32784(26-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 32784  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado     acta     Nº382   

Bogotá  D.C., veintiséis (26)  de octubre de dos mil once (2011).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  defensora  de  Mayer  Alonso Hurtado contra la sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Tunja, el 2 de junio de 2009, mediante la  cual  confirmó la proferida por el Juzgado Penal del Circuito de Moniquirá, el  24  de  octubre  de  2007,  que lo condenó como autor de la conducta punible de  celebración de contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                    

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  Tribunal Superior de Tunja de la siguiente manera:   

Mediante  Acuerdo  012 de julio de 1999, el  Concejo  Municipal de Toguí modificó el Acuerdo 006 de 28 de febrero del mismo  año  en  el  que se hace una discriminación de rubros presupuestales y aparece  la  suma  de  $40.000.000.00  para la reposición y/o reparación de maquinaria.  Por  el  mes  de  enero  de  1999  el entonces Alcalde Municipal de Toguí Mayer  Alonso  Hurtado,  realizó contrato de compraventa con la firma Elberth Beltrán  &  Cía.  Ltda.  que  tenía  por  objeto el vehículo Toyota Land Cruisser,  modelo   1998,   rojo,  motor  1FZ0354340,  serie  FZJ73-7001646  por  valor  de  $39.800.000.00.  Se  estableció  que dicho vehículo se pagó en marzo de 1999,  de   la   cuenta   del   Banco   Agrario  1588000295-9,  con  cheques  9379  por  $18.800.000.00 y 9380 por $21.000.000.00.   

Posteriormente el Alcalde Municipal emitió  la  Resolución  270  de  26  de  mayo  de  1999, dejando sin efecto el contrato  celebrado  para  la  compraventa del citado vehículo por incumplir el art. 44-2  de  la Ley 80 de 1993. El 18 de junio de 1999 se convocó a licitación pública  001  para  la  adquisición de un vehículo, mediante Resolución 338, con fecha  de  apertura  del  mismo  día  a  partir de las 8:00 a.m. y cierre al 30 de ese  mismo   mes   y   año  a  las  3:00  de  la  tarde,  por  valor  aproximado  de  $40.000.000.00.   

Con  Resolución 383 de 10 de julio de 1999  se  declaró  desierta  una  licitación  para la compra del vehículo por la no  presentación  de  propuestas  y  mediante  Resolución  384  del  mismo día se  otorgó  a  la  firma  Elberth  Beltrán & Cía. Ltda. el contrato por haber  presentado  el  ofrecimiento  más favorable. Por estos hechos se ha sindicado a  Mayer  Alonso  Hurtado  por  el  delito  de  celebración  de  contratos  sin el  cumplimiento de los requisitos legales.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  14  de  julio  de  2006, profirió resolución de  acusación  contra  Mayer  Alonso  Hurtado  por  el  delito  de  celebración de  contrato   sin   cumplimiento   de  requisitos  legales,  decisión  que  cobró  ejecutoria el 28 de julio siguiente.   

3.  El  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Moniquirá,  el 24 de octubre de 2007, condenó a Mayer Alonso Hurtado a la pena  principal  de 48 meses de prisión y “a la accesoria  de    inhabilitación    para    el    ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas” por el  mismo lapso de la privativa  de  la  libertad,  como autor de la conducta punible de celebración de contrato  sin cumplimiento de requisitos legales.   

         4.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor,  el Tribunal Superior de  Tunja, el 2 de junio de 2009, lo confirmó.   

         Contra   la  anterior  decisión,  la  defensa  técnica  interpuso  recurso de casación.   

L  A     D E M A N D A      

         La  citada  profesional  del  derecho con base en la causal primera  según  la  sistemática reglada en la Ley 600 de 2000, presenta un único cargo  contra la sentencia, así:   

         Único cargo   

Acusa   al   Tribunal  de  haber  violado  directamente  la  ley  sustancial por exclusión evidente del artículo 29 de la  Constitución  Política  e  interpretación  errónea  del  artículo  146  del  Decreto 100 de 1980.   

Comenta  que  los  fallos  de  instancia se  basaron  en  lo estipulado en el citado artículo 146, razón por la cual hay un  vicio  de  interpretación errónea, respecto al provecho ilícito que contempla  el precepto, situación que no se demostró dentro del proceso.   

Recuerda que la mentada norma establece una  finalidad  específica.  Sin embargo, el juzgador de segundo grado concluyó que  en  este  asunto  se  vulneró  el  principio de transparencia, de ahí que para  enmendar  dicha  irregularidad  se  había  realizado  una simulada licitación,  afirmación  que  no  comparte,  puesto que el citado contrato fue anulado. Así  mismo,  se  reconoció  que el hecho delictual no trajo menoscabo patrimonial al  municipio.   

Por   tanto,  colige  que  el  juicio  de  responsabilidad  se  edificó sobre la existencia de omisiones administrativas y  sin   que   se   hiciera   un   debido   análisis  del  aspecto  subjetivo  del  delito.   

Es   decir,  el  Tribunal  construyó  la  sentencia  bajo  la  égida  de  la  responsabilidad  objetiva  que se encuentra  proscrita en la ley penal.   

Del  mismo  modo,  considera que el proceso  muestra  una ausencia de dolo que incide en el juicio de tipicidad y que conduce  a predicar la inexistencia de responsabilidad penal.   

Estima  que  la  contratación  se  hizo de  manera  correcta,  esto  es, según los precios del mercado y no se evidencia un  provecho  ilícito,  máxime  cuando  no  acarreó  un  perjuicio  económico al  Estado.   

En  tales condiciones, sostiene que estamos  ante  un  delito  de  bagatela según la doctrina especializada y, de otro lado,  anota  que el comportamiento del procesado encajaría en la descripción típica  estipulada en el artículo 145 de la Ley 100 de 1980.   

Así, solicita a la Corte casar la sentencia  impugnada,    reconociéndose    la   infracción   directa   de   la   ley   y,  consecuentemente,  declarar  la  nulidad de todo lo actuado a partir, inclusive,  de la resolución de acusación.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         

         1.   Recuérdese   que  dado  el  carácter  extraordinario  de  la  casación,  al  libelista  compete  que  al elaborar la demanda lo haga bajo los  estrictos   parámetros   contemplados   en   la   ley   y   decantados  por  la  jurisprudencia.  De  ahí  que  no  basta  con  afirmar que en la sentencia o al  interior  del  proceso  se cometió un error de derecho o de actividad, en tanto  debe  demostrar la existencia del vicio y su trascendencia frente a las plurales  decisiones adoptadas en el fallo.   

         2.  Cuando  la  censura  se  postula  por la vía de la infracción  directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando que los hechos y  las  pruebas  declaradas  como  probadas  en  la  sentencia fueron correctamente  apreciadas,  razón  por  la cual el debate se circunscribe a la aplicación del  derecho,  sin que tengan cabida aspectos relacionados con la credibilidad de los  elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

         La  labor de demostración de la trascendencia del vicio debe estar  sustentada  en  evidenciar  que  el juzgador seleccionó una norma que no era la  llamada  a  gobernar  el asunto, que omitió otra que sí resolvía los extremos  de  la relación jurídico procesal o, que habiéndola escogido correctamente le  dio un alcance interpretativo que no se deriva del texto de la ley.   

         De  manera  que  si no se cumple con los anteriores derroteros, sin  duda, se impone la inadmisión del libelo.   

         3.  En  el  supuesto  que  ocupa  la atención de la Corte, resulta  claro  que  el  único cargo  presentado  por  la defensa técnica contra la sentencia de segunda instancia no  reúne  los anteriores presupuestos, razón por la cual, desde ya, se anuncia su  inadmisión.   

         En  efecto, los razonamientos que expone la libelista como sustento  del  reproche  no  evidencian una infracción de la ley al momento de elaborarse  el  juicio  de  derecho  en  el fallo, sino que muestra una simple inconformidad  frente  a las conclusiones que se tomaron en el fallo recurrido, con relación a  la existencia del hecho y responsabilidad del acusado.   

         De   verdad  que  si  bien  postula  una  exclusión  evidente  del  artículo  29  de  la Constitución Política y una interpretación errónea del  artículo  146  del  Decreto 100 de 1980, también lo es que no presenta ningún  argumento  tendiente  a  demostrar cómo el juzgador desconoció el contenido de  la  primera norma citada e interpretó incorrectamente el tipo penal de contrato  sin cumplimiento de requisitos legales.   

         El  libelista  centró  la  argumentación del reproche en sostener  que   la   conducta   punible   anteriormente  mencionada  exige  una  finalidad  específica.  Así  mismo,  indica  que no comparte la conclusión del Tribunal,  consistente  en  que se vulneró el principio de transparencia y que se hizo una  simulada  licitación,  puesto  que,  en  su  criterio,  dichas  afirmaciones no  cuentan con el correspondiente respaldo probatorio.   

         Por  tanto,  la  defensa  pasa  por alto, según los principios que  rigen  la  casación,  que  la sentencia llega a esta sede amparada por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad, esto es, los hechos y las pruebas fueron  correctamente  apreciadas  y  el derecho estrictamente aplicado, presunción que  sólo  se  derrumba a través de las causales de casación, demostrando el yerro  y su incidencia con la parte resolutiva del fallo.   

         En  el  supuesto  que  ocupa la atención de la Sala, surge nítido  que  la  inconformidad del demandante radica en las conclusiones probatorias que  arribó  el  sentenciador  luego  de  valorar  el  conjunto  de los elementos de  juicio,  sin que se advierta el mentado error en la selección e interpretación  de la norma.   

         Como  si  la  casación  fuera  una  tercera  instancia,  el censor  argumenta  igualmente  que  tampoco  del  proceso emerge la modalidad dolosa del  comportamiento  del acusado. Es más, manifiesta que el falló se edificó sobre  la proscrita responsabilidad objetiva.   

         Así,  como  están  presentadas  las  inconformidades  la Corte no  puede  desentrañar  cuál  en  verdad  es  el punto que inquieta al demandante,  máxime  cuando  depreca la nulidad de la actuación, vulnerando el principio de  autonomía de las causales de casación.   

         En consecuencia, deviene la inadmisión de la demanda.   

         4. Aclaración   

         4.1  La  Sala observa que el sentenciador al determinar la sanción  vulneró  el principio de legalidad de las penas, habida cuenta que sólo impuso  la  relacionada  con  la  privación  de  la libertad, pero omitió pronunciarse  sobre la multa.   

         En  efecto,  de  acuerdo  con  el  artículo 146 del Decreto 100 de  1980,  modificado por el artículo 32 de la Ley 190 de 1995, la conducta punible  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos legales contempla como penas, la  prisión  de  4 a 12 años, multa de 10 a 50 salarios mínimos legales mensuales  vigentes   e   interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  de  1  a  5  años.   

         Sin  embargo,  con  el fin de proteger el derecho fundamental de no  reforma  en  peor  reglado  en el artículo 31 de la Constitución Política, la  Sala  no  casará  de  oficio  la  sentencia,  pues  ello sería agravar la pena  impuesta  al  único  recurrente  en  casación,  máxime  cuando  se  trata del  procesado.   

         4.2  De  igual manera se avizora que respecto a la interdicción de  derechos  y funciones públicas, también se vulneró el principio de legalidad,  en la medida en que se impuso como accesoria cuando era principal.   

         No  obstante,  en  este  particular  asunto  y  como  quiera que la  sanción  de  prisión  conlleva  necesariamente  la interdicción de derechos y  funciones  públicas  (hoy  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas)  por  un tiempo igual a la fijada en la primera, según lo  preceptuado  en  el  artículo  52,  inciso 3°, de la Ley 599 de 2000, el vicio  resulta inane, por lo que simplemente se aclarará dicho punto.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

R E S U E L V E  

         1.  INADMITIR  la  demanda de casación presentada por la     defensora     de    Mayer  Alonso  Hurtado, por lo anotado en  la motivación de este proveído.   

         2.   Aclarar  que  la  sanción  de  interdicción  de  derechos  y  funciones   públicas   impuesta   al  citado  sentenciado  es  principal  y  no  accesoria.   

         3.  Contra  esta  decisión  no  procede  ningún recurso.   

         Cópiese,  comuníquese  y  cúmplase.  Devuélvase  al Tribunal de  origen.   

                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELO  CAMACHO                                            JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ                         

FERNANDO  A.  CASTRO  CABALLERO                            SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                

MARIA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ            AUGUSTO   J.   IBAÑEZ  GUZMÁN                                      

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

                                                       NUBIA                                YOLANDA                                NOVA  GARCÍA                                                                

                                                                 Secretaria   

    

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