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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 14936  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                             Aprobado  Acta  N° 134 (septiembre 8 de  1999)   

          Santafé  de  Bogotá  D.C.,  diez  de septiembre de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

            Se  pronuncia  la  Sala acerca del aspecto formal de la demanda de  casación    discrecional  propuesta  por  el  defensor  de la procesada CARMELITA  YOLANDA  AGUILAR  SEQUEA contra la sentencia de segundo  grado  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Marta,  que  el  20  de  junio  de  1996 revocó el fallo absolutorio dictado en primera  instancia  por el Juzgado Sexto Penal del Circuito de la mentada localidad y, en  su  lugar, declaró que la acusada era responsable penalmente de haber consumado  en  calidad  de  autora el hecho punible de prevaricato  por  acción,  imponiéndole  un  año  de  prisión e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el mismo término, pero le  otorgó el subrogado de la condena de ejecución condicional.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                En  anterior oportunidad  fueron presentados por esta Corporación de la siguiente manera:   

         

“1.- La doctora  CARMELITA   YOLANDA   AGUILAR   SEQUEA,  a  la sazón Inspectora del Distrito Turístico y de Policía de El  Rodadero,  fue  comisionada  por la Alcaldía Mayor de Santa Marta para destruir  un   espolón   construido   en   la   playa,   cerca   al   hotel  ‘Santamar’, señalando el día 18 de febrero de  1993 para la demolición.   

          “La  familia  VIVES  CAMPO,  dueña del  terreno  aledaño a donde se encontraba el mencionado espolón, representada por  abogada,  se  opuso  a  la  diligencia solicitando su aplazamiento por cuanto el  auto   que   ordenó  cumplir  el  despacho  comisorio  omitió  la  indicación  ‘notifíquese    y  cúmplase’; interpuestos  contra  el  mismo  los  recursos de reposición y apelación subsidiaria, fueron  denegados  por la funcionaria, quien no obstante haber dispuesto el aplazamiento  de  la  diligencia  la  validó con un ‘otro  sí’,  destruyendo  el  espolón  con  la  ayuda  de  una  cuadrilla de empleados de la  Secretaría  de  Obras  Públicas,  respaldada  por  un  grupo  de agentes de la  Policía Nacional.   

          “2.-   Denunciada   penalmente   esta  actuación,  pasó de una Fiscalía de Santa Marta a una de Santafé de Bogotá,  correspondiendo  a  la  265  de  la Unidad de Investigaciones Especiales de esta  ciudad  calificar  el mérito de la instrucción, lo cual hizo el 18 de julio de  1994  (fs. 244 y Ss. cd. 4), con preclusión de la investigación en favor de la  doctora  AGUILAR  SEQUEA  y  de  otras  personas  que  así  mismo  habían sido  vinculadas.   Decisión  apelada  por  el  apoderado de la parte civil y la  representante  del ministerio público y revocada por la Fiscalía Delegada ante  los  Tribunales de Santafé de Bogotá y Cundinamarca, el 20 de octubre de 1994,  formulando  en  su lugar acusación contra CARMELITA YOLANDA AGUILAR SEQUEA, por  el delito de prevaricato por acción.   

         “El  26  de  febrero de 1996 el Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito de Santa Marta puso fin a la instancia absolviendo a  la  acusada  de  los cargos que le fueron imputados; fallo apelado por el Fiscal  del  Juzgado, quien sustentó el recurso por escrito, y el apoderado de la parte  civil,  proponiendo  y  realizando sustanciación oral ante el Tribunal Superior  de  este  Distrito,  que  lo  revocó  con  el  suyo  de  20 de junio siguiente,  condenando  a  la  doctora  AGUILAR  SEQUEA  a  la  pena principal de un año de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo  término,    otorgándole   el   subrogado   de   la   condena   de   ejecución  condicional.   

         “3.-   Contra   dicha   sentencia,  el  defensor   de   la   procesada   interpuso  y  sustentó  recurso  de  casación  discrecional,  aduciendo  violación  de las garantías fundamentales del debido  proceso  y el derecho a la defensa (…)”      

          Basta  agregar  que,  admitida la impugnación y devuelto el proceso  al  Tribunal de origen para que dentro del término del correspondiente traslado  el  recurrente  presentara  la respectiva demanda de sustentación en aras de la  demostración  de  “las  eventuales  violaciones que  aduce  y  su  trascendencia”, éste se contentó con  manifestar  en  el  escrito  que  obra  a  Fls.  44  del  cuaderno del Tribunal:   

          “(…)  me atengo al escrito de demanda  de  Julio  02  de  1.996 y en él me reafirmo. Dejamos así cumplido el traslado  ordenado que se me hace (…)”.   

                        

LA DEMANDA  

          Como  el  recurrente dijo acogerse a lo manifestado en su escrito de  petición  de  casación  discrecional, la Sala hará una síntesis de lo que en  esencia  y  técnicamente  constituye el fundamento de la impugnación, esto es,  el  tema  que  el  opugnador  propuso como materia de estudio para que la Corte,  conforme  con  la  facultad  que  le  otorga el inciso 3° del artículo 218 del  Código   de   Procedimiento  Penal,  hubiese  accedido  en  sede  de  casación  excepcional  a  analizarlo  y que para el libelista se erigió como la razón de  ser de su inconformidad con el fallo recurrido.   

          Con  fundamento  en  la  causal  tercera de casación, el impugnante  aduce  violación  de  garantías constitucionales fundamentales al interior del  proceso  que  se surtió en contra de su asistida, concretamente la vulneración  del  derecho  al debido proceso y por contera el de la defensa, supuesto que con  motivo  de  la  sustentación  oral del recurso de alzada promovido por la parte  civil  contra el fallo absolutorio emitido en primera instancia, el Tribunal que  conoció     de     la    apelación    en    proveído    de    “CUMPLASE”   ordenó   citar  sólo  al  recurrente,  cosa  que  igualmente   hizo en relación con el representante  del  ente  Fiscal,  pero  omitió hacerlo respecto del defensor de la procesada.   

          Con  un  tal  proceder  se  afectó  el debido proceso en la segunda  instancia,  advierte el censor, en la medida en que se privó a la defensa de la  “oportunidad   de   replicar   o   contradecir   la  argumentación   oral   y   no   por   escrito   que  quería  hacer”,   actuar   que  el  hoy  impugnante  califica  de  desleal para con el sujeto procesal que no  tuvo  la  ocasión  de  “desvirtuar cualquier tipo de  acusaciones   así   fuera   suspicaz   (sic)”.  Ese  “procedimiento         unilateral”   de   citación   no   sólo   menoscabó   el   principio   de  contradicción,  insiste en predicar el demandante, sino que también quebrantó  los  principios  rectores de igualdad de los sujetos procesales y de publicidad,  lo   cual   “forma  parte  de  un  solo  cuerpo:  la  violación   del   debido   proceso   legal”.    

          Luego  de rechazar, “por malévolas y mal  intencionadas”, algunas de las manifestaciones que a  manera  de  crítica  personal  le  enrostró  el apoderado de la parte civil en  relación  con  el  desempeño  de  su  labor como defensor, y de realizar otras  consideraciones  que  nada  tienen  que  ver  con  el  cometido que dice haberse  propuesto,   el   recurrente  sostiene  que  a  su  defendida  se  le  conculcó  “en    forma    grave   y   ostensible”  el  derecho  de defensa limitándosele su ejercicio, por cuanto  la  investigación  se  llevó  a efecto en lugar distante a aquél en el que se  perpetró  el  hecho.  “No  fue una defensa adecuada  desde   el   punto  de  vista  probatorio”,  agrega.   

            De  igual  manera  se  vulneró  el  debido  proceso  al tenerse a  “una     sociedad     particular    como    parte  civil”   en   un   asunto   cuyo   interés  radica  exclusivamente  en  la Nación, pues conforme con lo establecido en el artículo  166   del  Decreto-Ley  234  del  18  de  septiembre  de  1984,  “son  BIENES  DE  USO PÚBLICO,  las  playas, los terrenos de bajamar y las aguas marítimas y por  tanto,  intransferibles  a  cualquier  título a los particulares (…) La parte  que  se  dice  afectada  al  haber  construido  en terrenos de la nación, no ha  debido  ser tenida en cuenta como parte civil ya que solamente la nación tenía  ese  interés y con ese reconocimiento se afectó el debido proceso en perjuicio  de   mi  mandante  al  soslayarse  el  principio  de  legalidad  que  obliga  en  imperio.”   

Diciendo   haber   dejado   sustentado   el   recurso   de  casación  excepcional  propuesto,  concluye  el  impugnante solicitando se “nulite   la   sentencia   y   toda   la  actuación  de  la  segunda  instancia”  para  que,  teniéndose  de  presente la  causal invocada, se proceda dentro del debido proceso legal.   

ALEGACIONES    DE    LA    PARTE    NO  RECURRENTE   

          Por  no  reunir  la demanda el presupuesto formal que el ordinal 3°  del  artículo  225 del Código de Procedimiento Penal exige para estos eventos,  dado   que  el  escrito  del  impugnante  sólo  es  un  simple  “memorial  de  instancia”, el apoderado de  la  parte  civil se opone a las pretensiones del censor aduciendo que la defensa  debió  ser  diligente  estando  atenta  al desarrollo del proceso. Amén de que  quien  representa los intereses del denunciante en el asunto objeto de la litis,  lo  enteró  de la fecha en que se iba a llevar a cabo la sustentación oral del  recurso  ante  el  Tribunal, advierte el no recurrente en casación, el defensor  por  no  ser  apelante no estaba obligado a comparecer a la susodicha diligencia  y,  por  la  misma  razón,  no  había  lugar  a su citación. Lo único que se  propone  este sujeto procesal es dilatar los efectos del fallo, puesto que, como  cabe  observarse,  “en  ninguna parte de su escrito,  formuló      la      denominada     ‘PROPOSICIÓN         JURÍDICA  COMPLETA’.”   

          La  falta  de  técnica  en  la  proposición  del cargo y su propia  incuria   para   estar   pendiente  del  desarrollo  de  la  actuación,  tornan  impróspera la pretensión del recurrente, recaba la parte civil.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Si  en  sentir  del  censor  la  sustentación con miras a que se le  concediera  el  acceso  al recurso de casación por la vía excepcional, por sí  misma  bastaba para ser tenido como sustento formal de la impugnación contra el  fallo  atacado en casación, desde ya se dirá que el susodicho libelo no cumple  en  lo  más mínimo con el presupuesto que el ordinal 3° del artículo 225 del  Código de Procedimiento Penal exige para una demanda en forma.   

          Ciertamente,  no sólo elude el censor la obligación que como carga  procesal  le  incumbe en orden a señalar, con claridad  y  precisión, los fundamentos de la causal que según  su  criterio  avasallan  las  mentadas  garantías  constitucionales,  sino  que  igualmente  omite  indicar  de  qué manera los vicios argüidos desvertebran la  estructura  básica  del  proceso  impidiéndole  a  éste cumplir sus fines. No  basta  pues  la  enunciación  genérica de la irregularidad aducida como objeto  del  quebranto  porque  es menester además probar su trascendencia, esto es, la  repercusión  que  una  tal  anomalía pudo tener en la sentencia proyectando su  influencia  nociva  en  la  situación  procesal  del  acusado, menoscabando por  contera  su derecho a la defensa. Todos estos aspectos, son los que la Sala echa  de   menos   en   el  escrito  con  que  el  recurrente  pretende  sustentar  el  extraordinario recurso.   

          Es  que  en  el  reseñado  libelo el impugnante solamente acierta a  plantear  la  tesis  que  efectivamente concitó el interés de la Sala para que  por  la  vía de la casación excepcional procediera a su estudio, de lo cual no  se  sigue  necesariamente  el  conocimiento  de  fondo del asunto, pues, como en  anterior  oportunidad  se  dijo, en eventos como el que hoy se pretende ventilar  en  sede  de  casación  discrecional, la aquiescencia de la Corte en aceptar el  recurso  apenas  constituye  el “inicial, metódico y  lógico  punto  de  apoyo”  a  partir  del  cual  el  impugnante,  en  la correspondiente demanda, podrá luego tratar fundadamente el  tema  propuesto  para  el  desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de los  derechos fundamentales.   

          Debió   en   consecuencia   precisar   el   censor   cuál  fue  la  “argumentación  oral” de  la  parte  civil  que la defensa no tuvo “oportunidad  de  replicar  o contradecir”, exponiendo con claridad  de  qué  manera el sujeto procesal que así sustentó la alzada “impresionó  al adquem”, impidiéndole al  profesional  representante  de  los  intereses  de  la procesada “desvirtuar   cualquier  tipo  de  acusaciones  así  fuera  suspicaz  (sic)”.  A falta de una real concreción del ataque,  resulta  en  verdad  inane en sede de casación alegar la vulneración al debido  proceso  o  al  derecho  de defensa, como así razona el togado, por el hecho de  que  la  parte  civil  puso  en tela de juicio el trabajo  realizado por el  defensor  durante el juicio, “a pesar de su sapiencia  jurídica”,  o porque igualmente aquél sostenga que  el   pensamiento   del   letrado   “está  fuera  de  foco”  habida  cuenta  de  la  crítica de éste por  haberse  adelantado  la  instrucción  en  lugar  distante  de aquel en donde se  perpetró el hecho punible.         

          A  propósito de este último argumento, que no deja de ser simple y  llana  especulación,  ignora  la  Corte  en  qué  forma la labor de la defensa  “estuvo   limitada” en la medida en que el proceso  fue  radicado por la Fiscalía General de la Nación en Santafé de Bogotá y no  en  Santa  Marta, pues omite indicar el impugnante si en el señalamiento de las  pruebas  no  fue informado de su práctica; en cuáles diligencias no pudo estar  presente;  los  motivos  por  los cuales el derecho de defensa resultó afectado  “en   forma  grave  y  ostensible”  en  razón de esa  ausencia;  qué  pruebas dejaron de practicarse o de estimarse por el instructor  debido  a ese cambio de radicación, a pesar de que la correspondiente solicitud  se  hizo  oportunamente,  lo  cual  dizque  fue determinante para que no hubiera  “una  defensa  adecuada  desde  el  punto  de  vista  probatorio”;  y, en fin, de qué manera ese proceder  “desleal”  para  con  la  defensa  favoreció  los intereses de la parte civil en detrimento del principio  de igualdad.   

          Igualmente   desconoce   la   Sala  cuáles  fueron  “los  puntos  nuevos”  que la parte civil  trató  en  la  sustentación oral que no pudieron ser objeto de réplica por la  ausencia  de  la  defensa en dicha diligencia, dejando de ser público el juicio  por  esta razón. También olvidó el demandante precisar si la presunta nulidad  argüida  por  falta  de  personería  adjetiva  de la parte civil en el mentado  proceso  penal,  fue  alegada en las instancias, ignorándose qué respuesta dio  el  Tribunal  sobre  la  materia  bajo  la  hipótesis  de  haberse realizado la  respectiva petición.   

          Como  lo estimó la parte no recurrente, los razonamientos expuestos  por  el impugnante sólo resultan ser alegaciones propias de las instancias, que  no   argumentos  para  intentar  desestabilizar  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  que  goza  la  sentencia  de  segundo grado atacada, aspecto este  objeto  de  revisión  en el recurso de casación discrecional cuando se esgrime  como   fundamento   del  mismo  la  violación  de  garantías  constitucionales  fundamentales.   

          Por  consiguiente,  el  escrito  que  como  motivación presentó el  recurrente  para  acceder  a la casación discrecional, no cumple los requisitos  mínimos  de  una  demanda  en forma, puesto que a voces del artículo 225-3 del  Código  de  Procedimiento Penal, carece de los presupuestos allí relacionados,  razón       por       la       cual      se      impone      su      anticipado  rechazo.                  

         

          En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

         RECHAZAR   in   límine   la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor  de  CARMELITA  YOLANDA  AGUILAR  SEQUEA  contra  el  fallo de origen,  fecha   y   naturaleza  indicados.  En  consecuencia,  se  declara  DESIERTO   el   recurso   de   casación  concedido por esta Sala.   

         Conforme  con  lo  regulado en los artículos 197 y 226 del C. de P.  Penal, contra esta providencia no procede recurso alguno.   

CÓPIESE,COMUNIQUESE        Y  DEVUÉLVASE   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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