28317(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28317   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 181  

Bogotá D.C., septiembre veintiséis (26) de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

La Sala emprende el examen de las exigencias  de  lógica  y suficiente argumentación de los libelos casacionales presentados  por    la    defensora    del    incriminado   WILSON  MURILLO,  así  como  por  los  apoderados  de quienes  fueron  vinculados como terceros civilmente responsables, esto es, la Empresa de  Transportadores  Alfonso  López  y  Gilma  Urresty de  Navas  y  María  Fernanda  Navas  Urresty,  contra la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por el Juzgado Dieciocho Penal del  Circuito  de  Cali  el  9  de  marzo de 2007, confirmatoria de la dictada por el  Juzgado  Quinto Penal Municipal de la misma ciudad el 28 de febrero de 2005, por  medio  de la cual condenó al acusado como autor material del delito de lesiones  personales   culposas   en   Carlos  Alberto  Restrepo  Valencia.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente a las 3:30 de la tarde del 26  de  marzo  de  2000,  en  la  carrera 15 con calle 73 de Cali, la motocicleta de  placas  WDB  72,  conducida por Carlos Alberto Restrepo  Valencia,  colisionó  con un bus de servicio público  afiliado  a  la  Empresa  de  Transportadores  Alfonso López S.A., manejado por  WILSON    MURILLO,  a  consecuencia  de  lo  cual el  primero de los nombrados sufrió varias lesiones con secuelas.   

La  Fiscalía Local de Cali declaró abierta  la  instrucción,  en  desarrollo  de  la  cual  vinculó mediante indagatoria a  WILSON MURILLO, definiéndole  su  situación jurídica con medida de aseguramiento de caución prendaria, como  posible autor del delito de lesiones personales.   

Clausurada la fase investigativa, el mérito  del  sumario fue calificado el 27 de junio de 2003 con resolución de acusación  en  contra del procesado como presunto autor del punible que sustentó la medida  de aseguramiento.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Quinto Penal Municipal de Cali, despacho que una vez surtido el rito  dispuesto  para  este  ciclo  por  el  legislador  profirió  sentencia el 28 de  febrero   de   2005,   a   través   de   la   cual   condenó   a  WILSON  MURILLO  a  la  pena  principal de  veintinueve  (29)  meses de prisión y multa por cuatro mil pesos ($4.000.oo), a  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo  lapso  y  a  pagar  solidariamente  con  los  terceros  civilmente  responsables  (Empresa  de  Transportadores  Alfonso  López,  Gilma  Urresty  de Navas y María Fernanda Navas Urresty), los  daños derivados de la mencionada conducta.   

En  la  misma  decisión  le  concedió  el  subrogado penal de la condena de ejecución condicional.   

          Impugnado  el  fallo  por  la  defensora  del  procesado  y  por  el  apoderado   de  Gilma  Urrestry  de  Navas,  el  Juzgado  Dieciocho  Penal  del  Circuito de Cali lo confirmó  mediante  sentencia  del  9 de marzo de 2007, la cual es ahora objeto de recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto por la defensa y los apoderados de la  Empresa  de  Transportes Alfonso López y Gilma Urresty  de  Navas  y  su  hija María  Fernanda Navas Urresty.   

LAS DEMANDAS  

          Con  la  finalidad de sortear repeticiones inútiles, por razones de  método  se  procederá  a  sintetizar  cada  uno  de  los planteamientos de los  recurrentes,  para  inmediatamente  verificar si en su postulación y desarrollo  cumplen   o  no  con  las  exigencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  requeridas para acceder a este recurso.   

Advertido lo expuesto, se tiene que de tiempo  atrás  ha  señalado  la Sala que en el estudio de las demandas de casación le  corresponde  establecer que los impugnantes formulen sus reparos con apego a los  requisitos  de  lógica  y adecuada argumentación definidos por el legislador y  desarrollados  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario  no  se  convierta  en una tercera instancia.  Tales  exigencias  se  orientan  a  conseguir  que los libelos se  desenvuelvan   dentro   de   unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos, de manera que resulten  inteligibles  en  cuanto precisos y claros, dado que no corresponde a la Sala en  su  función  constitucional  y  legal  develar  o  desentrañar  el  sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los recurrentes en  casación.   

Ahora,  de conformidad con el inciso 1º del  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000, procede el recurso extraordinario de  casación  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  proceda  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la  libertad cuyo máximo exceda de ocho años.   

Por  tanto,  cuando  la sentencia de segunda  instancia  no  es proferida por los tribunales superiores de distrito judicial o  por   el   Tribunal   Penal  Militar  –      como      ocurre      en      este     asunto     –  o  cuando  el  delito  por el que se  procede  tiene  pena  privativa  de la libertad inferior al quantum señalado en  precedencia  o  sanción  no  restrictiva  de  la  libertad, el inciso 3º de la  citada  norma faculta a esta Sala para admitir discrecionalmente las demandas de  casación   presentadas,   “cuando   lo   considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales,  siempre  que reúna los demás requisitos exigidos por  la ley”.   

          Naturalmente,   en   tratándose   de   la   casación  discrecional  corresponde  al  impugnante  exponer  con  claridad y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien  para  unificar posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina,  ora para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de qué manera la decisión solicitada tiene la utilidad  simultánea  de  brindar  solución  al  asunto  y a la vez servir de guía a la  actividad judicial.   

Pero  si lo pretendido por el demandante es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho    invocado,    así    como    su    desconocimiento    en   el   fallo  recurrido.   

También  se ha dicho que el censor no puede  acudir  sincrónicamente  a  las dos especies de casación (ordinaria o común y  discrecional)  en  cuanto  son excluyentes, dado que la segunda es sucedánea de  la  primera,  esto es, únicamente procede en la medida en que no resulte viable  la casación ordinaria.   

         Una   vez   efectuadas  las  anteriores  precisiones,  observa  la Sala que por tratarse de una  sentencia    de   segundo   grado   proferida   por   un   juzgado   penal   del  circuito,  sólo es procedente el recurso de casación  por  la  vía  discrecional  y, a partir de tal precisión, corresponde analizar  las demandas presentadas.   

1.             Demanda   a   nombre   del   procesado  WILSON MURILLO.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,   cuerpo   segundo,   la   defensora   denuncia   la  “violación  indirecta  de  la ley sustancial por error de derecho al  analizar  indebidamente las escasas pruebas que obran en el expediente, toda vez  que  al  haber  sido  apreciadas  en  su conjunto puede colegirse que si bien es  cierto   el   CASO   FORTUITO  debe  demostrarse,  también  lo  es  de  que  la  responsabilidad  de  una persona en un delito debe quedar plenamente demostrada,  y  en  el caso in examine, no pudo demostrarse ni lo uno, ni lo otro”.   

          Agrega  que  en  el  diligenciamiento  existen dudas que imponen dar  aplicación  al  principio in dubio pro reo,  y  que  en  este  asunto  es procedente la casación discrecional  “con  el fin de que sean salvaguardados los derechos  fundamentales  de los acusados y/o condenados, tales como el derecho de defensa,  debido   proceso  y  derecho  a  la  administración  de  justicia,  haciéndose  necesaria la intervención de la Corte”.   

          También  expresa que si bien se encuentran demostradas las lesiones  que  sufrió la víctima, “de lo que no existe prueba  demostrativa  y contundente es de la responsabilidad de mi prohijado, por lo que  no  debió  haberse condenado al señor MURILLO, por este delito, pues aparte de  los  testimonios,  a  lo  largo  de  esta  investigación  siempre ha tratado de  aducirse  semáforo  en  rojo como causa eficiente del accidente; lo que tampoco  fue   demostrado,   pues   dicha   causa   no  pudo  ser  demostrada”.   

          Sobre    el    testimonio    de    Phanor  Becerra  manifiesta  que carece de solidez y seriedad,  amén  de  que  no  es  posible que haya visto el semáforo en rojo para el bus,  púes  los  semáforos en dicho día estaban dañados. Similares consideraciones  efectúa   respecto   de   la   declaración  de  Yina  Olaya.    Finalmente    dice    que    Luis  Alfonso  Restrepo no fue testigo del  acontecer aquí investigado.   

          Con  fundamento  en  lo  anotado,  la  impugnante solicita a la Sala  casar  la  sentencia  impugnada,  para  en su lugar proferir fallo absolutorio a  favor  de  su  patrocinado,  dado  que  existen  dudas  sobre su responsabilidad  penal.   

          Consideraciones de la Sala   

Para  comenzar  encuentra  la  Sala  que  la  defensora  no  procede a señalar con precisión los motivos por los cuales debe  intervenir  la  Sala,  esto,  es,  por  qué  debe  hacer  uso  de  su  facultad  discrecional  para  admitir  el  libelo,  pues de manera genérica y sin guardar  relación  con  la  censura  que  ofrece, expresa que ello es necesario a fin de  “que  sean salvaguardados los derechos fundamentales  de  los  acusados  y/o  condenados,  tales  como  el  derecho de defensa, debido  proceso    y    derecho    a    la   administración   de   justicia”.   

          Así  pues, la recurrente no identifica en concreto la temática que  debe  abordar  el  pronunciamiento,  no  dice  si  sobre  el  particular  ya hay  jurisprudencia  y,  de  ser  así,  cuáles son las decisiones que se ocupan del  asunto  y  cómo  se relacionan con el caso objeto de estudio, omisión que a la  postre  le  impide  identificar  el  punto dudoso, la existencia de providencias  contradictorias,  o  el  vacío que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y  cómo  el  desarrollo  del concepto reclamado tiene la doble utilidad de servir,  tanto    para    este    trámite,    como    para   la   solución   de   casos  similares.   

Tampoco del cuerpo de la demanda se consigue  establecer  con  precisión  la  denuncia  de  agravio  alguno  a  los  derechos  fundamentales    de    WILSON    MURILLO,  pues  la  casacionista  de  manera  general  plantea  que  no  se  apreciaron  en  debida forma las pruebas obrantes en la actuación, para lo cual  aduce  la  presencia  de  errores  de  derecho,  sin  tener  en  cuenta  que  en  tratándose  de  dichos  yerros,  le  correspondía dilucidar si se trató de un  falso  juicio  de convicción o un falso juicio de legalidad, acometiendo, desde  luego,  las  reglas  de  acreditación propias de tales reparos, proceder que no  emprendió,  de  manera  que  el  libelo  se  convierte  en  una  simple y llana  confrontación  de  su  personal apreciación de las pruebas, con la valoración  que  de  las  mismas  realizaron los falladores, en manifiesto olvido de la dual  presunción de legalidad y acierto de la sentencia impugnada.   

Nótese  que  la  defensora  no  procede con  precisión  a  señalar  si su queja apunta a que los sentenciadores omitieron o  supusieron  pruebas,  las cercenaron o adicionaron en su contenido material, las  valoraron  con  quebranto  de  las reglas de la sana crítica, fueron apreciadas  aunque  eran  ilegales, se les marginó pese a ser legales o no les fue otorgado  el  valor  probatorio señalado en la ley, omisiones que le impiden acreditar su  denuncia.   

         Lo      expuesto      permite      deducir     que     la              censora  no  cumple  con  las exigencias  legales  dispuestas  para  que proceda la admisión discrecional de su libelo de  casación,  imponiéndose entonces, la inadmisión del  mismo  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

2.            Demanda  a nombre del tercero Empresa de  Transportadores Alfonso López.   

Inicialmente  afirma  el  demandante  que es  procedente   la   admisión   discrecional   de   su   libelo,   “con  el fin de que sean salvaguardados los derechos fundamentales de  los  acusados y/o condenados, tales como el derecho de defensa, debido proceso y  derecho   a   la   administración   de   justicia,   haciéndose  necesaria  la  intervención  de la Corte”. Acto seguido propone dos  cargos, cuyos fundamentos son los siguientes:   

          2.1.                      Primer cargo (principal): Nulidad por violación  del principio de la doble instancia.   

          Manifiesta   el   censor  que  oportunamente  interpuso  recurso  de  apelación  contra el fallo de primer grado, en el cual se ocupó de la falta de  legitimidad  de  quien  promovió  la  acción  civil,  la  incongruencia en los  aspectos  civiles,  la  falta  de  prueba  de  los  perjuicios  causados  a  los  “demandantes”   y   el  desconocimiento  del  dictamen  rendido por el Cuerpo Técnico de Investigación  acerca de los perjuicios.   

          Destaca   que   el   ad  quem  no  se  pronunció  sobre su impugnación, de manera que violó el  derecho  al  debido  proceso  de  la  Empresa  de Transportes Alfonso López, al  recortarle  el  derecho  que  le  asiste  a  la  doble  instancia respecto de la  sentencia   de   condena   proferida   en  su  contra  como  tercero  civilmente  responsable.   

          2.2.                      Segundo    cargo    (subsidiario):    Indebida  representación de quienes demandaron civilmente.   

          Asevera  el  recurrente que quienes ejercieron dentro del expediente  la  pretensión  indemnizatoria fueron Hernán Restrepo  Salazar     y     Elena  Valencia,   padres   de   la   víctima  Carlos   Alberto  Restrepo  Valencia,  los  cuales  carecían  de legitimación para representarlo, dado que no murió en el  accidente,  no  había  sido  declarado interdicto y podía ejercer sus derechos  por  sí  mismo,  pues  se  trata de un mayor de edad, con mayor razón si en el  orden hereditario se encontraban su hija y su compañera.   

Concluye  que el referido yerro comporta una  causal  de  nulidad establecida en el artículo 368 del estatuto procesal civil,  en concordancia con el artículo 140 de la misma normatividad.   

          A  partir de lo expuesto, solicita casar el fallo atacado declarando  su   invalidación   y,   de   manera   subsidiaria,   revocar   la  condena  en  perjuicios.   

          Consideraciones de la Sala   

          Advierte  la  Sala  que,  al  igual  que  la demandante anterior, el  apoderado  de  la  Empresa de Transportes Alfonso López, no expresa con nitidez  los  motivos  por  los  cuales  resulta  imprescindible que la Corte admita y se  pronuncie  de  fondo  sobre la demanda que presenta, pues sólo expresa que ello  es  necesario  “con el fin de que sean salvaguardados  los  derechos  fundamentales  de  los  acusados  y/o  condenados,  tales como el  derecho   de   defensa,  debido  proceso  y  derecho  a  la  administración  de  justicia”,  proceder que como atrás se precisó, no  cumple  con  los  requisitos  para  provocar  la  admisión  excepcional  de  la  sentencia objeto de examen.   

          Ahora,  tampoco  del  texto del libelo se vislumbra con exactitud la  denuncia  de quebranto para los derechos y garantías de la empresa representada  por  el  casacionista, pues si bien en el primer reproche plantea la nulidad del  fallo  de  segundo  grado  en  atención  a que no le fue resuelto el recurso de  apelación   que,   dice,   interpuso   contra  la  sentencia  del  a  quo,  lo cierto es que al constatar con  detenimiento  la  actuación,  no se encuentra manifestación alguna orientada a  interponer  recurso  de  apelación  contra  dicha  providencia  por  parte  del  apoderado  de  la Empresa de Transportes Alfonso López y, tanto menos, se halla  el correspondiente escrito sustentatorio de dicha impugnación.   

          En  efecto,  si la decisión de primer grado sólo fue impugnada por  la  defensora del procesado y por el apoderado de Gilma  Urrestry  de  Navas, evidente resulta que la queja del  censor    deviene   inconsistente,   motivo   por   el   cual   no   puede   ser  admitida.   

Respecto del segundo cargo se tiene que como  el  apoderado  de  la Empresa de Transportes Alfonso López no impugnó el fallo  de  primera  instancia,  evidente  resulta que carece de interés jurídico para  recurrir  en  casación,  pues  es  claro  que  dicha  persona  jurídica  y  el  profesional  que  la  asiste  se mostraron conformes con lo decidido en el fallo  proferido  por el a quo y, por  tanto,  carecen  ahora  de  interés  para  habilitarse  en sede de este recurso  extraordinario  en  procura de abordar temas que no trataron en su momento, cuya  omisión  privó  al Tribunal de pronunciarse sobre una tal argumentación y por  ello,  resulta  improcedente que sin aquel debate previo la proponga ahora en su  demanda  de  casación,  circunstancia  que  impone la inadmisión del cargo por  falta  de  interés  del  impugnante,  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

          De  acuerdo  con  lo expuesto, el libelo presentado por el apoderado  del  la  Empresa  de  Transportadores  Alfonso  López  en su calidad de tercero  civilmente responsable, debe ser inadmitida.   

          3.          Demanda  en  nombre de Gilma Urrestry de  Navas y María Fernanda Navas Urrestry.   

          Para  comenzar  el  censor  advierte  que pretende demostrar errores  in   procedendo   de   los  falladores  que llevaron a condenar a su representada y a la hija menor de ésta  como  terceros civilmente responsables, sin que se tuviera en cuenta que para la  fecha  del  suceso aquí investigado aquella había vendido el bus conducido por  el  procesado,  pese  a  que  nominalmente  aparecía inscrita como propietaria,  circunstancia  que  considera  violatoria  de  sus derechos fundamentales, de la  defensa técnica, igualdad e imparcialidad.   

          3.1.                      Primer  cargo: Violación del debido proceso por  prescripción de la acción civil   

          El  demandante  refiere  que  se violó el artículo 108 del Decreto  100  de 1980, pues de conformidad con el artículo 83 del mismo ordenamiento, si  los  hechos ocurrieron el 26 de marzo de 2000, para cuando se profirió el fallo  de  segundo  grado el 9 de marzo de 2007, habían transcurrido siete (7) años y  cuatro (4) meses.   

          Destaca  que  de acuerdo con los artículos 331 inciso 2º, 335, 337  y  340, la pena en este asunto es de veintinueve (29) meses y catorce (14) días  de   prisión  y  que  “por  tratarse  de  una  pena  calificada  como de privación de libertad cuyo quantum resulta inferior a cinco  (5)  años,  es incuestionable que para los efectos de la acción civil, en este  caso  concreto,  debemos  estarnos  al  término de prescripción del máximo de  pena  indicado  en  la  ley  deducidas  para el efecto las causales sustanciales  modificadores  (sic)  de  la  punibilidad  como  por  ejemplo el que la conducta ejecutada resulta ser culposa  lo  que  conlleva  a  que  el  término  máximo de pena se le reduzcan las tres  cuartas  partes  indicadas en el artículo 340 de la ley 100 de 1980, operación  que  nos  arroja  un  guarismo de seis (6) años, siete (7) meses, como término  máximo  de  prescripción de la acción civil de que nos habla el artículo 108  de  la  ley 100 de 1980, disposición que por principio e favorabilidad debe ser  aplicada  al  caso que nos ocupa, situación que obliga a tener como término de  prescripción  de  la  acción  civil  la fecha de julio de 2006. Situación que  pasó inadvertida por el ad quem”.   

          Apoyado  en  lo  anterior,  el impugnante considera que se violó el  derecho  al  debido  proceso  de sus asistidas y adicional a ello señala que la  menor   María  Fernanda  Navas  Urrestry   fue   condenada  como  María  Fernanda  Urrestry,  sin que los falladores de primera y segunda  instancia   se   percataran   de   “tan  monumental  yerro”.   

          3.2.                      Segundo cargo: Violación del debido proceso por  ilegitimidad de quienes se constituyeron como parte civil.   

          Aduce  el casacionista que de manera errada los falladores asumieron  que   Carlos  Alberto  Restrepo  Valencia  había  fallecido y en consecuencia, que podían constituirse como  parte  civil sus padres, sin tener en cuenta que aquél sólo resultó lesionado  y  que siendo mayor de edad estaba habilitado para otorgar poder a fin de que se  le  reconociera como parte civil, de modo que la demanda presentada a través de  apoderado     por    los    progenitores    de    la    víctima    carece    de  legitimidad.   

          Añade  que  “de  no  haber  sido  así,  probablemente   la  sentencia  hubiese  sido  diferente  o  favorable  para  los  intereses  patrimoniales  de  la  recurrente  y  su  familia, ello por cuanto se  habrían  respectado (sic) las  bases  lógicas  de  la  actuación  y  los  derechos  sustancias de los sujetos  procesales”.   

          3.3.                      Tercer   cargo:   Violación   del  derecho  de  defensa.   

          Bajo  la  égida  de  la  causal  tercera  de  casación,  el censor  manifiesta  que  el  apoderado  de  Gilma  Urrestry de  Navas abandonó su encargo profesional, además de que  representaba   intereses   contrarios,   pues   asistía   a   la   Empresa   de  Transportadores  Alfonso  López  y  era  Asesor  Jurídico  de la Compañía de  Seguros  de  dicha sociedad, motivo por el cual la aseguradora no fue llamada en  garantía.   

Insiste  en que el Tribunal no reconoció la  ausencia  de  defensa  de  sus  representadas,  pese a que: (i) A la menor se la  condenó   con   un   nombre  diverso,  lo  cual  comporta  una  “aberrante      irregularidad     procesal     sustancial”,  (ii)  No  se  le  entregó  a  Gilma  Urresty  copia de la demanda de constitución de parte  civil,  y  (iii)  La  menor  fue  condenada  sin  acreditar  que era heredera de  Rafael   Navas,  con  mayor  razón  si  los bienes obtenidos por los menores a través de herencia no son de  libre  disposición  de  los  adultos,  pues  se  requiere de licencia judicial,  expedida previo un trámite judicial, para que se puedan enajenar.   

Finalmente  indica que las notificaciones al  profesional  que  representó  a  sus  asistidas  generalmente se produjeron por  estado,   de   manera   que  ello  acredita  que  aquél  abandonó  su  encargo  profesional.   

Entonces,  el  recurrente solicita a la Sala  casar  la  sentencia  impugnada “y en su lugar dictar  la que en derecho corresponda”.   

          Consideraciones de la Sala   

         Ab   initio  observa  la  Sala  que  el  demandante  no  se  percata  que  el  recurso  de casación que interpone debía  presentarlo  por  el  sendero  discrecional,  pues no  indica  nítidamente  las razones por las que debe intervenir la Corte, omisión  que     le     impide     delimitar    concretamente   el  tema  del  que  debe  ocuparse   la   decisión,   no  expresa  si  al  respecto  ya  hay  desarrollos  jurisprudenciales,  cuáles  son  las  providencias  que  se ocupan del asunto y  cómo  se  relacionan  con  el  caso  analizado,  todo  lo  cual le imposibilita  identificar  la  temática en duda, la existencia de decisiones contradictorias,  o  el  vacío que corresponde abordar jurisprudencialmente y cómo el desarrollo  de  un  tal  punto jurídico sirve para este asunto, así como para la solución  de casos similares.   

Adicional  a  lo  anterior,  del  libelo  no  consigue  identificarse con precisión la queja del actor respecto del quebranto  de  los  derechos  fundamentales y garantías de sus representadas, dado que, en  cuanto  se  refiere a la primera censura, si bien considera que la acción civil  se  encuentra  prescrita,  lo  cierto  es  que,  de una parte, no es claro en la  contabilización   que   efectúa   en   punto  de  establecer  el  término  de  prescripción  de la acción penal derivada del delito objeto de investigación,  como  que no tiene en cuenta que una vez proferida resolución de acusación, el  lapso  prescriptivo  comienza  a  contarse  nuevamente  por  la mitad del tiempo  inicialmente   establecido  sin  que  pueda  ser  inferior  a  cinco  (5)  años  (artículo  83  de  la  Ley  599  de  2000,  que corresponde al artículo 80 del  anterior  estatuto  penal)  y  que  por  tal  motivo,  si  la  acusación cobró  ejecutoria  el 6 de agosto de 2003, no hay duda que la prescripción tanto de la  acción penal como de la civil aún no ha operado.   

          Y  de  otra, afirma que los falladores cometieron un “monumental       yerro”            al condenar  como  tercero  civilmente responsable a María Fernanda  Urrestry  sin  tener  en cuenta que en verdad se llama  María    Fernanda    Navas    Urrestry,  equívoco  que  no pasa de ser un lapsus  calami,  sobre  el  cual  el  recurrente  no ahonda en  especificar  su  trascendencia  en  las  conclusiones  del fallo, situación que  torna inadmisible un tal reparo.   

Acerca del segundo cargo advierte la Sala que  el  demandante  señala  la  incorrección  que  en  su parecer afecta el debido  proceso  al  ser  reconocidos los padres del lesionado como representantes de la  parte  civil, pero acto seguido no encamina su labor a señalar la trascendencia  de tal yerro en la declaración de justicia que cuestiona.   

Lo  anterior  es  así,  si se evidencia que  sobre  el  particular  afirma  que  “de no haber sido  así,  probablemente  la  sentencia  hubiese sido diferente o favorable para los  intereses  patrimoniales  de  la  recurrente  y  su  familia, ello por cuanto se  habrían  respectado  (sic)  las  bases lógicas de la actuación y los derechos  sustancias  de  los  sujetos  procesales”,  pero  no  señala  cuál  fue  el  perjuicio  concreto que sufrieron sus representadas, es  decir,  de  qué  manera  habrían  variado  las  conclusiones  del fallo si los  progenitores     de    Carlos    Alberto    Restrepo  Valencia no hubieran sido reconocidos como parte civil  o  si  dicha  representación  hubiera  recaído  en  la  hija  de éste o en su  compañera  permanente,  con mayor razón si en el fallo impugnado se ordenó el  pago  de  la indemnización en favor del perjudicado, pues como de antaño lo ha  expuesto  la  jurisprudencia,  en  virtud  del  principio  de  trascendencia que  gobierna  este  medio  de  impugnación,  las  irregularidades  que no comporten  afrenta  a  los  derechos  de  los  sujetos  procesales  carecen  de virtud para  disponer  la  casación de la sentencia atacada, dado que dentro de los fines de  este   recurso   extraordinario  se  encuentran  “la  efectividad  del derecho material y de las garantías debidas a las personas que  intervienen  en  la actuación penal” “y  la  reparación  de  los  agravios  inferidos a las partes con la  sentencia  demandada” (artículo 206 de la Ley 600 de  2000).   

          Las  razones  expuestas  resultan  suficientes  para concluir que el  reproche objeto de análisis también debe ser inadmitido.   

Finalmente,  respecto  del  tercer  reparo,  considera  la  Sala  que  el  censor incurre en varias faltas a las ya referidas  exigencias   casacionales,   pues   reprocha  la  actividad  profesional  de  su  antecesor,  pero  no  se  detiene  a  señalar de qué manera una tal estrategia  conculcó  en  concreto  los derechos de sus representadas, amén de que tampoco  señala  sin  especulaciones  y  conjeturas,  cuál  habría  sido  realmente la  incidencia   en   el  fallo  de  una  asistencia  jurídica  diversa,  como  que  únicamente  realiza  vagos  e imprecisos comentarios sin acometer el desarrollo  correspondiente al cargo que postuló.   

Es  claro  que si la crítica del impugnante  estaba  orientada  a censurar el valor que los falladores otorgaron a los medios  de  prueba,  especialmente  al  contrato  de  venta  del  bus  de  propiedad  de  Gilma   Urrestry,  el  cual  aportó  aquél  al  impugnar  el  fallo  de primera instancia, le correspondía  formular  el  reproche  bajo la égida de la causal primera de casación, cuerpo  segundo,  es  decir, por violación indirecta de la ley sustancial, señalando a  la  par  si se trató de un error de hecho por falso juicio de existencia, falso  juicio  de  identidad o falso raciocinio; o bien, si se incurrió en un error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  o  falso  juicio  de  convicción  y  ofreciendo  la  demostración inherente a cada uno de tales yerros, proceder que  no emprendió.   

Lo expuesto permite deducir que el recurrente  no  cumple  con  las exigencias legales dispuestas para que proceda la admisión  discrecional   de   su   libelo   de  casación,  circunstancia  que  impone  su  inadmisión.   

Para  concluir  es  oportuno resaltar que la  Sala  no  advierte durante el trámite o en el fallo impugnado violación de los  derechos  fundamentales  o  garantías  de los sujetos procesales, como para que  ello  impusiera  el ejercicio de la facultad oficiosa que sobre el particular le  asigna el legislador a esta Corporación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR          las           demandas  de casación  interpuestas  por  la  defensora  del  procesado WILSON  MURILLO   y   por  los  apoderados  de  los  terceros  civilmente  responsables,  Empresa  de Transportes Alfonso López y Gilma    Urrestry    de    Navas    y   María   Fernanda   Urrestry  Navas,  por  las  razones  expuestas  en  la  anterior  motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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