41540(14-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE        SUPREMA        DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 263.  

Bogotá D.C., agosto catorce (14) de dos mil  trece (2013)   

VISTOS  

La  Corte emprende la constatación sobre el  cumplimiento  de los requisitos de lógica y acreditación suficiente dispuestos  en  la  ley,  respecto  de  la  demanda casacional presentada por el defensor de  SAIDA   MURILLO  PALACIOS,  contra  el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior de Quibdó el  31  de  enero  de  2013,  confirmatorio  en  lo  sustancial del proferido por el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito Adjunto de Descongestión de la misma ciudad  el  12  de  diciembre  de  2011,  por  medio  del  cual condenó a la mencionada  ciudadana  como  autora  del delito de peculado por apropiación, oportunidad en  la  cual  la  absolvió  por  el  punible  de  falsedad ideológica en documento  público.   

HECHOS  

          SAIDA  MURILLO  PALACIOS en su condición  de  Alcaldesa  del municipio de Atrato, solicitó a la DIAN donaciones de bienes  incautados  por  dicha  entidad  en  procura  de  asistir  a  sus  coterráneos,  petición  que  fue  aceptada  y  por  ello mediante resoluciones 11858 del 5 de  octubre  de  2006,  11895,  11940,  11921  y 11898 del día siguiente, le fueron  asignados  donativos  por  $283.816.806.oo.  No  obstante,  miembros  del Cuerpo  Técnico  de  Investigación  lograron establecer que de los bienes recibidos se  presentó    un    faltante   por   $96.045.986.oo1, cuyo informe dio lugar a este  averiguatorio.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          La  Fiscalía Seccional de Quibdó declaró abierta la instrucción,  en   curso   de   la   cual   vinculó   mediante   indagatoria  a  SAIDA  MURILLO  PALACIOS  y  Ana     Herminia    Mercado    Córdoba  definiéndoles   su   situación   jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional  respecto  de  la  primera,  como  posible  autora  del  delito  de  peculado  por  apropiación, y  absteniéndose de imponer medida a la segunda.   

          Cerrada  la etapa instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  15  de  mayo de 2008 con resolución de acusación en contra de SAIDA  MURILLO  como  probable autora del  concurso  de  delitos  de  peculado  por  apropiación y falsedad ideológica en  documento  público. En la misma oportunidad se profirió resolución acusatoria  contra  Ana Herminia Mercado  como   probable   autora   del  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público.   

          El  ciclo  del  juicio  correspondió adelantarlo al Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Quibdó,  despacho  que una vez realizada la audiencia  pública  dictó  sentencia  el  12  de  diciembre de 2011, a través de la cual  condenó  a  SAIDA MURILLO a  la  pena principal de ochenta (80) meses de prisión y multa por $96.045.986.oo,  igualmente  le fue impuesta la sanción prevista en el artículo 122 de la Carta  Política,  como  autora  penalmente  responsable  del  delito  de  peculado por  apropiación.  En  la  misma  decisión  fue  absuelta,  junto  con Ana  Herminia Mercado por el delito contra  la fe pública.   

          A  SAIDA MURILLO  le  fue  negada  la  condena  de ejecución condicional, pero le fue otorgada la  prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

          Impugnado  el  fallo del a quo  por  la  defensa,  fue confirmado en lo sustancial por el Tribunal  Superior  de  Quibdó  mediante  proveído  del  31 de enero de 2013, el cual es  ahora  objeto  de  impugnación  extraordinaria  propuesta  por  el mismo sujeto  procesal.   

EL LIBELO  

Después  de  señalar que el propósito del  recurso  se  orienta  al  restablecimiento  de la presunción de inocencia de su  asistida,  el  recurrente  procede a transcribir apartes de los artículos 29 de  la  Carta  Política  y  7º  de la Ley 600 de 2000, igualmente trae a colación  fragmentos  de  doctrina  extranjera y de jurisprudencia constitucional sobre el  principio  in dubio pro reo y  la referida presunción.   

          Acto  seguido  cita  normas  constitucionales  y  legales  sobre  el  derecho   de   defensa  en  el  ámbito  penal,  para  luego  citar  apartes  de  jurisprudencia de la Corte Constitucional sobre el particular.   

          Más    adelante    manifiesta    que    si   bien   “los  hechos  que dieron lugar a la condenación de la señora SAIDA  MURILLO  PALACIOS  por  ese  atentado  contra  la  administración  pública, se  hicieron  consistir  en  un  supuesto  faltante  de  la donación oficial que le  hiciera  la  DIAN  a  dicho  ente  territorial  (…)  hay  un detalle que llama  poderosamente  la  atención  en  las  sentencias  de instancia: Se admitió sin  ambigüedades  que  en  este  asunto  ‘no  está  demostrado  fehacientemente que la señora SAIDA MURILLO  PALACIOS  en  su  condición de Alcaldesa Municipal de Atrato, se haya apropiado  de  dichos  objetos,  pues por el contrario trato (sic)  siempre   de  robar  (sic)  sumariamente su inocencia sobre los cargos endilgados  por    el    acusador”    (subrayas    fuera    de  texto).   

          Advera  que  la  Fiscalía  violó  el  derecho  a  la defensa de su  procurada,  pues no valoró la prueba que ella aportó al proceso, máxime si no  tachó  de falsos los recibos de la mercancía, ni se escuchó en declaración a  los beneficiarios de los bienes.   

De  otra  parte  dice  que el juez de primer  grado  “se excedió en la aplicación de las reglas  de  la  sana  crítica  y  la  libre  apreciación  de la prueba, violentando el  derecho  fundamental  a  la defensa de la procesada”,  pues no fueron apreciados los documentos aportados por su asistida.   

Después de citar apartes de la sentencia del  Tribunal,  asevera  que no se tuvo en cuenta la presunción de inocencia, según  lo ha definido la doctrina extranjera y la Corte Constitucional.   

          Luego,   propone   un   cargo  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  derivada  del  desconocimiento  de la presunción de inocencia y el  derecho   de   defensa,   producto   del  quebranto  al  principio  in   dubio   pro   reo   y   al   debido  proceso.   

          Advierte   que   no   cuestionará  “la  valoración  fáctica  pero  si probatoria realizada por el Tribunal”  y  una vez más trascribe la misma doctrina foránea, así como  apartes  de jurisprudencia constitucional sobre la presunción de inocencia y el  derecho  de  defensa,  para  después  concluir  que  su  asistida no debió ser  condenada  en  aplicación  del principio in dubio pro  reo,  de  modo que se violaron los artículos 29 de la  Carta  Política,  7º  y  8º  del  Código  Penal,  y  232  de  la  Ley 600 de  2000.   

Con base en lo expuesto el defensor solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo  impugnado  para  en  su  lugar  dictar  sentencia  absolutoria    a    favor    de    SAIDA    MURILLO  PALACIOS.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Ha  puntualizado la Corte que en el examen sobre la admisibilidad de  los  libelos  casacionales le corresponde constatar que los recurrentes formulen  sus   censuras   con   sujeción  a  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  argumentación   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a  las  surtidas. Tales requisitos se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

Además,  de  acuerdo  con la preceptiva del  artículo  213  de la mencionada legislación “si el  demandante  carece  de interés o la demanda no reúne  los  requisitos  se  inadmitirá” (subrayas fuera de  texto).   

Advertido   lo   anterior,   encuentra  la  Colegiatura  que el defensor propone la violación directa de la ley sustancial,  la  cual  tiene  lugar  cuando a partir de la apreciación de los hechos legal y  oportunamente   acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los  sentenciadores  omiten  aplicar  la  disposición  que se ocupa de la situación en concreto, en  cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia  (falta  de  aplicación o exclusión  evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación  de  los hechos probados a los  supuestos  que contempla el precepto (aplicación indebida), o le atribuyen a la  norma  un  sentido  que no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a su  contenido (interpretación errónea).   

En  tal caso, sin que interese la especie de  vulneración  directa  de  la  preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores  recae   sobre   la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito     estrictamente     jurídico,  sea  porque  se  dejó  de  lado  el  precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

Desde luego, no se debate allí la actividad  probatoria   ni   su   ulterior  ponderación  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  el  cargo  examinado  en  punto  de  su  admisión  se  observa,  que  pese  a  postular  la violación directa de la ley  sustancial,  el libelista se orienta a deplorar la ponderación de los medios de  convicción,  pues  reprocha  que  no  se  valoró  la  prueba  aportada  por la  procesada,  no  se  tuvieron  en  cuenta  los  recibos  de  la mercancía, ni se  escuchó  en  declaración  a los beneficiarios de los bienes; también sobre el  aspecto   probatorio  deplora  que  el  juez  de  primer  grado  “se  excedió  en la aplicación de las reglas de la sana crítica y  la  libre  apreciación  de  la  prueba, violentando el derecho fundamental a la  defensa  de  la  procesada”,  en  cuanto  no  fueron  apreciados los documentos aportados por aquella.   

Palmario  resulta  que invocar la violación  directa  de  la  ley sustancial, para acto seguido cuestionar la apreciación de  las  pruebas  por  omisión  o  el  quebranto de las reglas de la sana crítica,  temática  propia  de la violación indirecta, corresponde a un proceder ambiguo  e  impreciso  que  se  desentiende de lo exigido en el numeral 3º del artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  al  señalar  que la demanda de casación debe  contener  “la enunciación  de   la   causal   y   la  formulación  del  cargo,  indicando   en  forma  clara  y  precisa   sus   fundamentos   y   las  normas  que  el  demandante  estima  infringidas” (subrayas fuera de texto).   

          En  efecto,  sin dificultad se constata que el recurrente falta a su  deber  de  claridad  y  precisión,  pues simultáneamente postula la violación  directa  e  indirecta  de  la  ley  sustancial,  sin  percatarse  que una y otra  corresponden  a temáticas diversas y que su objeto y demostración son también  diferentes.   

Adicionalmente advierte la Colegiatura que si  bien  el  actor  cita  extensos  apartes  de  doctrina foránea y jurisprudencia  nacional,   no   se   esfuerza   por   articularlos   con   el  caso  objeto  de  estudio.   

Ahora, en cuanto atañe a la reclamación que  cifra  en  la  falta  de  aplicación del principio in  dubio  pro  reo,  era  imprescindible que señalara la  vía  de  su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o  indirecta.  Si  postulaba la primera, le correspondía demostrar que el fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de la providencia atacada la existencia de  dudas  trascendentes  de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad de la  conducta  o  la  responsabilidad  de  la  procesada  y,  pese  a ello, profirió  sentencia  de  condena  con exclusión evidente de la disposición normativa que  contiene   el   principio,   cuando  le  correspondía  en  consonancia  con  su  exposición  absolver,  circunstancia  que  no tuvo lugar en el fallo impugnado,  pues   por   el   contrario,   puntualizó   el   ad  quem:   

“La  actuación  desplegada  fue  dolosa  conociendo  y  queriendo la realización de la conducta  punible,  apropiación  de  bienes  del Estado cuya custodia tenía en razón de  sus  funciones, sabiendo de la ilicitud de su comportamiento y determinándose a  la  comisión  de  la  conducta;  luego las excusas argüidas, por lo ingenuas e  inverosímiles  sólo  denotan  la intencionalidad y por ende la responsabilidad  de    la    procesada    en   la   conducta   objeto   de   reproche”.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

De  otra  parte  impera  señalar, que no se  aviene  con  el principio de autonomía de las causales que en el mismo reparo y  en  forma  sincrónica,  el  defensor  denuncie  la violación directa de la ley  sustancial,  la marginación de medios de prueba (falso juicio de existencia por  omisión  que corresponde a la violación indirecta), el quebranto de las reglas  de  la  sana  crítica  (error  de  hecho  por  falso  raciocinio  propio  de la  violación  mediata de la ley), y la vulneración del derecho de defensa reglado  en la causal tercera de casación.   

          Puede  constatarse  que  el  impugnante  sólo  dirige  su  labor  a  deplorar  en forma desordenada, confusa y sin un hilo conductor la condena de su  asistida,  pero  no atina a señalar con precisión cuál es su inconformidad, y  lo  más  importante,  de  qué  manera  los falladores erraron gravemente en la  aplicación  de  la  ley,  en  la apreciación de los medios probatorios o en la  guarda  de  la  legitimidad  del trámite, olvidando la presunción de acierto y  legalidad   de   la   cual  se  encuentra  revestida  la  sentencia  objeto  del  recurso.   

De   acuerdo   con   las  consideraciones  precedentes,  habida  cuenta  que  el  libelo  de  casación no corresponde a un  alegato  de  libre  e  informal  elaboración,  su  presentación  con  base  en  apreciaciones  confusas e ininteligibles del defensor y  sin  atenerse  a  alguna  de  las reglas lógicas y argumentativas que gobiernan  este medio extraordinario de impugnación,  impone  la inadmisión de la demanda de acuerdo con lo dispuesto  en  el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000, porque en virtud del principio de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada  para enmendar tales falencias.   

         Para   concluir   es   pertinente   indicar  que  no  se  advierte  en  el  curso  del  diligenciamiento  o en la sentencia  objeto   del   recurso,  violación  de  derechos  o  garantías  de               la          procesada,   como  para  que  ello  determinara  ejercer  la  facultad  oficiosa  que  en  punto  de  asegurar  su protección le  confiere el legislador a la Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   SAIDA  MURILLO  PALACIOS, por las razones  expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                           GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr  folios 181 a 183 c.o. No. 3.     

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