28316(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28316   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 181  

Bogotá,  D.C.,  veintiséis de septiembre de  dos mil siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado ERNESTO  LOAIZA  GIRALDO,   contra  el  fallo de segunda instancia que profiriera el  Tribunal  Superior  de  Cali,  Valle  del  Cauca,  fechado  el  28 de febrero de  2007,   mediante  el  cual confirmó integralmente la sentencia emitida por  el   Juzgado  Catorce  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad,  condenando  a  su  representado  legal,  junto  con Mauricio Caicedo Ramírez y Boris Zeider Medina  Payán,   a   la  pena  de  cuarenta  años de prisión, en calidad de  coautores  de  los  delitos  de  triple  homicidio agravado y doble tentativa de  homicidio   agravado.   Además,   se   impusieron   las   penas  accesorias  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas, por un lapso de veinte años,  y  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y  porte de armas de fuego, por un  término  de  15  años; se determinó el comiso definitivo de un arma de fuego;  y,  se  negó  a los procesados el subrogado de la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia impugnada,  del siguiente tenor:   

“En  la  noche  del domingo 21 de julio de  2002  se  encontraban  en  la  casa  del  señor JULIO ROMULO RIVERA su familia,  compuesta  por  su hijo ARCESIO ANDRÉS RIVERA TENORIO, su esposa ADELFA GARCÉS  VÉLEZ,  sus  pequeños  hijos  JEISON  ANDRÉS y LEIDY MARIAN; Además de JENNY  GARCES  VÉLEZ y su compañero permanente DIEGO FORY VILLEGAS, sus dos pequeños  hijos  y el inquilino de éste CARLOS ARTURO MEDINA HIDALGO. Cuando intempestiva  y  violentamente  ingresaron  varios  individuos a la residencia en búsqueda de  ARCESIO  ANDRÉS,  mejor  conocido como “Moño Moño”, al percatarse de ello  éste  huyó  hacia el tejado de las casas vecinas, logrando evadirlos, al verse  frustrada  (sic)  las  intenciones de los agresores, éstos resuelven exterminar  su  familia,  asesinando  a  sangra fría a su esposa ADELFA, a su menor hijo de  escasos  tres años JEISON ANDRÉS y a su menor hija LEIDY MARIAN, con tan buena  fortuna  de  sólo  haberle  herido  en  su clavícula, creyéndola muerta; acto  seguido  disparan  indiscriminadamente  en  contra  de  DIEGO  y  CARLOS ARTURO,  resultando lesionado el primero y asesinado el segundo”.   

DECURSO PROCESAL  

Conocido el hecho, de inmediato se practicó  inspección  judicial  a  los  cadáveres  y  al  lugar  donde  se  ejecutó  el  homicidio.   

De  igual manera, en ésa misma fecha, 22 de  julio  de  2002,  se  abrió  la  instrucción  y  se ordenó la captura de tres  personas    directamente   señaladas   como   intervinientes   en   el   ataque  mortal.   

De nuevo, el 26 de julio de 20023, se abrió  la  instrucción,  ordenándose  vincular,  una  vez  operada  la  captura,  que  también  se dispuso allí, a ERNESTO LOAIZA GIRALDO, Boris Zeider Medina Payán  y “Mauricio Fiory, Alias MACA”.   

Una  vez aprehendido, el día 31 de julio de  2002,  se  recabó  la indagatoria de Boris Zeider Medina Payán; Igual ocurrió  con ERNESTO LOAIZA GIRALDO, el 2 de agosto de 2002.   

El  2  de  agosto  de  2002, se resolvió la  situación  jurídica  de  los dos anteriores, imponiéndose en su contra medida  de  aseguramiento  de detención preventiva sin beneficio de excarcelación, por  los  delitos  de  homicidio  agravado,  en  cantidad  de  tres, dos ilícitos de  tentativa   de   homicidio   agravado   y  una  conducta  punible  de  Tráfico,  fabricación o porte de armas de fuego y municiones.   

El  día 25 de agosto de 2002, fue capturado  Mauricio  Caicedo  Ramírez,  conocido  con  el  alias  de “Maca”, y al día  siguiente  se  realizó  la  diligencia  de  indagatoria.  Esta  misma fecha fue  resuelta  su  situación  jurídica,  imponiéndose  en  contra  suya  medida de  aseguramiento  de  detención preventiva sin derecho a libertad provisional, por  entendérsele   coautor  de  los  delitos  de  triple  homicidio  agravado,  dos  tentativas   de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de arma de fuego de  defensa personal.   

El  30  de septiembre de 2002, se emitió el  auto  de cierre de la investigación, y el 6 de diciembre siguiente se calificó  el  mérito  de  la  instrucción  profiriendo  en  contra  de  Mauricio Caicedo  Ramírez,  Boris  Zaider  Median Payán y ERNESTO LOAIZA GIRALDO, resolución de  acusación,  a  título  de  coautores  de  los  delitos  de  homicidio agravado  –artículos 103 y 104-7 del  C.P.-,  en cantidad de tres, dos tentativas de homicidio agravado, y porte legal  de armas de fuego de defensa personal.   

Uno de los defensores interpuso los recursos  ordinarios   en   contra   de  lo  decidido.  El  de  reposición  fue  decidido  negativamente  el  14  de  enero  de  2003;  y  de  forma  igual ocurrió con la  apelación,  como  quiera  que en proveído de segunda instancia proferido el 12  de  marzo  de  2003,  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Cali,  confirmó en su integridad el llamamiento a juicio.   

Ejecutoriada  la  acusación, el proceso fue  repartido,  para  adelantar  la  fase  del  juicio, al Juzgado Catorce Penal del  Circuito de Cali, el 25 de marzo de 2003.   

El  14  de  mayo  de  2003,  tuvo  lugar  la  audiencia  preparatoria,  en  la  cual  se  aceptó  practicar todas las pruebas  pedidas por los defensores y la procuradora judicial.   

El  5 de junio de 2003, se dio comienzo a la  audiencia  pública  de  juzgamiento, desarrollándose ésta en varias sesiones,  hasta culminarse el 17 de septiembre de 2003.   

El  fallo de primer grado fue proferido el 1  de  octubre  de  2003,  y  en  su  contra  interpusieron  los  defensores de los  procesados,  recurso  de apelación, el cual fue resuelto, en segunda instancia,  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  el  28  de  febrero de 2007, confirmando  íntegramente   lo   dispuesto   por   el  A  quo.        

LA DEMANDA  

          El  casacionista,  quien  actúa como defensor del procesado ERNESTO  LOAIZA  GIRALDO,  comienza  por  advertir  en  su  libelo, que acude a la causal  primera  de  casación  regulada en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, como  quiera   que   se   violó  una  norma  sustancial  en  razón  al  “Error  de  Hecho  de  derecho”, en el  que     supuestamente     incurrió     el     Tribunal.           

            Ya  en  el  que  se  supone  desarrollo  del cargo, el  impugnante  comienza  por  realizar  algunas  digresiones de contenido religioso  acerca del valor de la vida humana.   

         A  renglón   seguido,  dentro  de  lo  que  rotula  “FUNDAMENTOS  Y  RAZONES  DE  DERECHO”,  cita  a  clásicos  tratadistas  internacionales,  en  punto  de la  prueba,  para  derivar  en  un examen particular de lo dicho por los testigos de  cargos,  advirtiendo  que  éstos  guardaban  rencillas pasadas con su protegido  legal  y  “aprovechan  el  momento  ideal  para  ir  saliendo    de    sus    enemigos    como    es   hacerlos   encerrar   en   una  cárcel”.   

         Así,  de  la testigo Jenny Garcés, advierte que no pudo observar lo ocurrido y  además  es  hermana  de  una  de las víctimas. Además, en la primera versión  anotó  no  haber  visto  nada,  pero  después  asegura  que  sí  observó  lo  sucedido.   

       Destaca,  igualmente,  el  que estima valor civil la declarante María Riascos, quien dice  no  saber  lo  ocurrido,  pero  atribuye los hechos a los antecedentes del alias  “Moño”.   

        A  renglón  seguido,  registra  el  casacionista  la  que  estima vida criminal de  “Moño”,   deduciendo   de   ello   “la   vida  desarreglada   no   solamente   de   YENNI   y   moño,   sino   de   toda   esa  familia”.   

              Estima      el  impugnante,   entonces,   que   la  condena  proferida  por  el  Tribunal,  vino  consecuencia  de  un  error de hecho por falso raciocinio, en tanto “el  fallador  transgredió las reglas de la sana crítica cuando  le  otorga  credibilidad  a  los testimonios de una familia peligrosa y llena de  rencillas, odio, hacia ERNESTO”.   

       En este  sentido,  destaca  cómo  los  agentes  de policía que llegaron al lugar de los  hechos  a  atender  lo  ocurrido,  significan consecuencia ello de las rencillas  entre  pandillas, dado que el alias “Moño”, cuenta con muchos enemigos y se  le reconoce como homicida.   

       De nuevo  el  recurrente  manifiesta que acude a la causal primera del artículo 207 de la  Ley  906  de  2004, para buscar se revoque la condena proferida en contra de sus  asistido  legal  “ya  que la violación de la norma  sustancial   proviene   de   error   de   hecho   y   de  derecho”.   

      Descendiendo a  los  primeros,  en  primer  lugar  señala  que el testimonio de “YENNI”, es  dudoso,  pues,  ha  sido  acusada  de homicidio y si es capaz de ésta conducta,  mucho  más  puede mentir y “aprovecha la situación  para salir de sus culebras”.   

   En similar sentido, refiere que  “RÓMULO”,      padre      de      “Moño”,      tenía     “deudas”  del  pasado  que  cobrar al  acusado y por ello declaró en su contra.   

     En lo tocante a los  errores  de  derecho  que dice advertir en el fallo atacado, el censor remite de  nuevo  a  lo  expresado  por  la  testigo  Yenni  Garcés,  para  significar las  contradicciones  en las que incurre ella, dado que, reitera el demandante, en su  primera  versión   dijo  no haber visto lo ocurrido y después aseveró lo  contrario.   

         Igual   ocurre  con  lo  dicho  por  “RÓMULO”,  manifiesta  el  impugnante,  “pues  creo  que  aquí hobo (sic) error de derecho  por    las    (sic)    inconsistencia    en    sus    testimonios”.   

           El  casacionista,  en  punto  de  trascendencia,  expresa  que de no haberse presentado el error de  hecho  por  falso  raciocinio,  el  fallo hubiese sido absolutorio, y agrega, al  parecer   en   texto   extractado   de   un   asunto   diferente,   “culmina   el  escrito  solicitando  que  se  case  al  sentencia  demandada  y  en  su  reemplazo  se  absuelva al procesado SERGIO ACOSTA ALFONSO  (sic)…” .   

    A título de conclusión,  el  recurrente  señala que el Tribunal erró al dar absoluta credibilidad a los  testigos  de  cargos, pasando por alto el análisis objetivo que demanda la sana  crítica.  Seguidamente,  arriesga  una  particular  interpretación  de  lo que  arrojan  las  pruebas,  añadiendo que “si estuviera  convenció  (sic)  de  la  culpabilidad  de  mi  defendido  y amigo no estuviera  presentando  esta demanda de Casación”, para rematar  anotando   que  los  falladores  de  primer  y  segundo grados “a  mi  parecer incurre (sic) en error de hecho y Derecho ya que,  no  se  garantizo  (sic) el debido proceso, Derecho de Defensa  y principio  de  favoravilida  (sic),  en  el  sentido  de  aplicar el Principio Universal de  Indubio (sic) Pro Reo”.   

       Solicita  el  demandante, por consecuencia, que se case la sentencia de segunda instancia,  aunque no señala en qué sentido.   

                        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

      En  primer  término,  debe  hacerse hincapié en cómo la Corte, de  manera  pacífica  y  reiterada  ha  advertido la necesidad de que la demanda de  casación  comporte un mínimo rigor lógico jurídico y argumental, pues, no se  trata  de  hacer  valer  una especie de tercera instancia que sirva de escenario  adecuado  a  la controversia ya superada por los falladores de primero y segundo  grados,  en  la  cual se pretende anteponer el particular criterio o valoración  probatoria,  a aquel que sirvió de soporte a la decisión de los jueces A quo y  ad  quem,  entre  otras razones, porque a esta sede arriba la decisión judicial  con una doble connotación de acierto y legalidad.   

      Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

          Lejos de ello, en  la   demanda   que   se   examina,  el  recurrente,  por  lo  demás  de  manera  descontextualizada   y   equívoca,   con   absoluto  desconocimiento  de  los mínimos rigores lógicos que gobiernan cada una de las  causales  de  casación  reguladas  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  indistintamente,  sobre los mismos presupuestos de hecho, la supuesta mendacidad  en  la  que  incurren los testigos de cargo, edifica la existencia de errores de  hecho  y de derecho, pasando por alto que ellos son incompatibles entre sí dado  que,  para citar apenas una diferencia sustancial, los  segundos  remiten  a  la  legalidad  del  medio y su aducción, al tanto que los  primeros  dicen  relación  con la forma en que fueron valorados o tomados en su  contexto objetivo por el fallador.   

         Desde  luego,  nunca el recurrente precisó cuáles son los presuntos errores de  derecho  que  afectan los distintos medios probatorios recopilados, o a cuál de  ellos        en        concreto        afectan       aquellos.               

         Se  limitó  apenas  a  controvertir  la  credibilidad de dos de los testigos de  cargos,  advirtiendo  contradicciones  en uno de ellos y ánimo retaliatorio, en  ambos.   

         Pero,  ni  siquiera  transcribió lo expresado por los declarantes en sus varias  dicciones,  ni  mucho  menos  trajo  a  colación  el apartado o apartados de la  sentencia  atacada  en  los  cuales  se analiza la validez o trascendencia de lo  relatado   por   los  testigos,  desconociendo  la  Corte,  entonces,  qué  fue  específicamente  lo  dicho por los declarantes y cómo fue abordado ello por el  Ad  quem, única manera de verificar si efectivamente se presentó o no el error  de hecho denunciado por el casacionista.   

              Y     si  tampoco  el  recurrente  detalló  cómo  se  insertan los testimonios estimados  mendaces,  en  el  conjunto  probatorio que facultó la emisión de sentencia de  condena,  para  efectos de demostrar que con su eliminación del plexo suasorio,  otra  sería  la decisión, ya que lo que queda en pie no soporta el elemento de  certeza,  o  cuando  menos  atempera  la  responsabilidad de su prohijado legal,  también  se  priva  a  la  Corte  de  conocer  cuál  es  la  trascendencia  de  la  presunta  violación,  para  efectos  de  que  se  faculte casar el fallo.   

      En  concreto,  además,  el  presunto  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  no  supera  la  simple  enunciación del impugnante, dado que obvia  él,  a pesar de lo que amplia, reiterada y pacíficamente ha señalado la Corte  respecto  de ésta forma de ataque casacional, establecer cómo han sido pasadas  por  alto  las  reglas  que  gobiernan  la  sana crítica, o mejor, cuál es, en  concreto,  el   principio de la lógica, el apotegma de la experiencia o el  fundamento      científico      que      fueron      desconocidos     en     la  sentencia.        

       En  suma,  cuando  la  crítica  del  censor  se limita a controvertir, desde su particular  óptica,  la  credibilidad  de  los  testigos  de  cargo, sin tomarse el trabajo  siquiera   de  referenciar  lo  que  al  respecto  argumentó  el  Tribunal,  la  controversia  no  supera  el estadio del simple alegato de instancia, en el cual  se  busca anteponer el análisis interesado del afectado con el fallo, al propio  del  Ad  quem, olvidando que la sentencia llega a la sede casacional provista de  una  doble  condición  de  acierto y legalidad, sólo  derrumbable  a  partir de la demostración de un yerro protuberante que tiene la  virtualidad,   por   sí   mismo,   de   tornar  en  injusta  la  manifestación  judicial consignada en las instancias.   

            Como  quiera que la Sala tampoco observa la existencia  de   circunstancias   que   hagan   imperiosa  su  intervención  oficiosa,  los  ostensibles  yerros  de  fundamentación  de la demanda, imponen que se inadmita  ésta.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado ERNESTO LOAIZA GIRALDO.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                     JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS            

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA      

MAURO    SOLARTE   PORTILLA            JAVIER DE  JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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