29992(14-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29992  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 189.  

Bogotá, D. C., catorce (14) de julio de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

          La  presente  actuación  arribó a la Corte para efectos de desatar  la  apelación  interpuesta  por  el  Procurador 140 Judicial II Penal contra la  decisión  adoptada,  en  desarrollo  de  audiencia preliminar, el 9 de junio de  2008  por  el  Magistrado  de control de garantías de la Sala de Justicia y Paz  perteneciente  al  Tribunal  Superior  de  Medellín,  en  la  cual concedió la  autorización  solicitada  por  la Fiscal 15 de la Unidad Nacional de Justicia y  Paz,  en  el  sentido  de  permitirle  acceder a la información contenida en un  disco  duro  y  un  teléfono  celular  para  los  fines  de  la  investigación  adelantada  con sujeción a los trámites previstos en la Ley 975 de 2005 contra  el   ciudadano   RAMIRO   VANOY   MURILLO.   

          Sería,  pues,  del  caso  proceder  a  fijar fecha para realizar la  respectiva  audiencia  de sustentación de la apelación, conforme lo dispone el  artículo  26  de  la precitada disposición legal, pero observa la Sala que ese  trámite  se  torna  innecesario,  atendido  el  sentido  de la decisión que se  emitirá  en  esta  sede,  es  decir,  de  carácter  invalidatoria por falta de  competencia    del    funcionario    que    llevó    a    cabo   la   audiencia  preliminar.           

LA    SOLICITUD   

          –  Como  se  dijo,  la Fiscalía de la Unidad Nacional de Justicia y  Paz  pide  conceder autorización para acceder a la información contenida en un  disco duro y un celular.   

En  ese  orden,  instalada  la  respectiva  audiencia  preliminar,  la peticionaria aclaró previamente que la autorización  solicitada  se refiere al disco duro perteneciente a un computador dejado por el  postulado    RAMIRO   VANOY   MURILLO   en  la  celda de la cárcel de Itagüí donde se encontraba recluido  cuando  fue  extraditado  a  los  Estados  Unidos,  así  como  a un celular sin  sim  card hallado en el mismo  sitio.  Precisó  también  que  el computador y el aparato de telefonía móvil  fueron  recogidos  por  funcionarios  del  INPEC luego de producirse la referida  extradición  y entregados a la fiscalía, en tanto el disco duro lo entregó el  abogado defensor del postulado.   

En  el anterior sentido considera que dichos  elementos  no  llegaron  a la fiscalía producto de una diligencia de registro y  allanamiento  ni  en  virtud de incautación sino como consecuencia de la cadena  de   custodia  de  rigor,  la  cual  se  inició  desde  la  actuación  de  los  funcionarios del INPEC.   

          Según  la  delegada  de  la  fiscalía,  la  solicitud  en mención  encuentra  fundamento  en  el  artículo  250,  numeral  3º de la Constitución  Política,  norma  que  obliga acudir al juez de control de garantías cuando se  vulneran  derechos  fundamentales,  como  ocurría  en  el  presente caso con el  derecho  a  la intimidad, pues la revisión del disco duro y del aparato celular  puede  arrojar el acceso a información reservada como el cruce de correos entre  la defensa y el procesado.   

          Señaló  que  la  búsqueda  de  la  información  está dirigida a  verificar  los  hechos  confesados, a establecer la comisión de otras conductas  delictivas  no  admitidas y, en general, a garantizar la obtención de la verdad  y  la  justicia conforme los parámetros del artículo 14 de la Ley 975 de 2005,  aun  cuando  precisa  que  la  audiencia  respectiva  no  puede  asimilarse a la  regulada  en  el  artículo  244 de la Ley 906 de 2004 encaminada a la búsqueda  selectiva  en  base  de  datos,  pues  ello implicaría el cumplimiento de otros  procedimientos  como  el  control  de la orden dispuesta por la fiscalía. En su  criterio,  se  asimila  más bien a una audiencia de registro personal porque el  computador  constituye  un elemento personalísimo que no contiene base de datos  de  carácter  privado  o  público,  aunque  sí  información  referente  a la  intimidad de la persona.   

PLANTEAMIENTO DE LA PROCURADURÍA  

          Previo  a resolver, el Magistrado de control de garantías concedió  la  palabra al representante de la Procuraduría, quien se opuso al otorgamiento  de  la  autorización  solicitada,  para  lo cual expuso los siguientes básicos  aspectos:   

          (i)  Inexistencia  de  una  actuación  judicial  que  justifique la  medida.   

          (ii)  Ilegalidad formal y material de la aprehensión física de los  elementos y de su exhaustiva revisión.   

          (iii)  La fiscalía no expuso los motivos fundados para autorizar la  injerencia que se solicita.   

          (iv)  El  Tribunal  de  Justicia  y  Paz  no  tiene competencia para  otorgar dicha autorización.   

          Para  cimentar  los  anteriores tópicos, de manera general señaló  que  la  fiscalía  ni  siquiera  precisó  el  tipo  de  diligencia  judicial a  realizar,  pues  indicó  que no se asemejaba a las reguladas por los artículos  236  y 244 de la Ley 906 de 2004, aunque sí a una especie de registro personal,  sin que a la judicatura le resulte válido concretarla.   

          Adicionalmente,  consideró  que  en este caso la cadena de custodia  no  se  ha evidenciado, y es así como la misma se encuentra resquebrajada desde  el  comienzo,  en  tanto se afirma que unos elementos los recogió en apariencia  el  INPEC y otros los entregó la defensa. En su criterio, resulta fundamental a  la  luz  de  los  artículos  23  y 254 de la Ley 906 clarificar esta situación  frente  al  futuro  devenir  de  la  actuación.  En  ese  sentido estima que el  procedimiento  es ilegal desde el momento en que la fiscalía ordena efectuar el  registro  de  los  elementos  incautados  con base en la citada Ley 906 para dar  inicio a la cadena de custodia, estando ésta contaminada.   

          Señaló  también  que  no  constituye  motivo serio y fundado para  autorizar   la   injerencia   solicitada,  afirmar  la  búsqueda  genérica  de  información,  pues  la  ley  obliga  que  todo acto investigativo se oriente al  descubrimiento  de  un hecho importante para la causa, así como la adopción de  una  resolución  motivada,  en  la  cual  el  juez  pondera  los  indicios y la  importancia   de   los  datos  obtenidos  para  poder  sacrificar  los  derechos  fundamentales en juego.   

          Finalmente,  refirió  que  la  expectativa  de  la  fiscalía es la  verificación   de   las   acciones   delictivas  de  los  desmovilizados  o  el  establecimiento  de hechos no confesados, pero en este caso la versión está en  pleno  desarrollo  y  con  ella se persigue la entrega paulatina de información  por  parte del postulado, pero si la misma no resulta veraz, ello daría lugar a  la   revocatoria   de  los  beneficios  de  la  Ley  975  y  en  ese  evento  la  investigación correspondería a la justicia ordinaria.   

FUNDAMENTOS     DE     LA    DECISIÓN  APELADA   

          Consideró,   inicialmente,   que   en  este  caso  no  se  requiere  autorización  en  lo  relacionado con el registro del disco duro, por cuanto el  mismo  fue  entregado por el defensor del postulado, con lo cual entiende que se  extendió  autorización para su revisión. De todas maneras, estima que dada la  solicitud  de  la  fiscalía,  conceder  la  autorización  no  sobra en aras de  “la  garantía”  y  para  posibilitarle     a     la     Procuraduría     interponer     los     recursos  respectivos.   

          En  su  criterio,  el  Ministerio Público no tiene en cuenta que la  fiscalía  solicita  la  diligencia  no  como  consecuencia  de  un nuevo delito  cometido  por  el postulado en la cárcel sino sobre la base de la existencia de  unos  elementos,  no  incautados ni producto de un allanamiento, sino dejados en  el  lugar  de  su  reclusión o, en uno de esos casos, entregado por la defensa.   

En  otras  palabras,  en su sentir, se trata  aquí  de  una  investigación tramitada conforme a la Ley 975, cuya iniciación  tuvo  como  fundamento  la  entrega del desmovilizado y la posterior versión en  cuyo  desarrollo  confesó  unos  hechos  de manera voluntaria, que la fiscalía  pretende  verificar  revisando los aparatos en cuestión, para cuya finalidad es  que solicita la autorización.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          Debe  precisarse, ante todo, que la Corte Suprema de Justicia, en su  Sala  de  Casación Penal, es competente para declarar la nulidad anunciada, por  virtud   del  factor  funcional  derivado  de  su  condición  de  superior  del  Magistrado   que   emitió   la  providencia  de  primera  instancia1.   

          Atendidos   los   contenidos  que  informan  la  Ley  975  de  2005,  particularmente  los  principios  de  oralidad  y  celeridad  consagrados en sus  artículos  12 y 13, conforme a los cuales la actuación procesal allí regulada  será  oral,  en  tal  forma  que los asuntos debatidos en audiencia se deberán  resolver  dentro  de  la misma y las audiencias preliminares se realizarán ante  un  Magistrado  de  Control  de Garantías, resulta claro que dicha disposición  legal   regula  un  procedimiento  con  tendencia  acusatoria  semejante  en  su  estructura  al  establecido  en  el estatuto procesal concebido en la Ley 906 de  2004,  lo cual implica que los vacíos presentados en aquella disposición legal  deban  ser  colmados  preferentemente  por esta última, como surge también del  principio  de  complementariedad  previsto  en  el artículo 62 de la citada Ley  9752.            

          Bajo  tal  entendimiento, la fiscalía solicitó en el presente caso  la  realización de audiencia preliminar con el fin de obtener autorización del  Magistrado  de  Control  de Garantías para revisar la información contenida en  el  disco duro perteneciente a un computador, así como en un teléfono celular,  aparatos    estos    últimos    dejados    por    el   ciudadano   RAMIRO  VANOY  MURILLO  en  la celda de la  Cárcel  de Itagüí, lugar donde se encontraba recluido, tras ser extraditado a  los Estados Unidos por decisión del Gobierno Nacional.   

          La  solicitud  la  formuló  el  ente  acusador  en  el  marco de la  investigación  que  bajo  la égida de los trámites previstos en la Ley 975 de  2005  adelanta  contra  el antes mencionado, quien fuera postulado en su momento  para  ser  beneficiario  de  la regulación allí contenida. El fundamento de la  petición,  según precisó la fiscalía, es el artículo 250, numeral 3º de la  Constitución  Política,  en tanto la revisión de la información contenida en  los  mencionados  elementos  se  asemeja  a  un  registro  personal,  para  cuya  realización  la  Ley  906  establece  la obtención de autorización previa por  parte del juez de control de garantías.   

Pues  bien, la norma superior en cita, en la  modificación  hecha por el artículo 2º del Acto Legislativo 3 de 2002, impone  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  asegurar  los  elementos  materiales  probatorios,   garantizando  la  cadena  de  custodia  mientras  se  ejerce  su  contradicción  y  le  exige  que  en caso de requerir  “medidas  adicionales  que impliquen afectación de  derechos   fundamentales,   obtenga   la  respectiva  autorización  por  parte  del  juez  que  ejerza  las  funciones  de control de  garantías, como condición para poder proceder a ello.   

          La  mencionada  disposición  no  implica,  empero, que todo acto de  investigación   requiera  la  intervención  previa  del  juez  de  control  de  garantías.  Tal  entendimiento  es  equivocado,  pues  mientras  se  obtiene la  autorización  podría  perderse  la  evidencia  o  alterarse  en  su esencia o,  incluso,  generarse  problemas  de  orden público y salubridad si no se recauda  inmediatamente,  como  ocurriría  de  no levantarse rápidamente un cadáver de  persona cuya muerte se produce en vía pública.   

          Precisamente,  previendo situaciones como las enunciadas, la Ley 906  de  2004  establece  cuándo  los  actos  investigativos requieren autorización  judicial  previa  para su realización y cuándo no. Los primeros aparecen en el  capítulo  II  del  título I del Libro II de dicha codificación y los segundos  en  el  capítulo  subsiguiente  del mismo estatuto. El capítulo II en mención  contempla,  incluso,  algunos  casos en los cuales ni siquiera se requiere orden  de  la  fiscalía,  de modo que la policía judicial está facultada para actuar  por  su  propia  iniciativa. Son ejemplos de estos últimos los regulados en los  artículos  213,  214  y  215,  es  decir,  inspección  del  lugar  del  hecho,  inspección  de  cadáver  e  inspecciones  en  lugares  distintos al del hecho.   

          La  Ley 906, como se sigue de lo anterior, prevé actuaciones en las  cuales   si  bien  no  se  requiere  control  judicial  previo,  exige  para  su  realización  la  autorización  del  fiscal  respectivo.  Tal  es el caso de la  exhumación  (art.  217),  de  la  diligencia  de  registro y allanamiento (art.  219)3,   de   la   retención   de  correspondencia  (art.  233),  de  la  interceptación  de  comunicaciones  telefónicas  y  similares  (art.  235), de  recuperación  de  información  dejada  al  navegar por internet u otros medios  tecnológicos  que  produzcan  efectos equivalentes (art. 236) y de la búsqueda  selectiva  en  base de datos que implique el acceso a información confidencial,  referida  al  indiciado  o  imputado,  o  a la obtención de datos derivados del  análisis cruzado de las mismas (art. 244.2), entre otros.   

          Para  los  eventos expresamente señalados en precedencia el control  que  consagra el estatuto procesal penal de 2004 es de carácter posterior, como  lo tienen establecido sus artículos 237 y 244, inciso tercero.   

          Según  el  artículo 246, que encabeza el capítulo III del título  I  del  Libro  II  de la misma Ley 906 de 2004, todas las demás actividades que  adelante  la  policía  judicial  en  desarrollo  del  plan  metodológico de la  investigación,  no  contempladas  en  el capítulo I e impliquen afectación de  derechos   y   garantías   fundamentales,   requieren   para   su  realización  autorización  previa  del  juez  de  control  de  garantías.  El capítulo III  regula,  de  manera  especial,  algunos  de  esos casos, tales como: el registro  corporal            (art.            247)4,  el  registro  personal (art.  248),  la obtención de muestras que involucren al imputado (249) y la práctica  de  reconocimientos  y  exámenes  a  las  víctimas  (art. 250), aunque en este  último   caso   cuando  no  exista  consentimiento  del  interesado5   

.   

          Es  de  anotar  que  la  regla  establecida  en  el artículo 246 se  excepciona   también  cuando  se  trata  de  los  métodos  de  identificación  regulados  en  el  capítulo  IV  del título que se viene mencionando, esto es,  reconocimiento  por  medio  de fotografías o videos (art. 252) y reconocimiento  en  fila  de  personas  (art. 253). En esos eventos no se requiere autorización  judicial    previa,   aun   cuando   sí   el   aval   anticipado   del   fiscal  respectivo.   

          El  recuento  normativo  efectuado  en precedencia pone de presente,  por  tanto,  que  no todas las actuaciones que realiza la fiscalía a través de  la  policía  judicial  requieren  intervención  judicial  previa  del  juez de  control  de  garantías.  Tal  exigencia  solamente está prevista para aquellas  actividades  no  reguladas  en los capítulos II y IV del título I del Libro II  del  estatuto  procesal  penal  de  2004  y  supongan  afectación de derechos y  garantías fundamentales.   

          En  el  presente  evento,  se pretende por la fiscalía obtener aval  judicial  previo para revisar la información contenida en un disco duro y en un  aparato  de telefonía móvil, bajo el supuesto de que esa actuación se asemeja  a  un  registro  personal.  Nada  más  equivocada esa postura. Si la Ley 906 no  establece  ese  condicionamiento  para  procedimientos  de mayor invasión en la  privacidad  de  las  personas,  como  ocurre  con el registro y allanamiento, la  interceptación   de  comunicaciones  o  la  búsqueda  selectiva  en  bases  de  datos6,   para   solamente   citar   algunos  casos,  resulta  ciertamente  inconsecuente  pensar  que  se  exige la intervención judicial previa cuando se  trata  solamente  de  revisar la información contenida en un computador o en un  teléfono celular.   

          En  el caso de la búsqueda selectiva en bases de datos el artículo  244  ni  siquiera  demanda  la  orden  previa  del  fiscal  cuando  se  trata de  “realizar  las comparaciones de datos registradas en  bases  mecánicas,  magnéticas u otras similares, siempre y cuando se trate del  simple  cotejo  de informaciones de acceso público”,  según lo tiene establecido su inciso primero.   

          De  acuerdo  con  el  inciso  segundo  del  citado artículo 244, se  requiere   solamente  autorización  previa  del  fiscal  cuando  esa  búsqueda  selectiva   “implique   el  acceso  a  información  confidencial,  referida  al indiciado o imputado o, inclusive a la obtención de  datos derivados del análisis cruzado de las mismas”.   

          Como  lo  recordó  la  Sala  en reciente decisión adoptada en caso  similar   al   que   ahora   ocupa   su   atención7,  la  orden judicial previa se  impone  únicamente  cuando  la  búsqueda selectiva recae sobre “datos  personales  organizados  con  fines  legales y recogidos por  instituciones  o  entidades  públicas  o  privadas debidamente autorizadas para  ello”,   según   así  lo  estableció  la  Corte  Constitucional  al  condicionar  la  exequibilidad del artículo 2448.   

          En  la misma sentencia de constitucionalidad, la citada Corporación  distinguió  entre lo que debe entenderse como bases de datos para los fines del  artículo  244  y  la  información  que  no  tiene ese carácter, señalando el  tratamiento jurídico a aplicar en cada caso. En ese sentido dijo:   

          “Las  bases  de datos a que se refieren los preceptos parcialmente  acusados9   no   pueden   confundirse   con  aquellos  sistemas  de  información creados por el usuario que no ejerce esa actividad  de  acopio  de  información  de  manera profesional o institucional.   Estos   sistemas   de  información,  mecánicos  o computarizados, constituyen documentos cuyo examen judicial sí se  rige  por  las reglas que regulan las diligencia (sic) de inspección o registro  de     objetos    o    documentos”    (Resalta la Sala).   

          En  el caso materia de análisis, nadie ha dicho que el disco duro y  el  teléfono celular de propiedad del postulado RAMIRO  VANOY  MURILLO  contienen  información  organizada  a  manera  de  bases  de  datos.  Muchos  menos  se puede sostener válidamente que  tienen    “fines   legales  y  recogidos  por  instituciones  o  entidades  públicas  o  privadas debidamente autorizadas para  ello”,   al  punto  de  requerir la intervención  judicial   previa   en   orden  a  acceder  a  dicha  información.   

          En  realidad,  como  también  lo  concluyó la Sala en la decisión  arriba  remembrada,  la  actuación  referida  por la fiscalía se enmarca en la  hipótesis  regulada  en  el  artículo 236 de la Ley 906 de 2004, cuyo texto es  del siguiente tenor:   

“RECUPERACIÓN  DE  INFORMACIÓN  DEJADA  AL  NAVEGAR  POR  INTERNET  U  OTROS  MEDIOS  TECNOLÓGICOS  QUE  PRODUZCAN  EFECTOS EQUIVALENTES.  Cuando   el   fiscal   tenga  motivos  razonablemente  fundados,  de  acuerdo  con  los medios cognoscitivos previstos en este código,  para   inferir   que   el  indiciado  o  el  imputado  ha  estado  transmitiendo  información   útil   para  la  investigación  que  se  adelanta,  durante  su  navegación  por  internet  u  otros  medios tecnológicos que produzcan efectos  equivalentes,   ordenará   la   aprehensión  del  computador,  computadores  y  servidores   que   pueda   haber   utilizado,   disquetes  y  demás  medios  de  almacenamiento  físico,  para  que  expertos en informática forense descubran,  recojan, analicen y custodien la información que recuperen.   

   

En   estos   casos   serán   aplicables  analógicamente,  según  la naturaleza de este acto, los criterios establecidos  para los registros y allanamientos.   

   

La aprehensión de que trata este artículo  se   limitará  exclusivamente  al  tiempo  necesario  para  la  captura  de  la  información  en  él  contenida.  Inmediatamente  se  devolverán  los  equipos  incautados”.   

   

          Como  está  visto,  la  pretensión  de la fiscalía es revisar los  equipos  pertenecientes  al  ciudadano  RAMIRO  VANOY  MURILLO   para   determinar   si   la   información  electrónica  o  digital  contenida  en  ellos, proveniente de la navegación en  internet  o  de otros medios tecnológicos,  permite verificar los datos proporcionados por el postulado en la  versión  rendida  en  el  marco  de la investigación penal que se le sigue. En  tales   condiciones,   lo   procedente   es   que   así   lo   ordene  y  ponga  consecuencialmente  a  disposición de los expertos informáticos tales aparatos  para dicho fin.   

          En  consecuencia,  no  debió  acudir  al  Magistrado  de control de  garantías  con el propósito de obtener una autorización judicial no requerida  legalmente,  intervención ésta que sólo se torna obligatoria una vez recupere  la  información  contenida  en  el  disco  duro y en el celular, según así lo  tiene  establecido  el  artículo  237  de  la  Ley 906 de 2004, en cuyo caso la  revisión  posterior  de  legalidad comprende, incluso, la orden otorgada por el  fiscal,  función  esta última adicionada por el artículo 16 de la Ley 1142 de  2007.   

          Cuando  el  Magistrado  a quo dio   trámite   a   la   solicitud  de  la  fiscalía  y  celebró,  consecuencialmente,  la respectiva audiencia preliminar, incurrió en violación  al  debido  proceso,  según  los términos del artículo 29 de la Constitución  Política,  en  cuanto  realizó  una  actuación  judicial  respecto de la cual  carecía  de competencia, vicio que obliga a la Sala a decretar la nulidad de la  mencionada  audiencia,  a  fin  de  que  el procedimiento se encauce por la vía  correcta. En armonía con ese razonamiento se decidirá.    

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          DECLARAR   la  nulidad  de  la  audiencia  celebrada  el  9  de junio de 2008, mediante la cual un Magistrado de control de  garantías  del  Tribunal  Superior  de  Medellín  autorizó  a  la fiscalía a  acceder  a  la  información  contenida  en  el  disco  duro y teléfono celular  pertenecientes  al  postulado  RAMIRO  VANOY  MURILLO.   

          Contra  esta  decisión  procede  el  recurso  de reposición en los  puntos nuevos.   

          De  conformidad  con  lo  establecido en los artículos 12 de la Ley  975  de  2005  y  145  de  la  Ley  906 de 2004, la lectura correspondiente a la  presente  decisión  se  hará  en  audiencia,  para  lo cual, oportunamente, se  fijará la respectiva fecha.   

          NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                           YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

         Secretaria   

    

1 Ese  ha  sido  el  criterio  expuesto  sobre  el  tema  por  la  Sala en su pacífica  jurisprudencia.  Cfr.  Autos  del 21 de octubre de 2001, radicación 18369 y del  25 de mayo de 2006, radicación 25446, entre otros.   

2 En el mismo sentido, auto del 23 de agosto de 2007.   

3 Para  su  realización  no  será necesaria la orden previa del fiscal cuando se trata  de  flagrancia  (art.  229)  o  en  las  excepciones  previstas  en el artículo  230.   

4 Así  lo  dispuso  la  Corte  Constitucional  en  sentencia  C-822 de 2005 al declarar  exequible condicionalmente el artículo 247.   

5 En el  caso  de  las  medidas  previstas  en  el  artículo 249 la Corte Constitucional  determinó  en  la  sentencia  C-822  de  2005 que su práctica siempre requiere  autorización judicial previa.   

6  Sobre  las  dos  primeras de estas actuaciones, es el numeral 2º  del  artículo  250 de la Constitución Política el que, incluso, autoriza a la  fiscalía realizarlas sin orden judicial previa.   

7  Se  hace  referencia  al  auto  proferido  el  2  de  julio  de  2008  dentro  de la  radicación No. 29991.   

8  Sentencia C-336 de 2007.   

9  Se  refería a los artículos 14 y 244 de la Ley 906 de 2004.     

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