10774g

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 10774  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE:  

DR. RICARDO CALVETE RANGEL  

Aprobada Acta No. 090  

Santa Fe de Bogotá, D.C., junio veintidós de  mil novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

Resolverá  la  Sala la demanda de casación  presentada  por el defensor del procesado DIEGO MARCEL  DEL  CASTILLO CABRERA, contra la sentencia del Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  confirmatoria  de la dictada por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad, que condenó al aquí recurrente y a  Luis  Alberto  o  Alberto  Cantillo  Reyes, a la pena principal de cuarenta y un  (41)  meses  y  veintisiete  (27)  días  de  prisión,  y  a  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo tiempo, por el  delito  de  hurto calificado y agravado, modificándola en el sentido de reducir  las penas impuestas a cuarenta (40) meses.   

I – HECHOS  

Fueron  resumidos por el Procurador Delegado  así:   

“El día quince de octubre de 1994, cerca  de  las  diez  y  media  de  la  noche,  algunos agentes de la Policía Nacional  cumplían  su  servicio  en  la  calle  30  con  carrera  34  de  la  ciudad  de  Barranquilla  cuando  observaron  que  dos  sujetos  despojaban  a  José María  Cogollo  Lloreda  (quien  les  llamó  la  atención)  del  taxi marca Chevrolet  Chevette, modelo 1991, de placas TQG-953, que conducía.   

“Los individuos, al notar la presencia de  los  agentes  del  orden,  trataron  de emprender la huida en el automotor, pero  ante  la  persecución  de  que  eran  objeto, decidieron abandonarlo y disparar  contra  los  policiales  quienes  repelieron  el  ataque e hirieron a uno de los  autores del hecho.   

“Capturados   los  dos  sujetos  fueron  identificados   como   DIEGO   MARCEL  DEL  CASTILLO  CABRERA (herido) y Alberto Cantillo Reyes. Al primero  de  los  mencionados se le encontró en su poder un revólver marca Colt calibre  38 y al segundo una navaja”.   

                               

II – ACTUACION PROCESAL  

                                  La  Fiscalía  Segunda  Delegada  Permanente  en  turno de Barranquilla, abrió la investigación penal y recibió  indagatoria al capturado Alberto Cantillo Reyes.   

                             El  asunto  pasó  luego  a la Fiscalía  Primera  Delegada de la Unidad Dos Especializada en delitos contra el Patrimonio  Económico  Público  y  Privado,  quien  oyó  en  indagatoria  a  DIEGO   MARCEL  DEL  CASTILLO  CABRERA  y  amplió la injurada de Cantillo Reyes.   

                             A los dos procesados se les resolvió la  situación  jurídica  con medida de aseguramiento en la modalidad de detención  preventiva:  a Castillo Reyes por el punible de hurto calificado y agravado, y a  DEL  CASTILLO  CABRERA  por  este mismo delito en concurso con el porte ilegal de arma de fuego.   

                             La defensora de Cantillo Reyes solicitó  a   la  Fiscalía  la  ampliación  de  indagatoria  de  su  representado  y  el  proferimiento  de  sentencia anticipada. El mismo acusado manifestó su voluntad  de    “acogerse”    a    esa    forma   de   terminación   anticipada   del  proceso.   

                               El    defensor    de    DEL   CASTILLO   CABRERA   solicitó  la  realización  de  la  audiencia  especial  en  los  términos  previstos  en  el  artículo 37 A del Código de Procedimiento Penal.   

                             El 8 de noviembre de 1994 compareció al  despacho  de  la Fiscalía el procesado Alberto Cantillo Reyes acompañado de su  apoderada  “con  el  fin  de  realizar  la  diligencia  de  audiencia especial  prevista  en  el  artículo  37 A del C.P.P.”. En el acta se dice textualmente  que  luego  de  las  advertencias  del  caso  el Fiscal procedió a formular los  cargos  al  procesado quien se encontraba incurso en la conducta descrita en los  artículos  350  y 351 del C.P., esto es hurto calificado y agravado, cometido a  título  de  dolo,  lo  que  significaría  una  pena  no inferior a 30 meses de  prisión.  El  sindicado  aceptó estos cargos y solicitó que se le concedieran  los  beneficios  de  ley,  y  la  defensora expresó que como su representado se  acogió  a  la  sentencia  anticipada,  esperaba  que esta se profiriera lo más  pronto    posible    para    que   aquél   pudiera   gozar   de   su   libertad  provisional.   

                             El  11  de noviembre de 1994 se llevó a  cabo     la     “diligencia     de     AUDIENCIA  ESPECIAL  prevista  en el artículo 37 A del C.P.P.”  concedida  al  procesado  DIEGO  MARCEL  DEL CASTILLO  CABRERA.  En  el  acta  se  dejó constancia de que el  Fiscal  procedió a hacer todas las explicaciones y advertencias del caso, luego  de lo cual le formuló los cargos así:   

“Está demostrado en autos con fundamento  en  las  pruebas recopiladas, que el señor DIEGO MARCEL DEL CASTILLO CABRERA se  encuentra  incurso  en  la conducta descrita en el Código Penal, HURTO AGRAVADO  CALIFICADO,  en  concurso con el de PORTE ILEGAL DE ARMAS DE FUEGO, de que trata  el  Código  Penal  en su Libro Segundo, Capítulo 1º , Título XIV, artículos  350  y  351  y   el  Título  V,  Capítulo  2º artículo 201. Pruebas que  permiten  radicarlo  en juicio criminal, delito este cometido a título de dolo,  teniendo  en  cuenta  los  parámetros  del  artículo  61  y  ss  del  C.P., le  significaría una pena no inferior a treinta meses de prisión”.   

El procesado manifestó su aceptación por el  cargo  de  hurto  calificado  y  agravado, pero no aceptó el de porte ilegal de  armas,  pues  dice  que ni a él ni a su compañero le fueron encontradas armas,  que  había una navaja pero que su acompañante no sacó. El defensor compartió  la  posición  del  acusado y expresó que existía duda probatoria en relación  con el porte ilegal de armas.   

El  Fiscal  dio por terminada la diligencia,  previa  aclaración  de  que posteriormente se pronunciaría sobre la ruptura de  la  unidad  procesal, y dejó constancia de que al incriminado se le reconocerá  una  “rebaja de pena de una sexta a una tercera parte” por haberse acogido a  la audiencia especial.   

Posteriormente la Fiscalía ordenó romper la  unidad  procesal y expedir copias para que la autoridad competente investigue el  delito  de  porte  ilegal  de  armas de fuego imputado al procesado DIEGO       MARCEL       DEL      CASTILLO      CABRERA.   

El expediente pasó al Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de  Barranquilla, que dictó la sentencia de primera instancia en  la  que  se  condenó  a  los  procesados  por  el punible de hurto calificado y  agravado  de  conformidad  con  los artículos 349 y 350-1-2-, 351-6-10, y 372-1  del  C.P.,  a  la  pena principal de cuarenta y un (41) meses y veintisiete (27)  días.   

Apelado  el  fallo  de  primer grado por los  defensores  de  los  procesados,  el  Tribunal lo confirmó con la modificación  consistente  en  suprimir  la  agravación de que trata el numeral 1º  del  artículo  372 del Código Penal porque no fue formulada en los cargos, y redujo  la  pena  a  cuarenta  (40) meses de prisión, tasación que se hace con base en  los artículos 350-1-2 y 351-9-10 ibidem.   

III – LA DEMANDA  

                            Primer cargo:   

                                   Al amparo de la causal tercera se  acusan  las  sentencias  “de primera y segunda instancia” porque se dictaron  en  un  juicio  viciado  de nulidad, pues se edificaron sobre una resolución de  acusación,  que  en  el presente caso constituye el “ACTA DE ACUERDO previa a  la  sentencia  anticipada”,  la  cual  no  contiene  los  requisitos  formales  consagrados  en  el  artículo  442  del  C.  de P.P., pues no se precisaron los  cargos   imputados  al  procesado  DIEGO  MARCEL  DEL  CASTILLO CABRERA.   

                             Luego  de transcribir el aparte del acta  de  audiencia en donde se formularon los cargos al procesado, aduce que allí no  se  precisaron las causales de calificación y agravación del hurto y reprodujo  parte   de  la  sentencia  de  primera  instancia  en  la  que  se  realizó  la  dosificación  punitiva  con fundamento en los numerales 1º y 2º del artículo  350; 6º y 10º del artículo 351 y 1º del artículo 372 del C.P.   

                              Se  vulneró  el  derecho  de  defensa  consagrado  en  el artículo 304-3 del C. de P.P., porque el incriminado aceptó  los   cargos   “con   la  expectativa  de  lograr  la  Condena  de  Ejecución  Condicional”,  pero  las  sentencias  de instancia sorprendieron al sindicado,  porque  si bien se admite la imputación por hurto calificado, esta solamente se  presenta  con  fundamento en el numeral 1º del artículo 350, no así el 2º, y  por  consiguiente  la sanción se ha  debido dosificar en ocho meses menos,  pues  siguiendo  el  criterio  de  Antonio  Vicente  Arenas, en los hechos no se  presentó  creación  o  aprovechamiento  de  circunstancias  de  inferioridad o  indefensión de la víctima.   

                             Caso similar se presentó con relación a  los  causales  de  agravación  punitiva,  ya  que si bien el defensor acepta la  existencia  de  la circunstancia prevista en el numeral 10º  del artículo  351,  dice  rechazar la establecida en el numeral 9º del mismo artículo porque  la  considera  aplicable  exclusivamente  para  aquellos  casos  en  los  que la  nocturnidad  contribuye  a la desprotección del bien objeto material del delito  de hurto o lo facilita.    

                             Luego  de  recordar  algunos  apartes de  pronunciamientos   jurisprudenciales  sobre  la  necesidad  de  precisar  en  la  resolución  de  acusación  las circunstancias de agravación punitiva, sostuvo  el  demandante  que  al no haberse precisado en la resolución de acusación las  causales  de  calificación  y  agravación  punitiva,  dificultó en extremo la  actividad  de la defensa porque “ni mediante un gran esfuerzo mental…hubiera  deducido  esa  causal,  ya  que  no  se  presentaba  de  bulto  y  significó un  incremento de ocho meses en la pena”.   

                             Solicita la declaración de nulidad de lo  actuado  a  partir del “Acta de Acuerdo previa a la sentencia Anticipada”, y  solicita  además  la libertad del procesado con fundamento en lo previsto en el  numeral  4º   del  artículo  415  del C. de P.P.            

                            Segundo Cargo:   

                             En forma subsidiaria el impugnante acusa  la  sentencia  de ser violatoria de manera directa del artículo 350 del numeral  2º del Código Penal, porque fue aplicado indebidamente.   

                             Transcribe  apartes  de  la sentencia de  segunda  instancia para aducir que el hecho de que el procesado hubiese afirmado  en  la  ampliación de indagatoria que tomó a la víctima por el cuello con una  mano  y  con  la  derecha  le  sacó la plata del bolsillo de la camisa, si bien  constituye  violencia,  no  configura la circunstancia calificadora de colocar a  la  víctima  en condiciones de indefensión. Para el Magistrado, el mismo hecho  le  permitió  deducir  dos  circunstancias  de calificación, lo que constituye  error  que  conduce  a la indebida aplicación del numeral 2º del artículo 350  del   estatuto   punitivo,   por   lo   que  se  incrementó  la  pena  en  ocho  meses.   

                              Como   quiera  que  sólo  existe  una  circunstancia  de  calificación  en  el  comportamiento  del  sindicado, la del  artículo  350-1  “Con  violencia sobre las personas”, se hace necesario que  la  Corte  modifique la sentencia de segunda instancia, “debiéndose disminuir  la  pena  en  7 meses, lo que arrojaría 33 meses de prisión en definitiva, por  lo   que   procede   otorgar   el   subrogado   de   la  condena  de  ejecución  condicional.   

                              En   capítulo  aparte,  el  libelista  solicita  un  pronunciamiento  de  la  Corte sobre el alcance de la rebaja de la  pena  establecida  en  el  artículo  37  A  del  C.P.P.,  pues dice que algunos  funcionarios  judiciales  otorgan  una  rebaja  de  una  tercera parte cuando se  tramita  la  audiencia  especial,  en tanto que otros conceden una reducción de  una sexta parte, sin criterio de diferenciación alguno.   

IV    –    CONCEPTO    DEL    MINISTERIO  PUBLICO   

                             El  Procurador  Tercero  Delegado  en lo  Penal  sugiere  a  la  Corte  que se case la sentencia impugnada y se declare la  nulidad   de  todo  lo  actuado  a  partir  de  la  “diligencia  de  audiencia  especial”, y para ello se apoya en las siguientes razones:   

                             Considera  necesario  dejar  establecido  como  presupuesto  de  su posterior opinión, que la diligencia que en verdad se  llevó  a  cabo  con  cada  uno   de  los  acusados  fue  la prevista en el  artículo   37   del   Código  de  Procedimiento  Penal,  denominada  sentencia  anticipada,  auncuando  la  Fiscalía  equivocadamente  creyó aplicar la figura  contemplada   en  el  artículo  37  A  ibidem  bajo  el  título  de  audiencia  especial.   

                              Dice   el  Procurador  que  en  varias  oportunidades  ha  propuesto  respetuosamente a la Sala de Casación Penal de la  Corte  la  inaplicación  del mecanismo de la sentencia anticipada por presentar  manifiesta  contrariedad con los mandatos de la Constitución Política de 1991,  pues   en  su  opinión  un  tal  procedimiento  vulnera  garantías  judiciales  reconocidas  a  través de los mandatos de la Carta Política, y en los tratados  de  derechos  humanos  ratificados  por Colombia, tales como la de ser oído por  Tribunal  competente  para  el  pronunciamiento  de  la  sentencia  y  la de ser  examinada su causa en audiencia pública.   

                             La sentencia anticipada, es sin dudarlo,  una  forma de garantizar la celeridad del procedimiento y en persecución de tal  finalidad  pone los intereses abstractos de la justicia y de su eficientismo por  encima  de los derechos y garantías del procesado, olvidando que el artículo 5  de  la  C.N.  reconoce “la primacía de los derechos  inalienables  de  la  persona como base fundamental del  estado”.   

                                  El art. 29 de la Carta Política  consagró  el debido proceso, para cuya protección es de particular importancia  que  el  funcionario  previamente  establecido  por  la ley y con capacidad para  decidir  en  definitiva  sobre  el  asunto  materia  de  acusación,  escuche al  encartado,  analice  las  pruebas  de  cargo  y de descargo y dicte la sentencia  correspondiente,  pero  que  también  se respete la presunción de inocencia la  que  solo  puede  ser  destruida  a  través  de  la  declaración  judicial  de  culpabilidad,  que surge del proceso de juzgamiento, con lo cual se exige que la  sentencia  se fundamente en pruebas legalmente recogidas, debidamente discutidas  por  la defensa y posteriormente avaluadas por el “tribunal de juzgamiento”,  con  lo  que  se  limitan también las posibilidades de que sea el órgano de la  acusación,  un  tercero,  o  el  mismo procesado quien declare la culpabilidad,  así  como  una declaratoria de culpabilidad anticipada en la que sea el órgano  de la acusación quien la realice.   

                             Es esencia del debido proceso el derecho  a  la  defensa,  y su complementario de la controversia probatoria, así como la  publicidad  del juzgamiento, razones que permiten afirmar que en todo caso en el  que  no  se conceda al acusado la oportunidad de controvertir las pruebas que se  esgriman  en  su  contra o se impida la publicidad, se está ante un proceso, si  ha  sido  establecido  como  tal  por la ley, “pero que dicho proceso no será  debido”.   

                               Estas   garantías   se   encuentran  establecidas  en  instrumentos  internacionales  sobre  derechos  humanos, cuyos  contenidos  prevalecen en el derecho interno según lo dispuesto en el artículo  93  de  la  Constitución  Política, en especial la Convención Americana sobre  Derechos  Humanos  (Pacto  San José de Costa Rica), artículo 8º  bajo el  título de “Garantías Judiciales”, cuyo texto transcribe.   

                             En contradicción con estas reglas, en el  artículo  37  se  consagró una forma de terminación anticipada del proceso en  la  cual  se suprimen las garantías procesales de discusión de la acusación y  derecho  a  la  audiencia pública de juzgamiento, pues basta con la aceptación  de  los  cargos  por  parte  del procesado para que se tengan elementos formales  suficientes  para  el  proferimiento  de  sentencia  que,  de  acuerdo  con  los  antecedentes   legislativos   y   con   las  reglas  de  la  lógica,  debe  ser  necesariamente  de  carácter  condenatorio,  en  tanto que a tal aceptación de  cargos  se  le  toma  como  una  confesión  de  carácter privilegiado que hace  innecesaria   cualquiera   otra   comprobación   de   los   hechos  materia  de  investigación.   

                             Este  procedimiento,  que  no  deja duda  alguna   de   su   legalidad  en  cuanto  es  norma  positiva,  es  sin  embargo  inconstitucional  a  la  luz  de  los  derechos  fundamentales  que  se  dejaron  mencionados.   

                              Es   procedente   para  la  judicatura  abstenerse  de  aplicar  la  sentencia  anticipada,  pues  con  ella se viola la  Constitución  Política  y los derechos fundamentales, surgiendo la obligación  de  aplicar  el  artículo  4º   de la Carta Política, lo que implica que  siempre  que  se  haga  solicitud de sentencia anticipada debe negarse ésta por  ser incompatible con el artículo 29.   

                             Idéntica  decisión  debe  adoptarse en  este  caso  particular,  pues  en  él  se llegó a la sentencia a través de la  figura  de la sentencia anticipada, porque el proceso efectivamente se encuentra  viciado de nulidad desde las diligencias correspondientes.   

                             En el evento de que la Corte no comparta  los  planteamientos  de  la  Delegada,  también  se solicita la declaración de  nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de  la audiencia especial celebrada con los  procesados,   pues   supuesta   la   constitucionalidad  del  trámite,  con  el  procedimiento  observado  por  la Fiscalía se violaron claros preceptos legales  por  cuya  no aplicación se llegó al quebranto del derecho a la defensa de los  dos procesados.   

                              Transcribe  el  numeral  2º   del  artículo  37  B  del C.P.P. (art. 5º de la Ley 81/93), para decir que aquí al  establecer   claramente   que  los  cargos  formulados  son  equivalentes  a  la  resolución  de  acusación,  equivalencia  que  se  establece  no  como  simple  formalismo  para fijar un momento procesal a partir del cual se pueda iniciar la  etapa  del juicio, (que no existe en estos casos), o determinar la interrupción  del  término de prescripción de la acción, o para establecer la improcedencia  de  una  eventual  libertad  provisional.  En su opinión la equivalencia de los  cargos  formulados  participa de las notas fundamentales que le son propias a la  resolución  de acusación, cuales son las de servir de contenido y límite a la  acusación,  y fijar la imputación penal que orienta el ejercicio del derecho a  la defensa.   

                              La   formulación  de  los  cargos  en  desarrollo  de la figura procesal de la sentencia anticipada, (que materialmente  se  produjo en este asunto), debe respetar las exigencias formales señaladas en  el artículo 442 del C.P.P. cuyo texto transcribe.   

                             Estas  exigencias  surgen  de  la exacta  comprensión  de  la figura, pues siendo su naturaleza la de ser un mecanismo de  terminar  anticipadamente  el proceso, exclusivamente, no puede permitirse que a  través  de él se vulneren derechos fundamentales del imputado como son conocer  con  exactitud  los  cargos  que  se  elevan  en  su  contra  y  el  de darle la  oportunidad  de  controvertir todas las circunstancias que podrán incidir en la  determinación de la pena.   

                             En la formulación de cargos que haga el  Fiscal  durante  la  diligencia previa a la sentencia anticipada, es fundamental  que  se  especifiquen  los  hechos  materia  de  la  investigación “con  todas  las  circunstancias  de modo, tiempo y lugar que las  especifiquen”,  en  la  medida  en  que  todo  ello  determinará    la    “calificación    jurídica  provisional”,   que  será  en  definitiva  la  que  permitirá  una  adecuada  defensa  y  constituirá los límites de la sentencia  definitiva.   

                             En este caso particular no se observaron  estos  parámetros  normativos, y la formulación de cargos se hizo con omisión  del  recuento  de  los  hechos que se consideraron probados y las circunstancias  que  los especifican, sino -lo que es más grave- sin precisar las disposiciones  legales  que recogen las causales de calificación del hurto y de agravación de  la  pena,  de  manera que el juez tuvo que establecerlas en la sentencia, cuando  ya no era procedente.   

                             Esta  actitud fue igual en relación con  los  dos procesados, quienes fueron sorprendidos en la sentencia con condiciones  determinantes  de  la  punibilidad  que  no  estuvieron  en capacidad de conocer  previamente,  razón  por  la que puede afirmarse que se quebrantó el derecho a  la  defensa,  condición  ésta  que  impone  la  declaración  de nulidad de lo  actuado  acogiendo  la petición de la demanda de casación, (a la cual se llega  con  otros  argumentos), y como consecuencia de la facultad oficiosa de casar la  sentencia en lo relativo al procesado Luis Alberto Cantillo Reyes.   

                             Bajo  la  consideración  de  que  está  demostrada  la  nulidad  que afecta el proceso, la Delegada estima que carece de  fundamento   el   análisis  de  la  planteada  violación  directa  de  la  ley  sustancial.   

V – CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

                               1.   Respecto    a  la  inquietud  planteada  por  el  Ministerio  Público  sobre la  inconstitucionalidad  de  la sentencia anticipada, es suficiente recordar que la  norma  fue  declarada  exequible  por  la Corte Constitucional en providencia de  septiembre  12  de  1996,  (C-425),  en  la  cual expresamente se dijo que no es  violatoria del debido proceso.   

                                    2.  En  cuanto  a  la  observación del Procurador en el sentido de que  la  Fiscalía  creyó  equivocadamente  aplicar  la figura de la audiencia especial,  cuando  la  diligencia  que  se llevó a cabo fue la de sentencia anticipada, es  importante   advertir   que    así  se  haya  solicitado  la  “audiencia  especial”,  nada impide que el procesado termine aceptando la totalidad de los  cargos,  pues  si  él considera que están correctamente formulados puede tomar  esa  decisión.  En el caso que nos ocupa el imputado aceptó la responsabilidad  en  cuanto  al  delito de hurto calificado y agravado, y la negó sobre el porte  ilegal  de armas, de ahí que se optara  por romper la unidad procesal para  que  ese  punible se continuara investigando por separado, tal como lo establece  el  numeral  3 del artículo 37 B, aplicable en los casos de los artículos 37 y  37 A del estatuto procesal.   

                             La  defensora  de Alberto Cantillo Reyes  solicitó  que  se  profiriera  “sentencia anticipada”, pero la Fiscalía al  citar  al  procesado  dijo  que  se  trataba  de  una diligencia de “audiencia  especial”,  en la que se le formularon cargos por hurto calificado y agravado,  que  fueron  aceptados  por  él, de modo que el error en la denominación de la  diligencia  es intrascendente, pues no impidió que ésta cumpliera la finalidad  para la cual había sido solicitada.   

3.    DE  LA NULIDAD.   

                                    Como   se   dejó  reseñado,  demandante  y  Delegada solicitan la invalidación del proceso a partir del acta  de  “audiencia  especial”,  por  considerar  que  no contiene los requisitos  formales   consagrados   en  el  artículo  442  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

                               

                             El numeral 2º del artículo 37 B ibidem,  dice  textualmente:  “Equivalencia a la resolución  de   acusación.  El  acta  que  contiene  los  cargos  aceptados  por  el  procesado en el caso del artículo 37 o el acta que contiene  el  acuerdo  a  que  se  refiere  el  artículo  37  A,  son  equivalentes  a la  resolución de acusación”.   

                               Al   decir   que   las   actas   son  “equivalentes”   está   admitiendo   que  formalmente  no  tienen  que  ser  exactamente  iguales  a  la  resolución de acusación, y es obvio que sea así,  pues  no  es  necesario  que  se  realice evaluación de las pruebas, ni tampoco  contendrá  respuesta  a  la  alegaciones  de  las  partes  por  sustracción de  materia.   

                             Pero  lo que si indica esa expresión es  que  las  actas  tienen  igual  valor,  eficacia, aptitud, que la resolución de  acusación,  de  modo  que  la sentencia debe ser dictada en consonancia con los  cargos  allí atribuidos al acriminado, de lo contrario es violatoria del debido  proceso.  Pero  para  que  la congruencia pueda observarse, es indispensable que  tanto  la  imputación fáctica como la jurídica de lo acaecido contengan todos  los  elementos  necesarios  para  que no haya ninguna duda sobre cuáles son los  delitos,  (conducta  típica,  antijurídica,  y culpable), y las circunstancias  agravantes  que  el  fiscal  le  atribuye  al  acusado; las atenuantes no tienen  problema      porque      el      juez      puede     reconocerlas     en     la  sentencia.       

                             En el caso que nos ocupa la audiencia se  desarrolló  en la forma como se hizo constar en al acta, cuyo contenido es como  sigue:   

“… procede el Funcionario, en presencia  de   su   Auxiliar,   a  instalar  la  audiencia,  declarándola  abierta,  y  a  continuación  el  señor  Fiscal procede a explicarle el objeto y alcance de la  misma  con  el  fin  de  llegar  a un acuerdo dentro de la legalidad, del debido  proceso,  preservando los derechos esenciales y explicándosele las limitaciones  que  pudieran  presentársele  para  controvertir  su  responsabilidad.  Se hace  énfasis  dentro del marco de la legalidad respecto a la adecuación típica, el  grado  de  participación,  la  responsabilidad  que  le  compete  en  el  hecho  investigado,  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y lugar en que ocurrió el  hecho;  la  pena  a imponer y el beneficio de condena de ejecución condicional.  Seguidamente,   el   señor  Fiscal  formula  los  cargos  contra  el  procesado  así:    Está   demostrado   en   autos  con  fundamento  en  las  pruebas  recopiladas,  que  el  señor  DIEGO  MARCEL  DEL  CASTILLO CABRERA se encuentra  incurso  en la conducta descrita en el Código Penal, HURTO AGRAVADO CALIFICADO,  en  concurso  con  el de PORTE ILEGAL DE ARMAS DE FUEGO, de que trata el Código  Penal  en  su  Libro  Segundo, Capítulo 1º , Título XIV, artículos 350 y 351  y   el  Título  V,  Capítulo  2º  artículo  201.  Pruebas  que permiten  radicarlo  en  juicio criminal, delito este cometido a título de dolo, teniendo  en  cuenta  los parámetros del artículo 61 y ss del C.P., le significaría una  pena  no  inferior a treinta meses de prisión”. Seguidamente se le concede el  uso  de  la  palabra  al sindicado, para que manifieste si acepta o no lo cargos  formulados  y  CONTESTO: Si  acepto  el  cargo  de  Hurto  Calificado  y Agravado, pero el de Porte Ilegal de  Armas  de  Fuego  no lo acepto, porque el arma no me fue encontrada a mí, ni en  mis  ropas,  pero  en ningún momento los agentes me encuentran armas a mí ni a  mi  compañero,  había  una  navaja  pero  él  tampoco la sacó, yo me vengo a  enterar   del   arma   de   fuego   allá  en  el  hospital,  esa  arma  aparece  después.”.   

                             Es evidente que el cargo aceptado fue por  hurto  calificado  y  agravado,  pero  no  se  precisó cuál o cuáles eran las  causales  de  calificación  y de agravación que se imputaban, de manera que el  defensor,  por  lo  que  dice  en  la  demanda,  entendió  que la circunstancia  calificante  era únicamente la del numeral 1º. , y la agravante la del numeral  10º.;  sin  embargo  el  juez  de primera instancia dedujo las de los numerales  1º.  y  2º.  del  artículo  350;  6º.  y 10º. del artículo 351; y 1º. del  artículo  372   del  Código  Penal. Por su parte el Tribunal, no obstante  expresar  que  “da  grima la falta de precisión de la fiscalía al momento de  concretar  los  cargos”,  resolvió  eliminar  la agravante del artículo 372,  porque  a  su juicio no fue imputada en la acusación, pero confirmó los demás  factores de incremento de la pena.   

                             Las diversas opiniones se deben a que los  cargos  no  fueron  presentados  con  la  claridad  y precisión necesarias para  servir  de  marco  fáctico y jurídico a la sentencia, de manera que lo que han  debido  hacer  los  juzgadores  era decretar la nulidad del acta, y no pretender  subsanar  el  vacío  dejado  por  la  fiscalía,  pues  era  ostensible  que la  irregularidad seguiría latente en el proceso.   

                               

                              El  demandante  alega  violación  del  derecho  a la defensa partiendo de la base de que se adicionó la acusación con  una  circunstancia  de  calificación  y  otra  de  agravación  que  no  fueron  aceptadas  por  el  sindicado, pero la realidad es que con fundamento en el acta  no  se  puede  saber  por  qué  el  delito  endilgado fue “hurto calificado y  agravado”,  de  manera  que  esa  diligencia es también violatoria del debido  proceso  por  su  anfibología,  por  lo  tanto  se  accedera a la petición del  libelista.   

                             Es probable que en la audiencia el fiscal  se  haya  referido a todos los detalles propios de la acusación, ya que así lo  da  a  entender  el  acta  y  la manifestación del censor, sin embargo el error  consiste  en  no  incluirlos en el documento, pues el juez no puede fallar sobre  suposiciones,   ni  la  formulación  de  los  cargos  puede  ser  de  tal  modo  incompleta,  que  el  procesado  y  su  defensor  entiendan  estar aceptando una  imputación,  y el juzgador infiera una diferente.   

                             4.  Teniendo  en  cuenta  que el acta de  formulación  de  cargos contra ALBERTO CANTILLO REYES fue redactada exactamente  en  los  mismos  términos  de  la  de DIEGO MARCEL DEL CASTILLO, y por lo tanto  adolece  de  las  mismas  fallas,  resulta necesario acudir al artículo 243 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  que  permite  la aplicación extensiva de la  decisión  a  los  no  recurrentes,  según  el  caso,  pues  de lo contrario la  sentencia   quedaría  vigente  respecto  de  él,  entrañando  una  ostensible  contradicción.   

                             4.  Al  prosperar  el  cargo  de nulidad  resulta  innecesario  abordar  el  estudio de la censura planteada por la causal  primera,   que  tiene  como  fundamento  la  misma  irregularidad  anteriormente  analizada.   

                              5.  El  libelista  solicita  que  como  consecuencia  de  la  prosperidad  del reproche se otorgue al implicado libertad  provisional  de acuerdo con lo previsto en el numeral 4º. del artículo 415 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  lo  cual  sería  procedente,  de no haberse  presentado lo siguiente:   

                               

                             El 12 de julio de 1996, cuando el proceso  ya  se  encontraba en la Corte en trámite del recurso de casación, el defensor  del  sentenciado  ALBERTO CANTILLO REYES solicitó la libertad condicional de su  cliente,  así  como  el  acriminado  DIEGO MARCEL DEL CASTILLO, ante el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Barranquilla, la cual les fue concedida sin que  el  funcionario  tuviera  competencia  para ello, y sin que la sentencia hubiere  cobrado ejecutoria.   

                             Dada esa irregular actuación, cuya copia  fue  anexada al expediente, la Sala decretará la nulidad del pronunciamiento, y  ordenará  compulsar  copias  para  que las autoridades disciplinarias y penales  adelanten  la  averiguación  correspondiente.  También  se  librará  orden de  captura,  y  si  esta se hace efectiva, la autoridad que esté conociendo en ese  momento  del  proceso  resolverá  lo  que  sea  pertinente  sobre  la libertad.   

                               

                             En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia -Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E  

                             1.  Casar la sentencia dictada contra el  procesado  DIEGO MARCEL DEL CASTILLO CABRERA, impugnada por su defensor, lo cual  se hace extensivo de oficio al acusado ALBERTO CANTILLO REYES.   

                             2.  Decretar  la  nulidad  del proceso a  partir  del  acta  de  formulación  de  cargos  a  cada  uno  de los implicados  inclusive, por las razones anotadas en la parte motiva.   

                             Cópiese, notifíquese, y devuélvase al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

                                   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

                                                       

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                RICARDO     CALVETE  RANGEL                                                                                                                                                   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                          CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ   ARGOTE           

EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                                          MARIO MANTILLA NOUGES   

CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR                                            NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

                                                                                                                 

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