37424(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado acta número 208  

Bogotá  D.C.,  tres  de  julio  de  dos  mil  trece.   

La Sala resuelve sobre la admisibilidad de la  demanda    de    casación   propuesta   por   el   defensor   de   Flaminio  Wilchez  Rodríguez,  contra  la  sentencia  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca, mediante  la  cual confirmó la condena que le impuso el Juzgado Promiscuo del Circuito de  La Palma, por el delito de homicidio agravado.   

ANTECEDENTES   

1.  Los  hechos  analizados en este asunto se  concretan,  según   lo  referido  en  el  fallo  de  segundo  grado, a que  “En  la carretera que de este municipio [La  Palma]  conduce  al  de  Caparrapí,  Cundinamarca,  vereda la Aguada de esta jurisdicción, como a eso de las siete y  cuarto   de   la   mañana   del   (…)  16  de  julio  de 2005, cuando los comerciantes Rómulo Medina, su  hijo  Yovany Medina y José Everto Bustos Bernal, se desplazaban en la camioneta  de  propiedad  del  primero de los nombrados, fueron asaltados por tres personas  encapuchadas,  que  con  arma  en  mano les hurtaron el dinero que llevaban para  el   negocio  de  ganado; luego de que Rómulo Medina opusiera resistencia,  fue   tiroteado   con   su   hijo,  lo  que  produjo  el  deceso  de  estos  dos  comerciantes.”   

2.  Por  los  anteriores  hechos la Fiscalía  ordenó  apertura  de  instrucción  el  26  de  julio  de  ese año1,  escuchó en  indagatoria     a     Omar    Medina    Izquierdo2,   Víctor   Alfonso   Medina  Izquierdo3  y Flaminio Wilchez Rodríguez4, a quienes les  resolvió  la  situación  jurídica  imponiéndoles  medida  de  aseguramiento,  mediante  proveído  del  27  de  septiembre de 20075.   

Posteriormente6,  el  28 de marzo de 2008, les  dictó   resolución  de  acusación  como  autores  del  delito  de  homicidio,  calificación  que  con  base  en  el  trámite del artículo 404 del Código de  Procedimiento  Penal,  trocó  en  homicidio  agravado  en  concurso, según los  artículos 103 y 104-7 del Código Penal.   

El Juzgado Promiscuo del Circuito de La Palma,  mediantes  sentencia  del  30  de septiembre de 20097,   condenó   a  Wilchez  Rodríguez a 27 años de prisión  y  absolvió  a  Omar  y Víctor Alfonso Medina Izquierdo, de los cargos por los  cuales fueron acusados.   

La  defensa apeló la decisión y el Tribunal  la  confirmó con el fallo emitido el 3 de mayo de 2011, recurrido a su turno en  casación por el mismo sujeto procesal.   

DEMANDA     DE  CASACIÓN   

El recurrente denuncia la violación indirecta  de  la  ley  sustancial mediante falso raciocinio, pues, afirma, en la sentencia  no  se  aplicaron  las enseñanzas de la ciencia, de la lógica ni las reglas de  la  experiencia,  ya  que  el  Tribunal omitió los postulados contenidos en los  artículos   232   y  238  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  “por   cuanto   se   desconoció  flagrantemente  que  del  acopio  probatorio   allegado   al   informativo   hasta  esta  instancia  procesal,  se  desprendía  con  claridad meridiana que no existía en el mismo la más mínima  prueba  que  conduzca  a  la  certeza  de la responsabilidad del procesado en la  comisión  del  delito  materia  de  juzgamiento  y  por  ello debió de haberse  absuelto  de  toda  clase  de responsabilidad a quien hoy represento… pues nos  encontramos frente al principio universal de in dubio pro reo.”   

Afirma el recurrente que los cargos formulados  al  señor Wilchez Rodríguez,  se   sustentan  en  las  afirmaciones  de  Edgar  Orlando  Medina  Murcia,  cuya  declaración  corresponde  a  un  testimonio  de oídas, pues refirió que otras  personas   le  informaron  acerca  de  la  participación  del  acusado  en  los  hechos.   

De   igual  modo,  que  en  el  proceso  de  valoración  probatoria el Tribunal sólo atendió los testimonios desfavorables  al  procesado  y  desconoció  aquellos  aportados por la defensa para demostrar  “que  mi  representado  no  era  la  persona  que se  prestara  para la comisión del hecho punible… no tenía tiempo para hacerlo y  permaneció  siempre  en  su  pueblo  trabajando  honradamente  y  así  lo  han  certificado  las  personas  que  lo  conocieron  previo a la ocurrencia de estos  aconteceres.”   

El  homicidio,  continúa,  lo  planearon  y  ejecutaron  tres  personas entre las cuales no figura el acusado, quien resultó  involucrado  por  Edgar Orlando Medina Murcia. De esa manera, el error en el que  incurre  el Tribunal consiste en que no apreció las pruebas en su conjunto y en  la   errada   valoración  que  hizo  de  la  mendaz  declaración  del  testigo  referido.   

Además,  en la sentencia nada se dijo de los  testimonios  que  no  se  allegaron a la actuación y que tenían como finalidad  demostrar que el acusado no es un delincuente.   

En criterio del actor, el Tribunal no aplicó  las  reglas  de  la experiencia, en tanto hizo una manifestación contraria a la  realidad  procesal,  al  mencionar  que  los  agentes  del  ilícito obraron con  distribución  de  funciones  “y  si  bien es cierto  dentro  del  proceso  se  ha  señalado  que mi defendido tenía la ‘misión’  de  vigilar, este hecho ha salido de  la  declaración  de  EDGAR  ORLANDO MEDINA MURCIA, quien fue el que dijo que mi  representado  había  participado  en  el  homicidio  de su padre”,  pero  no  está demostrada la división de trabajo mencionada por  el  sentenciador,  o  que  el acusado se haya reunido con los otros autores para  planear   el  punible  y  asignar  la  labor  que  cado  uno  cumpliría  en  su  ejecución.   

La trascendencia del error indicado estriba en  que  existen  diversos  aspectos  que el Tribunal no analizó, los cuales debió  tomar  en  consideración  y  efectuar  un  análisis  conjunto  de  la  prueba,  “valorando  cuidadosamente todas las manifestaciones  que  hace  el  testigo de cargo y todas las situaciones que demuestran que (…)  es  una  persona  inclinada a mentir, que para él era muy fácil involucrar [al  acusado]  en  unos  hechos  para  evitar  que  la  muerte  de  su  padre quedara  impune.”   

Solicita,  en síntesis, casar la sentencia y  disponer   la   absolución   del   procesado  Wilchez  Rodríguez,    de    los    cargos    que    se   le  formularon.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El ataque en casación con fundamento  en  la  denominada  violación indirecta de la ley sustancial, implica demostrar que  el  sentenciador  desacertó en la aplicación de la norma que debía regular el  caso,  por  una  equivocada  valoración  de  los  medios de prueba aportados al  proceso,    o   por   declarar   los   hechos   de   modo   diferente   a   como  ocurrieron.   

En consecuencia, independientemente del error  que   se   postule,   de  derecho  (falso  juicio  de  legalidad,  falso  juicio  de  convicción), o de hecho  (falso   juicio   de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o  falso  raciocinio),  le  corresponde  al  demandante  precisar  el  medio  de  convicción del cual lo predica, indicar la  clase  de  vicio  que  lo  afecta  y  demostrar  la incidencia del defecto en el  sentido de la decisión que recurre.   

Si el censor acude al error de hecho por falso  raciocinio,  como  en  este caso, asume el deber de demostrar que la valoración  efectuada  por  el  Tribunal  quebranta ostensiblemente los postulados lógicos,  científicos  o  empíricos,  pues  el  desacierto surge de la abierta y grosera  contradicción  entre  la  valoración realizada por el fallador y las reglas de  la  sana  crítica  y  no de la discrepancia entre la estimación de aquél y la  del censor.   

El  demandante  en  este  asunto  focaliza su  esfuerzo  en  sostener  que  la  sentencia  impugnada se sustenta en un error de  raciocinio,  fundado  en  el  hecho de que el Tribunal no contempló el conjunto  probatorio  ni  apreció  en  su  real  dimensión  el testimonio de Omar Medina  Izquierdo,  en su criterio, mendaz e interesado por provenir de quien pretendía  que   la   muerte   de  las  víctimas  (su  padre  y  hermano) no quedara en la impunidad.   

Estos  argumentos resultan insuficientes para  demostrar  la  existencia  del  error  de hecho que propone, pues no precisan de  qué   forma  la  sentencia  del  Tribunal  desconoce  las  reglas  de  la  sana  crítica.   

Lo  anterior  teniendo  en  cuenta  que  la  verificación  del  yerro  denunciado  implicaba identificar primero la prueba o  las  pruebas  afectadas,  aludir  a  su  contenido,  lo que de ellas infirió el  sentenciador   y   el   postulado  lógico,  científico  o  de  la  experiencia  eventualmente  desconocido, aspectos de los que no se ocupó el recurrente, pues  sus  argumentos  apunta  a  proclamar  la  inocencia del acusado y, en términos  generales,  a  denunciar  el  desacierto  del  sentenciador  al  condenarlo,  no  obstante,  dice,  su  incapacidad  para  delinquir por tratarse de un hombre del  campo,   sin   tiempo   para   atender   ocupaciones   diferentes   a   las  del  trabajo.   

En  ese  contexto,  el  recurrente  lejos  de  persuadir  sobre  el  yerro  denunciado,  expone  tres aspectos esenciales en el  libelo.  Primero,  que  el  sentenciador  no  contempló la totalidad del acervo  probatorio,  pues  desconoció  los  testimonios  que,  en su criterio, tornaban  imposible  su  intervención  en los hechos, manifestación que comprendería un  error   de   hecho   diferente   (falso   juicio  de  existencia),  el cual tampoco desarrolló en la medida  que  omitió  relacionar los medios de demostración supuestamente ignorados por  el  Tribunal, no precisó su trascendencia ni abordó una nueva valoración que,  con  inclusión  de  las  pruebas  omitidas,  concluyera  en  la absolución que  demanda para el procesado.   

En   segundo   lugar,   refirió   que  los  funcionarios  de  instancia  no  decretaron  algunas  pruebas solicitadas por la  defensa,  con  lo  cual  da  a  entender  que en la actuación se desconoció el  principio  de  investigación integral, pero no formula ningún reparo con apoyo  en      la      causal     de     casación     correspondiente     (tercera),  bajo  el  supuesto de haberse  dictado  la  sentencia  en un juicio viciado de nulidad por transgresión de las  garantías  fundamentales del acusado, cargo que igualmente dejó de desarrollar  al  no  relacionar  las pruebas que faltaron por practicarse y, por sustracción  de  materia,  tampoco señaló la trascendencia que esos medios de demostración  tendrían sobre la decisión recurrida.   

Por  último,  cuestionó la declaración del  Edgar  Orlando  Medina  Murcia  al  considerarla mentirosa e interesada,  y  criticó  al  Tribunal  por haberle conferido credibilidad, pero no se ocupó de  explicar  la  razón  por  la  cual la valoración de esa prueba se aparta de la  sana crítica.   

De  otro  lado, el censor tampoco enuncia las  disposiciones  de derecho sustancial transgredidas con la errada valoración que  le  atribuye  al sentenciador, ni precisa cómo se produjo la violación, si por  falta de aplicación o por aplicación indebida.   

La censura, además de desconocer la lógica y  la  argumentación  correspondientes  al  cargo  que postula, se sustenta en una  hipótesis  extraña  a  lo  demostrado  en  la  actuación: que el procesado no  intervino  en  los  hechos. Sin embargo, el recurrente no repara que en injurada  el  acusado reconoció haber actuado en la ejecución de los homicidios, aunque,  según  dijo,  obró  coaccionado por los demás coautores, afirmación que para  el   Tribunal   no   mereció   credibilidad   en  la  medida  que  “contrasta  con  el  diario acontecer, con el curso regular de las  vivencias,   dado   que   ningún   delincuente  (mucho  menos  los  osados  que  intervinieron  en  el  doble  homicidio)  cometerían la torpeza de obligar a un  tercero  desconocido  para  que participe en la operación ilícita, pudiéndolo  hacer  directamente,  sin  ponerse  en  evidencia  y sin necesidad de dividir el  botín,  como  tampoco  dejarlo  después  en  libertad  sin  un  cambio  en las  condiciones del incidente.”   

En suma, el texto de la demanda se elabora con  argumentos  de  estricta  confrontación  a  la  valoración  probatoria  de los  sentenciadores,  los  cuales  resultan  inútiles  en  casación  para demostrar  errores  de apreciación probatoria, de donde fluye que el motivo de casación y  el  cargo  postulado  carecen  de  desarrollo  y se impone por ello inadmitir el  libelo,  teniendo  además  en  cuenta  que  la  Sala  no  advierte necesaria su  intervención  oficiosa en orden a cumplir los fines del recurso extraordinario,  en  especial la necesidad de restablecer garantías fundamentales del procesado,  eventualmente conculcadas.   

En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de Flaminio  Wilchez Rodríguez.   

Devuélvase  el  expediente  al  Juzgado  de  origen. Sin recursos.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO       

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO       SALAZAR  OTERO                                  JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Fol.  43   

2 Fol.  55   

3 Fol.  64   

4 Fol.  69   

5 Fols.  383 a 388   

6 Fols.  455 a 464   

7 Fols.  325 a 344     

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