39584(01-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº364  

Bogotá  D.  C., primero (1°) de octubre de  dos mil doce (2012).   

VISTOS  

La Corte resuelve acerca de la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  Timoleón  Bueno  Sanabria,  contra  la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior de Bucaramanga el 1° de  junio  de  2012,  mediante  la  cual revocó la proferida por el Juzgado Tercero  Penal  Municipal  con Funciones de Conocimiento de la misma ciudad, el 3 de mayo  de  2012, y lo condenó como autor de la conducta punible de perturbación de la  posesión sobre inmueble.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                  

1.  Los primeros  fueron  sintetizados  así  por  el juzgador de segunda  instancia:   

“El  1° de junio de 2007 los  señores Timoleón Bueno Sanabria, en su  calidad  de  arrendador, y Edgar Rueda, como arrendatario, suscribieron contrato  de  arrendamiento  de  un local comercial ubicado en la carrera 15 B N° 6-78 de  esta  ciudad  (Bucaramanga); el término del contrato de arrendamiento se pactó  por  un  año;  canon  de  $650.000.  El  señor  arrendatario destinó el local  comercial  para  el  procesamiento  de  algodón,  en  él  tenía  una máquina  procesadora  de  algodón, herramienta, taladro, pulidora, soldador, láminas de  Zinc,  material  para  realizar  su  actividad,  nueve  toneladas de algodón ya  procesado    listo     para    la    venta    y    seis    toneladas   para  trabajarlas.   

“Faltando  dos  meses  para  terminar  el  contrato  de  arrendamiento,  mes  de  mayo,  de  manera  arbitraria  el  señor  Timoleón  Bueno  Sanabria sacó a Edgar Rueda de su local comercial, cambió de  forma  violenta  el  candado  de  la  puerta del acceso al local, y cuando Edgar  Rueda  llegó  a  trabajar  no pudo ingresar; el señor Timoleón Bueno Sanabria  hizo  esto, porque el señor Edgar Rueda le debía dos meses de arriendo y así,  desalojó  al arrendatario, pese a que uno de los fiadores le había manifestado  a  Timoleón  Bueno  que  respondería  por  el mes de arrendamiento adeudado, a  cambio que le entregara las llaves del local a Edgar Rueda.   

“El  señor  Rueda se acercó a pagarle a  Timoleón  el  mes  de  arriendo  adeudado,  pero éste no le recibió el dinero  argumentando  que  a  la  fecha  debía dos meses de arriendo, por lo cual no le  entregó  las  llaves  del  local  ni  le  permitió  sacar  los  objetos que se  encontraban  en  el  mismo,  así  como el material procesado y la materia prima  existente,  y que hasta que no pagara los dos meses adeudados, no le entregaría  nada.  Días  posteriores, el señor Timoleón sacó las cosas del local y en la  actualidad  la  máquina  está  inservible  y la materia prima fueron sacadas y  botadas.  Actualmente se desconoce la suerte de las herramientas y los elementos  de  trabajo  que  estaban  en  el  local,  objeto  de propiedad del señor Edgar  Rueda”.   

2. La diligencia de imputación de cargos se  cumplió  el  3  de  junio  de  2009,  en  el Juzgado Quinto Penal Municipal con  Funciones  de Control de Garantías de Bucaramanga, acto en el cual la fiscalía  atribuyó  a  Timoleón Bueno Sanabria el cargo de perturbación de la posesión  sobre  inmueble,  según  lo  preceptuado en el artículo 264 del Código Penal,  que  no  fue  aceptado por éste, razón por la cual posteriormente se presentó  escrito de acusación.   

3.  Tramitado    el   juicio   oral,   público   y   concentrado,   el  Juzgado   Tercero   Penal  Municipal   con   Funciones   de   Conocimiento   de  Bucaramanga el 3         de         mayo       de       2012,  profirió  sentencia  de primera instancia, en la que absolvió a  Bueno   Sanabria   de  la  conducta  punible citada en  precedencia.   

4.            Apelado           el            fallo      por     el    apoderado  de  la  víctima, el Tribunal  Superior           de           Bucaramanga      el     1°  de  junio  de  2012,  lo  revocó  y  en  su  lugar,  condenó  al  procesado  a  la  pena  principal  de  16  meses  de  prisión y multa de 6.66  salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  restrictiva  de  la  libertad,  como  autor del punible de  perturbación de la posesión sobre inmueble.   

Así        mismo,   concedió   a   Bueno  Sanabria  el  subrogado  penal  de  la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  sentencia.   

Contra   la   anterior   decisión,   la  defensa   interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA     

Al  amparo  de la causal primera presenta un  único  reproche,  según  la sistemática reglada en la Ley 906 de 2004, contra  el   fallo  del  Tribunal,  cuyos  argumentos  se  sintetizan  de  la  siguiente  manera:   

Único cargo  

Acusa   al   juzgador   de  haber  violado  directamente  la  ley sustancial, en tanto se le dio al artículo 264 un alcance  que    no    corresponde,    situación    que   generó   igualmente   que   se  transgredieran     derechos   fundamentales,   entre   ellos,   el   debido  proceso.   

A  continuación  pasa  a  citar   los  artículos  29  de  la  Constitución Política, 264 del Código Penal y 181 del  Código  de Procedimiento Penal de 2004, para luego transcribir una decisión de  la Sala.   

Dice que en este evento no se predica que la  presunta  víctima tenga la calidad de poseedora sino de simple tenedora, motivo  por  el  cual  la  protección al derecho conculcado por el procesado, competía  ejercerse  a  través  del  Decreto  1355 de 1970, conforme a lo previsto en sus  artículos 125, 126, 127 y 129.   

Luego  de transcribir un fragmento del fallo  de  primer  grado,  argumenta que al juzgador le está impedido hacer analogía,  pues  en  caso contrario, se entraría “al peligroso  camino      que     realizaron     los     sistemas     fascistas…”.   

El   actor  cita  un  fragmento  de  un  doctrinante,  a  partir  de  lo cual dice que el artículo 264 del Código Penal  protege  la  posesión  y  el  Código  de  Policía   la tenencia, título  último  que  ostenta  la supuesta víctima en este proceso por ser arrendatario  del acusado.   

Sostiene  que  el recurso está encaminado a  que  se  absuelva  al acusado del cargo atribuido, en tanto a su juicio, no  se  tipifica el delito de perturbación de la posesión sobre inmueble, quedando  en firme el fallo de primer grado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La casación en la ley 906 de 2004  

         

            De  conformidad  con  lo establecido en el artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  Código  de  Procedimiento  Penal, el recurso de casación es un  mecanismo  de  control  tanto  constitucional  (artículo  235-1) como legal que  procede  contra  las sentencias proferidas en segunda instancia y que de acuerdo  con  lo  señalado  en  el  artículo  180  del  mismo  ordenamiento, tiene como  propósitos  alcanzar  (i) la  efectividad  del  derecho  material,  (ii)  el  respeto de las garantías fundamentales, (iii) la reparación  de    los    agravios    inferidos    y    (iv)    la    unificación    de   la  jurisprudencia.   

          Para  hacer  efectivo  el  cumplimiento  de  esos  objetivos,  en el  mencionado  régimen procesal, se dotó a la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  de facultades sustanciales al conferirle, ente otras, la  potestad  de superar los defectos de la demanda para decidir de fondo cuando los  fines  de  la casación, fundamentación de los mismos, posición del impugnante  dentro   del   proceso,   e   índole   de  la  discusión  planteada,  así  lo  ameriten.   

         

         

          Lo  anterior  no  implica,  sin  embargo,  que este mecanismo sea de  libre  configuración,  desprovisto  de  todo  rigor  y que tenga como finalidad  abrir  un  espacio  procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el  debate  respecto  de  puntos  que  han sido materia de controversia, pues por el  contrario,  dada  su  naturaleza  extraordinaria,  quien  acude  al  mismo  debe  ceñirse  a  determinados requerimientos sistemáticos basados en la razón y en  la  lógica  argumentativa, atinentes a la observancia de coherencia, precisión  y  claridad  en  el  desarrollo  de  cada  uno  de  los  reparos  efectuados,  y  desarrollados  conforme  a  las causales de procedencia previstas en el articulo  181  del  ordenamiento  procesal,  en  aras  de persuadir a esta Corporación de  revisar   el   fallo   de   segunda   instancia,  con  el  fin  de  corregir  el  pronunciamiento que se revela contrario a derecho.   

         

          De  ahí  que el inciso 2° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  establezca  que no será admitida la demanda de casación, si el actor carece de  interés  para  acceder  al  recurso,  el  escrito  es infundado y, en términos  generales,  “cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente   que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso”, lo que puede presentarse  cuando  la  Corte  observe que los aspectos reprochados no tienen una incidencia  sustancial  en  relación  con  lo  decidido  en  el  caso concreto, o que puede  responder  a  los  planteamientos  del demandante sin recurrir a valoraciones de  fondo acerca de lo que ocurrió en la actuación.   

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación de la causal primera de casación   

          Cuando  la  censura se postula por la vía de la infracción directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando que los hechos declarados  como  probados  en  la  sentencia fueron correctamente apreciados, razón por la  cual  el  debate  se  circunscribe  a la aplicación del derecho, sin que tengan  cabida  aspectos  relacionados  con la credibilidad de los elementos de juicio y  del acontecer fáctico.   

          En  esa  medida,  la  labor de demostración de la trascendencia del  vicio  deberá  estar  sustentada  en evidenciar que el juzgador seleccionó una  norma  que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto,  omitió otra que sí  resolvía  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o, habiéndola  escogido  correctamente  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del  texto de la ley.   

Calificación de la demanda  

En  el  evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido  que  el  censor incumplió los anteriores presupuestos al  elaborar  el único reproche propuesto contra la sentencia de segunda instancia,  en  tanto  no  demostró  la  existencia  del yerro y menos, lo conectó con los  fines  que informan la casación, de acuerdo con el sistema consagrado en la Ley  906 de 2004.   

Varios reparos desde el punto de vista de la  lógica  y  debida  fundamentación  deben hacerse a la censura, en la medida en  que  el  discurso argumentativo no evidencia la infracción directa de una norma  de  carácter  sustancial,  sino muestra una inconformidad con los razonamientos  jurídicos  esgrimidos  por  el  sentenciador,  en orden a dar por demostrado la  existencia  del  comportamiento ilícito, sin que de ese particular discurso, se  advierta la anunciada violación de la ley sustancial.   

Recuérdese  que  la violación directa por  interpretación  errónea,  sentido  escogido por el casacionista, constituye un  error  de  hermenéutica  del sentenciador acerca del significado y comprensión  del  precepto norma en cuanto a sus alcances. Es decir, el mencionado sentido se  consolida  cuando  el  juzgador  al  aplicar  una  norma  sustancial debidamente  seleccionada  por  tener  existencia,  validez  y vigencia, le atribuye efectos,  alcances  o  consecuencias  que  no  comporta  en  su estructura, los cuales son  contrarios o extraños a su contenido.   

Por tanto, en tratándose de la modalidad de  interpretación  errónea,  la limitación para el casacionista es mayor, pues a  su   deber   de   aceptar  los  hechos  y  las  pruebas  en  la  forma  indicada  anteriormente,  compete  sumar la obligación de admitir que la selección de la  fuente  formal  en  la que el juzgador resuelve el problema es la correcta, pues  el  error no recae en la selección de la norma sino en su entendimiento, porque  se  le dio una hermenéutica que trastoca su verdadero contenido, menguándolo o  aumentándolo o en algunos extremos tergiversándolo.   

Ahora  bien,  vale  reiterar  que  si  como  consecuencia  de la errónea interpretación de la ley, ésta se deja de aplicar  o  se  excluye indebidamente, el desacierto es de selección y por ende, se debe  alegar   exclusión   evidente  o  aplicación  indebida  y  no  interpretación  errónea,  ya  que  la  causa  de  la  equivocación  no  importa,  y  bien pudo  “ocurrir  porque  se  erró  sobre  su  existencia  material  o  sobre su validez, sobre su sentido o alcance, sino lo que cuenta en  últimas,  es  la  decisión  que  en lo atinente a ella adopta el sentenciador,  esto  es,  inaplicarla  o  aplicarla  indebidamente”  (sentencia del 1° de diciembre de 1999. Radicado 14129).   

En  esa  medida, como quiera que la censura  está  encaminada  a deprecar la exclusión evidente del artículo 264 de la Ley  600  de  2000,  bajo  el entendido de que el libelista considera que la conducta  atribuida  al  acusado  es  atípica, debió entonces postular la censura por la  vía    de    la    aplicación   indebida   y   no   por   la   interpretación  errónea.   

De  otro  lado,  igualmente  el  censor  no  demostró  los  desatinos  de  orden jurídico en que incurrió el sentenciador,  esto  es,  al concluir que la conducta desplegada por el procesado encuadraba en  el  tipo  penal  que  abstractamente  describe el punible de perturbación de la  posesión sobre inmueble.   

Al  respecto  vale  aclarar que el Tribunal  apoyado  en  una  decisión de la Corte, advirtió que el concepto de posesión,  en  su  alcance  penal,  es  aquel  mismo  que  se predica en cuanto al interés  económico  específicamente  tutelado  en  el  delito  de  hurto,  esto  es, la  facultad  de  custodia y disposición de hecho sobre los frutos del inmueble. No  se  trata,  por  tanto,  de esa posesión del bien con ánimo de señor y dueño  como  lo  regula  el  artículo  372  del  Código  Civil,  sino que el término  tenencia también va incluido en él.   

La mencionada conducta punible que contempla  el  artículo  264 de la Ley 599 de 2000, fue reproducida textualmente de la que  consagraba  el  artículo  368  del Decreto Ley 100 de 1980; es decir, de manera  integral  se  acogió  el  querer  del  legislador  del  Código  Penal de 1980.  Precisamente,   como   lo   destaca   Luis  Carlos  Pérez,  en  “el  proyecto  de  1974  se  incluyó  la  tenencia,  además  de la  posesión,  pero después quedó suprimida la primera, pues queda comprendida en  la  segunda  forma de propiedad acogida en la ley punitiva. Se quiso así evitar  problemas  de  interpretación….”. (Derecho Penal,  Parte   General   y   Especial   Tomo   V,   página   538,   Editorial   Temis,  1986)   

En   consecuencia,   en   principio,   la  perturbación  de  la  posesión  puede consistir en desposeer a quien estaba en  tenencia  pacífica  del  inmueble,  sea o no legítimo poseedor o también mero  tenedor.  Pero para predicar su existencia no es necesario llegar a ese extremo,  en  tanto  basta  con  poner trabas, crear dificultades, limitar, estorbar hacer  difícil  o  peligroso  o  molesto  su  ejercicio,  pues  perturbar quiera decir  inmutar,  trastornar  el  orden  y  concierto  de  las  cosas  o  su  quietud  y  sosiego.   

Por tanto, es fácil advertir que la censura  se  quedó  en  el  simple  enunciado,  en tanto los argumentos expuestos por el  libelista,  como se advirtió, únicamente muestran una  disconformidad con  las  razones  aducidas  en  el  fallo  de  segunda  grado, pero en manera alguna  evidencian,  como  era  su  deber,  que  las  consideraciones  del Tribunal eran  desatinadas desde el punto de vista jurídico.   

En tales condiciones, deviene necesariamente  la inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

El mecanismo de la insistencia  

Al amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos1:   

“(ii)  La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         

(iii)  La  solicitud  de  insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus delegados para la  casación  penal,  o  ante  alguno  de los Magistrados integrantes de la Sala de  Casación Penal, según lo decida el demandante.   

(iv) La solicitud respectiva puede tener dos  finalidades:  la  de rebatir los argumentos con fundamento en los cuales la Sala  decidió  no  admitir  la  demanda,  o  para  demostrar  por  qué no empece las  incorrecciones  del  libelo,  es  preciso  que  la Corte haga uso de su facultad  oficiosa para superar sus defectos y decidir de fondo.   

         (v)  Es  potestativo  del  Magistrado  disidente  o del Delegado del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar por someter el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario. Así mismo, cualquiera de  ellos  puede  invocar  la  insistencia  directamente  ante  la  Sala  de  manera  oficiosa.   

         (vi)  El  auto  a  través  del  cual  no  se  admite  la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia   contra   la   cual  se  formuló  el  recurso,  con  la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la prescripción de la acción penal, efectos que no  se  alteran  con  la  petición de insistencia, ni con su trámite, a no ser que  ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con  tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión  a través de la cual no se admitió la demanda está contenida en  un  auto  a cuyo enteramiento o publicidad debe procederse obligatoriamente, con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por vía  del  procedimiento  señalado  en  el  artículo 169, inciso 3, de la Ley 906 de  2004,   esto   es   “mediante  comunicación  escrita  dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o  cualquier  otro medio idóneo que haya sido indicado por las partes”,  se  establecerá el término de cinco (5) días contados a partir  de  la fecha en que se produzca alguna de las anteriores formas de notificación  al  demandante,  como  plazo  para que éste solicite al Ministerio Público o a  alguno  de  los  Magistrados  integrantes  de  la  Sala,  si  a  bien  lo tiene,  insistencia en el asunto.   

A  su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud  de insistencia supone un estudio ponderado de la misma, de la  demanda,  del  auto por el cual no se admitió y de la actuación respectiva, se  otorgará  al  Ministerio  Público  o  al  Magistrado interesado un término de  quince  (15)  días  para  el  examen de la temática planteada, vencido el cual  podrán  someter  el  asunto  a discusión de la Sala o informar al peticionario  sobre su decisión de no darle curso a la petición.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

         INADMITIR   la demanda de casación  presentada   por   el   defensor  de  Timoleón  Bueno  Sanabria.   

De   conformidad   con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de  insistencia en los términos  precisados  atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                 FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                        LUIS GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                                       

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                      JAVIER     DE   JESÚS   ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Auto  del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *