25638(27-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25638   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 45  

          Bogotá   D.C.,   veintisiete   (27)  de  marzo  de  dos  mil  siete  (2007)   

VISTOS  

          Emite   la   Corte   concepto  en  relación  con  la  solicitud  de  extradición    de    la    ciudadana   colombiana   MARÍA   CHRISTINA   MARÍN  CASTRO,   elevada  por  el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  a  través  de  su Embajada en  Colombia.   

ANTECEDENTES   

MARÍA  CHRISTINA MARÍN CASTRO es requerida  para  comparecer  a  juicio “por delitos federales de  narcóticos”  ante la Corte Distrital de los Estados  Unidos  para el Distrito Sur de Nueva York, toda vez que el 4 de mayo de 2006 el  Gran  Jurado  profirió  en  su contra la resolución de acusación de reemplazo  No.  S3  05 Cr. 1262 por hechos que sucedieron “desde  por  lo  menos  agosto  de  2005 hasta abril de 2006”  cuando  en compañía de otros sujetos, “participaron  en  un  concierto  para  importar  cocaína proveniente del Cartel del Norte del  Valle a los Estados Unidos”.   

1.            Sustento  documental  de la solicitud de  extradición   

Para formalizar la solicitud de extradición  el Gobierno de los   

Estados  Unidos  allegó  como  soporte  los  siguientes  documentos  debidamente  traducidos y legalizados ante el Ministerio  de Relaciones Exteriores:   

         

–            Las  notas verbales números 0777 y 1325  del  28  de  marzo  y  1º  de  junio de 2005, respectivamente, a través de las  cuales  la  Embajada  de  los  Estados  Unidos  demanda  la captura con fines de  extradición  de  MARIA  CHRISTINA  MARÍN  CASTRO  y  formaliza la petición de  extradición.  En  ellas precisa que se trata de una ciudadana colombiana nacida  en   Filadelfia  (Caldas),  portadora  de  la  cédula  de  ciudadanía  número  24.851.628.   

–            Copia de la resolución de acusación de  reemplazo  No.  S3  05-  Cr.  1262,  dictada  el 4º de mayo de 2006 por el Gran  Jurado  ante  la  Corte  Distrital de los Estados Unidos para el Distrito Sur de  Nueva York.   

          –         Copia  de  la  orden  de  arresto  expedida  por  la  referida Corte  Distrital  el  4 de mayo de 2006 contra MARÍA CHRISTINA MARÍN CASTRO, para que  de respuesta a las acusaciones.   

            

–            Copia  de  las disposiciones del Código  Penal  de los Estados Unidos relativas a los cargos contenidos en la resolución  de acusación.   

          –         Declaraciones    juradas    de   Kevin   R.   Puvalowski, Fiscal Federal Adjunto de la oficina del  Fiscal  Federal  del  Distrito  Meridional  de  Nueva York, a través de la cual  realiza   una  presentación  de  los  procedimientos  policiales  y  judiciales  efectuados,  así  como del compromiso de responsabilidad de la solicitada, y de  Andreas  Dyer,  Agente  Especial  de  la  Administración  Antinarcótica de los  Estados  Unidos,  quien  actuó  como  investigador  en  las  averiguaciones que  determinaron    la    acusación    presentada    contra    la    requerida   en  extradición.   

2.            Actuación  surtida  previo al envío de  las diligencias a la Corte.   

          El    Gobierno    de   los    Estados      Unidos      a     través    de  su   

representación  diplomática  en  Colombia  instó  la  detención provisional con fines de extradición de MARÍA CHRISTINA  MARÍN  CASTRO,  mediante  la Nota Verbal No. 0777 de 28 de marzo de 2006, de la  cual  el  Ministerio  de Relaciones Exteriores de Colombia dio traslado tanto al  Ministro  del  Interior  y  de Justicia, como al Fiscal General de la Nación, y  éste  por  decisión  del  3 de abril del mismo año ordenó la captura con tal  propósito.  Dicha  determinación  fue  ejecutada  por  miembros de la Policía  Nacional el mismo día en la ciudad de Bogotá.   

En  la actualidad la mencionada ciudadana se  encuentra   privada   de   su   libertad   en   la   Reclusión  de  Mujeres  en  Bogotá.   

          El  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  formalizó  la  solicitud  de  extradición  de  MARÍA  CHRISTINA  MARÍN  CASTRO mediante Nota  Verbal No. 1325 del 1º de junio de 2006.   

          3.        Actuación surtida en esta Corporación   

La  Viceministra  del Interior y de Justicia  envió  la actuación a esta Sala junto con la documentación atrás relacionada  para  la  emisión  del respectivo concepto e indicó que mediante oficio OAJ.E.  1032  del  2  de junio de 2006 el Ministerio de Relaciones Exteriores conceptuó  que  “por  no  existir Convenio aplicable al caso es  procedente   obrar   de   conformidad   con   el   ordenamiento  procesal  penal  colombiano”.   

Después  de haber requerido a la solicitada  en  extradición  para la designación de defensor que la representara dentro de  este  diligenciamiento,  se  dio inicio al trámite previsto en el artículo 500  de la Ley 906 de 2004.   

Esta Sala mediante providencia de 24 de enero  de  2007  negó  la  práctica  de  pruebas  solicitada  por  el  defensor de la  requerida  en  extradición  y  dispuso  correr  el  traslado respectivo para la  presentación de los alegatos de conclusión.   

ALEGATOS     DE  CONCLUSIÓN   

La representante del Ministerio Público y el  apoderado  de  MARÍA  CHRISTINA  MARÍN  CASTRO allegaron en su oportunidad las  alegaciones previas al concepto que debe emitir la Corte.   

1.           El Ministerio Público   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal  considera  reunidas  las  exigencias legales para que la Corte  emita  concepto  favorable  a  la extradición de MARÍA CHRISTINA MARÍN CASTRO  solicitada por el Gobierno de los Estados Unidos.   

Señala que los documentos aportados cumplen  el   requisito   de  validez,  además,  la  petición  se  presentó  por  vía  diplomática  y  se  adjuntó  copia  de la acusación proferida en contra de la  solicitada  ante  el  Tribunal  Distrital de los Estados Unidos para el Distrito  Sur   de  Nueva  York,  en  la  que  se  indican  los  actos  que  sustentan  la  reclamación,  el  lugar y fechas de su ejecución, así como la identidad de la  requerida.   

         También  indica  que  fueron aportados los medios demostrativos de  la  acusación,  tales  como  las declaraciones de las autoridades encargadas de  investigar  el asunto y que obra copia del texto de las normas del Código Penal  de  Estados Unidos pertinentes al caso, lo que permite concluir que se satisface  a  cabalidad la exigencia de la validez formal de la documentación allegada por  el país requirente.   

Respecto de la equivalencia de la providencia  proferida  en  el  extranjero  estima  la  Procuradora  que  la  resolución  de  acusación  emitida  por  el  Tribunal  de Distrito de los Estados Unidos guarda  correspondencia  con  la  acusación de nuestro sistema procesal que da inicio a  la etapa del juicio.   

Concerniente  al  principio  de  la  doble  incriminación  encuentra  que  los  comportamientos  censurados  a MARÍA  CHRISTINA  MARÍN  CASTRO por el concierto para violar leyes  de  narcóticos de los Estados Unidos, así como la fabricación y distribución  de   una   sustancia   controlada  se  ajustan  en  la  legislación  patria  en  el  delito  de concierto para delinquir con el fin de  realizar  actividades de narcotráfico de que trata el artículo 340 del Código  Penal,  modificado  por  el  artículo  8º de la Ley 733 de 2002 que prevé una  pena  de  prisión  de  seis  (6)  a  doce  (12) años, así como al ilícito de  fabricación,  tráfico  o porte de estupefacientes previsto en el artículo 376  del  Código  Penal que establece una penalidad de ocho (8) a veinte (20) años,  montos    que    en   consecuencia   satisfacen   también   el   requisito   en  estudio.   

Acerca  de  la  plena  demostración  de  la  identidad  de  la  solicitada  en  extradición considera la Procuradora que los  datos  suministrados por el Gobierno de los Estados Unidos en las notas verbales  por  cuyo  medio se solicitó su detención y extradición, coinciden con los de  la  persona  que  se  encuentra  privada  de  su  libertad  en  razón  de  este  trámite.   

Por  último,  destaca  que  al  revisar el  Título  21  Sección 960 (b) (1) del Código de los Estados Unidos en el que se  establecen  las  penas  relacionadas con los delitos de narcóticos se contempla  la  cadena  perpetua,  por  lo  cual  sugiere  que la Corte advierta al Gobierno  Nacional  que debe condicionar la entrega de la solicitada en extradición a fin  de  que  se provean las garantías suficientes para que no le sea impuesta dicha  pena,  pues  de  acuerdo  con la Constitución Política el Estado colombiano no  puede admitir la imposición de penas irredimibles.   

          2.        El defensor de la requerida en extradición   

         

El  apoderado  judicial  de MARÍA CHRISTINA  MARÍN  CASTRO  crítica  la  providencia mediante la cual negó la práctica de  pruebas por él solicitadas.   

Indica  que  con  las  probanzas  pretendía  acreditar  que  el  delito se cometió en territorio colombiano, que su asistida  laboraba  en  una empresa privada que presta sus servicios a una aerolínea y no  es  empleada  de  “AVIANCA”  como  falsamente se menciona en el indictment  y  en  las  declaraciones  que  soportan  el  pedido  de  extradición,  además,  que labora en Bogotá y no en  dependencias    territoriales    o    extraterritoriales    de    los    Estados  Unidos.   

Aduce  que su representada tampoco es agente  de  aduanas,  miembro de la Policía Nacional o de algún organismo oficial  encargado  del control o represión de narcotráfico, ni ha tenido entrenamiento  en  la  persecución  de  tal  ilícito  y  se  le  requiere en extradición por  conductas  omisivas  realizadas  en Colombia respecto de las cuales su actividad  no tiene alguna relación de causalidad.   

Para  el  defensor,  de  nada  sirve  que el  Código  de Procedimiento Penal de 2004 consagre un momento procesal para que el  requerido  en  extradición  solicite  pruebas, si la Corte sólo analizará las  condiciones  de  tiempo,  modo  y  lugar  de  los hechos al momento de emitir el  concepto  teniendo  en  cuenta  solamente  las  pruebas  aportadas por el Estado  requirente,  con  lo  cual,  estima,  que  el  derecho  de  defensa se convierte  “en  un  ejercicio  distractor  para  aparentar  un  inexistente   respeto   a  la  garantía  del  debido  proceso”,  colocando  al  requerido  en desigualdad manifiesta, en contra de la  igualdad predicada para las partes.   

Señala  que de esta forma se pueden cometer  injusticias,  ya  que  la  suerte  legal  de  la  requerida  dependerá de “la  voluntad  incontrolada  de  las  autoridades  norteamericanas” así, el Estado  Colombiano  ha  desconocido  por acción y omisión los derechos y garantías de  su   representada   con   el  pretexto  de  que  un  artículo  del  Código  de  Procedimiento   Penal   está   por   encima   de  la  Constitución  Política,  disposición  de  menor  jerarquía  con  el  poder  para  derogar  los Tratados  Internacionales  que  consagran  en  todo  tiempo  la  vigencia  de los derechos  fundamentales  como  el  de  contradicción,  defensa, debido proceso, derecho a  pedir y aportar pruebas.   

Indica que por lo anterior serán las Cortes  Internacionales  las  que  juzguen  al  Estado  Colombiano  demostrando con esta  alegación  que  se agotaron infructuosamente todos y cada uno de los mecanismos  legales de defensa judicial.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Anotación inicial.  

Ha  insistido la Corte en que su competencia  dentro  del  trámite  de  extradición  se  limita a la emisión de un concepto  sobre  la  procedencia  de  entregar o no a la persona solicitada por otro país  luego  de  verificar las exigencias normativas que se desprenden de lo dispuesto  en  el  inciso 2º del artículo 35 de la Constitución Política que permite la  extradición  de  colombianos  por  nacimiento cuando son reclamados por delitos  distintos  de los conocidos como delitos políticos, que hayan sido cometidos en  el  exterior,  siempre  que tales comportamientos también estén previstos como  conductas  punibles  en  la legislación penal interna y que la comisión de los  mismos  sea  posterior a la fecha de promulgación del Acto Legislativo No. 1 de  1997, esto es, al 17 de diciembre de 1997.   

De  acuerdo  con  la  acusación,  como  las  conductas  atribuidas  a  MARÍA  CHRISTINA  MARÍN  CASTRO  y  que  motivan  la  extradición  fueron realizadas “desde agosto de 2005  hasta  abril  de 2006”, esto es, con posterioridad al  Acto  Legislativo N° 1 de 1997 que reformó el artículo 35 de la Constitución  Política,  ningún  condicionamiento  se  debe  hacer en relación con el marco  temporal de los comportamientos.   

No  surge  obstáculo  en cuanto al lugar de  ocurrencia  de  los  hechos,  toda vez que al tenor de lo dispuesto en el inciso  segundo  de  la  misma  norma  constitucional, para que proceda la entrega de un  nacional  por nacimiento se requiere que el delito por el cual se lo solicita en  extradición  se  haya cometido en el exterior, y en el caso de la especie en la  resolución  de  acusación  se  da  cuenta del concierto para importar cocaína  hacia  los  Estados  Unidos   comportamientos  que sobrepasan las fronteras  nacionales y adquieren un evidente carácter transnacional.   

En relación con la normativa a aplicar en el  trámite,  el Ministerio de Relaciones Exteriores precisó que no existe tratado  de  extradición vigente entre Colombia y los Estados Unidos de América, por lo  tanto,  se deben observar las exigencias señaladas en la legislación patria, y  dado  que  las  conductas  atribuidas  a  la  requerida en extradición tuvieron  ocurrencia  con  posterioridad  al  1°  de  enero de 2005 se deberá atender lo  dispuesto en la Ley 906 de 2004, vigente desde tal fecha.   

Según  las previsiones del artículo 502 de  la  citada  ley,  corresponde  analizar  los  siguientes  aspectos: i)  La  validez  formal      de      la      documentación     allegada     por     el     país  requirente,                         ii) La demostración plena  de   la  identidad  de  la  persona  requerida,  iii)  La   concurrencia   del   principio   de   la  doble  incriminación,  y  iv)  La  acreditación  de la equivalencia de la providencia  proferida  en  el  extranjero  con  la  resolución  de  acusación  del sistema  procesal colombiano.   

          1.        Validez formal de la documentación aportada.   

          De  acuerdo  con  lo  normado  en  el artículo 495 de la Ley 906 de  2004,  la  solicitud  de extradición debe efectuarse por vía diplomática y de  manera  excepcional  por  la consular o de gobierno a gobierno, adjuntando copia  auténtica  del  fallo  o  de  la  acusación  proferida  en  el extranjero, con  indicación  de  los  actos  que  determinan la petición, así como del lugar y  fecha  en  que  fueron ejecutados, los datos que permitan identificar plenamente  al  reclamado  y  copia  auténtica  de  las disposiciones penales aplicables al  caso;  documentos  que  deben  ser  expedidos  en  la  forma  establecida por la  legislación  del  país  reclamante  y  traducida  al  castellano,  si fuere el  caso.   

A  su  vez,  el artículo 259 del Código de  Procedimiento  Civil,  modificado  por  el  Decreto  2282 de 1989, dispone en el  numeral  118  de  su  artículo 1º que los documentos públicos otorgados en un  país  extranjero  por  uno de sus funcionarios o con su intervención, deberán  presentarse  debidamente autenticados por el cónsul o agente diplomático de la  República  y, en su defecto, por el de una nación amiga, lo cual hace presumir  que se otorgaron de acuerdo con la ley del respectivo país.   

La firma del cónsul o agente diplomático se  abonará  por  el  Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y si se trata  de  agente  consular  de  un  país  amigo,  se  autenticará previamente por el  funcionario  competente  del  mismo  y  los  de éste por el Cónsul colombiano,  disposición   aplicable  al  caso  en  virtud  del  principio  de  integración  normativa  previsto  en el artículo 23 y el inciso último del artículo 495 en  comento.   

          Los  anteriores requisitos legales se encuentran orientados a exigir  que  como  sustento  de una solicitud de extradición, el Estado requirente deba  remitir  en  todos  los  casos  y sin excepción alguna los soportes de la misma  pero  no  de  manera  simple,  sino  con  el  lleno  de las referidas exigencias  formales.   

          Advertido  lo  anterior,  el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  solicita  por  vía  diplomática  la  extradición  de  la  ciudadana  colombiana  MARÍA CHRISTINA  MARÍN  CASTRO  a  través  de  su embajada en Colombia y para tal efecto anexó  copia  de  la  resolución  de acusación sustitutiva  No.  S3  05 Cr. 1262 dictada por el Gran Jurado ante la  Corte  Distrital  de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York, el 4  de  mayo  de 2006, en la cual  se  relacionan  las  conductas objeto de censura, así como los lugares y fechas  de su ocurrencia.   

          También  allegó  copia  de  la  orden de arresto expedida el mismo  día  por la referida Corte Distrital contra la mencionada ciudadana colombiana,  para que de respuesta a unas acusaciones.   

Fueron aportadas las declaraciones juradas de  Kevin  R.  Puvalowski, Fiscal  Federal  Adjunto  de  la  oficina  del Fiscal Federal del Distrito Meridional de  Nueva   York,   a   través   de  la  cual  realiza  una  presentación  de  los  procedimientos  policiales  y judiciales efectuados, así como del compromiso de  responsabilidad  de  la  solicitada,  y  de  Andreas Dyer, Agente Especial de la  Administración   Antinarcótica   de   los   Estados  Unidos,  diligencias  que  determinaron  la  acusación  presentada  contra la requerida en extradición en  las  que  además  se  confirman  los  pormenores de los cargos, especifican los  datos  de  identidad  de  la  acusada  y relacionan las disposiciones normativas  aplicables al caso.   

          Los   aludidos   documentos   obran  en  traducción  al  castellano  certificada   y  autenticada  conforme  a  la  legislación  propia  del  Estado  requirente,   cuentan   con  la  certificación  de  autenticidad  expedida  por  Jason  E.  Carter,  Director  Asociado  de  la  Oficina de Asuntos Internacionales de la División de lo Penal  del  Departamento  de Justicia de los Estados Unidos, quien es reconocido en tal  condición  por  el Procurador del mismo país, Alberto  R. Gonzales.   

          Igualmente   aparece    certificación     sobre     la     referida   

documentación  suscrita  por  Condoleezza  Rice, Secretaria de Estado de  los  Estados  Unidos  y Patrick O. Hatchett,  Auxiliar  de  Autenticaciones  del  Departamento  de Estado, cuya  firma   aparece   autenticada   ante   la  Cónsul  de  Colombia  en  Washington  D.C.   

          En  este  orden,  es  claro  que  el primer requisito exigido por el  artículo   502   de   la   Ley   906   de  2004  se  encuentra  suficientemente  acreditado.   

2.            Demostración  plena de la identidad del  requerido en extradición.   

La  anunciada  exigencia apunta a establecer  que  la  persona  procesada  (acusada o condenada) en el país reclamante, es la  misma  sometida al trámite de extradición, sin que ello implique determinar su  verdadera  identidad,  pues  para  tenerlo por acreditado suficiente resulta que  exista plena coincidencia entre una y otra de tales personas.   

Revisada  la  documentación allegada por el  Gobierno  solicitante  a  través de Las notas verbales números 0777 y 1325 del  28  de  marzo  y  1º  de  junio de 2005, respectivamente, de la embajada de los  Estados   Unidos   de   América  las  cuales   soportan  la  petición  de  extradición  de  MARÍA  CHRISTINA  MARÍN CASTRO, además de la resolución de  acusación  y  orden de arresto libradas en su contra, se anota que es una mujer  nacida   en   Filadelfia  (Caldas),  portadora  de  la  cédula  de  ciudadanía  24.851.628,  también  conocida  como “MARIA CRISTINA  MARÍN CASTRO”.   

Los  anteriores datos fueron incorporados en  la  Resolución  mediante  la  cual  el  Fiscal General de la Nación ordenó la  captura  de  la requerida, y en los documentos que dan cuenta de su aprehensión  aparece  que  se  identificó como MARÍA CRISTINA MARÍN CASTRO, con cédula de  ciudadanía  número  24.851.628 de Palestina (Caldas), así suscribió el poder  otorgado  a  su  defensor y se ha notificado de diversas decisiones adoptadas en  el  marco  de  este trámite, circunstancias de univocidad que evidencian que se  trata  de  la  misma  persona  y acredita la plena identidad de la solicitada en  extradición.   

          3.        Principio de la doble incriminación.   

Según el artículo 493, inciso 1° de la Ley  906  de 2004 la doble incriminación se presenta cuando el hecho motivante de la  extradición  también  está  previsto  como delito en la legislación patria y  reprimido  con  una  sanción  privativa  de  la  libertad  cuyo  mínimo no sea  inferior a cuatro (4) años.   

En  el  análisis de este principio  la Sala debe establecer si la   

conducta  que se le imputa a la requerida en  el   país   solicitante   es  considerada  como  delito  en  Colombia,  con  la  comparación  de  las  normas que allí sustentan la sindicación y las de orden  interno  para  determinar si éstas también recogen los comportamientos en cada  uno de los cargos.   

MARÍA CHRISTINA MARÍN CASTRO es solicitada  para  dar  contestación  a  la resolución de acusación de reemplazo No. S3 05  Cr.  1262,  dictada  por  el  Gran Jurado ante la Corte Distrital de los Estados  Unidos  para el Distrito Sur de Nueva York el 4 de mayo de 2006, en la que se le  acusa de:   

CARGO  UNO.  (Concierto  para  infringir las  leyes  antinarcóticos):  “Desde  a  más  tardar  el  mes de agosto de 2005 o  alrededor  de  esa  época,  hasta e inclusive el mes de abril de 2006, LEONIDAS  MOLINA      TRIANA      alias      ‘Sofoco’, alias  ‘Don  Oscar’,   JUAN   CARLOS   CARDONA,   alias  ‘El   Flaco’,       alias       ‘Gamín’,  JAIME ENRIQUE ROMERO PADILLA, alias  Yimmy’,   JORGE  PLAZAS  SILVA,  alias “El Flaco’,  HUMBERTO      ÁVILA,     HENRY     FERRO     VARÓN,     alias     ‘El           Mono’,  y  MARÍA  CHRISTINA MARÍN CASTRO,  los   acusados,   y   otros   tanto   conocidos  como  desconocidos  ilícita  e  intencionalmente   y   con   conocimiento   de  causa  combinaron,  concertaron,  confederaron  y  concordaron  conjuntamente  y el uno con el otro para infringir  las leyes antinarcóticos de los Estados Unidos.   

“Como      parte   y         objetivo         del        concierto,    LEONIDAS   MOLINA   

TRIANA      alias      ‘Sofoco’,       alias       ‘Don          Oscar’,   JUAN   CARLOS   CARDONA,   alias  ‘El   Flaco’,       alias       ‘Gamín’,  JAIME ENRIQUE ROMERO PADILLA, alias  Yimmy’,   JORGE  PLAZAS  SILVA,  alias “El Flaco’,  HUMBERTO      ÁVILA,     HENRY     FERRO     VARÓN,     alias     ‘El           Mono’,  y  MARÍA  CHRISTINA MARÍN CASTRO,  los  acusados,  y otros conocidos como desconocidos, fabricaban y distribuían y  de  hecho  fabricaron  y  distribuyeron una sustancia controlada, a saber: cinco  kilogramos   y  más  de  mezclas  y  sustancias  que  contenían  una  cantidad  perceptible  de  cocaína,  con  la  intención  y  el  conocimiento  de que esa  sustancia  controlada  sería  importada  ilícitamente a los Estados Unidos y a  las  aguas dentro de las 12 millas de la costa de los Estados Unidos, que sería  delito  en  contravención  a las Secciones 812, 959, 960 (a)(3) y 960 (b)(1)(A)  del título 21 del Código de los Estados Unidos”.   

CARGO         DOS:   (Distribución  de  estupefacientes);  “El  17  de  octubre de 2005 o alrededor de esa fecha, LEONIDAS MOLINA TRIANA,  alias  ‘Sofoco’,       alias       ‘Don          Oscar’,   JUAN   CARLOS   CARDONA,   alias  ‘El   Flaco’,       alias       ‘Gamín’,  JAIME ENRIQUE ROMERO PADILLA, alias  Yimmy’,   JORGE  PLAZAS  SILVA,  alias “El Flaco’,  HUMBERTO      ÁVILA,     HENRY     FERRO     VARÓN,     alias     ‘El           Mono’,  y  MARÍA  CHRISTINA MARÍN CASTRO,  los   acusados   y   otros   tanto   conocidos  como  desconocidos,  ilícita  e  intencionadamente  y  con  conocimiento  de causa fabricaban y distribuían y de  hecho  fabricaron  y  distribuyeron  una  sustancia  controlada,  a saber: cinco  kilogramos   o  más  de  mezclas  y  sustancias  que  contenían  una  cantidad  perceptible  de  cocaína,  con  la  intención  y  el  conocimiento  de que esa  sustancia  controlada  sería  importada  ilícitamente a los Estados Unidos y a  las  aguas  de  las  12  millas  a  la costa de los Estados Unidos, a saber: Los  acusados   causaron  que  aproximadamente  409  kilogramos  de  cocaína  fueron  transportados  de Colombia a la ciudad de México (México), con el conocimiento  de  que  esa  cocaína  sería  importada  posteriormente  a  los Estados Unidos  (Sección 959 del Título 21 del Código de los Estados Unidos.)”   

De  conformidad  con  las  copias  de  las  disposiciones  legales  que  reposan  en  el  expediente, respecto de los cargos  relacionados  con  el  concierto  para  violar  las  leyes de narcóticos de los  Estados  Unidos y fabricar y distribuir una sustancia controlada, a saber, cinco  kilogramos  o  más  de  mezclas  de  sustancias  que  contenían  una  cantidad  perceptible  de  cocaína,  la  Sección  963  del Título 21 del Código de los  Estados    Unidos     establece    bajo    el   epígrafe   “Tentativa   y  Concierto”  que  “El que  intente  o concierte para cometer cualquier delito definido en este subcapítulo  será  castigado  con  las  mismas  penas  que  se  prevén  para el delito cuya  comisión  era  el  objetivo  de  la  tentativa  o  el  concierto”.   

Por su parte, la Sección 959 del Título 21  del   mismo   ordenamiento   establece   con   el   rotulo   de  “Posesión,    fabricación,    o    distribución    de   sustancias  controladas”  que  será  ilegal  si  con  fines  de  importación  ilícita  cualquier  persona  fabrica  o  distribuye una sustancia  controlada.   

A  su  turno,  la  Sección 960 (a) (3) del  Título   21   contempla   como   “acto  ilícito” el  que  “en  violación  de  la  Sección  959  de este  título,  fabrique,  posea  con  intenciones  de  distribuir,  o  distribuya una  sustancia  controlada”  estableciendo en el apartado  (b)  (1)  (A)  cuando  se  trata  de cinco (5) kilogramos o más de una mezcla o  sustancia  que  contenga  una  cantidad  perceptible  de  cocaína  una  pena de  “al  menos  10  años  de  prisión y no más que la  cadena perpetua…”.   

Las  conductas  por  las cuales se acusó a  MARÍA  CHRISTINA  MARÍN  CASTRO  se encuentran tipificadas en el Código Penal  colombiano,   así:  el  delito  de  concierto  para  fabricar  y  distribuir  5  kilogramos  o  más  de  una  sustancia que contenga una cantidad perceptible de  cocaína  con  el  conocimiento  y  la  intención de que dicha sustancia sería  importada  ilícitamente  a  los  Estados  Unidos, en nuestro país configura el  delito  de  concierto  para  delinquir  con  el  fin de traficar con narcóticos  descrito  por  el artículo 340 de la Ley 599 de 2000, modificado por la Ley 733  de  2002  y  por  el  artículo  19  de la Ley 1121 del 29 de diciembre de 2006,  sancionado con prisión de ocho (8) a dieciocho (18) años.    

Así   mismo,   lo   relacionado  con  la  fabricación  o distribución de una sustancia controlada (cocaína) se ajusta a  las  previsiones del delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes  de  que trata el artículo 376 de la Ley 599 de 2000 que con la modificación de  incremento  punitivo  de  la  Ley  890  de 2004 que prevé una pena de diez (10)  años,  ocho  (8)  meses a treinta (30) años de prisión, ilícito que consagra  varias  hipótesis relacionadas con introducir al país, así sea en tránsito o  sacar  de  él,  transportar, llevar consigo, almacenar, conservar o suministrar  cualquier tipo de droga que produzca dependencia.   

Así  las  cosas,  al  cotejar  las  normas  invocadas  por  Estados  Unidos  como  país  requirente,  con las disposiciones  internas  de  Colombia,  fácilmente  se advierte que las conductas atribuidas a  MARÍA  CHRISTINA  MARÍN  CASTRO  se  encuentran  penalizadas tanto allí, como  acá.   

Adicional  a  lo anterior, la Corte observa  que  los comportamientos por los cuales fue acusada la requerida en extradición  por  parte del Gran Jurado ante la Corte Distrital de los Estados Unidos para el  Distrito  Sur  de  Nueva  York,  se  encuentran  sancionados  en la legislación  punitiva  de  Colombia  con  penas privativas de la libertad superiores a cuatro  (4) años.   

         Por  lo  tanto  estima  la  Sala  que  se  encuentra  satisfecha  la  exigencia de la doble incriminación.   

         Referente  a  la  pena  de  comiso  incluida  en  la  resolución de  acusación  del  país  requirente, “la cual busca el  decomiso  de  todos  los bienes que se hayan derivado de ingresos obtenidos como  resultado  de  la  comisión  de  los  anteriores  delitos.  Si dichos bienes no  estuvieren  disponibles,  las  normas  anteriores  permiten que otros bienes del  acusado  sean decomisados”, la Corte considera que no  puede ser entendida en estricto sentido como un cargo.   

Efectivamente, como ya ha tenido ocasión de  expresarlo         esta         Corporación1 el señalamiento de la pena de  decomiso  no  comporta  imputación  alguna,  sino  a  lo  sumo el anuncio de la  consecuencia   patrimonial   que  la  declaratoria  de  responsabilidad  acarrea  respecto  de  los bienes involucrados en los delitos por cuya comisión se acusa  a  la  requerida,  tema ajeno a la solicitud de extradición y que por lo tanto,  no  se  encuentra comprendido dentro de la temática de la cual debe ocuparse el  concepto que corresponde emitir a la Corte.   

4.           Equivalencia de la providencia proferida  en el extranjero con la acusación del sistema procesal colombiano   

La   Sala debe señalar en el concepto  si  el  acto  judicial por cuyo medio se acusa a la reclamada en extradición en  el  Estado requirente es equivalente a la acusación propia del sistema procesal  colombiano.  Obviamente  no  se  trata  de  una identidad entre ambas decisiones  judiciales,  pues  lo importante es establecer que con ellas se franquea el paso  al  juicio  donde  se  debatirá  la  acusación  y la defensa, que en tal pieza  procesal   aparezca   un   relato   sucinto   del  comportamiento  imputado  con  especificación   de   las   circunstancias   de  tiempo,  modo  y  lugar  y  su  calificación    jurídica    con    el    señalamiento    de   los   preceptos  aplicables.   

En  este  orden,  no  queda duda de género  alguno  de  la  correspondencia  de  la  resolución  de  acusación sustitutiva  proferida  por el Gran Jurado ante la Corte Distrital de los Estados Unidos para  el  Distrito  Sur  de  Nueva  York contra MARÍA CHRISTINA MARÍN CASTRO, con la  acusación  prevista  en el ordenamiento interno colombiano, específicamente lo  normado  en  la Ley 906 de 2004 sobre la presentación del escrito de acusación  ante  el Juez de conocimiento que da inicio a la etapa del juicio, en el cual el  acusado  tiene la oportunidad de controvertir las pruebas y los cargos que se le  imputan.   

Además   de   lo   anterior,  según  la  documentación   debidamente  aportada  por  vía  diplomática,  autenticada  y  traducida,  la acusación señala los cargos imputados con las disposiciones del  país  requirente  que se estimaron violadas; también aparecen relacionados los  lugares   de  ocurrencia  de  los  comportamientos  y  el  señalamiento  de  la  acusada.   

En  consecuencia,  estima  la Sala que esta  exigencia  también  se encuentra acreditada, pues la acusación del Gran Jurado  es  equivalente a la acusación de que tratan los artículos 336 y 337 de la Ley  906 de 2004.   

RESPUESTA A LOS ALEGATOS  

La  postura  del  defensor  al  criticar la  decisión  mediante  la cual la Sala negó por improcedentes las pruebas por él  solicitadas  deviene a todas luces en impertinente, pues para ello contó con la  oportunidad   procesal   para   su   respectiva   impugnación,   la   cual   no  ejercitó.   

Además,  es  claro que  para  confrontar  el  presupuesto  previsto  en  el  artículo  35  de  la Carta  Política  en relación con que los hechos deben ocurrir en el exterior para ser  procedente  la  entrega,  según  la  información que reposa en la solicitud de  extradición  y  sus anexos respecto de las circunstancias modales, temporales y  espaciales  de  los  comportamientos que la motivan, como se trata del concierto  para  importar  cocaína  hacia  los  Estados  Unidos  es  un comportamiento que  trasciende   las   fronteras   nacionales,   circunstancia  que  encaja  en  las  excepciones  al  principio de territorialidad en acatamiento a los principios de  extraterritorialidad  del  derecho  internacional  en virtud de lo normado en el  artículo  90  de  la  Constitución  Política, al admitir la jurisdicción del  país  extranjero  para  hechos  acaecidos  así  sea  parcialmente  en  nuestro  territorio.   

Así, se advierte en la  documentación  aportada  en  la solicitud de extradición que se detalla, entre  otros  hechos,  que  MARÍA  CHRISTINA  MARÍN  CASTRO  facilitó  el paso de la  cocaína  sin  que  fuera  detectada  a  través de las dependencias que manejan  carga  en  la  aerolínea  y  procesó  documentos permitiendo que el cargamento  fuera enviado a la ciudad de México (México).   

La Corte insiste en que  el  trámite  que  se  surte en esta sede del mecanismo de cooperación judicial  entre  los  países  se  restringe  a  verificar  si  formal y objetivamente los  requisitos  del  concepto  son  demostrados con la documentación enviada, en el  cual  se  han respetado cabalmente las garantías predicadas de la solicitada en  extradición.   

La   Sala  no  está  facultada  para  cuestionar  o  valorar  el  contenido  de los medios de pruebas  aportados  por  el  país  requirente,  y  menos  a verificar si ciertamente los  hechos  tuvieron lugar en el exterior, la vinculación y funciones desempeñadas  por  la  requerida,  etc.,  aspecto  que  concierne  averiguar a las autoridades  judiciales  del  país  requirente en el proceso que con toda autoridad adelanta  en  contra  de  la  requerida  en  extradición  y  que  deberán  ser debatidas  defensivamente   al  interior  del  trámite   judicial  que  allí  se  le  siga.   

Como   lo   anota  la  Representante  del  Ministerio  Público,  se encuentran satisfechos los requisitos señalados en la  Ley  906  de  2004  para que la Corte emita concepto favorable a la solicitud de  extradición de MARÍA CHRISTINA MARÍN CASTRO.   

          Observación final   

La  Sala  ha  señalado  reiteradamente que  corresponde  al Gobierno Nacional condicionar la entrega de la reclamada en caso  de  que  acceda  a  la  extradición,  a  fin  de  que no sea juzgada por hechos  anteriores  al  17  de  diciembre  de  1997,  ni diferentes a los que motivan la  solicitud, ni sometida a tratos crueles, inhumanos o degradantes.   

Tampoco,  como  lo  anota  la  Procuradora  Delegada,  le podrá ser impuesta la pena de cadena perpetua o confiscación, de  acuerdo  con  lo  establecido  en los artículos 11, 12 y 34 de la Constitución  Política de Colombia.   

Por  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL emite CONCEPTO FAVORABLE a la solicitud de  extradición   de  la  ciudadana  colombiana  MARÍA  CHRISTINA  MARÍN  CASTRO,  formulada  por  el  Gobierno  de  los Estados Unidos de América a través de su  Embajada  en  Bogotá,  motivo  por  el  cual  el  Gobierno Nacional está en la  obligación  de  condicionar  la  entrega  a  que  la  extraditada no vaya a ser  condenada  a  pena de muerte, ni juzgada por hechos diversos a los que motivaron  la  solicitud  de  extradición, ni por sucesos anteriores al 17 de diciembre de  1997,  ni  sometida  a  desaparición forzada, torturas, tratos o penas crueles,  inhumanos  o  degradantes,  ni  a  la  sanción  de destierro, cadena perpetua o  confiscación,   conforme   lo   establecen   los  11,  12  y  34  de  la  Carta  Política.   

Adicional  a  lo  anterior,  corresponde al  Gobierno  Nacional  exigir  al  país  reclamante  que  en  caso  de un fallo de  condena,  tenga  en  cuenta  el  tiempo  que  MARÍA  CHRISTINA MARÍN CASTRO ha  permanecido privada de su libertad con ocasión de este trámite.   

         

La  Sala  ha de indicar que en virtud de lo  dispuesto  por  el  numeral 2º del artículo 189 de la Constitución Política,  le  compete  al  Gobierno,  encabezado  por  el  señor  Presidente como supremo  director  de la política exterior y de las relaciones internacionales, realizar  el  respectivo  seguimiento  a  los  condicionamientos  que  se  impongan  a  la  concesión  de la extradición y determinar las consecuencias que se derivarían  de su eventual incumplimiento.   

Comuníquese por Secretaría de la Sala esta  determinación  a  la requerida MARÍA CHRISTINA MARÍN CASTRO, a su defensor, a  la  Procuradora  Tercera Delegada para la Casación Penal y al Fiscal General de  la  Nación  para lo de su cargo con relación a la detenida preventivamente con  fines de extradición.   

         Devuélvase       la      actuación    al   Ministerio  del  Interior y de    

Justicia para los trámites subsiguientes de  ley.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

Aclaración de voto  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes2 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por  otra  parte, se observa por la Corte,  que  la  Constitución  colombiana,  prohíbe  en  su  artículo 34 ‘las  penas  de  destierro,  prisión  perpetua      y      confiscación’,  a las cuales, por las mismas razones anteriormente expuestas, no  podrá  someterse  al extraditado por el país que lo juzgue, lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”3   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce4,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 Cfr.  Concepto del 8 de junio de 2005. Rad. 23293.   

2 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

3  Sentencia C-1106/00.   

4 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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