39929(30-01-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Aprobado Acta No. 021.  

          Bogotá   D.C.,   treinta   (30)   de   enero   de   dos  mil  trece  (2013)   

VISTOS  

Corresponde a esta Colegiatura verificar los  requisitos   de  crítica  lógica  y  suficiente  demostración  en  el  libelo  casacional  presentado  por  el  defensor  de  ADRIANA  PEÑA   ARIZA   y  BERNARDO  ALEXIS  RODRÍGUEZ  CASALLAS,  contra  la sentencia de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el 29 de julio  de  2012, confirmatoria en lo sustancial de la dictada el 9 de noviembre de 2011  por  el  Juzgado  Veintidós  Penal  Municipal  con funciones de garantía de la  misma  ciudad,  por  cuyo  medio  condenó  a  los  mencionados  ciudadanos como  coautores penalmente responsables del delito de abuso de confianza.   

HECHOS  

Elizabeth   Arévalo  Puentes,  quien  reside en Nueva York desde hace varios años y labora como  peluquera,  envió  desde el año 2004 al 2007 giros a  ADRIANA   PEÑA   ARIZA  y  BERNARDO   ALEXIS   RODRÍGUEZ  CASALLAS  que  sumaron  aproximadamente  $80.000.000.oo,  para  la  compra de un inmueble que le asegura  donde  residir  al  regresar  a  su  país,  a lo cual procedieron. No obstante,  posteriormente  vendieron  el  bien y compraron otro figurando como propietarios  en  la  escritura  pública  de  compraventa, afectándolo a vivienda familiar y  negándose     a     entregarlo     a     Elizabeth  Arévalo,  a  quien  en  octubre  de 2008 ADRIANA  PEÑA  le  manifestó que había  actuado así en cuanto no tenían donde vivir.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Una  vez  realizadas  sendas  audiencias  de  conciliación  sin éxito, ante el Juzgado Treinta Penal Municipal con funciones  de  Control  de  Garantías  de  Bogotá  la  Fiscalía  imputó  a ADRIANA  PEÑA y  BERNARDO  RODRÍGUEZ  la comisión del delito de abuso  de confianza, a la cual no se allanaron.   

El 28 de mayo de 2010 la Fiscalía presentó  escrito  de  acusación  contra  los  procesados  y ulteriormente se realizó la  correspondiente audiencia.   

          La  fase  del  juicio  oral  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Veintidós  Penal  Municipal  con funciones de conocimiento de Bogotá, despacho  que  profirió fallo el 9 de noviembre de 2011, por cuyo medio los condenó a la  pena  principal  de  treinta  (30)  meses de prisión y multa por 13.33 salarios  mínimos  legales  mensuales,  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso, como coautores  penalmente   responsables  del  delito  de  abuso  de  confianza.  En  la  misma  oportunidad  les  concedió  el  subrogado  penal  de  la  condena de ejecución  condicional.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa, mediante fallo del 29 de  junio  de 2012 el Tribunal Superior de Bogotá la confirmó, rebajando la pena a  veintidós  (22)  meses  de prisión y disminuyendo el monto de la caución para  acceder a la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

          Contra     la    decisión    del    ad  quem,  el  defensor  de los acusados interpuso recurso  extraordinario   de   casación,   cuya   admisibilidad   se   examina  en  este  proveído.   

LA DEMANDA  

El  recurrente formula tres cargos contra el  fallo  de  segundo  grado; el primero, por nulidad en atención a que el abogado  de  la  víctima  no  tenía  poder  para presentar la querella; el segundo, por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  falsos  juicios de  existencia  por  omisión de pruebas; y el tercero, por violación del principio  de presunción de inocencia.   

Con  el  propósito  de  evitar repeticiones  innecesarias,   metodológicamente   se  optará,  a  continuación,  por  hacer  referencia  separada  a  cada  uno de los reparos presentados por la defensa y a  realizar su correspondiente estudio formal.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha precisado la Colegiatura que si bien en la  Ley  906 de 2004 no se distingue entre recurso de casación por la vía común y  por  la  discrecional,  pues  se  eliminó  la exigencia del quantum de pena del  delito  por  el que se procede para acceder a tal impugnación, lo cierto es que  corresponde  al  demandante  acreditar  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  lo cual le impone contar con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los cargos de sustentación del recurso y demostrar que es  necesario  el  fallo  de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  el  artículo  180  de la referida normatividad para la  mencionada  impugnación,  es  decir,  la  efectividad  del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  sufridos por estos y la unificación de la jurisprudencia.   

          Adicionalmente  se  tiene  que  de  acuerdo  con  la  preceptiva del  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, no será admitido el libelo de casación  cuando  el  demandante  carezca de interés, no señale la causal, no desarrolle  adecuadamente  los  cargos  de  sustentación  o  cuando  se  advierta que no es  necesario    el   fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso.   

          Impera  señalar  que  el  recurso  de  casación  en  cuanto juicio  técnico   –  jurídico  cuenta  con una serie de reglas señaladas por el legislador y desarrolladas por  la   jurisprudencia   a   fin  de  que  no  se  convierta  en  una  tercera  instancia, las cuales no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo  de  sus  reparos,  de  suerte  que  resulten  inteligibles  en cuanto precisos y  claros,  dado que no corresponde a la Sala en su función constitucional y legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias  alegaciones de los recurrentes en casación.   

Precisado  lo  anterior y conforme se había  anunciado,  serán  abordadas  cada  una  de  las  censuras  postuladas  por  el  impugnante    para    dar   sustento   a   su   pretensión   casacional,   como  sigue:   

1.            Primer cargo: Nulidad por falta de poder  del abogado que instauró la querella.   

Aduce  el censor que se violó el derecho al  debido  proceso  de  sus  representados, toda vez que la querella fue presentada  por   un  abogado  en  representación  de  Elizabeth  Arévalo,  sin  contar  con  poder  escrito  para  tal  efecto.   

De  otra  parte aduce que si bien aquella se  encontraba  fuera  del país, no se presentaron circunstancias de fuerza mayor o  caso   fortuito   para  no  tener  conocimiento  del  proceder  de  ADRIANA      PEÑA     y     su     esposo    BERNARDO  RODRÍGUEZ  desde el año 2004, de  manera  que  si  la  querella  fue interpuesta en mayo de 2008 había operado el  tiempo dispuesto por el legislador para su caducidad.   

Con   base  en  lo  expuesto  solicita  la  invalidación   del   diligenciamiento   por   quebranto   del   debido  proceso  “al  iniciarse  una  acción penal por una conducta  querellable   fuera   de   término   y   sin   poder   para  actuar”.   

         Sobre   el   particular  considera  la  Sala  que  en  el  aspecto  formal el impugnante sujeta  su  argumentación  a  las reglas que de tiempo atrás ha establecido  por  la jurisprudencia en punto de la  postulación    de   nulidades   en   este   recurso  extraordinario,   motivo   por  el  cual  se  impone  admitir   la   censura   así   propuesta   por   el  recurrente.   

2.            Segundo cargo: Violación indirecta de la  ley   sustancial   por   falso   juicio   de   existencia   por  “ignoración” de pruebas.   

          Bajo  la  égida  de  la  causal  tercera de casación reglada en el  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, el casacionista refiere que en el fallo se  descarta   que  los  dineros  girados  por  Elizabeth  Arévalo  fueran a título de donación a favor de los  procesados,  máxime  si  con  posterioridad  a  la  compra  de  la casa siguió  enviando  dinero de Estados Unidos, en algunas ocasiones para la manutención de  Herminia   Díaz,  o  para  arreglos  de  la casa de la abuela de Mary Nelsy Peña  Ariza   y   Eulalia  Ariza  Puentes, quienes así lo declararon.   

          Precisa    que   “existe   una   clara  suposición  de la prueba, poniéndola a decir, lo que en realidad no dice si se  atiende  que los envíos a que hace referencia la sentencia de segunda instancia  se   circunscribe  (sic)  a  hechos  posteriores  al 24 de septiembre de 2004, por tanto es imposible que los  dineros  enviados con posterioridad a la fecha de compra de la casa tantas veces  citada  haya  sido  para  la  adquisición  de vivienda pues por sustracción de  materia esta ya había sido adquirida”.   

          Insiste  el  defensor  en  que  el  dinero  girado  por Elizabeth  a  sus asistidos fue a título  de  donación  para  que  tuvieran  donde  vivir,  circunstancia  que excluye la  comisión  del  delito  de  abuso  de  confianza,  para  lo cual cita doctrina y  jurisprudencia sobre los elementos de dicho punible.   

En  punto de este reproche encuentra la Sala  que  el  error  de  hecho por falso juicio de existencia por omisión de pruebas  tiene  lugar  cuando  pese a estar la prueba en el diligenciamiento no es objeto  de  apreciación  judicial,  en cuanto los falladores la marginan íntegramente,  caso  en  el cual debe el actor indicar el elemento probatorio omitido, cuál es  la  información  objetivamente  suministrada, el mérito demostrativo al que se  hace  acreedor y cómo su estimación conjunta con el resto de pruebas conduce a  trastrocar   las   conclusiones   de   la   sentencia  impugnada,  deberes  cuyo  cumplimiento no asumió el impugnante.   

          En  efecto, el defensor no precisa cuál fue la prueba omitida en su  totalidad,  y  por el contrario, refiere que “existe  una  clara  suposición de la prueba, poniéndola a decir, lo que en realidad no  dice”,  discurrir que corresponde al falso juicio de  existencia  por  suposición  de  pruebas  o  al  falso  juicio de identidad por  tergiversación  de  los  medios  de  convicción,  especies  de  error de hecho  sustancialmente  diferentes  a la postulada, y que por tanto, permiten constatar  imprecisión  en  el  cargo,  faltando  al  deber  de  claridad  exigido  por el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004 al señalar que el recurso se interpondrá  “mediante  demanda que de  manera   precisa   y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”  (subrayas  fuera de  texto).    

Como viene de verse, es claro que en evidente  olvido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la que se encuentra  revestido  el  fallo,  el  censor  únicamente orientó su esfuerzo a exponer en  forma  global  e  imprecisa  su  particular  ponderación  probatoria,  pero sin  detenerse    a    observar    las    reglas    propias    de   este   medio   de  impugnación.   

          Las  razones  expuestas  irrumpen como suficientes para inadmitir el  reparo.   

3.               Tercer     cargo:     Violación   de   la   presunción   de  inocencia.   

          Luego  de  citar  jurisprudencia  sobre  la  citada  presunción, el  censor  afirma  que “si el juez no hubiera incurrido  en  ese  falso juicio de legalidad al apreciar y valorar positivamente en contra  de  nuestra defendida, la pericia dactiloscópica, que no ha debido hacerlo, por  tratarse  de  una  prueba  ilegal,  por ser contradictorios los tres dictámenes  rendidos  y  por  carecer  de  fundamentación  técnica,  razón por la cual ha  debido  aplicar  la  cláusula  de exclusión contenida en el último inciso del  artículo  29  de  la  Carta  Política,  y  en  tales circunstancias, de manera  necesaria    hubiera    tenido    que    aceptar   en  (sic)  la  existencia  de dudas sobre la falsedad del  documento  y  consecuentemente  sobre  la autoría y presunta responsabilidad de  nuestra  defendida  y  en  tales circunstancias ha debido reconocer el instituto  del in dubio pro reo”.   

          Con  base  en lo anterior, solicita se case el fallo, para que en su  lugar se dicte sentencia absolutoria a favor de sus asistidos.   

          En  cuanto  atañe  a esta censura advierte la Sala que sin el menor  asomo  de  seriedad  propia  de  este  recurso  de  índole  extraordinaria,  el  recurrente  se limitó a copiar en forma descontextualizada una alegación ajena  a  este  trámite,  como  que  aquí no se procede por el delito de falsedad, ni  obran dictámenes periciales ni pruebas dactiloscópicas.   

Es   oportuno   señalar   que  cuando  la  reclamación  se  cifra  en  la  falta de aplicación del principio in  dubio  pro  reo, es imprescindible que  el  actor señale la vía de su impugnación, esto es, si se trata de violación  directa  o  indirecta.  Si  postula  la primera, le corresponde demostrar que el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su   exposición   absolver,  circunstancia  que  no  tuvo  lugar  en  el  fallo  impugnado.   

Pero  si  el vicio denunciado se funda en la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, debe señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

          El cargo debe ser inadmitido.   

          Cuestión final   

          Dado  que  esta  providencia es mixta, en cuanto se admite el primer  reproche  y  se inadmiten los otros, se dispone que una vez surtido el mecanismo  de  insistencia  si  la defensa acude a él, el asunto regrese al despacho de la  Magistrada  Ponente  para  fijar  fecha  y  hora para la sustentación del cargo  admitido.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      INADMITIR  los cargos  segundo  y  tercero  de la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  los   procesados  ADRIANA  PEÑA  ARIZA  y     BERNARDO    ALEXIS    RODRÍGUEZ  CASALLAS,  por  las  razones  expuestas en la anterior  motivación.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906  de     2004,    es    facultad    del    demandante    elevar    petición    de  insistencia.   

         2.                      ADMITIR  el  cargo  primero  del  libelo  de  casación  presentado  por la defensa, en punto de la temática delimitada en la  parte considerativa de esta providencia.   

         3.                      SURTIDO el mecanismo  de  insistencia,  el  proceso  será devuelto a la Magistrada Ponente, según se  dispuso en la parte considerativa.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                   JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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