40360(20-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 051.  

Bogotá, D. C., veinte (20) de febrero de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Examina la Corte los presupuestos de adecuada  y  lógica  fundamentación  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el  defensor   de   LORENZO  PEINADO  TAPIAS  contra  la  sentencia  del  26 de julio de 2012, mediante la cual el  Tribunal  Superior de Valledupar revocó el fallo absolutorio proferido el 15 de  diciembre  de  2011  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de la misma sede,  para  condenar  al procesado a las penas principales de 36 meses de prisión, 30  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa y 3 años de suspensión en el  ejercicio  de  la  conducción  de  automotores  y  bicicletas,  así  como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  señalado para la privativa de la libertad,  como autor responsable del delito de homicidio culposo.   

HECHOS  

          Ocurrieron  el  24 de abril de 2009, en horas de la tarde, cuando en  el  kilómetro 67 de la vía que conduce del corregimiento Mariangola a Bosconia  (Cesar)  el  vehículo  Chevrolet  Swift  de  placas CIH-380, de uso oficial del  INPEC,  conducido  por  el  dragoneante LORENZO PEINADO  TAPIAS,  colisionó  con  la  bicicleta  en la cual se  movilizaba   la   menor   Erika   Loraina  Rodríguez  Orozco,  quien  falleció luego de ser trasladada a la  clínica Santa Isabel de la referida ciudad.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  1º  de  octubre  de 2009 el Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal  de Valledupar, con funciones de control de garantías,  realizó   audiencia  preliminar,  en  cuyo  desarrollo  la  Fiscalía  formuló  imputación  a  LORENZO  PEINADO  TAPIAS  por   los   delitos   de   homicidio  culposo  y  lesiones  personas  culposas.   

2.  Oportunamente,  la  Fiscalía  presentó  escrito   de   acusación   contra   PEINADO  TAPIAS,  atribuyéndole  los mismos punibles considerados en la  audiencia de imputación.   

3.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  precitada  ciudad,  funcionario  que  realizó  la  audiencia  de formulación de acusación el 7 de  mayo  de  2010,  en cuyo desarrollo el ente investigador redujo el reproche para  atribuir al procesado únicamente el punible de homicidio culposo.   

4.  El  Juez  llevó  a  cabo  la  audiencia  preparatoria  el  2  de  marzo  de  2011  e  instaló  el  juicio  oral el 13 de  septiembre   siguiente,   concluyéndolo   el  4  de  octubre  del  mismo  año,  oportunidad   en   que   anunció  como  sentido  del  fallo  uno  de  carácter  absolutorio.   La   sentencia   la   profirió  el  15  de  diciembre  postrero.   

5.  Contra  el fallo de primera instancia la  Fiscalía  interpuso  el  recurso  de  apelación,  por  cuya  vía  el Tribunal  Superior de Cali lo revocó para condenar al acusado.   

6.   Inconforme   con   la  sentencia  del  ad  quem, la defensa procesal  acudió al recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  dos cargos contra el fallo del Tribunal, el  primero  con  apoyo en la causal tercera de casación de la Ley 906 de 2004 y el  segundo  al  amparo  de  la  causal  primera  de  la misma disposición legal. A  continuación se resumen cada uno de los reproches:   

          PRIMER CARGO:   

          Para  sustentarlo  el  actor evoca decisión de esta Corporación en  la  cual  se  definen  los  diversos  errores  de  hecho demandables por vía de  casación,  tras  lo  cual  señala  que  en  el  presente  caso el ad  quem  “interpreto  (sic) de  forma  subjetiva  y  a  su  acomodo  erróneamente la prueba del  testimonio  rendido  en audiencia de juicio oral por parte del señor José Luis  Bello   Avila,   y   para   su   propio   criterio   el  peritazgo  –  Reconstrucción  del  accidente  de  tránsito  emitido  científicamente y expuesto al proceso por el perito físico  forense:  Diego  Manuel  López  Morales,  el  cual  es contundente y el ad quem  distorsiona  en su interpretación, al igual que no tiene presente el testimonio  vital,  rendido  por  Luis Gabriel Parodi Gómez, dejándolo prácticamente a un  lado…”           

          Sostiene    que    respecto    del    testimonio   de   Parodi   Gómez,   el   Tribunal  omitió  manifestaciones  tales  como que la niña se movilizaba en una bicicleta por una  vía  de  alta  peligrosidad, transportando un niño de casi su misma edad en la  barra,  sin  contar con elemento de protección alguno, atravesándose de manera  intempestiva,  en cuanto no realizó señal de ninguna especie, en el momento en  que  pasaba  por  allí  el  vehículo conducido por el procesado, quien no tuvo  tiempo  de  efectuar maniobra alguna para evitar la colisión. Es decir, añade,  se  desplazaba incumpliendo las normas de tránsito y sin el cuidado o tutela de  sus representantes legales.   

          Refiere   que   en  relación  con  el  testimonio  de  José  Luis  Bello Ávila, declaración que  estima   sospechosa,   omitió   manifestaciones   que   lo  tornan  carente  de  credibilidad,  tales  como  no poseer estudios, no saber leer y usar lentes para  leer  (sic)  y,  en  esas  circunstancias,  estar  desprovisto de capacidad para  calcular  la velocidad del automotor, “acudiendo a lo  que     simplemente     supuestamente     ese    día    observo    (sic)”,  esto  es,  sin  tener en cuenta procedimientos y estudios  científicos  basados  en  la física y en evidencias objetivas. En su criterio,  igualmente,  dejó  de  apreciar la extrañeza que le causó al testigo ver a la  niña  manejando una bicicleta, así como la afirmación según la cual la menor  “se    apoyo    (sic)  en  los cachos y volteo (sic)  a  mirar”, afirmación que,  para el censor, no puede tenerse como cierta.   

          En  cuanto  al  dictamen  del  perito  físico  forense Diego  Manuel  López  Morales, reprocha al  fallador  no  tener  en  cuenta  precisiones  de tipo científico que hizo en el  juicio  oral,  a  saber:  (i)  no  hubo  cálculo que determinara exactamente la  velocidad,  (ii)  solamente se estableció un rango de velocidad probable; (iii)  no  hubo víctimas fatales en el momento de la ocurrencia del accidente, pues la  niña  falleció  5  días después y el menor sufrió lesiones menores, todo lo  cual  demuestra  que  la  colisión no tuvo una severidad alta, (iv) el Tribunal  especula  sobre  las  causas del accidente, sin tener en cuenta las conclusiones  del  perito,  (v)  al  procesado  le fue imposible realizar maniobra de frenada,  (vi)  la  velocidad de 10 kilómetros determinada para la bicicleta “es  compatible  y  denota  también  la  irresponsabilidad de los  ocupantes  de  la  misma”, (vii) no se pudo ubicar el  impacto  de  los  vehículos en la vía, (viii) las lesiones a las víctimas son  producidas  por  la  caída  al piso y el arrastre sufrido por éstas, y (ix) la  causa del accidente se debió a la imprudencia de los menores.   

          En  esas  condiciones,  insiste  en  que  el  Tribunal  no  realizó  “un estudio y análisis profundo, adecuado, juicioso  y  conjunto” de las pruebas, atribuyendo la causa del  accidente  a  la  imprudencia  del  acusado  sin  que  el ente investigador haya  allegado   prueba   demostrativa   de   ese  aspecto.  A  este  respecto,  juzga  improcedente  predicar la concurrencia de culpas, pues en estos hechos solamente  hubo un culpable, es decir la hoy occisa.   

          Rechazando    la   afirmación   del   ad  quem, acorde con la cual el conductor del automotor se  movilizaba  a  una  desproporcionada  velocidad  en  una  zona  escolar, pues el  informe    de    reconstrucción    emitido    por    el   perito   López  Morales  dictaminó que lo hacía a  una  velocidad  comprendida  entre 20 y 40 kilómetros por hora, concluye que si  el  juzgador  hubiera  actuado  en  forma  imparcial  no  habría violado la ley  sustancial de manera directa.   

          De  esa  manera,  solicita  casar  la  sentencia  impugnada y, en su  lugar, absolver al procesado.   

          SEGUNDO CARGO:   

          Acusa  al  Tribunal  de  violar  directamente la ley sustancial, por  falta  de  aplicación del numeral 1º del artículo 32 del Código Penal, norma  que   consagra   la   causal   excluyente  de  responsabilidad  denominada  caso  fortuito.   

          Para  el libelista, en este caso existe total claridad en el sentido  de  que  la  niña se movilizaba en la bicicleta sin dispositivos de seguridad y  protección  y transportando a un menor de 12 años, desconociendo las normas de  tránsito.  Así,  añade, lo indica el informe de reconstrucción del accidente  emitido   por   el   perito   Diego   Manuel   López  Morales,  de  donde  se  desprende que el accidente se  presentó  porque  la  bicicleta  se le atravesó al automotor, acción abrupta,  inesperada  e  imprevisible que, por tanto, es constitutiva de caso fortuito, en  cuanto  a  cualquier  ser  humano  le  era  imposible  e  irresistible evitar el  impacto.   

          En  su criterio, al apartarse el sentenciador de esa realidad violó  en    forma    indirecta   la   norma   sustancial,   en   cuanto   –insiste- se presentó un caso fortuito  al  cual  no  pudo  resistirse  el  procesado,  quien  conducía su vehículo en  cumplimiento de sus labores y a una mínima velocidad.   

          Considera  que  en  este  evento  debe tenerse en cuenta también la  culpa  exclusiva  de  la  víctima  y la irresponsabilidad de los representantes  legales  de  los menores, quienes no debieron permitir el tránsito en bicicleta  por una vía de alta afluencia vehicular.   

          Concluyendo  que si el ad quem hubiera  valorado  las  pruebas  en conjunto y bajo las reglas de la  sana  crítica  no hubiese incurrido en los falsos razonamientos que soportan la  condena, pidió casar el fallo para absolver al acusado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

La Corte no deja de insistir en señalar que  la  demanda  de  casación no es un escrito de libre elaboración sino que, dado  el  carácter  extraordinario  de ese recurso, debe cumplir unos presupuestos de  adecuada  y  lógica  fundamentación,  sin  los  cuales el libelo no podrá ser  admitido.           

         

          Esos  presupuestos, en el esquema procesal contemplado en la Ley 906  de  2004, surgen de lo dispuesto en los artículos 183 y 184, inciso segundo. La  primera  de  dichas  normas  exige  al censor presentar la demanda señalando de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus fundamentos. A su turno,  la  segunda  establece  que  no  se  seleccionará el libelo cuando, entre otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de  sustentación.   

          Al  amparo de las mencionadas disposiciones la Sala ha expresado que  en  la  nueva  sistemática procesal penal al demandante le corresponde también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Al  examinarse la demanda instaurada por el defensor de LORENZO  PEINADO  TAPIAS, concluye la Sala  que  la  misma  no  cumple  las exigencias de adecuada redacción indispensables  para  su  admisión y, antes bien, presenta numerosos e insalvables defectos que  la  tornan inepta para esos propósitos.             

          En  efecto, en el primer cargo si  bien acusa al juzgador de incurrir en violación indirecta de la  ley  sustancial,  al  terminar  el desarrollo del reproche alude a la violación  directa,   generando   perplejidad   sobre   el   real  propósito  del  ataque.   

De  todas maneras, así si se entendiera que  acude  a  la  infracción  indirecta, la fundamentación sigue siendo imprecisa,  pues  no  indica  el sentido del error que atribuye al Tribunal, es decir, si de  hecho  o  de derecho. Y aun cuando pareciera que reprochara el primero de ellos,  porque  evoca  jurisprudencia de la Sala en la cual se definen los yerros de esa  naturaleza   demandables   en   casación,  de  todas  maneras  se  abstiene  de  individualizar  la  modalidad  del mismo, es decir, si se trató de falso juicio  de existencia, falso juicio de identidad o falso raciocinio.   

          Si  bien  no  es  función  de  la Corte desentrañar las confusas e  intrincadas  postulaciones casacionales, pues ello atenta contra el principio de  limitación  que  rige  en esta sede extraordinaria, bien pudiera decirse que el  libelista    imputa    al    ad   quem   incurrir  en  falso  juicio de identidad al apreciar los testimonios  de  José  Luis Bello Avila y  Luis  Gabriel  Parodi Gómez,  así  como el informe pericial rendido por Diego Manuel  López Morales.   

          Lo  anterior  porque  censura al sentenciador omitir la apreciación  de  algunas  de las manifestaciones efectuadas por los antes aludidos. Con todo,  el  demandante  no  atina  a sustentar adecuadamente el reproche así insinuado.   

          Como  se recuerda, el falso juicio de identidad se estructura cuando  el  fallador,  al  apreciar  la  prueba,  distorsiona su contenido fáctico para  hacerle  decir  lo  que  ella  no  expresa,  en  cuanto  la  cercena, adiciona o  translitera.  Su  demostración requiere que el actor identifique el medio sobre  el  cual recayó el dislate, realice un cotejo entre su contenido y aquel que le  atribuye  el fallador, precisando los apartes donde se presenta la distorsión y  luego acredite la trascendencia del yerro.   

          Aun  cuando  el  actor identifica las pruebas respecto de las cuales  señala  el yerro, no se esfuerza por efectuar el análisis comparativo entre su  contenido  y  el  asignado  por  el ad quem,  omitiendo  de esa manera precisar cuáles fueron los segmentos de  las pruebas objeto de distorsión.   

          Se  limita  a  señalar  en  forma genérica que el Tribunal omitió  considerar  algunas  afirmaciones  de  los  declarantes,  muchas  de  las cuales  constituyen,  en  realidad,  el mérito suasorio que el impugnante les atribuye,  como  cuando  le  reprocha  al  sentenciador no tener en cuenta que la causa del  accidente  obedeció  a  la  culpa  exclusiva de la víctima y que el acusado no  tuvo tiempo de maniobrar su automotor.   

          Ese  punto  de  vista  pretende  que  la Corte lo acepte y desestime  consecuencialmente  el  criterio  apreciativo  del  ad  quem,   quien  concluyó  que  si  bien  la  víctima  concurrió  al  resultado del accidente, el mismo no se hubiera presentado si no  es  por  la  alta  velocidad  bajo  la cual conducía el automotor el procesado,  excediendo  de  esa  manera  el  límite  máximo  de  30  kilómetros  por hora  permitido allí por tratarse de una zona escolar.   

          Olvida  así  el censor que ese tipo de discrepancias probatorias no  son  válidas  en  sede  de  casación,  dada  la doble presunción de acierto y  legalidad  de  que  está  revestido  el fallo de segundo grado, a cuyo tenor la  ponderación  de  los  medios de convicción efectuada por el juzgador prevalece  sobre  la  del demandante, salvo la incursión en grave yerro de valoración que  aquí no se ha demostrado.   

         En   el   segundo   cargo  el  libelista  denuncia  la violación directa de la ley sustancial  por falta de aplicación del numeral 1º del artículo  32   del   Código   Penal,   norma   que   consagra  la  causal  excluyente  de  responsabilidad denominada caso fortuito.   

          Al  sustentar  el  reproche  incurre  también en la incoherencia de  atribuir   al   ad  quem  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, desconociendo así la enunciación  del ataque.   

          De   todas  maneras,  no  sustenta  adecuadamente  ni  una  ni  otra  violación.  En  cuanto  a  la  infracción  directa,  es  bien  claro que en su  estructuración  al  actor  le  es  imperioso  aceptar los hechos tal y como los  declaró  demostrados  el  juzgador,  sin  desconocer  entonces  la  valoración  probatoria  efectuada en la sentencia. La discusión a plantear, por tanto, debe  ser  de  orden  puramente  jurídico,  cuyo  propósito  será  acreditar que el  fallador   incurrió   en   indebida   selección,   falta   de   aplicación  o  interpretación errónea de una norma sustancial.   

         

          La  postulación objeto de examen no tiene esa connotación, pues el  demandante,  apartándose de las conclusiones probatorias del Tribunal, sostiene  que  el  accidente  ocurrió por una circunstancia inesperada e imprevista, así  como  por  culpa  exclusiva  de  la  víctima  y por la irresponsabilidad de los  representantes  legales  de  los  menores  que  se  movilizaban en la bicicleta,  pretendiendo  de  esa manera sustentar la ocurrencia de un caso fortuito, cuando  –se    insiste-    el  ad   quem   rechazó  tales  situaciones fácticas.   

          Por  lo mismo y que el censor se limita a plantear su postura frente  al  mérito  suasorio  de  las  pruebas, tampoco emprende la demostración de la  violación  indirecta  que  esboza en el desarrollo del reproche, quedándose el  ataque en la mera enunciación.   

En   consecuencia,  atendida  la  indebida  sustentación  de  los  cargos formulados, deficiencias que no permiten advertir  la  necesidad  del  fallo de casación, la Sala inadmitirá la demanda objeto de  examen,  considerando  además la no concurrencia de circunstancias vulneradoras  de  garantías  fundamentales,  que  impongan  superar los desaciertos técnicos  para decidir de fondo.   

Se  indicará,  por último, que contra esta  decisión  sólo cabe el mecanismo de insistencia, conforme lo tiene establecido  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, cuya interposición procede bajo las  reglas    fijadas   en   jurisprudencia   reiterada   de   la   Sala1.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  LORENZO PEINADO TAPIAS.   

         

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y,  en  los  términos  referidos  en  el  acápite   final   de   esta   determinación,   contra   la  misma  procede  la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO             JULIO        ENRIQUE        SOCHA       SALAMANCA                    

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1   Providencia   del   12   de   diciembre   de  2005,  radicación  24322.     

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