41066(24-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 124.  

Bogotá D.C., abril veinticuatro (24) de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Corresponde a esta Colegiatura verificar los  requisitos   de  crítica  lógica  y  suficiente  demostración  en  el  libelo  casacional   presentado   por   el   apoderado   de   la   empresa  Expreso   Paz   del   Río  S.A.,  en  su  condición  de  tercero  civilmente  responsable, contra la sentencia de segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Cundinamarca el 28 de noviembre  de  2012,  confirmatoria  en  lo  sustancial de la dictada el 31 de agosto de la  misma  anualidad  por el Juzgado Penal del Circuito de Chocontá, por cuyo medio  condenó   a   JORGE   ENRIQUE   MARTÍNEZ   ALAYÓN  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  culposo  en  Blanca Ofelia Sánchez García  y  a  la  citada  empresa  de  transporte como tercero  civilmente responsable.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento    fueron   sintetizados   en   el   fallo   del   ad quem, así:   

“El veinticinco  (25)  de  agosto  de  2006,  aproximadamente a las 4:45 a.m., en la vía Bogotá  – Tunja, específicamente  en  el  kilómetro  59+100 mts, perímetro urbano del municipio de Chocontá, el  vehículo  tipo  microbús  de placas SKL 891, afiliado a la empresa Expreso Paz  del  Río,  conducido  por  JORGE  ENRIQUE  MARTÍNEZ  ALAYÓN,  atropelló a la  peatón  Blanca  Ofelia  Sánchez  García,  causándole  la  muerte  de  manera  inmediata”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La Fiscalía de Chocontá declaró abierta la  instrucción,   en  desarrollo  de  la  cual  vinculó  mediante  indagatoria  a  JORGE    ENRIQUE    MARTÍNEZ   ALAYÓN.   

Culminada  la  instrucción,  el mérito del  sumario  fue  calificado  el  9 de mayo de 2011 con resolución de acusación en  contra  del  mencionado  ciudadano  como  presunto autor del delito de homicidio  culposo,  decisión  que  al  ser  impugnada  por  la  defensa,  fue  objeto  de  confirmación   por   parte  de  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Cundinamarca mediante proveído del 22 de junio de 2011.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Penal  del Circuito de Chocontá, despacho que profirió fallo el 31 de  agosto  de 2012, a través del cual condenó al procesado a la pena principal de  veinticuatro  (24)  meses  de  prisión,  multa de veinte (20) salarios mínimos  legales  mensuales  y  a  la  accesoria  de  privación  del  derecho a conducir  vehículos  por  treinta  y seis (36) meses, amén de la inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la  sanción  privativa  de  libertad,  como autor penalmente responsable del delito  por el cual fue acusado.   

          En   la  misma  decisión  condenó  al  procesado,  a  Ana  Belsu  Ávila  Peña (propietaria del  vehículo)  y  a  la  Empresa  Expreso  Paz  del Río  S.A.  al  pago  solidario  de  la  indemnización  de  perjuicios a favor de los hijos de la víctima.   

También se decidió en la citada providencia  conceder   al   acusado   el   subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable  y  la parte civil, el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  la  confirmó  mediante fallo del 28 de noviembre de  2012,  oportunidad  en  la  cual  absolvió  a  la  propietaria  del automotor y  adicionó  la decisión en el sentido de condenar también en forma solidaria al  pago  de  los  perjuicios  a  la Compañía de Seguros  Cóndor S.A.   

El  apoderado  de  la  empresa  Expreso   Paz   del   Río  S.A.,  en  su  condición  de  tercero civilmente responsable, interpuso recurso de casación y  allegó oportunamente el respectivo libelo.   

LA DEMANDA  

Inicialmente el recurrente afirma que acude a  la  vía excepcional porque pretende el desarrollo de la jurisprudencia en punto  de  “definir  que tratándose de conductas punibles  en  accidentes  de tránsito en los cuales se acepte algún grado de culpa de la  víctima,  es  procedente  en  aplicación  del artículo 13 de la Constitución  Nacional  proteger  el  derecho  fundamental a la igualdad, pues es evidente que  tanto  procesado  como  víctima  vulneraron  el  deber objetivo de cuidado, por  tanto  es labor del juez precisar cuál de las conductas fue la determinante del  resultado típico”.   

El  censor  propone  un cargo por violación  directa  de  la  ley  sustancial,  específicamente  por exclusión evidente del  artículo   13   de   la   Carta  Política,  pues  no  se  tuvo  en  cuenta  la  “culpa  compartida  determinante en mayor grado por  parte de la víctima”.   

          En  la  demostración  de  la  censura  refiere  que  en el fallo se  indicó  que  la víctima contribuyó al resultado típico en cuanto no observó  su  deber  objetivo  de  cuidado,  como si lo hizo su compañera al atravesar la  vía,   pese  a  lo  cual  se  condenó  a  MARTÍNEZ  ALAYÓN.   

          Advera  que  no  se  aplicó  el  artículo  13 de la Constitución,  “lo  que trajo como consecuencia la infracción del  numeral  1º  del  artículo  32  del  Código Penal que trata de la ausencia de  responsabilidad     por     caso    fortuito    o    fuerza    mayor”.   

          Acto  seguido  expresa que la entidad representada acepta totalmente  la   apreciación  probatoria  realizada  por  el  ad  quem,   e   inmediatamente   transcribe   apartes  de  jurisprudencia  constitucional sobre el derecho a la igualdad, para aseverar que  si  bien  el  Tribunal  “admitió la falta el deber  objetivo  en la conducta asumida por la víctima Blanca Ofelia Sánchez García,  omitió  equiparar  la  gravedad  de  su comportamiento frente a la conducta del  procesado  Jorge  Enrique  Martínez Alayón, no colocándolos en un mismo plano  de  igualdad  al  momento  de emitir el pronunciamiento de condena (…) pues de  haber  aplicado  la igualdad en las consecuencias de las conductas de víctima y  procesado,  habría  inferido  que el accidente obedeció a un caso fortuito por  la  imprudencia  de la víctima de atravesar la vía por un lugar no permitido y  su  extraño  comportamiento  de  retroceder en la mitad de la misma”.   

          Precisa  que si bien en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000 no se  regula  en el numeral 1º la violación de normas constitucionales, el artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004 si lo establece, precepto que debe ser aplicado en  virtud del principio de favorabilidad.   

          Conforme   a  lo  expuesto,  el  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable  solicita  a  la Sala casar la sentencia impugnada, para en su lugar  absolver   al   acusado,  reconociendo  que  actuó  en  el  marco  de  un  caso  fortuito.   

ALEGATOS DE LOS NO RECURRENTES  

          En  el  traslado dispuesto para que los no recurrentes se pronuncien  sobre  la  demanda casacional, intervinieron el apoderado de la parte civil y la  defensora.   

          El  primero  expresó  que  como  la  pena máxima para el delito de  homicidio  culposo  es  de seis (6) años de prisión, conforme a lo establecido  en  el  artículo 205 de la Ley 600 de 2000 la sentencia dictada por tal punible  no es susceptible de casación.   

          De  otra  parte  solicitó  se  inadmita  el  libelo,  dado  que  el  apoderado   del  tercero  civilmente  responsable  carece  de  legitimidad  para  propugnar  por  la  absolución  del  acusado,  labor  que le correspondía a la  defensora.  Además, destaca que si lo pretendido es atacar la indemnización de  perjuicios,  debe  tenerse  en cuenta la cuantía establecida en la legislación  civil,  esto  es,  425  salarios  mínimos  legales  mensuales, los cuales no se  superan en este caso.   

También  advera  que  el  recurrente  no se  sujetó  a  las  reglas  dispuestas  para  demandar  en  casación,  conforme al  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  pues  no  identificó el desacierto  reprochado y sus consecuencias en la decisión atacada.   

Finalmente solicita que en caso de admitirse  la demanda, no se case el fallo objeto de impugnación.   

A  su  vez,  la  defensora  de  JORGE    ENRIQUE    MARTÍNEZ    ALAYÓN  manifestó  que  está  de  acuerdo  con  los argumentos del impugnante, pues el  Tribunal  reconoció la violación del deber objetivo de cuidado por parte de la  víctima,  pese  a  lo  cual  condenó  a  su  asistido, de manera que violó el  artículo 13 de la Carta Política.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Cuestiones iniciales   

(i) Como el apoderado de la parte civil en su  alegación  como  no  recurrente afirma que por tratarse del delito de homicidio  culposo,  cuya pena máxima es inferior a ocho (8) años de prisión, no procede  el  recurso  de casación, es oportuno expresar que no le asiste razón, pues si  bien  el  inciso  1º  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000 dispone que este  recurso  procede  contra  los fallos de segundo grado proferidos “por  los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y  por el  Tribunal  Penal  Militar”, siempre que se proceda por  “delitos  que tengan señalada pena privativa de la  libertad    cuyo    máximo    exceda    de    ocho  años” (subrayas fuera de  texto),  lo  cierto  es  que  tratándose  de sentencias de segunda instancia no  proferidas  por  los  mencionados  tribunales  o cuando el delito por el cual se  procede  tiene  pena  privativa  de la libertad inferior al quantum señalado en  precedencia  (como  ocurre  en  este  asunto)  o  sanción  no restrictiva de la  libertad,  el inciso 3º del artículo 205 del estatuto procesal penal faculta a  esta  Sala  para admitir discrecionalmente los libelos de casación presentados,  “cuando  lo  considere necesario para el desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que  reúna  los  demás  requisitos exigidos por la ley”,  de  modo  que  si  es procedente el recurso de casación, por vía discrecional,  contra la referida sentencia.   

          (ii)                      También  es necesario resaltar que el apoderado  de  la  parte  civil yerra al  invocar  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004  como  fundamento  de su  alegación,  sin  tener  en  cuenta  que  si  bien  dicho precepto es similar al  contenido  en  el  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, de conformidad con el  artículo   553   de   aquella  legislación  sólo  rige  para  “los  delitos  cometidos  con  posterioridad  al primero de enero de  2005”  en  los  distritos  judiciales  de  Armenia,  Bogotá,     Manizales     y     Pereira     (artículo     530     ibídem),   salvo,   desde   luego,  las  situaciones  en  las  cuales  se  imponga  aplicar  la  nueva  ley en virtud del  principio de favorabilidad.   

Por tanto, si la conducta aquí investigada  aconteció  en  agosto  de  2006,  y  para el distrito judicial de Cundinamarca,  lugar  donde  ocurrieron  los hechos, la Ley 906 de 2004 entró a regir desde el  1º  de  enero  de  2007,  sin  que  se  advierta que tal normatividad brinde al  acusado  un  tratamiento  más  benéfico en comparación con la Ley 600 de 2000  respecto   del   recurso   interpuesto,   es  claro  que  el  trámite  de  este  diligenciamiento  se encuentra gobernado por el estatuto procesal del año 2000,  y   no   por   la   normatividad   adjetiva   de   2004   invocada   por  el  no  recurrente.   

          (iii)                     Como  también  el  apoderado  de la parte civil  considera   que  el  recurrente  carece  de  legitimidad,  impera  señalar  que  tratándose   del   tercero  civilmente  responsable  esta  Corporación  venía  sosteniendo   que   aquél   carecía   de   legitimidad   para   cuestionar  la  responsabilidad   penal  del  procesado,  así  como  la  validez  del  trámite  adelantado         en        su        contra1,  criterio  que posteriormente  fue  necesario  replantear  de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 57 de la  Ley  600  de  2000  referido a los efectos de la cosa juzgada penal absolutoria,  puntualizando    que    “el   tercero   civilmente  responsable   podrá  acudir  en  casación  por  las  causales  penales  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  que  le  es adversa, si estima que un error  en  la  fijación  de  la  responsabilidad  penal  del sujeto agente  por  no  percibirse  o  no  declararse  en el fallo alguno de los  tópicos  señalados  en  el  citado  artículo 57, incidió en la condena en su  contra”2    (subrayas    fuera    de  texto).   

         Examen de admisibilidad de la demanda   

Tiene  dicho  la  Colegiatura  que  en  la  constatación  de las exigencias para concurrir a este mecanismo de impugnación  extraordinaria  le  corresponde  verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a los requisitos de lógica y adecuada argumentación  definidos  por  el  legislador  y  desarrollados por la jurisprudencia, a fin de  obviar  que  este recurso especial se convierta en una instancia adicional a las  ya  surtidas.  Tales  requerimientos  se orientan a conseguir libelos enmarcados  dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros, pues no corresponde a la Colegiatura en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Ahora,  advertido  que  se  procede  por  la  casación  discrecional, sobre el particular ha puntualizado de tiempo atrás la  Corporación  que  para  demandar  en  este  estadio por tal sendero excepcional  corresponde  al  recurrente  expresar  con claridad y precisión los motivos por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para pronunciarse con criterio de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  específico,  bien  para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar de qué manera la decisión  solicitada  tiene  la  dual  utilidad de brindar solución al asunto y servir de  guía a la actividad judicial.   

Si el objetivo del  actor  se orienta a asegurar la garantía de derechos  fundamentales,  tiene  el  deber de acreditar la violación e indicar las normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como demostrar su  desconocimiento en el fallo recurrido.   

Las  dos  especies de casación (ordinaria y  discrecional)   no  pueden  ser  reclamadas  de  manera  sincrónica,  pues  son  excluyentes,  en cuanto la segunda es subsidiaria de la primera, es decir, sólo  procede    en    la   medida   en   que   no   resulte   viable   la   casación  ordinaria.   

          En  el  caso  objeto  de  estudio  advierte la Sala que en punto del  recurso  extraordinario  de  casación  se impone acudir a la vía discrecional,  pues  se  procede por el delito de homicidio culposo establecido en el artículo  109  de la Ley 599 de 2000, cuya pena máxima privativa de la libertad no supera  los   referidos   ocho   (8)  años  dispuestos  para  acceder  a  la  casación  común.   

         No  obstante,  advierte  la Corporación  que  el apoderado     del     tercero     civilmente  responsable  se  limita  a  señalar  que  pretende  el  desarrollo  de la jurisprudencia, pero no  se  refiere  de  manera  alguna a las razones dispuestas por el  legislador  para  que  proceda  la  intervención  excepcional de la Corte en el  asunto.   

         Así  pues,  no identifica en concreto la temática que debe abordar  el  pronunciamiento,  no dice si sobre el particular ya hay jurisprudencia y, de  ser  así,  cuáles  son  las  decisiones  que  se  ocupan  del  caso y cómo se  relacionan  con  el asunto objeto de estudio, omisión que a la postre le impide  identificar  el  punto  dudoso, la existencia de providencias contradictorias, o  el  vacío  que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y cómo el desarrollo  del  concepto  reclamado  tiene  la  doble  utilidad  de servir, tanto para este  trámite, como para la solución de casos similares.   

Tampoco  se  preocupa  por  rememorar  las  múltiples  decisiones  en  las  cuales  la  Sala  ha  abordado  el principio de  causalidad,  algunas  de  ellas  sustentadas  en  la  teoría  de la imputación  objetiva,  y  peor  aún,  no  explica  de  qué manera el derecho a la igualdad  reglado  en el artículo 13 de la Constitución basta para acreditar la ausencia  de responsabilidad penal de un procesado.   

Omite  especificar  cómo  se  quebrantó el  principio  de  igualdad en el caso de la especie, y no atina a explicar por qué  es  necesario que con criterio de autoridad la Sala manifieste que si el acusado  y  la  víctima  violaron  su  deber  objetivo  de  cuidado, es necesario que el  “juez  precise  cuál  de  las  conductas  fue  la  determinante  del  resultado típico”, como que dicha  labor  judicial  es  consustancial  a  la decisión del fallador en tales casos,  como  en  efecto  fue  dilucidado  en este asunto en las instancias, de modo que  ab  initio  se  encuentran  serias falencias en la presentación del libelo.   

En  cuanto  atañe  al  cargo  propuesto por  violación   directa  de  la  ley  sustancial,  es  oportuno  recordar  que  tal  situación  acaece  cuando  a  partir  de  la apreciación de los hechos legal y  oportunamente   acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los  sentenciadores  omiten  aplicar  la  disposición  que se ocupa de la situación en concreto, en  cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia  (falta  de  aplicación o exclusión  evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación  de  los hechos probados a los  supuestos  que contempla el precepto (aplicación indebida), o le atribuyen a la  norma  un  sentido  que no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a su  contenido (interpretación errónea).   

En  tal caso, sin que interese la especie de  vulneración  directa  de  la  preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores  recae   sobre   la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito     estrictamente     jurídico,  sea  porque  se  dejó  de  lado  el  precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

Obviamente,  no se debate allí la actividad  probatoria   ni   su   ulterior  ponderación  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  la  censura  examinada  en  punto  de su  admisión  se  observa,  que  pese  a  postular  la violación directa de la ley  sustancial  y  que  el libelista manifiesta estar de acuerdo con la apreciación  de  las  pruebas efectuada por los sentenciadores, lo cierto es que se orienta a  deplorar la apreciación de los medios probatorios.   

En  efecto,  olvida  que  con  suma claridad  señaló el Tribunal:   

“Conforme a los  medios  de  prueba  recaudados,  y  contrario  a lo afirmado por al defensa, sí  fueron  valorados  por  el  juzgador  de instancia, la  pregonada    tesis    de   culpa   exclusiva   de   la   víctima   deviene   en  inadmisible, si en cuenta se tiene que la conducción  de  automotores  es  una  actividad  peligrosa  por  los riesgos inherentes a la  misma,  de  ahí  que  sea reglada en aras de que no se causen daños a quien la  ejerce,  a  usuarios  y  peatones,  en  el  específico caso y al momento de los  hechos,     creó    un    riesgo    jurídicamente  desaprobado, que se concretó en el resultado típico  conocido  – muerte de la  peatón   –  (…)  como  quiera   que   transitaba   por  zona  urbana  debía  disminuir  la  velocidad a la reglamentaria, o sea 30  k/h,  así  lo indicaba la señal de tránsito del lugar, y con mayor razón, si  las    condiciones    de    visibilidad   no   eran  óptimas  por  la  presencia de neblina y ausencia de  luz  solar,  eran  las  4:45  am,  más  la sabida presencia de peatones en zona  urbana  – comercial, por  en  de  ha  debido  extremar  las  medidas  de  cuidado  y  no lo hizo, sino que  conducía    a    velocidad    excesiva  para  el  lugar,  que  fue  calculada  entre  63 a 76 k/h (…) y  ello  resultó  determinante  para  la causación del  resultado     típico”    (subrayas    fuera    de  texto).   

          Como  viene  de  verse,  es palmaria la confusión del recurrente al  postular  la  violación  directa  de  la  ley,  en  cuanto su interés no es de  raigambre  rigurosamente jurídica, ni se encuentra conforme con la apreciación  de las pruebas.   

Debe  precisarse que si bien el casacionista  depreca  la  aplicación  favorable retroactiva de la Ley 906 de 2004 para tener  en  cuenta  la violación del artículo 13 de la Constitución, de tiempo atrás  la  Corte  en vigencia de la Ley 600 de 2000, e inclusive de estatutos adjetivos  anteriores,  reconoció  el  carácter  sustantivo  de la normativa superior, de  modo  que  no  es  necesario  acudir  a  la referida aplicación retroactiva del  código procesal de 2004.   

          Es  claro que en evidente olvido de la dual presunción de acierto y  legalidad  de  la  que  se  encuentra  revestido el fallo, el censor únicamente  encaminó  su  esfuerzo  a  plantear  de  manera vaga, general e indemostrada su  visión  personal  del  asunto en el ámbito de la ponderación probatoria, pero  sin   detenerse   a   observar   las   reglas   propias   de   este   medio   de  impugnación.   

Olvida  el  impugnante  que  este  recurso  extraordinario  no  fue  dispuesto  por el legislador para prolongar el curso de  las  instancias  o para simplemente exponer el criterio de los demandantes, sino  para  denunciar  yerros  trascendentes de los falladores en la aplicación de la  ley  sustancial,  en  la  ponderación  de  las  pruebas  o  en  la guarda de la  legitimidad  del trámite, dada la mencionada presunción de acierto y legalidad  de la cual se encuentra revestida la sentencia.   

Las          citadas  falencias  imposibilitan  a  la  Sala  acometer  el estudio del libelo, pues si éste no corresponde a un alegato  de  libre  confección,  su presentación con base en asertos inexplicados y sin  atenerse  a  alguna  de  las  reglas lógicas y argumentativas que lo gobiernan,  obliga  a  la Corporación a inadmitir la demanda de acuerdo con lo dispuesto en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000,  pues en virtud del principio de  limitación  que  rige el trámite casacional la Corte no se encuentra facultada  para enmendar las falencias de aquella.   

         Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación  de derechos o garantías del acusado o los  demás   sujetos   procesales,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador a la Corte en  punto de asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación interpuesta por el apoderado de  la  empresa Expreso Paz del  Río  S.A.,  en  su  condición de tercero civilmente  responsable,   por   las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  autos  de  casación del 23 de julio de 2001, Rad. 17098; del 9 de mayo de 2002,  Rad. 19237; y del 5 de mayo de 2004, Rad. 21312, entre otros.   

2  Providencia del 27 de junio de 2007. Rad. 26730.     

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