37400(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE        SUPREMA        DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Aprobado Acta No. 419  

Bogotá  D.C., once (11) de diciembre de dos  mil trece (2013)   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  apropiada  argumentación  de  la  demanda de  casación  presentada por la defensora de LUIS ALBERTO MONTERO SOLARTE en contra  de  la sentencia de 16 de mayo de 2011, mediante la cual el Tribunal Superior de  Cali   confirmó   la  que  emitiera  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión del mismo Distrito Judicial, por cuyo medio lo  condenó,  conjuntamente con Heriberto Meza Taquinás, como coautores del delito  de fabricación, tráfico o porte de estupefacientes.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Luego de una llamada anónima realizada el 17  de   agosto   de   2005  alertando  acerca  de  la  presencia  de  personas  con  estupefacientes  en  el  aparta  hotel ‘Las       Orquídeas’,  ubicado  en  la  carrera  27  N°  110-20  de  la ciudad de Cali,  miembros  de  la  Policía  Nacional  hallaron  en  una  de  las habitaciones un  maletín  con tres bolsas plásticas debidamente embaladas con sustancia que, al  ser  sometida  a las pruebas pertinentes, arrojó positivo para cocaína, con un  peso  neto  total  de  4.948  gramos,  razón por la cual fueron capturados LUIS  ALBERTO   MONTERO   SOLARTE,   Heriberto   Meza   Taquinás   y   Jesús  Adrada  Díaz.1   

Los   hechos   anteriores   sirvieron  de  fundamento  para  que  la  Fiscalía  General  de  la  Nación   abriera  formal  investigación   penal   en   contra   de  los  tres  aprehendidos,  a  quienes,  una      vez      vinculó      a     través     de     indagatoria,  les resolvió la situación jurídica  el  23  de agosto de 2005 con medida de aseguramiento  de   detención   preventiva   como   presuntos   responsables   del  delito  de  fabricación,      tráfico      o      porte      de     estupefacientes.   

En atención a que Adrada Díaz se acogió a  los    beneficios    de    sentencia   anticipada,2 el diligenciamiento prosiguió  respecto  de  los otros dos incriminados, y tras cerrar el ciclo instructivo, el  mérito  probatorio  fue calificado por proveído de 15 de diciembre de 2005 con  resolución  de  acusación  como  coautores  del citado ilícito, decisión que  adquirió  firmeza  el  27  del  mismo  mes  y  año  al no haber sido objeto de  impugnación.   

La  fase del juico la adelantó inicialmente  el  Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito Especializado de Cali, despacho que el 4  de  septiembre  de  2007  en  desarrollo  de  la  audiencia pública declaró la  nulidad  parcial  de  la actuación en relación con el procesado Meza Taquinás  ante  la  infracción  del  derecho  de  defensa, porque su apoderado, designado  desde  la  resolución  de situación jurídica, según información del Consejo  Superior de la Judicatura, no era abogado.   

Si  bien lo anterior ameritó el rompimiento  de  la  unidad  procesal, ante la rápida acción de la Fiscalía al subsanar el  yerro  y calificar el mérito sumarial en contra de Meza Taquinás el 2 de enero  de  2008  con  resolución  de  acusación  por el mismo ilícito contra el bien  jurídico   de   la  salud  pública  —providencia   ejecutoriada   el   17   de   los   referidos   mes  y  año—, el diligenciamiento  se unificó nuevamente en la fase del juicio.   

Ante  medidas  de  descongestión  judicial  adoptadas  para  esa ciudad, correspondió al Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado  de  tal  programa  emitir  sentencia el 31 de mayo de 2010 con la  cual   condenó  a  ambos  enjuiciados  como  coautores  del  delito  objeto  de  acusación,  a  las  penas  de ocho (8) años de prisión y multa de mil (1.000)  salarios   mínimos   legales   mensuales,   así   como   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  sanción  aflictiva  de  la  libertad,  sin concederles la  suspensión   condicional   de   la  ejecución  de  la  pena,  ni  la  prisión  domiciliaria.   

En virtud del recurso de apelación promovido  por  la  defensora  común  de  los enjuiciados, el Tribunal Superior de Cali, a  través  de  sentencia de 16 de mayo de 2011 confirmó la condena, razón por la  cual  insiste  la misma profesional en nombre de LUIS ALBERTO MONTERO SOLARTE al  impugnar  extraordinariamente con la       respectiva      demanda    de    casación,   de   cuya  admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA  DEMANDA   

Pone   de   presente  que  los  procesados  pertenecían  a  la  inteligencia  de soldados campesinos, adscrita al Batallón  Codazzi,  que  precisamente  MONTERO  SOLARTE  había recibido una llamada de un  informante  acerca  del  tráfico  de  estupefacientes,  que  se  daría  en  el  municipio  de  Florida  o  Pradera, por ello, solicitó permiso al superior para  realizar  labores de investigación, asignándole a Meza Taquinás para tal fin,  pero  como  le  dijeron que sería en Cali, se trasladó con éste a esa ciudad,  sin  que  en  ningún  momento el ánimo fuera de comprar o vender el alcaloide,  sino simplemente dar un positivo de los muchos que había logrado.   

Así mismo, aduce que tanto la testigo Jenny  Alexandra  Chamorro  Montilla,  menor  de  edad  presente  en  el  lugar  de los  acontecimientos,  afirmó  que  él  único que entró a la habitación fue Meza  Taquinás,  a  quien  no  lo  conocía,  y que luego se identificó como soldado  campesino,  como  el  procesado  que  se  acogió a sentencia anticipada, Jesús  Adrada  Díaz,  también  dijo  no  conocer  a  los otros capturados, pues sólo  estaba  haciéndole  un mandado a Alcibíades N., para recoger un paquete que le  entregaría la mujer, actuando él como comprador.   

Agrega que incluso un maletín con dólares y  pesos extrañamente desapareció.   

Luego   de  destacar  que  los  campesinos  incriminados  en  sus  indagatorias dieron explicaciones satisfactorias y que su  presencia  en  el lugar de los hechos no es prueba de su coautoría, pues sería  pura  responsabilidad  objetiva, formula dos cargos por violación directa de la  ley sustancial:   

Primer cargo.   

Acusa   la   sentencia   de   “Haber  violado  directamente  la  ley  sustancial  por  EXCLUSIÓN  EVIDENTE  del  artículo 40 numeral 4° del Código  Penal,  (artículo  32  de la Ley 599 del año 2000), y APLICACIÓN INDEBIDA del  artículo  219  de la misma obra (Artículo 286 de la Ley 599 de 2000), esto es,  por  haber  incurrido  parcialmente  en  la  causal  primera,  cuerpo primero de  casación  consagrada  en  el  numeral  primero del artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal  (artículo  205  ss.  de  la  ley  600  del  año 2000)”  —sic—.   

Para  la  defensora,  de  haber analizado de  forma   desprevenida,   objetiva   y   concienzuda   la  condición  personal  y  circunstancias  en  que  actuaron  los  procesados,  se  hubiera  acreditado  su  profunda  ingenuidad,  pobreza  espiritual y escasa instrucción o preparación,  pero  el  deseo  de servir a la Nación, de ahí que no se puedan desconocer sus  hojas  de  vida  intachables,  llenas de premios por sus esfuerzos y apego a las  normas  del Batallón Codazzi, al punto que buscaban obtener otra felicitación,  pero no comprar o vender el estupefaciente.   

Arguye  que  ambos  procesados  viven  de su  trabajo  y que la conducta desplegada resulta intrascendente en el ámbito penal  al  “no haber tenido capacidad mental o cognoscitiva  de  que  venir  hacia  Cali  sin  informar  constituyera  un  delito…, estaban  convencidos  erróneamente  de que el actuar conforme lo hicieron estuvieran por  fuera    de    su    jurisdicción   —sic—,  pues  siempre  acataron  a  la perfección y con honores, las órdenes e instrucciones  de sus superiores jerárquicos”.   

En  criterio de la defensora, si en casos de  delitos  de  prevaricato  relacionados con jueces y Magistrados la judicatura ha  admitido  el error de interpretación de normas jurídicas como estructurante de  una  causal  de  inculpabilidad,  con  mayor razón cuando se trata de ignaros e  inexpertos  soldados  campesinos,  personas  humildes  y  rectas, o al menos, se  debería  aceptar un error culposo al faltar al deber objetivo de cuidado por no  haber  avisado a los superiores que el informante había dicho que los hechos se  darían en Cali.   

Segundo cargo.  

“Haber  violado  directamente  la  ley  sustancial.  Afectando directamente derechos y garantías  constitucionales  y  del  bloque  de  constitucionalidad de acuerdo al Art. 181.  Num.  3  por  falta  de  apreciación  de  la  prueba sobre la cual se fundó la  sentencia”              —sic—.   

Subraya  que  el  Tribunal no le creyó a la  declarante  Jenny  Chamorro  cuando afirmó no conocer a los soldados campesinos  implicados   y   ordenó   compulsarle  copias  para  investigarla,  cuando  tal  manifestación fue corroborada por el otro procesado Jesús Adrada.   

Que  igual  sucedió  cuando  esas  personas  dieron  cuenta  de  la  existencia de una maleta con mucho dinero, así como con  las  explicaciones  de  los  incriminados, en cambio, mereció crédito lo dicho  por  los  funcionarios  de  policía  a  pesar de las contradicciones en las que  incurrieron,  como  cuando  el  Teniente  Oweimar  Olarte habla en plural, otras  veces  en singular y no dijo que había otro vehículo de la policía aparte del  de ellos.   

En  criterio  de  la  recurrente,  de  haber  analizado  todo lo anterior no se habría caído “en  la  falsa  conclusión de hallarlos responsables penalmente y por ende violar la  ley  sustancial  por  exclusión evidente de los artículos 9, 10, 12, 284, 285,  286,  287 del Código Penal y APLICACIÓN INDEBIDA del artículo 286 de la misma  obra,   (Ley   600  del  año  2000)  —sic—,  configurándose   el   art  181  numeral  1  (Ley  906  de  2004)”.   

Por  lo  tanto, solicita a la Corte casar el  fallo  a  fin  de  absolver   a  LUIS  ALBERTO  MONTERO  SOLARTE  y hacerlo  extensivo a Heriberto Mesa Taquinás.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De   manera  preliminar    se    advierte    que    la  libelista  de  manera  impertinente  cita normas sustantivas del  Código   Penal  de  1980  (artículo  40  numeral  4°),  así  como  preceptos  instrumentales   del  Decreto  2700       de     1991     (artículo  220),  o  la  Ley  906 de 2004, (artículo 181 numeral 1°),  cuando    de    ningún    modo   pueden      ser      aplicados  en  este  caso    si  se  tiene  en  cuenta  que  los  hechos sucedieron en  Cali  el 17  de  agosto  de  2005,  momento  y  lugar para     el     cual     regían           las  leyes 599 y  600  de 2000, Código Penal  y Código de Procedimiento penal, en su orden.   

Pero  además,  en  la  confección  de  la  proposición   jurídica   incluye   como  normas  sustantivas  infringidas  los  artículos   219   del   Decreto-Ley   100  de  1980  o    284,   285,   286,  287  de  la  Ley  599  de  2000, preceptos que no tienen relación con los hechos  investigados   al   estar  referidos  a  los  delitos       de  falsedad  en  documentos,  y  aquí  se investiga uno  relacionado con el bien jurídico de la salud pública.   

De     aceptar    que    tales          yerros         serían         superables  ya que de todas maneras la      impugnante     pide  a  la  Corte  casar el    fallo    de    condena    para   absolver   a   MONTERO  SOLARTE del delito de porte de  estupefacientes y hacerlo extensivo a Meza            Taquinás,  para  lo  cual  anuncia  la  violación   directa   de   la  ley  sustancial,  el  desarrollo    de   ambas   censuras   vaticina    la    no    admisión    de   la   demanda,  porque  se  opone  a  los hechos tal y como fueron plasmados  por    los    falladores   y   ataca   su   valoración   probatoria.   

Ciertamente, la infracción directa de la ley  de  carácter  sustantivo  versa  exclusivamente en el yerro de juicio en el que  incurre  el  juzgador respecto de la disposición que se ocupa del sustrato  fáctico  en  concreto. Dicho error puede ser de selección normativa al radicar  en  la existencia del precepto (falta de aplicación o  exclusión  evidente), por una equívoca adecuación de  los  hechos  probados  a  los  supuestos  que  contempla  la  norma (aplicación   indebida),   o  bien,  de  carácter  hermenéutico  por  darle a la disposición un sentido que no tiene o  errar    en    su    significado    (interpretación  errónea).   

Como  el desafuero recaería netamente sobre  la  normatividad,  el  debate  se ha de circunscribir a lo jurídico para de esa  manera  evidenciar que: i) se  dejó  de  lado  el  precepto regulador de la situación específica demostrada;  ii)  tal hecho se ajustaba a  otra  disposición  normativa;  o  iii)  se  desbordó  el  alcance  de  la  disposición  aplicada  al  caso  concreto,  lo  cual  exige  aceptar  la  apreciación  y  declaración  fáctica  judicial.   

En  cambio, cuando la discrepancia radica en  la  actividad  probatoria  y  la  valoración  de  la  misma  por  parte  de los  falladores,  la  vía de ataque legalmente adecuada es la indirecta, ya que a la  infracción  de la ley sustancial se llega de manera mediata, esto es, a través  de   la   infracción   directa   de   las   normas   que   regulan  el  ámbito  probatorio.   

En este caso, contrario a demostrar el error  de  selección  normativa  del  juzgador,  la  defensora repara en no haber sido  tenidas  en  cuenta  las circunstancias en que actuaron los soldados campesinos,  ni   sus   condiciones   personales   reveladoras  de  su  ingenuidad  y  escasa  instrucción,  lo que en su parecer, configuraría un error de tipo, según cita  el  artículo  40  numeral  4° del anterior Código Penal, pero sin especificar  los    elementos    configuradores    de   esa   causal   de   exoneración   de  responsabilidad.   

Así, no detalla que la falta de conocimiento  de  elementos  constitutivos  del  delito llevarían a la atipicidad subjetiva y  consecuente  exclusión  de  la  responsabilidad  dolosa  y  culposa al no estar  prevista  ésta forma conductual para el ilícito achacado, sin siquiera reparar  en que el error era vencible o no.   

Si  pretendía controvertir las conclusiones  de  la  sentencia  de  condena a partir de la valoración que en ella se hizo de  los  medios  de prueba, debió escoger el sendero de la violación indirecta por  alguno  de  los  errores  de hecho o de derecho (falso juicio de existencia o de  identidad,  o  falso  raciocinio),  o  (falso juicio de convicción o falso  juicio de legalidad), en uno y otro caso.   

Y  si buscaba atacar los criterios aplicados  para  otorgar   credibilidad  a algunos testimonios o demeritarla en otros,  debió  optar por un yerro fáctico motivado en un falso raciocinio, evidenciado  cómo  el Tribunal de modo manifiesto se apartó en su evaluación de las reglas  de  la  crítica  probatoria  al  llegar  a  declarar  hechos  que  no  resultan  compatibles  con  los  medios de convicción, ora si se debió a una falacia, un  paralogismo,      un      sofisma      que      no      consultara     criterios  lógico-jurídicos.   

De esta forma, desatiende que los falladores  analizaron  pormenorizadamente las pruebas para concluir que la presencia de los  procesados  en  el  lugar  de  los  hechos  no  se  ajustaba a los reglamentos y  controles  establecidos  cuando  se  trata de acciones encubiertas, pues incluso  los  superiores  en  sus  declaraciones dijeron desconocer el motivo por el cual  aquéllos    se   encontraban   en   la   ciudad   de   Cali   en   asuntos   de  narcotráfico:   

“…no   resulta   razonable   que  los  procesados  se hayan desplazado solos, sin armas, sin el apoyo de su grupo o sus  superiores,  máximo  que iban a decomisar una cantidad apreciable de sustancias  prohibidas,  lo  que  indica  a primer vistazo que se trata de una operación de  alto   nivel  en  la  que  están  involucrados  generalmente  poderosos  grupos  criminales,  no  muchos  trafican  en  la  zona urbana la cantidad aproximada de  cinco  (5)  kilogramos  de  cocaína,  pues para ello se requiere una logística  especial   y   recursos  económicos  para  su  transportación,  producción  y  comercialización”.   

También para el Tribunal por la forma en que  se  desarrollaron  los  hechos  al  haber sido encontrados los procesados cuando  conversaban  en  la habitación de un hotel con otro sujeto y una mujer menor de  edad,  con  el  alcaloide sobre la cama, se establecía que mediaba conocimiento  entre  ellos: “y es que las reglas de la experiencia  indican  que ese tipo de negocios ilícitos no se hace con desconocidos sino que  es  preciso  un  conocimiento  preliminar,  un  acercamiento  personal entre los  involucrados”,   

Ahora,  en  cuanto  a  la  desaparición del  maletín  con  dólares  y  pesos  hallado  por las autoridades al momento de la  aprehensión   de  los  implicados,  por  tal  situación  el  Tribunal  ordenó  compulsar copias con fines de investigación.   

Bajo  esta perspectiva, deviene evidente que  la  demandante  asume  una  simple  oposición  a las conclusiones judiciales al  enfrentar  su  criterio  a  la  fuerza  de  convicción del material probatorio,  desdeñando  que  la Corte tiene establecido que el desacuerdo con las pautas de  valoración  probatoria  empleadas  por  los  juzgadores  no  es suficiente para  motivar  el  análisis  de  la  legalidad  del  fallo, en cuanto tal ataque debe  sujetarse  a  las  técnicas  establecidas  para  probar la existencia de yerros  manifiestos    y    esenciales,   con   incidencia   en   el   sentido   de   la  decisión.   

En  consecuencia,  la recurrente no cumple  con  las  exigencias  legales  dispuestas  para  que  proceda la admisión de su  libelo de casación.   

Finalmente,  la  Sala no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos o garantías de alguno de los  sujetos  procesales  como  para  que  se  hiciera  necesario  el ejercicio de la  facultad   legal   oficiosa  que  le  asiste  a  fin  de  asegurar  su  protección  en  los  términos  del  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación interpuesta por la defensora de  LUIS   ALBERTO   MONTERO   SOLARTE,   por  las  razones  dadas  en  la  anterior  motivación.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                          MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                 EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  También  fue capturada una menor de edad, la cual fue puesta a disposición del  Juzgado de Menores.   

2  El  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito Especializado de Cali emitió sentencia el 21  de  marzo  de  2006  condenándolo  a  72  meses  de  prisión  y  multa  de 750  s.m.l.m.v.,  la  cual  fue  confirmada  el  7  de  marzo de 2007 por el Tribunal  Superior  del  mismo  Distrito  Judicial,  reduciendo  la sanción a 48 meses de  prisión.     

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