadores    frente    a   las   circunstancias  temporo-espaciales  en  que  se  sucedió  el  hecho,  las cuales se encontraban  debidamente  demostradas  a  través  de  los  testimonios de los hermanos de la  presunta  víctima, Jefferson y Johan Sebastian, así como de la propietaria del  inmueble,  Ernestina  Varón,  quienes  dan  cuenta  de  la distribución de las  habitaciones  y  “que la menor dormía en su propia  cama y en cuarto aparte”.   

5.  En  otro de sus partes, el demandante se  duele  de la falta de credibilidad que los juzgadores le otorgaron a la versión  del  procesado,  al  señalar  que el hecho jamás sucedió y que todo su esmero  estuvo  siempre  en  cuidar  a  su  hija y brindarle educación, versión que es  confirmada  por  la profesora Nieves Mercedes Lemus, quien además informa sobre  la  indisciplina de la estudiante “su comportamiento  desviado,    de    encerrarse   en   el   baño   de   los   hombres   con   los  compañeros19”.   

En lo que titula conclusión y petición del  cargo,  solicita  se  admita  que  el  Tribunal  violó  indirectamente  la  ley  sustancial  por  falso  raciocinio  al  negar  “los  valores  que  le  correspondía  otorgar a las condiciones locativas, a la de la  experiencia  que  los  abusadores, se cuidan de atacar en público, o delante de  su  familia,  y para ello se dejó de apreciar el testimonio de todos y cada uno  de      los      testimonios     de     descargo20”,  y por lo tanto, se case la sentencia, se revoque esa decisión y,  en su lugar, se absuelva al acusado.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

     

I. Las exigencias de la casación     

1. Acorde con lo previsto en el artículo 181  de  la  Ley  906  de  2004,   la  casación  es  un  mecanismo  de  control  constitucional21  y  legal  que procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia, y que,  de  acuerdo  con  lo señalado en el artículo 180 del mismo ordenamiento, tiene  como   finalidad   (i)  la  efectividad  del  derecho  material,  (ii)   el   respeto   de   las  garantías  fundamentales,  (iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos   y   (iv)   la  unificación de la jurisprudencia.   

2.  La  demanda  debe  contener  un discurso  ordenado,  claro,  lógico  y  racional,  a  través  del  cual  se planteen con  suficiencia  los  errores  de  juicio o de procedimiento en que pudo incurrir el  fallador  y  se resalte su trascendencia. Por manera que, de no cumplir con esos  presupuestos será inadmitida.   

II. La inadmisión  

Primer    cargo:    falso   juicio   de  identidad   

1.  La Corte tiene  dicho  que  este  tipo  de  yerro se presenta cuando el juzgador, al apreciar el  medio  probatorio  legal  y  oportunamente  producido, distorsiona su expresión  fáctica,  lo  recorta o adiciona en su contenido literal poniéndolo a decir lo  que  materialmente no dice. Es de carácter objetivo y su demostración implica,  de  un  lado,  hacer  evidente  no sólo que los juzgadores apreciaron la prueba  contrariando  su  materialidad,  y,  de  otro,  que ese desacierto condujo a una  decisión  apartada  de la ley con repercusión definitiva en la declaración de  justicia contenida en el fallo.   

Lo  anterior se menciona para evidenciar que  ninguno  de  estos  tópicos lógico-conceptuales fue considerado por el censor,  ya  que  únicamente  plasmó  en  su  escrito  ideas  genéricas,  ausentes  de  contenido   argumentativo  y  descontextualizado  desde  todo  punto  de  vista.   

2. Si de lo que se  trataba  era  de  alegar vulneración del principio de confrontación: derecho a  interrogar  a  los  testigos  de  cargo,  baluarte  y  manifestación del debido  proceso,  consagrado –entre  otros-   en   los   artículos  29  de  la  Constitución  Política22,  8  de  la  Convención    Americana   de   Derechos   Humanos23,  14 del Pacto Internacional  de     Derechos     Civiles     y     Políticos24,        825     y  1626   de   la   Ley   906   de  2004,  la  senda  escogida  debió  ser  nulidad.   

El tema en discusión se quedó en el simple  enunciado,   lo   cual   no  es  suficiente  para  demostrar  una  irregularidad  irreparable  que  suponga  necesariamente  retrotraer el proceso al discurso del  libelista,  sin  mayor  dificultad,  se  advierte  que  lo  que  evidencia es su  inconformidad  con  la decisión del Tribunal al no acoger las exculpaciones del  procesado  cuando  alegó  su  inocencia  y  en  esa  medida,  el  libelo  será  inadmitido.   

3.  Sin  que  la pretensión de la Corte sea  complementar  la  demanda, por expresa prohibición del principio de limitación  que  gobierna  el  recurso  extraordinario  y  solo  con  fines pedagógicos, es  preciso  recordarle que si su inconformidad radicaba en lo que denomina falta de  confirmación  del  dicho  de  la  menor,  lo  que  se  traduciría  en omisión  probatoria,  ha  debido  proponerla, eventualmente por falta de defensa técnica  (nulidad).   

No se olvide que en el sistema de partes que  gobierna  la  Ley  906  de  2004, es al sujeto procesal que tiene interés en el  aporte  de algún elemento de juicio al que compete la carga de pedirlo para que  se decrete.   

En  efecto,  el  ataque  corresponde  a  una  violación  del  derecho  al  debido  proceso en su manifestación de la defensa  técnica,   al   omitir  llevar  al  juicio  las  pruebas  que  desvirtuaban  la  acusación,   luego,   le   resultaba   forzoso  identificar  los  elementos  de  conocimiento  que  se  hubiesen  podido solicitar, su vocación de admisibilidad  como  pruebas  lícitas  y legales al proceso, con el fin de hacer ver a la Sala  que  de  haber  sido  debidamente  ofrecidos,  estando  esta  actuación a cargo  exclusivamente  de  la  defensa,  muy  posiblemente la decisión a tomar hubiera  sido  del  sentido  opuesto  a un fallo de responsabilidad, o se habría, por lo  menos,   concluido   en   un  compromiso  menos  gravoso  del  esgrimido  en  la  sentencia.   

4. Por lo demás, en  esta  censura  se  infringe  el  postulado y mandato legal que prohíbe formular  cargos   contradictorios,   porque,  de  una  parte,  el  recurrente  invoca  la  violación  indirecta,  que  exige  un  fallo  de reemplazo, y, de otra, reclama  vulneración  al  principio  de  confrontación el que podría comportar nulidad  por violación del derecho a la defensa.   

Cargo subsidiario.  Error de hecho por  falso raciocinio.   

1.  La  Sala,  de  manera   reiterada,  ha  señalado  que  se  incurre  en  ese  yerro  cuando  el  sentenciador,  al  valorar  las  pruebas,  vulnera  los  postulados  de  la sana  crítica.  En  ese  caso,  el actor debe indicar qué dice de manera objetiva el  medio  de convicción, cuál fue la inferencia que del mismo dedujo el juzgador,  el  mérito  persuasivo  otorgado,  señalar  el  postulado de la lógica, de la  ciencia  o máxima de la experiencia desconocido, especificar cuál es el aporte  científico  correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada,  la máxima de la  experiencia  que  debió  tomarse  en consideración y, finalmente, demostrar la  trascendencia  del  yerro,  con la indicación de la apreciación correcta de la  prueba  o  pruebas  cuestionadas  y  que  habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente  opuesto  al  que  es  objeto  de  censura,  análisis que ha de  incluir  la  valoración conjunta y mancomunada de los demás medios probatorios  respecto  de  los  que no recae censura alguna y, por lo mismo, de los cuales se  acepta       su      correcta      apreciación27.   

2. Basta cotejar el  contenido  del  cargo,  para  observar  que  no  supera  la mera inconformidad del recurrente con la decisión  del  Tribunal.   La  constante  en el libelo, al subsumir la exposición un  criterio  subjetivo,  que  por  más respetable que sea, sólo resulta admisible  para  el debate propio de las instancias; reproche en el que, de manera errónea  y  simultáneamente,  se  atacan  las  mismas  pruebas  bajo  las modalidades de  violación  indirecta de la ley sustancial denominadas falso juicio de identidad  y falso raciocinio.   

3.  El  demandante  de  manera  escueta  y  descontextualizada  indica  que  el  yerro del ad quem  se    funda    en    la    falta   de   “confirmación” de la declaración de  la  menor ofendida, temática frente a la que ya la Sala le brindó respuesta en  el cargo principal.   

Ahora,  en lo relacionado con la valoración  de   la   psicóloga,   de  quien  predica  desconocimiento  de  los  principios  científicos  que  orientan  una  prueba de esta naturaleza, constituye prédica  que  se quedó sin sustentación, pues en ningún momento señaló, en concreto,  cuál   era  la  teoría  o  la  regla  de  la  ciencia  que  con  vocación  de  confrontación  permitía  colegir  sin  mayor  esfuerzo conculcación a la sana  crítica,  es  decir,  no desarrolló el escenario objetivo-valorativo propio de  esta modalidad de error.   

Y,  es que, no es admisible que en esta sede  se  limite  a descalificar sin argumentación lógica alguna el informe pericial  de  psicología,  al  considerar  que se imponía aplicar los criterios del CBCA  (análisis  de  contenido basado en criterios) sin exhibir fundadamente por qué  razón    el    método    utilizado    por    la    profesional    “[p]ara  la  presente  entrevista se utilizó el Protocolo PASO A  PASO       (Step-Wise)       (AACAP,      1987)28”  resultaba inadecuado.   

4. Contexto similar,  concurre  de cara a la hipotética trasgresión de las reglas de la experiencia,  puesto que tampoco indicó la conculcada y la que imperaba aplicar.   

En  este aspecto la labor demostrativa de la  censura  se  centró  en  la  imposición  de  una  evaluación  personal de los  elementos  de  juicio  a  la  manera  de un alegato de instancia, al concluir el  libelo  que  el  acusado  no  es responsable de la conducta punible imputada, la  cual,  al  no  ser  avalada por el Tribunal, pretende el recurrente sea admitida  por la Corte.   

5.   La  Sala  advierte,  una  vez  más,  que  la  credibilidad  (en  relación  con  el  testimonio  del acusado) no es tema  que pueda plantearse en esta sede con vocación de prosperidad.   

Con   suficiencia   la  jurisprudencia  ha  destacado  que  la simple discrepancia entre el fallador y el libelista sobre el  poder  suasorio de medios no sometidos en su estimación al método de la tarifa  legal  sino  al  de  la  persuasión racional -sistema  este  en  el  cual  el  funcionario  judicial  goza  de  relativa  libertad para  determinar  el  mérito  de las pruebas, limitado tan sólo por las reglas de la  sana  crítica-,  no  configura  yerro  demandable  en  casación.   

Dígase  además,  que  las conclusiones del  juez  –  individual  o  colegiado-  siempre  resultarán  prevalentes  frente al  criterio  del sujeto procesal inconforme, dada la doble presunción de acierto y  legalidad  de  la  que  gozan  sus fallos, a menos que esos atributos puedan ser  desvirtuados  con  la  demostración  de  que  el  raciocinio del juzgador está  afectado  de  errores de hecho o de derecho verdaderamente trascendentes que, de  no  haberse  incurrido  en  ellos,  otro hubiese sido el sentido de la decisión  adoptada, no siendo este el caso aquí examinado.   

6. Planteadas así  las  cosas,  surge  claro  que  el  demandante  no  agotó la lógica formal que  orienta  la  exposición  de los yerros denunciados y mucho menos en su discurso  acierta  en  la  presentación adecuada de un error trascendente que dé lugar a  desquiciar  las  conclusiones del fallo. Lo que deriva en que no tenga vocación  de prosperidad este reproche.   

7. Por lo expuesto,  al  adolecer  la  demanda  de  casación  del  sustento  conceptual,  lógico  y  argumentativo   propio   de   esta   sede   extraordinaria,  será  inadmitida.   

III. De la insistencia.  

Toda  vez  que  contra  la  decisión  de no  seleccionar  la demanda de casación procede el mecanismo de insistencia, según  lo  establece  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es necesario precisar que  como  dicha  legislación  no  regula  el trámite que ha de regir ese instituto  procesal,   la   jurisprudencia   de   la   Sala   ha   fijado   los  siguientes  lineamientos29:   

a)  La  insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el demandante, dentro de los cinco días  siguientes  a  la  notificación del auto por medio del cual la Sala inadmite la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  promovido  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por   el  Procurador Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda, o bien ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público   ante   quien   se   formula  la  insistencia,  someter  el  asunto  a  consideración  de  la  Sala o no hacerlo, evento este último que se informará  al peticionario en un plazo de quince días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

V. Cuestión final  

Al  margen de los desaciertos contenidos en  la  formulación  de  los  reproches,  en  favor  de  la efectividad del derecho  material,  del  control  constitucional y legal de las sentencias judiciales que  corresponde  a  la  Corte  Suprema de Justicia, la Sala hará uso de la facultad  oficiosa,    pues   advierte   una   posible   violación   del   principio   de  congruencia.   

Para  ello,  DISPONDRÁ  que  una vez cobre  ejecutoria  la  presente decisión, y se resuelva el mecanismo de insistencia en  el  evento  de  que fuere propuesto, REGRESE el proceso al Despacho del suscrito  Magistrado  ponente  para  que  la  Sala  oficiosamente  profiera  la respectiva  decisión.   

Como se trata de una corrección oficiosa de  la  sentencia  y  no de una respuesta a los cargos propuestos por el recurrente,  NO  DISPONDRÁ  la  celebración  de  la  audiencia de sustentación del recurso  extraordinario  de casación (artículo 185 de la Ley 906 de 2004) por cuanto la  procedencia  de  la  audiencia  se  circunscribe  a  los  casos de admisión del  libelo30.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

PRIMERO:  INADMITIR la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de Carlos  Alonso Torrado Martínez.   

SEGUNDO:  De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  viable la presentación del mecanismo de insistencia.   

TERCERO:         ORDENAR  que las diligencias REGRESEN al  Despacho   del   Magistrado   Ponente   en   la   oportunidad  definida  en  las  consideraciones  de  esta  providencia,  con  el  propósito  de  que la Sala se  pronuncie  oficiosamente  acerca  de  la  posible  vulneración del principio de  congruencia.   

Comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal de  origen y cúmplase.   

José Leonidas Bustos Martínez  

José Luis  Barceló Camacho             

Fernando Alberto Castro Caballero  

Eugenio Fernández Carlier            

   

María    del    Rosario    González  Muñoz  

Gustavo Enrique Malo Fernández            

   

Eyder Patiño Cabrera  

Luis Guillermo Salazar Otero  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1  La  Sala  destaca  que  los distintos funcionarios judiciales que participaron en el  trámite,  se  refirieron  indistintamente a Carlos Alonso o Carlos Alfonso, sin  embargo,  de  conformidad  con  los documentos obrantes en la carpeta, su nombre  correcto es Carlos Alonso Torrado Martínez.   

2 Cfr.  folios 12 y 13 cuaderno del Tribunal.   

3 Cfr.  folio 17 de la carpeta.   

4  Folios 23 de la carpeta.   

5  Cd  audiencia de acusación, record 6:25.   

6 Cfr.  folio 1291 íb.   

7 Cfr.  folios 131-149 íb.   

8  Folios 12-26 cuaderno del Tribunal.   

9 Folio  35 íb.   

10  Indica  que  se  trata de decisión del  11 de abril de 2007, no señala la  radicación.   

11  Cfr. folio 37 íb.   

12  Cfr. folio 38 íb.   

13  Cfr. folio 40 íb.   

14  Cfr. folio 47 íb.   

15  Id.   

16  Cfr. folio 49 íb.   

17  Íb.   

18  Cfr. folio 54 íb.   

19  Cfr. folio 57 íb.   

20  Cfr. folio 57 íb.   

21  Articulo 235 numeral 1 de la Constitución.   

22  “El  debido  proceso  se  aplicará  a  toda clase de actuaciones judiciales y  administrativas.   (…)Quien  sea sindicado tiene derecho a la defensa y a  la  asistencia  de  un  abogado  escogido  por  él,  o  de  oficio,  durante la  investigación  y  el  juzgamiento;  a un debido proceso público sin dilaciones  injustificadas;  a  presentar pruebas y a controvertir las que se alleguen en su  contra…”   

23  “Artículo     8.     Garantías     Judiciales.  (…)f)  derecho  de  la  defensa de interrogar a los  testigos  presentes  en el tribunal y de obtener la comparecencia, como testigos  o peritos, …”   

24  “3.  Durante el proceso, toda persona acusada de un delito tendrá derecho, en  plena  igualdad,  a  las siguientes garantías mínimas: (…) e. A interrogar o  hacer  interrogar  a  los  testigos de cargo y a obtener la comparecencia de los  testigos  de  descargo  y que éstos sean interrogados en las mismas condiciones  que los testigos de cargo”.   

25  “Defensa.  En  desarrollo de la actuación, una vez adquirida la condición de  imputado,  este  tendrá  derecho,  en  plena  igualdad  respecto del órgano de  persecución  penal,  en  lo  que  aplica  a:  (…)  k.   Tener  un juicio  público,  oral, contradictorio, concentrado, imparcial, con inmediación de las  pruebas  y  sin  dilaciones  injustificadas, en el cual pueda, si así lo desea,  por  sí  mismo  o  por  conducto  de su defensor, interrogar en audiencia a los  testigos de cargo…”.    

26  “Inmediación.   En el juicio únicamente se estimará como prueba la que  haya  sido  producida  o  incorporada  en  forma  pública, oral, concentrada, y  sujeta    a    confrontación    y    contradicción    ante    el    juez    de  conocimiento.”.   

27  Cfr.   radicación   21042,   sentencia   de   1   de   junio   de  2005,  entre  otras.   

28  Cfr. folio 89 de la carpeta.   

29  Rad.   24322,   auto   de   12   de   diciembre   de  2005   

30Cfr.   CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, auto del 9 de noviembre de  2009,  radicación   31732;   ib.  auto  del  23  de  agosto  de 2007,  radicado  28059, entre otros.     

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