10829g

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 10829  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                   

                                                                  Magistrado Ponente   

                                                                  Dr. DIDIMO PAEZ VELANDIA   

                                                                  Aprobado Acta No.76   

Santafé  de Bogotá, D.C., mayo veinticinco  (25) de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el defensor de WILSON ANDRES ALVAREZ VILLAREAL contra la sentencia de marzo  1º  de  1994,  mediante  la  cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Santafé  de  Bogotá condenó a dicho procesado a la pena principal de 40 años  y  8  meses  de prisión por los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de  armas de defensa personal.   

         

ANTECEDENTES  

          1.-  El  5  de  febrero  de 1994 Wilson Andrés Alvarez Villareal y  otros  compañeros  estuvieron  jugando  billar  e  ingiriendo  licor  y ya a la  madrugada  arribaron  a  una  licorera  del  barrio Santa Rosita de esta capital  (Carrera  93  con  calle  76)  donde  también compraba licor Julio César Rojas  Guevara y dos amigos más.   

Alguno   de  este  último  grupo  lanzó  expresiones  que  enfurecieron  al  referido Wilson Andrés, quien esgrimió una  pistola  e  hizo  dos  disparos, los cuales causaron temor en el referido trío,  que  emprendió  carrera.  Wilson Andrés los persiguió e hizo otro disparo, el  cual  penetró  en una pierna de Julio Rojas, que entonces cayó al suelo. Hasta  ahí  llegó  el  mencionado  agresor  y,  desoyendo los ruegos de clemencia del  yacente  herido,  le  propinó  a  éste  3  disparos  más  que acabaron con su  vida.   

Wilson  Andrés  se hospedó en casa de una  prima   suya,  lugar  donde  3  días  más  tarde  fue  capturado  mediante  un  allanamiento.   

2.-  La  Fiscalía  Sexta  Delegada  abrió  investigación  (fl.34),  ordenó el referido allanamiento, capturó al imputado  Wilson  Andrés  Alvarez  Villareal,  lo  escuchó en indagatoria (fl.57), en la  cual  el imputado sostuvo que el autor del homicidio fue su hermano John Eduard,  quien  está  dedicado  a  actividades  delictivas  y  de quien él desconoce su  paradero.   

–  La  Fiscalía  practicó varias pruebas,  decretó  la detención preventiva del sindicado (fl.129), cerró investigación  y  calificó  la  misma por medio de la resolución de mayo 25 de 1994 (fl.307),  ejecutoriada  el  2  de  junio,  acusando  a  Wilson  Andrés por los delitos de  homicidio  agravado  (arts.323 y 324-7 C.P., y 30 ley 40 de 1993) y porte ilegal  de armas de defensa personal (dtos. 3664/86 y 2266/91).   

3.- El Juzgado 57 Penal del Circuito asumió  la  causa,  practicó  más  pruebas, celebró audiencia pública (fl.390) y, en  armonía  con la acusación, dictó sentencia  de noviembre 29 de 1994, por  medio de la cual condenó al acusado a 41 años de prisión.   

Apelado  ese  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  el  Tribunal la reformó para imponer una pena de 40 años y 8 meses  de  prisión,  confirmándolo  en lo demás (fl.23 cdno. Tribunal) y ésta es la  sentencia recurrida.   

LA DEMANDA  

         Bajo  el  enunciado  de  “CAUSAL  ALEGADA”  (fl.56-2)  dice  el  casacionista  que  con  respecto  al  “estudio  psiquiátrico” practicado al  procesado, cabe hacer las siguientes glosas:   

         –  En  la  providencia  que  se  ordenó dictamen, o se formuló el  respectivo  cuestionario,  como  lo  manda  el  artículo  268  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

         –  “Se  aprecia  lo  precario  de las técnicas empleadas, ya que  solo  se acudió a la lectura del sumario y la (sic) entrevista psiquiátrica”  (fl.57).   

         –  El  Fiscal  “no  dio traslado de dicho dictamen a las partes y  tampoco  pidió aclaraciones o ampliaciones y la realización de un estudio más  a   fondo  de  acuerdo  con  el  artículo  270  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

         –  No  obstante  esos  “defectos de forma” (fl.58), el peritaje  fue  fundamento  de la sentencia y “Se le da valor probatorio”, desoyendo el  sentenciador   que   si   tal   dictamen  “Se  hubiere  completado”  (fl.60)  posiblemente  se hubiera obtenido la inimputabilidad del procesado, quien estaba  embriagado y revela “personalidad psicopática” (fl.60).   

         Reitera  que  el  dictamen  es  deficiente y resultado de las solas  informaciones  del  procesado  y  “A  ninguno  de los testimonios (sic) se les  indagó  (sic)  por  el  comportamiento  del  procesado  y  si alguna vez había  presentado transtornos” (fl.61).   

         “Todo  lo  cual  me  lleva  a concluir -precisa el censor- que el  tantas  veces  mencionado estudio psiquiátrico fue apreciado en forma errónea,  con  lo cual se violentaron (sic) las normas de derecho sustancial contenidas en  los   artículos  31  y  33  del  Código  Penal  por  falta  de  aplicación”  (fl.62).   

         Pide  entonces que se case el fallo atacado y “se ordene un nuevo  dictamen  pericial”,  a fin de descartar “en forma totalmente científica la  posibilidad latente de una inimputabilidad” (fl.62).   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

         El  señor Procurador Primero Delegado en lo Penal empieza diciendo  que  “notorios e insalvables resultan los defectos estructurales que exhibe el  libelo  en  estudio,  lo cual unido a su absoluta insolvencia conceptual obligan  indefectiblemente  a  su  desestimación;  sentido  éste que orientará nuestra  solicitud”  (fl.5  cdno. Corte) y agrega que la demanda contiene “argumentos  que   corresponden   a   los  denominados  falsos  juicios  de  legalidad  y  de  convicción,  respectivamente;  confusión  que le resta precisión al ataque”  (fl.6 ).   

         Considera  que  no  obstante la providencia que ordenó el peritaje  no  formula  el  respectivo cuestionario, sí “determinó con toda precisión,  aunque  no  con  interrogantes  convencionales,  los  puntos  sobre  los  cuales  debería  hacerse  claridad,  esto es, el grado de comprensión o discernimiento  de  sindicado  (sic)  en el momento del hecho y establecer o descartar un estado  de  trastorno mental; todo esto, previa realización de un estudio psiquiátrico  y   la   determinación   de   sus   características  personales,  antecedentes  familiares, tóxicos y jurídicos” (fls.6 infra y 7).   

         Agrega  la  Delegada  que  aunque el referido peritaje no se puso a  disposición  de  las partes, la defensa tuvo oportunidad de criticarlo luego de  que  fue  allegado,  en  el  alegato  precalificatorio  y  hasta  antes  de  que  finalizara  la  audiencia pública, cosa que nunca hizo, no obstante que en este  último  y culminante acto se refirió a la experticia pero para decir que ésta  no  había  encontrado  en  el  acusado  “desviaciones  mentales con instintos  asesinos” (fl.7).   

         Estima   que,  contrario  a  lo  afirmado  por  el  demandante,  el  “profesional  de  la ciencia médica especializado en psiquiátria forense”,  acude  a  la  lectura  del  proceso y a la entrevista del acusado para de éstos  extraer  sus  mejores elementos de juicio en punto a su dictamen “y en caso de  requerir  de  otras  herramientas  o  medios  para  el  cabal cumplimiento de su  función,  si  no  están  a  su  alcance,  así  se lo hacen saber al juzgador,  eventualidad ajena al presente caso” (fl.8).   

        Dice  que la petición final del censor “no guarda relación con  el  desarrollo  del  ataque”  (fl.9),  con  lo cual se hace “más patente el  desconocimiento  de la técnica casacional al entremezclar caracteres propios de  las   causales   primera   y   tercera   de   este   recurso   extraordinario”  (fl.cit.).   

        En  su  criterio,  pues, la demanda no prospera y el fallo no debe  casarse.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

        1.-  La  demanda  en  casi  toda  su  primer  y mayor parte, aduce  fallas  con  respecto al  peritaje  médico-legal practicado al procesado (que fue indebidamente ordenado,  mal  rendido  y  no puesto a disposición de las partes), fallas éstas que, por  tanto,  serían  constitutivas  de error de derecho.   

        Pero  luego  se  refiere  el  casacionista  a la ”indebida   interpretación”   del   referido   dictamen   y  la  consecuencial  falta  de  aplicación  de  las  normas  que  prevén  la  inimputabilidad  (arts.31  y  33  C.P.),  con lo cual ya se  traslada   a   la   causal   primera  de  casación,  violación     indirecta    de    dichas    normas    sustanciales    (art.220-1  C.P.P.).   

        La  petición  final  comporta   aún más ambigüedad porque  tiende  a  que,  sin decirlo expresamente, se anule la actuación (no dice desde  dónde)  y  se  practique  “un nuevo dictamen” (fl.62-2), sin reparar que la  nulidad de una prueba no invalida el proceso.   

        Esa  mezcla  de  “causales”  en  un mismo y único cargo, como  dijo  la  Delgada,  pone  más de manifiesto el desconocimiento del casacionista  con respecto a esta impugnación extraordinaria.   

        Resulta,  pues,  obvio  que, frente a tales deficiencias, la Corte  no   pueda  responder  de  fondo  cosa  alguna,  pues  es  bien  sabido  que  su  pronunciamiento  al  respecto  está limitado por el  libelo  impugnatorio y, en consecuencia, no puede ni  interpretar  ni  corregir  éste,  salvo  que  sea  evidente  un  motivo  de  nulidad  o  de  violación a  garantías fundamentales (art.228 ob.cit.).   

        2.- Esa salvedad no se da en este caso porque:   

        –  Al  ordenar  el  dictamen  en  cuestión  dijo la Fiscalía 96:  Remitir  al sindicado al Instituto de Medicina Legal para que allí se determine  estudio   psiquiátrico   y   se   determine  sus  características  personales,  antecedentes  familiares, personales, tóxicos y jurídicos. Se determine si hay  grado  de  comprensión  o  disernimiento  en el momento del hecho, establecer o  descartar  estado  de transtorno mental” (fl.55), texto que fue reproducido en  el respectivo oficio remisorio (fl.71).   

        De  lo  transcrito  cabe  inferir  que la referida providencia sí  contiene  (así  no  sea de forma ortodoxa) un cuestionario, ya que se  pregunta  al perito por los aspectos esenciales con miras a lo  que  la  Justicia  pretendía  averiguar. Tan cierto  será  ésto  que el peritaje (fls.279 y ss.) contiene a su vez: “el motivo de  la   peritación”,   las   “técnicas   empleadas”,   los  “antecedentes  familiares  del  procesado”,  sus  “antecedentes  personales”, generales y  “específicos”,  la “versión de los hechos”, el “examen mental”, la  correspondiente “discusión” y la “CONCLUSION”.   

        Con  ello  y  la  lectura  del  proceso  el  psiquiátra  tuvo los  elementos  de  juicio  idóneos para arribar a su peritaje y si aquél no pidió  más  información  al  respecto  fue  porque  no la  necesitó:  pretender, como lo hace el casacionista,  que  el  perito debe “formar otro proceso”, “ampliando los testimonios”,  recaudados,  como lo quiere el censor, es francamente desconcoer los parámetros  que rigen esa ciencia médica.   

        –  Así  las  cosas,  ni  el fiscal ni el juez estaban obligados a  aclarar,  complementar  u  objetar  un dictamen así rendido cuado recibieron el  mismo (art.270 C.P.P.).   

        –       Ahora       bien:      del      dictamen      formalmente  no  se  corrió traslado,  pero  una  vez  se  recibió  en  el  proceso  la  referida  experticia, se dejo  constancia  de que empezaban a correr el término para presentar los respectivos  alegatos  preclaificatorios (fl.285), y ni en esta oportunidad ni posteriormente  la  defensa  del procesado combatió ese peritaje, al cual sí se refirió en la  audiencia  pública el defensor del procesado Wilson Andrés Alvarez Villamizar,  pero  no  para  descalificarlo sino para invocarlo en  pro  de  su defendido, como recuerda la Delegada. Sí  hubo, pues, oportunidad de contradecir la experticia.   

        La   censura   entonces   no   prospera   y   el   fallo   no   se  casará.   

        Por  lo  expuesto  la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal,  de  acuerdo con el Ministerio Público, administrando justicia en nombre  de       la       República       y       por       autoridad       de       la  Ley,                

RESUELVE  

        NO  CASAR el fallo recurrido. En firme,  devuélvase al Tribunal de origen.   

        Cópiese y cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                 RICARDO    CALVETE  RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA                            CARLOS   AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                               CARLOS    E.   MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                         NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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