28143(12-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28143  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 170  

Bogotá,  D. C., septiembre doce (12) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación de las demandas de casación presentadas por el defensor  de   JOSÉ   HÉLMER   CAÑAS   SILVA   y  la  Procuradora 16 Judicial Penal II, contra la sentencia del 1º  de  agosto  de  2006,  mediante  la  cual  el Tribunal Superior de Montería, al  confirmar,  con algunas modificaciones, el fallo proferido el 18 de mayo de 2005  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  misma sede, condenó al  procesado  en  mención  a  la  pena  de  13  años y 6 meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término, por el delito de homicidio.   

HECHOS  

Los  condensó  el  Tribunal  Superior  de  Montería de la siguiente manera:   

“Como  consecuencia  de  un  operativo previamente dispuesto por la Dirección Nacional  de  Fiscalías, el 24 de mayo de 2001, a eso de las 5:00 de la mañana, un grupo  mixto  de funcionarios pertenecientes al ejército y a la fiscalía, procedieron  a  ingresar  a  una  residencia  situada en la calle 64 No. 8A-56, del barrio la  Castellana,  en la ciudad de Montería, para realizar un allanamiento que tenía  como   finalidad  la  captura  de  personas  presuntamente  integrantes  de  las  denominadas  Autodefensas  Unidas  de Colombia; y, el recaudo de la información  que  sirviera  de  base  para  desmantelar  el  aparato  financiero de esa misma  organización.   Realizados   los   procedimientos  de  rigor,  en  los  que  no  encontraron  resistencia, se procedió a levantar las actas en las que se hacía  constar  todo  lo  ocurrido.  Cuando  había  pasado ya mucho tiempo después de  iniciado  el procedimiento en referencia, uno de los agentes del Cuerpo Técnico  de  Investigaciones que en él participaba, el señor José Helmer Cañas Silva,  preguntó  si  ya se había procedido a la revisión de una pieza que quedaba en  el  segundo  piso  de  la  citada  vivienda,  disponiéndose  inmediatamente, en  compañía  de  uno  de  los  moradores,  a  subir  a ella, lugar a donde llegó  abriendo  la  puerta  de  acceso,  luego de lo cual se escucharon unos disparos,  quedando  gravemente  herido  Alfredo  Manuel  Lora Guarne, de quien después se  dijo  que  era  el  conductor de la propietaria de la residencia, y que allí se  encontraba  durmiendo,  como  ocasionalmente  lo hacía, falleciendo en el mismo  lugar  antes  de  que  se  le prestara la asistencia científica que para eso se  requirió.  Los  disparos  fueron  realizados  por  el señor Cañas Silva, bajo  circunstancias   que   han  sido  objeto  de  indagación  de  este  proceso”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Noticiado  el  insuceso  a  la Unidad de  Reacción  Inmediata  de  la Fiscalía de Montería, se dispuso el mismo día 24  de  mayo  de  2001  la  iniciación  de investigación previa, fase procesal que  concluyó  con  la decisión proferida el 26 de junio siguiente por un Fiscal de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos,  en la cual decretó la apertura de  formal  investigación  contra  JOSÉ  HÉLMER CAÑAS  SILVA.   

2. Escuchado en declaración de indagatoria,  el  funcionario  instructor  resolvió  la  situación  jurídica a CAÑAS  SILVA  el  27 de julio del citado  año,   profiriendo   en   su  contra  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  por el delito de homicidio agravado, proveído al cual la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Bogotá le impartió confirmación al  desatar,   el   22   de   enero   2002,   la   apelación   interpuesta  por  la  defensa.   

3. La investigación fue clausurada el 25 de  junio  de  2002  y  la calificación del mérito del sumario se produjo el 30 de  agosto  siguiente, oportunidad en que el fiscal instructor profirió resolución  de    acusación   contra   JOSÉ   HÉLMER   CAÑAS  SILVA,     por     el    punible    de    homicidio  agravado.   

4.-  Tanto  la  defensa  como  el Ministerio  Público  apelaron  el pliego acusatorio, pero la segunda instancia lo confirmó  con providencia del 17 de junio de 2003.   

5. Correspondió tramitar la etapa del juicio  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Montería, despacho judicial que  llevó  a  cabo  las  audiencias  preparatoria y pública de juzgamiento, a cuyo  término  profirió  la  sentencia  de  primera instancia, en la cual condenó a  CAÑAS  SILVA  a la pena de  prisión  de  336 meses y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas por el término de 20 años.   

6.- Por apelación interpuesta por la defensa  y  el agente especial del Ministerio Público, el Tribunal Superior de Montería  confirmó  la  condena,  pero  excluyó  de  la  misma  la agravante específica  considerada  por  el a quo, razón por la cual fijó las penas mencionadas en el  acápite  inicial  de  la  presente  determinación.  Contra el fallo de segundo  grado,   los  mismos  sujetos  procesales  en  alusión  formularon  el  recurso  extraordinario   de   casación,   presentando   oportunamente  las  respectivas  demandas.   

          7.  Al  correrse  traslado  a  los  no recurrentes, se pronunció el  representante    de    la    parte   civil,   pero   el   alegato   lo   allegó  extemporáneamente.   

LAS  DEMANDAS   

         1) Demanda presentada por el defensor del procesado:   

          Invocando  la  causal primera de casación de la Ley 600 de 2000, el  actor  formula  un único cargo contra la sentencia de segunda instancia, a cuyo  amparo  predica  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial por exclusión  evidente  del  artículo  32  del  Código Penal de 2000, al no reconocer que el  procesado   obró   conforme  a  las  causales  excluyentes  de  responsabilidad  previstas   en  los  numerales  4º,  5º,  6º,  7º  y  9º  de  dicha  norma.             

          Para  sustentar el reproche, empezó por sostener que los juzgadores  desconocieron  la  existencia  de  pruebas  demostrativas  de  que  JOSÉ    HÉLMER   CAÑAS   SILVA  actuó en cumplimiento de una orden  y  de  un  deber  legal,  dado  que  su  presencia en el lugar del procedimiento  oficial  obedeció a la orden de allanamiento que se dispuso a la vivienda de la  familia Mancuso Deriex.   

          El  demandante relacionó 41 pruebas, entre las cuales alude al acta  de   levantamiento   del   cadáver,   al   protocolo  de  necropsia,  a  varias  declaraciones  y  a  algunos  informes,  para insistir en que los sentenciadores  desconocieron  su  poder  demostrativo,  lo  cual impidió que se reconociera al  procesado  la  legítima defensa, modo de proceder que fue una constante en este  proceso,  donde  desde  un comienzo se invirtió “la  responsabilidad  penal  de  los  presuntos  delincuentes a quienes se les ordeno  (sic)   la   diligencia   de   allanamiento”.    

          Consideró  que en el plenario aparece demostrado que el acusado dio  varias     órdenes    de    “alto”,  las cuales la víctima desatendió y, por el contrario, se lanzó  en  búsqueda  del  revólver  de  su  propiedad para agredir al funcionario del  C.T.I.,  quien  se  vio  así  en  la obligación de dispararle para defender su  vida.  En  su  criterio,  corrobora  ese análisis el hecho de que los dos no se  conocían  con  anterioridad  ni  existía animadversión entre ellos, de manera  que no había un plan para dar muerte al hoy occiso.    

          Para  el  libelista,  las  pruebas  no apreciadas por los falladores  acreditan  también  que  entre  el  procesado  y  la  víctima  existía  total  equilibrio  en  relación  con los medios utilizados, sus condiciones físicas y  su  experiencia,  pues  ambos  portaban  armas de fuego, contaban con contextura  corpulenta  y mientras uno era investigador del C.T.I., el otro se dedicaba a la  labor   de   escolta   de   la  familia  de  Mancuso,  de  modo  que tenía entrenamiento y experiencia en el  manejo de asuntos de seguridad.   

          Estimó,  de  esa  manera,  que  en este caso están dados todos los  elementos  constitutivos  de  la  legítima  defensa  anticipada. En apoyo de su  criterio,  citó  copiosa  doctrina  y algunas decisiones judiciales referidas a  esa  causal  excluyente  de  responsabilidad. Al final, concluyó señalando que  los  falladores  incurrieron  en  una ostensible violación a la ley sustancial,  “por  error  de  derecho  en la apreciación de las  pruebas  testimoniales,  y  la  violación  directa del artículo 32 del Código  Penal,    que    establece    las    causales   eximentes   de   responsabilidad  penal”,  por  cuya  razón pidió casar la sentencia  para,  en  su  lugar,  absolver a JOSÉ HÉLMER CAÑAS  SILVA.   

          2) Demanda presentada por el Ministerio Público:   

          También  formuló  un  solo  cargo,  el  que, de manera precisa, lo  apoyó  en  la  causal  primera  de  casación, cuerpo segundo, de la Ley 600 de  2000,  bajo  cuya égida acusó a los sentenciadores de violar indirectamente la  ley,  por  inaplicación  del  artículo  32.6  de  la  Ley  599  de  2000, como  consecuencia  de  incurrir  en  errores  de  hecho  en la apreciación de varias  pruebas,  yerros  que  se  concretaron  en  falsos  juicios de identidad, falsos  juicios  de  existencia  y  falsos  raciocinios,  los  cuales  impidieron  a los  juzgadores  reconocer que el procesado actuó amparado en una evidente legítima  defensa.   

          La  Procuradora Judicial demandante sustentó en forma separada cada  uno  de los errores que postuló y explicó la trascendencia de los mismos, tras  lo  cual  pidió  casar  la  sentencia  atacada y dictar el fallo absolutorio de  reemplazo,  reconociendo  al  acusado  la  eximente  de  responsabilidad  de  la  legítima defensa.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          Cuestión previa:   

          El   traslado  para  los  no  recurrentes,  como  fidedignamente  lo  certificó   la   secretaria  del  Tribunal  Superior  de  Montería1,  empezó  a  correr  el  17  de  mayo  de  2007, luego los 15 días dispuestos para el efecto  vencieron  el  7 de junio siguiente. No obstante, el apoderado de la parte civil  presentó   el   alegato   el   12  de  junio  siguiente,  es  decir,  en  forma  extemporánea.   

          Por  lo  anterior,  la Sala se abstiene de considerar el alegado del  sujeto procesal no recurrente.   

         Examen de las demandas:   

          De  acuerdo  con  lo  establecido en el artículo 213 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000,  bajo cuyo imperio se ritúa el presente asunto,  corresponde  a  la  Corte  calificar  la demanda de casación para determinar si  reúne  o  no  los  requisitos  contemplados en la ley. Uno de esos presupuestos  está  establecido en el numeral 3º del artículo 212 ibídem, conforme al cual  en  el  libelo  se  debe  enunciar la causal y formular el cargo con indicación  clara  y  precisa  de  sus  fundamentos y de las normas que el demandante estime  infringidas.   

          Según  criterio  consolidado  de  la Sala, el cumplimiento de dicho  presupuesto  implica para el actor realizar una labor de fundamentación lógica  y  coherente,  en  forma  que  los  cargos que exponga deben corresponder con la  causal  invocada y estar orientados a demostrar que el sentenciador incurrió en  vicios   in  procedendo  o  in iudicando, de acuerdo con  el  motivo  de  casación  seleccionado, para lo cual, además, debe allanarse a  satisfacer  los  requisitos  de  sustentación que la jurisprudencia de la Corte  tiene  establecidos  en  relación con cada uno de los yerros demandables por la  vía extraordinaria en mención.   

          Hecha  la  anterior  precisión, la Sala advierte sin dificultad que  la  demanda presentada por la Procuradora 16 Judicial Penal II colma a cabalidad  las  exigencias  de  adecuada  fundamentación  a  que  se ha hecho mención, de  manera  que  se  dispondrá su admisión. En consecuencia, de conformidad con lo  establecido  en  el artículo 213 arriba citado, se ordenará correr traslado al  Ministerio  Público  por  el  término  de veinte (20) días, para que emita el  respectivo concepto.    

          No  ocurre  lo  mismo  con  el  libelo  allegado por el defensor del  procesado.  Los  defectos técnicos que contiene el mismo son evidentes. Postula  la  violación  directa  de  la  ley,  pero  en  vez  de  plantear la discusión  jurídica   que   es   propia   de  esa  causal  de  casación,  se  adentra  en  disquisiciones  relacionadas  con  la  violación indirecta de la ley, al aducir  que  los falladores desconocieron una multiplicidad de pruebas demostrativas, en  su  criterio,  de  que  el  procesado  actuó al amparo de causales eximentes de  responsabilidad.   

          Conforme  lo  tiene  dicho  la Sala, cuando se acude a la violación  directa  de  la ley, al casacionista le está vedado controvertir los hechos que  el  fallador  dio  por acreditados, así como desconocer el valor probatorio que  éste  asignó  a  los  medios  de  convicción recaudados. El actor, como está  visto,  no cumple esa regla casacional, pues su discurso se encamina a mostrarle  a  la  Corte,  con  sustento  en su propia valoración de las pruebas, que en el  proceso  se  encuentra acreditado que el acusado fue objeto de agresión injusta  por  la  víctima, cuando el Tribunal expresamente desechó la existencia de esa  circunstancia.   

          El  demandante,  entonces, enuncia una cosa y desarrolla otra. Pero,  aparte   de   que   el   problema  jurídico  lo  esboza  de  manera  confusa  y  contradictoria,  al  pretender  el simultáneo reconocimiento de cinco eximentes  de                  responsabilidad2,   no  obstante  el  distinto  fundamento  sobre   el  cual  descansa cada una y los diversos presupuestos  que   contienen,   tampoco  atina  a  estructurar  adecuadamente  la  violación  indirecta que en el desarrollo de la censura sugiere.   

          En  efecto,  como  predica  que  el  sentenciador desconoció varias  pruebas,  las  cuales  demuestran  que  el  acusado actuó en legítima defensa,  pareciera  que  estuviese,  de  esa  forma,  aduciendo  la presencia de un falso  juicio  de  existencia,  especie  de  error  de  hecho  que,  como es sabido, se  configura  cuando el juzgador deja de apreciar elementos de prueba o los inventa  al momento de motivar su decisión.   

          Pero   el  libelista  se  limita  a  relacionar  41  pruebas,  entre  documentales,  periciales  y  testimoniales,  sin precisar cuál es el contenido  probatorio  de  cada  uno  de  esos  medios,  ni  mucho  menos indicar el aporte  demostrativo  que  tienen  frente  a su teoría relacionada con la actuación en  legítima       defensa      del      procesado3,  omisión  que  se  hace más  evidente  cuando  se observa que muchas de las probanzas a que alude parecieran,  en  principio,  no tener nada que ver con esa problemática, como lo son el acta  de  incautación de equipos de comunicación, las actas de entrega de armamento,  la   copia   de   un   capítulo   del   libro  “Mi  confesión”   de  Carlos  Castaño,  los  extractos  bancarios  de  la  cuenta del occiso, los informe sobre teléfono celular, entre  otros.   

          Adicionalmente,  se  abstuvo de explicar la trascendencia del error,  exponiendo  de  qué  manera  la  no  apreciación  de  las pruebas que extraña  incidieron  en el sentido de la decisión adoptada por el Tribunal. Se sustrajo,  pues,  a  cumplir  la carga argumentativa que se exige cuando se trata de aducir  la  violación  indirecta de la ley, derivada de error de hecho por falso juicio  de existencia.   

          En  vez  de  ello,  a  manera de un alegato de instancia, plantea su  particular  visión  sobre  el  alcance  suasorio  de las pruebas, afirmando que  éstas  demuestran  los presupuestos de la legítima defensa, punto de vista que  pretende  oponer  al  del  sentenciador,  olvidando  que ese proceder no resulta  válido  en  sede  de  casación,  donde es necesario acreditar la existencia de  errores  manifiestos  en  la  apreciación  de  las  pruebas, cometido que omite  emprender.   

          Es  tan  defectuosa la sustentación del reproche que, como colofón  de  sus apreciaciones, sostiene que la violación directa de la ley devino de un  error  de  derecho  en  la  apreciación de las pruebas, con lo cual ya no sólo  entremezcla  indebidamente  las  dos  clases  de  violación  de  la ley que son  excluyentes  entre sí, sino que, además, dejando de lado el error de hecho que  implícitamente  sostuvo  en el desarrollo del cargo, predica ahora ex  novo  la  presencia  de  un  error de  derecho, que en ningún momento fundamentó.     

          En  consecuencia,  por no cumplir la exigencia de adecuada y lógica  sustentación,  la  Sala  inadmitirá  la demanda presentada por el defensor del  procesado JOSÉ HÉLMER CAÑAS SILVA.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.-   ADMITIR  la  demanda de casación instaurada por la Procuradora  16 Judicial Penal II.   

          En  consecuencia,  córrase  traslado  al Ministerio Público por el  término de veinte (20) días, para que emita el concepto de rigor.   

2.- INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el defensor de  JOSÉ  HÉLMER  CAÑAS SILVA, por las razones expuestas  en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO J. IBAÑEZ  GUZMÁN                    JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                  JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                             JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

            Permiso   

                                                 TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                                        Secretaria     

1 Fl.  232 cd. Tribunal.   

2  Sostiene  que  el  Tribunal  dejó de aplicar los numerales 4º, 5º, 6º, 7º y  9º del artículo 32 del Código Penal de 2000.   

3  Al  final,  pese a referirse a varias, en esta causal de ausencia de responsabilidad  es que hace mayor énfasis.     

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