14848b1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14848  

         

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado ponente:   

                                                    Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO.   

                                                    Aprobado acta No. 188   

         

Santafé  de Bogotá D.C.,  veinticinco  (25) de noviembre de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  defensora  de  JOSE  ROMULO  RODRIGUEZ  LOPEZ contra la sentencia de marzo 30 de  1998,  mediante  la cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cartagena  condenó  a  dicho  procesado  a  la  pena de 2 años 6 meses de prisión por el  delito  de  actos  sexuales  con menor de 14 años, previsto en el artículo 305  del Código Penal.   

          ANTECEDENTES   

                   1.  Los  esposos  Luis  Fernando Atencio Hurtado y Edith del Carmen González Salas desde  hace  aproximadamente  15  años  entablaron  amistad  estrecha  con JOSE ROMULO  RODRIGUEZ  LOPEZ,  también  como ellos residente en Cartagena.  En el año  de  1983  la  citada  pareja  tuvo  una hija a quien llamaron CRISTIBALINA, cuyo  padrino  de  bautismo  fue  José Rómulo, comerciante quien era propietario del  establecimiento  “La  Casa  del  Sonido”,  donde  igualmente  residía en el  segundo piso junto con su mujer Martha Lizarazo.   

                           La  mencionada  menor, ya por los siete años de edad en 1989,era llevada a donde su  padrino  José  Rómulo  sobre  todo  los  fines  de semana, siendo regresada la  mayoría  de  las  veces  en  el  automotor  marca Mercedes Benz de propiedad de  aquél.   

                        En  un  término  que va desde el final de dicho año y comienzos de 1990, el mencionado  padrino  unas  veces  dentro  del  automotor  y  otras en el almacén, hizo a su  ahijada  objeto  de  tocamientos  en sus genitales:  “le frotaba la vulva  con la mano”, como se ha dicho en este proceso.   

                  2.-  La  niña  enteró  de  ello  a  sus padres, diciéndoles que su padrino “me trata  como  una  mujer  grande”,  por  lo  cual  Luis  Fernando  Atencio formuló la  respectiva  denuncia  el 25 de mayo de 1990 (fl. 1 cdno. Nro. 1) y el Juzgado 11  de  Instrucción  Criminal  de  Cartagena, luego de algunas diligencias previas,  abrió  investigación  (fl.  59), la víctima se constituyó en parte civil, el  sindicado  en su indagatoria (fl. 71) negó totalmente los hechos, afirmando que  incluso  su vehículo, a raíz de un accidente ocurrido en enero de 1990, había  sido enviado para reparación a Bogotá, donde estuvo varios meses.   

.  

                      –   Dictada  medida  de aseguramiento de caución prendaria contra el implicado (fl.  12)  y  practicadas  varias  pruebas,  el  Fiscal 7o. cerró investigación (fl.  211),  el defensor de José Rómulo lo recusó, aquél no aceptó la recusación  y  la Fiscalía 1a. Delegada ante el Tribunal consideró que efectivamente no se  presentaba   causal  alguna  al  respecto,  pero  con  base  en  “la  absoluta  autonomía  administrativa”  de  la  Fiscalía (fl. 5 cdno. Nro. 5), resolvió  remitir  el  expediente  a  la  Fiscalía  8a., la cual, mediante resolución de  marzo  31  de  1993  (fl.  252  cdno.  Nro.  2)  y  luego  de analizar el acervo  probatorio,  estimó  que  faltaban varias pruebas, por lo cual “revocó” el  referido  cierre  investigativo y dispuso “proseguir la investigación” (fl.  255 id.).   

                      –   Practicadas   varias  pruebas,  el  sindicado  dio  poder  a  la  abogada  aquí  casacionista  (fl.  281), quien luego pidió cerrar la instrucción, a lo que se  accedió  (fl. 322), dictando la Fiscalía 36 resolución acusatoria contra JOSE  ROMULO  el  3 de junio de 1994 (fl. 340), imputándole la autoría del delito de  “corrupción  agravada”,  según los artículos 305 y 306-2 y 5, del Código  Penal,  decisión  que, apelada por la defensa, recibió confirmación por medio  de la calendada el 15 de diciembre de 1994 (fl. 3 cdno. 2B).   

                  3.-  El  Juzgado  2o.  Penal del Circuito de Cartagena practicó varias pruebas (fls. 414  y  ss.  cdno.  Nro.  2),  celebró  audiencia  pública  (fls.  460 a 560) y, en  armonía  con  la  acusación, dictó sentencia de septiembre 3 de 1996 (fl. 587  cdno.  Nro.  3),  mediante  la  cual condenó al acusado JOSE ROMULO a dos años  seis  meses  de  prisión,  concediéndole la condena de ejecución condicional,  fallo  que,  apelado  por  la defensora, recibió entera confirmación por medio  del  que  ahora  es  objeto de la impugnación extraordinaria (fl. 98 cdno. Nro.  4).   

                          LA  DEMANDA   

                       Primer  cargo   

                     Bajo  el  título  “error  in  procedendo” y con la mención de los artículos 220-3 y  304-2  del  Código  de  Procedimiento  Penal, el casacionista afirma que existe  nulidad  “por  haberse  violado  el  principio  constitucional  y  legal de la  investigación integral” (fls. 8 y 9 fls cdno. Nro. 4-A).   

                  Sustenta que  el  “argumento  central”  que  se  tuvo en cuenta para condenar al procesado  RODRIGUEZ  LOPEZ  fue el testimonio único de la menor (víctima) “al que  se  le  da  plena credibilidad” (fl. 10), transcribe los apartes del fallo que  estima  pertinentes  y  recuerda  que las explicaciones dadas por el acusado, en  cuanto  a  que  su  automotor  estaba  en reparación y con relación a que así  mismo  en  las instalaciones de su almacén era imposible que se llevaran a cabo  los  actos  de  corrupción  materia  de  condena,  fueron  afirmaciones  que se  respaldaron   con  solicitud  de  pruebas  para  su  constatación  (inspección  judicial,  testigos, documentos), las cuales “los funcionarios instructores no  las  llevaron  a cabo, mediante oficios a la Empresa Concesionaria Automercantil  de  Bogotá.   Tampoco  se  tuvieron  como  pruebas  en la causa, porque el  Juzgado  2o. Penal del Circuito, no se pronunció, hizo silencio de la admisión  o rechazo de las documentales” (fl. 12 supra.).   

                   Dice, pues,  que  “no  se verificó de que en efecto, el citado automóvil que inicialmente  se  señaló  escenario  de  los abusos, estuvo en reparación en Bogotá por un  término  de esos 6 meses que se indicaron en la denuncia, como época en que se  aduce  sucedieron”,  y  que,  igualmente,  tampoco  se  llevó  a  cabo  “la  evaluación  psicoterapéutica  de  la  menor,  ordenada  en  las providencia de  reapertura  dictadas  por  la  Fiscalía General de primera y segunda instancia,  las que se calificaron de “imperiosas” (fl. 12), y concluye:   

“Honorables   Magistrados:    Los  funcionarios  judiciales  que  estuvieron al frente de la actuación judicial no  cumplieron  con  el  mandato  constitucional (el último inciso del art. 250) ni  legal  (art.  334  del  CCP-91) y por ende existe una irregularidad de carácter  sustancial  que  afecta el debido proceso (art. 29 de la C.N. y del CCP-91), por  lo  que la actuación está viciada de nulidad desde el instante procesal que se  profirió  la  segunda  resolución de cierre del ciclo investigativo inclusive.   

“Con    esta    deficiente,   precaria  investigación,  todo  lo  contrario  al principio constitucional de la integral  investigación,  es  que  el  sentenciador condena a JOSE ROMULO RODRIGUEZ LOPEZ  como  responsable  de  haber  infringido  los  artículos  305 y 306 del Código  Penal.   

“La falta de una investigación integral es  trascendente,  tanto  que  desembocó  en  la ilegal y desacertada sentencia que  impone  la  condena  de  mi  defendido.   Era indispensable que se hubieran  averiguado  las  citas  y  constancia  que  dejó  sentadas  en sus descargos el  indagatoriado.   

“Como  puede percibirse, de haber existido  una  investigación  integral,  otro hubiera sido el tratamiento judicial dado a  mi defendido y la sentencia hubiera sido absolutoria.   

“Es violación al principio constitucional  de  la  investigación  integral  no  haber  practicado las pruebas que hubieran  corroborado  la veracidad de las afirmaciones de mi cliente.  No se hubiera  incurrido  en  el  falso  juicio  de  existencia  (hecho punible) anotado por el  Tribunal  como que había certeza de la existencia del hecho”  (fls. 13 y  14).   

Cita  las sentencias de febrero 25 de1993 y  octubre  de 1994, proferidas por esta Sala con ponencia de los magistrados Edgar  Saavedra Rojas y Guillermo Duque Ruiz.   

                      Segundo  cargo   

                   Mencionando  las  mismas  disposiciones  legales y con los mismos argumentos, vuelve aquí el  actor  a  solicitar  la  nulidad por atentado a la investigación integral, y en  esos términos repite a folio 19:   

“Si   la   investigación  hubiese  sido  integral,  no  habría  la  incertidumbre  que  plasma  el Honorable Tribunal en  referencia  a  la  pericia  psiquiátrica  y  evaluación del trauma que aparece  presuntamente  injuriando  a  la  menor  después  de dos años de presentada la  denuncia  y  de dictada la inhibición, de llevarse a cabo esta diligencia, como  lo  ordenó  la  Fiscalía  8a. en su reapertura; y que así mismo recomendó el  Psiquiatra  general  Dr.  SANCHEZ  VERGARA, no se tenía porqué haber acudido a  juicios supletivos de la prueba”   

”Pues            bien, si se hubiera verificado la  reparación  ante  Automercantil  de  Bogotá  como venía ordenado, de no haber  sido  renuente  el  Juzgado de instancia que adoptó un mutismo absoluto para no  pronunciarse  acerca  de  la  admisión o rechazo de la documentación que se le  solicitó  como  prueba  sobre  la  reparación  del  Mercedes  Benz, que estaba  obligada  a  constatar,  el  sentenciador  no  habría acudido a especular sobre  circunstancias de tiempo  y lugar”.   

                         Pide  entonces  que  se  decrete la nulidad “a partir de la resolución que decretó  el  segundo  cierre  del  ciclo  investigativo,  inclusive,  para en su lugar se  decreten   y   practiquen  las  pruebas  señaladas  para  lograr  el  grado  de  certeza”.   

                       Tercer  cargo   

                     Aquí de  nuevo  reitera  la  misma  causal de nulidad y, como en el precedente reproche y  con  mención del artículo 246 del Código de Procedimiento Penal, recuerda que  toda  providencia  debe  fundarse  en pruebas legal y oportunamente allegadas al  proceso  y  precisa  que  “pese  a  la  existencia  del sistema de la libertad  probatoria,  era  ideal que se reconociera el dictamen pericial para que el juez  de  instancia no hubiera cometido el error de hecho, que cometió” (fl. 20), y  añade  que tal era el procedimiento necesario para “comprobar lo afirmado por  el  médico  particular,  Dr.  FABIO  MORALES  PEREZ,  que dos años después de  denunciados  los  hechos  de  corrupción,  siendo  que  fue  precisamente  esta  circunstancia  nova  y sobreviniente la que se arguyó para provocar después la  apertura  de  la  investigación, cuando inicialmente siendo de suma importancia  no se planteó en la denuncia”.   

                      Dice  a  renglón seguido:   

“Por  otra  parte, cuando se contraría la  evaluación  psiquiátrica  de  Medicina  Legal;  y  aún  más,  sí  choca  la  sintomatología  contenida  en la constancia y en el testimonio de dicho privado  con  el  excelente  rendimiento  académico  constatado  en  los certificados de  estudios  de  la  menor  en el Colegio Isabel la Católica, donde cursó el año  lectivo coincidente con la época de los vejámenes”.   

                  Advierte que  “el     Tribunal    consideró    mal    efectuada    la    prueba    pericial  técnico-científica”  (fl.  21)  e  insiste en que no existe en el proceso la  certeza  que  se  exige  para  condenar  y  que  “la  investigación integral,  imponía  despejar  la  incertidumbre,  practicando  las pruebas aducidas en los  descargos  por  el  procesado.  Así mismo aquellas que fueron motivo de la  reapertura:    inmediaciones,  verificación  de  documentales  y  pericias  técnicas  oficiales para un verdadero nivel y logro de la certeza, que exige el  artículo   247   del  Código  de  Procedimiento  Penal”  (fl.  21  infra.  y  22).   

                     Cita como  violados  los  artículos  250  y  29 de la Carta Política, 333, 1o., 246, 247,  264,  266  a 273 del Código de Procedimiento Penal, 305 y 306 del Código Penal  (fl. 22).   

                         Sin  solución  de continuidad afirma la “violación indirecta de la ley sustancial  por  la  existencia  de  plurales  errores de hecho originados en varios juicios  (sic.)  de  existencia:  La  suposición  y contraposición ante dos situaciones  probatoriamente   calificadas,   derivadas:   de  la  Inspección  Judicial  allegada  a  la  instrucción  y  de  la  ausencia posterior a la ordenada en la  reapertura  de  la investigación con asistencia de la menor, negada además, en  las  pruebas  del  juicio;  el  desechamiento de la pericia existente técnico –  científica  de  Medicina  Legal pero la ausencia de otra igual, sustituyéndose  por  falsos  juicios.   La no verificación probatoria ordenada en torno al  tiempo,  modo  y  lugar,  es  decir:   época  en  que pudieron ocurrir los  sucesos,  escenarios  dónde  pudieron  realizarse,  suplidas en la búsqueda de  certeza,   mediante   plurales   juicios   de   legalidad,   en  la  valoración  indiciaria”  (fls.  21  infra.  y 22).            

         

                     Cita  el  artículo  220-1  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  recuerda lo que “el  Tribunal  de  Distrito Judicial consideró para condenar a JOSE ROMULO RODRIGUEZ  LOPEZ”,  y lo que igualmente “dejó de lado” (fl. 23 infra.), involucrando  dentro de esto último:   

“Las  falencias  de  certeza”  sobre  la  responsabilidad  del  acusado, fueron advertidas cuando “se produjo el segundo  cierre  de  la  investigación…aunque  estaban vigentes en esta otra ocasión,  los  artículos  56  y  58  de  la  Ley  81  de  1993 sustitutivos de las normas  derogadas  (438  y  439  del  Decreto  2700  de  1991),  declaradas parcialmente  inexequibles  por  la  Honorable  Corte  Constitucional  (Sentencia  del  28  de  septiembre de 1993).   

“Que, el artículo 439 ibídem derogado que  precavía  procesalmente la reapertura, “…cuando no  hubiere   lugar   a   proferir  estas  determinaciones  (preclusión   o  acusación)  el  Fiscal  continuará  adelantando  la  instrucción”  (parte inexequible),  que  después se reemplazó por el artículo 59 de la ley 81 de 1993, posible de  aplicar  entonces:   cuando  no  hubiere  lugar  a proferir determinaciones  como:  preclusión  o acusación; una vez vigente la nueva normatividad (art. 59  ley  81/93),  llevaba  consigo  como  obvia  calificación sin certeza:  la  preclusión  de  la  instrucción,  luego  de  discurrir  casi  2  años  de  la  reapertura (artículo 329 sustituido por la ley 81/93).   

“Que,  violadas  las  formas  propias  del  proceso,  seleccionada  la situación desfavorable, se presumió la culpabilidad  (art.   5  del  C.P.)  del  enjuiciado,  antes  que  imperara  el  principio  de  presunción   de   inocencia   445   C.P.,P.).    Se  acusó  y  avocó  la  causa.   

“Que, la falencia de certeza, fue aún más  grave  en  la  causa,  si  se  tiene  en  cuenta  que en ésta se compilaron las  pericias  psiquiátricas  llevadas a cabo por Medicina Legal, de la menor; y del  procesado    respectivamente.     Pero    fueron    desestimadas   por   el  sentenciador”:    (fls.   23   infra.  y  24).   

          De  nuevo  dice  que la sentencia impugnada se basó únicamente en  el  testimonio  de  la  menor,  y  estima  que  el  artículo 441 del Código de  Procedimiento     Penal    (requisitos    sustanciales    para    acusar)    fue  “restrictivamente  interpretado”  (fl.  25),  hace  algunas  consideraciones  probatorias  sobre  los dichos de la menor-víctima y del procesado y tilda como  violados  los  artículos  33, 228 y 29 de la Carta Política, 333, 1o., 283, 2,  9,  10,  18,  441,  445, 446, 448, 58 (ley 81 de 1993), 362, 364, 334, 329, 328,  246, 300, 301, 302, 250 y 247 del Código de Procedimiento Penal.   

          Pide  entonces  que  se  case  la  sentencia,  “decretándose  la  nulidad  de  lo  actuado a partir de la providencia que decretó por segunda vez  el  cierre  de  la  investigación inclusive, para que el órgano investigador y  acusador  proceda  a  dar  cumplimiento  a  sus deberes constitucionales” (fl.  28).   

         CONCEPTO DE LA PROCURADURIA   

          Causal tercera   

          El  señor  Procurador  Primero  Delegado  en  lo  Penal dice que a  “los  tres  cargos  se observa que en ellos el demandante se refiere a un solo  aspecto,  cual  es  la  violación al principio de “investigación integral”  contenido  en  el  artículo  333  del  C.  de  P. Penal que a juicio del censor  transgredió  el  debido  proceso” (fls. 18 infra. y 19 cdno. Corte), pero que  tal  afirmación  no  la sustenta el actor, pues no precisa la incidencia que la  omisión  de  pruebas señaladas tenga frente al fallo impugnado, “posibilidad  de  trascendencia  que  en  rigor  de  técnicas  es imperativo plantear para la  prosperidad  de  la  demanda”, máxime que el sentenciador tuvo como infirmada  la  versión  del  acusado  en el sentido de que para la época de los hechos su  automotor  “Mercedes  Benz”  (que se ha tenido como uno de los escenarios de  la   corrupción   imputada)   se   hallaba   en   reparación  en  Santafé  de  Bogotá.   

          En   cuanto   a  la  inspección  judicial  en  el  establecimiento  comercial  de  propiedad  del  acusado,  dice que el juez la negó por estimarla  ineficaz,  pues  así  no  haya  sido con intervención de la menor-víctima, de  todos modos ya se había practicado.   

          Y  acerca  del  “literal  d),  esto  es,  la  no  aceptación del  sentenciador   de  las  conclusiones  del  dictamen  siquiátrico  de  la  menor  Cristobalina  Atencio,  nada  tiene  que  ver  con  la nulidad por violación al  debido  proceso,  pues se trata de la facultad valorativa de la prueba que tiene  el fallador dentro de los límites de la sana crítica” (fl. 21).   

          En  su  sentir, el actor no logra, además, “desvirtuar la prueba  existente  en  contra  del procesado”, y, antes bien, “como bien lo anota el  fallador  la  responsabilidad  del acusado en el delito investigado se demuestra  no  solo  con  la  versión  de la menor Cristobalina Atencio, a quien le otorga  plena  credibilidad,  sino  con  los  testimonios  de los médicos Fabio Morales  Pérez  y  Clara Virginia Alvarez León, quienes tras examinar a la menor le han  descubierto,  según  dicen,  un  trauma  producido  por  un  abuso  sexual, que  originó  un  tratamiento  por un tiempo largo (más de un año), a fin de hacer  de  la experiencia sufrida algo menos lamentable para el desarrollo emocional de  la  víctima”  (fls.  21  y 22 supra).                    

          Cita  la  sentencia  de  marzo 2 de 1992, en la cual esta Sala, con  ponencia  del  magistrado  Juan  Manuel Torres Fresneda, trató el tema de “la  investigación  integral”  (fl.  22), y concluye que los cargos por nulidad no  pueden prosperar.   

         

          Causal primera   

          Advierte  que  esta  censura  “presenta yerros técnicos que hace  que   las   pretensiones   del   actor   no   puedan   prosperar”   (fl.  22),  pues:   

-”El  recurrente  no  identifica  en forma  clara  y  precisa  los  fundamentos  de la causal de impugnación que invoca, ni  determina  la  manera  como los presuntos yerros del fallador en la apreciación  probatoria  incidieron en la sentencia desfavorable al procesado, requisitos que  para la demanda de casación exige la ley” (fls. 22 infra. y 23).   

          -Con   respecto  al  falso  juicio  de  existencia  aducido,  “el  reproche  carece  de  fundamentación  en  razón  a  que no señala la prueba o  pruebas  que  omitió considerar el juzgador, o el medio o medios de convicción  que   sin   obrar   en   el   proceso   supuso  el  sentenciador”.           

          -Lo  que  hace  el censor es anteponer su criterio al del fallador,  en  cuanto  a  la  valoración  probatoria que hizo éste, “lo que es no es de  recibo en sede del recurso extraordinario de casación”.   

-”El demandante desatiende el principio de  autonomía  de  las  causales  de  casación  al entrelazar en su argumentación  aspectos  propios  de  la  causal tercera (nulidad), como la supuesta violación  del  debido  proceso por desatención al principio de la investigación integral  al  no  haberse cumplido con la “verificación probatoria” ordenada en torno  al   modo,   tiempo   y   lugar   en   que   ocurrieron   los  hechos”(fl.  23  infra.).   

          Estima que la demanda entonces no prospera.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

          Los tres cargos de nulidad.   

          A  esta  Sala le parece en verdad extraño que la casacionista haya  sustentado  en  tres  cargos  independientes  el  mismo  disenso casacional; que  existe  nulidad  porque  se  violó  el  principio  de  investigación  integral  previsto  en  el  artículo 333 del Código de Procedimiento Penal, ya que en su  sentir  no  se  practicaron  pruebas  que  incidirían  en  la  certeza sobre la  existencia  del  hecho  imputado  y  sobre  la responsabilidad del acusado en el  mismo,  como  son  la  recepción  de  testimonio  a varias personas citadas por  aquél   para   corroborar  su  dicho,  el  allegamiento  de  varios  documentos  tendientes  a  demostrar  que  el vehículo “Mercedes Benz” que se ha tenido  como  uno de los escenarios de los actos corruptores, estuvo desde enero de 1990  -y  por  varios  meses-  sometido  a  reparación  en  la  ciudad de Santafé de  Bogotá,  y  que  tampoco  se  practicó  antes  de  la  acusación  un peritaje  psiquiátrico  a  la  menor  CRISTOBALINA ATENCIO GONZALEZ, como también que el  practicado  en la etapa de la causa permite proseguir en la incertidumbre acerca  de   los  daños  presumiblemente  sufridos  por  ella  a  raíz  de  los  actos  corruptores en mención.   

          Dada  la  referida  comunidad,  pasa entonces la Sala a examinar la  censura:   

          1.-   Sea  lo  primero advertir que la demandante, no obstante  estar  planteando la mencionada nulidad, dedica buena parte a demeritar el dicho  de  la  menor-víctima,  pretendiendo  que  se dé credibilidad, en cambio, a la  versión  del  acusado,  realizando igualmente sus propias consideraciones sobre  la  época  en  que se dicen cometidos los hechos corruptores, para concluir que  como  para  la  misma  el automotor de aquél estaba reparándose en Santafé de  Bogotá,  es  mentira  que  en  aquél  se  haya realizado la conducta objeto de  reproche.   

          Esas    alegaciones    sobre    mérito   probatorio   no  pueden  hacerse  al  amparo  de la causal tercera de casación,  que  prevé  vicios  de procedimiento o de actividad,  sino  en  el  marco  propio  para  dicho  efecto que es la causal primera cuerpo  segundo (art. 220-1 C.P.P.):  violación indirecta de la ley.   

          2.-    La   actora,   además,   no  demuestra  cuál  es  la incidencia de los testimonios  que  tilda  de  omitidos  en la responsabilidad de su representado en los hechos  concretos  objeto  de  acusación  y  condena:   la  realización  de actos  corruptores  con  su  ahijada CRISTOBALINA, como tampoco lo hace con relación a  una  nueva  inspección  judicial  con  presencia  del  procesado en el almacén  -vivienda-  de propiedad de éste, y finalmente cabe predicar igual falencia con  respecto  al  dictamen  de psiquiatría a practicar en la citada menor, dictamen  que,  de  suyo,  no  tiene la aptitud para siquiera debilitar la imputación que  soporta  JOSE  ROMULO  RODRIGUEZ LOPEZ:  haber realizado repetidamente, con  la  referida  menor  de  14  años  de  edad,  actos sexuales diversos al acceso  carnal,  imputación  que  el  fallo  hace  descansar  fundamentalmente  en  los  testimonios  de aquélla, de sus padres y de los médicos IVAN JOSE ORTIZ, CLARA  ALVAREZ  y  FABIO  MORALES PEREZ, quienes de alguna manera trataron a la menor a  raíz  de  los  hechos  en cuestión, especialmente el último de los nombrados,  “psiquiatra  infantil”  que  incluso  dijo  que  ella  le  comunicó que los  referidos  actos  sexuales  los había realizado  “mi padrino” (fl. 104  cdno. Nro. 1).   

          En  sentencia  de marzo 2 de 1995 -que cita la Delegada-, dijo esta  Sala  con  ponencia  del  doctor  Juan Manuel Torres Fresneda:  “Tanto la  negativa  como  la  omisión  de pruebas, deben significar:  la primera una  forma  de  obstaculizar  el  ejercicio  de la defensa y, la segunda, una inercia  censurable  de  los  jueces.   Es  necesario,  por  consiguiente, que tales  circunstancias  afecten  grave  y  ostensible  el derecho de defensa.  Esta  exigencia  se  alcanza  si  las  pruebas que se niegan y omiten son sustanciales  porque   apuntan   a   la   responsabilidad   del  procesado  para  excluirla  o  atenuarla.   No basta afirmar esa dirección de las pruebas no practicadas,  es  fundamental  que  emerja de la investigación la posibilidad de que tiene un  contenido   capaz  de  modificar  favorablemente  la  situación  jurídica  del  inculpado.   Solo  sobre  bases  conocidas  en  el  proceso que revelan esa  capacidad   transformadora   procede   alegar   la   nulidad”  (fl.  22  cdno.  Corte).   

          3.-   En  todo  caso,  la  Fiscalía 36 de Cartagena, mediante  resolución  de  diciembre  6  de  1993  (fl.  293 cdno. Nro. 2), ordenó varias  pruebas,  entre  éstas  varias  de  las  solicitadas  por  la  defensora  aquí  demandante,  entre  ellas  el allegamiento de los documentos y testimonios sobre  la  reparación del automotor del acusado, y en cuanto a la inspección judicial  en  el  almacén-vivienda  de aquél, solicitada nuevamente por la defensora, el  Juzgado  de  conocimiento, por medio de auto de marzo 17 de 1995, resolvió (fl.  400  id.):   “Como ya se practicó inspección judicial en la “Casa del  Sonido”  este Juzgado no accede a igual petición formulada por la defensa”,  decisión no recurrida por la solicitante.    

          Con  respecto al tema de la reparación del vehículo en cuestión,  el  sentenciador  de  primer  grado,  con  respaldo  en  la  prueba  respectiva,  consideró  que  si  bien  el mismo se encontraba en esta capital desde enero de  1990,  el  denunciante padre de la menor dijo que los actos sexuales corruptores  se  habían  iniciado  “seis  meses  antes”,  lo  que  indica que los mismos  alcanzaron   a   darse   a  finales  del  año  1989  (fl.  605  cdno.  No.  3),  consideración  compartida  por  el  sentenciador  de segunda instancia (fl. 126  cdno. No. 4).           

          También   dicho   Juzgado   ordenó   la  práctica  del  peritaje  psiquiátrico  de la menor, concluyendo éste que “la examinada desde el punto  de  vista  forense  no  presenta ningún trastorno psiquiátrico de importancia,  así  como  tampoco  se  encuentra comprometida su capacidad intelectiva” (fl.  446-2).    

         

          Como   se   ve   la   nulidad  en  esos  términos  deficientemente  planteados,  no  tiene asidero alguno fáctico-jurídico,  por lo cual este  “triple” cargo no prospera.   

          Cargo de violación indirecta   

          El  actor  anuncia aquí “plurales errores de hecho originados en  varios  juicios  (sic)  de  existencia”  (fl. 22), pero aparte de que yerra al  reiterar  con el cargo de nulidad las pruebas que no fueron practicadas, insiste  en  el  “grado  de  certeza”  que  se echó de menos cuando por dos veces el  sumario  se  cerró,  olvidando  que  en casación se  ataca   es  un  momento  procesal  diverso:   la  sentencia,  y la  que  aquí  se impugna reiteró que existía tal grado de certeza, no sólo en cuanto  a   la   existencia   del   hecho  sino  en  cuanto  a  la  responsabilidad  del  procesado.   Dijo  al  respecto  el  Tribunal  fallador  (fls. 129 infra. y  130):   

“Entonces para la Sala, es evidente que la  existencia  del  delito  y  la  responsabilidad del señor JOSE ROMULO RODRIGUEZ  LOPEZ   se   encuentran   plenamente   demostrados,  al  conferírsele  completa  verosimilitud   a   las  declaraciones  de  los  testigos  que  presenciaron  el  desarrollo  patológico  y  traumático de la menor, así como también se le da  completo  crédito  a  la  versión  de  ésta,  careciendo  de contundencia los  testimonios  de  abono  y  descargos  del  procesado,  y quien tras hacerse a la  confianza  de  la víctima con las apariencias de estimación, cariño, dádivas  etc.,  habida cuenta de la edad de la víctima y de su posición autoritaria que  obligó  a  la  ofendida  a  mantener  en  él  su  confianza,  logró flanquear  fácilmente el muy débil consentimiento de su ahijada”.   

          Además  el error de hecho por falso juicio de existencia se comete  cuando  el  fallador ignora pruebas decisivas que obran en el proceso, no cuando  éstas  se  dejan  de  practicar,  evento  en  el cual el motivo de alegar es la  nulidad, como se consideró al responder la primera censura.   

          2.-   Dice  la casacionista que la omisión de las pruebas fue  suplida   por   “plurales  juicios  (sic.)  de  legalidad  en  la  valoración  indiciaria”,   afirmación   enteramente   ajena   a  los  errores  de  hechos  anunciados,  además de estar erróneamente elaborada, ya que el falso juicio de  legalidad  es  una  modalidad  del  yerro  de derecho y, en segundo término, la  valoración  indiciaria  es  atacable  por  error  de hecho como falso juicio de  identidad,  si  lo  que se controvierte es la ïnferencia lógica” prevista en  el artículo 300 del Código de Procedimiento Penal.   

          3.-   Resulta  igualmente  exótico  dentro  de  este cargo de  violación  indirecta  que  la  demandante afirma “violadas las formas propias  del   proceso,   seleccionada   la  situación  desfavorable,  se  presumió  la  culpabilidad  (  5o.  C.P.)   del  enjuiciado,  antes  de  que  imperara el  principio  de presunción de inocencia (445 C.P.P.).  Se acusó y se avocó  la causa” (fl. 24).   

          Aquí  no  sólo  vuelve  a  referirse  la  actora  a situaciones y  decisiones     distintas    al    fallo,  sino  como  mencionaban  los artículos 438 y 439 del Código de  Procedimiento  Penal,   modificados por los artículos 56 y 58 de la ley 81  de  1993,  es  necesario  que esta Sala haga ver que cuando se revocó el primer  cierre  investigativo  (marzo 31 de 1993), de un lado, no estaba vigente aún la  ley  81  de  1993  y,  del  otro,  la  Corte  Constitucional no había declarado  inexequible  (sentencia  de  septiembre  28  de  1993)  la  parte  subrayada del  artículo 439 del Código en mención:   

“Formas de calificación.  El sumario  se   calificará   profiriendo   resolución  de  acusación  o  resolución  de  preclusión   de   la  instrucción.   Cuando  no  hubiere   lugar   a   proferir   estas  determinaciones  el  fiscal  continuará  adelantando  la  instrucción”.            

          O  sea  que cuando el fiscal revocó el primer cierre investigativo  y  dispuso  proseguir la instrucción, dio cumplimiento a dicha disposición, es  decir que, en rigor, no calificó el sumario.   

          4.-   El  resto  de  la  demanda  no hace sino consideraciones  personales   sobre   el   valor   que   la   actora   le   da   a   determinadas  pruebas,   sin   referirse   a  toda  la  prueba  de  cargo,  pretendiendo  que  se  le crea al procesado y  controvirtiendo  el  razonamiento ponderado del Tribunal en el sentido de que la  delincuencia imputada comenzó a finales de 1989.   

          Ahora  bien:   allí  se califica de increíble la afirmación  de  la  menor de que en uno de los tocamientos sexuales de que fue objeto por su  padrino   ella   “botó  un  líquido  amarillo”  por  la  vagina,  pero  el  sentenciador de primera instancia trató así dicho tema:   

“Sobre este aspecto no hay duda alguna que  la  lubricación de la mujer se produce por la excitación lo cual no es lógico  le  ocurra  a  una  menor  de  7  a  8  años; pero al decir la pequeña que era  amarillo,  ya  denota  cierta anormalidad puesto que por lo general ese flujo es  transparente,  esa coloridad del líquido que botaba podía deberse a otra causa  por  ejemplo  infección  lo  cual  no  es  descabellado  y  según  el  padre y  ratificado  por  el Dr. Tuñón, la ginecóloga que la atendió le comentó algo  al respecto” (fl. 611 cdno. No. 3).   

          En  este  cargo,  además de deficiente e  incompleto,  la  casacionista  soslaya  que,  como se  anotó  en  precedencia,  que   el  fallador  tuvo  en cuenta para declarar  probada  la  responsabilidad del acusado, no sólo las versiones de la menor, de  sus  padres  y  de  los tres precitados médicos, sino que además del automotor  también  pudo  servir de escenario para los actos sexuales el almacén-vivienda  del  procesado,  aparte  de  calificar de “descabellada hipótesis” (fl. 118  cdno.  No.  4) la insistentemente planteada por la defensa, en el sentido de que  la  imputación  obedeció a una alianza de los padres de la menor con la esposa  del  acusado (Martha Lizarazo) para obtener de aquél provecho económico.   Consideró  al  respecto  que  esa  hipótesis  era inadmisible, no sólo por la  vieja  y  estrecha  amistad  que existía entre dichos compadres, sino porque la  pareja  no  iba  a  perjudicar  a  su  pequeña  hija  involucrándola  en  esos  hechos.   

          Las   precedentes   consideraciones  llevan  inexorablemente  a  la  improsperidad  de este cargo y, con él, el de la demanda, razón por la cual el  fallo impugnado no se casará.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  de  acuerdo  con  el  concepto  de la Delegada, administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por autoridad de la ley,           

         RESUELVE   

          1.-      NO    CASAR la sentencia impugnada.   

          2.-    En   firme,  devuélvase  el  proceso  al  Tribunal  de  origen.   

          Cópiese, comuníquese y cúmplase.   

JORGE ANIBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL                           JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                  EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUÉS                           CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                   YESID RAMIREZ BASTIDAS   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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