37356(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

Luis Guillermo Salazar Otero  

                                     Aprobado Acta No. 239   

Bogotá,  D.C.,  veintisiete (27) de junio de  dos mil doce (2012).   

ASUNTO  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda  sustento  del recurso de casación, instaurado por el apoderado de LUIS  FERNANDO  ARÉVALO  ÁLVAREZ,  contra  la  sentencia del 11 de abril de 2011 proferida por el Tribunal Superior  de  Cúcuta,  mediante  la cual confirmó la emitida el 30 de agosto de 2010 por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito Especializado Adjunto de esa ciudad, que  le  impuso  prisión  de  noventa  y  seis  (96)  meses, inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un término igual al de la pena  principal, al hallarlo junto  con   otros   procesados   coautor   responsable   del   delito   de  lavado  de  activos.   

HECHOS Y ANTECEDENTES  

El  3  de  diciembre  de  2001, el Das de la  ciudad  de  Cúcuta informó  la    existencia    de    una    red   conformada  por  personas  dedicadas  al  lavado   de  activos,  quienes  a  través   de   empresas   de   fachada,  como  Comercializadora     Villa     Sucre,  Chatarrería  Internacional,     Techo     Mangrabo,  Surtinorte,  Merkatubos, El Lirio      de      Sarón    y   las   casas   de   cambio    Montecarlo,   Italcambios   y   Ruby,   ingresaron      al      país     dólares       provenientes      de  transacciones      comerciales      ficticias   realizadas   con   contactos   en   Venezuela,  Estados  Unidos    e    incluso  Europa.   Las   interceptaciones   teléfonicas     permitieron     establecer    que    de    dicha            organización,  entre otros,    hacía  parte      LUIS     FERNANDO     ARÉVALO   ÁLVAREZ,   propietario   de  la  casa  de cambio Orbicambios  Ltda1.   

El  2  de  junio de  2006,    la       Fiscal       23 Delegada de  la  Unidad  Nacional para la Extinción del Derecho de  Dominio    y    contra   el   Lavado   de   Activos,  acusó  a  LUIS  FERNANDO  ARÉVALO   ÁLVAREZ  y  a  otros,   como  autores  del  delito  de  lavado     de     activos,   decisión   que  causó  ejecutoria  material  el  6  de septiembre del mismo año2.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Se postulan dos (2) cargos.  

Primero.  Con  sustento  en  el numeral 3 del  artículo  207  de  la ley 600 de 2000, aduce que la sentencia fue dictada en un  juicio viciado de nulidad.   

El  recurrente  expresa  que  el  Tribunal no  motivó  debidamente la sentencia, al omitir temas relacionados con la tipicidad  de  la  conducta,  la  violación  del  principio  de congruencia y la duda, los  cuales fueron propuestos en la apelación.   

A su juicio, dejan de mencionarse las razones  por  las  cuales  se  le considera coautor al acusado y las pruebas que ofrezcan  certeza de su responsabilidad penal.   

Segundo.  Con fundamento en la causal primera  del  artículo  207 de la ley 600 de 2000, postula la violación indirecta de la  ley  sustancial  por  error  de  hecho por falso juicio de identidad.   

El casacionista considera que no obstante los  operadores  de justicia reconocer que la compra de divisas en la zona fronteriza  es  diferente  a  la de Bogotá, persisten en calificar de ilícita la actividad  de ARÉVALO ÁLVAREZ.   

Agrega que las ganancias del procesado no eran  exorbitantes  y que las facturas y declaraciones de Orbicambios relacionadas con  Unidas  S.A.,  demuestra  la legalidad de las operaciones, tal como lo corrobora  la  prueba  testimonial  en  el  juicio,  la  cual  considera  omitida  por  los  falladores.   

Enseguida refuta las conclusiones probatorias  del  Tribunal,  señala  el  incumplimiento de las formalidades legales frente a  las  comunicaciones  telefónicas,  para  concluir  que  de lo acotado emerge la  duda.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  incumple  con  las exigencias de  técnica  requeridas en esta sede, olvidando el actor su obligación de formular  los  cargos  en  forma  clara y precisa al igual que sus fundamentos, de acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  numeral  3º  del  artículo  212  de  la ley 600 de  2000.   

Primero.  En  la  proposición de este cargo,  sustentado  en  la  causal  tercera  al acusar a la sentencia de una motivación  deficiente,  el  actor  no identifica como tampoco demuestra el vicio postulado,  en  tanto  esta  clase  de  reparo  puede  tener  origen en la ausencia total de  motivación,  o  bien  porque  la misma sea incompleta, dilógica o ambivalente,  aparente            o           sofística3.   

Ahora   bien,   si  la  falta  absoluta  de  motivación  se  configura cuando en el fallo dejan de precisarse las razones de  orden  probatorio  y  jurídico que lo sustenta, el reproche fundado en el hecho  de  no  haber dado respuesta a algunos de los temas propuestos por la defensa en  el  juicio  público  y reiterados en la impugnación de la sentencia de primera  instancia,   sin   duda,   obedece   a  una  motivación  incompleta4.   

En  punto  a  esta  temática,  la  Sala  ha  sostenido  que  “Sólo en  la  primera  hipótesis  el  error  será  susceptible de ser atacado dentro del  marco  de  la  causal tercera, mientras que en el segundo el error es de juicio,  caso  en  el  cual  debe  ser  ventilado  en  el  ámbito  de la causal primera,  demostrando  los errores de fundamentación fáctica, jurídica o probatoria que  llevan   a   tildarla  de  inadecuada,  desacertada  o  insuficiente”5,   de   modo  que  bajo  esta  circunstancia el libelista equivocó la vía propuesta.   

En efecto, el actor considera que en este caso  la     sentencia     no     se     “motiva  suficientemente”     o    no    fue    “legalmente    motivada”,       porque       “no   se   ha   hecho  alusión  a  las  pruebas  debatidas  en  el  juicio”,  sin  indicar  cuáles  y  qué probarían ellas, o en temas relacionados con la atipicidad por  “la forma legal como se  manejaba      el      cambio      de      divisas     en     Cúcuta”  y  la  violación  del principio de  congruencia  “respecto  del    grado   de   coparticipación”  y “la duda  como  argumento  propicio  para  soslayar  el  riesgo  de condenar a una persona  inocente”.   

Por  eso,  a  la  manera  de  un  alegato  de  instancia,  señala  que  desconoce  las pruebas y las razones por las cuales al  acusado  se le considera coautor y la que indica que la conexión o convenio con  los  hermanos  Contreras era ilícito, sin que tampoco esté probada la ilicitud  de las operaciones comerciales.   

A  esa  manera  confusa de plantear el cargo,  agrega    la   “violación   del   principio   de  inmediación    de    las    pruebas”,  y  advierte  que  se  persiste  en la misma omisión del fallo de  primer    grado,    cuando    no    se    señala   las   pruebas   “que  ofrece  (sic) la certeza de la  responsabilidad     del     acusado”,        cuya       “motivación  deficiente” no fue corregida por el Tribunal.   

Al  margen  de  las citas jurisprudenciales y  doctrinarias  hechas  en  la  demanda  relacionadas  con  la  motivación de las  decisiones  judiciales  y  el  delito  de  lavado de activos, el actor limita su  discurso  a  afirmaciones  genéricas  sin  ninguna demostración en la demanda,  cuyo  reparo por tratarse de un error de juicio ha debido ser propuesto por vía  de  la  causal primera, identificando el vicio y desarrollándolo de acuerdo con  la técnica prevista para él.   

El   propósito   del  recurrente  en  esas  circunstancias,  no  es  otro  distinto  al  de  trasladar a esta sede el debate  probatorio  agotado  en las instancias, todo por cuanto la argumentación de las  instancias  no  recoge  sus  planteamientos  propuestos  en  el  juicio  y en la  apelación,  respecto  de la atipicidad alegada y de lo que la prueba finalmente  mostraba en relación con el compromiso penal del acusado.   

Segundo.  Aun  cuando en el cargo denuncia la  existencia  de un “error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  al desconocerse en la sentencia la  duda”,   el  actor  no  señala en que consistió el mismo.   

El reparo se queda en su enunciación, ya que  a  continuación  de  su proposición, el actor emprende una crítica probatoria  para  mostrar  que  la  “duda emerge desde el mismo  instante  en  que  los  operadores  de  justicia  reconocen  que en esta zona de  frontera  se  desarrollaba la compra y venta de divisas de manera diferente a la  de   la   ciudad  capital  colombiana”.   

Por  esa  razón,  omite  su  obligación  de  señalar  en  qué consiste la tergiversación de la prueba, esto es, si fue por  adición,  mutación o alteración de su contenido material, cuál fue la prueba  sobre  la  que recae el error, como también la de contrastar su literalidad con  lo  dicho  de  ella en la sentencia, circunscribiendo su actividad a expresar lo  que en su sentir demuestra la prueba incorporada a la actuación.   

De  ahí  que  advierta  que  no “es  cierto  que las ganancias de mi  poderdante  como  profesional  de  cambios  hayan  sido exorbitantes”, en el entendido que los movimientos  registrados  en  la  DIAN  no  fueron  objeto  de  investigación,  así como la  diligencia   de  inspección  judicial  no  muestra  ilegalidad  alguna  de  las  operaciones,   mientras   que   las  facturas  y  declaraciones  de  Orbicambios  relacionadas   con   Unidas   S.A,   “son  el  mejor  soporte  de  la  legalidad argumentada”.   

Así mismo, la observación según la cual la  “llamada telefónica no  es    con   participación   de   mi   asistido”,  “nunca            confirmada”,  y  manifestaciones  de acuerdo con  las  cuales  en  la  investigación  no aparecen vínculos del procesado con los  hermanos  Contreras,   o  no  está  demostrado  que  sea  su  voz  por  la  “falta   de   prueba  fonoespectográfica”,   hacen  evidente  las falencias de técnica en el desarrollo  del error propuesto.   

Al igual que en el cargo anterior, el reproche  se  queda  en  un  simple  alegato,  en la medida que el censor asume su visión  acerca  de lo que muestra la prueba, sin enseñar el error de juicio atribuido a  la  sentencia y por el contrario, entiende que la duda subsiste en la medida que  no  fue  “infirmado lo  expuesto  y  demostrado”  por ARÉVALO ÁLVAREZ.   

Ni  la  transcripción  de  una  parte  de la  versión  del  acusado, como tampoco las consideraciones del casacionista acerca  de  la  legislación  cambiaria  vigente  para  la  época  de  los  hechos y la  “confusión    que  existió  sobre  la  reglamentación de la actividad comercial de compra y venta  de  divisas  en  la  zona  de frontera”, constituye desarrollo del reparo.   

En   esas  condiciones,  la  demanda  será  inadmitida  en  razón  a  las  manifiestas falencias de técnica, las cuales no  serán   subsanadas,   corregidas  o  enmendadas  en  virtud  del  principio  de  limitación  y de la naturaleza rogada de la casación, ni tampoco la Sala hará  uso  de la facultad oficiosa prevista en el artículo 216 de la ley 600 de 2000,  pues no se observa la violación de las garantías fundamentales.   

En mérito de lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R  E  S  U E L V  E   

Inadmitir la demanda  de   casación   presentada   por   el   apoderado  de  LUIS  FERNANDO  ARÉVALO  ÁLVAREZ.   

Notifíquese  y  devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                    FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                       MARÍA     DEL     ROSARIO     GONZÁLEZ MUÑOZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO              JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                           

JAVIER DE JESÚS  ZAPATA ORTIZ   

Nubia     Yolanda     Nova García   

Secretaria    

1 Por  estos  mismos  hechos, fueron condenados en este proceso José Belén Contreras,  Jorge  Mantilla  Jaimes,  Efraín Antonio Contreras Martínez y su hermano Ilich  Brexney;  sentencia de primera instancia, 30 de agosto de 2010, folios  231  a 278, cdno original 22.   

2  La  Fiscalía  49  Delegada  ante el Tribunal Superior de  Bogotá, por vía de  apelación  confirmó la resolución de acusación; folios 138 a 157,  cdno  original 18.   

3  Sentencia julio 18 de 2007, radicación 26255.   

4 Auto  de febrero 28 de 2006, radicación 24783.   

5 Auto  de febrero 28 de 2006, radicación 24783.     

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