28674(28-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28674  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.240   

Bogotá,  D. C., veintiocho (28) de noviembre  de dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor contra la sentencia de segundo grado proferida por  el  Tribunal  Superior de Ibagué, a través de la cual confirmó la del Juzgado  Primero  Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de la misma ciudad, en  la  que  condenó a ALEX ARQUIDIO ESPINOSA GUTIÉRREZ como autor responsable del  delito  de  homicidio  agravado, en concurso homogéneo y sucesivo con homicidio  agravado  en  la  modalidad  de  tentativa  y en concurso heterogéneo con el de  fabricación,   tráfico   y   porte  de  armas  de  fuego  o  municiones,   disminuyéndole  la pena a 300 meses de prisión (25) años.   

HECHOS Y SINOPSIS PROCESAL  

1. Se extracta de las diligencias que el 22 de  enero  del  año  que  avanza,  aproximadamente a las 3:43 de la tarde, Libaniel  Ardila  Vanegas,  acompañado de Jenny Balceiro Grajales, al mando del vehículo  de  placa  BNL-777  se  acercaba  a  la casa de sus familiares, localizada en la  carrera  1ª   No. 31 –  44,  barrio  América  de Ibagué, Tolima, cuando fue interceptado por un sujeto  quien  les disparó en múltiples oportunidades, produciéndoles heridas graves,  razón  por  la  cual  fueron  trasladados al servicio de urgencias del hospital  Federico   Lleras   Acosta,   en   donde,   horas   más   tarde   murió  Jenny  Balceiro.   

Familiares  de la víctimas noticiaron de los  hechos  a los policías del CAI de Yuldaima, quienes con base en la información  recibida  acerca  de  los  rasgos  físicos  del  agresor  y  la manera como iba  vestido,  después  de  diecisiete  minutos, capturaron a ALEX ARQUIDIO ESPINOSA  GUTIÉRREZ,  a  quien,  sometido a requisa, le hallaron un revólver calibre .38  largo  con  cinco  vainillas,  por  lo  que  fue  puesto  a  disposición  de la  Fiscalía.   

2.     La     captura    de    ESPINOSA  GUTIÉRREZ fue legalizada por  el  Juzgado  Séptimo  Penal  Municipal  de  Ibagué con funciones de Control de  Garantías  en audiencia preliminar llevada a cabo el 23 de enero de 2007, en la  cual  la  Fiscalía  le formuló imputación a aquél por la conducta punible de  homicidio  agravado  en la modalidad de tentativa  y en concurso homogéneo  y  sucesivo  homicidio  agravado y heterogéneo con el delito de porte ilegal de  armas  de  fuego  de defensa personal y, además, por su solicitud, se le impuso  medida de aseguramiento de detención preventiva.   

En  esta oportunidad el indiciado aceptó los  cargos    que    le    atribuyó    la   Fiscalía1.   

3.  El Juzgado Primero Penal del Circuito con  funciones  de  conocimiento  de  Ibagué,  el  13  de  junio  de 2007, profirió  sentencia  condenando  a  ALEX  ARQUIDIO  ESPINOSA  GUTIÉRREZ  a   la pena  principal  de  360  meses de prisión, a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por un lapso de 20 años, como  autor  responsable  del  delito  de  homicidio agravado en concurso homogéneo y  sucesivo  con  el  de  homicidio  agravado  en grado de tentativa, y en concurso  heterogéneo  con  el  de  tráfico,  fabricación  y  porte de armas de fuego o  municiones,   con   fundamento  en  la  aprobación  de  la  aceptación  de  la  imputación efectuada por parte del procesado.   

Esta sentencia fue impugnada por el defensor,  quien  fundó  la  censura  en  los  siguientes  puntos: 1) El juez de instancia  debió  aplicar  la  rebaja  de  pena del 50% y no del 40%. 2) Se desconoció el  principio  de  igualdad  porque  la  pena  no  se  dosificó con los parámetros  acostumbrados  por  la  judicatura.  3)  Con base en el fallo de tutela T-091 de  2006  proferido  por  la  Corte  Constitucional,  a su procurado no se le podía  aplicar  el  incremento  punitivo  señalado en el artículo 14 de la Ley 890 de  2004.   

SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

Consideró  que  la disminución punitiva del  40%  que  aplicó  el  a  quo  carece  de  motivación,  en  cuanto  éste  no  indicó  por  qué deducía ese  porcentaje  y  no  el que le solicitó la Fiscalía.  Por ello modificó el  fallo  en  el  sentido  de reconocerle al procesado la rebaja del 50% de la pena  imponible.   

También  que la dosificación punitiva, como  lo  señalaron  la  Fiscalía  y  el  Ministerio  Público  en  la  audiencia de  sustentación  del  recurso,  se  ciñe  a  la  legalidad,  pues el a  quo,  acorde  con  las  previsiones del  artículo  31  de la Ley 599 de 2000, inicialmente estableció la pena imponible  para   el   delito   más   grave   ­─homicidio      agravado─,  fijando  el extremo mínimo del primer cuarto, esto es, 400 meses  de  prisión,  el  cual  aumentó  en  200 meses por los dos delitos concursales  ­-homicidio  agravado en la  modalidad  de  tentativa-   y  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa  personal─, lo cual arrojó  un  total de 600 meses; cifra que no supera la suma aritmética de las penas que  individualmente   correspondería   a   cada   una  de  las  aludidas  conductas  prohibidas, que oscilaría entre 616 y 795 meses.   

También dijo que la referencia del recurrente  a  un  supuesto  promedio  nacional  y  a la forma como acostumbran los jueces a  dosificar  el  concurso  delictivo  carece de respaldo probatorio, pues frente a  dicho  fenómeno  lo  que  se  debe  verificar  es  si  la graduación realizada  consulta o no la normatividad vigente.   

En cuanto a la aplicación del artículo 14 de  la  Ley  890 de 2004, señaló que al entrar a regir el sistema de procesamiento  penal  acusatorio  en el Distrito Judicial de Ibagué a partir del 1 de enero de  2007,  se  impone  de  manera  indubitable la aplicación del aumento general de  penas  previsto en la citada ley, con la cual el legislador persigue ajustar las  disposiciones  del Código Penal a los requerimientos que implica la adopción y  puesta  en  marcha  del  aludido  procedimiento,  el  cual  prevé mecanismos de  negociación   y   preacuerdos   ligados  al  reconocimiento,  cuantitativamente  extenso, de rebaja de penas.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor del procesado con sustento en la  causal  primera  de casación señalada en el artículo 181, numeral 1 de la Ley  906  de  2004,  formuló  un  único  cargo  contra  la  anterior  sentencia por  violación  directa  de  la ley sustancial porque los jueces, en las instancias,  aplicaron  indebidamente  el  artículo  14 de la Ley 890 de 2004, que prevé un  incremento  punitivo  para  todos los delitos señalados en la parte especial de  la  Ley  599  de  2000,  el  cual  únicamente  es  aplicable cuando se trata de  preacuerdos    o    negociaciones,    pero    no    del    allanamiento   a   la  imputación.   

CONSIDERACIONES  

1. Precisión inicial   

Conforme   lo  establece  la  Ley 906 de  2004,  en  su  artículo  181,  el  recurso  extraordinario  de  casación está  instituido  como  mecanismo  de control constitucional y legal de las sentencias  de            segunda            instancia2,   tendiente   a  reparar  el  desconocimiento  o violación de derechos o garantías fundamentales, por lo que  el  demandante  está  en  la  obligación  de  indicar  la  causal  pertinente,  desarrollar  el cargo sustento del recurso y acreditar la necesidad del fallo de  casación  para el cumplimiento de uno cualquiera de los fines señalados por el  legislador  en  el  artículo  180  de la citada codificación, esto es, para la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  padecidos  por  éstos y la  unificación de la jurisprudencia.   

Tal  ejercicio  lo  debe  hacer el censor con  sujeción  a  las  reglas que gobiernan la postulación y desarrollo de cada uno  de  los  reproches,  de conformidad con el espacio jurídico propio de la causal  invocada  para  el efecto, so pena de que por su incumplimiento el libelo no sea  admitido,     como     lo     dispone     el    artículo    184    ejusdem.   

El  control  constitucional  y  legal  que se  imprime  a la sentencia de segundo grado a través del recurso extraordinario de  casación  es  de  carácter  extraordinario  y  por  ello su sustentación debe  allanarse  a  requerimientos metodológicos ineludibles, cimentados en la razón  y  la  lógica  y  a  la  observancia  de las reglas de coherencia, precisión y  claridad que conducen al cabal entendimiento del reparo.   

En  virtud  de  lo  anterior,  además de los  fundamentos  de  lógica, de debida argumentación y de contenido de los cargos,  se  debe  analizar  la necesidad de intervención de la Corte en aras de cumplir  alguna  de  las  finalidades  del  recurso,  porque  si se advierte la imperiosa  protección  o  restauración de un derecho fundamental, al precisarse de fallo,  se  han  de superar las falencias técnicas formales y adquieren prevalencia los  fines  de  la  casación  con la consecuente admisión del libelo, tal y como se  encuentra  establecido  en  el inciso tercero del artículo 184 de la Ley 906 de  2004.   

En  el asunto, en desarrollo del único cargo  propuesto  puede  aceptarse  que  le  asiste  interés  al  demandante en cuanto  denuncia  la  ocurrencia  de  una  violación  directa  de la ley sustancial por  aplicación  indebida  del artículo 14 la Ley 890 de 2004, con fundamento en el  cual  los  falladores  incrementaron los extremos punitivos de las disposiciones  sustantivas   que   castigan   las   conductas   prohibidas  ejecutadas  por  el  procesado.   

2. De la violación directa.  

Por       abundante       doctrina  jurisprudencial,  se  sabe  que  cuando el censor   elige   el   cuerpo   primero  de  la  causal  primera  de  casación (Ley 906 de 2004,  artículo   181-1°;   o   Ley   600   de  2000,  artículo  207-1°),  es decir, la violación directa    de   la   ley,   se       halla      en      el      deber      de      aceptar  los  hechos,  las  pruebas y la valoración que de ellas se hizo en las instancias, y  en  tales  circunstancias,  no le es factible discutir cuestiones de facto, toda  vez  que la impugnación es  de  estricto  orden  jurídico  y  recae  sobre  la  ley sustancial por falta de  aplicación   o   exclusión   evidente, aplicación indebida, o interpretación errónea.   

Dentro  de  esa  división tripartita de los  sentidos  de  la  violación  directa,  la  falta  de  aplicación  o exclusión  evidente   se  presenta,  por  regla  general, cuando  el  juez  yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al  caso  específico  que  la  reclama.  Ignora  o  desconoce  la ley que regula la  materia  y  por  eso  no  la tiene en cuenta, debido a que ha incurrido en error  sobre su existencia o validez en el tiempo o el espacio.   

Por su parte, en la aplicación indebida, el  juez   desatina   en   la   selección  de  la norma. El error se manifiesta en la falsa adecuación de los  hechos  probados  a  los supuestos que contempla el precepto, ya que los sucesos  procesalmente  reconocidos  no  coinciden  con las hipótesis condicionantes del  mismo.   

Finalmente,  en la interpretación errónea,  el  juez  selecciona  bien  y  adecuadamente la norma que corresponde al caso en  cuestión,  y  efectivamente  la  aplica,  pero  al interpretarla le atribuye un  sentido  jurídico  que  no  tiene,  asignándole efectos distintos o contrarios  a  los que le corresponden,  o que no causa.   

La  diferencia de  las   dos   primeras   especies  de  error  directo,  con     el   último,  estriba  en  que  mientras  en la falta de aplicación y la aplicación indebida  subyace  un  error en la selección del precepto, en la interpretación errónea  el   yerro  es  de  hermenéutica,  pues,  en  estricto  rigor   lógico,  hay  que  partir  de la aceptación de que la norma aplicada es la correcta, sólo que con  un  entendimiento  que  no es el que jurídicamente le corresponde, en  razón  del  cual se le hace producir  por   exceso   o  defecto,  consecuencias distintas.   

A  pesar  de esa ostensible diferenciación,  oportuno  se  presenta  recordar  que  la aplicación  indebida  o  la  falta  de  aplicación  de una norma puede ocurrir con    ocasión    de    la   errónea  interpretación  de  la  misma,  toda  vez  que esa es una operación mental del  fallador   que   en   la  construcción  de  la  decisión  judicial  precede  a  la   de  activación  del  precepto,  pero en casos como esos, indudablemente el error sólo se materializa  cuando   la  norma     queda     excluida  de  manera  evidente  o  es         seleccionada     y     aplicada    la   que   no   corresponde a la situación fáctica.   

Dicho  con  otras  palabras,  si  una  determinada  norma  de  derecho sustancial ha sido dejada de  aplicar  o  es aplicada sin  corresponder    al    asunto,    y    ese   error   ha   sido   determinado  por  equivocaciones  del juez en  la   exploración  de  su  alcance,  habrá  aplicación  indebida o falta de aplicación, pero no errónea  interpretación  del  precepto,  puesto  que  para  la  estructuración  de este  último  sentido  de la violación se requiere que la norma haya sido y deba ser  aplicada.   

Como    conclusión   podemos   afirmar  que    el  concepto de interpretación errónea  supone  que  el precepto que se reputa vulnerado por  el  sentenciador  fue  correctamente  seleccionado y  aplicado,  por  lo  que  el  desacierto anida   en   que  al  determinar  sus  alcances   en   el  caso  concreto  se  restringe  o  exceden  sus  efectos, sin que pueda confundirse ese  fenómeno  con la falta de aplicación o la aplicación indebida que se originan  en   el  errado  alcance  otorgado  a la             norma por el juez y que lo determina a  no   aplicar   el  que  corresponde o a aplicar uno equivocado.   

3. El caso planteado  

El  actor  acusa  que  en  la  sentencia  se            aplicó indebidamente el artículo 14 de la  Ley     890     de     2004    que    dispuso   el  incremento  de los extremos punitivos de todos los  tipos  penales señalados en la parte especial de la Ley 599 de 2000,  de una tercera parte para el mínimo  y  la  mitad  para el máximo, y cabalga su argumento  en    la  interpretación  sesgada  que hace de  popular jurisprudencia de  la   Corte   Constitucional   acerca  del    señalado   aumento    y   la   aplicación,     por    virtud   del   principio  de  favorabilidad  penal,  del  artículo  351  de  la Ley 906 de 2004,  en  los casos adelantados  bajo  el  abrigo de la Ley  600  de  2000,  en los cuales el sentenciado se haya  acogido    al    instituto   de   la   sentencia   anticipada,   previsto  en  el  artículo 40 de ésta.   

Proposición con la cual desconoce que esta  Sala  de la Corte ha venido precisando de tiempo atrás que la aplicación de la  Ley  890  de  2004, por la  forma  en  que  ha  entrado  a  funcionar  el  sistema  de  procesamiento  penal  acusatorio     en    nuestro    país,    es    progresiva   y   gradual.  Además,  tampoco  tiene en cuenta el principio de  hermenéutica    que   prohíbe   al   intérprete        establecer    diferencia    que  el   legislador   no  hace,  pues el contenido  del  artículo  14  de  aquella  ley  es  claro y no se presta a interpretación  alguna.   

No  obstante lo  anterior,   salvo   la  consideración  de  que  la  sentencia  del  Tribunal  es  injusta,  el censor no  presenta  ninguna  razón  lógica   encaminada  a  satisfacer la  debida  argumentación  exigida y,  por  ende,  no logra fijar  por     qué    se  hace    necesaria    la    intervención   de   la   Corte,   pues,   se   repite,   el   núcleo  de  sus  reflexiones  gira  en  rededor  de  conocida  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional  y  de esta  Sala, relacionada con la  coexistencia   de   leyes,  equivalencia  de  institutos  procesales de efectos  sustanciales contemplados  en    las    Leyes    600    de    2000    y   906   de   2004   y  la   aplicación   del  principio   de   favorabilidad   penal;  las  cuales  no constituyen una base  lógica  y  razonable para  que  con  fundamento  en  labor   pedagógica      y      guardiana        de        las       garantías       fundamentales       y     la    legalidad    conferidas,  la   Corte   Suprema   de   Justicia   como     organismo     de     cierre     de    la    jurisdicción  ordinaria,                haga        precisión  acerca  de un punto de derecho que  no       se      presta      a      confusión      alguna.   

Al      respecto,      oportuno  es  evocar que en una de las  discusiones   suscitadas   en   el   Congreso   de   la   República  durante  el  trámite de la referida  ley,         se         apuntaló:   

“…[n]o se  trata  de  un  proyecto  de  aumento  de  penas, sino de equilibrar en  lo  sustancial  lo  que  ya  por  implementación  del sistema  acusatorio  se desequilibró en lo procesal, el sistema acusatorio es un sistema  básicamente   de  rebaja  de  penas  y  otorgamiento  de  de  beneficios  y  de  negociación  y de acuerdos entre la Fiscalía y la defensa y por lo tanto en su  concepción   el  sistema  se  desequilibra  por  lo  bajo,  si  no  hiciéramos  esté  ajuste,  le quedaríamos debiendo penas a los  delincuentes,  quedarían  ellos con una cuenta, una especie como de cuenta a su  favor   para   delinquir   en   el   futuro   y   que   se   le   perdonen   los  delitos…”3.   

De  ahí que surja forzoso que en  los  asuntos  que  se  ventilan  bajo  el marco del sistema de  procesamiento  penal  acusatorio el aumento general y  abstracto  de  los extremos punitivos de los delitos  previstos   en   la   parte  especial  de  la  Ley  599  de  2000,  de  conformidad  con  lo  establecido en el artículo 14 de la Ley  890  de  2004, sin que sea  posible  establecer  excepciones  en  su  aplicación atendida la naturaleza del  instituto  procesal  que  se  aplique,  como en este  caso.   

Por      dichas      razones  por  las  cuales los argumentos  del    censor   quedan  relegados    a    un   simple   alegato    de    instancia    que    difiere    de   la    deontología   propia    de    la    fundamentación   de  la      demanda     de     casación,    en    la   que   se      requiere      una      presentación     lógica,  adecuada a cada una de las causales  legalmente  establecidas,  con  el  respectivo  desarrollo de los cargos que por  vicios  in  procedendo  o  in iudicando se denuncien  y  la  demostración  de su trascendencia en la parte  dispositiva   del   fallo   impugnado,   ya   que   la  pretermisión  de  estos  requerimientos  mínimos,  como  ocurre  en  el  presente  evento,  conducen a la inadmisión de la demanda.   

Por lo demás, el  demandante    no    acredita   que   la  aplicación  del  artículo  14 de la  Ley  890  de  2004  haya  sido  fruto  de  un  error  in  iudicando,  pues  la  fundamentación  del  cargo  está  huérfana  de  un análisis que en términos  del      recurso  extraordinario        esté        orientado       a       demostrarlo,  pues  lo  que  el  recurrente hizo fue ensayar, como si se  tratara   de   una  instancia  adicional,  una  visión  diferente  relacionada  con  la  aplicación de la aludida ley, para lo cual  expone  que  existen  diferencias  en  su aplicación  según   se   trate  de  allanamiento  a cargos o negociaciones y preacuerdos.   

De     esta     forma    el        libelista    arrinconó   la   teleología   del   recurso   extraordinario  de  casación,  previsto  para  cuando  en   la   sentencia   se   incurre  en  errores  graves,                 evidentes y  con              trascendencia  en  la  recta  aplicación  de la  ley,  pues  las   consideraciones   de     la     sentencia     de     segundo     grado    constituyen   síntesis  de  verdad  y  están  amparadas  de la  doble presunción de acierto y legalidad.   

Por  último es  oportuno  resaltar  que  la Sala no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos  o  garantías  del procesado  ALEX   ARQUIDIO   ESPINOSA   GUTIÉRREZ,  como  para  que  se  haga necesario el ejercicio de la facultad  legal oficiosa que le asiste a fin de asegurar su protección.   

3. Precisión final  

En consideración a que contra la decisión de  inadmisión  de  la  demanda  de  casación  presentada  procede el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley 906  de  2004,  es  necesario  precisar  que  como allí no se regula su trámite, la  Sala4   clarificó   su  naturaleza  y  definió  las  reglas  que  deben  observarse para su aplicación, como sigue:   

1.  La  insistencia es un mecanismo especial,  ajeno  a  la  naturaleza  impugnatoria  que  sólo  puede  ser  promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  mediante  la cual la Sala decide inadmitir la demanda de casación.   

2. La solicitud de insistencia puede elevarse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados  que hayan salvado voto en cuanto a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido   en   la  discusión  y  no  haya  suscrito  el  referido  auto  de  inadmisión.   

3.  Es  facultativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4.  El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión del libelo.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO    ADMITIR  la  demanda  de casación presentada en nombre de ALEX  ARQUIDIO     ESPINOSA    GUTIÉRREZ,    conforme  con  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente  proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                                                MARÍA DEL  R. GONZÁLEZ DE L.   

Comisión de servicio  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                           JORGE LUÍS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                     JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Record               01:32’:41’’ del  disco  compacto  que  contiene  la  audiencia  preliminar  de  legalización  de  captura,  formulación  de  imputación e imposición de medida de aseguramiento  (fl. 8 de la carpeta)   

2 Cfr.  auto de 24 de noviembre de 2005, Rad. 24.323   

3  Intervención del Senador Rodrigo Rivera.   

4  Sentencia del 12 de diciembre de 2005 Rad. 24322     

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