27892(29-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27892  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado   acta  No.  158      

Bogotá,     D.     C.,    veintinueve   de   agosto  del   año   dos  mil  siete.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de     la     demanda     de     casación     presentada    por    la  defensora  del   procesado  HERNANDO  RODRÍGUEZ PARRA.   

Antecedentes.-  

1.-    Los  hechos,              ocurridos        en        Bogotá,          fueron         declarados   por   el  juzgador  de  la  manera  siguiente:   

“Los presupuestos  fácticos  que  dieron  origen  a  la  presente actuación, tuvieron génesis en  horas  de  la  mañana  del  nueve  de mayo de dos mil  seis,  cuando  RONALD  ANDRÉS  QUINTANA  MEJÍA, fue  interceptado  por  dos personas en la avenida 19, con carrera 30, lo intimidaron  con  arma de fuego, luego le hicieron descender de la camioneta de su propiedad,  de  placas  PEC-641,  marca  Subaru, modelo 1992, color verde y se apoderaron de  dicho rodante, huyendo del lugar.   

“El  punible  atentatorio  del  patrimonio  económico  fue puesto en conocimiento de la autoridad por QUINTANA MEJÍA en la  misma   fecha.   Iniciadas   las   labores  investigativas,  posteriormente,  el  veintisiete  de  mayo  de  dos mil seis, el vehículo fue incautado en poder del  acusado  HERNANDO RODRÍGUEZ PARRA, en inmediaciones de la carrera 95, con calle  22, sector de Fontibón y en consecuencia se produjo su captura”.   

2.-  La Fiscalía  209  Local  con  sede  en  Bogotá   presentó  el  caso  ante  el  Juez  de  Control  de  Garantías  en  donde     solicitó  llevar  a  cabo audiencia preliminar de legalización  de  captura,  formulación de imputación,    imposición   de   medida   de   aseguramiento  y  de  legalidad  de  la  incautación del vehículo,   en   desarrollo   de   la   cual,  de  conformidad  con  lo dispuesto por el artículo 154 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004, le imputó la realización del delito  de     receptación,  cuyos  cargos  no  fueron  aceptados  por  el imputado, quien se encontraba asistido por un profesional del  derecho.   

3.- El veintitrés  de  junio  siguiente la Fiscalía presentó escrito de  acusación    en    el    cual    le   imputó   al   incriminado   HERNANDO     RODRÍGUEZ    PARRA    la  realización  del  delito de receptación de que trata  el   artículo   447   del  Código  Penal  de  2000,  modificado  por  la  ley 813 de 2003 y posteriormente  por la ley 890 de 2004.   

4.-   Ante   el   Juzgado   Veintiséis       Penal    del   Circuito   de  Bogotá, el  25  de  julio  de  2006, se  llevó  a  cabo  la  audiencia de formulación de la acusación; el 23  de  agosto  siguiente  la  audiencia  preparatoria,  y      finalmente,      los   días   14   y  15  de  septiembre  de  2006  el  juicio  oral; en esta última      fecha     se  anunció  el  sentido condenatorio  del  fallo  por el delito de receptación.   

La  sentencia  fue  dictada el dos  de  octubre  de dos mil seis y en  ella  se  resolvió  condenar  a  HERNANDO RODRÍGUEZ  PARRA   a   la   pena   principal  de  setenta   (70)   meses   de  prisión  y      la      accesoria     de     inhabilitación  en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  término  igual  al  de  la  pena  privativa  de  la libertad, al  tiempo  que  le  negó  la prisión domiciliaria, entre   otras   determinaciones,   a   consecuencia   de  hallarlo  penalmente        responsable       del       delito       de       receptación  a  él  imputado  en  la  acusación.   

5.-  Apelado  el  fallo por la defensa  quien  solicitó  revocar  la  sentencia  de  primera instancia con fundamento en la presunción de inocencia y  el  principio  de  in dubio pro reo (fls.  35  cno.  sda.  Inst.), el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  al  conocer  en segunda instancia de la impugnación interpuesta, mediante sentencia  proferida   el   catorce   de   marzo  de    dos    mil    siete,   decidió  modificarlo   parcialmente,  “en  el  sentido  de  imponer  a  HERNANDO  RODRÍGUEZ  PARRA  sanción  privativa  de  la libertad de  sesenta  y  cuatro  meses y multa de seis punto sesenta y seis salarios mínimos  legales   mensuales   vigentes”   y   confirmarlo  en  los  demás  aspectos  (fls 42 y ss).   

6.- Contra el fallo de segunda instancia, en  oportunidad      la      defensa     interpuso         recurso  extraordinario de casación mediante la presentación del  escrito   de   demanda   sobre   cuya   admisibilidad   se   pronuncia  la   Corte.   

La demanda.-  

Después  de  señalar  que  el  propósito  perseguido   con   el   recurso   es   la   casación  del  fallo  de  segunda  instancia  “respecto  de  la  sanción impuesta teniendo en cuenta que no hubo  agravantes,  la  carencia de antecedentes penales en contra del sindicado y, que  se  conceda  como sustitutiva la medida de aseguramiento en centro de reclusión  por  la  del  sitio  o  lugar  de  residencia”,  o  en  su defecto la prisión  domiciliaria   por   tratarse   de   padre   cabeza  de  familia,  con  apoyo  en  lo  dispuesto  por  el artículo 181 del Código de  Procedimiento   Penal   de   2004,   la  demandante  formula      tres  cargos      contra     la     sentencia     del     Tribunal.   

En        el       primer        cargo    sostiene   que  el  Tribunal  incurrió  en  errores  de  hecho  en la apreciación de las pruebas    y    ello    determinó    dejar   de   aplicar   los  artículos  7º,  115,  306  y  308  de  la  Ley 906 de 2004,  relativos  a  la presunción de inocencia e in dubio pro reo,  el principio  de   objetividad,   y   los   requisitos  para  la  imposición  de  medidas  de  aseguramiento.   

Sostiene  que  los  errores de hecho en que  incurrió el Tribunal en el fallo atacado, consistieron en:   

.- No dar por demostrado que su asistido no  llevó  a cabo ninguna conducta delictiva, toda vez que a él se le encontró en  su  poder  un  automóvil que adquirió mediante promesa de compraventa suscrita  con el señor Walter Ling.   

.-  No  dar  por  demostrado que el aludido  contrato  tiene  plena  validez  pese  a  lo cual la Fiscalía le restó mérito  dejando a la defensa sin piso.   

.-  No  dar  por  demostrado que a quien la  Fiscalía  debió  perseguir  era al señor Walter Ling y no a su asistido quien  obró de buena fe.   

.-  Soslayar  los  testimonios  que  en  su  oportunidad  rindieran  el  señor  Ling  Vanegas  y  el mecánico del vehículo  automotor,      aduciendo      que son poco dignos de credibilidad.   

.-  Dar por demostrado, sin estarlo, que el  procesado   es   culpable   del   delito  de  receptación   y  que él sabía sobre origen del  automotor que se encontró en su poder.   

Como  “pruebas mal apreciadas” menciona  el  documento  que  contiene el contrato de promesa de compraventa del vehículo  automotor;  el  testimonio  rendido  por  Walter Ling Vanegas, quien sostuvo que  efectivamente  suscribió  el  contrato  de  compraventa con Hernando Rodríguez  Parra;  y  el  testimonio rendido por el mecánico Héctor Julio Garavito, quien  emitiera  concepto  sobre  el  estado  del  vehículo automotor al momento de su  compra.   

Como  “pruebas  dejadas  de  apreciar”,  menciona  el  documento  por  medio del cual el señor Ling Vanegas devolvió la  mitad  de  la  suma recibida de manos del procesado por concepto de la venta del  vehículo  en cuestión; y el testimonio de la señora Nubia Beltrán quien dijo  haber  dudado  de  la  actitud  del  vendedor  del  vehículo,  pero su dicho no  mereció  credibilidad,  con  lo  cual  se le restó  validez  a  los  elementos probatorios aducidos por la defensa para demostrar la  inocencia del señor Hernando Rodríguez Parra.   

Con la pretensión de darle desarrollo a la  censura,  manifiesta  que  la  defensa siempre pretendió demostrar la inocencia  del  señor Hernando Rodríguez Parra, a quien si bien es cierto se le encontró  en  su  poder  el  vehículo  objeto de investigación penal, también lo es que  ello  obedeció a que lo había comprado, hecho que demostró con el contrato de  promesa  de  compraventa  firmado  por  las  partes  y  que fuera introducido al  plenario pero no fue aceptado por los funcionarios judiciales.   

Además, dice, luego de declararlo culpable  del  delito  de receptación, su asistido fue condenado a sesenta y cuatro meses  de  prisión  sin  que le hubiese permitido demostrar su inocencia, pese a haber  comprado   de   buena   fe   al   señor   Walter   Ling   Vanegas   el   citado  vehículo.          

El   segundo  cargo  se sustenta en considerar que en la sentencia  ameritada  se  dejó de aplicar el artículo 314.1 de  la  Ley  906 de 2004, se aplicó indebidamente el artículo 38 del Código Penal  en  relación  con  la  prisión  domiciliaria,  y el 308 de la ley 906 de 2004,  “olvidando  que en el caso en particular, deja la norma al libre albedrío del  Juzgador   la  sustitución  de la detención preventiva en establecimiento  carcelario, por la del lugar de residencia”.   

En  el  acápite  de  la  demanda  que  la  casacionista  denomina  “desarrollo” del cargo, sostiene que la detención y  la  prisión domiciliaria son figuras distintas, en cuanto una tiene que ver con  el decurso del proceso y la otra con el proferimiento del fallo.   

En este caso, anota, “es preciso recordar  que  no  nos  encontramos  frente  al  temeroso  delito en donde el dolo, fue el  elemento  primordial,  en  donde  a  todas  luces,  se  avizoran sus agravantes;  tampoco  es  el  caso  en  donde  se  deja  entrever la gravedad del hecho, o la  intensidad    del    delito    y    sus    circunstancias   temporo   espaciales  fueron    tan  gravosas    que    impera    la    necesidad    de    la    pena   en   prisión  intramuros”.   

Considera  que  en  este  caso  se está en  presencia  de  un delito que se configura por la tenencia de un vehículo objeto  de  una  investigación  penal,  de  la  cual  nace  la receptación  materia  del juicio. No obstante, dice, “sin la pretensión de  restarle  la  calidad de delito, lo que pretende la defensa es hacer ver que los  elementos  objetivos y subjetivos se presumen pero nunca fueron demostrados a lo  largo de la investigación penal”.   

Por estas mismas razones, lo que pretende es  la  sustitución  de  la  prisión intramuros por la del sitio de residencia del  enjuiciado,   toda   vez   que   no   existe   la   necesidad   del   centro  de  reclusión,  su  prohijado  no constituye un peligro  para  la sociedad, ha mostrado ser leal con la justicia y se ha allanado a ella,  en  el  sentido  de  atender  oportunamente  sus  llamados, garantizando así su  comparecencia cuando lo solicite.   

Anota  que  esta  solicitud,  fue  negada por el Tribunal  con  lo  cual  incurrió en un yerro,  pero insiste en ella pues  en  el caso particular debe analizarse que su asistido merece la sustitución de  la  medida  del  centro  de reclusión al de su sitio de residencia, tal como lo  menciona el artículo 314.1 de la Ley 906 de 2004.   

Respecto      del      tercer  cargo, sostiene que el Tribunal  negó  la  prueba  sobre  la  condición  de  padre  de  familia que su asistido  ostenta,  y  pese  a  invocar lo dispuesto por el artículo 2º de la Ley 750 de  2002,  dijo  no haberse acreditado la calidad de tal, dejando así de aplicar la  norma en comento.   

A  propósito  de  desarrollar  la censura,  menciona  que  la  defensa, en su afán de demostrar la inocencia del procesado,  allegó  entre  otras pruebas, la que demostraba la calidad de padre de familia,  pero  no  fue  tenida  en  cuenta. Cuando recurrió en apelación hizo puntual alusión de lo normado  por  el artículo 2º de la ley 750 de 2002, y expuso, no  sólo  que  su  asistido era quien proveía de alimentos y satisfacía todas las  necesidades  de  su familia, sino que era quien prodigaba amor, cuidado y demás  atenciones  para  su  menor hijo, quien, como consta en los soportes, cuenta con  ocho años de edad.   

En  dicho  contexto,  como  “pruebas  mal  apreciadas”  menciona  el registro civil de nacimiento del menor Dilan Esteban  Rodríguez  García,  de  ocho  años  de  edad,  y  la  declaración  con fines  extraprocesales  rendida  por  el  propio enjuiciado, quien bajo la gravedad del  juramento        manifiesta       su       compromiso       familiar,   y   que   es   padre   cabeza  de  familia, la cual, a términos del artículo 42 de la  Carta   Política,   es   el  núcleo  fundamental  de  la  sociedad.   

Considera    haber    demostrado    el  quebrantamiento  de  los  preceptos  normativos  que  menciona,  así  como  las  modalidades  de  violación  en  cada  caso  indicadas,  por  lo  que reitera su  solicitud  a la Corte de  casar  la  sentencia  objeto  de recurso (fls.  59 y  ss.          cno.          Trib.).      

   

SE CONSIDERA  

             

1.-   De   manera  reiterada,  por  tanto  difundida,  la  Corte  ha convenido en sostener que el recurso extraordinario de  casación  no  es  instrumento  que  permita  continuar  el  debate  fáctico  y  jurídico    llevado    a    cabo    en    el    fenecido    proceso,  a  manera  de instancia adicional a  las  ordinarias del trámite, sino una sede única que parte del supuesto que el  proceso  culminó  con  el  proferimiento  del fallo de segunda instancia, y que  éste  no  sólo  es  acertado  sino  acorde con el ordenamiento jurídico, cuya  desvirtuación compete al demandante.   

Tal cometido sólo resulta posible por parte  de  los  intervinientes en la actuación cuyo interés derive del agravio que la  ejecutoria  de  la   decisión  impugnada habría de causarles, mediante la  presentación  de  una  demanda  en  que  no  sólo  se  expresen con claridad y  precisión  los  fundamentos  de  la  pretensión,  sino  que  se  demuestre  la  configuración  de  al  menos  uno  de  los  motivos  de casación taxativamente  previstos  por  la ley de rito, así como la necesaria intervención de la Corte  para  cumplir,  en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines que le son  inherentes,  previstos  por  el artículo 180 del Código de Procedimiento Penal  de  2004, pues no de otra manera podrían     ser     entendidas    las  expresiones      según      las           cuales,    a    voces    de              los        artículos  181  y  183 ejusdem, la casación  resulta  procedente  contra  sentencias  de  segunda instancia “cuando afectan  derechos   o   garantías   fundamentales”  y  que  la  demanda debe señalar  “de   manera   precisa   y   concisa”   las   causales   invocadas   y   sus  fundamentos.   

Es  tan  cierto  que  el  modelo casacional  previsto  en el ordenamiento procesal de que trata la  Ley   906   de  2004  en  manera  alguna  libera  al  demandante  de  cumplir  con unos mínimos requisitos que le permitan superar el  necesario  juicio  de admisibilidad que por ley compete realizar a la Corte, que  el    artículo   184   del   mencionado   estatuto  la      faculta     para     no     admitir  al trámite aquellas demandas  en  las  cuales se establezca que el impugnante carece de interés, o  cuando  no  se señala el motivo de  casación  en que apoya la pretensión desquiciatoria contra el fallo de segunda  instancia,    o    se  dejan de desarrollar los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió  formular,  “o cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no se precisa del fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso”.   

2.- En punto de las causales de procedencia  de  la casación, previstas por el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, asimismo  la Corte tiene precisado lo siguiente:   

“a)  La  de  su  numeral  1º  –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

“b)   La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

“En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  claras  y  precisas pautas  demostrativas1.   

“Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia2.   

“c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio de convicción3,     mientras     que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

“La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado” (cfr. Auto Cas. mayo 4 de 2006. Rad. 25250).   

Precisamente  por razón de lo que viene de  anotarse, más recientemente señaló la Sala:   

“Supone lo anterior que  el  demandante  debe  encaminar  sus esfuerzos a demostrar cómo con el trámite  procesal  o a través del fallo se afectaron derechos o garantías fundamentales  para  lo  cual,  en  consonancia  con  el  yerro advertido, ha de servirse de la  causal  de  casación  pertinente  señalándola  expresamente  e  indicando las  razones  que  le asisten para estimar que se encuentra estructurada, sin olvidar  que  debe  indicar,  así sea sucintamente, cuál de los fines establecidos para  la  casación  hace  necesaria  la  intervención  de  la Corte en el particular  asunto,  según lo previsto en el artículo 180 de esa normatividad, esto es, si  ella  es  indispensable  para la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de  los intervinientes, la reparación de los agravios sufridos  por éstos o la unificación de la jurisprudencia.   

“Con  esos  propósitos,  resulta  de suma  utilidad   que   el   actor   atienda   las  directrices  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  sobre  la  forma  para abordar en esta sede el desarrollo de los  diferentes  motivos  de  casación  pautas que, bien está recordar, no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la formulación y desarrollo  de sus reparos.   

“Tales   directrices  tienden,  pues,  a  facilitar  la labor del demandante a fin de que resulten completos y entendibles  los  cargos  que  propone  contra el fallo de segundo grado, exigencia que sigue  vigente  pues  si  bien  en  la nueva lógica del recurso se habilita a la Corte  para  superar  los  defectos que el libelo ofrezca, esta última opción demanda  del  censor  un  esfuerzo  argumentativo  a  través  del  cual  demuestre ya el  probable  distanciamiento  entre  el fallo recurrido y la norma constitucional o  legal  que debió gobernarlo, ora la vulneración de garantías fundamentales de  los  intervinientes,  bien  el  tema  jurídico  que  por su relevancia deba ser  abordado  por  la  Sala  a  fin  de procurar el desarrollo de la jurisprudencia.   

“Es  decir, siempre será necesario que el  demandante  elabore  una  propuesta  coherente,  comprensible y convincente, por  cuyo  medio  pueda  concluirse  que  sí es indispensable la intervención de la  Corte  para  lograr  alguno  de los cometidos de la casación, de acuerdo con la  índole  de  la controversia planteada” (cfr. auto cas. junio 22 de 2006. Rad.  25412).   

3.-  En  el  evento  que  ahora  ocupa  la  atención  de  la  Sala,  se  observa que         los        cargos que  la   recurrente  propone  contra   la   sentencia   impugnada   no           logran             superar,  siquiera  en  mínima  parte  estas  exigencias  básicas.  La  falta  de  claridad,  precisión,  y de debida  sustentación,    surgen   manifiestas.  Las  inconsistencias  de fundamentación y técnicas son de tal  magnitud   y  entidad,  que  impiden  establecer  el  verdadero  alcance  de  la  impugnación   y   el  cabal  entendimiento  de  la  pretensión  de              la  impugnante, lo que determina que el  libelo  no  pueda  ser  admitido  al  trámite con miras a un pronunciamiento de  fondo, en términos que seguidamente pasa a precisarse.   

3.1.-  Como  se  recuerda  en el resumen que se hizo de la demanda, en  el  primer  cargo  la  casacionista  denuncia que el  Tribunal   incurrió   en   error  de  hecho  en  la  apreciación  probatoria, para lo cual, como pruebas mal apreciadas, menciona el  contrato  de  promesa  de  compraventa del vehículo automotor suscrito entre el  enjuiciado  y  el  señor  Walter  Ling,  el  testimonio de éste y el  del  mecánico  automotriz Héctor  Julio Garavito.   

No    indica,    sin    embargo,   qué  específicamente  se  establece  de los aludidos medios, qué concluyó de ellos  el  juzgador,  ni en qué consistió el error de apreciación probatoria, a qué  categoría  corresponde,  cómo  se demuestra éste y cuál la incidencia que un  tal  desacierto  tendría  para  variar  los  supuestos  fácticos y por ende la  declaración  del  derecho  contenida en la parte resolutiva de la sentencia, lo  que   denota   que   dicho   aparte   de   la   censura   quedó   en  el  sólo  enunciado.   

En  este  sentido pertinente resulta reiterar  que  la  jurisprudencia  de  esta  Corte  tiene  establecido  que cuando en sede  extraordinaria  se  denuncia  violación  indirecta  de disposiciones de derecho  sustancial,  a  consecuencia  de  incurrir  el juzgador en errores de hecho o de  derecho  en  la apreciación probatoria, en aras de la claridad y precisión que  debe  regir  la  fundamentación  del  recurso extraordinario, compete al censor  identificar  nítidamente  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar  el  medio o medios de prueba sobre los que predica el yerro, e indicar de manera  objetiva  su  contenido,  el mérito atribuido por el juzgador, la incidencia de  éste  en  las  conclusiones  del  fallo,  y  la norma de derecho sustancial que  indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   

Igualmente, la misma naturaleza rogada que la  casación  ostenta, impone al demandante el deber de abordar la demostración de  cómo  habría de corregirse el yerro probatorio que denuncia, modificando tanto  el  supuesto  fáctico  como  la  parte  dispositiva  de la sentencia, tarea que  comprende  un nuevo análisis del acervo probatorio, valorando correctamente las  pruebas  omitidas,  cercenadas  o  tergiversadas,  excluyendo  las  supuestas, o  apreciando  acorde  con  las  reglas  de  la  sana  crítica  aquellas  en  cuya  ponderación  fueron transgredidos los postulados de la lógica, las leyes de la  ciencia  o los dictados de experiencia. Esto debe cumplirse no de manera insular  sino  en  armonía  con lo acreditado por las acertadamente apreciadas, tal como  lo  ordenan  las  normas  procesales  establecidas para cada medio probatorio en  particular  y  las  que refieren el modo integral de valoración, a fin de hacer  evidente  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación indebida de un concreto  precepto  de  derecho sustancial, pues es la demostración de la trasgresión de  la  norma  de derecho sustancial por el fallo, la finalidad de la causal tercera  en  el  ejercicio  de  la  casación, ya que carecería de sentido demostrar tan  sólo  el  desconocimiento  de las reglas probatorias, pero sin conexión alguna  con el sentido del fallo que se pretende combatir.     

En  este  caso, si bien la casacionista aduce  que  el  sentenciador  de  alzada incurrió en errores el mencionado documento y  los  aludidos  testimonios es lo cierto que el reparo  devine  incompleto,  por  ende  inidóneo  para  desvirtuar  las presunciones de  acierto  y  legalidad  en  que se ampara el fallo de segunda instancia, toda vez  que  omite  cumplir con el deber de demostrar no sólo  la existencia, sino la trascendencia del error.   

Esta  misma situación de incertidumbre en el  proceso  demostrativo  del cargo que la casacionista tenía el deber de abordar,  concurre  en  cuanto  sostiene  que   el  sentenciador dejó de apreciar un  documento  firmado por el señor Ling, mediante el cual devolvía la mitad de la  suma  recibida  por  concepto  de  la  venta del vehículo y el testimonio de la  señora Nubia Beltrán quien dudó de la actitud del vendedor.   

Si  bien  en  un  comienzo podría llegarse a  pensar  que  la  pretensión  se orienta por denunciar la presencia del error de  hecho  por  falso  juicio  de existencia por omisión, en cuanto el sentenciador  pasó  por  encima  y no ponderó pruebas válidamente practicadas en el juicio,  es  lo  cierto  que  las  posteriores  afirmaciones que la casacionista realiza,  impiden arribar a dicha conclusión.   

Así, respecto del aludido documento, sostiene  “prueba  ésta que ni siquiera se aceptó”, dando a entender con ello que el  juzgador  decidió  no permitir su presentación en el juicio oral, para lo cual  la  demandante tenía por deber acudir a un motivo de casación distinto del que  enuncia.  Pues  si  la  prueba no fue practicada en juicio oral, el juez ni, por  supuesto  la  Corte, pueden fundar su decisión en un medio de convicción   no   practicado,   y   sobre   el   cual   no   se   ha   dado  la  controversia  debida.   

Si  la pretensión era que la Corte admitiera  como  prueba  un  medio de conocimiento oportunamente aducido o solicitado en el  juicio   pero   rechazado   por   el  juzgador  por  considerarlo  inconducente,  impertinente  o  superfluo,  debía  acudir  a  la senda de la causal segunda de  casación  referida  a  la  trasgresión  del  debido  proceso  por  afectación  sustancial  de  la  garantía   de  solicitar,  conocer  y controvertir las  pruebas,  y  demostrar al tiempo, no sólo la pertinencia, conducencia, utilidad  y  trascendencia  del  medio para los intereses que representa, sino demandar la  nulidad  parcial  del juicio para permitir su incorporación a éste del aludido  medio  de  convicción,  y  la  debida  controversia por las partes, de modo que  también    sobre   él   pudiera   fundarse   la   sentencia.      

Advierte la Sala que esta solución de nulidad  que  propone, derivada de la existencia de un vicio de garantía en la actividad  probatoria   (antes   denominada  violación  del  principio  de  investigación  integral),  es  la que más se aproxima al nuevo modelo casacional, toda vez que  si  el  juez  decide  rechazar  un  medio  de convicción aducido por una de las  partes  o  por  ambas,  pese  a  reunir  todos  los  requisitos  de conducencia,  pertinencia,  utilidad,  y  su no práctica resultó definitiva en el sentido de  la  decisión  adoptada,  ello implica privar a la parte del derecho a demostrar  ante  la judicatura la teoría que particularmente tiene  del caso sometido  a juzgamiento.   

Asimismo desacertada se observa la referencia  que  la  demandante  hace  en relación con el testimonio rendido por la señora  Nubia  Beltrán,  toda  vez  que  en  lugar  de  demostrar  que  dicho  medio de  conocimiento  fue  válida y oportunamente practicado en el juicio y sin embargo  el  juzgador   dejó  de considerarlo, como correspondería proceder cuando  la  denuncia  se  orienta  por  la  senda  del  falso  juicio  de existencia por  omisión,   sostiene  que su dicho “resultó  poco creíble para los  funcionarios  administradores  de justicia”, lo que patentiza que se ha debido  acudir  al  falso  raciocinio  y  demostrar que en la ponderación del medio los  juzgadores  se  apartaron  de  los  postulados  de  la  lógica, las leyes de la  ciencia  o  las reglas de experiencia, o asimismo desconocieron los criterios de  apreciación del medio, normativamente establecidos.   

          

3.2.- En relación con el segundo cargo, es de  decirse  que  los  desaciertos  en  que  incurre  la  demandante  no  son  menos  manifiestos.   

Pese  a  sostener  que  la sentencia dejó de  aplicar  el  artículo 314.1 de la Ley 906 de 2004 que regula uno de los eventos  en   que   la  sustitución  de  la  detención  preventiva  por  la  detención  domiciliaria  resulta  procedente,  no informa si la violación tuvo lugar en el  proceso  de  raciocinio  jurídico  sin  incurrir  en  errores  de  apreciación  probatoria,  o  si  a  un tal desacierto llegó el juzgador como consecuencia de  cometer     yerros     en     la     ponderación     de     los    medios    de  conocimiento.        

Si lo primero, la casacionista tenía el deber  de  advertir  que  acoge sin reservas la declaración fáctica y la ponderación  de  los medios realizada por el juzgador, presentar su disenso en el ámbito del  estricto  raciocinio  jurídico  y  demostrar  al  tiempo  que el juzgador en la  sentencia  encontró  acreditados  los supuestos fácticos que permiten conceder  la  prisión  domiciliaria y sin embargo en la parte resolutiva dejó de aplicar  las  consecuencias jurídicas establecidas en la norma sustancial que la prevé.  Si  lo segundo, acudir a la vía indirecta de violación, especificar el tipo de  error  probatorio  en  que incurrió el sentenciador, individualizar la prueba o  pruebas   sobre   las   que  recae,   señalar  cuál  sería  su  correcta  ponderación  y  demostrar  cómo,  de  no  haberse presentado el desacierto, se  habría  dado  lugar  a  demostrar la concurrencia de los presupuestos fácticos  para  la  concesión de la prisión domiciliaria a favor de su asistido, nada de  lo  cual  siquiera  ensaya, haciendo que la censura resulte inestudiable en sede  extraordinaria.   

Se  limita  a  sugerir  que su asistido tiene  derecho  a  que  se le conceda el sustituto de la prisión domiciliaria pero sin  demostrar  que  al negarla el juzgador hubiere incurrido en algún tipo de error  fáctico  o  jurídico  y  éste tampoco surge evidente en la demanda, ya que se  limita  tan  sólo a insistir “en que el caso particular y en concreto amerita  su  análisis  profundo  y que mi poderdante merece la sustitución de la medida  del  centro  de  reclusión al de su sitio de residencia tal como lo menciona el  artículo 314 en el numeral 1 de la Ley 906 del año 2004”.   

3.3.-  Debido al particular entendimiento que  la  libelista  al parecer posee del instrumento extraordinario de impugnación a  que  acude,  tampoco  logra  dar a conocer por parte de la Corte cuál o cuáles  específicamente  fueron  los  errores  de  apreciación  probatoria que, según  dice,  dice  se  cometieron  en el fallo de instancia y resultaron determinantes  para  negar  la  aplicación  del  artículo  2º  de la Ley 750 de 2002, lo que  tampoco  se establece de la sola referencia en el sentido de algunas pruebas (el  registro  civil  de  nacimiento  y  la  declaración  extrajuicio rendida por el  procesado), fueron “mal apreciadas”.       

         

Es  de  tal  entidad  la  precariedad  que el  desarrollo  del  cargo  ostenta,  que  nada  dice la demandante en relación con  las   pruebas  que,  habiendo  sido  válidamente  practicadas en el juicio  oral,  conducirían  a acreditar el supuesto fáctico  de   la   norma   sustancial   que   denuncia   haber   sido  inaplicada  en  el  fallo,  qué  específicamente dicen éstas, qué se  establece  de  ellas,  cómo  fueron  apreciadas  por el juzgador, cuál tipo de  error  cometió  en  su  apreciación,  en  qué  consistió éste, cuál  debería  ser  la  apreciación  correcta,  ni  por  qué  su  ponderación   siguiendo   los   postulados   de   la   sana   crítica,   tanto  individualmente  como  en  conjunto,  habría  dado  lugar  a  proferir un fallo  distinto del ameritado.    

Lo  que  se  advierte  es  que  en  lugar  de  ajustarse   a   dichos   derroteros,  la  casacionista  presenta  su  particular  percepción  sobre  la manera como los hechos tuvieron realización y el mérito  que,  a  su  criterio,  debe  conferirse  a  los  citados medios de convicción,  distanciándose  de tal modo de los lineamientos párrafos arriba referenciados.  Pese  a los esfuerzos que realiza en orden a sustentar los fundamentos fácticos  y  jurídicos  de  la  censura,  no  logra demostrar que el sentenciador hubiere  incurrido  en  los  errores  de  apreciación  probatoria  que  denuncia,  ni la  trascendencia  que  ellos  tuvieron  en la definición del juicio, lo que impide  que el cargo resulte admitido al trámite casacional.   

Se observa  en últimas, es la divergencia  de   criterios   con  el  sentenciador  en  torno  a  la negativa de concederle  al  sentenciado  la  prisión  domiciliaria, pero sin  enunciar  expresamente,  tampoco  demostrar,  la  concreta  configuración de un  desacierto   que   diera   lugar   al   desquiciamiento   del  fallo  respecto de dicho tema, lo que impide  que  la  demanda  sea  admitida  al  trámite  para  el estudio de mérito de la  censura que propone.   

Advierte  la  Corte, finalmente que en este  caso  no  resulta  necesario superar los defectos de la demanda para cumplir con  los   fines   de   la   casación   mediante   la   emisión   de  un  fallo  de  fondo.   

No sobra aclarar  que  contra  esta  decisión procede el mecanismo de la insistencia. Sobre dicha  temática            la            Corte4    tiene    precisado   lo  siguiente:   

“c)            El  mecanismo  de ‘insistencia’.   

“Señala  el artículo 184 de la Ley 906  de  2004  que  contra  el  auto  -debidamente motivado- a través del cual no se  selecciona     la    demanda    de    casación    procede    el    ‘recurso’   de   insistencia   ‘presentado   por   alguno  de  los  Magistrados    de   la   Sala   o   por   el   Ministerio   Público’.   

“Como  quiera  que  el  nuevo Código de  Procedimiento  Penal  no  regula  el  trámite  a  seguir para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  obligado  se  impone  abordar  el  tema a fin de  definir las reglas que habrán de seguirse para su aplicación.   

“En esta dirección, bien está precisar  que  de  la  simple  lectura  de  los  artículos  176  a 198 del nuevo estatuto  procesal  penal  se  colige  que  la  insistencia  no  fue  contemplada  por  el  legislador  como recurso ordinario o extraordinario. A su vez, es también claro  que   este   mecanismo,  llamado  a  provocar  la  reconsideración  de  ciertas  decisiones  que  adoptan  las  altas  Cortes, fue introducido por primera vez al  ordenamiento   jurídico   en   el  artículo  33  del  Decreto  2591  de  1991,  reglamentario de la acción de tutela, que prescribe:   

‘REVISION POR  LA   CORTE  CONSTITUCIONAL.  La  Corte  Constitucional  designará  dos  de  sus  Magistrados  para que seleccionen, sin motivación expresa y según su criterio,  las   sentencias   de   tutela   que  habrán  de  ser  revisadas.  Cualquier  Magistrado  de  la  Corte,  o  el  Defensor del Pueblo,  podrá  solicitar  que  se  revise  algún  fallo  de tutela excluido por éstos  cuando  considere  que  la  revisión  puede  aclarar el alcance de un derecho o  evitar  un  perjuicio  grave. Los casos de tutela que  no  sean  excluidos  de  revisión  dentro  de  los  30  días  siguientes  a su  recepción,  deberán  ser  decididos  en  el término de tres meses’.   

“A  su turno, examinados los debates que  precedieron  la  expedición  de  la Ley 906 de 2004, nítidamente surge que fue  voluntad  del legislador hacer extensivo ese mecanismo excepcional previsto para  la  acción  de  tutela al recurso extraordinario de casación en materia penal.  Fue  así  como  en  las  discusiones  para  segundo  debate,  el  Senado  de la  República  examinó  la propuesta introducida por el Representante a la Cámara  Luis  Fernando  Almario,  en  el  sentido  de  adicionar  la  procedencia  de un  ‘recurso’ de insistencia contra la decisión  de  esta  Sala  en  la  que no se selecciona una demanda de casación, propuesta  justificada en los siguientes términos:   

‘Yo  si creo  que  por lo menos pongámosle a proceder un recurso. Yo he redactado esto. En la  parte  donde  dice  que no procede ningún recurso lo he sustituido por esto, no  será   seleccionada  por  auto  debidamente  motivado  que  admite  recurso  de  insistencia  presentado  por  alguno  de  los  Magistrados  de  la Sala o por el  Defensor  del Pueblo, la demanda y el resto sigue igual, por lo menos que exista  ésa  posibilidad, que si uno cree que le han violado  sus  derechos fundamentales y la Corte no seleccionó esa casación por lo menos  que  uno  tenga  un  derecho de pataleo, aunque sea de llegada a un Magistrado o  enviarle  una  carta,  o  ir a la Defensoría del Pueblo y decir, mire por favor  insista  ante  la  Corte,  porque  es  que  en tanta  cantidad  de  cosas  es  muy  difícil que vayan a poner cuidado a mi situación  personal’.   

“Propuesta  que  recibió aprobación de  las  Cámaras,  introduciéndose sólo una variante frente a la intervención de  la  Defensoría  del  Pueblo, reemplazada por el Ministerio Público, tal y como  se  anotó  en  las  actas  correspondientes  al  informe  para  segundo debate,  así:   

‘A propuesta  del  Representante  Almario,  se  prevé  el  recurso  de insistencia ante la no  selección  de la demanda de casación a instancia de  alguno  de los Magistrados de la Sala correspondiente o del Defensor del Pueblo.  Sin  embargo,  los  ponentes  propondremos  que  a  cambio de este último pueda  hacerlo   el   Ministerio   Público’.    

“Visto  lo  anterior, se concluye que si  bien  tanto  en  la  propuesta sometida a consideración del Congreso como en el  texto  finalmente  aprobado,  se  hizo  expresa  mención a que se trataba de un  ‘recurso’,  no  cabe  duda  que  no  es esta  la   naturaleza predicable de la ‘insistencia’,  tanto por los fines a cuyo propósito sirve la figura, como por  haber  reservado  el  legislador  su impulso a quienes no ostentan la calidad de  intervinientes  dentro  del  proceso penal, titulares por excelencia del derecho  de impugnación.   

“Ciertamente,  no  se  concibe  que  la  facultad          de          ‘impugnar’  la  decisión  a  través  de la cual no se selecciona una demanda de casación,  quede  radicada  en  cabeza  de  un  Magistrado  de la propia Sala, que como tal  intervino  en  la  discusión  y  aprobación  de  la  decisión  sobre  la cual  procedería         el         ‘recurso’5.   

“A  su turno, tampoco puede considerarse  que  la  insistencia  sea  un  medio  de impugnación radicado exclusivamente en  cabeza  del  Ministerio Público que actuó al interior del proceso penal dentro  del  cual  fue  presentada  la demanda de casación a la postre no seleccionada,  como  quiera  que  el  ejercicio  de  las  facultades  que  la ley otorga a este  especial  interviniente  en el proceso penal a fin de que supervigile el respeto  del  debido  proceso  y  de los derechos y garantías fundamentales, tiene cabal  realización  a  su  interior  por  vía  de  los  instrumentos ordinarios   y   extraordinarios  de  defensa  previstos  para   los  restantes   intervinientes  – Fiscalía,  imputado, defensor  y  víctima  –  a  cuyo  acceso  lo  autoriza la ley en las mismas condiciones y  oportunidades  otorgadas  a  ellos,  sin que pueda admitirse que a diferencia de  los  demás  cuenta  con  un  mecanismo adicional de impugnación sólo previsto  para  él,  en  desmedro  del  equilibrio  que  el proceso ha de ofrecer a todos  ellos.   

“De  allí que la insistencia solo pueda  entenderse  como  un  instrumento  previsto para que la Sala, a instancia de los  Delegados  del  Ministerio  Público que intervienen en el trámite casacional o  de  alguno  de  los  Magistrados  integrantes de ella, reexamine las razones que  tuvo   a   bien   esgrimir  para  no  seleccionar  la  demanda,  naturaleza  que  precisamente  es  la que el legislador le atribuyó a este sui generis mecanismo  judicial en pretérita ocasión frente a la acción de tutela.   

“A  su vez, si el objeto de debate es el  acto  por  el  cual  no  se  selecciona  la  demanda,  es  también claro que la  proposición  de  la  insistencia compete exclusivamente al demandante, quien en  razón  del  interés que le asiste en que el proceso sea examinado por la Corte  y  que  hizo  manifiesto  al  presentar  la  demanda  de casación, puede elevar  petición  al  Ministerio Público, a través de sus Procuradores Delegados para  la  Casación Penal, para que ellos examinen si por la justeza de los argumentos  expuestos,  deben  solicitar o no a la Sala la reconsideración de su decisión,  o  puede  provocarse por conducto de alguno de los Magistrados integrantes de la  Sala  que  hubiere  salvado  el  voto  frente  a  la decisión mayoritaria de no  seleccionar la demanda de casación.   

“Igualmente,  encuentra  la  Sala que es  potestativo  del  Ministerio  Público o del Magistrado ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  llevar el asunto a consideración de la Sala o denegar  la  petición  mediante  comunicación dirigida al solicitante, conclusión a la  que  se  arriba  teniendo  en  cuenta  que  en  este especial trámite, aquellos  serían   los   encargados   de  llevar  la  vocería  del  peticionario  en  la  insistencia,  de  suerte  tal que tendrían que compartir plenamente las razones  que  hacen  necesario  que la Sala reconsidere su decisión, razón de más para  que  este  especial mecanismo se promueva bien ante el Magistrado que se apartó  de  la  decisión  mayoritaria  de  no  seleccionar  la  demanda,  ora  ante los  Procuradores  Delegados  para  Casación  Penal, y como tales, ajenos a lo allí  decidido.   

“Por último, es preciso puntualizar que  al  no ser la insistencia un medio de impugnación, su trámite no está llamado  a  producir  efecto  alguno  frente  al  término de prescripción de la acción  penal,  diverso  del  que  naturalmente  seguiría  en caso de que prosperara la  petición.   

“Dicho  en  otros  términos,  una  vez  notificado  el auto a través del cual no se selecciona la demanda de casación,  la  sentencia de segunda instancia contra el cual se dirige adquiere ejecutoria.   

“Sólo  en el evento en que formulada la  insistencia  por  parte  del Ministerio Público o de algún Magistrado, la Sala  llegue  al  convencimiento  de  que  debe  accederse a la petición y, por ende,  seleccionar  la  demanda,  dicho  término prescriptivo habrá de tenerse por no  interrumpido,  en  tanto  que  solamente  esa  determinación conlleva dejar sin  efecto  el  auto  en  el  que  se  optó por la no selección de la impugnación  extraordinaria.   

“De lo dicho en precedencia se desprende  que:   

         

“(i) La insistencia no es un recurso. Se  trata  de un mecanismo especial al que puede acudirse luego que la Sala decidió  no  seleccionar  la  demanda  de  casación,  con  el  fin de provocar que ésta  reconsidere su decisión.   

“(ii)  La  insistencia  sólo  puede ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         

“(iii) La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus delegados para la  casación  penal,  o  ante  alguno  de los Magistrados integrantes de la Sala de  Casación Penal, según lo decida el demandante.   

“(iv) La solicitud respectiva puede tener  dos  finalidades:  la  de rebatir los argumentos con fundamento en los cuales la  Sala  decidió  no  seleccionar  la demanda, o para demostrar por qué no empece  las  incorrecciones  del libelo, es preciso que la Corte haga uso de su facultad  para superar sus defectos y decidir de fondo.   

“(v)  Es  potestativo  del  Magistrado  disidente  o  del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario.  Así  mismo,  cualquiera  de  ellos  puede invocar la insistencia  directamente ante la Sala de manera oficiosa.   

“(vi)  El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra la cual se formuló el recurso, con la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la  prescripción  de la acción penal,  efectos  que  no se alteran con la petición de insistencia, ni con su trámite,  a no ser que ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

“A  su  turno, como quiera que la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

“Con  tal propósito, teniendo en cuenta  que  la  decisión  a  través  de  la  cual  no  se selecciona la demanda está  contenida   en  un  auto  a  cuyo  enteramiento  o  publicidad  debe  procederse  obligatoriamente,  con  arreglo  a  lo  dispuesto  en  sentencia C-641 del 13 de  agosto  de  2002,  por  vía  del  procedimiento  señalado en el artículo 169,  inciso    3,    de    la    Ley    906    de    2004,   esto   es   ‘mediante   comunicación   escrita  dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o  cualquier  otro  medio idóneo que haya sido indicado por las partes’,  se  establecerá  el término de  cinco  (5)  días contados a partir de la fecha en que se produzca alguna de las  anteriores  formas  de  notificación  al  demandante, como plazo para que éste  solicite  al Ministerio Público o a alguno de los Magistrados integrantes de la  Sala, si a bien lo tiene, insistencia en el asunto.   

“A  su  vez,  teniendo  en cuenta que el  examen  de  la  solicitud  de  insistencia  supone  un  estudio  ponderado de la  solicitud,  de  la  demanda,  del  auto  por  el  cual no se seleccionó y de la  actuación  respectiva,  se  otorgará  al  Ministerio  Público o al Magistrado  respectivo  un  término  de  quince  (15)  días para el examen de la temática  planteada,  vencido  el cual podrán someter el asunto a discusión de la Sala o  informar   al   peticionario   sobre  su  decisión  de  no  darle  curso  a  la  petición”.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  interpuesta  por  la  defensora del procesado HERNANDO RODRÍGUEZ  PARRA,  por  las razones expuestas en la motivación  de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal del origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ         MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS     

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN            JORGE     LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS             JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Comisión de servicio  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA            JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Cfr.   auto   de   casación   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicación  24.323.   

2  Cfr.   auto   de   casación   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicación  24.530.   

3 ib.  radicación 24.530   

4  Cfr. Cas. de diciembre 12 de 2005. Rad. 24322   

5  Recuérdese  que  la  decisión  de no seleccionar una demanda al ser “motivada”  como  lo  exige la ley, se adopta mediante auto de Sala, y por ello, demanda del  concurso  de  todos sus integrantes, escenario natural para que se debatan todas  las  tesis  en  favor  de  acceder  al  recurso  extraordinario  o para no darle  curso.     

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