12371j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 12371  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

          Magistrado Ponente   

                                                           Dr.  EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO   

       Aprobado   Acta  No.113   

Santafé de Bogotá D.C., veintinueve (29) de  julio de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          VISTOS   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  defensor de GILBERTO OSPINA ZAMBRANO contra la sentencia de marzo 13 de  1.996,  mediante  la  cual  el Tribunal Nacional condenó a dicho procesado a 25  años   de   prisión  por  los  delitos  de  REBELION  y  SECUESTRO  EXTORSIVO.   

          ANTECEDENTES   

          1.-  En la noche del 6 de agosto de 1.992 Mauricio Arciniégas Vera  se  encontraba  con  unos  amigos en el corregimiento de Pance, jurisdicción de  Santiago  de Cali, cuando arribaron varios miembros del 8° Frente de las FARC y  secuestraron  al mencionado comerciante, exigiendo luego 400.000 dólares por su  liberación.  El  29  de  dicho  mes  Arciniégas fue rescatado por una patrulla  del   Ejército  Nacional  y se fue para su residencia en Manizales, adonde  siguieron  llamando  los subversivos, concretamente el segundo comandante de ese  Frente,  conocido  como  “Marcial”  y que resultó ser Gilberto Ospina Zambrano,  quien  justamente  fue  capturado  por la Policía el 8 de septiembre del citado  año,  cuando  desde  la  ciudad  de  Cali  llamaba  por teléfono a la referida  residencia  de  Arciniégas  Vera.  En  el  momento  de  dicha  aprehensión  se  incautaron  videos  donde  se  daban muestras de supervivencia del secuestrado y  unas  casetes  correspondientes  a  conversaciones  que conciernen a tal delito.   

          2.-  En versión dada ante el Jefe de la Unidad Investigativa de la  Policía  Judicial  (fl.  18 cdno. No. 1), el imputado Ospina Zambrano contó el  recorrido   que   desde   muy   joven   ha  tenido  en  las  filas  subversivas,  reconociéndose  ahora  como  segundo  comandante del 8° Frente de las llamadas  Fuerzas  Armadas  Revolucionarias  de  Colombia  (FARC),  y  haber  realizado el  secuestro que se le atribuye por órdenes de “Alfonso Cano”.   

          3.-  Abierta  la  investigación, la Fiscalía indagó al imputado,  quien  repitió  todos  esos  antecedentes  en  las  filas revolucionarias, pero  afirmó  que  desde  que  perteneció  al M-19 y fue amnistiado, no ha ejecutado  conducta  alguna  contra  las  leyes y que, por tanto, nada tiene que ver con el  referido secuestro.   

          Al   enterársele  de  lo  que  aparece  diciendo  en  la  versión  policial,  respondió  que  fue  presionado y amenazado por la Policía para que  aceptara  en  esos  términos  la  responsabilidad  en  el  secuestro  (fl. 30).   

          –  Decidida la detención preventiva por los delitos de rebelión y  secuestro  (fl. 36), se practicaron varias pruebas y, cerrada la investigación,  ésta  se  calificó  con resolución acusatoria de abril 23 de 1.994, proferida  por  la  Fiscalía Regional de Cali (fl. 349. cdno. No. 2) y se le reprocharon a  Ospina  Zambrano  los  delitos  de  rebelión,  secuestro extorsivo y extorsión  tentada (C.P. arts. 125, 268 -6° dto. 2790/90 y 355).   

          Apelada  por  el  defensor,  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  por  medio  de  resolución  de  agosto  2  de  1.994,  (fl.  398)  confirmó la  acusación  por  rebelión  y  secuestro,  decretando  la  nulidad  parcial  con  respecto  al  delito  de  extorsión,  al considerar que a su respecto se había  sorprendido  al procesado y se imponía la expedición de copias y la ruptura de  la unidad procesal.   

          4.-  Un  Juzgado Regional de Cali citó para audiencia (fl. 570) y,  en  armonía  con  la  acusación,  dictó  sentencia de septiembre 20 de 1.996,  mediante  la  cual  condenó  al  procesado  a  25 años de prisión, fallo que,  apelado  por  el  defensor de Ospina Zambrano, recibió entera confirmación del  Tribunal  por  medio  del  suyo que es objeto del recurso extraordinario (fl. 19  cdno. Tribunal).   

         LA DEMANDA   

          Primer cargo   

          Con  base  en el artículo 220-3 del Código de Procedimiento Penal  se  aduce  la  nulidad  sobre  la  base  de  que  el  fallador  de segundo grado  “desconoció  prueba  documental  glosadas (sic) a la sumaria en cuestión” (fl.  70  cdno.  Tribunal),  en  la  cual  constaba  que “me alzé en reveldía (sic)”  contra  la  decisión que negó la libertad provisional al procesado, apelación  que  fue  concedida  en  el efecto suspensivo, a pesar de lo cual el juzgador de  primera  instancia  dictó  sentencia,  cosa que estima irregular y no advertida  por  el Tribunal, por lo que señala violados “el debido proceso y el derecho de  defensa”,  aparte  de  que,  al  estar  suspendida,  el fallador de primer grado  carecía de competencia.   

          Pide   entonces   la   nulidad   de   lo   actuado   a  partir  del  pronunciamiento  “cuando  la  competencia  estaba  suspendida”  (fl.  71 infra).   

          Segundo cargo   

          Al  amparo  del  artículo 220 citado alega la violación indirecta  de  la  ley,  la  cual  hace  consistir en que en la averiguación preliminar el  imputado  fue  oído en versión libre sin la presencia de un defensor, versión  que  se  tuvo  en  cuenta para condenar, “y la gravación (sic) que se hizo bajo  tortura  física,  como  se  desprende  del  análisis que se realize (sic) a la  transcripción  del  casete  que  se encuentra relacionado a fls…” (fl. 72), y  que parcialmente transcribe el censor.   

          Insiste  en  la  vulneración  del  “principio  de  legalidad de la  prueba” y pide que se case el fallo.   

          Tercer cargo   

          Aduce  la  violación  directa  de  la  ley (art. 220-1 cit. cuerpo  1°.),  por  “exclusión”  del  artículo  268  del  Código  Penal,  ya  que el  secuestro  se  cometió  en  persona no cualificada y sin ánimos terroristas, y  anota  que la conducta se llevó a cabo “antes de la vigencia de la 40 de 1.993”  (fl. 76).   

          Solicita  que  se  case el fallo “en cuanto a la redosificación de  la pena” (fl. 77).   

         CONCEPTO     DE    LA    PROCURADURIA   

         Primer cargo   

         Conceptúa  el  señor   Procurador  Primero  Delegado  en lo  Penal  que  si  bien  el juzgador de primer grado erró al conceder en el efecto  suspensivo  la  apelación  interpuesta  contra  el  auto  que negó la libertad  provisional,  de  todos  modos  el proceso continuó, como era lo legal, pues la  competencia  realmente  no  debía  suspenderse, como lo prevé el artículo 204  del  Código de Procedimiento Penal al consagrar el efecto devolutivo, a más de  que la ejecutoria de esa clase de decisiones es meramente formal.   

         Conceptúa   entonces   que  el  cargo  de  nulidad  no  prospera.   

         Segundo cargo.   

         Con  respecto  a  la  ausencia de abogado en la versión libre que  rindió  el  acusado, opina que esa prueba resulta inválida frente al artículo  29  de la Carta Política y no puede, por lo tanto, ser tenida en cuenta, mas si  se  observa  el  fallo  impugnado  dicha versión “no fue fundamento único” del  mismo   (fl.   11  infra.  cdno.  Corte),  pues  también  se  consideraron  las  declaraciones  de los policiales Bilver Aimel Astorquiza, Lenis Bonilla Gersaín  y  Oscar  Espinosa  Quiñonez,  “quienes al decir del Tribunal ‘dan cuenta de la  situación   de   flagrancia   en  que  fue  aprehendido  el  procesado,  cuando  telefónicamente  insistía  en  las mencionadas exigencias económicas a nombre  de las Farc'”.   

         Añade  que,  además, los cargos fueron ratificados por la propia  víctima  y de tres declarantes que afirman haber recibido llamadas telefónicas  del acusado.   

         Con  relación  a  que  la  referida  versión  libre fue obtenida  mediante  torturas  y  amenazas,  dice la Delegada, que esa afirmación no está  respaldada  en  prueba  alguna  y  no  es  creíble, dado que a dicha diligencia  acudió  como garantía un representante del Ministerio Público, quien no dejó  constancia sobre el vicio argüido.   

         Indica  que,  de  todos modos, ya se dijo que la sentencia atacada  no  dependió  de  esa prueba, pero que como se han denunciado dichas torturas y  éstas  “no  fueron  dilucidadas  en  el  proceso”,  sugiere  que se expidan las  respectivas copias con destino a la Justicia Penal Militar.   

         Considera entonces que el cargo no sale avante.   

         Tercer cargo.   

         Sobre  la  falta  de  aplicación  del  artículo  268 del Código  Penal,  anota  para  la época de los hechos estaba vigente el artículo 6° del  decreto  2790 de 1.990 tipificador del secuestro extorsivo antes previsto en los  artículos  22  del decreto 180 de 1.988 y 268 del Código Penal, no consagrando  dicho  artículo  6°  la  calificación del sujeto pasivo ni la gravedad de ese  delito.   

         Concluye  entonces  que  la  norma a aplicar “era el artículo 268  del  Código  Penal,  modificado  en  cuanto  a la pena por el artículo 6° del  decreto  2790  de  1.990, convertido en legislación permanente por el artículo  11  del  decreto  2266  de  1.991”,  por  lo  cual  el  cargo no debe prosperar.   

         Pide,  pues,  que  la  sentencia  no se case y reitera la referida  expedición de copias.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         Cargo primero   

         Es  cierto  que  la apelación interpuesta contra el auto mediante  el  cual  el  Juzgado Regional de Santiago de Cali negó la libertad provisional  al  procesado, fue concedida en el efecto suspensivo (fl. 627), pero también lo  es  que  tal  cosa  debió hacerse en el efecto devolutivo, como lo enseña, por  exclusión,  el  literal  c) del artículo 204-5 del  Código de Procedimiento Penal.   

         Es   decir   que  no  obstante  ese  yerro  formal,  realmente  la  competencia  del  Juez  Regional  no  se suspendió (art. 203 id.) y entonces no  comporta  ninguna  trascendencia que, concedido así el recurso, se haya entrado  a  dictar  el  fallo  de  primera  instancia (fl. 628), de ahí que el Tribunal,  cuando  revisó  la  misma,  tampoco  haya  incurrido en la omisión  que  le censura el demandante, al no  pronunciarse  sobre  tal  defecto  en la concesión del recurso, máxime que tal  tema  no  era objeto de impugnación ni constituía violación de las garantías  al  acusado,  condiciones  en  las  cuales  resulta insólita la afirmación del  censor  de  que  por  la  alegada “suspensión de competencia” el Tribunal no la  había adquirido para proferir el fallo.   

         No prospera el cargo.   

         Segundo cargo.   

         Si  bien  el  censor  invoca la violación indirecta de la ley, no  precisa,  como es la obligación de todo casacionista, si el error es de hecho o  de  derecho, y si se trata de este último (por ausencia de un requisito para la  validez     de     la     prueba),    cuál  es  su  especie,  si  por  falso  juicio  de legalidad o de  convicción.   

         Ha  repetido  esta Sala que la casación es recurso extraordinario  precisamente  porque,  a diferencia de las instancias, el sustento del mismo (es  decir  la  demanda)  debe  cumplir con las rigurosas exigencias de fondo y forma  previstas  en  los  artículos  225  y  siguientes  del Código de Procedimiento  Penal.   

         Sin  perjuicio  de  lo anterior, de todos modos se pasa a examinar  el reproche:   

         Es  evidente la razón que asiste al casacionista cuando aduce que  la  versión  libre que el procesado Ospina Zambrano rindió en la Policía (fl.  18  cdno. Nro. 1) se torna inexistente por la no presencia allí de un apoderado  (C.P.P.  art. 322 y art. 29 C.N.), pero también deviene ostensible que, a pesar  de  la  invalidez  de  esa diligencia, no demuestra el demandante, ni la Sala lo  ve,  que  la sentencia atacada vaya siquiera a tambalear por su ausencia, ya que  otros  varios medios de convicción se tuvieron en cuenta para fundamentar dicho  fallo condenatorio.   

         En   efecto,   los   sentenciadores  de  instancia  recordaron  la  situación  de  flagrancia  en  que fue aprehendido el procesado, cuando llamaba  por  teléfono  a  la  víctima  del  secuestro, como ratificaron los policiales  testigos  Bilmer  Amiel  Astorquiza,  Lenis  Bonilla  Gersaín,  Oscar  Espinosa  Quiñonez,  Oscar  Martínez  Toro  y José Fernando Valencia Ortiz. También se  apoyaron  en  los testimonios de Luz Adriana Carmona Montoya, Margarita Malva de  Navarro  y  Elsa  Giraldo  López,  quienes recibieron en Manizales las llamadas  extorsivas de “Marcial”.   

         Finalmente  los  juzgadores  consideraron  que  cuando la víctima  habló  por  teléfono  con  “Marcial”, por la voz reconoció a la misma persona  que le hablaba cuando estaba secuestrado (fl. 24 cdno. Tribunal).   

         Desde  luego  que los censores en casación deben impugnar toda la  prueba  en  que  se  basó  el  sentenciador para decidir, pues si, como en este  caso,  se  limitan  a  controvertir  una  mínima parte de la masa probatoria de  cargo, éste deviene del todo inane y no tiene éxito.   

         Con  respecto  a la petición de la Delegada consistente en que se  expidan  copias  con  destino  a  la  Justicia Penal Militar para efectos de las  torturas  que afirma el procesado y repite el casacionista, la Sala no encuentra  que  dicha  compulsa  proceda,  ya  que,  por  una parte, el representante de la  Personería  Municipal,  doctor Luis Enrique Ladinez, “deja constancia de que el  aquí  presente  Gilberto  Ospina  Zambrano,  no  presenta  huellas  de maltrato  físico  o moral, lo cual es corroborado por el mismo al ser preguntado sobre el  mismo”,  según  se puede ver a folio 18, en diligencia que desde luego también  suscribió el referido Ministerio Público.   

         El  “buen  trato”  que  se  le  dio  a  dicho imputado es también  corroborado  por  los  policiales  que intervinieron en su captura (fls. 70, 75,  76, 79 y 110).   

         Por  otra  parte  es  bien  diciente  en  orden  a  desechar  esas  “torturas”  alegadas  posteriormente,  que  la  versión y la injurada de Ospina  Zambrano  coinciden en cuanto a los antecedentes que contó sobre su pertenencia  a  diversos  movimientos subversivos, difiriendo únicamente por lo que atañe a  este  concreto  delito  de  secuestro que se le imputó, del cual se infiere que  buscó  evadir  responsabilidad  con  la  aducción  en  su  indagatoria  de las  referidas  amenazas y coacciones, las cuales, como se dijo, están huérfanas de  todo respaldo procesal.   

         De ahí que no se accederá a la petición nombrada.   

   

         Tercer cargo.   

         Recuérdese  que  el  delito  de  secuestro  del  señor  Mauricio  Arciniégas  Vera  tuvo ocurrencia entre el 6 y el 29 de agosto de 1.992, cuando  ya  estaba  vigente  el  artículo 6° del decreto 2790 de 1.990, (adoptado como  legislación  permanente, art. 11 dto. 2266/91), según el cual la pena es de 20  a  25  años  de  prisión  cuando,  entre otros eventos, el delito de secuestro  -entre  otras  cosas-  persiga  los objetivos enunciados en el artículo 268 del  Código  Penal”, fines extorsivos que se reprocharon al acusado por la exigencia  de dinero a la víctima y/o a su familia.   

         La  equivocación  del  casacionista  consiste  en entender que el  aumento  de  pena  que trajo el referido artículo 6°, se aplica únicamente al  secuestro  que  se  lleve a cabo en persona cualificada o con fines terroristas,  pero    ya    se   vio   que   también  procede  la  agravante si se dan los mencionados propósitos del  artículo 268.   

         Como  en  esa  norma,  pues,  ancló  el  Tribunal la conducta del  acusado,  no hubo error en su elección y por lo tanto el reparo no sale avante.   

         La sentencia entonces no se casará.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,   la   Corte  Supre­ma  de Justicia en Sala de Casación  Penal,  parcialmente  de acuerdo con el Ministerio Público, adminis­trando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE   

         1.- NO CASAR el fallo recurrido.   

         2.-  No  expedir  las  copias  referidas  en  el  concepto  de  la  Delegada.   

         En  firme  esta providencia, devuélvase el expediente al Tribunal  de origen.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

         

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

         

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                     JORGE      ENRIQUE     CORDOBA  POVEDA                   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE             EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR   

                    

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON            NILSON  ELIAS       PINILLA      PINILLA           

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

    

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