27893(25-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27893  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

SISTEMA ACUSATORIO  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 130  

Bogotá D. C., julio veinticinco (25) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Examina la Corte si la demanda instaurada por  la  defensora  de  JONATHAN  FEDERICO ACOSTA VÁSQUEZ  satisface   las   bases   lógicas   y   de  adecuada  fundamentación   requeridas   para  su  admisión.  Mediante  dicho  libelo  el  profesional  del  derecho  en  alusión  sustenta  el  recurso  de casación que  interpuso  contra  la  sentencia del 20 de marzo del cursante año, a través de  la  cual  el  Tribunal Superior de Bogotá confirmó la proferida por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de la misma sede, que condenó al procesado a las  penas  principales  de  74  meses  de  prisión  y  7  salarios mínimos legales  mensuales  de  multa,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo término fijado para  la sanción de prisión.   

HECHOS  

Los  contempló  la  sentencia  de  segunda  instancia de la siguiente manera:   

“El 22 de marzo de 2006, a las 2:25 de la  tarde  en  la  carrera  39  frente  al No. 92-22 Barrio “Río Negro” de esta  ciudad,  miembros  de  la  Policía  Nacional  observaron  el automóvil Renault  Megane  rojo,  modelo 2005 portando placas de circulación BSA-944 (falsas) y al  verificar  los  datos  del vehículo se estableció que al mismo le habían sido  asignadas  las  placas de circulación No. BKD-018 y se encontraba con pendiente  de hurto ocurrido el 8 de julio de 2005.   

El  citado  vehículo  era  conducido  por  JONATHAN  FEDERICO  ACOSTA  VÁSQUEZ,  quien manifestó haberlo comprado 4 meses  atrás   y  que  sólo  portaba  la  copia  de  la  licencia  de  tránsito  No.  05-1100185262  a nombre de LUIS ALFONSO RUIZ FAJARDO como documento que amparaba  el referido automotor”.   

ACTUACION PROCESAL  

1.  A  instancias  de la fiscalía, el 23 de  marzo  de  2006  el  Juzgado  59  Penal  Municipal  de Bogotá, con funciones de  control  de  garantías, realizó audiencia preliminar, en desarrollo de la cual  legalizó  la captura de ACOSTA VÁSQUEZ, así   como  la  incautación  del  vehículo  objeto  material  del  ilícito.  En  la  misma  audiencia  el  Fiscal 32 formuló imputación al antes  mencionado por los delitos de receptación y falsedad marcaria.   

2. Por razón de los punibles involucrados el  funcionario   instructor   presentó,  el  21  de  abril  de  2006,  escrito  de  acusación.   

3.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al  Juez Segundo Penal del Circuito de esta ciudad, funcionario que  realizó  la audiencia de formulación de acusación el 25 de julio del año que  se  viene  citando.  Luego,  el  29  de  noviembre  siguiente,  llevó a cabo la  audiencia preparatoria.   

4.  El Juez celebró el juicio oral el 29 de  noviembre  de  la  misma  anualidad, a cuyo término anunció que el sentido del  fallo  sería de carácter condenatorio. Su lectura ocurrió en la audiencia que  realizó  el 11 de diciembre. Allí mismo concedió el recurso de apelación que  interpuso  la  defensa  contra  la  sentencia  de primer grado, por cuya vía el  Tribunal  Superior  de Bogotá la confirmó mediante la decisión que fue objeto  del recurso de casación por el mismo sujeto procesal.   

LA  DEMANDA   

          Cuatro  cargos  formula  la  demandante  contra  el fallo de segundo  grado.  El primero lo apoya en la causal segunda del artículo 181 de la Ley 906  de  2004,  esto es, desconocimiento del debido proceso, y los tres restantes los  sustenta  en  la causal tercera ibídem, referente a la violación de las reglas  de producción y apreciación de las pruebas.   

          a) Primer cargo:   

          Propende  porque se decrete la nulidad desde dos momentos procesales  distintos;  el  primero, a partir de la audiencia de formulación de acusación;  y  el  segundo,  desde la audiencia de control de legalidad de la captura.    

          La  primera  de  esas  pretensiones  la  sustenta,  a su vez, en dos  razones,  ambas  relacionadas  con el principio de oralidad, según expresó. La  primera  razón  la hace consistir en que el juez no permitió el descubrimiento  probatorio  del  ente acusador, sino sólo lo que no se encontrara en el escrito  de  acusación, “reservando a la vista pública y de  los  sujetos  procesales  el  contenido  escrito (sic) que no puede tenerse como  parte  de  la  ritualidad  procesal  impuesta  por el legislador”.     

          El  segundo  motivo  vinculado  al principio de oralidad lo funda en  que  el fallador de primer grado se limitó, en la audiencia del 11 de diciembre  de  2006,  a leer apartes de la sentencia, desconociendo que el fallo hace parte  del juicio oral y, por ende, su lectura debe ser integral.   

          A  su  turno,  la segunda pretensión anulatoria la soporta también  en  dos  motivos.  El  primero,  en  la  realización  innecesaria  de audiencia  preliminar   de   legalización   de   captura,   pues  el  fiscal  directamente  restableció  el  derecho  de  locomoción una vez le pusieron a disposición al  aprehendido.  Y  el segundo, en la improcedente audiencia de legalización de la  incautación  del  vehículo  que  se  celebró por parte del juez de control de  garantías,   pues  esa  función  le  corresponde  exclusivamente  al  juez  de  conocimiento.   

          Señaló   la  casacionista  que  la  celebración  de  las  citadas  audiencias  preliminares  constituyen  irregularidades constitutivas de nulidad,  conforme  lo  consideró la Corte Suprema de Justicia en la sentencia dictada el  16  de mayo de 2007, dentro del proceso 26310, donde se decidió un caso similar  al presente.   

          b) Segundo cargo:   

          Aduce  violación indirecta de la ley derivada de error de hecho por  falso   juicio  de  identidad,  en  cuanto  los  falladores  atribuyeron  a  dos  estipulaciones  probatorias  un  alcance  que  no  les corresponde, dando de esa  manera  por demostrada la materialidad de los delitos de receptación y falsedad  marcaria,  es  decir,  que  JONATHAN  FEDERICO ACOSTA  VÁSQUEZ  fue sorprendido en posesión de un vehículo  hurtado  el  8  de  julio  de  2005,  el  cual  portaba  las  placas BSA 944 que  resultaron ser falsas.   

          En  concepto  de la censora, de las estipulaciones en mención sólo  se  derivan dos situaciones (i) que las placas BSA 944 del vehículo Megane rojo  son  falsas  y (ii) que el señor Pablo David Buitrago  Martínez  denunció  el hurto del vehículo Megane de  placas  BDK 019. Pero, añadió, de ellas no se infiere, más allá de toda duda  razonable,  que  el  automotor  encontrado al procesado sea el mismo denunciando  por   el   señor   Buitrago   Martínez.   

          Consideró   trascendente   el  yerro,  porque  sobre  el  mismo  se  cimentaron los fallos de instancia.   

          c) Tercer cargo:   

          Denuncia  la  violación indirecta de la ley proveniente de error de  hecho  por  falso juicio de existencia, al estimar que los juzgadores dejaron de  apreciar  la  estipulación  probatoria relacionada con la denuncia que formuló  el    acusado    ACOSTA    VÁSQUEZ    contra     Luis    Alberto    Guerrero  Santana.   Según  la  libelista,  esa  estipulación  suministra  la plena prueba de la teoría del caso de la defensa, consistente en  que    el   procesado   no   obró   con   conocimiento   de   la   “procedencia  dolosa”,  pues  con  la  estipulación  se  tiene  por  cierto que éste fue engañado en su buena fe por  Guerrero  Santana,  al  ser  denunciado    por    JONATHAN    ACOSTA de ser el autor de la adulteración de las placas.   

          Para   la   casacionista,   la  no  apreciación  de  la  mencionada  estipulación  incidió  en  la  decisión  de  los  falladores  de  no  otorgar  credibilidad  al  testimonio  rendido  por  el  procesado  en la “vista pública”.   

          d) Cuarto cargo:   

         

          Atribuye  a los sentenciadores violar de manera indirecta y, por esa  vía,  incurrir  en  error  de derecho por falso juicio de legalidad, al admitir  como  prueba  una  estipulación que no fue aportada en el curso de la audiencia  preparatoria  sino  en desarrollo del juicio oral, desconociendo de esa forma el  contenido del artículo 356 de la Ley 906 de 2004.   

          Con  dicha  estipulación,  añadió  la  demandante,  la  fiscalía  suplió  el  testimonio  de  Belardino  Moreno  Muñoz,  con  el cual pretendía  incorporar  al  juicio el informe de policía que, a su vez, demostraría que el  procesado  estaba  en  posesión  del  vehículo  y que éste tenía procedencia  ilícita.  De  esa  forma,  prosiguió, el ente acusador convirtió en 13 las 12  estipulaciones   válidamente  acordadas,  de  tal  manera  que  los  juzgadores  debieron  excluir  aquella, de conformidad con lo establecido en el artículo 23  del Código de Procedimiento Penal de 2004.   

          Sin  la  estipulación  extemporáneamente incorporada al juicio, en  criterio   de   la   censora,  la  fiscalía  no  hubiera  podido  demostrar  la  materialidad de las conductas atribuidas al acusado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

La  demanda  de  casación,  para  que  sea  admitida  por la Corte, además de los presupuestos de  procedencia  y  oportunidad  previstos en la ley, debe  confeccionarse  de  manera  clara y coherente, con el  fin  de  no  convertir  el  recurso  extraordinario  en  una  tercera instancia.   

Los  presupuestos de adecuada sustentación  se  derivan de lo dispuesto en el artículo 183 de la Ley 904 de 2004, bajo cuya  égida  se  ritúa  el  presente asunto, norma conforme a la cual el libelo debe  indicar   en   forma   precisa   y   concisa   las   causales  invocadas  y  sus  fundamentos.   

Al  examinar  los  cuatro cargos formulados  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior de Bogotá, concluye la Corte que  ninguno  de  ellos  satisface  las  exigencias de sustentación lógica y debida  fundamentación requeridas para su admisión.   

En    efecto,    en   el   primer  reproche la libelista plantea la  nulidad  por  varios  motivos,  argumentando    el   desconocimiento   del   debido   proceso.   Pero  en  su  postulación  desconoce el principio de prioridad que  gobierna  el  recurso  de  casación,  según  el  cual,  cuando  se pretende la  invalidación   del   proceso,  el  demandante  debe  exponer  primero  aquellas  irregularidades   que  mayor  incidencia  procesal  tengan  y  luego,  en  orden  progresivo, las de menor cobertura.   

La referida exigencia encuentra explicación  razonable      en      que     si     prospera  la  censura  de  mayor  incidencia,  el  estudio  de  las  demás     se     torna    innecesario,   por   quedar   comprendidas   en   la  anulación  que haya de decretar la Corte.   

Como se anticipó, la impugnante no cumplió  ese  requisito  casacional,  pues  primero  esbozó  los motivos que,  en  su criterio, dan lugar a invalidar  la  actuación  a  partir  de la audiencia de formulación de acusación y luego  hizo  presentación  de  las razones con apoyo en las cuales impetró la nulidad  desde   la  audiencia  de  legalización  de  la  captura,  cuando  debió   proceder  en  sentido  inverso.   

La  demandante,  por  lo  demás,  tampoco  expresó  ni  menos  aún  acreditó la trascendencia de las irregularidades que  enunció,  labor  que  le  correspondía  emprender,  porque,  como es sabido, sólo resulta dable decretar  nulidad   cuando   la   anomalía   procesal   reviste   carácter  sustancial,  según  así  lo  contempla  también  el  artículo  457  del Código de Procedimiento Penal de 2004, cuando  establece  que “(E)s causal de nulidad la violación  del  derecho  de  defensa  o  del  debido  proceso  en  aspectos      sustanciales”     (subrayas     la  Sala).   

La   censora   se   limitó  a  afirmar,  de  una  parte, que el juez  permitió  a  la  fiscalía  descubrir  solamente  las  pruebas  no reseñadas  en el escrito de acusación y  únicamente     dio    lectura    a    algunos  apartes  del  fallo.  Y,  de  la  otra,  que  el  juez  de  control   de   garantías  celebró  audiencia  de  legalización  de  captura, pese a que para entonces el  procesado  había  sido  puesto  en  libertad  por la  propia   fiscalía   y,  además,  llevó  a  cabo  audiencia  de  legalización  del bien incautado, cuando  esa   función  no  era  de  su  competencia,  sino  del  resorte  del  juez  de  conocimiento.   

Pero la demandante se sustrajo por completo  a  explicar  de  qué  manera  las  actuaciones  anómalas  que  atribuye  a los  juzgadores  afectaron las garantías fundamentales del acusado o conculcaron las  bases   estructurales   del   juicio.   Omitió,   en   ese   orden,  fundamentar  cómo  incidió  en la actuación o en el ejercicio  del  derecho  de defensa la decisión del juez  a  quo  de ordenar a la fiscalía descubrir solamente los  elementos  probatorios  no  relacionados en el escrito de acusación, ni tampoco  el    hecho   de   leer   únicamente   algunos apartes del fallo.   

Tampoco   explicó   de   qué  forma  la  celebración  de  las  audiencias de legalización de captura e incautación del  vehículo   trascendió   en   la   subsiguiente   fase  procesal.  En  relación con este tema, es  de  precisar  que carece de exactitud  la    afirmación    de  la  impugnante  consistente en que   la   Corte  prohijó  en  la  sentencia  del  16  de  mayo  del cursante año,   radicación   26310,   el   criterio   según   el   cual   la  realización  de  audiencia  preliminar para legalizar la captura de alguien que  había  ya recobrado la libertad generaba nulidad de la actuación. Lo planteado  en  esa  decisión  es  que una audiencia de esa naturaleza, por sustracción de  materia, resulta innecesaria.   

Es  cierto  sí  que  en  el  remembrado   fallo   se   decretó   la  nulidad  de  la  actuación, porque el juez de control  de   garantías,   sin   competencia,  excluyó  como  elemento  probatorio  un  arma  de  fuego,  con  cuya  evidencia  física,  sin  embargo,  se formuló la  imputación   y   se   sustentaron   las  decisiones  de  fondo,  incluidas  las  sentencias de instancia,  que se profirieron a lo largo del proceso.   

Pero   la  situación  ocurrida  en  el  caso  que  ocupa ahora la atención de la Corte es  diversa,  porque  el  juez  de control de garantías  no  excluyó  elemento  probatorio    alguno,   sino   que   se   limitó   a   legalizar   la   incautación   del  vehículo  objeto  material  del  delito,  de  manera  que  por  ese  aspecto  no  se impone la  necesidad  de  proferir  fallo para cumplir alguno de  los  fines  de  la  casación,  según  los dictados  del  inciso  segundo del artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  en  concordancia  con lo dispuesto por el  artículo 180 ibídem.   

En     consecuencia,    por  formularse sin el cumplimiento de  los  presupuestos  de  adecuada  fundamentación, se  inadmitirá la primera censura.   

En  el  segundo  cargo la demandante denuncia la violación indirecta  de  la  ley  por  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad, dado que el  ad  quem  atribuyó a dos  estipulaciones probatorias un alcance que no les corresponde.   

El  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad  ocurre  cuando  el  juzgador  distorsiona  el  alcance de un medio de  prueba,  ya  sea  cercenándole  fragmentos  que no contiene, ora adicionándole  aquellos que no les corresponde.   

Para demostrar esta clase de error, según  jurisprudencia  consolidada de la Sala, es necesario que el actor identifique la  prueba  indebidamente  apreciada,  coteje  su  contenido con el atribuido por el  fallador,   señalando   en  qué  apartes  se  presenta  la  disconformidad  y,  finalmente,  acredite la trascendencia del error en las conclusiones probatorias  de             la             sentencia1.   

En  el caso en estudio, si bien la censora  identifica  los  elementos  de  convicción  respecto  de  los cuales refiere el  yerro,  se  sustrae  a  efectuar  la  comparación  de rigor, precisando cuáles  fragmentos fueron adicionados o cercenados por el fallador.   

Aparte de lo anterior, tampoco expresó la  incidencia  del  error,  pues  se  limitó  a afirmar que con él se cimentó el  fallo  condenatorio,  sin  explicarle  a  la  Corte en qué forma, de no haberse  incurrido  en  el  yerro  que  denuncia,  el  sentido  de  la  sentencia  sería  distinto.   

En  tal virtud, se inadmitirá también el  segundo reproche.   

En  el  tercer  cargo, como se recuerda,  la        actora       predica  la  vulneración indirecta de la ley derivada de error de  hecho  por  falso  juicio de existencia, al dejarse de apreciar la estipulación  probatoria  relacionada  con  la  denuncia formulada por el acusado ACOSTA VÁSQUEZ.   

El  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia  se presenta cuando el sentenciador ignora alguna prueba válidamente  aportada  al  proceso (existencia por omisión) o inventa una que no se recaudó  en el trámite del mismo (existencia por invención).   

Tiene   precisado   la   Sala   que   si  “el error denunciado es  de  existencia  por  omisión,  el casacionista debe  identificar  con claridad las pruebas que existiendo materialmente en el proceso  fueron  totalmente  ignoradas  por  el  juzgador,  precisar los hechos que ellas  demuestran   y  acreditar  las  implicaciones  del  error  en  las  conclusiones  probatorias  de  los  fallos.  Y  si  es  de existencia por suposición, deberá  identificar  la prueba imaginaria, precisar los hechos que los fallos declararon  probados  con  fundamento  en ella, y señalar sus implicaciones en la solución  del  asunto”2.   

En  el  caso  que ocupa la atención de la  Corte,  la  demandante  omitió  fundamentar  la trascendencia del error que denuncia, porque aun cuando  dijo   que   la   no  valoración  de  la estipulación probatoria que echa de menos contribuyó a dar  por  acreditado el dolo, se sustrajo a explicar de qué manera, apreciando dicha  estipulación  de  manera conjunta con el restante acervo probatorio, el sentido  del fallo hubiese sido radicalmente distinto.   

        Por    lo    expuesto,   se   inadmitirá   también   el   tercer  reproche.   

Finalmente,    en    el   cuarto  cargo  la  actora  atribuye al  Tribunal  incurrir  en error de derecho por falso juicio de legalidad y, por esa  vía,  violar  indirectamente  la  ley.  Como  se  recuerda, sustenta la censura  aduciendo  que el fallador admitió como prueba una estipulación probatoria que  no  fue  aportada  en  la  audiencia preparatoria sino en desarrollo del juicio.   

La modalidad de error de derecho denominada  falso  juicio de legalidad se estructura cuando el juzgador desconoce las normas  que  regulan  la  formación  o  producción  de las pruebas, ya sea por otorgar  validez  a  un medio de convicción porque considera, erradamente, que satisface  dichos  requisitos, o por negarle validez al estimar que sí los cumple, sin que  ello sea cierto.   

Para su demostración, lo ha dicho la Sala,  “el  actor  debe  identificar claramente la prueba  indebidamente  apreciada,  señalar  las normas medio que regulan su formación,  acreditar  que la prueba fue excluida debiendo ser apreciada o que fue apreciada  debiendo   ser  excluida,  y  demostrar  las  implicaciones  del  error  en  las  conclusiones             probatorias”3.   

Tales  exigencias  de sustentación no las  cumple   a   cabalidad  el  censor,  porque  aun  cuando  identificó  el  medio  probatorio,  mencionó algunas normas procesales y adujo que la estipulación no  debió  ser  apreciada,  lo  cierto  es  que no fundamentó la trascendencia del  error,  limitándose  a  señalar  de  manera  genérica  que sin esa prueba los  juzgadores  no habrían podido demostrar la  materialidad  de  los  delitos,  pero  no  ponderó los demás  medios  de  prueba  recaudados  en  el  juicio  para,  a  partir de su análisis  integral,  demostrarle  a  la  Corte  que  éstos,  por  sí  solos,  no tenían  capacidad para acreditar el aspecto objetivo de las infracciones.   

          En  consecuencia,  tampoco  hay  lugar a admitir el cuarto y último  cargo.   

Es de anotar que no se advierte en    la    actuación    o   en   el   fallo   reprochado   violación   de   derechos   o  garantías      del      acusado     que         impongan  el  ejercicio de la facultad oficiosa que sobre el particular le  confiere  el  legislador  a  la  Sala,  con  el fin de  procurar  su protección. Por ello mismo, no ve la Corte la necesidad de superar  los  defectos  de  la demanda, acorde con lo previsto  en   el   artículo   184   del  estatuto  procesal  penal  de  2004.   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación4,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  – siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –,   el   Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda de casación  interpuesta por la defensora de  JONATHAN  FEDERICO  ACOSTA  VÁSQUEZ,  por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

        De    conformidad    con   lo   dispuesto   en   el   inciso    segundo    del    artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y en los términos  referidos    en   el   acápite   final   de   esta   determinación,   contra   la   misma  procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Excusa justificada  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                 MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANES           YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                          

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                            MAURO SOLARTE PORTILLA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Auto del 6 de junio de 2007. Rad. 27116   

2  Auto del 6 de junio de 2007. Rad. 27116.   

3  Auto ídem.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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