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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

NILSON E. PINILLA PINILLA  

Aprobado Acta N° 26  

Santafé  de Bogotá, D. C., veinticinco (25)  de febrero de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

ASUNTO:  

Se  resuelve  sobre  la  admisibilidad  de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  RAMIRO  REYES BALLEN,  condenado por un delito culposo agravado de homicidio.   

HECHOS Y ANTECEDENTES PROCESALES:  

Aproximadamente  a la una de la mañana del 2  de  mayo  de 1993, en la intersección de la carrera décima con calle 22 sur de  Santafé  de  Bogotá,  chocaron  el  bus  “ejecutivo”  de  placas  SFK 409,  conducido  por  RAMIRO  REYES  BALLEN  en  dirección  oriente-occidente (por la  calle),  y  el  automóvil  Fiat  particular  de  placas  HL 4684, conducido por  Héctor  Briceño  en  dirección  sur-norte (por la carrera), quien falleció a  consecuencia  de  las  heridas  sufridas en la colisión. También viajaba en el  automóvil y resultó lesionado su propietario José Antonio Díaz.   

Oído REYES BALLEN en indagatoria, el día 10  de  los  mismos  mes  y año la Fiscalía 97 Seccional de Santafé de Bogotá le  profirió  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva, “como presunto  responsable  de  los  punibles  de  homicidio y lesiones personales cometidos en  accidente de tránsito” (f. 53 cd. 1).   

El  14  de  marzo  de  1995,  la Fiscalía 15  Seccional  profirió resolución de acusación contra RAMIRO REYES BALLEN por el  concurso  de  los  mencionados  delitos  culposos,  agravados  porque  conducía  embriagado  y  escapó  injustificadamente  del lugar de los hechos. Además, le  revocó   la  libertad  provisional  que  venía  disfrutando  (fs.  273  y  Ss.  ib.).   

Apelado este enjuiciamiento por la defensora,  fue  confirmado en todas sus partes por la Unidad de Fiscalía Delegada ante los  Tribunales  Superiores de Santafé de Bogotá y Cundinamarca, el 24 de julio del  mismo año (fs. 25 y Ss. cd. respectivo).   

El adelantamiento del juicio correspondió al  Juzgado  Décimo  Penal  del Circuito de Santafé de Bogotá, despacho que el 12  de  agosto  de  1996  condenó a RAMIRO REYES BALLEN, por el concurso de delitos  culposos  agravados  de  homicidio y lesiones personales, imponiéndole 40 meses  de   prisión,   suspensión   en  el  oficio  de  conductor  de  automotores  e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo tiempo, multa de  $6.000  y  la  obligación  de  indemnizar,  en concreto y solidariamente con el  dueño  del  bus,  Manuel  Alfonso  García  Pecellín,  vinculado  como tercero  civilmente  responsable,  los perjuicios causados con los delitos cometidos (fs.  403 y Ss. cd. 1).   

Apelado este fallo por el defensor y apoderado  del  tercero  civilmente  responsable,  el  26  de noviembre de 1996 el Tribunal  Superior   de   Santafé  de  Bogotá,  Sala  de  Decisión  Penal,  lo  revocó  parcialmente  en  lo  referido  a  las lesiones personales, incluida la atinente  indemnización  de   perjuicios,  al  estimar que no constituye delito sino  contravención  penal  especial,  dada  la  incapacidad  inferior a 30 días sin  secuelas,  que  por ello requería  proceso diferente, a cuyo efecto ordena  compulsar  las correspondientes copias. Confirma lo relacionado con el homicidio  culposo  agravado,  bajando  la  duración  de las penas a 36 meses y la multa a  $5.000  (fs. 30 y Ss. cd. Trib.). Contra esta sentencia, la defensa interpuso el  recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA DE CASACION:  

El impugnante aduce, para pedir la revocación  del  fallo,  “la  causal prevista en el Art. 220 del C.P.P. numeral 1° cuerpo  segundo,   porque  la  sentencia  es  violatoria  por  violación  indirecta  al  infringir  los  Arts. 246, 248, 254, y 294 del C.P.P. debido a errores evidentes  de  hecho  en  que  incurrió el ad quem por la errónea apreciación de pruebas  que    lo    llevaron    a   interpretar   erróneamente   el   Art.   330   del  C.P.”.   

Dos  son los “errores evidentes de hecho”  en    que    incurrió   el   juzgador   de   segunda   instancia,   según   el  censor:   

    

1. Que  el  semáforo de la avenida Primero de Mayo con carrera décima  se  encontraba  intermitente,  teniendo la prelación el vehículo en el cual se  movilizaba el hoy occiso.     

    

1. Dar  por demostrado, sin estarlo, que el acusado transitaba a exceso  de velocidad y huyó del sitio de los hechos.     

Enumera   como   pruebas   “erróneamente  apreciadas”  la  declaración de oídas de Luis Alejandro Linares, cuñado del  occiso,  quien  luego  de  “más de un mes de sucedidos los hechos”, aparece  extrañamente  con  tres  testigos, Telmo José Bernal, Martín Emilio Contreras  Páez  y  Gerardo  Ruiz  Moreno,  que  no  fueron  referidos como tales “en el  informe   de   accidentes   y  menos  en  las  diligencias  preliminares  de  la  Fiscalía”,  quienes  presentan “afirmaciones tendenciosas”, las cuales el  casacionista  reseña  y  confronta a su manera con lo expuesto por el agente de  tránsito  José  Agustín  Fernández  Gómez,  por  el  indagado  Ramiro Reyes  Ballén y por el lesionado José Antonio Díaz.   

Asevera  el  defensor  que  aquéllos  tres  testigos  mienten  cuando  afirman que el semáforo de la intersección donde se  presentó  el  choque  se  encontraba  en  ese  momento intermitente, “mienten  igualmente  cuando dicen que el piso estaba seco y no había llovido” y cuando  afirman  que  el  bus  ejecutivo venía a excesiva velocidad, contradiciéndose,  también  por  mentir,  cuando refieren la forma como sucedió el accidente, los  daños  sufridos por el automóvil, “el sitio en que quedaron los ocupantes de  éste…  la  fuga  supuesta  del bus ejecutivo” y que estuviera embriagado el  conductor  del  bus,  a quien ni siquiera logran describir físicamente ni cómo  se hallaba vestido.   

En  la  opinión  del  recurrente,  esos tres  testimonios  fueron  apreciados en forma errónea por el ad quem, a pesar de que  “difieren  totalmente  de los demás medios probatorios obrantes en el proceso  y  sin  tener en cuenta las reglas de la sana crítica y además la apreciación  en  conjunto  de  todos  los  medios  probatorios recaudados para establecer que  tales     testimonios     son     totalmente     contrarios    a    la    verdad  procesal”.   

Para  concluir,  reitera  que  si el Tribunal  hubiese  apreciado las pruebas acertadamente, hubiera concluido que el procesado  no  fue  el  responsable  del ilícito. Así, pide a la Corte casar la sentencia  impugnada   y  absolver  a  RAMIRO  REYES  BALLEN.        

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

Esta     corporación    se      encuentra     impedida     por    la    ley   para ajustar        formalmente                 a                sus    requerimientos        una        demanda     que    no        los        cumple,        en    la     cual,    además,    no   se  está  planteando   ni    desarrollando   debidamente   el    cargo    por   los eventuales   yerros    en    que   se  haya  incurrido  al  resolver  el               proceso,              sino    que           simplemente           se    vuelve    a   presentar una   

alegación  de  instancia,  insistiendo  en  personales  puntos  de  vista  sobre  los aspectos que pueden favorecer la causa  defendida  y  dejando  sin  mención  o  deformando  los  que le son contrarios,  pretendiendo  así  que  la  Corte  Suprema  de  Justicia  conceda valor a tales  eventualidades,  por  encima  de  la  apreciación  probatoria  que  ha  quedado  plasmada  en el fallo y que se entiende sustentada con respeto a los dictados de  la  sana  crítica  y  observando  los  postulados de la lógica, la ciencia, la  experiencia  y  el sentido común, estimación que viene acompañada de la doble  presunción  de  legalidad  y  acierto  y  prevalece  mientras  no  se demuestre  seriamente    que    es   desatinada   en   sus   fundamentos   y   valoraciones  cardinales.   

Así  ocurre  en  el  presente caso, donde el  censor  no acredita algún error trascendente, sino que se esfuerza en anteponer  sus  particulares y subjetivos enfoques contra las apreciaciones sustentadas por  el  Tribunal,  reclamando que la Sala prefiera su criterio. Olvida que la simple  discrepancia  de opiniones frente a lo estimado por la judicatura en cuanto a la  verosimilitud  o  credibilidad  de  unos  elementos de prueba, en un régimen de  libre  apreciación  racional  como  el  que  rige  en  Colombia,  no  puede ser  censurada  como  error  en la evaluación probatoria, ni da soporte a una causal  de casación.   

Los  “errores  evidentes  de  hecho”  que  quiere  endilgarle  al  Tribunal,  sin  definir  si  lo  son por falso juicio de  existencia  o falso juicio de legalidad, que supuestamente llevaron al ad quem a  tener  por  demostrados el exceso de velocidad del bus, la huida de su conductor  y  que  el  semáforo  de  la  intersección donde se presentó el choque estaba  intermitente  a  la  una  de  la  mañana (-como es habitual a esa hora e impone  adicional  cuidado,  quedando en el caso con la prelación la importante carrera  décima  capitalina-),  no  son  más  que  aseveraciones  vacuas, de las cuales  ningún error judicial dimana.   

Convergente  con  lo anterior, en su deber de  citar  las  normas  sustanciales  que  estime  infringidas  por  el juzgador, el  libelista  refiere  del  Código Penal como quebrantado únicamente su artículo  330,  con  lo  cual  da  a  entender  que  la pretendida violación indirecta se  contrae   a   que  se  le  hayan  cargado  a  su  defendido  las  circunstancias  específicas  de  agravación  punitiva del homicidio culposo, por hallarse bajo  el  influjo  del alcohol al momento de cometer el hecho y abandonar el lugar sin  causa justa.   

Pero  es  ostensible  que  al  especificar su  pretensión  va más allá, pues no solo busca rebatir la configuración de esas  causales   de   incremento  punitivo,  sino  que,  sacrificando  la  claridad  y  coherencia  que  han de imperar en la cimentación del cargo, demanda nada menos  que  la  absolución  para  su  representado,  aspiración  que queda ausente de  respaldo formal.   

Por las omisiones e imprecisiones referidas,  se  impone  legalmente el rechazo de la demanda, de conformidad con lo dispuesto  por  los  artículos  225  y  226  del  Código  de Procedimiento Penal, lo cual  conduce  a  declarar  desierta  la impugnación, mediante providencia de la Sala  que  no  admite  recurso  alguno  al quedar ejecutoriada en la misma fecha de su  suscripción (art. 197 ib.).   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

RECHAZAR  IN  LIMINE  la demanda de casación  presentada  por  el defensor de RAMIRO REYES BALLEN y, en consecuencia, declarar  desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

No  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                RICARDO         CALVETE  RANGEL   

JORGE        E.        CORDOBA  POVEDA             CARLOS      AUGUSTO      GALVEZ  ARGOTE   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO           CARLOS    EDUARDO    MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA                   NILSON E. PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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