37402(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37402  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

                         FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

Aprobado acta Nº  340   

Bogotá,    D.C.,  septiembre veintiuno (21) de dos mil once (2011).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve acerca de la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Isidora  Torres Cruz, contra la sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Cali, el 29 de abril de 2011, mediante la  cual   confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,  el 26 de octubre de 2010, que la condenó  como  coautora  de  la conducta punible de concierto para delinquir para cometer  delitos de narcotráfico.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                           

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Mediante informe de 11 de junio de 2004,  se  señaló  que  a  través  del  control telefónico quedó al descubierto la  modalidad   de   enviar   pequeñas  cantidades  de  sustancia  estupefacientes,  camuflada  en  elementos  artesanales  o  prendas  de  vestir,  objetos que eran  acondicionados  como caletas o falsos espacios con el fin de permitir introducir  la  heroína  y  cocaína,  para  luego  darles  un retoque de pintura y así no  despertar  ninguna sospecha, siendo finalmente enviados como encomiendas a otros  países,  lográndose  con  esta  actividad  policial  algunas  incautaciones de  sustancia alucinógena”.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el   2 de mayo de 2005, profirió resolución de  acusación,   entre   otros,  contra  Isidora  Torres  Cruz  por  las  conductas  punibles de concierto para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico  y  tráfico,  fabricación  o porte de  estupefacientes,  según  los  artículos  340  inciso  segundo,  y  376  inciso  primero,  del  Código Penal, providencia que al ser recurrida fue confirmada el  12 de octubre siguiente.   

3.  El  expediente pasó al Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cali, autoridad que el 26 de octubre de  2010  dictó  sentencia de primera instancia, en la que condenó, entre otros, a  Torres  Cruz  a  la  pena  principal  de  80 meses de prisión y multa equivalente a 5525 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por un lapso igual a la sanción  privativa  de  la libertad, como autora de la conducta punible de concierto para  delinquir para cometer delitos de narcotráfico.   

Así  mismo,  la  absolvió  del  punible  de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

4.  Apelado  el fallo por el defensor de la  acusada,  el  Tribunal  Superior de Cali, el 29 de abril de 2011, al resolver el  recurso, lo confirmó.   

Contra la anterior decisión, el profesional  del  derecho  que  vela  por  las  garantías  de la citada procesada, interpuso  recurso de casación.   

S  Í  N  T  E  S  I  S   D E L   L I B E L O   

Basado  en  la causal primera de casación,  según  la  sistemática reglada en la Ley 600 de 2000,  presenta un único  reproche contra la sentencia de segunda instancia, así:   

Único cargo  

Acusa   al  sentenciador  de  transgredir  indirectamente  la  ley  sustancial,  por  error  de derecho por falso juicio de  legalidad.   

Argumenta que el  fallador  apoyó  el    juicio   de   condena   en   las   transliteraciones  hechas  de  las  interceptaciones  de  comunicaciones,  para  lo  cual se permite transcribir, en  extenso, las consideraciones de la Corporación.   

Comenta  que  no  está  de acuerdo con los  anteriores  razonamientos, puesto que dentro del proceso no se hizo un cotejo de  voces   tendiente   a   establecer   si   una   de  ellas,  correspondía  a  la  acusada.   

Así  mismo, estima que por lo anterior, no  es  posible  concluir  si  una de las interlocutoras era la señora Torres Cruz.   

Sostiene que conforme al artículo 301 de la  Ley  600 de 2000, en tratándose de interceptaciones telefónicas, el mencionado  artículo  estatuye  que  el  funcionario  dispondrá de la práctica de pruebas  necesarias,  en  orden  a  identificar  las  personas  que  participaron  en las  grabaciones, precepto que no fue atendido por el juzgador.   

Manifiesta que no entiende cómo el Tribunal  concluyó  que  su  defendida  es  una  de  ellas,  máxime  cuando en las   respuestas  dadas por ésta en la diligencia de indagatoria, no se puede deducir  que participaba en una acción criminal.   

En tales condiciones, asevera que lo reglado  en  el  citado  artículo  301  de  la  Ley  600  de  2000, es un presupuesto de  legalidad de las interceptaciones telefónicas.   

Anota  que el yerro es trascendente, habida  cuenta  que  sobre  ese  elemento  de  conocimiento,  se construyó el juicio de  responsabilidad.   

Luego de reiterar lo anteriormente expuesto,  de  informar  que  acude a esta sede en protección de los derechos y garantías  de  su  procurada,  pide a la Corte casar la sentencia impugnada y por lo mismo,  absolver   a   Isidora   Torres   Cruz  del   cargo   de   concierto   para   delinquir  por  el  cual  fue  condenada.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         

Calificación de la demanda  

         1.    La  Corporación  anuncia  desde  ya la inadmisión del libelo, puesto que no cumple  con  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación  para invocar la  infracción  indirecta  de  la ley sustancial, según la sistemática reglada en  la Ley 600 de 2000.   

         

2.  Recuérdese      que     en  tratándose  de  la  violación indirecta de la ley sustancial,  como  motivo de la causal primera de casación, el actor acepta que el yerro del  juzgador  ocurrió de manera mediata, es decir, en la elaboración del juicio de  hecho  derivado  de  errores en la apreciación de la prueba, falencia que se ve  reflejada en la aplicación del derecho.    

Con  relación a la postulación, al censor  compete  enseñar  a  la Corte en qué consistió el error en la apreciación de  la  prueba,  es  decir,  si  fue  de  hecho o de derecho, como también el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad o convicción.   

Cumplido  con  lo  anterior,  corresponde  igualmente  evidenciar  cómo  el  mentado  vicio incidió en la aplicación del  derecho,  dado  que  el  fallador  seleccionó una norma que no era la llamada a  gobernar  el  asunto o, excluyó otra que sí resolvía todos los extremos de la  relación jurídico procesal.   

3.     Respecto    al    único  cargo que el actor postula por el  sendero  de  la  violación indirecta de la ley sustancial, derivada de error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  la Sala observa que no cumplió los  anteriores  presupuestos,  en  la  medida  en que no demostró la existencia del  vicio  y   su trascendencia en torno a las plurales decisiones adoptadas en  el fallo.   

En  efecto,  recuérdese  que  el  error de  derecho  por  falso juicio de legalidad, se erige en un vicio in iudicando, y su  postulación   en  casación  obedece  a  la  garantía  y  protección  que  el  legislador ha dado al principio de legalidad de la prueba.   

En  tales  condiciones,  al  casacionista  corresponde  enseñar  a la Corte, dado el carácter rogado de la impugnación y  por  razón  del principio de limitación, que el elemento de conocimiento sobre  el  cual  se  edifica  la censura, incumplió con el rito establecido en la ley,  condicionante  de  su  validez,  con  relación  al  proceso  de  producción  e  incorporación al trámite penal.   

De  tal manera, no basta con indicar que la  prueba  es  ilícita   o  ilegal, sino que igualmente corresponde demostrar  que  efectivamente  el medio de convicción fue allegado sin el cumplimiento del  debido  proceso  probatorio,  vicio  que  es  trascendente,  en la medida en que  desquicia la sentencia recurrida.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,  es  evidente  que  la  inconformidad  del actor no radica en la anunciada  irregularidad,   sino   en   el   mérito   que   el  juzgador  derivó  de  las  transliteraciones   de   las   escuchas   telefónicas   ordenadas   dentro  del  proceso.   

La  Corporación  arriba  a  la  anterior  conclusión,  dado  que  en  el  transcurso  de la fundamentación del reproche,  muestra  su  desacuerdo  frente  a la conclusión probatoria, consistente en que  Torres  Cruz fue una de las  interlocutoras,  apreciación  que  no  comparte,  puesto  que  no se ordenó la  incorporación de una experticia tendiente a confirmar ese aserto.   

Además,  insiste en que su representada en  la  diligencia  de  indagatoria  fue  clara  en  informar que las conversaciones  grabadas no se referían a actividades delincuenciales.   

De  otro lado, valga aclarar que dentro del  sistema  reglado  en  la  Ley 600 de 2000, el juzgador no estableció una tarifa  legal,    con  relación a la apreciación de las transliteraciones de  las  citadas  interceptaciones  telefónicas, en cuanto a que resulta imperativo  que  el  funcionario judicial disponga del peritaje que indica el censor, cuando  se  trata  de  valorar  ese  elemento  de  conocimiento,  puesto que en el orden  jurídico procesal impera el postulado de libertad probatoria.   

Es  decir,  el  operador  jurídico  puede  arribar  al conocimiento de un asunto, con cualquier elemento de juicio, sin que  la  norma  imponga  demostrar  dicho  acontecer  con  un predeterminado medio de  convicción.   

Al respecto, el artículo 237 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000,  establece que los elementos constitutivos de la  conducta  punible,  la  responsabilidad  del   procesado,  las  causales de  agravación  y  atenuación  punitiva,  así  como  también las que excluyen la  responsabilidad,  la naturaleza y la cuantía de los perjuicios, “podrán  demostrarse con cualquier medio probatorio, a menos que la  ley     exija    prueba    especial,    respetando    siempre    los    derechos  fundamentales”.    

En  lo  atinente  al  principio de libertad  probatoria,  vale destacar que debe ser observado desde una doble perspectiva, a  saber:  en cuanto a su contenido objetivo, consistente en que la ley procesal no  puede  consagrar  la eficacia de una prueba, sino que ésta misma debe otorgarla  sin  ninguna  regulación  legal;  mientras que el subjetivo, relacionado con la  libertad  de  que  goza  el  sentenciador,  en  orden  a  dar  por  declarada la  existencia  de  un  hecho que interesa a la controversia, sólo limitado por los  postulados     que    informan    la    sana    crítica    y    los    derechos  fundamentales.   

Así  las  cosas,  el  inciso  cuarto  del  enunciado  artículo  301  del  la  Ley  600 de 2000, es nítido, respecto a que  constituye  un acto de discrecionalidad del funcionario, ordenar la práctica de  pruebas  “necesarias para identificar a las personas  entre  quienes  se  hubiere  realizado  la  comunicación telefónica llevada al  proceso en grabación”.   

En  consecuencia,  no constituye yerro que  atente  contra  el  principio  de  legalidad  de  la  prueba,  que no se hubiese  decretado  la  correspondiente  experticia,  a fin de establecer la identidad de  las   personas   entre   quienes   se   realizó  la  comunicación  telefónica  interceptada.   

Aclarado  lo  anterior, en este particular  asunto,  de  acuerdo  con  las  probanzas  incorporadas  al diligenciamiento, el  sentenciador  de  segundo  grado  tenía  total  conocimiento,  en  torno  a  la  identificación  de los interlocutores, en tanto “en  unos  casos,  porque  ellos  mismos  han  identificado sus propios fonemas y, en  otros,  porque  los  interrogados  -indagados-  han  reconocido las voces de los  demás, dando fe de ello”.   

Es   más,   respecto   a   Isidora  Torres  Cruz,  el  fallador  de  instancia anotó:   

“Se   precisa   entonces   que   las  interceptaciones  telefónicas  son  medios  de  prueba completamente aptos para  demostrar   ciertos   hechos,   siendo  indispensable  la  demostración  de  su  autenticidad,  que  se  traduce  en  determinar  el conocimiento de la persona o  personas  cuyas  voces  fueron  tomadas  en  los  registros,  esto  dejando  por  descontado  que  la  legalidad de las interceptaciones salta a la vista, pues en  las   fojas   del  expediente  reposan  las  resoluciones  de  la  Fiscalía  de  conocimiento,  autorizando  la  injerencia al derecho a la intimidad por motivos  razonables  y  fundados  (como  ejemplo de muchas las ordenes de interceptación  obran tres en el cuaderno 1 original).   

“Se  ha  demostrado  que  las  diversas  transliteraciones  de  las  grabaciones magnetofónicas arrimadas al proceso han  contado  con  la  plena  identificación  de  los  interlocutores, en unos casos  porque  ellos  mismos han identificado sus propios fonemas y en otros porque los  interrogados  — indagados  —  han  reconocido  las  voces de los demás, dando fe de ello.   

“Es por tal razón que devienen inanes  los  reclamos  en ese sentido, pues poco o mucho en las injuradas los procesados  reconocieron   sus  voces  e  hicieron  referencias  a  algunos  apartes  de  la  conversación,  generalmente  aquellos  que no los comprometían demasiado, esta  circunstancias  procesal   obvia de manera clara y legitima la realización  de  la  prueba  técnica  de  cotejo  de  voces,  tema que ha sido de múltiples  reparos por los sujetos procesales.   

“Lo  cierto  y  de  eso  hay suficientes  constancias  en  el legajo, es que los mismos procesados que fueron intervenidos  en   sus  comunicaciones  en  el  desarrollo  de  las  respectivas  diligencias,  reconocieron  su  voz,  quedando  con  ello  aclarado  el  asunto  y resuelta la  discusión  sobre la autenticidad de las grabaciones, como uno de los requisitos  de legalidad de esa prueba, señalados por la Corte.   

“Véase, ad exemplum, al folio 162 en el  que  ISIDORA TORRES CRUZ da  explicaciones  sobre  una  de las transliteraciones relativas a un dinero que se  le  iba  a enviar a NELSON, el padre de su hijo. En este caso se reconoce en esa  conversación,  identifica  los  interlocutores  y muestra conocimiento del tema  objeto  de la transliteración. Fluye, sin mayor esfuerzo, la autenticidad de la  transliteración.   

“Y  si bien dice en muchas oportunidades  no  recordar   el  tema  de conversación en lo toral, reconoce que ella ha  participado  de  esos diálogos, lo que se concluye o infiere razonablemente del  simple  hecho  que  algunos  de  los  diálogos  sí  le son aceptados e incluso  explica  su  contexto,  es  el  caso,  para citar otro modelo, del folio 295 C-1  original,  en  el  que  en  las  últimas  líneas  reconoce  el contenido de la  transliteración y lo explica”.   

        En  síntesis,  el   hecho que no se haya practicado el cotejo  de  voces aludido, en nada demerita el crédito otorgado a las transliteraciones  derivadas  de  las  multicitadas  interceptaciones  telefónicas, puesto que los  funcionarios  tenían  identificados  a los interlocutores, en este caso, por el  propio   reconocimiento  que  hizo  la  acusada  de  haber  participado  en  las  mismas.   

        Ante  la falta de razón, deviene necesariamente la inadmisión del  libelo.   

De  otra parte, del estudio del proceso no  se   vislumbra   violación   de   derechos   fundamentales   o        garantías       de      los      intervinientes,     que     determine   el   ejercicio   de   la   facultad   oficiosa de   índole     legal     que    al    respecto    le   asiste     a     la     Sala,    en    punto    de  asegurar  su  salvaguarda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    a    nombre    de    Isidora   Torres  Cruz.   

                  Contra esta  decisión no procede ningún recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.   

                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                    JOSÉ  LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                                          SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ           

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                   MARÍA     DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS               

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                                      JULIO   ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

                                                             

                                               NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

                                                                 Secretaria   

    

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